Las reseñas de Alberto Morate: «¡Ay, Carmela!». Las guerras no hay que olvidarlas.

Ni siquiera debió haber una pequeña crónica en los periódicos de la época, al fin y a la postre, la compañía “Carmela y Paulino, variedades a lo fino”, no existieron y la acción no ocurre en Belchite en marzo de 1938, pero podría haber sucedido y, posiblemente, así fuera y nos ha pasado desapercibida.

Para ello es necesario que un autor como José Sanchis Sinisterra la imagine y nos la cuente, y cree los personajes y, como consecuencia, sea tan real que ya nunca debamos olvidarla. Porque no, las guerras no hay que olvidarlas para que no haya que declararlas nunca más, en ningún sitio, en ningún país, bajo ningún concepto y por ninguna idea política, religiosa, económica o territorial.

Por eso es importante, también, revisitarlas con diferentes compañías e intérpretes, para que no se olvide y Carmela pueda regresar a visitar a Paulino, que se ha quedado solo, a la historia que siempre comienza, a la escena que se quedó vacía y sola con una única gramola.

Coral Ros, lanza su visión con la ternura necesaria, con la sensibilidad de aroma de otros tiempos que no son tan lejanos. Talla su dirección en madera buena. La de Nacho León y Laura Ginestar, que se duelen, que se compenetran, que se anteponen al artificio y resultan creíbles y fieramente humanos, aunque no existieran.

Como José Hierro dice en un verso suyo, “lo doloroso no es morir”, ni que te maten, lo que duele es que no valga para nada.

Y aquí sí hay fecundación, fuego encendido, héroes cotidianos, aunque se siga penando, y pensando que los artistas son solo monigotes para entretenernos, que se les puede manipular para hacer lo que otros quieren ver y oír y, mire usted, ¡no!, parece pensar Carmela, ¡Ay, Carmela! Pero nada pueden bombas, ¡Rumba la rumba la rum bam bam! donde sobra corazón, ¡Ay, Carmela, ay, Carmela!

Carmela no ha muerto por una causa justa. La han quitado de en medio porque era molesta, aunque fuera anónima, porque el odio no tiene reparos, porque esto es una guerra, ¡maldita!

El montaje está incluido en la programación como parte de la IX Muestra de Creación Escénica Surge Madrid en Otoño. Pero seguirá los jueves de octubre en el Teatro La Usina.

Consiguen que, estando a punto de llorar, nos riamos también, que no se apague el rescoldo de una hoguera que no debió encenderse, de unos disparos que no debieron hacerse, de un mal sueño que nos compete, de una verdad que no debe ocultarse por muchos años que pasen, aunque sea ficticia y nunca sucediese. Porque, realmente, ¿Quién sabe?

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Juanjo Rivero (SOM Produce): «Cada vez hay más público de musicales en España»

En una temporada frenética para el sector del teatro musical tras Gonzalo Pérez Pastor charlamos con Juanjo Rivero de SOM Produce sobre este momento álgido del género que llevará a su productora a estrenar en Madrid Matilda hace solo unos días y la semana que viene Mamma Mia!

Carlos Rivera: Matilda llega a escena mucho más tarde debido a la pandemia, ¿De qué manera os afectó este retraso?

Juanjo Rivero: Teníamos ya en marcha la formación del elenco infantil y tuvimos que cortarla de raíz. Cuando retomamos la formación casi un año después nos dimos cuenta de que ya no valían para el musical por la estatura. Tuvimos que empezar de 0 en este aspecto, además de temas contractuales por la licencia del musical y temas así.

C.R: El género vive mucho de la preventa que con la situación sanitaria prácticamente desapareció…

J.R: Tenemos ya una situación muy similar a la de 2019. Parece que ya ha pasado lo malo y hay que centrarse en el presente que parece positivo con la misma movilidad turística. Parece que el paréntesis pandémico ya lo hemos superado.

C.R: ¿Cuál es el mayor reto al que os habéis enfrentado con Matilda?

J.R: Cuando arrancamos Matilda no éramos conscientes de la complejidad y del volumen de producción que se nos venía encima. Pensábamos que estaría al nivel de Billy Elliot más o menos. El elenco infantil tiene un peso interpretativo, de canto y coreográfico increíbles.

C.R: ¿Cómo os enfrentáis desde SOM a la competencia feroz de esta temporada?

J.R: Eso es bueno, significa que hay demanda. Nos queremos diferenciar con una producción con una factura impecable, creemos que hay espectadores para todos.

C.R: Mamma Mía!, un título muy conocido por el público español, ¿Qué aporta vuestra producción?

J.R: Lo vas a decir tú cuando lo veas. Es tan diferente que es difícil expresarlo con palabras, es una puesta en escena completamente nueva.

C.R: Mirando hacia el futuro, ¿Veremos más proyectos con jóvenes intérpretes?

J.R: Tenemos ya las licencias para hacer más musicales que haremos públicos cuando se pueda hacer oficialmente. Además tenemos nuestra escuela así que sí, proyectos con artistas revelación seguirán llegando.

C.R: Con el buen sabor de boca que deja En tierra extraña, ¿Os planteáis nuevos musicales de creación?

J.R: Uno de los aspectos importantes es que hay disponibilidad limitada de los espacios escénicos. Tenemos proyectos de creación propia sobre la mesa, pero la cuestión es encontrar el momento y el espacio adecuados para sacarlos adelante.

C.R: Hablamos siempre de la dificultad de grandes espacios para musicales en Madrid…

J.R: Yo creo que el público madrileño y los turistas demandan una cierta cercanía con la propuesta. Un espacio sobredimensionado te lleva la experiencia a otro sitio. Jugar con aforos entre 1000 y 1500 personas juega a favor de la experiencia del espectador. Aunque suena contradictorio, los teatros de grandes aforos tienen que quedarse en ciudades más pequeñas. Así en poco tiempo se puede amortizar un musical en gira al haber aforos más grandes.

C.R: ¿Cómo has visto la evolución del público de musical en España?

J.R: Cada vez hay más público y más espectadores, pero evidentemente los títulos comerciales podrán estar más tiempo en cartel y los que son más para especialistas en el género pues no deja de ser un nicho concreto y puede estar x tiempo en cartel. Pasa también fuera de España, vas a Londres y están en temporada muy limitada ciertos títulos en los que además se suele poner -cosa que no se hace en España- primeras figuras del cine para atraer al público. Acostumbrar a ese tipo de musicales al público español lo hizo muy bien Mario Gas en su etapa en el Español con Follies, Sweeney Todd

C.R: La colaboración teatro público-privado en los musicales ocurre pocas veces. Solo se me viene a la cabeza ahora mismo precisamente En tierra extraña

J.R: Realmente no estoy ahí, por lo que hablo desde una opinión personal. Creo que dentro de todo quieren que el teatro público sea algo ‘rentable’. Si tú haces un gran musical hoy con 50 artistas, 30 técnicos, músicos… No es nada rentable, no le ven sentido a hacerlo.

Las reseñas de Alberto Morate: LO QUE TÚ NOS DEJAS. Por eso te escribo esto.

Alberto Morate se acercó al Teatro del Barrio a vibrar con Inma Cuevas con Lo que tú nos dejas. La intérprete además estrena en breve Lavar, marcar y enterrar el musical como adelantamos en un reciente post.

Creo que mis palabras, lanzadas al aire o escritas en una carta, te llegarán, de algún modo. No entraba en nuestros planes que ya no estuvieras. Y así lo pienso ahora, después del tiempo. Estás ahora y entre nosotros. En mis recuerdos. En el tiempo que se ha quedado detenido para mí, y aunque siga pasando, no importa. Vivo en un otoño perpetuo. Con las hojas de los árboles caídas por el suelo sin posibilidad de que vuelvan a crecer otras. Con las hojas de mis cartas que te escribo y te leo para que sepas de mí, de nosotros.

Fuiste auténtico, vibrabas con el canto de los pájaros y con los charcos de la lluvia. Sí, ahora soy yo la que llueve por dentro, tu madre. Pero mi anhelo es sentirte, real y cotidiano, a pesar de las circunstancias aciagas de tu partida. Los demás iremos cambiando, tú seguirás perpetuamente siendo el que eras, íntegro, sensible, nuestro.

En este monólogo, Inma Cuevas nos recita un poema, un canto de desolación y desasosiego cargado de ternura y nostalgia. Un estremecimiento en forma de palabras, de silencios, de voz quebrada, de pugna entre hundirse o subsistir en un recuerdo entre la soledad o salir adelante, con la conciencia de los sentimientos. No, no está loca por escribir cartas a su hijo, por lanzarlas al viento, de esa manera lucha y, de alguna forma, es capaz de afrontar tanto sufrimiento.

Basado en un texto de Alba R. Santos, la actriz se autodirige e interpreta con toda la sensibilidad demostrada en otros trabajos, que su canto es libre y necesario, terapéutico, sentido, en un vaivén de entre el pasado y lo que sucederá luego.

Lo que tú nos dejas es un texto herido del corazón, son los órganos de un chico joven que servirán para otros, es el amor sin pretenderlo. Palpita vivo este soliloquio, dulcemente triste, luz tenue de sentimientos que vadean noches, olvidos, silencios.

Amor y palabras, voz y escritura, poesía que no busca el éxito, que se aproxima a ti desde la emoción y resurge desde la sombras y la pesadumbre hasta encogerse el corazón, huérfana y errante que busca encontrarse en un sueño de irrealidad que conecte con lo que está viviendo.

No te olvidaré, hijo, por eso te escribo esto. Nos dejaste, pero sabemos que no estamos solos.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.