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Arte y Desmayo levanta el telón de nuevo dos años después con Thom Pain (basado en nada) el 12 de febrero «Muchas veces me han preguntado qué significa para mí mantener abierta una sala como Arte&Desmayo. No he sabido muy bien qué responder. Pero ahora, echando la vista atrás y valorando estos más de diez años de actividad, puedo decir que ha sido, está siendo, una aventura vital.En marzo de 2020, cuando se decretó el confinamiento, las señales de que la aventura había llegado a su fin parecían evidentes. Como sala de teatro, se interrumpieron las representaciones de 405 y los ensayos de la producción que se iba a estrenar inmediatamente después, Descalzos por el parque. Las actividades que albergaba la sala (talleres, cursos y ensayos) tuvieron que suspenderse y dejaron en suspenso las energías y las ilusiones de muchas personas que pasaban por allí a diario. Económicamente, el cierre parecía la estocada definitiva porque se planteaba inasumible mantener una sala durante el tiempo que durase el confinamiento. Pero, a pesar de todo, Arte&Desmayo volvió a ser un reclamo para la gente que necesitaba un hueco. Parecía un refugio para actores y creadores en general que buscaban un espacio para preparar el retorno. Pero la exhibición, en una sala con un aforo tan limitado, parecía haber dado de sí todo lo que tenía que dar.Lo cierto es que el pulso de las personas que la utilizan a diario ha vuelto a dinamizar el espacio. Y en este ritmo que supone abrir a diario las puertas de la sala vuelve a surgir la pregunta (unas veces como cuestionamiento propio, otras veces como pregunta de interlocutores más o menos cercanos): ¿no te has planteado volver a hacer teatro en Arte&Desmayo? La posibilidad estaba abierta. Sólo hacía falta el motivo.Y éste no ha sido otro que Thom Pain (basado en nada). Este personaje, que protagoniza uno de los monólogos más bellos y desconcertantes con que yo me haya encontrado nunca, necesitaba, tras su paso por el Teatro Lara en otoño de 2021, un espacio para poder seguir dejando, ante sus confundidos oyentes, una confesión tan singular como lacerante, tan disparatada como íntima. Así que Arte&Desmayo ha abierto sus puertas a Thom Pain para volver a poner en circulación ese elemento que la sala parecía estar pidiendo tanto como este personaje: el público. Quien ha pasado por el camerino de Arte&Desmayo sabe que sus paredes están forradas con los carteles de las producciones (propias y ajenas) que han pisado ese escenario: por ahí está la siniestra mariposa de El coleccionista, la cabeza silueteada en rojo de Equus, las formas inciertas de ¿Quién teme a Virginia Woolf?, el torso desnudo de Preludio, o las enigmáticas presencias de 405, entre otras figuras que parecían haberse convertido en fantasmas desnortados sin el bullicio de un camerino momentos antes de comenzar la función. Parecían estar reclamando la justificación de su permanencia en la pared. Ahora van a volver a recibir de nuevo el calor de las bombillas de los espejos en esta nueva etapa, que no es sino una continuación de la anterior, para que todo vuelva a tener sentido. Para que el círculo del retorno se complete.Se vuelven a abrir para el público las puertas de Arte&Desmayo. La experiencia da confianza y el oficio sabiduría. Ahora, que los personajes dejen ahí su (como dijo Hamlet) “sueño de pasión”.Juanma Gómez, director de Arte y Desmayo y protagonista de THOM PAIN Las entradas para THOM PAIN (sábados, 20:30h) ya están a la venta a través del correo artedesmayo@gmail.com y en Atrápalo |
Mes: febrero 2022
Las reseñas de Alberto Morate: ANGÉLICA LIDDELL / ATRA BILIS
El teatro empieza cuando se acaba la realidad. Y persiste en nosotros alterando lo que sucedió a fuerza de acumular emociones y sentimientos. Da igual lo que pasó y cómo pasó. Lo que queda, lo que importa, es cómo se lee, cómo se interpreta, cómo se recuerda, aunque esa memoria esté distorsionada.
Angélica Liddell nos introduce en esta obra con una canción popular, la de Los campanilleros, para cogernos desprevenidos luego. Podemos imaginarnos caminos, pinos, abetos, olivos, pero es un sendero hacia la morgue. Con su potente voz recita un auténtico texto poético. Nos ablanda su oscuridad, la sábana cubriendo el cadáver, hasta que el fallecido, que es un niño, se pone en pie y cambia todo el contexto.

Hay mucho de renacimiento a partir de entonces. Las gracias de Rubens, pero no tres sino seis, el silencio del infierno terrenal, un cristo irredento (Oliver Laxe) que también aúlla, pero en francés, con una voz que clama al cielo, para que se abran todas las lápidas y, si había nieve en las copas de los árboles, caigan sobre nuestro desconsuelo.
Aquí estamos para invertir los papeles. Ahora son los hijos los que cuidan de los padres, aunque estos hayan limpiado el culo a los hijos en otros tiempos. La pena se mezcla con el desespero. Uno más uno es igual a uno. Y uno no se resigna a ser la cicatriz de las desgracias.
Después vendrá el dominio, la declaración de que debes hacer lo que a mí se me antoje, porque querrás hacerlo y me pedirás después que te vuelva a dominar, cuando ya me hayas satisfecho y yo no quiera seguir haciéndolo. Entonces me convierto en ti, como el hijo en padre, como el padre en niño, como Jesús en Dios, la costilla de la que salen nuestros descendientes y que somos todos, y el vínculo que se establece aunque ya no estemos en ellos.
Pero no, el teatro no es lo real. En la realidad no se aplaude lo frío y lo cruel, lo oscuro y tenebroso. Se aplaude el oro. Por eso aquí, en el escenario hay que destruir lo construido, hay que trabajar la noche, hay que sacar a relucir los fantasmas de lo recóndito, y eso lo hace dramáticamente Angélica Liddell.
Si hay que perder algo, que sea el dolor de tener pudor y vencer, por fin, nuestros miedos.
Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.



Pero, a pesar de todo, Arte&Desmayo volvió a ser un reclamo para la gente que necesitaba un hueco. Parecía un refugio para actores y creadores en general que buscaban un espacio para preparar el retorno. Pero la exhibición, en una sala con un aforo tan limitado, parecía haber dado de sí todo lo que tenía que dar.Lo cierto es que el pulso de las personas que la utilizan a diario ha vuelto a dinamizar el espacio. Y en este ritmo que supone abrir a diario las puertas de la sala vuelve a surgir la pregunta (unas veces como cuestionamiento propio, otras veces como pregunta de interlocutores más o menos cercanos): ¿no te has planteado volver a hacer teatro en Arte&Desmayo? La posibilidad estaba abierta. Sólo hacía falta el motivo.Y éste no ha sido otro que Thom Pain (basado en nada). Este personaje, que protagoniza uno de los monólogos más bellos y desconcertantes con que yo me haya encontrado nunca, necesitaba, tras su paso por el Teatro Lara en otoño de 2021, un espacio para poder seguir dejando, ante sus confundidos oyentes, una confesión tan singular como lacerante, tan disparatada como íntima. Así que Arte&Desmayo ha abierto sus puertas a Thom Pain para volver a poner en circulación ese elemento que la sala parecía estar pidiendo tanto como este personaje: el público.
Quien ha pasado por el camerino de Arte&Desmayo sabe que sus paredes están forradas con los carteles de las producciones (propias y ajenas) que han pisado ese escenario: por ahí está la siniestra mariposa de El coleccionista, la cabeza silueteada en rojo de Equus, las formas inciertas de ¿Quién teme a Virginia Woolf?, el torso desnudo de Preludio, o las enigmáticas presencias de 405, entre otras figuras que parecían haberse convertido en fantasmas desnortados sin el bullicio de un camerino momentos antes de comenzar la función. Parecían estar reclamando la justificación de su permanencia en la pared. Ahora van a volver a recibir de nuevo el calor de las bombillas de los espejos en esta nueva etapa, que no es sino una continuación de la anterior, para que todo vuelva a tener sentido. Para que el círculo del retorno se complete.Se vuelven a abrir para el público las puertas de Arte&Desmayo. La experiencia da confianza y el oficio sabiduría. Ahora, que los personajes dejen ahí su (como dijo Hamlet) “sueño de pasión”.