El Teatro Circo de Albacete acoge el estreno nacional de CID el 7 de abril a las 20h

Ruy, Rodrigo Díaz, El de Vivar, El Cid, Sidi, El campeador, el buen vasallo, el que en buena hora ciñó espada, el de los mil nombres, el de los mil rostros, ya que cada uno se imagina al Cid de una manera. Y quien mejor nos pueden contar su historia son los habitantes de Vivar, los morocisleños, aquellos contemporáneos del Cid, los sin nombre.

Esta es la historia del Cid contada a través de sus hermanos, de los que desde que nació hasta que murió no se separaron de su Señor a través de la interpretación de Antonio Campos, acompañado con la música de La Musgaña, imprescindibles, con más de treinta y cinco años de folk Ibérico respetando la tradición y cultura heredadas de nuestros antepasados.

Antonio Campos ha avanzado en BEKULTURA los primeros detalles de este proyecto.


El Cid Campeador, tiene un magnetismo qué seduce, que te atrapa y si no fuera así no hablaríamos de la cantidad de cides que se han versionado desde que murió hasta hoy. Pocos personajes históricos han ge nerado tantas y tan dispares opiniones en el mundo, el guerrero que más esculturas tiene a lo largo y ancho del planeta, un personaje de tal envergadura que ha sido analizado y estudiado, relatado y comprendido desde diferentes ángulos, ideologías, etapas y que a lo largo de mil años se lo han apropiado diferentes dirigentes, poderes o políticos como campaña, eslogan o ideal.

Intelectuales de toda índole se han arrojado unos a otros las veracidades del mito y los estudios históricos, se le ha versionado y añadido tantas historias y etapas de su vida que el verdadero Rodrigo ha quedado sepultado en multitud de capas de tal manera que ya no sabemos quién fue en realidad.

Nosotros tampoco es que queramos llegar a la verdad absoluta, pero si sacar la esencia de Rodrigo Díaz a través del teatro, ya que este medio exige exprimir cualquier historia hasta la última gota para llegar a lo esencialmente dramático y la única mano que puede estrujar dicha historia es el director de CID.

Este director llega al teatro para trasladar el tono a los actores, el cuerpo de baile, los músicos, los cantantes y los extras que participaran en el montaje. Para ello ira desgranando cada escena y representando los cuadros más importantes del cantar que un juglar anónimo escribió cien años después de la muerte del Cid.

En esta explicación vamos viendo como el director se va perdiendo en su propia pasión, esa pasión que quiere trasladar a los interpretes para que una vez puesta en pie la obra transmitan que son algo más que una compañía esporádica de teatro.

Ensalza la vida del Cid, un hombre que se hizo así mismo, sin ayuda de nadie, en un mundo hostil donde la guerra era el pan de cada día y las fronteras la delgada línea donde se movía junto a un ejército de mercenarios, entre moros y cristianos, que consiguió seducir lo suficiente hasta crear un bloque homogéneo que seguían a su caballero hasta los confines de la tierra, conquistando palmo a palmo para seguir sobreviviendo.

Este entusiasmo por el personaje le revela que el teatro tiene las mismas sombras y luces que aquella historia y época. Este director sirve a su amo y señor, el teatro, por mucho que este lo desprecie o lo destierre, porque una sola caricia de este oficio, un patio de butacas casi lleno bastará para seguir sirviéndolo, porque el tea tro es como una especie de opio que se va fumando poco a poco y no se puede dejar a lo largo de la vida, el teatro te da y el te quita como al Cid su Rey le daba y le quitaba
.
Porque una conquista no se hace con una sola persona si no que se realiza con un equipo, como en el teatro, donde es importante desde la primera sastra hasta el último actor como si fueran una familia, algo que hoy día es imposible ya que todos somos mercenarios que tenemos que sobrevivir en el montaje donde mas paguen o el que más bolos haga.

Porque abrirse camino por aquellas fronteras e ir conquistando territorios es la misma andanza que una compañía tiene que realizar para que la contraten en una comunidad que no es la suya, taifas o reinos infranqueables que se tienen que asediar y crear estrategias para poder entrar en un teatro y demostrar al público y al gestor que ejerce como taifas, que ese espacio le pertenece, que tu arte es digno ya que ha conquistado a un público que a llegado a la catarsis y que se a estremecido en su butaca y ahora reclamarama dicha compañía.

Porque encontrar actores y actrices que sean lo suficientemente generosos como para entregarse al teatro, a su voz, a sus gestos y al time de las tablas que son sus verdaderas armas sin pensar en una alfombra roja o el falso glamur, es tan difícil como encontrar un soldado fronterizo que sea fiel a un solo señor.

Al fin y al cabo, este director hace de su Cid un referente, un concepto teatral para entender el oficio haciendo una crítica mordaz a la situación de crisis eterna que tiene este oficio donde los que no están en la corte estatal de un Centro Dramático Nacional se tienen que mover a través de los bolos, esa línea delgada fronteriza entre sobrevivir o morir en el intento. Una reflexión desde la butaca sobre el trabajo teatral para entenderlo como un alimento espiritual tan indispensable como el material, un teatro que además de divertir invita a la reflexión, una propuesta donde el teatro está dentro del propio teatro

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