Cuando Renée nos llevó más allá del arcoiris

La tiranía de Hollywood y por extensión del showbusiness parece que se han cebado con la otrora gran estrella Renée Zellweger. Más allá de sus desafortunados retoques estéticos y ese momento en el que se la relacionó con Weinstein que prudujo sus mayores éxitos -hecho que ella rechazó al afirmar que nunca había sufrido acoso en su trabajo-, la intérprete ha desarrollado una carrera de altos vuelos en la que decidió hacer una pausa hace unos años hasta esta Judy. Son tantos los paralelismos entre la actriz biografiada y la propia actriz que la interpreta que el resultado del trabajo de la una – la del diario de…- interpretando a la niña que nos hizo soñar que había un lugar más allá del arcoiris es simplemente impecable. Solo por eso ya merece la pena ver una película que no llegará a los cines españoles hasta el 31 de enero de 2020, pero hay mucho más en este aunque prototípico solvente y por momentos emocionante biopic.

El arranque de la cinta no puede ser más brillante para comprender la vida de excesos en la que se vio sumida Garland. Aunque la película, basada en la espléndida función de Peter Quilter Más allá del arcoiris que vimos hace años en el Teatro Marquina de Madrid, transcurre en los últimos momentos de la artista, el relato que nos hace comprender su realidad más íntima estriba en los constantes flashbacks a esa infancia en la que hizo soñar al público. Así, en los primeros fotogramas entendemos lo que ha llevado a la artista a construir una vida de adicciones e insatisfacciones personales frente a un todopoderoso y temible productor que la convirtió en una estrella, ¿Verdad que esto podría ser extrapolable a más de una actriz en activo?

Uno de los aspectos que más importan en la construcción de un personaje tan icónico como el de la protagonista de Ha nacido una estrella es conseguir que la actriz sea el personaje sin caer en la parodia o en la imitación que no recoja la esencia del personaje. Tengo la sensación de que la protagonista de Chicago ha conseguido mimetizarse en Garland acudiendo a su esencia, sin histrionismos innecesarios. Como espectador, a los pocos minutos ves a Judy Garland y esa ‘magia’ no es tan habitual en esta oleada de biopics que vivimos recientemente. En el apartado musical, Zellweger brilla tanto en los números más ‘felices’ como ese Get Happy como en el emotivo Over the rainbow que se guarda cual as en la manga el director para el final. Y en ese retrato de la otrora estrella, me gustaría añadir que no se queda en el mero retrato de adicciones, sino que expresa el que creo que fue el mayor deseo hasta sus últimos momentos, ser una buena madre.

Otro momento emocionante. Quizás nunca descubramos el motivo real que llevó al colectivo LGTBI a usar como himno el popular tema de El Mago de Oz, pero esta cinta nos regala un momento realmente memorable a este respecto. Dos de sus mayores fans reciben un regalo inesperado y es que la sentarán a su mesa en una noche de confesiones tras uno de sus recitales.

En definitiva, Judy supone una brillante reconciliación de Renée Zelwegger con una industria a la que ha servido grandes trabajos interpretativos y un puñado de taquillazos. Y lo hace con un solventísimo retrato de todo un icono del cine que la pondrá en la carrera del Oscar seguro. Bienvenida de nuevo, Renée.

"El Cuento de las Comadrejas", un canto de amor a los actores que ya está disponible en formato doméstico

Nos comentaba Juanjo Campanella hace unos meses que su visión de Los muchachos de antes no usaban arsénico partía de un lugar completamente distinto al del original fílmico de José Martínez Suárez. Y es que el director de El secreto de sus ojos ha querido hacer un pequeño homenaje al mundo de los actores y eso revisando ahora la cinta con motivo de su lanzamiento en DVD -esperemos que llegue el Bluray pronto con una buena dosis de extras- se nota en cada plano, en cada escena de la película.

Aunque el cineasta, que ahora ha abrazado con fervor el teatro de nuevo, nos presente una sátira con una diva de capa caída y todo su equipo de antaño en un abandonado paraje, no se dejen engañar por las apariencias. El cuento de las comadrejas es, en el fondo, un canto de amor al trabajo actoral. Y como siempre he defendido, Campanella sabe tratar a los actores como pocos cineastas lo hacen. Dándoles su espacio, como si de un proceso teatral se tratara y es que en un lugar tan cerrado como ese gran caserón uno tiene la sensación de vivir una experiencia muy teatral, en el mejor sentido de la palabra. Como si estos personajes permanecieran encerrados en un escenario del que no pudiesen escapar.

Estos cínicos, tramposos, perversos, a la par que adorables personajes nos van ganando el corazón, por muy difícil que parezca, a medida que nos van mostrando sus heridas ocultas, aquellas cicatrices que les han hecho desterrarse del mundo en aquella mansión destartalada. Y en ese sentido se lleva la palma la recreación de Graciela Borges de una gran diva, sobreactuada y excesiva en cada movimiento, a la que la actriz dota de una humanidad con la que el espectador termina conectando.

Como siempre en el cine de Campanella no falta ese “click” en el que aparece la emoción y el espectador termina enamorándose de sus personajes. Y eso vuelve a ocurrir aquí en algunos momentos de la pareja Borges- Luis Brandoni, un actor al que le toca probablemente el roll más complejo de la cinta a mi modo de ver. Atrapado en una carrera que pudo ser y que nunca fue, su personaje vive recluido en esas cuatro paredes en una silla de ruedas. Digo que es el más complejo al ser el personaje más tierno, más humano y más bueno de todos a pesar de ser el que más ha sufrido. Como en casi todo el cine de Campanella, nos vuelve a demostrar que el amor -permítanme el tópico- mueve montañas. El resto del maravilloso reparto veterano, Óscar Martínez y Marcos Mundstock, se dan la mano con Clara Lago en el mejor papel de su carrera junto a la teatral La venus de las pieles y con Nicolás Francella, toda una revelación. Todos ellos se ponen al servicio de esta brillante comedia negra no, negrísima, que tiene momentos de verdadera hilaridad y es que escenas como la de la araña -en la que el público del cine se ‘mataba’ de risa- nos demuestran el buen tino del cineasta argentino también en la comedia. Todo ello con ese equilibrio entre comedia y drama me llevan de nuevo a una frase que me dijo en una entrevista hace años: “La vida como el cine está llena de giros dramáticos. Y en el momento más dramático puede surgir el gag, la carcajada nerviosa que te hace quitar dramatismo al momento. Me ha ocurrido un montón de veces en mi vida y, eso, lo he querido llevar a mi forma de contar historias desde luego”. 

Desconozco el motivo por el que esta cinta que para mí es la mejor de Campanella junto a El secreto de sus ojos y El hijo de la novia ha pasado tan desapercibida- quizás su estreno se hizo en fechas inadecuadas-. Desde luego para mí está entre las 5 mejores películas de un año que ha tenido una gran cosecha cinematográfica que repasaré próximamente.

Cameo, que siempre cuida tanto al cine hecho en español, ha editado la sencilla edición en DVD de esta cinta que incluye el tráiler y un correcto making of a un precio muy asequible. Vamos que no tienen excusa para no llevarse a casa esta JOYA de la filmografía de Campanella.

Asunción Balaguer: “Una vez pasó un ángel por mi vida”

Nos acaba de dejar Asunción Balaguer, una mujer imprescindible de nuestra escena. Es por ello que recuperamos nuestro encuentro con ella en el Español en el que según comentaba fue uno de los momentos más felices de su vida. Por primera vez, se subía a un escenario para interpretar uno de los grandes musicales: Follies, en el que derrochaba pasión y esa eterna sonrisa que nos regalaba a todos los que tuvimos la suerte de cruzarnos alguna vez con ella. Seguro que ahora se reencuentra con ese ‘ángel’ que un día la ayudó a tomar el camino correcto. Nos quedan sus intervenciones en cine, teatro, televisión y, ante todo, esa imborrable sonrisa.

“Llega hablando por teléfono de una forma animada. Nadie diría que tiene 86 años y que cada noche se atreve a bailar y cantar con coquetería. Ella miraba con envidia a eses vedettes que protagonizaban la revista, ese género que tanto disfrutó junto a su amado Paco Rabal. Ahora es ella la que enseña los hombros, orgullosa de poder estar en una experiencia como Follies. Su tono cálido y cercano desnuda el alma de una actriz que paralizó su carrera casi por completo por el amor que sentía hacia su marido. Era entonces la televisión su refugio, el lugar en el que podía trabajar unos días y así recuperar la pasión por su profesión. La muerte de Paco fue un punto y seguido en su carrera. Una vez, cuando las cosas se pusieron difíciles, un ángel se cruzó en su camino y la hizo tomar la decisión acertada. Ahora, vive un momento dulce que relata con entusiasmo y ternura tras recoger el TP de Oro y seguir en la serie de la temporada, Gran Hotel. Corran al Español y aplaudan a una grande de las tablas que cada noche emociona al entusiasta público”.

Creo que la costó aceptar un proyecto como Follies, ¿Qué se le pasó por la cabeza cuando la ofrecieron estar en un espectáculo así?

Yo no tengo voz y soy mayor y encima tenía que bailar, pero el esfuerzo ha merecido la pena. Es una alegría pensar que he podido cantar con orquesta. Le contaba a Carlos Hipólito que me sentía como en una tragedia griega con un coro. Es un placer trabajar con gente como Carlos Hipólito o Vicky Peña. Todo el elenco de este musical es tan maravilloso, con esos bailarines y ese coro, que el público ruge después de cada función.

¿Era aficionada al mundo del musical?

Mi madre se casó con Marcos Redondo, el barítono, eso me hizo estar en el mundo de la zarzuela desde pequeña. Además, me encantaba ir a la revista con Paco. Ahora, me siento coqueta a mis años con este personaje y me parece casi un sueño hecho realidad.

¿Qué ha sentido al recibir un reconocimiento como el TP de Oro?

Yo dejé el teatro para ayudar a Paco y cuidar a mis hijos, pero siempre solía aceptar las cosas que me proponían en televisión. Me encantaba reencontrarme con mis compañeros. Hice muchos trabajos cortitos en televisión, me lo pasaba muy bien. Sentí mucha emoción esa noche. Doy gracias a la televisión, un medio al que tengo mucho que agradecerle. Gracias a las series y novelas que hacíamos no perdí nunca la continuidad en esta profesión.

Gran Hotel la ha devuelto a la pequeña pantalla con una serie que se ha convertido en el éxito de la temporada, ¿Cómo esta viviendo Asunción Balaguer esta experiencia?, ¿Siente que está viviendo una de sus mejores etapas profesionales?

Estoy viviendo un momento dulcísimo. No podía imaginarme a mis años trabajando con Mario Gas, un director amable, un gran compañero. Es una obra realmente espléndida, de primera calidad. En Gran Hotel, mi personaje, Lady, tenía muy poco protagonismo, pero ahora está entrando en las tramas. En esta segunda temporada ya va a participar en los misterios del Gran Hotel. La verdad es que tengo mucha suerte ahora mismo. Vengo de hacer dos años de gira con otra compañía maravillosa como ha sido la de El Pisito.

El Tiempo es Sueño es un montaje muy especial para usted, ¿Cómo resumiría la esencia de una obra tan íntima y tan personal?

Le pedí ayuda a El Brujo para unos recitales y me pidió que le contara mi vida. Le conté cosas muy personales en un momento muy delicado como fue la muerte de Paco. Le expliqué mi vida con Paco y el funcionamiento de las compañías de teatro entre otras cosas. Le conté una experiencia delicada por la que pasé y decidió que ese fuera el final. Una vez pasó un ángel por mi vida. Hay personas que te ayudan en los momentos delicados y nunca más vuelves a saber de ellas. Esa persona me ayudó a tomar la decisión acertada y luego desapareció de mi vida.

Ahora que está en las tablas de un teatro mítico como el Español, ¿Qué recuerdos le vienen a la cabeza de sus comienzos en la compañía Lope de Vega junto a José Tamayo en este Teatro Español?

En este Teatro Español tuvimos muchos éxitos como Diálogo de Carmelitas. Paco estuvo con Edipo Rey. Este teatro me ha dado mucho y ahora a mi edad, me siento feliz.

¿Tiene aún ganas de emprender nuevos proyectos profesionales o preferiría retirarse?

Yo no me quiero retirar, me siento en un momento muy dulce de mi carrera. Los actores podemos jubilarnos cuando queramos.

Campanella: “En el teatro el público con sus risas es el director de orquesta”

Toda historia tiene un comienzo y quizás el primer “flechazo” teatral de Juan José Campanella lo tuvo viendo una obra que muchos años después volvería a su vida primero en Argentina y en estos momentos en España. Se trataba de Parque Lezama, una función que ha influido en su carrera mucho más de lo que pudiera parecer a priori. Allí, los personajes se encontraban en un lugar donde se relacionaban con extraños. Algo recurrente en su cine con espacios que van del Tribunal de El secreto de sus ojos al famoso club de Luna de Avellaneda. Es allí, en esos lugares donde se crean “familias que no son de sangre”, donde el ganador del Oscar ha encontrado inspiración muchas veces.

Su segundo debut teatral. A pesar del recurrente titular del debut de Campanella en el teatro, lo cierto es que el cineasta ya tuvo una primera experiencia. Eso sí, fue como autor y no como director. Tenía 23 años y en esa aventura lo acompañó Fernando Castets -que se convirtió en su mano derecha creativa desde que se conocieron estudiando cine en 1979- y su inseparable Eduardo Blanco, protagonista de muchas de sus películas y de este Parque Lezama que mañana tendrá su estreno oficial en el madrileño Teatro Fígaro. Ya desde entonces, los tres se han convertido en “hermanos de vida”. De hecho, se encontraron recientemente en una cena en la capital española.

Así nos hablaba de Parque Lezama en 2014

Hace cinco años, el director participaba en un curso en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo y aprovechamos para que nos contase un poco sobre Parque Lezama.

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“La vi tres veces en 1985, es mi obra favorita, la leí y vi la película y fue muy influyente en mi carrera. De hecho, llevaba 30 años detrás de los derechos. El autor no quería que se tocase ni una coma del texto, pero gracias al Oscar conseguí que viese mi trabajo y se fiase de mí. Tiene un humor judío americano que tiene mucho que ver con el italiano… Tiene todos los temas que me interesan, ya que logra resumir la vida: La vejez, el balance de nuestra existencia y el conformismo versus el compromiso, hasta qué punto nos implicamos en las cosas que pasan. Todo eso con un texto que te hace reírte y emocionarte. El público está entrando muy bien en la obra. Además, estaba tan metido en la onda tecnología tras Metegol que necesitaba desintoxicarme. Así, me metí a ensayar en un viejo teatro en el que no había ni cobertura. Y por supuesto, volver a trabajar con Eduardo Blanco, que llevábamos 10 años sin trabajar juntos, era un aliciente muy grande también”.

Ya de vuelta a este septiembre de 2019 en que tiene lugar este nuevo encuentro, Campanella nos señala que: “Es importante que cada espectador se ilumine con su propio equipaje,  que se lleve su propio mensaje de la función”. Para él, esta obra habla en el fondo de ese momento en que “uno deja de vivir para sobrevivir, cuando uno se sienta a esperar la muerte”. Parece que la experiencia teatral le tiene completamente hechizado cuando nos comenta que: “he abrazado al teatro con locura”. Buena fe de ello da que está al frente de un futuro teatro en Argentina y que ya puede avanzar que le tendremos de vuelta en España con otra experiencia escénica en 2021. Todo ello parece que se debe a esa sensación de ‘mirón’ a que somete el teatro al público. Y es que para él, la escena recoge “una situación de vida en la que el espectador elige a quién mirar”. 

“Llegó un momento en que durante los ensayos necesitamos al público”. Si algo ha aprendido Campanella de este Parque Lezama es la importancia del que escucha desde su butaca: “El público con sus risas son el director de orquesta”. No podemos olvidar que aunque los actores hagan como que hablan entre sí, en el fondo dirigen sus palabras al público que con sus reacciones marcan el timing de la función. A tenor de los primeros días de previas en el Fígaro, con llenos diarios, el público español ha entrado muy bien en esta historia que han traído a España Smedia y Seda de la mano de la productora argentina El Tío Caracoles. Para ello se ha reformado el teatro para adaptarse a las características del montaje. Para este estreno, Campanella ha vuelto a sentir ese cosquilleo en el estómago al tratarse de un medio como el teatro, pero siempre con la confianza que da una obra de sobrada eficacia a nivel internacional, aunque siempre con su sello.

El cuento de las comadrejas, un canto de amor a los actores. Más allá de la apariencia satírica de la nueva cinta de Campanella se encuentra un guión que pone en valor a los intérpretes. Muy al contrario de la cinta en la que se inspiró – Los muchachos de antes no usaban arsénico– que partió de una cierta desidia hacia el mundo actoral tras una mala experiencia de su creador, Campanella ha querido hacer una versión muy libre de una historia ya existente. Algo habitual en su filmografía con títulos como El secreto de sus ojos, también basado en un original literario y coadaptado con el propio autor de la novela. En defnitiva, se trata de hacer nuevas creaciones a partir del original y “que se puedan disfrutar en un programa doble de manera individual sin necesitarse la una a la otra”. 

Con la mirada puesta en sus compromisos teatrales y preocupado por la acuciante situación en Argentina, este director que añora el cine de Berlanga que está seguro “se hubiese atrevido con temas que ahora mismo son intocables”, nos avanza que siempre tiene puesto un ojo en su productor cinematográfico español, Gerardo Herrero, con el que espera poder seguir dando alegrías cinéfilas en los próximos años. De momento, nos toca acercarnos al madrileño Teatro Fígaro para seguir disfrutando del talento de Campanella con Parque Lezama.

Notas desde la Menéndez Pelayo: Cuando el teatro y el cine se dan la mano

La pasada semana la Universidad Internacional Menéndez Pelayo acogió el Seminario Del escenario a la pantalla: teatro y cine en España (1990-2016).

Durante este curso en un formato de conferencias y mesas redondas se analizó la relación entre el teatro y el cine poniendo su foco en las adaptaciones cinematográficas de  ¡Ay, Carmela!, El perro del hortelano,  El chico de la última fila y  Bodas de Sangre. Cerró el curso  Las furias, la primera cinta de Miguel del Arco.

El lunes fue el turno de la adaptación que Carlos Saura y Rafael Azcona hicieron sobre ¡Ay, Carmela!

En la primera sesión del curso se pudo disfrutar de algunas imágenes de la puesta en escena que protagonizaron un espléndido Santiago Ramos y Verónica Forqué, una actriz muy ligada a este texto de José Sanchis Sinisterra. Tuve la suerte de ver esta producción, dirigida por Miguel Narros, en dos ocasiones, y aún tengo en la cabeza la primera vez que la vi en el Teatro Mira de Pozuelo de Alarcón hace una década.

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Por esas casualidades que se dan a menudo en la Menéndez Pelayo, el autor participó la pasada semana en la actividad de la UIMP, pero en otro curso. Por la tarde, tras ver la versión cinematográfica de este texto teatral, se puso sobre la mesa un tema importante: ¿Traicionó la cinta de Saura el espíritu del texto teatral? Indudable el valor cinematográfico de una cinta que arrasó en los Goya. Ahora bien, ¿Hasta qué punto es fiel a la obra teatral esta cinta? Parece claro que lo justo es valorarlas como dos obras artísticas bien distintas. Sin duda, se le podría criticar a la película la eliminación de ese epílogo que hace tan especial la función teatral, pero no es óbice para valorar la calidad de la cinta.

La actividad cultural de la UIMP tuvo una protagonista de lujo por la noche con Julieta Serrano. Corría el año 1981, cuando la actriz interpretó, junto con Irene Gutiérrez Caba y Amparo Rivelles, el monólogo Antes del desayuno de Eugene O’ Neill, un proyecto dirigido por José Carlos Plaza, que le dejó tan buen recuerdo, que hace una semana volvió a recurrir a él: “O’ Neill me gusta mucho, lo he hecho tres veces, una siendo muy jovencita, que fue cuando conecté con él y me entusiasmé con sus textos”. Por eso, más de treinta años después, la actriz barcelonesa escogió esa misma lectura para su participación en el ciclo Noches de teatro de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) que este año por primera vez se produce en el Campus de Las Llamas y que esta noche tendrá como protagonista a las 22h al actor Israel Elejalde. Serrano acompañó este monólogo con una escena de Largo viaje del día hacia la noche del mismo autor, para dar voz a este dramaturgo que ha fascinado siempre a la veterana actriz que fue acogida con un caluroso aplauso.

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Foto: Esteban Cobo

El martes fue analizada El Perro del Hortelano, la ‘ortodoxa’ adaptación que hizo Pilar Miró junto a Rafael Pérez Sierra que participó en la segunda jornada junto a Germán Vega García-Luengos, Director del Festival de Teatro Clásico de Olmedo, que incidió también en la importancia que ha tenido el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro en la revitalización del teatro clásico en nuestro país. La cinta de Miró fue galardonada con un aluvión de Goyas, pero el extraordinario trabajo de Santiago Ramos en Como un relámpago le ganó la partida a Carmelo Gómez, que parecía el favorito en los Premios de la Academia.  Durante el miércoles se analizó la adaptación de El Chico de la Última Fila que se hizo en la cinta En La Casa, una película cuya presentación cubrimos DESDE MI BUTACA. “Las numerosas traducciones a diferentes idiomas dan fe de una muy buena proyección internacional del texto, y es que, además de los idiomas más comunes como el francés, el inglés, el italiano o el portugués, El chico de la última fila, ha sido traducida a lenguas como el búlgaro, el rumano e incluso el coreano”, resaltó Enrico Di Pastrana, Catedrático de Literatura Española que ha hecho un recorrido por los montajes de la pieza fuera de las fronteras nacionales, convirtiéndose así en uno de los textos españoles contemporáneos más representados en todo el mundo.

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Foto: Juan Manuel Serrano

Precisamente, el autor de la obra original, Juan Mayorga, recibió el Premio La Barraca que la UIMP entrega cada año a una destacada personalidad de las Artes Escénicas, como ya relatamos en las Notas desde la Menéndez Pelayo del verano de 2013.

El jueves fue el turno de la visión que Paula Ortiz hizo de Bodas de Sangre en su película La Novia. Durante la sesión del jueves la tragedia y el mundo lorquiana fueron protagonistas en la jornada de este interesante curso en la UIMP: “La tragedia es un género, desde nuestra perspectiva, imprescindible en este momento” comentó. Es el género de las crisis, grietas y bisagras históricas: “Lorca ahora es más necesario que nunca, contando con las herramientas que tenemos hoy, porque él se asoma a esa grieta, y se hace esas preguntas primeras y últimas de la tragedia” añadió a su paso por la Menéndez Pelayo la directora. Esencial fue en sus comienzos, desde sus primeros cortometrajes, Raúl García Medrano, responsable del Festival de Cine de Comedia de Tarazona.

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Foto: Esteban Cobo

El viernes al colofón final del curso con la presencia de Miguel del Arco con Las Furias unimos, por esas cosas mágicas que ocurren en la Menéndez Pelayo, la participación de Raquel Lobera, una de las integrantes del Gabinete de Prensa de la UIMP, en el curso ¿Una maldición que salva? Escritoras y locura. La periodista participó en la dramatización que el dramaturgo José Sanchis Sinisterra hizo dentro del curso junto a Eva Redondo en uno de los cursos con mayor afluencia del verano, que acogió la lectura con un sonoro aplauso y que se interesaron por cómo habían abordado el texto las intérpretes. En la intervención del autor de la citada ¡Ay, Carmela! destaca su concepción de lanarraturgia’ como un género híbrido que abarca “una frontera cada vez más presente en la escritura dramática contemporánea”. Se trata de una mezcla, ha destacado, de “la forma dramática canónica, interpretada por voces ficcionales, y el material narrativo, donde hay una voz autoral que se hace cargo del desarrollo de los acontecimientos”. Un segmento importante de la escritura dramática de los últimos quince o veinte años, ha explicado: “Se encuentra en esta ‘narraturgia’, donde a veces es difícil discernir que el los propiamente dramático y lo narrativo”.

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Además de su trabajo con Las Furias que, aunque no adapta ninguna obra de teatro tiene ciertas conexiones con el hecho escénico, Del Arco también se refirió en rueda de prensa al Teatro Pavón Kamikaze tras mi pregunta: “Artísticamente ha sido un bombazo, el ruido que hemos hecho ha sido brutal, la recepción del público ha sido fabulosa, y aun así ha sido una ruina gigantesca”, ha reconocido el dramaturgo, guionista, actor y director de escena. “Seguiremos tirando de la cuerda hasta que no podamos más, tampoco me voy a hipotecar la casa o a pagar por hacer teatro”, ha añadido. Con esta segunda temporada, esperan conseguir interés por parte de las administraciones, algo que no ha pasado hasta ahora: “Sobre el papel le gustaba a todo el mundo, pero nadie daba un paso adelante. Creo que eso es un problema de la cultura de este país.”, ha advertido como balance de la primera temporada y avance de una segunda temporada que está dando sus primeros pistoletazos con Antígona que supone el debut teatral de un actor vinculado al propio Palacio de la Magdalena. Se trata de Yon González, que fue el protagonista de Gran Hotel, grabada en este espacio que es sede la UIMP. Fue tras ver Misántropo cuando el conocido actor se interesó por el trabajo de Miguel del Arco. Cuando el director le ofreció un pequeño papel en la función que se ve estos días en el Pavón. Kamikaze lo tuvo claro y no lo dudó. La presencia del actor se siente cada tarde en el teatro con la presencia de multitud de adolescentes esperándole en la puerta, aunque sólo alguna suelta entra a ver la función como admitió el director con una sonrisa. Cantabria ha sido precisamente esencial en su película ya que los paisajes de la tierruca son protagonistas en la cinta: “Decidí que la película tenía que rodarse en el norte para conseguir esa inquietud ancestral que produce la naturaleza”.

Parece claro que el cine y el teatro, aunque con una relación inestable en el tiempo, seguirán ligados en el futuro con propuestas como una posible adaptación de El Arte de la Entrevista que prepara Paula Ortiz junto al propio Juan Mayorga, autor de la obra teatral. Durante una semana hemos podido disfrutar en primera persona de esa relación teatro-cine gracias al empuje de José Manuel González Herrán, catedrático de Literatura Española y profesor emérito de la Universidad de Santiago de Compostela y el secretario Anxo Abuín, profesor titular de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada de la Universidad de Santiago de Compostela. Confiamos que en el próximo verano podamos seguir analizando la relación del cine y la literatura como ya se hizo también el año pasado en el referido a Mario Camus.

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Del Arco junto a los responsables del curso en una foto de Esteban Cobo

Terele Pávez: El legado de una actriz de raza

Este oficio te hace un regalo cuando tienes delante a una entrevistada del nivel de Terele Pávez. Aún recuerdo la primera imagen congelada que tengo de ella en mi imaginario. Se trata de una escena de El Día de La Bestia, que vi diría que indebidamente demasiado niño. Me quedé fascinado por el universo de esta película y me fijé en esa actriz que decía “El mundo está lleno de hijos de puta”. Desde entonces, asocié a esta actriz al universo de un director, Álex de la Iglesia, que le regaló otra frase que se ha quedado en la memoria de las nuevas generaciones y que está poblando desde ayer las redes sociales: “A mi no me dan miedo las brujas. A mí lo que me dan miedo son los hijos de puta”. Y a Terele, esa conexión con el público joven la encantaba: “Me encanta cuando me dice algún chaval que las películas de Álex les han hecho interesarse por mi trabajo y que por eso han visto películas tan distintas como Los santos inocentes”. 

Aunque había tenido un breve encuentro con ella anteriormente, la primera vez que pude mirar a los ojos de Terele y charlar con ella fue hace relativamente poco en el Teatro Español, en el 2014, un año especialmente celebrado por los premios que recibió y en el que tuve la suerte de encontrarme con la intérprete en tres ocasiones. La primera vez que nos vimos fue durante las representaciones de El Cojo de Inshmaan y tuve la suerte de acompañarla en su camerino hasta sólo unos minutos antes de subir el telón. Como decía antes, desde niño me cautivó su fuerza en la gran pantalla y ese día pude ver en primera persona que eso no dejaba de ser una extensión de su propia vida. Me acuerdo que era la primera en llegar al teatro, me la encuentro con un café y sólo puedo parafrasear lo que dije en su día: “Ella hechiza en las distancias cortas, te atrapa y te contagia de un pedacito de esa energía de vivir que la caracteriza”. Cuando llegó el momento de la foto descubrí la camiseta que llevaba puesta con su foto y esa frase de Las Brujas de Zugarramurdi que sólo podía ella decir con esa raza. Inevitablemente le apareció una sonrisa de lado a lado que cada vez que nos encontrábamos volvía a aparecer como si nos conociéramos de toda la vida y era entonces cuando me pedía que la diese un beso en la mejilla. Compartí con ella también uno de los reconocimientos más emotivos que recibió por su trabajo en Las Brujas de Zugarramurdi en el Festival Internacional de Cortometrajes de Torrelavega. Su relación reciente con el teatro continuó, de nuevo en el Español, donde volví a tener la suerte de entrevistarla.

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Gracias por tanto, Terele. Nos queda tu inmenso legado en imágenes y esos momentos mágicos que me regalaste en cada encuentro.

Regreso al Futuro: La vuelta de Raphael al cine y de Bertín Osborne al Prime Time

En 1985 Bertín Osborne cantaba “Necesito una amiga”.  Mientras él buscaba amistades peligrosas, Marty y Doc andaban viajando por el tiempo (en la ficción, en la realidad la segunda entrega en la que viaja a 2015 se estrenó en 1989). No se si en ese momento, el patriota sex symbol se podría imaginar que en 2015 sería la gran estrella de una alicaída primera cadena. “Amigas” como Marilo Montero y Carmen Martínez- Bordiú -sí, estamos en 2015 y no hemos viajado al pasado lo juro- y algún amigo como Carlos Herrera le están dando un momento de esplendor inimaginable a un formato sencillo a más no poder. Hace un tiempo los señores programadores- esos que deciden lo que nos gusta a los televidentes- decidieron que las entrevistas en horario de máxima audiencia, como que no. Pues Bertín hace entrevistas – o más bien algo parecido, a su estilo- sin que parezca que pregunta y eso parece que al público le gusta.

En 1985 Raphael cantaba a los cuatro vientos que seguí siendo aquel. Raphael no se ha ido nunca de nuestras vidas desde que irrumpió allá por los 60. No hemos dejado de verle en infinidad de conciertos y apariciones televisiones. El cine lo dejó aparcado hace 40 años. Aunque si viajamos al futuro, al 21 de octubre de 2015 al que nos llevaron en Regreso al Futuro – oh, sorpresa- Raphael vuelve a la Gran Pantalla. Y lo hace con un papel  a su medida y demostrando que está por encima del bien y del mal. El artista nos regala un Alphonso antológico. Una estrella de la canción de lo más mezquina en Mi Gran Noche, la nueva película de Álex de la Iglesia. Y estas navidades vuelve a TVE, ¿2015 verdad? Ayer y hoy, un lujo seguir disfrutándolo.

Ayer, el mundo se paralizó. Era la fecha señalada en el Delorean. Un poco por ir a contracorriente -y por no saturar en el día D-, decido conmemorarlo 24 horas después. Admito que hace unos días cayó en mis manos la trilogía de marras y la he devorado con un inusitado interés. Hay películas que envejecen divinamente y esta historia – en sus tres espléndidas entregas- no deja de asombrar a millones de espectadores varias décadas después de su estreno. Más allá de la capacidad premonitoria – las videoconferencias ya estaban en la mítica saga- o no – de momento una minipizza no se convierte en una familiar al instante tras introducirla en un horno de lo más particular- este tipo de cine ochentero tenía algo que el celuloide actual- por mucho efecto saturador que tenga- no consigue. Se trata de algo tan simple y, a la vez tan difícil, de despertar nuestra capacidad de soñar que todo es posible. Esperen, sí, Doc y Marty han llegado al 2015.