Roald Dahl sigue llegando a los lectores tres décadas después de su muerte

El pasado 23 de noviembre se cumplieron 30 años de la desaparición de uno de los genios literarios más reconocidos por los lectores, grandes y pequeños, de historias tan imperecederas como Matilda, Charlie y la fábrica de Chocolate y Las Brujas, historia esta última plenamente de actualidad en este año por su nueva adaptación cinematográfica. Además, la editorial Alfaguara ha presentado dos excepcionales ediciones en versión cómic y una reedición de la novela con capítulos extra de las que os hablamos al final de este reportaje.

Algunos apuntes biográficos demuestran que el autor encontró el germen de sus historias en su propia vida. Detrás de Matilda y Boy se encuentran de hecho los duros momentos que pasó en el rígido sistema educativo británico. Probablemente sorprenda que el autor empezó escribiendo aventuras de guerra y es que fue piloto de aviación en la Royal Air Force.

¿Cómo cambió entonces ese mundo aéreo por las narraciones infantiles? Muy sencillo. Fue gracias a las cuentos que contaba a sus hijas. James y el melocotón gigante fue la primera de las historias que publicó. A partir de ahí un buen puñado de historias que nos han hecho soñar a grandes y pequeños no solo en la literatura. También en el cine. Más allá de las adaptaciones de sus novelas, a las que era muy reticente -luego contaremos lo que pasó con la primera adaptación de Las Brujas– Dahl tuvo una faceta como guionista de cine muy reseñable. Además de crear a los Gremlins como propaganda para una película de Disney que nunca se realizó, puso su impronta personal por ejemplo a la inolvidable Chitty Chitty Bang Bang. Partiendo del original literario de Ian Fleming creó uno de los títulos más queridos del cine musical familiar para varias generaciones.

Las Brujas y Jim Henson

En un año en que hemos vivido la nueva adaptación cinematográfica de Las Brujas es inevitable recordar las vicisitudes por las que pasó la primera y oscurísima adaptación, para algunos hoy cinta de culto. Bien es sabido que el autor no estaba muy por la labor de que adaptasen sus obras al cine. Pues bien, cuando vio el resultado de Las Brujas no pudo más que quedarse horrorizado. El tono oscuro de la cinta se alejaba de su novela apta para todos los públicos. Comenzó entonces una campaña de boicot a la cinta.

Tomó partido entonces Jim Henson, mente creativa detrás de la película, que le mandó una carta de disculpa tras la cual Dahl retiró el boicot. Antes de la misma, ya se había adaptado al cine con irregular resultado Charlie y la fábrica de chocolate, que muchos años después adaptó con bastante tino Tim Burton.

Las historias de Dahl han dado mil vueltas por el audiovisual y por los escenarios desde su partida. Probablemente el éxito más sonado sea el de Matilda por partida doble. Primero, por su adaptación cinematográfica, una de las películas familiares más queridas para la generación que creció en los 90, y por supuesto por el musical que de hecho llegará dentro de unos años a España. Con la adaptación reciente de Las Brujas, mucho más fiel al original literario que la película de hace tres décadas, se demuestra que sus historias siguen cautivando a grandes y pequeños. Con el precedente de la cinta que protagonizó Angelica Huston, para muchos cinta de culto, parecía un reto difícil, pero sin duda el universo de Dahl sale fortalecido en esta brillante adaptación que ha llenado las pantallas de fantasía. Lo mejor para adentrarse en esta historia es acercarse a las dos ediciones que ha presentado Alfaguara.

Ya en el imaginario colectivo desde hace décadas, las ilustraciones de Quentin Blake, que en 1978 comenzó a ilustrar los libros de Dahl, son uno de los grandes atractivos de la reedición que acaba de hacer Alfagura de Las Brujas. Desde luego para varias generaciones, se han convertido en la forma de “mirar” al universo literario del autor. Además, en esta estupenda edición nos encontramos con capítulos inéditos.

Con un precedente así, Pénélope Bagieu, se enfrentó al reto de dar vida a esta historia en formato cómic. El resultado no puede ser más gratificante. La ilustradora ha conseguido que veamos las palabras de Dahl materializadas en unas viñetas que te harán leer del tirón esta apasionante historia fantástica que sigue enganchando a grandes y pequeños.

“100 musicales que deberías ver”, la mejor guía para un primer acercamiento al musical

Es importante leer el prólogo de esta publicación para comprender las decisiones tomadas. Y es que la elección de ciertos musicales y no otros en este particular listado “no solo se trata de una decisión eminentemente subjetiva, sino también llena de aspectos opinables que no creo que se puedan llegar a justificar más allá de la mirada de quien escribe”.

De ahí decisiones cuanto menos discutibles para un conocedor del mundo del teatro musical como no dedicar un apartado a fenómenos de la escena como Hoy no me puedo levantar– una pena que se pase de puntillas por las apuestas de teatro musical made in Spain– y sí dedicárselo a musicales recientes que apenas han tenido eco más allá de Broadway y-o el West End. También sorprende que incluyendo tantos datos fácilmente localizables en internet se digan cosas como que Follies se estrenó en el ¿Teatro Nacional de Madrid? refiriéndose al Teatro Español, claro está.

Entré en 100 musicales que deberías ver atraído por el atractivo diseño de la publicación plagada de atractivas fotos de escena -incluidas muchas de las producciones españolas, cosa harto agradecible para los espectadores que las hemos podido revivir de esta forma.

Más allá de los datos genéricos -no deja de ser una publicación para el lector simplemente aficionado al teatro musical sin mucho conocimiento del tema- destaca el apartado ¿Qué fue primero el musical o la película? Seguro que muchos espectadores se sorprenderán con títulos que están instalados en el imaginario colectivo como películas, pero que se estrenaron como funciones teatrales.

100 musicales que deberías ver es una estupenda guía para tener a golpe de vista la información básica de una cuidada selección de títulos representativos de las aristas de un género en constante evolución.

La cultura pop española ocupa su lugar en las librerías de la mano de Juan Sanguino

“Si en algún momento de tu infancia viste a Sabrina salírsele un pezón en la televisión pública, tu adolescencia quedó atravesada por el crimen de Alcàsser…”

Cómo hemos cambiado. La transformación de España a través de la cultura pop de Juan Sanguino (Península, 2020)

Puede sorprender que un libro como el que encabeza este post no contenga ni una sola imagen en sus páginas, salvo la maravillosa fotografía de Piedad Bejarano de la portada, pero es que una vez leído te das cuenta de que simplemente no es necesario.

Esto es así ya que el receptor de este libro, estoy seguro, recuerda cada uno de los episodios televisivos a los que hace referencia Juan Sanguino en sus páginas. Solo hay que tirar de esas imágenes que tenemos guardadas o creemos tener guardadas en el imaginario colectivo y es que ¿Quién no conoce a alguien que dijo haber visto el episodio de Ricky Martín y la mermelada? Por cierto, la Gemio no vivió ese supuesto momento. Fue the one and only Concha Velasco que la sustituyó en Sorpresa, Sorpresa, ¿Se acordaban?

Cada vez somos más conscientes de cómo la cultura popular nos define como sociedad, de cómo aquellos estándares que en un momento nos resultaban aceptables, ahora se tornan en algo bien distinto. Es improbable que nadie hace relativamente poco pensase que un personaje como Cristina Ortiz, La Veneno, generaría un fenómeno de la dimensión que lo ha hecho gracias a la serie de la que hemos hablado aquí ampliamente.

Por las páginas de este tratado pop de España encontramos afirmaciones del tipo: “A nadie le gusta Macarena. Nadie se la ha puesto nunca en su casa por placer. Y, sin embargo, es, con diferencia, la canción tolerada con más entusiasmo de nuestro tiempo”. Sí aquí caben todos los referentes populares que se puedan imaginar, sin olvidarse de fenómenos como OT.

Esta edición Península está plagada de leyendas urbanas de esas que nos han construido como sociedad de la (des)información y es que “da igual si Victoria Beckam dijo o no que España le olía a ajo”, nos sentiremos interpelados reconociendo cada uno de los pasajes a los que hace referencia Sanguino. Somos una sociedad compleja incluso en la construcción de los propios iconos de la cultura pop. Así que es difícil explicar a alguien que no tenga ADN ibérico dicotomías como las que provoca la interpretación de un personaje como Torrente: “podría funcionar a la vez como sátira del machirulismo casposo para algunos espectadores y como reivindicación del canallita ibérico para otros”.

Cómo hemos cambiado nos habla de tú a tú para que no olvidemos que la España de las plataformas, de las series y programas de culto sigue siendo aquella que vibraba con el Mississippi a medianoche y disfrutaba a la par que se escandalizaba con la teta de Sabrina.

Si hemos cambiado o no, no seré yo el que lo diga, sumérjanse en las páginas de este libro altamente adictivo y lo comprobarán con sus propios ojos.

Y hasta aquí puedo leer.