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Antonio Banderas y Emilio Aragón se unen en el proyecto musical Godspell. Una coproducción del Teatro del Soho CaixaBank y Estudio Caribe.
Antonio Banderas y Emilio Aragón trabajan ya en su primer proyecto juntos, Godspell, el aclamado musical de Broadway creado en 1970 por John Michael Tebelak, con Música y Letra de Stephen Schwartz.
Godspell es un musical desenfadado que celebra la vida y las enseñanzas de Jesús a través de parábolas y relatos del Evangelio de San Marcos, representados en una serie de sketches. La producción cuenta con una aplaudida partitura que estuvo nominada al Tony, compuesta por una gran variedad musical que va del rock, pop al góspel y con grandes canciones como “Day by Day”, “Turn Back, O Man” o “Save the People”, entre otras.
En torno a 1974 se llevó a cabo una versión de este musical protagonizado por Juan Ribó que se estrenó con gran éxito en España, ahora Godspell volverá a los escenarios, casi cincuenta años después, bajo la dirección de Emilio Aragón y será el nuevo espectáculo musical del Teatro del Soho CaixaBank en coproducción con Estudio Caribe. Su estreno está previsto en Málaga, en la próxima temporada del Teatro del Soho CaixaBank.
El mundialmente famoso Willy Wonka abrirá las puertas de su misteriosa fábrica en Espacio Ibercaja Delicias en Madrid a partir del 15 de septiembre.Edu Soto será el encargado de dar vida a este inolvidable personaje como ha avanzado la productora LETSGO hoy mismo.
El joven Charlie Bucket y otros cuatro ganadores del billete dorado, vivirán una experiencia que los cambiará para siempre. Guiados por los famosos trabajadores de la fábrica, los Oompa-Loompas, descubrirán el mundo imaginario de Wonka, en donde habrá cascadas de chocolate, ardillas locas, un gran elevador de cristal y muchas sorpresas.
Un musical basado en la increíble historia escrita por Roald Dahl.
¡Éxito mundial!
Charlie y la fábrica de chocolate, el musical, se estrenó por primera vez en el West End de Londres en 2013 rompiendo récords de taquilla hasta 2017. Después de varias temporadas exitosas, el musical llegó a Broadway en 2017 y giró por Estados Unidos en 2018; en 2019 inició su tour por Australia y hasta 2021, visitando Sydney, Melbourne, Brisbane y Perth. El musical se adaptó a otros idiomas y en 2019 se estrenó en Milán y Noruega; en 2021 llegó a Brasil, Francia y Dinamarca.
Marc Shaiman, compositor de las inolvidables El regreso de Mary Poppins y Hairspray, es el encargado de este dar magia musical a este gran espectáculo. Las letras las ha coescrito con Scott Whittman, también compañero de vida y de multitud de títulos del género.
¡Vive una experiencia musical única que podrás disfrutar en familia, con amigos o con quien quieras!
Ruy, Rodrigo Díaz, El de Vivar, El Cid, Sidi, El campeador, el buen vasallo, el que en buena hora ciñó espada, el de los mil nombres, el de los mil rostros, ya que cada uno se imagina al Cid de una manera. Y quien mejor nos pueden contar su historia son los habitantes de Vivar, los morocisleños, aquellos contemporáneos del Cid, los sin nombre.
Esta es la historia del Cid contada a través de sus hermanos, de los que desde que nació hasta que murió no se separaron de su Señor a través de la interpretación de Antonio Campos, acompañado con la música de La Musgaña, imprescindibles, con más de treinta y cinco años de folk Ibérico respetando la tradición y cultura heredadas de nuestros antepasados.
El Cid Campeador, tiene un magnetismo qué seduce, que te atrapa y si no fuera así no hablaríamos de la cantidad de cides que se han versionado desde que murió hasta hoy. Pocos personajes históricos han ge nerado tantas y tan dispares opiniones en el mundo, el guerrero que más esculturas tiene a lo largo y ancho del planeta, un personaje de tal envergadura que ha sido analizado y estudiado, relatado y comprendido desde diferentes ángulos, ideologías, etapas y que a lo largo de mil años se lo han apropiado diferentes dirigentes, poderes o políticos como campaña, eslogan o ideal.
Intelectuales de toda índole se han arrojado unos a otros las veracidades del mito y los estudios históricos, se le ha versionado y añadido tantas historias y etapas de su vida que el verdadero Rodrigo ha quedado sepultado en multitud de capas de tal manera que ya no sabemos quién fue en realidad.
Nosotros tampoco es que queramos llegar a la verdad absoluta, pero si sacar la esencia de Rodrigo Díaz a través del teatro, ya que este medio exige exprimir cualquier historia hasta la última gota para llegar a lo esencialmente dramático y la única mano que puede estrujar dicha historia es el director de CID.
Este director llega al teatro para trasladar el tono a los actores, el cuerpo de baile, los músicos, los cantantes y los extras que participaran en el montaje. Para ello ira desgranando cada escena y representando los cuadros más importantes del cantar que un juglar anónimo escribió cien años después de la muerte del Cid.
En esta explicación vamos viendo como el director se va perdiendo en su propia pasión, esa pasión que quiere trasladar a los interpretes para que una vez puesta en pie la obra transmitan que son algo más que una compañía esporádica de teatro.
Ensalza la vida del Cid, un hombre que se hizo así mismo, sin ayuda de nadie, en un mundo hostil donde la guerra era el pan de cada día y las fronteras la delgada línea donde se movía junto a un ejército de mercenarios, entre moros y cristianos, que consiguió seducir lo suficiente hasta crear un bloque homogéneo que seguían a su caballero hasta los confines de la tierra, conquistando palmo a palmo para seguir sobreviviendo.
Este entusiasmo por el personaje le revela que el teatro tiene las mismas sombras y luces que aquella historia y época. Este director sirve a su amo y señor, el teatro, por mucho que este lo desprecie o lo destierre, porque una sola caricia de este oficio, un patio de butacas casi lleno bastará para seguir sirviéndolo, porque el tea tro es como una especie de opio que se va fumando poco a poco y no se puede dejar a lo largo de la vida, el teatro te da y el te quita como al Cid su Rey le daba y le quitaba . Porque una conquista no se hace con una sola persona si no que se realiza con un equipo, como en el teatro, donde es importante desde la primera sastra hasta el último actor como si fueran una familia, algo que hoy día es imposible ya que todos somos mercenarios que tenemos que sobrevivir en el montaje donde mas paguen o el que más bolos haga.
Porque abrirse camino por aquellas fronteras e ir conquistando territorios es la misma andanza que una compañía tiene que realizar para que la contraten en una comunidad que no es la suya, taifas o reinos infranqueables que se tienen que asediar y crear estrategias para poder entrar en un teatro y demostrar al público y al gestor que ejerce como taifas, que ese espacio le pertenece, que tu arte es digno ya que ha conquistado a un público que a llegado a la catarsis y que se a estremecido en su butaca y ahora reclamarama dicha compañía.
Porque encontrar actores y actrices que sean lo suficientemente generosos como para entregarse al teatro, a su voz, a sus gestos y al time de las tablas que son sus verdaderas armas sin pensar en una alfombra roja o el falso glamur, es tan difícil como encontrar un soldado fronterizo que sea fiel a un solo señor.
Al fin y al cabo, este director hace de su Cid un referente, un concepto teatral para entender el oficio haciendo una crítica mordaz a la situación de crisis eterna que tiene este oficio donde los que no están en la corte estatal de un Centro Dramático Nacional se tienen que mover a través de los bolos, esa línea delgada fronteriza entre sobrevivir o morir en el intento. Una reflexión desde la butaca sobre el trabajo teatral para entenderlo como un alimento espiritual tan indispensable como el material, un teatro que además de divertir invita a la reflexión, una propuesta donde el teatro está dentro del propio teatro
Hay personas a las que el éxito les hace cambiar. Y también el fracaso. O que quieren vivir otras vidas de repente y, lo que es peor, sin preocuparse del daño que van dejando a su paso. Dejan, no solo de habitar las casas, sino las almas, los cuerpos y los sentimientos de quien compartió con ellos los esfuerzos y proyectos.
No surge de repente el fogonazo. Se va fraguando despacio, lo que ocurre de repente es la decisión que se toma, acordonando fatigas, tristezas, silencios, olvidos, oscuridades que no quieren que el tiempo abra, porque eso nunca se ha olvidado.
No solo se arrastran maletas en un cambio drástico de relaciones. Se condiciona la risa, la forma de ver el panorama, el suelo se convierte en fango. Hay seres que piensan solo en ellos, pero van acumulando restos de naufragios. Puede que se estremezcan de vez en cuando, pero no deja de ser un fraude, escaparate de lo que quieren mostrar, mas son solo adornos sin valor humano.
En La profesora de literatura, adaptación al teatro en español de la novela de la austríaca Judith W. Taschler, con dirección del argentino-alemán Marcelo Díaz, hay todo lo mencionado anteriormente, y literatura. Literatura real y ficticia, inventada y vivida, sin poder saber dónde empieza una y dónde acaba otra, los personajes mezclados en ellas, después de tantos años, siguiendo un relato basado en hechos reales, quizás, que hicieron mucho daño.
David Aramburu y Patricia Gorlino son los protagonistas de este periplo a través de los años. Siguen los pasos de la seducción de nuevo, después de bastantes años. Pero se conocían de antes, demasiado bien, o quizás, no tanto. El triunfador que coronó el éxito gracias a ella, la profesora de literatura que escribe en la sombra sus padecimientos y, puede ser, también, su venganza. Nos van contando cómo se distanciaron, cómo se reencuentran, cómo fue lo que pudo haber sido y como solventan su desvinculado pasado.
Cada uno tiene sus justificaciones, cada uno trata de compensarlo, y cada uno leerá su relato a su manera, según le convenga, para que la narración tenga el suficiente suspense, la tensión necesaria, la literatura adecuada al lector que los está escuchando, ellos mismos, nosotros, los fantasmas de ese pasado.
Con una interpretación justa y medida, contenida, comprometida y atrayente, sin más armas que el texto, y la voz, y el buen hacer, la expresión, la rehumanización de personajes que ya estaban gastados. Con miedo a comprometerse de nuevo, comprometidos con el público, empuñarán la pistola de los sentimientos, y dispararán sin remedio, dando de lleno en el corazón de ambos.
Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.
Siglo XVI. Nace un cómico que será el ancestro de todos nuestros grandes actores de ahora y de los que vendrán luego. Un representante anónimo al que hoy llamaríamos secundario, de reparto, de elenco. De eso se nutre nuestra mejor cantera de actrices y actores en todos los tiempos. Es verdad que sobresalen unos cuantos. Que algunos llegan a Hollywood, que otros están en todos los montajes, espectáculos, series y demás eventos, que solo unos pocos llegan a elegir lo que quieren interpretar, mientras el gran grueso de los intérpretes de nuestro país sobreviven entre trabajo y trabajo, esperando una llamada, un proyecto nuevo, que se cuente con ellos para algo efectivo y duradero. Esa es la gran industria de nuestro cine, nuestro teatro, nuestras series, nuestros programas de radio, nuestros doblajes, nuestros pequeños monólogos representados en salas de barrio que hacen grande el teatro obrero. Porque estos cómicos lo son. Obreros. Los que no tienen nombre, los que les suena a la gente, los auténticos creadores para que un espectáculo sea perfecto.
Dani Llull nos lo trae en La Rueda: La vida de un cómico. Nos plantea un pleito, nos sitúa en situación, nos lo pone fácil, nos lo creemos. Pausadamente en algunos momentos, en otros con ritmo frenético, nos habla del Renacimiento, de las puertas del teatro posterior, el Barroco, el del siglo de oro, nos cuenta de emperadores y leguleyos, de afamados ya como poetas, como teatreros, como buenas gentes que se quieren ganar un sueldo haciendo creer y creando, saliendo por esos caminos que no sé si son de dios, porque siempre están llenos de barro y polvo, porque les crujen los huesos en las carretas que los transportan, porque están al amparo de un noble venido a menos.
En un alarde de bululú inmenso, Dani Llull se acompaña de una partenaire que le pone poesía a su monólogo, que le pone música y lo hace etéreo. Es Marina Barba con su chelo, con su elegancia en los gestos, con la ternura de un sueño, con la personificación de un hecho que nos cuenta Alonso de Alameda trasmutado desde aquel entonces hasta nuestro mundo nuestro.
Palabras y movimiento, fingimiento verdadero, el hambre de entonces, la situación de ahora, dios uno y trino, siempre el misterio.
Acudimos predispuestos, quien viene al teatro viene sabiendo que viene a un engaño, pero no es el caso de este actor grande aunque sea pequeño. (Perdón por el guiño, Dani, pero me lo has puesto a huevo). Nos sentamos y ya tenemos la sonrisa en la cara, aunque con estas máscaras que no son de la comedia del arte, sino de la comedia del bicho sempiterno, y el actor, el cómico, el representante, nos ofrece corazón a raudales, ternura, historia, emoción, para que comamos de la cultura del teatro en el día del teatro y todos los días que vengan luego.
Somos actores y espectadores que pagamos dinero y queremos la recompensa a tanto esfuerzo. Aunque aún no haya quien entienda que el arte también es necesario para no volvernos locos en estos convulsos tiempos.
Siglo XVI y siglo XXI, ¡qué poco avanzamos en ciertos aspectos! Por eso, son necesarios estos trabajos de cómicos arriesgados y con un gran oficio en su acervo. Por favor, no dejen de verlo.
Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.
Cita de familia. Dos hermanas bien avenidas, dos cuñados felices, aparentemente. El cuñado perfecto, el que todo lo sabe, el cuñadísimo; y el renegón, el aquejado, el de los mosqueos. Pero, eso sí, tremendamente educados, respetuosos, unidos, aunque estén resquebrajados. Uno triunfador, otro sin trabajo. Pero precisamente quien reniega es el del éxito. Algo está fallando. Todo no puede ser tan perfecto, se dice Tristán, todo no puede ser tan malo, se dice Félix, hasta en el nombre van acompasados. Y ellas, cómplices, pero transparentes, una afectada por la actitud del primero, la otra callada para no molestar al héroe del momento. De todos los buenos momentos.
Familia fantástica de iluminadas relaciones. Todos tocan el piano. Todos abren su alma al público. Todos son pacientes (y medianamente sinceros).
Javier Gomá nos pone a estas dos parejas en la tesitura de si es bueno ser bueno siempre, o nos perjudica por derecho. Personas anónimas en sus desastres, silenciosas en sus monotonías, alegres en sus progresos.
Pero que el buen humor no falte, ya sea el mal el que impere, ya sea el bien el que está primero. Sonreír ante todo. La sonrisa es signo de inteligencia, y de sentimientos. De ilusión, de nuevos comienzos. Así nos la trae el autor y, su director, Juan Carlos Rubio, siguiendo sus propias directrices, comedia dulce de luces encendidas, de humanos y no de monstruos, de palabras tiernas, de situaciones no comprometidas, de suavidad en el entorno.
Los intérpretes bien situados en el colectivo familiar. Fernando Cayo convergiendo en cierto pesimismo sin perder el humor, arrostrando el peso de quien pone el punto sobre las íes, del que no lo ve todo tan bello. Ernesto Arias, el hombre bueno, el que abre ventanas y es fraterno, el que ampara, el que no presume, el que, a la larga, es El Peligro de las Buenas Compañías, porque siempre lo ponen como ejemplo. Carmen Conesa, gritando sin alzar la voz que quiere su autonomía, su libertad, el derecho a decidir qué es lo que quiero. Y Miriam Montilla, la abnegada y melancólica mujer a la que le viene el sollozo por dentro, que no pierde la sonrisa, que a todo le pone atención sin misterios.
Pueden abrirse ciertas grietas en las relaciones, cuídense de que todo sea modélico. Pero no desconfíen de quien les quiere, porque siempre serán humanos buenos.
Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.
“Conquistadores”, una co-producción de Proyecto Cultura y la Junta de Extremadura que desmitifica la conquista de América a través del teatro del absurdo ha sido seleccionada como candidata a mejor espectáculo revelación y mejor autor revelación en los Max. Tras pasar por el Teatro Villa de Móstoles el 18 de febrero, el día 26 de marzo estarán en el Teatro Francisco Rabal de Pinto y el 14 de mayo en el Centro Cultural Pilar Miró de Madrid.
Estrenado en abril de 2021 en el Gran Teatro de Cáceres, se ha representado en la Feria de Teatro de Castilla y León en Ciudad Rodrigo, el Festival de Teatro Clásico Castillo de Peñíscola o en la Feria de Artes Escénicas y Musicales de Castilla-La Mancha entre otros muchos lugares, y llegan ahora a nuestra comunidad con el apoyo de la Red de Teatros de Madrid. Tendremos oportunidad de verlo hasta en tres ocasiones durante el primer semestre del año. Tras pasar por el Teatro Villa de Móstoles el 18 de febrero, el día 26 de marzo estarán en el Teatro Francisco Rabal de Pinto y el 14 de mayo en el Centro Cultural Pilar Miró de Madrid.El punto de partida de este espectáculo son tres conquistadores extremeños anónimos que forman parte de una tripulación embarcada a América -entonces tierra desconocida-. La obra alterna las peripecias de éstos con la recreación humorística de acontecimientos históricos vividos por personajes como los Reyes Católicos, Colón, Vasco Núñez de Balboa, Malinche, Hernán Cortés, Inés Suárez, Francisco Pizarro o Pedro de Valdivia, entre otros.La obra, dicen sus responsables, se ríe de los mitos y las miserias de aquella época.Con cerca de cuarenta funciones en 10 meses, “Conquistadores” ha sido seleccionado como espectáculo ‘Recomendado’ por la Red de Teatros del País Vasco, incluido en el Circuito de Artes Escénica de la Comunidad Valenciana, y forma parte del catálogo la Red de Teatros de Andalucía. Dirigida por Pedro Luis López Bellot a partir de un texto de J.P. Cañamero tres actores -Chema Pizarro, Amelia David y Francis J. Quirós- asumen los distintos personajes envueltos en un espacio sonoro creado por Álvaro Rodríguez Barroso.
La aclamada producción de Antonio Banderas disponible ya en Craft Recordings / Concord Theatricals
El álbum incluye la canción adicional exclusiva “What I did for love” en español, cantada por Antonio Banderas, Laura Benanti (Ganadora del Premio Tony) y la compañía del Teatro del Soho CaixaBank
El álbum incluye la canción adicional exclusiva “What I Did For Love” con Laura Benanti, ganadora del Premio Tony, quien protagonizó en 2003 junto a Banderas la reposición del musical Nine que se hizo en Broadway. Benanti la interpreta junto a Antonio Banderas y la compañía del Teatro del Soho CaixaBank, acompañados por la Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM) y bajo la batuta de Arturo Díez-Boscovich, responsable de los arreglos y la orquestación de esta versión. Desde hoy está disponible un nuevo video musical con la actuación “What I Did For Love” y ya lo puedes disfrutar.
Banderas produjo y codirigió el musical con Baayork Lee e interpretó el papel de Zach en A Chorus Line, que se estrenó en el Teatro del Soho CaixaBank en Málaga, España en 2019. Ahora se está representando en el Teatro Calderón de Madrid hasta el 17 de abril y en el Teatro Tívoli de Barcelona estará desde el 23 de abril hasta el 29 de mayo. La producción fue finalista en la categoría de mejor espectáculo musical en los Premios Max de las Artes Escénicas 2020. Hablamos con Antonio Banderas en la presentación del musical en Madrid.
Banderas comentó: “Los últimos dos años nos han dado una apreciación de las artes más profunda. A Chorus Line celebra la perseverancia de los artistas y la alegría que nos brinda esta forma de arte tan querida. Estoy muy contento de que por fin podamos compartir la música de esta producción con todo el mundo. Es muy significativo tener esta oportunidad de salir con la primera grabación completamente en español de A Chorus Line y espero que todos puedan apreciarla.”
«Estamos muy contentos de presentar este maravilloso álbum de la producción de Antonio”, dijo Sean Patrick Flahaven, el Director Ejecutivo de Obras Teatrales de la empresa Concord. “Escuchar esta icónica música en español con intérpretes tan excelentes y una orquesta sustancial nos recuerda el poder que tiene el teatro musical en su capacidad de trascender barreras”.
Los intérpretes que participan en el álbum de ACL España son Antonio Banderas (y por orden alfabético) Angie Alcázar, Kristina Alonso, Albert Bolea, Anna Coll, Daniel Délyon, Alberto Escobar, Roberto Facchin, Diana Girbau, Cassandra Hlong, Aaron Cobos, Fran Moreno, Beatriz Mur, Ivo Pareja-Obregón, Pablo Puyol, Estibalitz Ruiz, Fran Del Pino, Lorena Santiago, Sarah Schielke, Miguel Ángel Belotto, Juan José Marco, Fernando Mariano, Graciela Monterde, Lucrecia Petraglia, Zuhaitz San Buenaventura, Aida Sánchez, Lucía Castro, Marcela Nava, Pol Galcerá, Luis Ochoa y Elena Rueda. La producción española de A Chorus Line incluye música de Marvin Hamlisch, letra de Edward Kleban y libreto de James Kirkwood y Nicholas Dante, cuenta con la dirección musical es de Arturo Díez-Boscovich, la traducción de la letra al español es de Roser Batalla, y la traducción del texto al español es de Ignacio García May. La orquestación es de Jonathan Tunick, Bill Byers y Hershy Kay. A Chorus Line fue concebido, originalmente dirigido y coreografiado por Michael Bennett.
El álbum ha sido producido por Antonio Banderas y Teatro del Soho CaixaBank, con producción ejecutiva de Marc Montserrat-Drukker. El montaje y la mezcla de sonido fueron realizados por David Ruiz, Daniel Pineda y Francisco Oliva, y masterizado por Oscar Zambrano.
Epílogo. Cuando todo ha terminado, parece que todo puede volver a comenzar. La amenaza de un atento terrorista. El miedo antes del miedo. La sospecha. Las imágenes grabadas en la mente, en la televisión, en los móviles, en internet,… demasiado escabroso. Aviones que vuelan bajo una lluvia de grisáceo sentimiento que no nos deja ver la ciudad a la que nos aproximamos. O ese paseo con grandes piedras para que no se cuele una furgoneta y arramble con todo ser humano viviente. O un estallido en un restaurante, no por una olla exprés, sino por una bomba que se activa a distancia.
Parece que vamos asumiendo este tipo de contratiempos aciagos, aunque sea difícil normalizarlos. Jamás se podrá normalizar una situación como las anteriormente descritas. Ni una guerra que es una invasión, ni una avioneta estrellándose contra un rascacielos, ni un tren saltando por los aires. Por mucho que nos digan en inglés, en francés, en castellano, que “en caso de despresurización, tiren de la mascarilla, colóquensela y respiren con normalidad”. No se puede respirar con normalidad cuando se grita, cuando se llora, cuando se queda uno sordo por la detonación, cuando se ha perdido la vida.
Julio Provencio escribe, dirige e interpreta este texto que nos pone en antecedentes de los miedos personales, de ciertas fobias, de desconfianza en el que viaja al lado, de los colectivos de transporte donde nos conducen como ganado por donde las autoridades pertinentes nos indican.
Le ayuda en la dirección Josete Corral, porque cuatro mentes ven más que dos. Y aún ven más los que asistimos, como viajeros, a ese vuelo de intriga que nos hace sospechar hasta de los mensajes en inglés, de los que no levantan la vista de su teléfono, de los que no abren los ojos disimulando que están durmiendo, de los que leen el periódico, de los que hablan mucho y de los que están en silencio, de los que leen poesía y de los que hacen teatro.
¡Por Dios!, hacer teatro con lo que nos está ocurriendo. Todos terroristas por pensar de más, por crear ficción de la realidad, por contarnos la actualidad como si estuvieran fingiendo. ¿Dónde se ha visto tamaña desvergüenza? Sí, …and breathe normally (…y respiren con normalidad) trata sobre todo eso, sobre la angustia de los tiempos que estamos viviendo, París, Bruselas, Niza, Nueva York, Madrid, atentados que se sufrieron y que fueron “detonantes para este espectáculo”, (literal transcribo de la sinopsis de la compañía), pero en realidad habla de detonadores, de no principios, de miedos, de desconfianza, de locura, de fanatismo,… y que, por favor, no todo vuelva a empezar, que termine de una vez esta sinrazón, al tiempo que acaba nuestro vuelo, que el lenguaje sea una sonrisa, no un desprecio, que no haya guerras santas, que no haya bombas, que no haya trampas, que nos dejen respirar con normalidad hasta que dejemos de hacerlo, porque no haya más remedio, no porque nos lo impidan los demás.
Mientras, respiren con normalidad, pero que sea dicho, y hecho.
Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.
Lorca ya para siempre joven. A pesar del espanto que produce imaginar su muerte, su fusilamiento. Pero el poeta sobrevivió y está con nosotros. Emocionando nuestros sentidos, con sus personajes y sus versos, con sus palabras y dibujos, con su música y su teatro, con todos los que lo queremos.
Nos vamos a dar un paseo con Lorca, A vueltas con Lorca, y se viene (o nos lo trae) Carmelo Gómez, con su maleta de bululú, con camiseta a rayas de titiritero, con su sombrero de acento circunflejo para brindar por el futuro con esperanza. Y no viene solo, que se trae un piano (Lorca era un gran pianista) y a Mikhail Studyonov, que es ucraniano (¿o se dice ucranio?) y estamos con él, y solo la poesía y la música nos salva. Bueno, y el teatro.
Es lo que vemos, teatro, poesía, oímos música, recuerdos, y un entrelazado entre Federico García Lorca y otros poetas altamente vanagloriados. Machado, Lope de Vega, Cervantes,… todos pululan por el escenario. En la voz y en el cuerpo de Carmelo Gómez, que da vueltas y vueltas, que lo hace con desparpajo, simpático, cambiando tonos, saltando de uno a otro, haciéndolo fresco, rico en matices, siguiendo los pasos de Lorca, pero a saltos.
La dirección es de Emi Ekai que lo deja hacer pero, cómplice también en el texto, le marca para que no sea excesivo y se produzca un espectáculo que no es un monólogo, sino un recorrido, una fiesta sin globos, como cuando un niño le enseña a otro su habitación llena de trastos y juguetes, y los dos, ilusionados, van inventando historias, imaginando, haciendo personajes, imitando, que eso es la catarsis, sentirse identificados, volver a las circunstancias, ser comedia y ser drama, arrebatarse ante lo que la mente va creando.
Es un acto de vindicación, de recuerdo, de juventud, de vida, de simbiosis,… es el cuarto de la Residencia de Estudiantes donde Lorca invita a sus amigos (en este caso Carmelo a los espectadores) a imaginar, a encender la luz, a dar vueltas por el jardín sorprendiendo a los desprevenidos, a bailar un vals, a recitar poemas, a inventar escenas, a constatar que Federico ha salido de sus horas oscuras, para llegar al amanecer donde, por muchos disparos que suenen, no conseguirán su objetivo de darle muerte.
“¡Ay, ay, ay, ay! Toma este vals, este vals, este vals, del te quiero siempre” y ven a oírlo y revivirlo con las ganas de un ilusionado adolescente.
Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.
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Un profesor que utiliza las canciones de los Beatles para enseñar inglés en la España de 1966, se entera de que John Lennon está en Almería rodando una película. Decidido a conocerle, emprende el camino y en su ruta recoge a un chico de 16 años que se ha fugado de casa y a una joven de 21 que aparenta estar también escapando de algo. Entre los tres nacerá una amistad inolvidable.