Javier Gutiérrez: “Solamente aspiro a acabar mis días como José Luis López Vázquez”

Javier Gutiérrez deja claro que le gustaría emular otros tiempos en que la palabra era la protagonista: “María Asquerino tuvo la suerte de vivir una época en que las tertulias eran el centro de la vida social y cultural de Madrid”. Él compartió escenas con la desaparecida actriz en uno de sus últimos trabajos, La habitación del niño y recuerda con cariño alguna que otra anécdota de la ya entonces veteranísima actriz. Y de repente, en una castiza taberna a escasos metros del María Guerrero nos trasladamos de alguna forma a aquel tiempo y durante dos horas conversamos, casi sin percatarnos de todo lo contado durante esos 120 minutos, sobre esa profesión que le ha llevado a cumplir uno de sus sueños: “¿Quién no ha soñado alguna vez con pisar el escenario del María Guerrero con un monólogo de Shakespeare a sus espaldas?

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Tras la emoción compartida. Aunque no suele llevarse los personajes a casa, admite que cuando hizo Woyzeck se le “tiñó el alma de negro”. Él estaba hace escasos quince minutos sobre las tablas del María Guerrero, desgarrándose física y emocionalmente con las manos manchadas de sangre. Aunque sale “muy vacío por la intensidad física y emocional de este personaje”, al menos el apetito quedará saciado con unos champiñones, unos taquitos de solomillo y un buen vino.

Esta versión es Macbeth en estado puro”. Juan Cavestany ha situado la historia del autor bardo en una peculiar Xunta, pero para Gutiérrez la esencia del texto y sus conflictos están ahí. Eso sí, la actualización de la obra ha escocido a más de un espectador. Precisamente, en la función de ese día, desfilaron de una forma estruendosa de golpe cinco espectadores: “Eso no es nada, un día un espectador se levantó de la butaca y nos lanzó que él había pagado una entrada y que con su dinero no quería que se hiciesen obras así”. En realidad, el actor está acostumbrado, ya que los espectáculos de Animalario no suelen dejar indiferente a nadie.

10 montajes a las órdenes de Andrés Lima. Javier Gutiérrez y Lima ya se conocen muy bien tras tantos trabajos a sus espaldas. De él destaca que exige a los actores estar al máximo: “Ha sido un proceso gozoso, pero muy doloroso, te hace tensar la cuerda de tus emociones”. Durante los ensayos se ha reencontrado con Carmen Machi, de la que ya había sido pareja en la serie Aída. Para el actor, que forma parte de la producción del espectáculo en una suerte de cooperativa llamada Los Mácbez UTE, el trabajo con la actriz ha sido uno de los grandes alicientes de esta propuesta: “Domina todas las teclas desde la comedia a la tragedia y te hace subir varios peldaños por encima de tu nivel habitual con una energía irrefrenable que te arrastra”.

ÁGUILA ROJA, UN ENORME REGALO

Rodar en 12 días cada capítulo supone casi como hacer una película. Los guionistas hacen que mi personaje pase de la comedia al drama y que uno pueda disfrutar como actor del tránsito entre diferentes géneros. Sátur ha sido un enorme regalo, paso de un capítulo en el que soy el graciosete del capítulo al dramón padre y eso es oro puro. Además, es una tabla de ejercicios maravillosa. La televisión es un medio de aprendizaje que te da mucho training, en el que pocas veces se te dirige… Tienes que ser director de ti mismo y estar muy concentrado en el trabajo que haces. En un día haces 6 secuencias, si estás mal un día, se va el trabajo de medio capítulo a la basura”.

Hace un rato, a la salida del María Guerrero unas chicas de unos quince años se acercan a Gutiérrez con ilusión para hacerse una foto con su ídolo: “Si te ven 6.000.000 de personas por televisión eso va a repercutir positivamente en que la gente vaya al teatro”. Por eso, el actor sólo tiene buenas palabras para un público que se acerca con cariño y con respeto reconociendo un trabajo del que sólo puede sentirse orgulloso.

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Suelo leer las críticas de una forma constructiva”. Admite que lee las críticas con atención, especialmente si se tratan de firmas de prestigio como las de Marcos Ordóñez o Javier Villán entre otros. Cuando pongo sobre la mesa el nombre de un crítico que vela su identidad poniendo únicamente las iniciales se le cambia el rostro: “No quiero calentarme la boca. La verdad es que no le considero ni crítico. Tiene un altavoz en una revista y en un blog, pero lo único que hace es imitar de una forma burda al crítico referente de este país”. El supuesto líder de opinión teatral decidió obviar a Javier Gutiérrez en su crítica de Los Mácbez, pero es una historia que por lo visto viene de largo. Siempre suele pegar palos a los trabajos de Animalario y muy especialmente a Javier: “No entiendo a esas personas que utilizan la crítica para mostrar sus filias y sus fobias”. Aún así concluye que, desde luego, las críticas le ayudan a seguir creciendo en su trabajo encima de las tablas, especialmente si vienen de firmas autorizadas: “Ahora bien, hay que saber blindarte si tienes malas críticas, darle la importancia justa, ya que tú tienes que subir al escenario todos los días pase lo que pase”.

Él también jugó con sus amigos invisibles. Como le pasaba a El intérprete Asier Etxeandía, Javier Gutiérrez también era un niño raro que se encerraba en su habitación a jugar con sus amigos invisibles. Era un niño enfermizamente tímido que sólo se soltaba cuando era otro. Y así en las reuniones familiares en las que imitaba a sus vecinos comenzó de alguna forma a desarrollar esa vena dramática que le ha llevado a pisar los mejores escenarios de España.

En los estrenos se crea un ambiente tóxico”. El actor admite que ya no disfruta los estrenos teatrales como antes. La experiencia sigue siendo maravillosa por poder mostrar el trabajo al público, pero son algunos compañeros los que lo convierten en una mala experiencia. No se atreve a poner sobre la mesa entre bocado y bocado la palabra ‘envidia’, pero algo de eso se intuye en sus palabras: “Vienen y juzgan muy a la ligera sin valorar el trabajo que hay detrás”.

Un futuro abonado a los thrillers. En septiembre estrenará La isla mínima de Alberto Rodríguez junto a su querido Raúl Arévalo. Por primera vez en su carrera, Gutiérrez ha saboreado el proceso en cine: “Hicimos trabajo previo como en el teatro y eso no es habitual en el cine. Alberto es un director meticuloso que cuida mucho a sus actores y es que la base de sus películas son los personajes”. En agosto además rodará otro thriller: El desconocido de Daniel de la Torre junto a Luis Tosar. Nos acompaña en esta charla una joven promesa-realidad de nuestra escena, Daniel de Vicente, que por un momento recobra su faceta periodística y pregunta a Javier sobre sus ambiciones en esta profesión: “Mi ego no se satisface encima de un escenario, es más una necesidad vital de contar historias. Si miro hacia el futuro Hollywood no está en mis planes, me conformo con acabar mis días como José Luis López Vázquez”.

Chete Lera: “En el teatro te enfrentas cada noche a una particular final de la Champions”

Un año más, Escena Miriñaque trae a Santander un puñado de interesantes propuestas escénicas en su IndiFest. Entre las grandes citas de este festival de teatro y danza independientes pudimos disfrutar de El resucitado. Su protagonista, Chete Lera, rostro habitual del teatro y del cine, atendió a DESDE MI BUTACA en esta nueva entrega de Tras la emoción compartida. 

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¿Qué le atrapó a Chete Lera de un proyecto como El resucitado?

Es una propuesta que parte de mi. Es un cuento de Zola que hace una reflexión sobre la posibilidad de regresar de entre los muertos. Está dotado de una poesía que desde el principio me atrapó. Llamé a mi amigo Emilio y lo convertimos en un proyecto de Inconstantes Teatro. Tiene un sentido del humor muy sutil este texto sobre un hombre que decide contar su historia de feria en feria. Es un pequeño freak que se gana unas moneditas en b, ya no tiene que pagar hacienda…

¿Qué lugar ocupa a nivel personal y profesional Inconstantes Teatro?

Colaboro con ellos desde hace 15 años. Emilio se acercó al teatro de una forma muy curiosa. A través de una amiga común, María Ruiz, nos conocimos y él empezó a hacerse un fiel seguidor de mi compañía Espacio Cero. Cuando decidí abandonar esta aventura artística, que tantas alegrías me ha dado, me pidió que colaborase con él en Gaviotas Subterráneas de Alfonso Vallejo. Ahí empezó nuestra aventura y nos hemos hecho amigos. Tenemos en cartel todavía Antígono del siglo XXI y El coloquio de los perros. Es una relación muy fructífera.

Y Tras la emoción compartida en El resucitado, ¿Cómo se siente Chete Lera?

Siempre necesitas testar cómo ha quedado la obra. Yo me meto en el personaje, soy muy sincero con el espectador, pero no debemos olvidar que me puedo volver loco con este resucitado. Lo que siento tras la emoción compartida es el cariño del público si esa noche lo he hecho bien. Cuando no salen bien las cosas, me cuesta quitarme esa sensación, pero al personaje lo dejo en el camerino. Como mucho, el personaje me ‘roba’ los cigarrillos en algún vestuario… (risas)

En Subprime se enfrentó a la realidad más latente, ¿Es ese el motor que te lleva a hacer teatro?

Cuando tienes delante un texto que habla sobre nuestra desoladora realidad, tienes la sensación de que conseguimos clarificar lo que está pasando al espectador y eso es muy gratificante. El teatro debería servirnos como catarsis siempre. La experiencia en Madrid fue un poco agridulce, la sala del Fernán Gómez es enorme y llenarla era imposible. Parece un teatro construido por el enemigo, hay zonas en las que no llega bien el sonido… La gira fue muy gratificante eso sí, la gente se reía y después de la función nos preguntaba por algunos términos económicos, aunque la realidad a veces nos obligue a saber qué es una subprime o las preferentes.

Supongo que hay más cosas que hacen del teatro el mejor lugar para contar historias…

El teatro es la madre del actor. No puedo abandonarlo, tú mandas en esta particular final de la Champions. En el fondo, esta necesidad de contar historias en el teatro reside en la condición intrínseca del ser humano de querer comunicarse con el otro. Los periodistas lo hacéis escribiendo y nosotros encima de un escenario. De vez en cuando tengo que hacer un montaje para renovar las energías, pero lo mágico del teatro es que el público hace la función y es el último director que nos da pequeñas notas sobre lo que hacemos encima del escenario.

En el cine le vimos en el debut en el largometraje de Rodrigo Cortés, Concursante, ¿Cómo fue la experiencia?

Me llamó mi representante para que leyese el guión. Me quedé atónito al leer la explicación que da mi personaje sobre cómo nos manejan los bancos… Me puse en contacto con él y le felicité por ese guión tan lúcido que había escrito. Los rodajes en España suelen ser un tanto demenciales por el poco tiempo y los recursos que se manejan, pero Rodrigo tenía las cosas muy claras. Tenía una precisión exhaustiva que hizo de este rodaje algo muy gozoso. Las dificultades suelen venir siempre desde la parte económica. Es una pena que pasase tan desapercibida entre el público. A veces tengo la sensación de que la crítica también es poco generosa con nuestro cine. Ya es hora de que empecemos a barrer para casa y más con un película de este calibre, tan adelantada a su tiempo. Aún me siguen llegando comentarios de gente joven que se queda atónita con esta cinta.

Desde pequeño encima de un escenario, pero creo que la suya fue una vocación bastante tardía…

Es cierto que tardé en descubrir mi vocación. De hecho, me había puesto a estudiar Psicología con 26 años cuando conocí a un grupo que se reunía para leer teatro. Con ellos, montamos un grupo de teatro y decidimos profesionalizarnos. A pesar de ser un camino lleno de dificultades, no me arrepiento en absoluto. Un actor no se hace en una escuela. Se hace encima de un escenario, resolviendo las dificultades y eso es maravilloso.

Y ahora, ¿Qué proyectos tiene y con qué proyectos sueña Chete Lera?

Tengo alguna película por ahí, que debo hacer para seguir retándome como actor, más por eso que por las condiciones económicas que son lamentables. Mientras la salud me lo permita, voy a seguir trabajando. Ya veremos en qué, seguiré inventando proyectos si no existen. Desde pequeño tengo la obsesión de hacer El Rey Lear que además tiene las mismas letras que mi apellido, fíjate tú por donde, Lera…

Prisionero en mayo cierra el IndiFest este domingo

Prisionero en mayo pone en escena una amistad imposible, un insólito diálogo en un lugar confinado. Todo cambia para Abel (Guillermo Llansó), preso reflexivo y solitario, el día que recibe a su nuevo compañero de celda, Enric (Karlos Aurrekoetxea). Si Abel encarna al criminal arrepentido y penitente, Enric es amoral, salvaje y carismático, reflejo de uno de los iconos más controvertidos del siglo XX: Charles Manson. Completa el reparto de este montaje de la compañía Vuelta de tuerca la actriz Marta Alonso. El domingo 2 de marzo a las 20:00h en Escena Miriñaque.

Israel Elejalde: “Espero que dejemos de ser los bufones de la corte”

Israel Elejalde vuelve a ponerse a las órdenes de  Miguel del Arco en Misántropo tras un año intenso en el que pudimos verle en el Teatro de la Abadía “el lugar donde me pulí como actor” y en La fiebre, todo un reto interpretativo en el que contó una historia que incomodó a muchos espectadores.  Y Tras la emoción compartida en la nueva genialidad de Kamikaze Producciones se siente con una energía muy negativa, pero que torna en positividad al redescubrir que cada noche hace el teatro que le gusta con una compañía con la que es capaz de tirarse a la piscina cada vez que se levente el telón.

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¿Cómo es el Alcestes que ha creado Miguel del Arco?

Hemos intentado crear un Alcestes lo más humano posible. Si Moliére lo vio como un personaje cómico, Miguel ha sabido ver en él un dolor que está dentro de este tipo de personas. Hemos querido que el público empatice con él. Rechaza a todos los humanos, pero se ha intentado que sea lo más humano posible a pesar de todo.

¿Te has vuelto más misántropo haciendo este personaje?

Siempre algo del personaje que queda en ti, pero cuando es algo tan peligroso como la misantropía de este hombre, es mejor alejarse de ello. Su viaje es muy trágico, pero yo creo que en el fondo yo ya traía un poco de este personaje en mi propia personalidad.

Y ahora después de hacer la función, ¿Cómo te sientes Tras la emoción compartida?

Este personaje supone un viaje doble. Es un personaje muy negativo, provoca mucho dolor, pero a la vez disfruto de la maquina teatral que ha creado Miguel. Tras la emoción compartida me siento aún con el dolor de este personaje corriendo por mis venas, pero con la satisfacción de ser parte de un espectáculo en el que creo tanto.

¿Cómo fueron los ensayos?

La verdad es que quedaría muy bien decir lo que de fue un difícil trabajo de búsqueda del personaje, pero encontramos la forma de contar esta historia muy fácilmente. Nos hemos arriesgado, pero en el viaje que hemos hecho para crear este montaje lo que hemos encontrado ha sido mucha felicidad. Llevamos cinco años trabajando juntos y eso favorece que el clima de trabajo sea más abierto. Cuando te pierdes, tienes la certeza de que juntos encontraremos algo bueno al final del camino y eso es muy satisfactorio.

Y al mando de esta compañía, Miguel del Arco, con el que tu camino se cruzó hace muchos años…

Conozco a Miguel desde hace 18 años cuando hice mi primera obra, El anzuelo de Fenisa, que dirigió Pilar Miró con la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Yo me acuerdo que el primer día me senté en la mesa justo al lado de Miguel, que hacía del protagonista. Desde entonces, nos hicimos muy amigos y colaboré en sus cortos y en la primera obra que dirigió y que produje yo. Se intentó montar La función por hacer anteriormente con otro reparto, pero no cuajó y cuatro años después conseguimos reunir al elenco soñado.

Y a pesar de las trabas, ivazo mediante, la escena sigue fluyendo, ¿Todo lo puede la vocación?

Con eso cuentan nuestros mandatarios, con la parte vocacional que tiene este oficio que nos hace tener la necesidad de hacerlo a pesar de todo. En todas las artes se están reinventando. Espero que esto sea una situación temporal y que dejemos de ser los bufones de la corte cual siglo XVII. Mientras que eso no ocurra, contaremos las historias en los espacios que nos dejen. Se debería estabilizar la situación, consiguiendo una cierta seguridad en el circuito off que permita vivir dignamente a los creadores y, por supuesto, que sigan las grandes producciones que tanto bien hacen a esta profesión.

Y en esa necesidad de contar historias a pesar de la hecatombe supongo que tiene mucho que ver que montases La fiebre, todo un reto interpretativo…

Tenía la necesidad de contar esa historia, quería reflexionar sobre la posición burguesa en la que a veces me siento instalado. No me planteé inquietudes artísticas, pero para poder desarrollar ese trabajo sí que tuve que enfrentarme de alguna forma a mis límites como actor. Ese sí fue un viaje doloroso, en el que me perdí varias veces, es muy duro hacer un monólogo político para decir cosas que el público no quiere escuchar. A la vez es muy gratificante por, de alguna manera, haber ampliado mi registro actoral. Me ha hecho crecer a nivel personal y artístico. Es un proyecto muy personal en el que he reinvertido el dinero que he ganado como actor. Esta profesión es una forma de ganarme la vida, pero también de ver la vida.

Y si miramos hacia el futuro, ¿Con qué proyectos sueña Israel Elejalde?

Estoy muy contento en esta compañía, son mis amigos y tengo muchos lazos afectivos me gusta el teatro que hacemos y como lo hacemos. Tengo un camino del que sentirme orgulloso por poder hacer un trabajo que me hace realmente feliz. 

Concha Velasco: “He entregado más al teatro que a mis seres queridos”

Cuando llega Concha Velasco a la entrada de artistas del Teatro Arriaga en taxi, un par de fans la esperan en la puerta. Accede a hacerse la foto amablemente y entra comentando la conversación que ha tenido con un taxista: “Parecía que me quería sonsacar algo malo de Bilbao y esto me pasa también en otras ciudades, la verdad. Cuando he llegado al Arriaga le he dicho que era uno de los más bonitos de Europa y me ha contestado No será para tanto señora”. Ella está feliz de volver a ser la protagonista “no tanto por vanidad, sino por ser los protagonistas los que más sufren y los que más ríen en escena”. Está radiante con un vestido verde a sus 74 años que ‘luce’ con coquetería: “Déjame que me pinte un poco para las fotos, tengo que salir guapa siempre” comenta con una sonrisa antes de reencontrarse con José Pedro Carrión, uno de sus compañeros en Hécuba, que dice “cumplir un sueño al poder trabajar con una de las grandes de la escena”.

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José Carlos Plaza, un maestro. Concha Velasco vuelve a estar a las órdenes de un director con el que ya ha trabajado en varias ocasiones. Para ella lo que le hace especial es que: “Sabe tanto, conoce tanto a los actores, que saca lo mejor de nosotros”. Y ella ha vuelto a disfrutar cada momento de las lecturas de mesa con este maestro de la escena que “me enseña cosas de los personajes que yo como actriz soy incapaz de ver”.

Tras la emoción compartida en Hécuba. Cada noche, la madre protagonista de la obra de Eurípides tiene un final aciago. Se entierra viva junto a sus hijos por la culpa que le pesa por haberse tomado la justicia por su mano. Esa imagen se quedó grabada en la memoria de su nieto, que la regaló un dibujo que la actriz guarda con cariño. A Concha Velasco le cuesta mucho ‘quitarse’ el personaje cada noche, es un texto durísimo que la exige un trabajo físico de altura. Y nada más acabar, en su camerino, están preparadas unas toallas para una inmediata ducha con la que intentará deshacerse de esos sentimientos tan hondos con los que ha emocionado al público.

En Cine de Barrio recuerdo la historia del cine español y mi propia carrera”. Ya desde los tiempos de Parada, Concha soñaba con presentar Cine de Barrio, “un programa en el que creo que es un acierto que se escoja a actrices como presentadoras, ya que nosotras lo vivimos en primera persona”. Está feliz por la experiencia, pero hastiada de “Una TVE llena de recortes que ha convertido a nuestro programa en un puente entre la película de la sobremesa y ese telediario que lamentablemente no nos llena la cabeza más que de noticias malas. Tengo que cortar mucho las entrevistas a mis compañeros y eso me da mucha rabia”.

Demasiado pronto para poner punto y final a su carrera. Los últimos dos años Concha ha recorrido España con Yo lo que quiero es bailar, un one woman show en el que la artista repasaba su carrera al más puro estilo Broadway. Pero, no ha sido más que un punto y seguido. Ahí sigue subida a un escenario y advierte: “Tengo que hacer la segunda parte dentro de unos años”.

Creo que el Goya me ha marcado para no dar ningún paso en falso”. Y por fin, llegó el Goya para ‘La Velasco’. Uno de los momentos más ansiados de su carrera. Dice que la ha marcado para bien, que teniendo en sus manos ese ‘cabezón’ siente una responsabilidad extra que la hace mirar hacia el futuro con la responsabilidad de no deshacer el camino recorrido, de no errar en los próximos pasos de su carrera.

Mi mayor ilusión sería hacer un musical infantil de gran formato”. Marcada por su nieto, por el que dice sentir verdadera devoción, su ambición es hacerle feliz con un espectáculo que se aleje de la imagen que se ha podido crear de ella viendo un espectáculo tan duro como Hécuba. Eso sí, ella no se atrevería a producirlo: “No se puede perder todo por hacer teatro como en los tiempos de Marsó”.

De Concha a Concha. Al principio de la charla, DESDE MI BUTACA le ofreció la oportunidad a la polifacética artista de que se pensase una pregunta con la que le gustaría que se cerrase esta entrevista y éste fue el resultado del juego dialéctico.

P: ¿He sido feliz simplemente siendo una primera actriz o hubiese hecho falta algo más?

R: Creo que he entregado más al teatro que a mis propios seres queridos. Por eso, mis seres queridos no me dieron lo que realmente necesitaba de ellos. Ahora que estoy sola con mis dos hijos y mi nieto me doy cuenta de todo ello. Siempre se piensa que soy muy cuadriculada, muy de Valladolid, pero el carácter castellano nos da esa cosa ‘seriota’. Todo lo planifico y eso es un problema. He tenido que renunciar a muchas cosas de mi vida personal por ello, a lo mejor no está la felicidad encima de los escenarios. Mi vida hubiese sido muy distinta si me hubiese casado con un militar y hubiese ido a misa los domingos como hizo mi madre.

Esa otra vida imaginada no ocurrió nunca. Si no nos hubiésemos perdido una de las carreras más prolíficas de nuestra escena, ahí es nada. Afortunadamente, tenemos Concha Velasco para rato: “¿Cómo se llama el teatro en el que actuamos en Cantabria?”, Concha Espina la respondo. Está ultimando su maquillaje a solo unos minutos de subirse al escenario, pero no se le olvida recordarme: “Mándale la entrevista a Pentación para el dossier, no se te olvide”. 

Tras la emoción compartida de Manuela Velasco y Fran Perea

Sus carreras se han desarrollado en buena medida en el cine y en la televisión, pero la función teatral Todos eran mis hijos fue el punto de encuentro de un equipo creativo con vocación de compañía teatral a la antigua usanza. Ellos eligen el texto y se encargan de todos los aspectos de la producción, que se convierte en algo de unión colectivo. A sabiendas de que es difícil que otros les dejen contar las historias que realmente les interesan, decidieron montarse en esta suerte de empresa teatral que podríamos etiquetar a medido caballo entre las coproducciones habituales y una especie de cooperativa teatral, en la que todos hacen de todo. El primer hijo de esta unión ha sido una de las mejores funciones teatrales de la pasada temporada, Feelgood, una sátira política que bebe sin duda del David Mamet más lúcido. Han conseguido sacarla de gira gracias al apoyo de una distribuidora que les hará recorrer en 2014 buena parte de la geografía española.  Con dos de sus protagonistas, Fran Perea y Manuela Velasco, hablamos Tras la emoción compartida en el último bolo de la gira hasta ahora, que tuvo lugar en Villena. 

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¿Qué fue lo que los atrajo de esta sátira política? 

Manuela: Después de leer muchas obras, lo que que me enamoró de Feelgood es su estructura dramática. Tiene una estructura teatralmente engrasada. Se nota que Alistair Beaton es un hombre de teatro. Tiene un ritmo y una mala leche que desde el principio hizo que me enganchase este proyecto.

Fran: Me atrajo la manera en que mezcla el humor con la política. Estamos acostumbrados a que nuestros gobernantes nos hagan llorar. En Feelgood, nos vamos a reír un rato, aunque sea de situaciones que, fuera de este contexto, nos darían mucha rabia. Ésa es la magia de esta función, y la gran habilidad de Alistair Beaton, el autor.

Uno de los aspectos que hacen especial a esta función es el tipo de producción en el que os habéis embarcado, con los medios justos, pero con una pasión que se nota encima de las tablas, supongo que habrá supuesto un plus de aprendizaje extra, ¿No?

M: Empezamos por lo bien que nos compenetramos el equipo de Todos eran mis hijos. Desde que comenzamos esta aventura, cada día nos enfrentamos a nuevos retos, es un aprendizaje continuo. Estamos aprendiendo no desde cero, pero la relación entre nosotros es muy diferentes al también productores. Ahora nos hemos comprometido como ‘padres de la criatura’ y todos compartimos responsabilidades. Cada día tenemos que buscar e inventar soluciones a los problemas que nos van surgiendo. Cuando algo sale mal, hablamos y aprendemos de nuestros errores.

F: Por supuesto. Estamos aprendiendo muchísimo. De hecho, cada día lo hacemos. No es fácil poner a tanta gente de acuerdo en algo. Somos diez productores, que, además, formamos parte de todos los departamentos, como quien dice. Cargamos, descargamos, actuamos, vamos al banco a firmar, hablamos con abogados… Es toda una aventura. Pero, la verdad, es muy reconfortante saber que estamos generando empleo.

Este proyecto nace de otro, Todos eran mis hijos, ¿Creéis que participar en ese montaje ha sido un punto y aparte en vuestra carrera? 

F: Sí, totalmente. Es verdad que antes dimos los pasos necesarios, creo, para llegar a Todos eran mis hijos en condiciones óptimas… Y, efectivamente, enTRAMAdos le debe mucho, mucho a Ana Jelín, a PTC, a Claudio Tolcachir y a Timbre 4. El germen de todo estuvo en aquel montaje y en la gira posterior.

M: Es el regalo más bonito de mi carrera. Es un punto de inflexión en mi carrera. El grupo humano que nos juntamos en ese montaje estábamos muy a gusto trabajando juntos. Creó en mí una necesidad de ser parte de todo el proyecto artístico montando nuestros propias aventuras escénicas.

En "Todos eran mis hijos" se comenzó a fraguar el proyecto de "Feelgood".
En “Todos eran mis hijos” se comenzó a fraguar el proyecto de “Feelgood”.

En estos tiempos difíciles, ¿cómo os las estáis arreglando para conseguir ‘bolos’?

M: En Madrid invitamos a los distribuidores a vernos en el Matadero. Queríamos repetir la experiencia tan maravillosa que habíamos tenido con Todos eran mis hijos en la gira. Había que sacar el espectáculo fuera de Madrid. Nos encanta ver diferentes públicos y sus formas de reaccionar. Hay que destacar que la mitad de la obra es el público, que reacciona ante lo que ocurre en escena. Traspasos Kultur se interesó por nuestra obra y está interesando mucho el proyecto quizás por la temática que trata.

F: Fuimos muy prudentes a la hora de empezarla, porque no sabíamos si íbamos a poder asumir el gasto que supone cada ‘bolo’, ya que, desgraciadamente, hay muchos ayuntamientos que tardan en pagar, o, directamente, no te pagan. Al final las ganas que teníamos de sacarla de gira pudieron más y gracias a Traspasos Kultur podremos anunciar muy pronto las fechas de la gira de 2014.

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Los actores toman notas en los ensayos en una foto de Charo Guerrero.

¿Cómo os sentís “Tras la emoción compartida” en Feelgood?

F: Muy orgullosos de lo que hemos ido construyendo paso a paso. Y, además, sabiendo que lo que hemos hecho, gusta. La gente nos dice cosas estupendas y participa durante toda la función. Una maravilla.

M: Mi personaje, Elisa, va a contracorriente de este mundo del gabinete del presidente que reflejamos en la obra. Yo personalmente acabo hecha polvo, me enfrento a aspectos tan cruciales como si sería capaz de renunciar a mis valores. Nada más terminar la función, necesito quedarme un poquito sola conmigo misma para tener un rato de camerino y soltar. Eso sí, cuando salgo del teatro y me encuentro con el público, me da un subidón de energía. Veo que la obra llega y le hace pensar. El público se ríe mucho, pero a la vez salen removidos por haberles puesto un espejo delante que refleja un sistema político tan podrido. Genera mucho debate esta función. Me voy muy llena al saber que hemos removido conciencias.

Y a pesar del iva y de lo “heroico-suicida” que tiene hacer teatro en estos tiempos, ¿Por qué para vosotros el teatro es un buen lugar para contar historias?

F: Porque el teatro se desarrolla ‘aquí y ahora’. Es irrepetible. Cada espectador ve un espectáculo nuevo y para nosotros es nuevo cada día también. Esa novedad facilita que desconectes de lo de fuera. Que entres en la historia que se está contando, que no quieras perderte ningún detalle.

M: El teatro es el lugar con mayúsculas para contar historias. Es verdad que repites el texto, pero lo que sucede en escena y con el público es muy diferente. Es un acto que sucede en comunión con el público. Implica además una atención total. Vas y te metes en una historia que, además, en este caso te hace cuestionarte los valores establecidos.

Cine, teatro, pero también televisión, ¿Qué habéis aprendido de vuestra profesión gracias a la ficción televisiva?

F: Mucho. La importancia del trabajo en equipo, de cumplir unos plazos, de trabajar contrarreloj, de reducir el proceso creativo sin que el resultado se vea afectado…La televisión en este país crea ‘industria’. Hay mucha gente que vive del audiovisual gracias a la ficción televisiva, que aprende un oficio y lo puede llevar a cabo en un plató de televisión. Ahora, estoy grabando de nuevo una serie para Telecinco con la productora Globomedia: B&B. De boca en boca, con un magnífico grupo artístico y técnico de los que sigo aprendiendo mucho.

M: En la televisión se aprende técnica y oficio. Se graba muy rápido, tienes que aprender a coger oficio. También debes tener una gran ejercicio de trabajo previo, hacer los deberes en casa. No tienes tiempo de ensayo, hay que hacerlo bien directamente. Sirve para ejercitar la memoria y poner en práctica todos tus recursos interpretativos.

¿Hubo un momento en que Manuela y Fran dijeron aquello de Mamá quiero ser artista o no sabéis muy bien cuando la interpretación se cruzó en vuestras vidas?

M: Por mi padre y mi tía he vivido en contacto constante con el mundo del cine y del teatro. El teatro me fascinaba desde pequeña, esa es la verdad. Creo, eso sí, que fue el cine el que me hizo plantearme que me podía dedicar a esta profesión. Cuando terminé La ley del deseo con 8 años, yo le dije a mi madre que no quería al colegio, que yo lo que deseaba era seguir rodando la película…

F: En mi caso, sí. Mientras estudiaba en el instituto, ya hacía teatro en una escuela de Málaga. Cuando terminé la secundaria e hice la selectividad, les dije a mis padres que quería estudiar la carrera de Arte Dramático. Al principio no les terminó de hacer gracia, pero, al final, cedieron y, mira, aquí estoy…

Jorge Usón junto a Perea en uno de los ensayos en otra imagen de Charo Guerrero.
Jorge Usón junto a Perea en uno de los ensayos en otra imagen de Charo Guerrero.

Manuela, me es inevitable preguntártelo y más con los ‘piropos’ que te hace cuando hablo con ella, ¿Cuánta culpa de tu pasión por tu oficio tiene Concha Velasco?

M: A lo dicho anteriormente, habría que sumar la suerte de poder ver las obras de mi tía Concha desde todos los ángulos posibles: Desde el palco, ‘entre cajas’, en el gallinero… Me encantaba estar con la gente del teatro, debían ver en mi a la niñita pequeña a la que mimar. No me aburría nunca de ver la función. Cada día veía cosas nuevas sobre el escenario. Esa alegría y energía que se respiraba fue el motor de que me dedique a esta profesión.

Si miramos hacia el futuro, ¿Qué proyectos tenéis y con qué proyectos soñáis? 

F: La verdad es que este presente que tengo, me gusta bastante. Si pudiera pedir algo… Quizá poder seguir compaginando el teatro con el audiovisual, y, además, poder seguir haciendo música. Casi nada. También me encantaría, en el futuro, poder ir a Argentina a trabajar con los compañeros de Timbre 4, durante un tiempo. Y, por supuesto, me encantaría que enTRAMAdos, la compañía que hemos creado para representar Feelgood, siga viviendo con nuevos proyectos teatrales.

M: Rec: Apocalipsis y Galerías Velvet de Bambú Producciones son las dos cosas más inmediatas. Coincido con Fran en que espero que el proyecto enTRAMAdos no se quede en Feelgood, que haya mucho más proyectos. Estoy leyendo con Alberto, el director, otras obras para ver qué es lo próximo que se nos ocurre. 

Blanca Portillo: “La televisión no es un seguro de continuidad”

Es difícil contar algo nuevo sobre alguien como Blanca Portillo. Me podría referir una vez más a su trayectoria ascendente en teatro, cine y televisión. Podría decir que ha trabajado con Almodovar, Tomaz Pandur o Milos Forman entre otros. Podría citar incontables premios como el Nacional de Teatro. Creo que todo ello la hacen merecedora de ganarse el sobrenombre de ‘La Portillo’, como las grandes, al más puro estilo de Nuria Spert. Ella pasará a la historia de nuestra escena no solo por sus trabajos en los que demuestra una y mil veces su superlativo talento, sino por el amor que profesa por su oficio. Y parece hacer suya la frase de su querido Asier Etxeandia: “Para mí el amor es un teatro lleno”. Y precisamente, sobre las tablas comparte emociones o, mejor dicho, risas con Fisterra, un texto que se podrá ver el viernes y el sábado en el Teatro Campos Elíseos de Bilbao. Un lujo que sea la segunda en pasar por Tras la emoción compartida.  Pero no se olvida de su Segismundo, que retomará en el Pavón el 19 de marzo. No sabemos si todo podría haber sido un sueño desde que la empezamos a querer en 7 Vidas, pero lo que no queda ninguna duda es que si ella ha llegado a lo más alto es gracias a su constancia y saber hacer encima de los escenarios. Un placer tenerla DESDE MI BUTACA 6 años después, ¡Cómo pasa el tiempo!, de que la entrevistase en un céntrico hotel santanderino durante las representaciones de Afterplay.  Siéntense en sus butacas y disfruten de la pura sabiduría de esta maga de la escena.

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Fotografía de Javier Naval.

Después de unos años, teatralmente hablando, en que la comedia no ha sido precisamente una cosa continuada en su carrera, ¿Por qué ha aceptado un proyecto como Fisterra?

Pues precisamente por eso. Porque llevaba mucho tiempo sin hacer comedia y me apetecía mucho volver a escuchar la risa del público.

Se incorpora además con la peculiaridad de que el montaje estaba ya muy rodado, ¿Ha sido difícil amoldarse a alguien como Ángeles Martín que ya tenía el espectáculo ‘rodado’?

Todo lo contrario. Trabajar con Ángeles es muy fácil y, además, es una gran profesional, consciente de que, cuando un actor nuevo se incorpora a un espectáculo ya hecho, eso influye en su trabajo. Se ha adaptado y me ha regalado momentos maravillosos. Es una gran compañera y una gran profesional.

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¿Qué siente Blanca Portillo Tras la emoción compartida en Fisterra? ¿Se lleva supongo una energía muy diferente a la que tenía con La vida es Sueño no?

Lógico, son obras muy diferentes y personajes muy distintos. No se pueden comparar. Fisterra me deja una energía muy lúdica, con una satisfacción enorme por escuchar la risa del público.

Volviendo precisamente al Segismundo, le ha traído un reconocimiento que, supongo, tendrá como uno de los más queridos de su carrera, el Premio Nacional de Teatro, ¿Qué le vino a la cabeza cuando le dieron esa noticia?

Pues la verdad es que no me lo creía. Fue muy emocionante. Pero no creo que sea el premio más querido. Tengo la fortuna de haber recibido unos cuantos y todos ellos tienen algo muy especial para mí.

Viendo el éxito de Carmen Machi o el suyo propio y el de tantos actores de 7 vidas, ¿Piensa que esa serie ha sido “el mejor trampolín” para dar a conocer a muchos intérpretes que sin la ayuda de la tv no hubiesen llegado a ser lo que son hoy?

Es obvio que la televisión la ven muchas más personas, eso es un hecho incuestionable. Pero creo que también influyó el hecho de que, en Siete Vidas, éramos todos gentes de teatro, con un curriculum detrás y eso, junto a unos excelentes guiones, hizo que mereciera el cariño y el respeto del público. Yo, personalmente, no sé si no hubiese “llegado a ser lo que soy”. En cualquier caso, lo que hubiera sido, estaría bien. Pero le aseguro que la televisión no es un seguro de continuidad profesional, ni muchísimo menos. Cuando la gente valora una serie, luego hay que seguir trabajando y haciéndolo bien, porque si no no llegas a ningún lado, desapareces…

Su trabajo de construcción de personaje en la reciente Niños robados demuestra que se pueden hacer grandes trabajos en la pequeña pantalla, ¿Qué nota le pondría a nuestra ficción?

En televisión se pueden hacer grandes trabajos. Yo creo que tenemos una muy buena ficción, prueba de ellos es que son muchos los países que compran nuestras series y se está empezando a coproducir con otros países. Es injusto que no sepamos valorarla. Yo le pongo una nota alta, sin duda.

Cine, televisión, pero ante todo TEATRO, ¿Por qué el teatro es un buen lugar para contar historias para Blanca Portillo?

Porque el público está ahí, a tu lado, para decirte si le has convencido o no.

Y si miramos hacia el futuro, ¿Qué proyectos tiene y con que proyectos sueña?

Sueño con lo mismo que soñaba cuando salí de la Escuela de Arte Dramático: seguir trabajando en esto. Y proyectos… pues… muchos, ¡Afortunadamente! Dados los tiempos que vivimos es un auténtico lujo.

La única caricia

Empecé a conocer a mi padre el día en que murió…

En Las heridas del viento, David se enfrenta a la muerte de su padre en busca de respuestas, ¿Quién fue realmente ese gran desconocido? Y, de repente, encuentra unas cartas que le descubren una realidad que no sabe si está dispuesto a aceptar. “A mi padre por todo lo que no se de él” reza la emotiva y sencilla dedicatoria que Juan Carlos Rubio hace en esta gran carta de amor teatral. Su David, sumido en la perplejidad, no puede entender al hombre que le dedicó una sola caricia, que hoy parecer estremecerle. El texto de Juan Carlos Rubio, aplaudido en medio mundo, está dotado de un lirismo y una poesía, nada cargantes ni excesivos, que sumergen al espectador en el teatro más puro, el que dota a la palabra de emociones, sin ningún tipo de artificio. Solo las cartas, unas sillas y la música de un smartphone acompañan a nuestros protagonistas en este viaje a la emoción más pura. Para dar voz y carne a los dos protagonistas, Rubio se rodea de dos actores, cuya emoción maneja a la perfección. Dani Muriel está viviendo una etapa dorada en su carrera y eso es gracias a la variedad de trabajos que ha ido encadenando en los últimos meses. Las heridas del viento es un paso hacia adelante en su carrera. Muriel se enfrenta cara a cara a un texto que exige el 200% de implicación del intérprete y él pasa la prueba con nota, muy especialmente cuando se crece ante la emoción compartida de su partenaire en escena, Kiti Mánver. Es el trabajo de esta ACTRIZ un ejercicio de sutileza y buen hacer encima de las tablas. Mánver imprime al personaje un amaneramiento nada forzado, que solo subraya en momentos contados, cual pinceladas de ese gran óleo que es la interpretación de esta gran maga de la escena que llena de emoción y de magia el hall del Lara desde que lo pisa por primera vez. Poco más que añadir, solo invitarles a que no dejen de pasar ‘Los lunes al hall’ con este montaje que, estoy seguro y es justicia divina, tendrá un largo recorrido.

LAS HERIDAS

Esta historia podría acabar aquí, pero en esta nueva etapa os mostraremos el después de la función de algunos intérpretes, ¿Cómo se sienten justo después de que el telón caiga? En ese momento en que aún permanece la emoción compartida en escena. Nadie mejor que Kiti Mánver para abrir esta sección titulada Tras la emoción compartida

“¿De verdad vas a salir a la calle así con el pelo mojado?” le pregunta Juan Carlos Rubio a nuestra protagonista. Está frenética tras compartir con los espectadores a su Juan. Aún así, para un momento para contarnos DESDE MI BUTACA sus impresiones sobre este montaje, el quinto que hace con Rubio, en el mágico hall del Lara. Gracias, Kiti.

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¿Cómo se siente Kiti Mánver Tras la emoción compartida?

Ahora, aún con la emoción por esta katarsis en escena, solo puedo decir que me siento muy afortunada por esta experiencia. Tras más de cuarenta años de carrera me parecía imposible poder hacer un trabajo así. Juan Carlos ha insistido en que no le pusiese una energía parecida a la de mis trabajos anteriores. Me ha puesto en un lugar en el que me siento comenzando de nuevo. La incomodidad es muy buena para algo tan creativo como la interpretación. No hay que instalarse ni quedarse en lo fácil.

La gran cualidad de tu interpretación es la sutileza con la que afrontas el “amaneramiento” del personaje…

Eso estaba en la propuesta de dirección de Juan Carlos, solo le hemos puesto dos toquecitos en momentos concretos . Él quería hacerlo de una forma muy sajona, por así decirlo.

¿Qué le evoca a Kiti Mánver un espacio como el hall del Lara?

Es maravilloso trabajar en un espacio así. Descubres varias cosas. La gente tiene muchas ganas de reír, pero también de llorar un poco.  Son los sentimientos lo principal en esta historia que contamos al público. Esta obra hace que el público se plantee si ha dicho lo suficiente ‘te quiero’. Te pone en lugares de una gran sensibilidad. En un lugar tan mágico como éste me he dado cuenta que el público también necesita sentir ese tipo de emociones. Siempre se vende como lo máximo la comedia, pero una función como ésta demuestra que el público también viene a emocionarse al teatro.

Por último, ¿Qué le une a Kiti Mánver con sus dos compañeros de viaje?

Es mi quinto montaje con Juan Carlos, estoy a fuego con él. Me lleva de éxito en éxito y está sacando cosas maravillosas de mi como actriz. Es mi ángel de la guarda particular.  De Dani destacaría que he descubierto a un actor joven de estos que tienen una preparación de lo más óptima. Es un compañero de viaje estupendo. Para llevar a buen término este texto se necesita de un compañero con una sensibilidad parecida y que sea capaz de meterse contigo en esta particular burbuja emocional. Los trabajos con una química como la que tenemos nosotros dos son simplemente la bomba.

Como este no es un montaje cualquiera, DESDE MI BUTACA le vamos a dar una cobertura especial. Esta historia continuará con las entrevistas a Juan Carlos Rubio y Dani Muriel. Estad atentos.