Hay artistas que traspasan y llegan al espectador. Es ese ‘algo’ que diferencia a alguien que pasa por el escenario sin pena ni gloria y quien lo hace desde el más absoluto disfrute con un encanto y una elegancia en la que poco importan lo diestro o no que sea en la materia que abordan y ese ‘algo’ lo tiene Jeff Goldblum, una de las mayores estrellas de Hollywood que cada mañana se ejercita al piano frente a su hijo. Probablemente, la frase apócrifa sobre Lola Flores (ni canta ni baila pero no se la pierdan), es algo parecido a lo que pasa con este intérprete que no pretende ser el mayor virtuoso del jazz, pero ni falta que le hace. Es simplemente ese «brillo de los ojos» y sí, vuelvo a Lola, que nos cautiva desde que pisa el escenario.
Anoche, nos regaló su carisma ‘mágico’ en una velada simplemente deliciosa en las Noches del Botánico que desde luego no olvidaré en mucho tiempo.
Tras el vibrante directo de Take me to the river que ya puso en pie al respetable en una tarde-noche especialmente agradable en medio de este sofocante calor, llegó el momento más esperado. Ni el dichoso fútbol pudo con el interés de los espectadores que esperaban con ansias a uno de los artistas más singulares y encantadores del panorama de la Meca del Cine. Es bien conocida su fama de darse a sus fans con una amabilidad a la que tan poco nos tienen acostumbrados los que se mueven en las élites hollywoodienses, como pasa con Bill Murray al que también disfrutamos el año pasado por España. Anoche lo dejó claro desde que salió al escenario -en pleno montaje y hasta dando indicaciones a su equipo tras las cuales soltó un «solo he venido a decir HELLO». A continuación, se puso a jugar a las películas con el público -¿Cuál es vuestra película favorita de Kubrich? preguntó entre otras cosas. Todo con la complicidad en la lejanía de «my friend Fernando Trueba, the best director in the world» desde la tribuna de VIPS. El cineasta le ha dirigido en El sueño del mono loco y ha colaborado de nuevo con él en Dispararon al pianista. También hubo muchas referencias a otro grande del cine con el que comparte pasión jazzística Woody Allen, aunque es cierto que el carisma de Golblum encima del escenario supera de largo al del genio detrás de La maldición del escorpión de Jade.

Metidos ya en harina, al artista principalmente lo vimos disfrutando tocando el piano a lo largo del concierto, pero de vez en cuando nos trajo sorpresitas con su voz. Sin duda, el momento más mágico a ritmo de bossa nova llegó con un exquisito Over the rainbow– sí, ‘El Mago de Oz’ de Wicked cantando el tema con el que empezó todo. Con un silencio sepulcral, el público vibró con uno de los momentos más emotivos de la noche. No fue el único guiño a Oz. De la mano de su cantante, una pedazo de artista que incluso protagoniza el musical & Juliet en Broadway, Khailah Johnson, nos regalaron un momento mágico, a ritmo de If I Only have a brain convirtiéndola en su particular Dorothy tras el camino de baldosas amarillas. Tras despedirse a ritmo de Cole Porter con Ev’ry Time We Say Goodbye, en una interpretación en la que demostró esa elegancia tan suya encima del escenario, hubo un bis y algún guiño muy especial. De repente sonaron los acordes de Parque Jurásico y como remate a una mágica noche Khailah mutó en Elphaba a ritmo de Defying Gravity. Al acabar, sobre el escenario, el artista firmó discos y hasta sombreros de paja a la gente y se hizo un buen número de selfies. En fin, un tipo del que dan ganas de hacerse amigo con esa filosofía vital tan positiva nada impostada. Gracias a la organización de Noches del Botánico por hacernos este regalo de noche mágica con la espléndida The Mildred Snitzer Orchestra. Sospecho que habrá unas cuantas más en este festival que creo que es lo mejor a nivel cultural del sofocante calor estival madrileño.
Nota a pie de página: El uso reiterado del adjetivo ‘mágico’ no es una reiteración innecesaria de la que siempre suelo huir, es solo el resumen de algunos de los momentos que nos regaló la noche.

