Las reseñas de Alberto Morate: Amantes asesinados por una perdiz. El poeta de todos.

El poeta suspira. En el centro de su mundo, en su corazón jadeante, en las calles de Nueva York, en su Granada que se le ha quedado pequeña. Observa y calla, pero escribe. Escribe lo que sus imágenes oníricas le sugieren. No es del todo surrealismo. Son pesadillas. Es un mundo distinto, más abierto, donde se hablan todos los idiomas, donde las miserias florecen y Lorca retrata con su corazón palpitante de poeta. No quiere morir, aunque se siente solo. Aturdido.

Hay un poeta pasado, el del Romacero Gitano, el que se hace famoso, pero él quiere indagar, patear esa ciudad que le ofrece mil emociones para crecer y no estancarse en el éxito. Deberá roer la gran manzana poco a poco.

También está el poeta condicional. El de que hubiera sido si… El poeta de un otoño que no llegó a vivirlo. El poeta que se revolvía contra él mismo y no se conformaba.

El poeta presente. El de ahora, el de hoy. El que transita las plazas y parques y se siente solo. El que está fatigado, pero no lo mostrará, porque para eso ya lo escribe con voz ronca. El que tiene los pies en la tierra, pero vuela, no puede conformarse con tener un solo ojo.

Y el poeta eterno. El que conocemos gracias a su universalidad e intemporalidad. El poeta de todos. El fruto que no deja de crecer, el que nos salvará del desdoro.

No quiere Federico ser solo de unos pocos. Ni de los poderosos. Ni de los pacatos y los santos. Ni siquiera de los profesores, de los otros poetas, de los religiosos, mucho menos de los políticos, quiere hablar en voz alta, quiere decir que el amor y los amantes pueden ser asesinados por una perdiz como singular historia de amor que se frustró sin remedio.

Mónica Tello, artífice irredenta y dramatizada de su pasión por Lorca, es la encargada de traernos su sabor. Su sabor flamenco, su lectura profunda, su palabra viva, su dolor y su sentimiento a raudales. Para ello se acompaña de profesionales de altura y talento. En la guitarra, (corazón malherido por cinco espadas), Rafael Salinero. En un alarde de virtuosidad etérea sacando el espíritu quejumbroso de los versos y el poeta, en la flauta está Edu García. Y un Lorca sentido y emocional, con el cante como voz poética, Juan José Amador. No le van a la zaga las dos bailarinas e intérpretes de esos Lorca verdaderos, Isabel Pamo y Beatriz Tello. Y entre músicas, cante, baile, versos, todo cuidado con esmero, nos reviven esta historia insólita, este canto aquejado de ausencia, este brote de luz en el panorama escénico. Amantes asesinados por una perdiz, que luego no se comieron.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Las reseñas de Alberto Morate: «Los sueños de Rupert»

Sueños de lirios. Noche de camaleones. Padres e hijos. Rostros exangües y sombríos. Un viaje al interior de uno mismo. Y al de otras personas. Como los camaleones, poniéndose en la piel de los maltratadores y los inocentes, de los taciturnos y los hiperactivos.

Es este un montaje de recorrido. Para los actores y para los espectadores, que captamos las imágenes, las canciones (que las hay), los diálogos cargados de razón y con sentido preciso.

No es el alma la que vaga por distintos marcos ficticios, es el propio cuerpo, que sufre, que se retuerce, que paga las consecuencias de un charcutero, el Terrateniente, que lo tuvo todo y todo lo ha perdido.

Los sueños de Rupert, con dramaturgia de Tomasz Borczyk a partir de un proceso de creación colectiva con Alberto Caballero, Carlos Cervera y otros miembros de Noche de Camaleones, nos saca a flote los recuerdos, las vueltas al pasado, las identidades confundidas, la meditación que no se piensa, una invitación a escribir tu propia nota de suicidio, el altar de la muerte, mujeres pitonisas, judíos, tumbas que son bañeras, velados conciertos, rezos rapeados, la búsqueda de uno mismo, para enfrentarse a lo que uno no quiere ver de sí mismo.

Se invoca a la persona, no al espíritu. Plantea muchas cuestiones, a modo de regreso, de apelar a la conciencia mientras se trasiega un buen jamón de bellota y se saborea un buen vino. Estamos encerrados en nosotros mismos. Solo nos queda la liberación de los sueños, la nostalgia del poeta, la redención de nuestros secretos, los silencios que se rellenan con palabras, cantos, veneración a un lagarto gélido que no quiere dominar el mundo, sino despertar conciencias, cuestionarse tiempos pasados para afrontar mejor el futuro.

No hay remedio para la vida. Por eso creamos ídolos, por eso surgen rebeldes, por eso existen impíos, desventurados, poderosos, desasosiegos y triunfos.

Casi cinco horas de espectros vivos, de sueños vividos, de noches de soledad y terror escondido. De canciones, de treguas y de combates, de monjes malditos, de sueños de angustias desoladas, sueños cansados, sueños de adustos y descreídos, sueños infinitos que no acaban despertándose, sueños de vacíos, de roca y aire, de futuro, de sombras reconocibles, de voces que nos llevan al abismo.

La propuesta, cuando menos, es curiosa, arriesgada, original, pero que no desvaría, sino que te atrapa saliendo del tedio, en un sueño perdido.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

El «Company» de Antonio Banderas, que permanecerá hasta marzo en el Teatro del Soho de Málaga, saca nuevas entradas a la venta


Desde este viernes 17 de diciembre se podrán adquirir nuevas entradas para el mes de enero del musical Company (Música y Letra de Stephen Sondheim y Libreto de George Furth), un espectáculo dirigido y protagonizado por Antonio Banderas que cumple este viernes un mes en cartel en el Teatro del Soho CaixaBank y que tan buenos datos de taquilla está obteniendo.


Considerada una obra maestra del género, Company se estrenó en Broadway en 1970 y fue ganadora de seis premios Tony, entre ellos el de Mejor Musical. En este montaje, producción del Teatro del Soho CaixaBank cuenta con un reparto de primeras figuras de la escena musical española como María Adamuz, Roger Berruezo, Albert Bolea, Lorena Calero, Lydia Fairén, Nando González, Dulcinea Juárez, Silvia Luchetti, Pepa Lucas, Anna Moliner, Julia Möller, Paco Morales, Beatriz Mur, Mariola Peña, Marta Ribera, Ángel Saavedra, Carlos Seguí y Rubén Yuste.

Foto de Jesús Dominguez

Los precios de las entradas para Company van desde los 25 euros hasta los 120 euros y estarán disponibles en nuestra página web http://www.teatrodelsoho.com, y en todos los puntos de venta de El Corte Inglés. En la taquilla del Teatro del Soho CaixaBank (C/Córdoba 13), podrán adquirirse en horario de 10h a 14h y por la tarde de 17h a 21horas de martes a domingo. Los Horarios de las Funciones son: miércoles, jueves y viernes a las 19.30 horas, sábado a las 17.00 horas y a las 21.30 horas y domingo a las 18.00 horas.

**Excepcionalmente el sábado 1 de enero habrá una sola función a las 18.00 horas y los días lunes 3 y martes 4 de enero habrá función a las 19.30 horas, descansando el día 5 de enero, Noche de Reyes.

Las reseñas de Alberto Morate: «Molly Bloom»

Tengo que soltarlo. Esta vieja angustia, esta pasión contenida. Esta contención de lágrimas y risas. Estos pensamientos convertidos en sueños, estos sueños que no me dejan dormir.

No puedo dormir, desde hace años no duermo bien. Mis emociones me lo impiden. Mi marido, Leopold Bloom me lo impide, sobre todo, cuando él duerme a pierna suelta.

Me pregunto muchas veces si tiene sentido mi vida. Si no es una existencia sin puntos ni comas, derramada en ofrecerme a los demás y yo, sintiéndome perdida.

Las convenciones me hacen ser educada, aparentemente sociable, estable en mis relaciones. Pero enloquezco de amor. De deseo. Nadie me puede cortar las alas que no tengo. Me niego a que mi mundo sea esta habitación, estas cuatro paredes de luces amarillentas, a sentir frío por las noches mientras tú roncas. Yo no duermo. Los sueños no me dejan dormir.

Este monólogo de Molly Bloom, sobre el epílogo de la novela de James Joyce, Ulises, en la que la actriz Henar Frías, nos desvela su juventud y su madurez perdidas. En su propia versión junto con Rubén Tobías y dirigiendo este último, la mujer protagonista se desahoga mientras evoca a su hijo, a sus amantes, no quiere pasarse tejiendo y destejiendo todo lo que le queda de vida.

No duerme porque sueña. Salta de un pensamiento a otro, de una sensación a otra, se cuestiona quién es y quiénes son los otros. Solo cree en sí misma, pero no la dejan profesar.

Seguimos viviendo en una sociedad pacata y decimonónica, británica y militar, construida a base de fetiches y prejuicios, donde se permite más la libertad a los monos de Gibraltar que a los ciudadanos grotescos de la burguesía convencional.

A Molly Bloom solo le queda el recurso de la voz interior pronunciada al aire viciado de la sociedad servil. Al menos, los pensamientos siguen siendo libres. Y necesito la noche para que solo me escuchen las estrellas.

Y los espectadores que van a entender mis inquietudes. Que van a comprender mi corazón deteriorado, mi comedimiento al que solo puedo dar rienda suelta en la realidad de mi habitación solitaria.

Henar Frías es Molly Bloom extraordinariamente nítida. Con el desasosiego de quien tiende a sentirse viva aunque se empeñen los demás en que sea solo objeto de deseo.

En mi susurro gritaré en voz contenida que no me conformo. Aunque cada noche tenga que desvelarme para vaciarme de sentimientos.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Las reseñas de Alberto Morate: «La lengua en pedazos»

Puedo saberlo todo en la oscuridad” decía Cesare Pavese en su poema “Manía de soledad”. Y lo que le ocurre a Teresa de Jesús, es que, en esa oscuridad, ella está iluminada y, desde luego, no se encuentra sola. A pesar de hallarnos en una estancia de poca luz y peor ventilación. Es la cocina del convento de San José, donde la protagonista, no solo recibe la visita de Dios para guiarla en su camino hacia la compenetración del cielo, sino que la visita un inquisidor atormentado y celoso, porque jamás ha sentido de manera auténtica y real esa complicidad con el creador de todo el universo.

Juan Mayorga, con esta obra consiguió el Premio Nacional de Literatura Dramática, y no es para menos. Ahora la retoma con los mismos intérpretes, Clara Sanchis y Daniel Albadalejo, en diálogo-interrogatorio más que inteligente, sublime, elevado, entre pucheros y puerros, desvestidos y sinceros, hasta que les cubren los hábitos que les ayudan a defenderse una del otro.

El inquisidor no sale de su asombro. Cómo puede, no solo sentir, sino también ver a quien ella afirma que la visita. Lleva pidiendo eso hace lustros. Pero no conseguirlo lo hace vulnerable, le aturde el cuerpo, niega y condena porque él no es capaz de tan altas esferas. Por eso también la ataca desde la palabra, aferrándose a lo que ella dice, es su única evidencia de que Teresa es capaz de extenderse más allá del cuerpo. Tiene que quedarse con lo que su lengua dice, “La lengua en pedazos”, diseccionándola, intentando que caiga en contradicciones, atendiendo a rumores, cuestionando, incluso, que una mujer no solo sepa leer, sino que también sepa interpretar los textos. Los sagrados y los profanos, los prohibidos y los que él mismo ignora.

Le da miedo el silencio. Le da miedo la oscuridad. Me planteo si no dudará también de la existencia de Dios. Pero, eso sí, el demonio está haciendo de las suyas. Porque está aislado con sus propios sentidos en medio de su fe corrompida. Y ahí se levanta ella, porque es capaz de saberlo todo en la oscuridad y siente el amor místico por sus venas. Porque se adelantó a su tiempo y no podía seguir haciéndoles el juego a quien no cree nada más que en sí mismo.

En un mano a mano contundente y feroz, suave y educado al principio, los dos personajes se debaten entre pucheros para el hacer el mejor caldo. El de la razón. Pero, ¿de qué sirve la razón si no hay sentimientos? Y en eso gana la partida, Teresa, porque es capaz de morir si no muere, porque vive sin vivir en sí, y le causa un dolor tan fiero, que solo morirá cuando otros la maten y entiendan que nadie muere porque deja su palabra, porque deja su lengua a otros, aunque esté hecha pedazos.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Las reseñas de Alberto Morate: La Mosca

Mira que son molestas las moscas en verano. Y algunas veces también en invierno. ¿De dónde salen cuándo están fuera de temporada? Deben ser transgresoras de las rutinas y de lo que se espera de ellas.

Una mosca puede hacerte compañía. Entre otras cosas más perturbadoras. Como impedirte la siesta, insistir en un punto de tu fisonomía para que se enrojezca a base de tortazos, o hablarla como si entendiera tus preocupaciones o molestias.

Ya Antonio Machado nos advertía de las “cualidades” de las moscas. Y antes, “El sastrecillo valiente” se las daba de multiasesino. Julio Cortázar también tiene un relato de moscas, William Golding escribe “El señor de las moscas”, aunque no sea exactamente ese el tema, “Las moscas” es una obra de teatro de Jean-Paul Sartre sobre el mito de Electra y, desde luego, Slawomir Mrozek, microrrelatos donde pone al retortero hipocresías, consumismo, capitalismo, comportamiento humano, situaciones cotidianas,… que es lo que interpretan en estos momentos, con gran sentido humorístico, Eva Latonda y Maru García en esta ocasión, en el Teatro de Las Aguas.

La mosca cojonera quizás sea el adjetivo más popular para calificarla. Mosca que tiene la propiedad de ser invisible y aparecerse de repente, o viceversa. Mosca de nuestras vidas, mosca de necesidad social imperiosa.

Ejemplos: en boca cerrada no entran moscas, a perro que no conozcas nunca les espantes las moscas, abunda más que las moscas en verano, al hombre que camina no se le paran las moscas encima, amagar y no dar es las moscas espantar, cuando el diablo no tiene nada que hacer… etcétera.

Es decir, sabiduría popular. Y en esta obra a dos, dos moscas, de negro y mil experiencias que contar, ya que están o han estado en todos los sitios, nos van hilvanando, o mejor dicho, zumbando al oído colectivo de todos los espectadores, de manera cómica, las situaciones de hechos históricos, literarios o, simplemente, cotidianos. Entre tanto, nosotros nos las imaginamos esquivando el zarpazo definitivo o cayendo en el recuento victorioso de quien las atrapa al vuelo.

No hace falta esperar al verano para que sean motivo de divertimento. En el teatro, La mosca nos está esperando.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Las reseñas de Alberto Morate: «DIVORCIADAS, EVANGÉLICAS Y VEGETARIANAS»

Tres, eran tres. Solitarias y amigas. En crisis permanente y eternamente enamoradas. De la vida. De sus vidas. Del tiempo que les toca vivir y de las sorpresas que les depara esa vida que comienza en un andén del metro, continúa en una sala de cine, y acaba bucólicamente en el campo. Pero no acaba. Ahí empieza. Está empezando todo el tiempo. Quedan, sí, los recuerdos, las experiencias, darse cuenta de cómo nos manipulan los hombres, cómo nos maneja la sociedad y cómo hay que luchar cada día.

Lucha individual que debe vencer con el apoyo de todas. Amigas para siempre. A pesar de ser una incomprendida divorciada que, de forma inconsciente y demasiado joven, entregó su vida a quien no lo merecía. A pesar de ser una vegetariana no convencida, todo por lo que dice el hombre que, en realidad, no ama, pero que, afortunadamente, se dará cuenta enseguida. A pesar de ser una evangélica virginal que sigue los pasos de no se sabe quién los dicta. Fantasmas de sus mentes. Pero, como no son bobas, se darán cuenta y vindicarán su derecho a ser mujeres, aunque eso les lleve a las puertas del infierno de esta sociedad machista.

Muchos son los temas que se tocan en Divorciadas, evangélicas y vegetarianas, de Gustavo Ott. Una locura bien servida. Que Coral Ros, desde la sombra de la dirección, lanza para que, entre risas, nos planteemos esas cuestiones eternas de la mujer “con la pata quebrada y en casa”, la mujer “quiere caricias y el hombre sexo”, o viceversa, yo diría, las mujeres “son raras”, no te j… y los hombres, gil… ¡qué risa tía Felisa! La mujer “no miente, le da mil vueltas a todo y tiene buena memoria”. Bueno sí, pero algunos hombres, también.

La cuestión es que tres mujeres, en este caso interpretadas por otras tres mujeres de calidad interpretativa incuestionable, Alejandra Guiol, Ara Contreras y Rocío Solís, nos incitan a abandonar el confort de un sofá en casa sin alicientes, para ir a La Usina, o donde Surge Madrid en Otoño, y escuchar y ver y sentir su presencia bendita, necesaria, infinita.

Tres, eran tres, Gloria, Beatriz, Meche y todos los nombres que se le ocurran a Gloria. Divertida y emotiva, actual e independiente, por mucho que se diga.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Las reseñas de Alberto Morate: «Aladino y la lámpara» del Teatro Sanpol

Maravillosa es esta puesta en escena. Entre el musical y el teatro. Para niños y para toda la familia.

El recorrido que tiene la Compañía La Bicicleta del Teatro Sanpol que nunca se oxida. Acrecentando los valores del teatro, ofreciendo calidad sin merma de entretenimiento y diversión. Late el arte en las voces, en las canciones, en la interpretación, en el vestuario, en la escenografía.

Artistas por los cuatro costados, por los cuatro vientos, por las cuatro esquinas, por la cuarta pared que rompen porque le ponen cariño y energía positiva.

Carlos London vuelve a ganarse al público como el genio de la lámpara

Este cuento de Las Mil y Una Noches, Aladino y la lámpara, es una oda de aquella Sherezade que para no morir, encandila al sultán con una historia cada noche que la mantendrá con vida. Mujer de inteligencia combativa. Aladino es la perseverancia, es el amor, es la ilusión, es la inocencia, pero no la tontería.

Aladino que vuela en alfombras mágicas, que cuida a su madre, que quiere a su chica, que se enfrenta a quien solo quiere el poder sin medida, Aladino vitalista.

Música de Ángel y Ricardo Padilla, y en la dramaturgia, Julio Jaime Fischtel, junto al 50% del teatro San Pol, Ana Mª Boudeguer, en la dirección. Por favor, que les den ya un Max por su trayectoria constante por su labor ante un teatro infantil que en nada desmerece de las producciones generalistas.

Los espectadores somos cómplices de esta versión sugerente. Los personajes se convierten en amigos, los amigos en personajes exóticos, sensibles, comunicativos, cercanos, creíbles, divertidos.

Veo un respeto absoluto en los niños que acuden al espectáculo. Un hábito imprescindible de normalidad y cotidianidad, por más mascarillas que tengamos que ponernos. Veo a padres y madres tan enfrascados y entusiasmados con la historia como sus propios hijos.

Hay magia, hay música, hay interés auténtico y genuino, (de genio de la lámpara), hay silencio y risas y aplausos, hay emoción y sueños, y se acrecienta la afición por el teatro, y comentarios a la salida de los `peques´ que dicen en voz alta y sin compromiso, “pues me he divertido”.

REPARTO

Aladino   Ismael Alvendiz
Mago africano y Visir Javier Ibarz
Princesa Badrulbudur Marina Damer
Genio del anillo y Rey    Victor Benedé
Genio de la lámpara Carlos London
Madre Aladino  Natalia Jara

                CUADRO ARTÍSTICO

Dirección Ana Maria Boudeguer
Asistente de dirección / Coreógrafa Blanca Degá
Diseño iluminación Nicolas Fischtel
Escenografía original  Luis Gonzalez Carreño
Renovación escenografía Gueorgui Dimov
Máscaras y sombreros Mariona Ferrer
Ficha didáctica Lucía Mato
Diseño gráfico Landmark Comunicación
Fotografía Emilio Tenorio
Jefe de prensa Carlos Rivera Díaz (Desde Mi Butaca Comunica)



CUADRO TÉCNICO


Producción Natasha Fischtel
Iluminación y sonido Gustavo Oña
Ayudante escenografía Denitza Deneva
Maquinista Javier Pérez / Manuel Salva
Estudio de Sonido H 21
Construcción estructura  José Rodriguez
Asesor Magias Carlos Lamas
Realización vestuario Castro Turga S.L
Coordinador campaña Escolar, Oficina y asistente de sala Aday Suarez / Alicia Gutiérrez

FUNCIONES EN OCTUBRE Y NOVIEMBRE

23, 24 y 31 octubre (12 y 17:30h)
30 (17:300h)
6 (17:30h)
7 (12 y 17:30h)
9 (17:30h)
14 (12 y 17:30h)

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

#SeguimosComunicando DESDE MI BUTACA: XXV Feria de Artes Escénicas y Musicales de Castilla La Mancha

La Feria de Artes Escénicas y Musicales de Castilla-La Mancha celebra su 25 aniversario del 2 al 7 de noviembre con varios estrenos y una apuesta decidida por el teatro de calle

El Gobierno regional recupera la presencialidad de la  XXV Feria de Artes Escénicas y Musicales de Castilla-La Mancha, que celebrará en Albacete su 25 edición del 2 al 7 de noviembre y contará con una destacada apuesta por los espectáculos en la calle. Entre las compañías que pasarán por la Feria destacan nombres como los del Teatro de la Zarzuela, L’om Imprebís, Teatro del Temple, Noviembre Teatro, Teatro Clásico de Sevilla y Ana Morales. Algunos de los espectáculos que se podrán ver son Don Quijote Somos TodosHerederás la LluviaLa Increíble Historia de Juan Latino y Francisca.  

Una escena de Don Quijote Somos Todos

Como novedades, la oferta del programa estará formada por cuatro estrenos estatales, obras destinadas al público infantil, joven y adulto, además de propuestas de teatro social, que constituyen una herramienta de dinamización comunitaria ante los problemas que sufre la sociedad.

Además, la cita también va a retomar los eventos celebrado en la vía pública, así como los conciertos y los espectáculos de circo y de danza. 

Las compañías y las obras de la XXV edición

La XXV edición de la Feria de Artes Escénicas y Musicales acogerá a 34 compañías procedentes de diez comunidades autónomas, de las que once serán de Castilla-La Mancha. Así, participarán compañías con obras como ‘La odisea de Magallanes Elcano’, de Teatro Clásico de Sevilla; ‘Don Quijote somos todos’, de Teatro del Temple; ‘Picaros’, de MIC Producciones; ‘Heredarás la lluvia’, de L’om Imprebís; y ‘Conquistadores’, de Proyecto Cultura.

Una escena de Herederás la lluvia

Las reseñas de Alberto Morate: «La herencia de los Miller»

Parece ser que toda herencia conlleva un cierto misterio. Pasados oscuros, expedientes perdidos, documentos valiosos, y un negocio más que fructífero de “salchichas”. ¿De qué carne estarán hechas esas salchichas tan populares? Teniendo en cuenta que la Miller, apellido de la protagonista de esta comedia entre “comedia y comedia”, tiene un pasado de iceberg, es decir, es más lo que esconde que lo que se ve en la superficie, pues el apellido, como que no nos dice nada concreto, nada más que es de un par de escritores, de una cerveza, de unas gafas, también de un pueblo, y de un experimento. Nadie sabe su pretérito “führioso”. Aunque ni ella misma lo sabe. O parece ser que no lo sabe y si lo supiera quizás no quisiera saberlo. El que sí lo sabe es su novio, porque un chivatazo de un contraespía o secretario, o vaya usted a saber qué, se lo ha soltado de sopetón. No pasaría nada si ese novio, también rico, con el que se va casar, no fuera judío. Y saquen ustedes sus conclusiones.

El caso es que en La herencia de los Miller, Adolfo es un nombre bonito. Y Benito. Y la mano alzada no es para pedir turno. Empresaria brusca la señorita Miller, como no podía ser de otro modo, también es la inocencia de despedir a 500 trabajadores, que es una forma de exterminio. Y ahí se contempla otro de los temas sociales que Carlos Zamarriego pone al descubierto. En una avalancha de comedia comedida de serie negra, de trama psicológica, de pálido enredo.

Ángel Velasco, Stéphanie Magnin Vella y Edgar Costas encajan la filigrana y manejan las armas. Tiemblan y se muestran fuertes, giran alrededor de la verdad y la paranoia, se inclinan peligrosamente a morir bajo el fuego de un arma de fuego, valga la redundancia y la inercia de la trama que queda al descubierto.

Rumbo a la verdad. Rumbo a la muerte. Rumbo a la risa. Rumbo al Caribe. Rumbo a las salchichas. Rumbo a la rumba no, pero casi. Rumbo al torpe deambular de un agente que acaba sumergido en sus propios pensamientos. Y no es spoiler. Es divertimento.

Los jueves en Los Luchana, de momento.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.