Israel Elejalde: “Espero que dejemos de ser los bufones de la corte”

Israel Elejalde vuelve a ponerse a las órdenes de  Miguel del Arco en Misántropo tras un año intenso en el que pudimos verle en el Teatro de la Abadía “el lugar donde me pulí como actor” y en La fiebre, todo un reto interpretativo en el que contó una historia que incomodó a muchos espectadores.  Y Tras la emoción compartida en la nueva genialidad de Kamikaze Producciones se siente con una energía muy negativa, pero que torna en positividad al redescubrir que cada noche hace el teatro que le gusta con una compañía con la que es capaz de tirarse a la piscina cada vez que se levente el telón.

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¿Cómo es el Alcestes que ha creado Miguel del Arco?

Hemos intentado crear un Alcestes lo más humano posible. Si Moliére lo vio como un personaje cómico, Miguel ha sabido ver en él un dolor que está dentro de este tipo de personas. Hemos querido que el público empatice con él. Rechaza a todos los humanos, pero se ha intentado que sea lo más humano posible a pesar de todo.

¿Te has vuelto más misántropo haciendo este personaje?

Siempre algo del personaje que queda en ti, pero cuando es algo tan peligroso como la misantropía de este hombre, es mejor alejarse de ello. Su viaje es muy trágico, pero yo creo que en el fondo yo ya traía un poco de este personaje en mi propia personalidad.

Y ahora después de hacer la función, ¿Cómo te sientes Tras la emoción compartida?

Este personaje supone un viaje doble. Es un personaje muy negativo, provoca mucho dolor, pero a la vez disfruto de la maquina teatral que ha creado Miguel. Tras la emoción compartida me siento aún con el dolor de este personaje corriendo por mis venas, pero con la satisfacción de ser parte de un espectáculo en el que creo tanto.

¿Cómo fueron los ensayos?

La verdad es que quedaría muy bien decir lo que de fue un difícil trabajo de búsqueda del personaje, pero encontramos la forma de contar esta historia muy fácilmente. Nos hemos arriesgado, pero en el viaje que hemos hecho para crear este montaje lo que hemos encontrado ha sido mucha felicidad. Llevamos cinco años trabajando juntos y eso favorece que el clima de trabajo sea más abierto. Cuando te pierdes, tienes la certeza de que juntos encontraremos algo bueno al final del camino y eso es muy satisfactorio.

Y al mando de esta compañía, Miguel del Arco, con el que tu camino se cruzó hace muchos años…

Conozco a Miguel desde hace 18 años cuando hice mi primera obra, El anzuelo de Fenisa, que dirigió Pilar Miró con la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Yo me acuerdo que el primer día me senté en la mesa justo al lado de Miguel, que hacía del protagonista. Desde entonces, nos hicimos muy amigos y colaboré en sus cortos y en la primera obra que dirigió y que produje yo. Se intentó montar La función por hacer anteriormente con otro reparto, pero no cuajó y cuatro años después conseguimos reunir al elenco soñado.

Y a pesar de las trabas, ivazo mediante, la escena sigue fluyendo, ¿Todo lo puede la vocación?

Con eso cuentan nuestros mandatarios, con la parte vocacional que tiene este oficio que nos hace tener la necesidad de hacerlo a pesar de todo. En todas las artes se están reinventando. Espero que esto sea una situación temporal y que dejemos de ser los bufones de la corte cual siglo XVII. Mientras que eso no ocurra, contaremos las historias en los espacios que nos dejen. Se debería estabilizar la situación, consiguiendo una cierta seguridad en el circuito off que permita vivir dignamente a los creadores y, por supuesto, que sigan las grandes producciones que tanto bien hacen a esta profesión.

Y en esa necesidad de contar historias a pesar de la hecatombe supongo que tiene mucho que ver que montases La fiebre, todo un reto interpretativo…

Tenía la necesidad de contar esa historia, quería reflexionar sobre la posición burguesa en la que a veces me siento instalado. No me planteé inquietudes artísticas, pero para poder desarrollar ese trabajo sí que tuve que enfrentarme de alguna forma a mis límites como actor. Ese sí fue un viaje doloroso, en el que me perdí varias veces, es muy duro hacer un monólogo político para decir cosas que el público no quiere escuchar. A la vez es muy gratificante por, de alguna manera, haber ampliado mi registro actoral. Me ha hecho crecer a nivel personal y artístico. Es un proyecto muy personal en el que he reinvertido el dinero que he ganado como actor. Esta profesión es una forma de ganarme la vida, pero también de ver la vida.

Y si miramos hacia el futuro, ¿Con qué proyectos sueña Israel Elejalde?

Estoy muy contento en esta compañía, son mis amigos y tengo muchos lazos afectivos me gusta el teatro que hacemos y como lo hacemos. Tengo un camino del que sentirme orgulloso por poder hacer un trabajo que me hace realmente feliz. 

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La Ítaca de los cómicos

Hay ocasiones en que no puedes esperar para escribir. Habrá quien piense que es mejor reposar el comentario que uno pueda hacer sobre una función, pero si  lo que ves te atrapa de una forma tan arrebatadora tienes la necesidad de expresar el sentimiento que te ha provocado. Hoy me ha vuelto a pasar con un Secundario que me ha arrebatado el alma teatrera. Es éste un sentido homenaje a nuestros cómicos. En un tiempo en que parecemos imbuidos por la pseudoadoración a supuestos dioses argentinos y de cualquier procedencia europea, parecemos olvidar que en nuestras fronteras han nacido actores de la talla de Manuel Alexandre, José Luis López Vázquez, José María Rodero o Mary Carrillo. Palabras mayores. Mientras nuestro secundario, Ginés, espera a José Sacristán, se convierte en protagonista en un hipotético encuentro con el público y nos introduce en la intimidad de su camerino. Entonces, atendemos con silencio expectante a ese ritual previo a la función que es el maquillaje, cuando el actor se encuentra frente a frente con sus demonios e inseguridades. Y comienza el cómico a contarnos su historia. Todo lo puede la vocación de este intérprete que soñó con ser Segismundo y Ricardo III, a los que emula en este diálogo interactivo con el público, en el que el actor Antonio Velasco nos lleva a la raíz del oficio teatral. El to play (jugar) cobra más importancia que nunca y jugamos con el actor. Y cuando entramos en su juego con unos simples elementos de atrezzo conseguimos viajar a tiempos remotos en los que los cómicos eran considerados poco menos que parias, aunque en realidad, ivazo mediante, parece que poco ha cambiado esta percepción. Y en el aquí y el ahora del teatro se produce la magia. Velasco es un actor de una versatilidad encomiable. Secundario es una obra que le sale de las entrañas y eso se transmite en cada gesto, en esa mirada que te atrapa, llena de ternura y emoción sentida. Una emoción que se convierte en compartida cuando el público acompaña a este cómico de la legua en su aventura  con destino a una Ítaca soñada, un lugar de ensueño en el que poder clamar a los cuatro vientos su propensión a la comedia y el drama, aunque en cierto modo ¿No es la vida una representación en sesión continua? Él podrá mirar hacia atrás y pensar que ha hecho lo que realmente siente, lo que realmente le sale del alma.

Si tienen ocasión, no dejen de disfrutar de este ACTOR en estado puro en alguno de los ‘bolos’ que le llevarán por España. Él también se lleva su macuto a cuestas, digno heredero de tantos cómicos de la legua, para recorrer España. Ahora entiendo los sentimientos de los que hablaban las críticas, fabulosas, que le hicieron en Madrid, querido Ginés, decididamente nos encandilaste anoche en el Café de las Arte Teatro (Santander) con este espectáculo concebido para la ya emblemática La casa de la portera.

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Pilar Castro: “Sueño con crear una compañía que haga teatro que despierte a la gente”

Tras varios años centrada en el cine, Pilar Castro ha vuelto al teatro por la puerta grande. Fue la llamada de Miguel del Arco con El inspector la que abrió esta nueva etapa. Lo siguiente fue su debut como directora en Microteatro por dinero con Los enamorados. Y ahora la vemos, hasta el 2 de febrero, como la inquietante ama de llaves de Carlota en el María Guerrero. DSCF6626

¿Qué papel ocupa Velda Manning en Carlota?

Es el ama de llaves de Carlota. Es muy importante, ella siempre está a su lado advirtiéndola. Mihura construyó un personaje antipático y nos hace creer desde el principio que ella es la asesina de la protagonista, pero a la vez ella quiere mucho a su señora. Es alguien que tiene dos aristas contrapuestas, lo que le hace un papel muy disfrutable.

¿Cómo habéis trabajado con Mariano de Paco para no hacer que los personajes estén ‘pasados de rosca’?

Siempre se debe trabajar desde la verdad y más en una obra con unos personajes tan excesivos. Es una comedia rara, es difícil trabajarla. Hay que representar muy bien las situaciones de misterio. En ese sentido, Mariano nos ha dejado mucha libertad para trabajar y siempre trabajando con el otro. Es un gran elenco la verdad. Con Carmen había trabajado hace años en una serie.

La anterior experiencia escénica fue El inspector dirigida por Miguel del Arco…

Llevaba mucho tiempo sin hacer teatro, pero a una propuesta tan tentadora como la de Miguel del Arco no se podía decir que no. Tuve que afrontar mis miedos tras tanto tiempo sin subirme a un escenario. Fue un regalo poder trabajar con un capitán de barco tan excepcional del que pude aprender tanto. Es un placer volver a estar encima de un escenario. El teatro es el medio de expresión vivo más importante que existe. En estos momentos, es el único lugar en el que el público y los actores se sienten vivos.

Te has convertido en una actriz habitual en el cine de Daniel Sánchez Arévalo, ¿Qué te atrapa del trabajo de este director?

Es un creador muy especial con un talento excepcional para escribir personajes femeninos, aunque lo haga poco. Es una persona que, teniendo un universo muy particular, consigue llegar a todo el mundo. Eso es realmente complicado y él lo consigue. Lo que me gusta de trabajar con él es que te deja experimentar y solemos tener mucho tiempo para los ensayos.

Debutaste recientemente en la dirección de una función de Microteatro por dinero, ¿Cómo fue la experiencia de Los enamorados?

Hacer una obra de microteatro es más complicado de lo que parece y llega a ser hasta estresante. Gracias a esta experiencia he aprendido a apreciar aún más el trabajo de los directores. Es muy difícil hacer seis pases de la misma microfunción para que no se deteriore.

¿El juego es lo que llevó a Pilar Castro a esta profesión?

Soy actriz por la simple razón de que me encanta disfrazarme. Me gusta el juego que implica este oficio y sentirme otra desde mis vivencias. Mi padre cantaba y nos ponía a actuar y yo estuve en el Conservatoria haciendo Danza cuando era pequeña. Todo hacía presagiar que terminaría metida en este oficio.

Y si miramos hacia el futuro, ¿Con qué proyectos sueña Pilar Castro?

Me gustaría hacer más cine y montar una compañía de teatro con la que hacer un teatro muy vivo que despierte a la gente. 

Carlos Hipólito: “Este gobierno no tiene ningún respeto por la cultura”

En el camerino de Carlos Hipólito hay varios dibujos y montajes de El crédito. Y es que cada domingo, su hijita le acompaña en las funciones. Es un hombre cálido y familiar, de esos que te atrapan desde el momento en que tienes un breve encuentro con él. El actor de Desaparecida  se enfrenta a cada reto con prudencia, aunque con las tablas que dan los años. Y se tiró a la piscina con doble salto mortal ‘atreviéndose’ con dos joyas de la corona del teatro musical: “Follies” y “Sonrisas y lágrimas”. Y una vez más salió indemne desde el escenario donde ” los actores nos medimos como tales en la capacidad de comunicarnos con el público”. Ese público que día tras día abarrota el Teatro Maravillas gracias a un texto que ha dirigido Gerardo Vera, un director “que te deja mucha libertad, aunque esté muy pendiente de lo que cree que no se debe hacer”. Hablamos con el actor también de las noticias ante las que no da crédito y se cuestiona ¿Qué pasaría si se cerrasen todos los teatros? La respuesta es clara, quizás a los que nos gobiernan  les daría igual, pero seguro que muchos de los espectadores que en alguna ocasión se sintieron ‘tocados’ por el arte escénico levantaría el hacha de guerra. Vayan a verle junto a Luis Merlo, eso se llama complicidad en escena. Harán gira y después, probeblemente, volverán a Madrid. El crédito de Carlos Hipólito seguirá fluyendo por mucho tiempo…

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¿Qué le engancha a Carlos Hipólito del teatro de Jordi Galcerán?

Toca temas muy cercanos y actuales y es un autor muy bueno, lo que te da la posibilidad de enfrentarte a personajes muy bien construidos. Consigue que con temas poco factibles para hacer comedia se conviertan en algo divertido. El momento de pedir un crédito o un proceso de selección son buen ejemplo de ello. A base de una carpintería teatral perfecta, consigue que la atención del espectador no decaiga nunca. Cuando el espectador cree que tiene todos los datos, le da una vuelta y le sorprende. Además, dialoga de una forma brillante. Siempre me siento muy feliz haciendo sus textos.

Los montajes que dirige Gerardo Vera suelen tener unos trabajos interpretativos extraordinarios, ¿Cómo fue el trabajo junto a él?

Te deja mucha libertad, aunque esté muy pendiente de lo que cree que no se debe hacer. Está muy abierto a nuestras sugerencias y va trabajando con eso. No llega con una idea inamovible, sino que esa imagen que tiene del personaje se va matizando a medida que te va viendo cómo trabajas en los ensayos. Es muy bonito encontrarse con un director que contribuye a que construyamos juntos el personaje. Si consigue esa brillantez en los trabajos de los actores es por ser la dirección de actores una faceta que él mima mucho. Él da libertad y no trabaja desde el conflicto. Te hace creer que eres el único actor posible para hacer ese personaje, lo que te ayuda mucho desde luego.

Primer mano a mano con Luis Merlo en El crédito, ¿Cómo está siendo trabajar con él?

Así es, nunca habíamos coincidido. Todo lo que diga bueno de él es poco. Lo admiraba desde hace muchos años, me parece un actor que tiene algo muy personal en sus trabajos. Es muy singular. Le conocía personalmente un poco, pero al trabajar juntos hemos tenido una conexión muy especial. En el escenario nos entendemos a las mil maravillas, tenemos una química mágica, caminamos juntos en escena, nos apoyamos mutuamente y eso es esencial. En lo personal, nos estamos haciendo muy amigos. Del cariño, la admiración y el respeto solo pueden salir cosas buenas y eso abunda entre nosotros.

¿Por qué el teatro es un buen lugar para contar historias para Carlos Hipólito?

El teatro creo que debe ser un espejo para el ser humano. Para mi, el escenario es un espacio de libertad. En el teatro me he sentido muy feliz y me ha regalado grandes momentos. Me encantan el cine y la televisión, pero es sobre un escenario donde conoces tu medida como actor. No creo que haya buenos ni malos actores, todos somos distintos. Ahora bien, creo que los actores nos medimos como tales en la capacidad de comunicarnos con el público y eso solo te lo puede dar el teatro. Hay actores muy técnicos que no conectan con el público y viceversa. Aquí podemos calibrar si lo que hacemos llega al espectador. Lo mágico del teatro es que la comunicación entre los actores y el público es directa. La emoción que se siente desde un patio de butacas es algo maravilloso. Como espectadores, son conscientes de que con sus reacciones la función puede variar.

Me comentaba José Pedro Carrión que el público hace la función…

Desde luego. Ellos son los otros protagonistas, que cada día son diferentes. Desde el escenario percibimos una energía colectiva diferente en cada representación, lo que nos lleva a dirigir nuestro trabajo en una u otra dirección.

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Vienes de encadenar dos experiencias en el musical como son Follies y Sonrisas y Lágrimas, ¿Qué balance haces de tu experiencia en el teatro musical?

Ha sido una sorpresa muy gratificante. Yo he sido siempre un gran amante del género. Poder hacer Follies y Sonrisas y lágrimas ha sido un trampolín para mi como actor. Me han ayudado a revisar facetas que como actor tenía olvidadas, como el canto y el baile. Estuve dando clases de voz con Ángel Ruiz para cantar la partitura de Sondheim, que era francamente muy complicada. La verdad es que el teatro musical tiene un componente muy especial que es la música, lo que le da una fuerza superlativa. La música tiene una capacidad de conmover incluso mayor que la palabra. Si conjugamos una buena letra con una buena música, la posibilidad que tienes como actor de conectar emocionalmente con el público se duplica. La posibilidad de cantar en un escenario ha sido algo maravilloso. Me siento muy agradecido de los elogios que me han hecho. Me enfrenté muy inseguro a esta experiencia y creo que he salido airoso, la verdad. Es más, te puedo avanzar que ha sido tan buena la experiencia que seguramente cuando acabe con El crédito, volveré a hacer teatro musical.

Aquí y ahora, ¿Ante qué noticias no da crédito Carlos Hipólito?

No puedo dar crédito ante el espectáculo social y político que estamos viviendo actualmente. Todos nos despertamos con la boca abierta cuando vemos las noticias sobre corrupción de unos políticos que no dejan de hacer barbaridades. Este gobierno está haciendo unas cosas que me hacen como ciudadano no dar crédito a lo que estoy viendo, ¿Cómo se puede dar tanto la espalda a la gente que están representando? Por otro lado, no doy crédito a la desfachatez con la que se miente, con la que se roba, con la que se insulta. Se están perdiendo los mínimos posibles para una convivencia sensata.

Y ya si hablamos de la salvajada del 21% ni te cuento. No solo no han recaudado más, sino que han destruido empleo con esta medida. Tanto que se llenan la boca diciendo que defienden las PYMES y en el terreno de la cultura desde luego que no lo están haciendo. Es bien sabido ya que este gobierno no tiene ningún respeto por la cultura. Parecen solo interesados en sacar adelante un proyecto neoliberal económico. Creo que se están equivocando, están llevando a un colapso de las industrias culturales. Creo que ésta es una situación de no retorno. Antes o después lo bajarán, pero el daño ya estará hecho.

Ante las dificultades, los creadores siguen trabajando en espacios muy diversos…

Los políticos pueden cargarse la economía, pero la creatividad desde luego que no. Afortunadamente, hay profesionales que siguen luchando contra viento y marea para seguir en esto. Están tensando demasiado las cuerdas pensando que tenemos un trabajo completamente vocacional. Me gustaría plantearles el cierre de todos los teatros. Si a ellos no les gusta la cultura, me gustaría ver que pasaría si todos nos negásemos a trabajar en estas condiciones. Entonces, se darían cuenta de que no pueden abusar tanto de un sector. Hay una ebullición teatral muy grande, pero estamos pagando un precio demasiado grande por hacer lo que nos gusta.

Ese trabajo tan vocacional en el caso de Carlos Hipólito, ¿De qué motivaciones crees que nace?

Un actor es un ser humano que incorpora el comportamiento de otro que no es él y que vive ficticiamente una vida que él no va a vivir para que otros le miren y se reconozcan. La posibilidad de ponerme en la piel de personajes que no tienen nada que ver conmigo me ha hecho vivir experiencias maravillosas. Seguramente, eso me llamó la atención. Si lo piensas bien, como ya decía Fernán Gómez, el trabajo del actor es la primera vocación de todos los seres humanos. Todos hemos querido ser príncipes y vaqueros. Con una simple pluma nos convertíamos en indio. Yo he tenido la suerte de dedicarme a eso toda mi vida.

Si miramos hacia el futuro, ¿Qué proyectos tiene y con qué proyectos sueña Carlos Hipólito?

Estoy centrado en El crédito que va a tener una vida muy larga. A medida que voy cumpliendo años, hago lo posible para no compaginar varios trabajos, cada vez me canso más la verdad. Solo hago las locuciones de Cuéntame como pasó y he dicho que no a un par de proyectos televisivos. Y espero que pronto pasen por Telecinco la serie Hermanos, en la que hago de padre de los protagonistas. Es un papel breve, pero muy bonito. Es un historia sobre la relación de dos hermanos y una mujer que se mete en medio de los dos. Son seis capítulos y tengo muchas ganas de que se vea. Y con respeto a los proyectos soñados, Estoy seguro de que tendré por delante muchos personajes apasionantes que me conmuevan. Revisitar el teatro musical que me ha engancho mucho es también una prioridad. Tener a una orquesta a tu lado es algo realmente increíble. Yo creo que en unos dos años volveré a hacer un musical, alguna idea hay ya de hecho.

La Firma Invitada: Antonio Velasco

En esta ocasión La Firma Invitada tiene como protagonista al actor Antonio Velasco de Teatro de Poniente, que llevará su sentido homenaje a los cómicos, Secundario, al Café de las Artes de Santander el próximo sábado 25 de enero a las 20:30h. 

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Bienvenidos a un viaje. A una travesía por los caminos de España, recorriendo plazas, teatros, casas de cultura y todos esos lugares que durante siglos y siglos han servido de escenario a los cómicos de este país.

Poneos cómodos ¡La compañía de teatro ha llegado a la ciudad!

TEATRO DE PONIENTE tiene el inmenso honor de presentar ante el respetable público la obra SECUNDARIO para el deleite de su imaginación, el gran tesoro del ser humano.

Y aquí estamos, humildes y dichosos, intentando contaros el porqué de esta representación. Nos encontramos ante un homenaje, un homenaje a esos cómicos de la legua, a esos actores y actrices sin nombre que hicieron llorar, reír y soñar a públicos de Este a Oeste y de Norte a Sur. Ese viaje a ninguna parte que nos lleva irremediablemente a lo más profundo de nuestro ser.

La sociedad rápidamente olvida a los cómicos, es así, ¿Dónde quedaron ya grandes nombres como José María Rodero, Paco Rabal, Mari Carrillo, Pepe Isbert, Manuel Alexandre, y muchos más que deberían ser nombrados? La gente se olvida de los cómicos, y esto es porque no dejamos obras que nos recuerden y digan lo talentosos que fuimos o dejamos de ser, porque nuestro arte, el arte de la interpretación solo existe en el presente de un teatro. Un presente mágico, que no se volverá repetir, una ceremonia sagrada entre espectadores y actores, algo único.

Ante nosotros un joven actor secundario, un don nadie, el soldado 3, un alma errante que comienza su particular revolución, su reivindicación, su canto de amor a una profesión que lleva en la sangre. Ginés, hijo y nieto de cómicos aprovecha su oportunidad para convertirse en un juglar, en un trovador, en un charlatán, con el único objetivo de despertar al niño, al soñador, al aventurero que todos llevamos dentro.

En el teatro todo es posible, podemos viajar a Ítaca, sentir ese olor tan especial que tienen los escenarios, escuchar el lamento de Segismundo, cantar un cuplé hasta que amanezca, recordar a los que se fueron pero siguen con nosotros, conocer a San Ginés patrón de los cómicos, o disfrutar de un silencio cargado de vida. Esta y no otra es la magia del teatro.

Y eso es lo que buscamos, que el teatro sea para el espectador un latigazo de vida, que la emoción corra por la venas, que suceda algo en su interior, que la sonrisa y la lágrima encuentren su lugar en los rostros. En definitiva, que el espectador se permita el privilegio de sentir.

Sólo nos queda darles la bienvenida e invitarles de nuevo a este viaje. Y que sean las palabras de nuestro protagonista Ginés quienes se despidan antes de que baje el telón:

Al final solo queda un escenario vacío esperando a ser habitado de nuevo. Ley de vida, ley de escena. Sabiendo que Ítaca nos espera, pero que lo importante es disfrutar del camino. Mucha mierda. Y nos vemos en escena. Bueno no a mí, a Soldado 3. Ya sabéis ese actor que está fuera de foco al fondo. Ese Secundario que os llevará siempre en su maleta”.

Un Madrid sin teatros, Un Madrid sin ALMA: La primera del 2014

Recuperamos en estos comienzos de un nuevo curso teatral una de las series de posts que acogisteis con más entusiasmo DESDE MI BUTACA el pasado año. En esta nueva etapa del blog os proponemos un viaje por 4 propuestas escénicas muy distintas que se pueden disfrutar actualmente en la cartelera de Madrid. Y es que el cambio de año y las trabas a las que se sigue sometiendo al sector no han hecho minar la capacidad de nuestros creadores para seguir contando historias.

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Nos acercamos a la ‘teatral’ Plaza de Santa Ana para ver El cojo de Inishmaan en el Teatro Español. Si hay un adjetivo con el que calificar esta función es simplemente como ‘mágica’. Es asombroso ver la capacidad de un reparto de edades y procedencias tan distintas creando unas sinergías comunes que llegan al público de una forma muy especial. Cuando salen a escena Terele Pávez y Marisa Paredes las creemos hermanas. Esa risa cómplice y chismosa con la que acompaña Terele Pávez a su personaje nos hace quedarnos prendados de su energía, de su vitalidad y de su talento. Esa complicidad entre ambas queda patente en un gesto que puede parecer nimio a una mirada poco ducha, pero que me llamó especialmente la atención. Me refiero a como atusa el pelo a Paredes, ahí en su mirada y en sus gestos se nota una energía especial. Todo el reparto va en el mismo barco como me decía Terele en la entrevista. Y eso se nota y de qué manera. No voy a descubrir nada si digo que Enric Benavent da a cada personaje una seguridad y entrega que solo la gente que ama mucho este oficio puede conseguir. Ni que decir tiene tampoco que la dedicación y el amor por el teatro llevan a Irene Escolar a firmar otro gran trabajo con esa chulería a la que dota a ese ‘chicazo’ que la toca interpretar. Teresa Lozano, palabras mayores, pura sabiduría encima de un escenario. Y la sorpresa de la función viene por partida doble. En primer lugar, un actor joven que crece trabajo a trabajo, Adam Jezierski. Y ¿Qué decir del cojo que da título a la función? Pues que Ferrán Vilajosana construye un personaje lleno de ternura y fragilidad del que solo podemos encariñarnos. El texto de Martin McDonagh es difícil de ‘decir’ encima de un escenario. Está lleno de endiablados juegos de palabras y repeticiones que gracias a la dirección de Gerardo Vera los actores han llevado a buen término. Y sí, lo reitero, se crea ‘magia’ con este texto que ha adaptado José Luis Collado y que tendrá vida después del Español, ya que pasarán al Infanta Isabel desde el 31 de enero. No se la pierdan. Por cierto, muy pronto tendremos a Enric Benavent DESDE MI BUTACA.

Si las expectativas se cumplieron de sobra con la obra de Vera, no pasó lo mismo con lo nuevo de Tolcachir en los Teatros del Canal. Iba con ganas, la verdad. Y encima, tengo cierta vinculación afectiva con el personaje central de la función. Vamos que yo tuve mi particular ‘Emilia’ en mi infancia. Por eso, me choca que la función no me ‘removiese’ mucho. La mayor parte del reparto me pareció a un nivel inferior a lo que nos tienen acostumbrados. No me transmitían mucho, la verdad. Se salva Gloria Muñoz, que se lleva la función de calle como de costumbre y construye a un personaje en el que por momentos logré ver a la particular Emilia de mi infancia. Lo cierto es que el problema principal de la propuesta es que el texto no me atrapó en absoluto. Por supuesto, es una opinión personal, pero las expectativas eran muy altas, quizás era ese el problema, y al final no me dijo gran cosa esta propuesta de Tolcachir. Me gustaría verla en su versión original con su compañía, quizás esta historia sonaría de una forma que me atrapase más… El hecho es que esta puesta en escena me defraudó, esa es la verdad.

La siguiente parada de este tour la hacemos en el Teatro Maravillas. Desde septiembre lleva denegandole Carlos Hipólito El credito  a Luis Merlo. La nueva obra de Jordi Galcerán ha vuelto a “conectar” con el público de una forma espectacular. El autor conoce a la perfección los resortes de la comedia, que explota con ingenio en esta sencilla propuesta escénica en la que el público ríe con contagioso entusiasmo. Sobre el escenario, dos únicos actores se enfrascan en un verdadero combate diálectico, en el que Galcerán ha sacado ‘punta’ a cada una de las palabras. Y este crédito seguirá fluyendo por mucho tiempo gracias a la solvencia de dos actores que en escena dan lo mejor de si mismos. Nada mejor que leer la entrevista a Carlos Hipólito que publicaremos el próximo lunes para darse cuenta de que la química entre ambos actores es algo que trasciende el escenario: “Desde el principio he tenido una conexión personal y profesional muy especial con Luis”.

Cerramos este post con otro Mihura. Hay pocas cosas que le gusten a Carlota más que el té… con medicina. En Carlota, el autor juega al relato a lo Agatha Cristhie como mejor sabe: con humor. Y caracteriza a los personajes protótipicos de la autora de La Ratonera con un humor que no oculta que el autor es un verdadero conocedor del género. Siempre me han hecho gracia las ‘intrigas’ de la escritora por lo que la propuesta me ha hecho bastante gracia. Se lleva la función de calle la triste, rara y antipática ama de llaves que interpreta Pilar Castro, a la que tendremos muy pronto DESDE MI BUTACA. Correctísima vuelta a los escenarios de Carmen Maura que destaca en este amplio reparto con otros nombres interesantes como Pedro G. De Las Heras y Natalia Hernández que llena de contagiosa comicidad la escena. La puesta en escena de este texto, lleno de regresiones, flasbacks y ‘dificultades temporales varias’ está resuelto de una forma muy limpia por parte de su director, Mariano de Paco Serrano. Están en el María Guerrero hasta el 2 de febrero.

Luis Varela: “Solo con los años te das cuenta de la responsabilidad que implica esta profesión”

Aunque a veces le gustaría pedirle al día… 30 horas, se nota que lo de Luis Varela es algo completamente vocacional. No sabría muy bien explicar el motivo de cómo se enganchó al “juego” teatral, pero desde que comenzó como Luisito Varela a los ocho años, no ha dejado esta profesión en la que ha soñado tanto. Y la Zarzuela ha sido esencial en su camino. Ha interpretado decenas de piezas de nuestro reivindicable género lírico tales como La del Manojo de Rosas, que representó hasta el domingo pasado en el Teatro de la Zarzuela. Y ahora le vemos o, mejor dicho, le disfrutamos cada semana en la serie Bienvenidos al Lolita. Y los proyectos que están por venir… Efectivamente, necesitaría alargar el día para cumplir con todos sus compromisos.  
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¿Qué supone un título como La del manojo de Rosas en la carrera de Luis Varela?

Empecé a hacerlo hace veinte años. Es un espectáculo maravilloso. Me encanta hacer el personaje de Espasa, un tipo con mucho ingenio. Es una delicia, me ha dado muchas satisfacciones y éxito. Es un personaje muy castizo, muy mentiroso, habla a base de mentiras. He vivido tanto en este teatro durante estos años… Tengo el honor de hacer una producción al año aquí.

Entiendo que tiene una vinculación muy especial con este Teatro de la Zarzuela, ¿No?

El Teatro de la Zarzuela es uno de los teatros más emblemáticos del mundo. Fue el primer teatro de Zarzuela del mundo. Viene gente de todo el mundo para conocer nuestro género. Es un lujo, un placer estar en este espacio tan especial.

¿Por qué para Luis Varela el teatro es un buen lugar para contar historias?

Desde los griegos se cuentan historias encima de un escenario. Hoy en día se cuentan muchas historias en televisión y en el cine también, pero la madre de contar historias al público es el teatro. Aquí no se puede cortar una escena como en la televisión o en el cine. Sales al escenario y si te equivocas, pues tienes que tirar para adelante con todas las consecuencias.

Acaba de estrenar Bienvenidos al Lolita, que recupera un género tan poco habitual en la televisión como el musical, ¿Qué tiene de especial esta serie para enganchar al público?

Me gusta mucho ser parte de esta serie. Me parece que tiene un planteamiento muy interesante, siendo capaz de reflejar a la sociedad actual. Todo sazonado con un puñado de buenos números musicales y un reparto fabuloso. Es un placer compartir escenas con gente como mi sobrino en la serie, Carlos Santos, un actor que crece trabajo a trabajo. Ahora estamos descansando de la serie. La televisión tiene una rutina muy dura, hay que madrugar mucho y meter muchas horas, pero por series como ésta merece la pena.

Comenzó siendo Luisito Varela cuando era un niño, ¿Cómo fueron esos primeros pasos en la profesión?

Empecé a los ocho años, pero no por una cosa vocacional, fueron una serie de casualidades. En ese momento, no sabes a lo que te vas a dedicar en la vida y lo afrontas como un juego. No era consciente de la responsabilidad que implica esta profesión. Ahora cuando veo a esos dos niños en Bienvenidos al Lolita me viene a la memoria mi niñez. Ellos juegan y se lo pasan muy bien, pero sí sigues en esta profesión te das cuenta de la responsabilidad que implica ser parte de este oficio. Al final, en mi caso, he seguido todos estos años en activo, algo tendrá esta profesión que me ha atrapado de esta forma.

Y tras muchos años encima de un escenario, primero el cine con Crimen Ferpecto y acto seguido la televisión con Cámera Café le hacen convertirse también en un actor popular para el público joven…

Efectivamente, a mi me conocía la gente de mi generación por mis trabajos en los Estudio 1, pero la gente joven no me conocía. Con Crimen Ferpecto, los más jóvenes empezaron a conocer mi trabajo. Fue un placer trabajar con Álex de la Iglesia y a continuación lo encadené con Cámera Café, un espacio televisivo ya mítico. Todo ello me hizo estar de vuelta en la actualidad mediática, por así decirlo.

¿Qué papel ocupa el doblaje en la carrera de Luis Varela?

Significa mucho por la simple razón de que empecé a doblar con sólo diez años. Necesitaban a un niñito muy espabilado y decidieron coger a Luisito Varela. En la primera película que doblé, Todo es posible en Granada, hacía de un gitanito. Muchos años después fui uno de los protagonistas de Todo es posible en Granada, en la versión que protagonizó Manolo Escobar. Esas casualidades maravillosas que tiene esta profesión…

¿Qué proyectos tiene y con qué proyectos sueña?

Yo ya no sueño con ningún proyecto actualmente. No he dejado nunca de soñar en esta profesión la verdad. Me siento un afortunado, ya que he tenido la suerte de poder hacer tantas cosas que ya no se me ocurre nada. Estoy conforme con los proyectos que tengo y que me sigan llamando tanto. Tengo un largo con Antonio del Real y otro con uno de los directores de Bienvenidos al Lolita, Fernando González. No tengo tiempo para hacer teatro ahora mismo, la verdad. Estoy por pedirle a una firma de relojes que me diseñe uno con días de 30 horas.