Ana Diosdado, Blanca Portillo y el I Encuentro de Blogueros Teatrales, protagonistas en la última semana del Festival de Almagro

Hoy da comienzo la última semana de la 38º edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, que este domingo 26 de julio clausurará los veinticuatro días ininterrumpidos de encuentros escénicos con el barroco universal. La semana arrancará con el Homenaje a Vicente Fuentes en el Corral de Comedias el jueves 23 de julio a las 20.00hs, maestro  de voz, lenguaje y verso reconocido en toda España por su labor docente en torno al teatro clásico. Ese mismo día, a las 22.45hs, en el Hospital de San Juan, será el turno de Don Juan Tenorio dirigido por Blanca Portillo, una co-producción de la Compañía Nacional de Teatro Clásico que se representará hasta el domingo 26 de julio, donde Tenorio no es un héroe, si no alguien que huye de su propio vacío, llevándose por delante todo aquello que se cruza en su camino: no es si no el vivo retrato del desprecio por los demás.

Blanca Portillo dirige "Don Juan Tenorio" en Almagro.
Blanca Portillo dirige “Don Juan Tenorio” en Almagro.

 El estreno absoluto de esta semana será La Cena del Rey Baltasar a las 22.45hs en el Corral de Comedias, una obra co-producida por el Festival de Almagro que se presenta como un combate de esgrima entre la Muerte y el Profeta Daniel, entre el pensamiento y el Rey de los caldeos, entre dos mujeres, la Idolatría y la Vanidad, una exaltación final, eso sí, eucarística, barroca, contra reformista, precedida de una “no santa cena” casi obscena.

El mismo viernes 24 de julio, se subirá al escenario de la Antigua Universidad Renacentista El Mercader de Venecia, dirigida por Eduardo Vasco, una obra que contiene dos historias que se entrelazan pero que son tan independientes como los dos lugares que las albergan: Venecia y Belmont.

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“El Mercader de Venecia”, otro imprescindible en Almagro.

El viernes también será el turno de El burgués Gentilhombre a las 22.45hs en el Espacio Miguel Narros, dirigida por Eva Palacio, una obra que ya se estrenó en el Festival de Almagro y que coincide con el veinte aniversario de la compañía Morboria Teatro, los cuales también repetirán el sábado.

"El Burgués Gentilhombre" también pasará por Almagro.
“El Burgués Gentilhombre” también pasará por Almagro.

 El After Classics, por su parte, cerrará su primera edición con Salpuri – Unravel a las 01.00hs, un espectáculo de danza poética procedente de la República de Corea. En el Teatro Municipal, a su vez, el viernes 24 y sábado 25 de julio a las 20.00hs se representará el espectáculo ganador del V Certamen Internacional Almagro OFF.  La 38º edición del Festival de Almagro lo clausurará El cielo que me tienes prometido, escrito y dirigido por Ana Diosdado, en torno a la figura de Teresa de Ávila.

Ana Diosdado, una de las grandes protagonistas del Festival de Almagro.
Ana Diosdado, una de las grandes protagonistas del Festival de Almagro.

Así mismo, también será protagonista esta semana Rafael Álvarez “El Brujo” y tendrá lugar el I Encuentro de Blogueros Teatrales, una interesante novedad de la programación, en la que participará DESDE MI BUTACA COMUNICA.

La única caricia

Empecé a conocer a mi padre el día en que murió…

En Las heridas del viento, David se enfrenta a la muerte de su padre en busca de respuestas, ¿Quién fue realmente ese gran desconocido? Y, de repente, encuentra unas cartas que le descubren una realidad que no sabe si está dispuesto a aceptar. “A mi padre por todo lo que no se de él” reza la emotiva y sencilla dedicatoria que Juan Carlos Rubio hace en esta gran carta de amor teatral. Su David, sumido en la perplejidad, no puede entender al hombre que le dedicó una sola caricia, que hoy parecer estremecerle. El texto de Juan Carlos Rubio, aplaudido en medio mundo, está dotado de un lirismo y una poesía, nada cargantes ni excesivos, que sumergen al espectador en el teatro más puro, el que dota a la palabra de emociones, sin ningún tipo de artificio. Solo las cartas, unas sillas y la música de un smartphone acompañan a nuestros protagonistas en este viaje a la emoción más pura. Para dar voz y carne a los dos protagonistas, Rubio se rodea de dos actores, cuya emoción maneja a la perfección. Dani Muriel está viviendo una etapa dorada en su carrera y eso es gracias a la variedad de trabajos que ha ido encadenando en los últimos meses. Las heridas del viento es un paso hacia adelante en su carrera. Muriel se enfrenta cara a cara a un texto que exige el 200% de implicación del intérprete y él pasa la prueba con nota, muy especialmente cuando se crece ante la emoción compartida de su partenaire en escena, Kiti Mánver. Es el trabajo de esta ACTRIZ un ejercicio de sutileza y buen hacer encima de las tablas. Mánver imprime al personaje un amaneramiento nada forzado, que solo subraya en momentos contados, cual pinceladas de ese gran óleo que es la interpretación de esta gran maga de la escena que llena de emoción y de magia el hall del Lara desde que lo pisa por primera vez. Poco más que añadir, solo invitarles a que no dejen de pasar ‘Los lunes al hall’ con este montaje que, estoy seguro y es justicia divina, tendrá un largo recorrido.

LAS HERIDAS

Esta historia podría acabar aquí, pero en esta nueva etapa os mostraremos el después de la función de algunos intérpretes, ¿Cómo se sienten justo después de que el telón caiga? En ese momento en que aún permanece la emoción compartida en escena. Nadie mejor que Kiti Mánver para abrir esta sección titulada Tras la emoción compartida

“¿De verdad vas a salir a la calle así con el pelo mojado?” le pregunta Juan Carlos Rubio a nuestra protagonista. Está frenética tras compartir con los espectadores a su Juan. Aún así, para un momento para contarnos DESDE MI BUTACA sus impresiones sobre este montaje, el quinto que hace con Rubio, en el mágico hall del Lara. Gracias, Kiti.

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¿Cómo se siente Kiti Mánver Tras la emoción compartida?

Ahora, aún con la emoción por esta katarsis en escena, solo puedo decir que me siento muy afortunada por esta experiencia. Tras más de cuarenta años de carrera me parecía imposible poder hacer un trabajo así. Juan Carlos ha insistido en que no le pusiese una energía parecida a la de mis trabajos anteriores. Me ha puesto en un lugar en el que me siento comenzando de nuevo. La incomodidad es muy buena para algo tan creativo como la interpretación. No hay que instalarse ni quedarse en lo fácil.

La gran cualidad de tu interpretación es la sutileza con la que afrontas el “amaneramiento” del personaje…

Eso estaba en la propuesta de dirección de Juan Carlos, solo le hemos puesto dos toquecitos en momentos concretos . Él quería hacerlo de una forma muy sajona, por así decirlo.

¿Qué le evoca a Kiti Mánver un espacio como el hall del Lara?

Es maravilloso trabajar en un espacio así. Descubres varias cosas. La gente tiene muchas ganas de reír, pero también de llorar un poco.  Son los sentimientos lo principal en esta historia que contamos al público. Esta obra hace que el público se plantee si ha dicho lo suficiente ‘te quiero’. Te pone en lugares de una gran sensibilidad. En un lugar tan mágico como éste me he dado cuenta que el público también necesita sentir ese tipo de emociones. Siempre se vende como lo máximo la comedia, pero una función como ésta demuestra que el público también viene a emocionarse al teatro.

Por último, ¿Qué le une a Kiti Mánver con sus dos compañeros de viaje?

Es mi quinto montaje con Juan Carlos, estoy a fuego con él. Me lleva de éxito en éxito y está sacando cosas maravillosas de mi como actriz. Es mi ángel de la guarda particular.  De Dani destacaría que he descubierto a un actor joven de estos que tienen una preparación de lo más óptima. Es un compañero de viaje estupendo. Para llevar a buen término este texto se necesita de un compañero con una sensibilidad parecida y que sea capaz de meterse contigo en esta particular burbuja emocional. Los trabajos con una química como la que tenemos nosotros dos son simplemente la bomba.

Como este no es un montaje cualquiera, DESDE MI BUTACA le vamos a dar una cobertura especial. Esta historia continuará con las entrevistas a Juan Carlos Rubio y Dani Muriel. Estad atentos.

Antonio Dechent: "El ministro se cree que todos somos vedettes de revista"

Llevaba tiempo queriendo ‘celebrar’ la entrevista número 400, que en realidad ya ha pasó hace unos meses. No podía ser una entrevista cualquiera, ni mucho menos una simple promoción de la película o espectáculo de turno. Después de años en que nunca se habían dado las circunstancias oportunas para tal encuentro, me acerqué al Teatro Bellas Artes a charlar un rato con Antonio Dechent. Le pillo en mitad del ensayo técnico que interrumpe para atender a DESDE MI BUTACA. Cada noche, se encuentra a si mismo en el escenario, su hábitat natural. Reconocido principalmente por su trabajo en el cine, Dechent dice sufrir la enfermedad del rojo y el oro, ese color que caracterizaba históricamente a los telones del teatro. Y en las penumbras del Bellas Artes, su mente lúcida y crítica se abre paso para hablar de un oficio que le ha llevado a interpretar a todo tipo de ‘generalotes’ y duros personajes que se alejan mucho de la imagen que tiene de si mismo. Él se ve más como el protagonista de La Voz Humana, un hombre roto por el amor que busca recuperar en una última llamada desesperadamente a su enamorada. Siéntense en sus butacas y disfruten de sus palabras. No les defraudará. 

 

¿Cómo es esa última llamada al amor que refleja La voz humana?

La idea de hacer esta función surge del espacio para el que fue creado. Se realizó para esa pequeña sala que han montado en el Mercado de Triana. Tenía que hacer algo íntimo, que el público tuviese la sensación de que estaba invadiendo la intimidad del personaje. Me vino a la cabeza La voz humana, pero al momento lo deseché. Luego, lo pensé bien y me decidí por convertir al personaje en un hombre en un marco de una relación heterosexual. De hecho, ya la habían interpretado hombres haciendo de homosexuales e incluso travestidos de mujeres. El desamor no tiene género. Creo que esta función hace mucho por la igualdad de género, el dolor es el mismo y los sentimientos también.

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“La voz humana”, los martes a las 20:30h en el Teatro Bellas Artes.

¿Ha tenido que recurrir Antonio Dechent a su particular “armario de las emociones” para hacer La voz humana?

En este caso he tenido que ir… al fondo del armario. Ojalá conserváramos siempre esa ingenuidad que te dan los sentimientos profundos. El amor es una enfermedad que te hace olvidar todo lo demás. La vida conforme va pasando no te permite vivir de una forma tan profunda. Me ha venido muy bien, he recuperado emociones que en la vida real ya habían desaparecido casi por completo. Conforme nos hacemos mayores, nos creamos una coraza para que no nos hagan daño. Todos hemos vivido esa capacidad de transformarse para complacer al otro. Envidio mucho a los que aún tienen esa capacidad de darlo todo por los suyos.

¿Tenía ganas de quitarse los galones de militar y meterse en la piel de un personaje que es pura emoción?

La verdad es que no. Creo que es más una cuestión de superar la imagen que tiene el público de mi. Es un espectáculo ideado por mi, lo que demuestra que yo no me veo tanto en ese roll que me ponen siempre de militar ni el más macho de los machos con el que siempre me identifican. He escogido un personaje que de alguna forma es similar a mi. Es un hombre frágil, débil y roto. De alguna manera, sé que crea una cierta curiosidad ver como el ‘generalote’ se puede acercar a este texto.

¿Por qué el teatro es un buen lugar para contar historias para Antonio Dechent?

El teatro es mi hábitat natural. Siento que es mi particular microcosmos. Soy parte de las bambalinas. Decían que Cocteau tenía la enfermedad del rojo y el oro, el color de los telones del teatro. Tengo esa enfermedad. Me encuentro cada noche a mi mismo en las penumbras del teatro.

Uno de los autores que más ha trabajado ha sido Valle Inclán con sus esperpentos tanto en el teatro como en esa ‘curiosa’ y espléndida adaptación cinematográfica que vimos hace unos años, ¿Qué le ‘toca’ del teatro de Valle Inclán a Antonio Dechent?

No sé si considerarlo un elogio, pero alguien me dijo una vez que soy un actor esperpéntico -sale a relucir una grave y cálida risa que acompaña a buena parte de la entrevista- Valle Inclán es el padre y maestro mágico de todo lo demás. Me dedico a esto por no tener talento para inventarme las historias. Tengo que contar las historias que escriben otros. El lenguaje de Valle es el mayor placer que puede sentir un actor. Si fuera inglés diría Shakespeare, pero en España es nuestro dramaturgo por excelencia. Puedes hacer muchas veces la misma función, pero siempre encontrarás cosas nuevas. Define muy bien al género humano, cómo ve a las personas con ese crisol de ternura tan maravilloso.

Cuando leo el término ‘actor-obrero’ con el que se autodefine en algunas entrevistas me acuerdo de ver su nombre en 2006 por todas partes. Hasta en 4 películas en menos de dos meses, ¿Podría entender su vida sin un oficio tan absorbente?

Mi vida es bastante aburrida cuando no trabajo. Cuando más vivo estoy es cuando interpreto a otras personas. No me molesta estar trabajando de una forma tan intensa. Colaboro con un montón de proyectos por amor al arte. No puedo estar parado, me lo paso muy bien. Es lo que me mantiene vivo, igual es una forma de apagar mis carencias vitales, pero es lo que hay la verdad.

Uno de los últimos hitos de su excelsa carrera ha sido ese vendedor hastiado de la vida de A puerta fría

Ese señor mayor me salió muy bien. Fue una apuesta muy arriesgada. El personaje fue escrito para mi pensando en esa imagen de hombre castigado y duro que doy en cámara. Es un punto y aparte en mi carrera junto a mi trabajo en Smokin Room. Se rodó en mi Sevilla y no pude volver a mi casa a llevar mi vida familiar con mujer e hijos. Una experiencia muy absorbente y decidí por ello quedarme en el hotel. Paseaba por los mismos pasillos que el personaje y tomaba una caña en el mismo abrebadero que el personaje. Queda explícitamente marcado en pantalla ese cansancio físico y vital de este hombre que se queda atrapado en un callejón sin salida.

a puerta fría

Cine, teatro, pero también televisión, ¿Cómo fue la experiencia de La familia mata?

Fue durillo. Puede que pensasen en mi por ser una persona en apariencia divertida, pero la verdad es que a las seis y media de la mañana no tengo mucho de eso. Es una experiencia envidiable, tener un trabajo diario lo es. Eso sí, a veces tenía la sensación de que con más tiempo las cosas hubiesen salido mucho mejor. Conservo buenos amigos como Pepe Ruíz- al que vi en el patio de butacas el pasado martes- al que sigo llamando ‘Papá’.

¿En qué momento se le metió el veneno del teatro en el cuerpo a Antonio Dechent?

No lo recuerdo exactamente, el teatro siempre ha estado presente en mi vida desde que hacía teatro en el colegio y llegué a ser coordinador. Lo que sí recuerdo es que era una mente muy cambiante. Estudié Psicología, viví en Lisboa y he tenido multitud de trabajos de diverso pelaje, que combinaba muchas veces con la interpretación, que aún no era mi oficio. De vez en cuando me planteo hacer otras cosas, pero en el fondo… Me he dado cuenta de que solo sé hacer esto.

Supongo que el to play de los ingleses cobra aún más sentido cuando se trabaja con capa y espada en proyectos como Alatriste

Estoy encantado de hacer un trabajo tan íntimo como esta obra, pero amigo mío, me encantaría montarme en una nave especial y descubrir nuevos mundos…

Dejó la carrera de Psicología, pero ¿No le hubiesen venido bien esos estudios para conocer a los personajes o es la profesión de actor directamente una de locos o inconscientes?

Es mucho más loco lo de la Psicología que el trabajo de actor, algunos estudian para intentar entenderse a si mismos. Las carreras universitarias están anclados en la memorización. De hecho, sacaba unas notas estupendas, pero luego lo olvidaba, no adquirí ningún conocimiento la verdad. El conocimiento académico sirve para poco en esta profesión. Es el conocimiento de las personas el fundamento de este oficio.

¿Hacia dónde va un país que ‘acribilla’ su cultura con medidas como el 21%?

Según el ministro, la cultura no existe. El arte es entretenimiento por lo visto. Somos todos vedettes de revista según el ministerio. Hay que estar muy loco para hacer teatro en estos tiempos. De lo poco que me llevaría de la entrada, encima me quitan el 21%. Debo tener un problema por querer hacer algo con tanta pasión cuando sé que el rédito económico va a ser escasísimo. Esto viene de lejos. Me hace gracia que se llame subvención a las ayudas a la cultura. Hay ayudas en todos los sectores, incluido el de la banca, y a nadie le molesta precisamente por el término ‘ayuda’. Todo es un suma y sigue. Algunos nos llaman ‘titiriteros’ y se permiten el lujo de criticar el cine español sin ver ni una sola película. ¿Por qué quieren ser ignorantes? ¿Por qué se autolobotomizan? Es como si digo que no leo literatura traducida. No creo que les haga mucho bien esa actitud. Es una barbaridad.

Ha participado en decenas de cortometrajes, ¿Piensa que el futuro del largometraje está en manos de estos talentos emergentes?

Antes había que gastarse una pasta para hacer un corto, ahora hay una gran eclosión de pequeños cineastas con la revolución tecnológica. Algunos sí que lo conseguirán, pero otros se quedarán por el camino. Todos no van a conseguir triunfar. La semilla está ahí y hay gente muy buena en ese campo.

¿Cuál es el proyecto más inmediato de Antonio Dechent?

Estoy con Tomar Partido de Ronald Harwood, el guionista de El pianista y El Cuarteto. Es un texto maravilloso. Es sobre unos juicios paralelos a los Juicios de Nuremberg que se hicieron a la gente de la justicia y de la cultura. Es el espectador el que debe tomar partido y sacar sus propias conclusiones en este montaje.

Para acabar, ¿Con qué proyectos sueña Antonio Dechent?

No están las cosas para soñar… Con conseguir que me de para vivir con este montaje yo sería feliz. No quiero ser una estrella ni ganar mucho dinero. Soy un trabajador como bien dijiste antes. Estoy muy de acuerdo con el Papa Francisco cuando dice que no tener trabajo es indigno. Solo pido vivir de esto sin que me toquen las partes nobles.

El (excesivo) aquelarre conyugal de Álex de la Iglesia corona la taquilla

Llevamos unas semanas en que el cine español ha vivido el feliz acontecimiento de ver como La gran familia española se ha colocado como número 1 en taquilla. Ayer, se estrenaba Las brujas de Zugarramurdi y de nuevo nuestro cine se ha colocado en lo más alto de la taquilla, esperemos que siga la racha…

Tiene la capacidad este director, de los pocos en nuestro cine, de haber creado un universo propio con sus aciertos y sus… excesos. El director se sumerge en el mundo de la brujas sacando lo mejor y lo peor de si mismo como creador superlativo. Tras una espectacular escena de arranque con ¡Bob Esponja con una recortada en plena Puerta del Sol!, mira que le gusta Madrid como escenario de rodaje al director de La comunidad. Pues sí, Madrid es una ciudad “de cine”, uno de los escenarios naturales más interesantes de nuestra geografía como ya demostró el cineasta en El día de la bestia. Y de ahí, con unos atracadores que simulan ser estatuas humanas de esas que poblan las calles del centro de Madrid, emprendemos la huida a Zugarramurdi, el lugar donde se dice que comenzó la brujería en España. Y conocemos a una tabernera que confiesa que a ella no le dan miedo las brujas, sino los hijos de puta. De la Iglesia, aún moderado, en estado puro. La frase la suelta una de las actrices más libres de nuestro país, Terele Pavez, sin duda alguna lo mejor de la cinta. La acompaña Carmen Maura en un registro muy diferente al que nos tiene acostumbrado últimamente. Pasa una cosa con las grandes, me da la impresión. Llega un momento en que, conscientes de lo buenas que son y los directores que se lo permiten, ponen el piloto automático en su modo de interpretación. Álex de la Iglesia hace divertirse a la actriz y eso se nota y mucho en su, de nuevo, gran trabajo interpretativo. Del resto del reparto destacar al siempre eficaz Enrique Villén, Manuel Tallafé y María Barranco, a la que se ve demasiado poco en el cine últimamente. Las cualidades interpretativas de Carolina Bang, como de costumbre, son limitadas. Curiosamente, Las brujas de Zugarramurdi funciona mejor como relato de un padre que intenta conseguir la custodia compartida que como excesivo aquelarre de brujas. De la Iglesia mezcla su realidad, es padre separado, con su universo de una forma que en ocasiones brilla y en otras se pasa de rosca. Todo transcurre de una forma brillante hasta que llegamos a la excesivamente alargada escena del aquelarre. Las primeras secuencias son de infarto, impecables técnicamente con un montón de extras y efectos especiales de gran nivel, pero cuando el chicle se estira, te termina explotando en las narices. Pienso sinceramente que esta cinta hubiese funcionado mucho mejor con un tijeretazo. A nivel global es una película notable, divertidísima… Una pena que, al final, los excesos del director en la indagación de su propio universo hagan que la cinta no sea redonda.

Un Madrid sin teatros, Un Madrid sin alma: Las cuentas pendientes.

Se me acumulan las obras interesantes de las que hablar. Me es difícil hablar de ellas una o una, pero es que tan (apasionantemente) variada la cartelera madrileña que inevitablemente me dejaré alguna en el tintero. Hoy para comenzar el viernes con buen pie me he propuesto saldar algunas cuentas pendientes, incluida una mención a un espectáculo que me ha parecido bochornoso.

La primera parada la hago en ese fenómeno teatral llamado Microteatro por dinero. Un año después de mi primera visita, regreso al espacio de Loreto y Chicote atraído por la presencia de dos actores a los que sigo la pista desde hace tiempo: Dani Muriel y Fernando Albizu. El primero, al que he visto 4 veces en teatro en los últimos 10 meses, se ha convertido en un rostro seguro de nuestra escena. Desde que le vi en Agonía y éxtasis de Steve Jobs me atrapó su energía y talento. En la microobra La cena interpreta a un novio del que vemos la evolución de su relación de pareja en un restaurante. En las distancias cortas, Muriel gana aún más. Divertidísimo texto el de La cena con el gran Fernando Albizu en la que descubro a un actor muy interesante: Iván Luis.

Hace unos años me llamó la atención un actor en la serie Hispania. Admito que no le conocía. Su nombre: Pablo Derqui. Interpretaba a un personaje ruín, oscuro y capaz de vender a su padre por un puñado de monedas de oro. Cuando me entero que llega a las Naves del Matadero su Roberto Zucco solo puedo ir con las expectativas muy altas.  Ni la impresionante escenografía ni el resto de correctísimos trabajos interpretativos quitan el foco de atención de este actor de mirada penetrante. Con esa mirada de no haber roto un plato en su vida se gana a sus víctimas y al entregado público que se estremece al descubrir su otra cara cuando el rostro torna en una imagen viva del horror. Una obra de esas que merecen estar en un espacio de titularidad pública. Cosa muy distinta ocurre con Capitalismo, Hazles Reír, el espantoso espectáculo de Andrés Lima en el Price que parece una improvisada propuesta escénica en un taller de teatro, que en parte es eso, pero está muy poco pulida, el texto es maniqueo y simplón. Al elenco, eso sí no tengo nada que reprocharles, simplemente se han dejado llevar por la corriente.

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Hace una semana llegó al Conde Duque el nuevo trabajo escénico del maestro de actores Juan Carlos Corazza. Le acompañaron en el estreno algunos de sus pupilos y cómplices como Javier Bardem. Acudí  a ver Comedia y sueño, La mentira más hermosa. con la intención de ver TEATRO y vaya que si lo vi. Un espectáculo que es pura poesía y que mezcla la Comedia sin título de Lorca con El sueño de una noche de verano, ¿De verdad hace falta citar al autor? Aplaudo este espectáculo en primer lugar por reivindicar esa obra inconclusa de Lorca. De alguna forma, el teatro se ha convierte en un bellísimo campo de batalla en el que reivindicar las cosas que aún nos escuecen. Y se cuela por las rendijas de esta obra que es puro ‘teatro dentro del teatro’ alguna que otra reivindicación de la memoria histórica. Y por último aplaudo este montaje, como se puede entender, por un puñado de buenos trabajos actorales. Me quedo con dos actores, sin desmerecer a los demás, que admito que son una debilidad mía y creo que muy merecidamente: Manuel Morón y Ana Gracia.

Y aunque ya hablé de ella hace unos meses, no podía resistirme a reconocer la nueva producción de Por los ojos de Raquel Meller que firma Juanjo Seoane. El espectáculo de Hugo Pérez coge una renovada fuerza en esta puesta en escena que recoge el apasionante juego de telones del intimista montaje original y lo amplifica para llegar al gran público. Si ya lo visteis en Tribueñe y os enamoró, repetid, hay algunos cambios en varias escenas, nuevos vestuarios y se ha “limpiado” el texto para darle una estructura más convencional. Todo ello redondeado con un reparto maravilloso en el que vuelven a sobresalir esa actriz llena de ángel llamada Maribel Per y Chelo Vivares. Si la han visto repitan y si aún no la han visto, descubran el talento creativo de esta compañía.

La princesita bajo el sauce llorón

En escena, un dictador, un tirador sin nombre, llámese Franco, Videla o Pinochet, agoniza en una habitación cargada de ecos del pasado. El olor es nauseabundo. No se pueden abrir las ventanas, no hay conexión con una realidad que a él y a su familia no les interesa escuchar. Y llega la visita de su nieta, una mujer metida en su propia burbuja y que no ha sido capaz de aceptar lo que las madres de “los comunistas” dicen de su frágil abuelito. No soporta el olor y necesita abrir las ventanas al mundo y se cuelan entonces los gritos que exasperan a su grandpa: “Asesino, dictador” corean desde fuera. La nietísima se ha propuesto demostrar que esas mujeres no tienen razón. Según sus pesquisas sus hijos están escondidos en países comunistas, seguro, desde luego que no están desaparecidos… El humor negro se cuela por primera vez en este brillante texto de David Desola que reflexiona sobre el olvido cuando nos cuenta esta nieta su teoría sobre los bigotitos. Comienzan así las carcajadas amargas que poblan este montaje. Han pasado diez años desde que su abuelo se reuniese con ella bajo el sauce llorón, pero en la mente del padre de la patria ella sigue siendo la princesita a la que cada cumpleaños regalaba una muñeca y mandaba una escueta carta de felicitación. Ella recrea para él otros tiempos en los que las novelitas del oeste eran su gran distracción. Y de esos ecos de la realidad exterior, la aparentemente mujer de una pieza comienza un cambio emocional que la hará ver a su queridísimo, hasta ahora, abuelo como algo muy distinto. Y en ese cambio de emoción van surgiendo las lágrimas o, mejor dicho, las gotas de lluvia que sirven para limpiar todas las mentiras.  Ella ha sido capaz de ver más allá de la idílica visión que tenía de él hasta ahora. Y en ese momento me viene claramente a la cabeza un dantesco momento televisivo. Un programa de crónica rosa entrevistó a la nietísima con el ‘dardo envenenado’ de una imitación de su abuelo. La reacción de la estrella del papel cuché, sabe Dios por qué narices se ha encumbrado a esa señora, demostró que ella no quiere ver lo que significó su abuelito del alma, se lo tomó como una ofensa al honor de su familia. Habla muy mal de nosotros mismos que aplaudan algunos, yo no desde luego, a esa señora que vive de la herencia recibida de un tiempo tan oscuro.

la nieta del dictador

La nieta del dictador es un texto necesario para no olvidar y no volver a repetir los errores del pasado. Sobre las tablas de la Kubik Fabrik Inma Cuevas, una actriz de capacidad emocional superlativa. En el tránsito entre la risa y la emoción volvemos a reivindicar a esta actriz como uno de los grandes talentos de nuestra escena. No era fácil encarnar a esta ‘excesiva’ nieta sin resultar precisamente… excesiva. Con el gesto justo y la emoción contenida, Inma Cuevas nos regala generosamente un trocito de su talento interpretativo en este (no) monólogo que explota por los aires con una sobrecogedora última escena. La nietísima habla a su abuelo, que solo en contadas ocasiones responde ante los estímulos. Para ese complejo papel, el director Roberto Cerdá ha utilizado a  un actor, Ramón Pons, que encarna la fragilidad humana como nadie. Ya en Fin de partida demostró su talento para encarnar personajes ‘impedidos’ cuando nos regaló a Nagg, que no podía salir de su caja bajo la atenta mirada de un aterrador José Luis Gómez. Siento rabia por saber que cuando lean estas palabras ya no tendrán oportunidad, salvo que quede alguna entrada para hoy o mañana, de disfrutar de este montaje. Un texto y un trabajo interpretativo tan colosales merecerían hacer temporada en una de las maravillosas “Salas 2” de espacios públicos como el Matadero, ¿Por qué no? La dramaturgia de David Desola debería ser una constante en nuestra cartelera, ahí lo dejo para que los programadores con ojo lo tengan en cuenta…

Sigue siendo Mike Ríos

“Aquí Mike” dice un fotógrafo para llamar la atención del intérprete de Bienvenidos a lo que has responde: “Me has ganado con eso tío”. Pura naturalidad la de este viejo rockero que hace un par de años decidió dejar la carretera y que ahora ha concentrado sus esfuerzas una vida con mucho ritmo. En Cosas que siempre quise contarte (Ed. Planeta), el cantante que tocó la cima del éxito musical con la punta de los dedos reflexiona sobre su vida, sus propios excesos y, como no, los de una sociedad que no ha sabido responder lo suficiente a la realidad que le ha tocado vivir. Lúcido y siempre con una respuesta inteligente, reflexiona sobre un tiempo en el que ROCK AND ROLL se escribía con letras mayúsculas, aunque admite que hoy en día el género sigue gozando de buena salud en España. No se le ha acabado la mecha de la creatividad y no le importaría hacer una segunda parte de sus memorias en las que contar aquellas cosas que se le han quedado en el tintero. Y entre páginas y confidencias nos regala un nuevo tema que da título al libro. Ya no está en la carretera, pero en el fondo sigue siendo Mike Ríos…

miguel

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