Una temporada a ritmo de musical: THE SHOW MUST GO ON o la importancia de covers, swings y alternantes

Se alza el telón. Todo parece ir normal, pero algo ocurre. Una persona del equipo se desmaya. El protocolo de actuación no escrito, ese que hace que se suspenda la función solo en casos muy extremos, hace que la figura de los covers sea primordial una vez atendida por supuesto la urgencia médica. Desde luego, la salud es lo primero aunque deba prevalecer el THE SHOW MUST GO ON casi como un mantra escénico. Otro día un actor se lesiona, física o vocalmente. En la siguiente función, tendrá que sustituirlo un cover o swing. En este post en el que navegaremos entre lo inmersivo de Cabaret (y un poquito también en Godspell), el convento de Sonrisas y lágrimas, nos llenamos de risas con El Otro Lado de la Cama, la constatación de que No day but day y lo bonito que luce en la recta final de su primera temporada nuestro Wicked ibérico queremos aplaudir el trabajo de todos aquellos, covers, swings y alternantes, que están preparados con todas las esperas del mundo para que cuando llegue el momento se alce el telón con la misma calidad artística de cada función.

Nota a pie de página: Este es un post inicialmente concebido para su publicación hace unos meses, pero a veces la vida pide paso y todo se congela y tenemos que esperar a que la chispa vuelva a surgir y eso lo ha supuesto ver Ànima, un absoluto prodigio de la creación hecha en nuestras fronteras.

Aaron Cobos, un imprescindible del Teatro del Soho. El intérprete ganador del Premio Talía a mejor actor de teatro musical por Gypsy volvió a estar encima de un escenario de la mano de la compañía comandada por Antonio Banderas. La complicidad del malagueño con Cobos se notó desde A chorus line, donde un accidente en escena marcó el recorrido del espectáculo hasta que por fin Aaron pudo ver de nuevo brillar los focos sobre su talento. Después vendría Godspell, sí, el musical que nos ocupa. En este caso bajo la dirección de Emilio Aragón. La gira lo pilló haciendo Gypsy, pero estuvo presente en otras áreas de la producción. Ahora, por fin, varios años después de su estreno, pudimos verlo recientemente en el Gran Teatro Pavón de Madrid. Cobos vuelve a demostrar que la confianza de Banderas es por su talento, constancia y dedicación absoluta al teatro musical. Solo alguien así puede sacar adelante con semejante energía números como ese Te rogamos con el que se lleva una gran ovación del respetable. Aaron Cobos es la constatación de que aunque a veces el cuerpo te pida pausa, es solo un entreacto para volver y brillar con más fuerza. Tras finalizar funciones en el Pavón, esperamos verlo muy pronto de nuevo en escena.

Alternantes, covers y swings. Uno de los objetivos de estos posts sin duda es aclarar términos y ponerlos en valor de nuestro teatro musical. Un cover es un intérprete que hace la función cuando el titular no puede por descanso, prescripción médica… Un swing es un todoterreno, una persona que sabe muchos (e incluso todos) los papeles de hombre o mujer, es uno de los grandes salvadores del teatro musical. Esperan mucho, muchos días no hacen función y un día no solo hacen la posición de tal o cual persona del ensemble, les toca un papel relevante y llega su recompensa a tanto esfuerzo. Entre los últimos que he visto ha sido a Adrián Quiles en Los Miserables. Por último, el alternante hace x funciones de x personaje sin estar necesariamente en el día a de la función. En este post hablaré del trabajo de Víctor Palmero en Cabaret al que vi en enero -llego tarde lo sé, pero insisto como dije antes que a veces todo se congela y la vida pide paso. No me quiero olvidar de mentar a los miembros del emsemble de teatro musical sin los cuales no habría función. Son ese conjunto de intérpretes con distintos papeles a lo largo de la función muchas veces sin frase alguna, pero que hacen que el musical tenga presencia. Por dar un par de nombres con los que he disfrutado en las últimos meses: Un irreconocible Christian Velert en Cabaret y Andoni García que brilló en la parte de danza y como algunos de los padres de los protagonistas de Rent.

Ànima o cuando el teatro musical sirve para descubrir historias demasiado ocultas. Ànima es sin duda uno de los mejores musicales de creación hechos en España. Pongamos en contexto al lector. Nos adentramos en los estudios Disney en la época de su mayor reto hasta la fecha: Blancanieves y los 7 enanitos. En sus entretelas descubrimos el papel silenciado de unas mujeres que solo podían aspirar al departamento de Pintura y Entintado. El TEATRO MUSICAL con una producción de gran formato que ojalá veamos en una traslación al castellano en Gran Vía, sirve como vehículo para esta historia de sueños y decepciones en la industria de Hollywood. Con un reparto maravilloso, una orquesta que suena a gloria bendita, un libreto que cuenta lo que quiere contar desde el entretenimiento, pero sin perder por ello un ápice de profundidad, nos encontramos ante para mí el mejor musical original que he visto junto a Mar i Cel y El médico. Un MUSICAL que también marca la diferencia con una escenografía llena de mimo, detallismo y amor por la animación a manos de David Pizarro y Rober de Arte. Este espectáculo, estrenado originalmente en el Teatre Nacional de Catalunya, y que ahora se puede ver en el Tívoli de Barcelona, es producto del esfuerzo de un grupo de creadores con Blanca Bardagil, Oriol Burgés -al que vi como un estupendo Walt-, Víctor G. Casademunt, Marc Gómez, Adriá Barbosa y Abel Garriga a la cabeza. Tampoco me quiero olvidar de la encomiable labor de producción para sacar adelante esta producción de gran formato con Vero Vero en coproducción con El Terrat, Bitó y Marianna. Ojalá tanto esfuerzo creativo y de producción se corresponda con un largo recorrido por los escenarios.

Antoine se amolda al acogedor Lírico del Teatro Calderón. El productor Dario Regattieri desempolva uno de sus montajes más emblemáticas para darle una nueva vida en Lírico, el espacio de la azotea del Calderón que está programando al igual que la sala principal. El espectáculo, que vuelve a liderar el también compositor Shuarma, cuenta en esta ocasión con Ignasi Vidal en el papel protagonista, tras años más centrado en la dirección y en la autoría. Un lujazo volver a verlo en esta versión íntima de uno de los musicales más representados de Beon Entertainment.

El Otro Lado de la Cama o la versión más ‘meta’ de un musical que conocemos muy bien con unos Ricky Mata y Mónica Macfer que son química pura. Una nueva traslación a los escenarios a cargo de Artículos de Conya acaba de llegar a la sala 2 del Nuevo Alcalá de Madrid. Una de las grandes novedades son los guiños a la película, como el hecho de que los personajes se llamen como los actores de la película, e incluso guiños en trama referentes a su secuela, Los dos lados de la cama. No falta en uno de los momentos más delirantes el icónico Niño Melón. A las canciones presentes en la cinta se suman bajo la adaptación de Ernest Fuster y dirección de Joan Olive momentos musicales impagables como el que incluye Juntos de Paloma San Basilio. La química innegable -es imposible no reírse en cada una de sus apariciones- de Ricky Mata y Mónica Macfer son parte del éxito de este musical que funciona como un reloj suizo con un elenco y un público entregado a la causa del buen rollo. Siempre será un buen día para gritar SALTA mientras reivindicamos que LAS CHICAS SON GUERRERAS.

Godspell ‘revisionado’ por Banderas tras el montaje de Emilio Aragón. Tras ver el montaje dirigido por Aragón y coproducido a pachas con el Soho, Antonio Banderas ha cogido las riendas del musical para dar su punto de vista de este clásico que de alguna forma le aficionó al género hace casi 5 décadas. El protagonista original de la primera producción española, Juan Ribó, estuvo en el Pavón y el malagueño quiso dedicarle la función. Aunque siga la línea a nivel general de la estupenda propuesta de Emilio Aragón, Banderas ha conseguido hacerlo aún más ameno, divertido y con más fuerza. Cuando se tiene de punto de partida un libreto tan ‘naif’ el paso del tiempo solo puede acrecentar esa sensación y esta propuesta ha conseguido darle una vuelta para que no nos suene un tanto anquilosado su mensaje, llevándolo más a una espiritualidad casi aconfesional que conectará tanto con creyentes como con los que no lo somos. El gran mensaje de amor se acrecienta gracias a un reparto entregado – Ferran Fabá, Hugo Ruiz y Laia Prats firman sus mejores trabajos- a una partitura excepcional de Stephen Schwartz bajo la impecable dirección musical del joven talento musical Daniel Villaroya. Impecable montaje del Soho y Banderas, como ya nos tiene malacostumbrado. Mucho que esperar del próximo Sweeny Todd que protagonizará el propio malagueño.

Inmersivo. He vivido de una forma inmersiva dos de los musicales en cartel actualmente. En Cabaret puedes elegirlo y en Godspell puedes ser elegido por la mano celestial por así decirlo. Tras verlo por primera vez en previas desde la parte posterior de la zona de mesitas, esta vez me subí al escenario del Kit Kat Klub del Albéniz en Madrid. La experiencia, desde una mesa-escenario en la que se montaba una habitación de la pensión de Schneider, fue realmente inolvidable. La puesta en escena, medida al milímetro dentro de que algunos números son de cara al público de sala y se da un poco la espalda -bendita silla reclinable- al público del escenario, es tan interesante que recomiendo la experiencia para cuando repitan, que seguro más de uno lo hará. No descarten ser ‘gaseados’ eso sí, no les hago más spoiler, pero sí les digo que no tengan miedo a vivirlo desde el escenario, de verdad que no es una experiencia para nada ‘comprometida’ y podrán poner en valor el currazo de todo el equipo artístico -incluida la estupenda banda- con momentos emocionantes de la mano de intérpretes como la extraordinaria Amanda Digón y otros miembros del equipo que ya destaqué en un anterior Una temporada a ritmo de musical. En Godspell no estaban encima del escenario o bueno sí, un espectador a diario lo estaba. En mi segundo visionado me tocó a mí ser Lázaro y gracias a la complicidad del elenco y del propio Antonio Banderas que me felicitó después fue una divertida experiencia.

Los Chicos del Coro o cuando la emoción sigue traspasando el escenario. He visto ya unas cuantas veces a lo largo de los años este montaje con distintos cambios en el reparto tanto infantil como adulto. Para mí, el gran éxito reside en la base argumental de la propia película que ya me emocionó en su día. Trasladarlo al escenario, con la complicidad de la dirección de Juan Luis Iborra y la adaptación de Pedro Víllora, no era fácil, pero lo cierto es que las novedades -principalmente la incursión femenina en la trama- funcionan como un reloj suizo. Entre las novedades de este visionado la sorpresa maravillosa de encontrarme como el bondadoso Maxance en manos de Fran del Pino en la que además era su primera función. Al acabar, de nuevo la emoción, estaba acompañado por mis padres, volvió a traspasar el escenario y es que hay emociones que por muchos años que pasen no se olvidan.

No day, but today o un emocionante final para Rent. A veces la realidad pide paso y no queda otra que parar, aunque la función debiese continuar contra viento y marea. Con las emociones a flor de piel llegó la última función -esperemos que solo por ahora- de Rent. Quiero aplaudir el arrojo de una productora independiente como Rocío Bilbao por poner en marcha esta ambiciosa producción de un musical que a pesar de tener ya varias puestas en escena en España no es un producto fácil precisamente. Incluyo los Reyes, la princesa y la infanta se pasaron a verlos. Desde entonces, se han contado muchos carteles de NO HAY LOCALIDADES, incluida esa última vez que se subió el telón coincidiendo además con el 30 aniversario del fallecimiento de su compositor Jonathan Larson. Esos llenos son una recompensa al esfuerzo que ojalá tenga continuidad con una fórmula de producción que permite seguir llenando de amor los escenarios.

Patricia Clark y Víctor Palmero, mis dos grandes novedades como espectador de Cabaret. Este segundo visionado tenía el objetivo de ver sobre las tablas a estos intérpretes a los que he tenido la suerte de disfrutar un puñado de veces sobre el escenario. Aún con el recuerdo de su extraordinario trabajo en el monólogo Johnny Chico, tenía ganas de ver cómo Víctor Palmero había afrontado el emblemático Emcee en esta revisión del clásico Cabaret. Con unos cuantos intérpretes a los que he visto en este personaje (Asier Etxeandia, Armando Pita, Edu Soto y también en esta producción Abril Zamora) el reto era mayúsculo. Ya estaba disfrutando de su trabajo, pero para mí la clave es uno de los temas más complejos tanto del personaje como del propio musical. Se trata de I Don’t Care Much. Hay que tener muy bien engrasada tu propia maquinaria escénica para no desbarrar. Hay que saber llegar hasta el límite de la emoción para que esta no se ‘coma’ a la voz y Palmero lo consigue con sobresaliente. Por otro lado, Patricia Clark recupera más de dos décadas después a Fräulein Schneider que ya interpretó en la producción de Stage. Lo hace en una visión de la historia distinta y con las tablas y la experiencia vida que da el paso transcurrido. Creo en el papel sanador del ARTE y Clark desde luego vuelca su emoción en este personaje que construye desde el compromiso y la experiencia emocional vivida. Sentirla cerca cantando el desgarrador What would you do? e incluso haciendo una cama desde el escenario es algo único. Sí, mereció mucho la pena disfrutar por primera de Víctor Palmero y de Patricia Clark que de la mano de Tony River construye una pareja inolvidable.

Perseidas, un musical original creado de Madrid al cielo. Hay una máxima del teatro de Stephen Sondheim que dice que los personajes comienzan a cantar cuando no son capaces de expresarse con palabras. De alguna forma, a partir de una experiencia personal de Luis Montis del Cano, es lo que le ocurre a los protagonistas de este musical original genuinamente madrileño que se puede ver aún el próximo 11 de mayo a las 20h en el Teatro Bellas Artes de Madrid.

Sonrisas y lágrimas está de vuelta en España. Theatre Properties ha echado a andar una nueva producción del clásico entre los clásicos del teatro musical. Los estupendos Silvia Villaú -su dulzura hace única a su María- y Carlos J. Benito -que repite en el papel del severo Capitán que le va como anillo al dedo- son los protagonistas de esta inolvidable historia. No me quiero olvidar de una veterana de los musicales, Amparo Saizar, con un despliegue vocal impresionante como Madre Abadesa. Girarán por toda España y en julio harán parada en Madrid, siempre llevando el teatro musical a todos los rincones como acostumbra la productora liderada por Tomás Padilla que traerá Annie y Jekyll y Hyde la próxima temporada. Estaremos atentos a estos dos títulos que conocen bien desde la compañía.

Wicked vuela muy alto en la recta final de su primera temporada. En una de las primeras previas pude ver este musical en Madrid. Me encanta volver cuando el espectáculo está rodado. Pude volver unos meses después y solo puedo aplaudir con más fervor la puesta en escena de David Serrano -recordemos que para nada es una franquicia. Se han pulido cositas y los intérpretes están en un punto magnífico. De la complicidad y la perfección vocal de ‘Las Cristinas’ Llorente (Glinda) y Picos (Elphaba)-nominada a los Talía- poco más hay que añadir en un reparto en que sobresalen la elegancia ‘mágica’ de Javier Ibarz- nominado a los Talía- y la humanidad del Dr. Dillamond de Esteban Oliver entre otros. Ojalá sea la recta final solo de una primera temporada que deseo tenga continuidad. Esta producción lo merece. Los que se irán tras tres temporadas de Madrid -a hacer gira afortunadamente- son los chicos de The Book of Mormon que revisité hace unas semanas en el Teatro Rialto, donde cogerá el relevo el exitoso Ópera y Zarzuela Dreams el 9 de junio. Una auténtica fiesta de la risa la que proporcionan los ‘mormones’ con la que la productora ATG ha dado de lleno en el clavo.