Las reseñas de Alberto Morate: EL GOLEM, palabra ficción

Nadie puede negar que la palabra es, eminentemente, social. Después puede producir otra serie de efectos, positivos y negativos o neutros, aclarar o ser un simple hecho convencional de la expresión.

La palabra es el arma de los poetas. Pero también de los oradores, de los políticos, de los seglares, de los abogados, de los actores,… Hay quien se la toma en serio, palabra de honor, y hay quien la carga de significados: peyorativos, atacantes, condescendientes, interesados, o solo literarios.

Palabras técnicas y palabras vulgares. Palabras de andar por casa y palabras que quedan grabadas en la moralidad de las gentes.

El poder de la palabra es inmenso. Y, a veces, no sirve para nada. Así es, está llena de contradicciones.

Juan Mayorga en El Golem, somete a la palabra a un experimento. La convierte en un producto científico. En una ciencia ficción alejada del romanticismo de las letras de las canciones y baladas, de los sonetos y los relatos,… le quita alma para personificarla y que resulte imprescindible, irreversible, que influya en nuestro cuerpo y en nuestras decisiones. Solo no hay palabras en los sueños, porque, al final, puede que se hagan reales. Cuando se cuenta, cuando se expresa, cuando hay una audiencia que escucha, cuando deja de ser una broma y es la causa de los cambios que se producen en la sociedad, en las masas, en las convenciones, en la estrategia de realización de hechos fundamentales.

Alfredo Sanzol, que lo dirige, nos la presenta con la estética de un futuro intrigante. Ambiente en grises, sin adornos, laboratorio de conformación de seres humanos.

Palabra sobre palabra ante hechos consumados de avances tecnológicos. Deshumanización del arte, elipsis de la expresión, funciones del lenguaje, información velada, matemáticos en creación alienante, un ser humano que se convierte en Dios porque nadie ve ni nadie sabe quién es, al fin y al cabo.

El Golem es un ídolo de barro cuya materia prima es la voz, la palabra, la escritura, el lenguaje. Se crea el golem para defendernos de nosotros mismos. Y la palabra se hizo carne y habitó en nuestros cuerpos para irnos carcomiendo poco a poco. Es nuestra defensora y nuestro atacante. Es sabiduría, pero no santidad. El golem de la palabra es fuerte, pero no es piadoso. Porque el Golem no tiene la capacidad de hablar.

Elena González, Elías González y Vicky Luengo cargan de realismo unos personajes estilográficos, les dan energía nuclear o científica, o autómata, venidos al caso.

La palabra-(ciencia)-ficción está dispuesta ahora a hacerse teatro, a ajustarse al sistema de un futuro, quizás, no tan lejano.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Gabriel Porras nos descubre un poco más del actor total: Luis Varela

Uno siente cuando navega por las páginas de Luis Varela. Actor total la sensación de hacer un viaje a otro tiempo que sin embargo se extiende por la versatilidad del intérprete hasta la actualidad. Gabriel Porras charla con el otrora Luisito Varela y recupera incluso trabajos que apesar de la prolífica memoria del eterno Espasa de La del manojo de rosas se habían perdido en sus recuerdos.

Esta espléndida publicación de Shangrila tiene su punto fuerte en el repaso de esos trabajos menos conocidos de este actor que ha seguido cabalgando al ritmo de los tiempos. Tal es así que su cara es reconocida por abuelos, padres e hijos. Los más veteranos recordarán algún trabajo infantil como Luisito- trabajó nada menos que en la inolvidable Los jueves, milagro de Berlanga por ejemplo- sin olvidar sus muchísimos trabajos en la primigenia televisión española- como Escala en HI-FI-, la zarzuela y la revista y más recientemente en las cadenas privadas de televisión con Cámera Café. Así se refería en nuestra entrevista a este hecho: «A mí me conocía la gente de mi generación por mis trabajos en los Estudio 1, pero la gente joven no me conocíaCon Crimen Ferpecto, los más jóvenes empezaron a conocer mi trabajo. Fue un placer trabajar con Álex de la Iglesia y a continuación lo encadené con Cámera Café, un espacio televisivo ya mítico. Todo ello me hizo estar de vuelta en la actualidad mediática, por así decirlo».

Tal es la asociación del público con esta serie que cuando apareció la primera imagen de la adaptación cinematográfica sin él, las redes se echaron encima del equipo, aunque parece ser que aún estando retirado podremos ver a Varela en un pequeño cameo -veremos la película en un pase de prena el próximo jueves y os lo podremos contar de primera mano.

Uno de los mayores goces para el espectador/lector de esta vida intensa en todos los campos de la actuación -ojo a sus maravillosos trabajos en doblaje que se extienden durante toda su carrera como los recientes que ha hecho para Disney en UP y El regreso de Mary Poppins donde dobló al inolvidable Dick Van Dyke que nos sigue emocionando a sus 96 años– es cómo el intérprete nos cuenta en primera persona las vivencias con otros de los más recordados por el gran público. Dedica un lugar privilegiado para Paco Martínez-Soria: «Para mí fue un maestro de la comedia y un hombre a quien debo agradecer la deferencia que siempre tuvo para conmigo». Lo volvería a recalcar hace solo unas semanas en su participación en el programa Cine de Barrio de la mano de Alaska. La figura del cómico de Tarazona -donde tiene su propio Festival dirigido por Raúl García Medrano– ha sido reivindicada en un libro de memorias y documental al que ahora se suma una nueva publicación Aplausos y mutis, que solo se puede adquirir online. Precisamente Luis Varela recibió muy justamente el premio del festival que lleva el nombre de Don Paco: Una reproducción de sus gafas que recibió con mucha emoción.

Tampoco falta espacio para la faceta quizás más desconocida de Varela, al menos para las jóvenes generaciones. No solo interpretó en televisión y en teatro zarzuela o revista, también grabó sus propios EPS como podemos ver también en el apartado gráfico de estas memoria que además de trabajos en cine, teatro o televisión nos regalan documentos de gran interés como su tarjeta de identidad del Real Conservatorio de Música.

Las reseñas de Alberto Morate: «Thom Pain (Basado en nada), santo varón»

No me gusta la magia. O sí. Yo qué sé. Puede que los domingos sí y los lunes también. No es esa la cuestión. Es que amamos demasiado, creo yo. Y tenemos prisa y no tenemos sonrisa. Desde niños nos imaginamos cosas y suceden cosas. Va la vida entrando en nuestra sesera. Y la vida es incierta. Y leemos libros, (se leían), machacamos clavos, atamos cuerdas, hacemos de una nada un mundo, de un mundo una nadería.

Thom Pain (Basado en nada) nos habla desde la oscuridad, primero, y lo vemos, y después desde la claridad no iluminada de un candil de aceite. Es un santo varón. Pertenece a la vieja casta de los seres humanos de barrio y de seres únicos que te encuentras en las aceras cuando andas.

Es un texto de Will Eno que, por lo visto, tuvo mucho éxito. Y la gente no se marchaba en medio de la escena. ¿Qué se creen que han venido a ver? Juanma Gómez lo convierte, el texto, en un taciturno humano lleno de contradicciones y repleto de amargura, y hasta los topes de sentido del humor en un día laborable que nadie desea, y por eso es sábado.

Amamos mal y con esfuerzo. Somos uno aunque nos empeñemos en vivir en pareja. Y no tenemos tiempo y matamos el tiempo, pero que siempre nos quede la espera. Que nos espere la muerte a lo lejos y no haga la magia de aparecer cuando no se la llama. Somos espectadores de las palabras de este hombre que nos cuenta historias sin sentido o con la lógica aplastante de la incoherencia.

No hay rifa, no hay magia, no hay efectos especiales, no hay público, (¡ay, sí, que somos nosotros!), pero todo transcurre con la fluidez de la libertad de un día de marzo de 2021. Podemos ser lo que queramos. Podemos descubrir olores con la vista. Podemos huir sin movernos del sitio.

Eso es el texto diferente que entresaca con la producción de Arte&Desmayo, un escenario vacío lleno de gente. Un texto escrito que se escucha, se ve, se piensa y se digiere. Una historia de sombra de luz que muestra la inseguridad de lo comúnmente establecido.

Podemos hacer piruetas, magia que, en realidad, son trucos, hacer colección de amistades, conquistar corazones prometedores que dejan de palpitar nerviosos a la segunda cita, podemos rompernos la voz, ir creciendo de niños a adultos, santos varones, santas varonas, envueltos en el pecado de existir, de subsistir, de entender lo que no se comprende.

Es un monólogo de emoción humana. De palabras que se repiten, de acciones que se escapan del propio escenario, de pretexto para un texto que nos deja marcados sin marcas.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Las reseñas de Alberto Morate: Romancero Gitano. A las cinco de la tarde.

No ha muerto. Lorca, sigue vivo. Cada vez que se le nombra, cada vez que se le lee, cada vez que se le recita, cada vez que se le representa. Y hay veces que vive tan intensamente, que lo sentimos nuestro. Que somos nosotros. Que se nos mete dentro.

Y Mónica Tello lo revive en cada montaje que realiza. Lo mira de frente. Lo baila. Lo recita. Lo canta. Lo musica. Hoy ha sido el Romancero Gitano, pero otro día es La Casa de Bernarda Alba, o Amantes asesinados por una perdiz, o 7 mujeres lorquianas, o Amor de don PerlimplínA las cinco de la tarde, es la hora de Lorca. Es la hora de Ignacio Sánchez Mejías, es la hora del quejío que se disfruta, son las cinco espadas de un corazón malherido, empieza el llanto de la guitarra. Es la hora en la que la artista lo revive, sin que ningún libro pueda evitarlo. Con la poesía flotando en el aire, con el teatro asentándose en las raíces del alma, con la música acompasando el latido de los corazones.

Comienza la voz de Federico, escribiendo cartas. Escribiendo el Romancero Gitano, con la luna que se ha colado en la cueva, con una luna que no es redonda, pero sí es blanca. Es Mónica desgarrada. En su voz, en sus manos, en sus pies y en su zapateo, en su vestido blanco donde caben todas las palabras. Después será también Soledad Montoya, y Antoñito el Camborio, y es el Amargo, y es la Guardia Civil caminera, y la casada infiel, y el mundo andaluz, y el emplazado, y es don Pedro a caballo, y la gitana monja, y es Federico escribiendo con el temor acechando de su muerte, aunque aún no sospecha nada. Pero, no. Lorca no ha muerto. Está en Mónica Tello y en el espacio que llena con su sola presencia, en Rafael Salinero con su guitarra, en José Mínguez con su voz y sus palmas.

Se levanta la luna a recordar con gesto airado que no se queda quieta y llora. Que te toma en los brazos, que hace callar al viento porque contenemos el aliento ante tanta sensibilidad de luz, porque oímos unos versos con voz que horada la montaña, la cueva, la tierra, que no busca a Lorca porque en su pena negra recorre nuestro sentimiento. Y lo halla.

¡Ay, amor! Y hay muerte. Romance sonámbulo, Romance de la luna, luna, fragua, yunque, collares, anillos, alhelíes, azafranes, girasoles, caballos, navajas… en busca de la libertad, en busca de los sueños, y unas ganas inmensas de vivir, porque Lorca viene a las cinco de la tarde a sentarse para ver a Mónica Tello personificarle en este gran espectáculo hecho metáfora.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Las reseñas de Alberto Morate: CONQUISTADORES

La historia nos la contaron como si nos relataran una naturaleza muerta. Es decir, un bodegón de viandas, jarras de vino, animales sacrificados y aves con plumas, pero ya muertas, y en un rincón, llamando la atención, una copa de oro, esplendorosas monedas, quizás un arcabuz, y muchas sombras.

El nuevo mundo supuso el cuerno de la abundancia. Allí se encontraron patatas, tabaco, especias, mujeres semidesnudas, gente pacífica que no sabía de la existencia de Dios, quizás porque Dios aún no había descubierto esas fértiles tierras.

La codicia, las luchas internas, la soberbia, arrasando con todo, por más que dijeran que pasaran grandes penalidades y miserias.

Conquistadores, sí, avasalladores, dejando a su paso naturalezas muertas. Nos vendieron heroísmo y eran canallas de altanería y poca modestia.

Proyecto Cultura nos trae Conquistadores, de J.P. Cañamero, al son de las voces aquellas. De las voces y de las coces, de los personajes que huían de España para adentrarse en selvas inhóspitas, en mares azules, en ríos límpidos de impurezas, y empiezan las matanzas, los roces y los rezos, la búsqueda del dorado, el fin de imperios ancestrales que sobrevivieron ellos solos (hasta que llegó la mal llamada civilización) a la ignorancia religiosa, a enfermedades y pandemias, a palabras y letras escritas, a trajes de época, a rayos, vientos y tormentas.

Pedro Luis López Bellot dirige esta recreación con un ritmo endiablado, en hablado y en expresión corporal, con mucho gesto, con mucho gusto, con poco elementos escenográficos, solo una bañera, dos varas y un montón de personajes que aparecen y desaparecen siendo solamente tres en escena. Chema Pizarro, (no Francisco Pizarro, que también está en presencia), Francis J. Quirós y Nuqui Fernández (o Amelia David) según se tercia, aventurándose en esta conquista para que, sarcásticamente, con mucho humor, seamos nosotros los que decidamos qué es lo que nos queda.

Teatro de pelea, no tanto del absurdo, sí de referencias a la actualidad, porque es necesario que la historia y la memoria sean también de nuestra cuerda. Cuentan hasta cincuenta. 50 años de escaramuzas, de decapitaciones, de colones, católicos, balboas, alvarados, corteses, pizarros, orellanas,… y una mujer, también, Inés Suárez, que encontró agua en medio de la nada, pero que fueron miles las que se sometieron a vejaciones, a temperaturas extremas, a supersticiones,… para llegar algunas y otras quedarse en la cuneta. También estaban entre sus tareas las de ser pioneras de la libertad, las de ser gobernantas y gobernadoras, las de no ser simples recaderas.

Un montaje fresco fresquísimo, no dulce, pero tampoco amargo, al contrario, divertido, irónico, contemporáneo, dándole otro aire al lienzo de las naturalezas muertas y creando un paisaje de vidas humanas y existencia.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Las reseñas de Alberto Morate: NICO/ICON

Triunfar en la vida, en la soledad, en el arte, en la poesía, en la canción, en el cine, en la relación de pareja, en la relación con otras parejas, en la pasarela, en la pintura, en la música,… no necesariamente por este orden, ser icono, ser súplica, ser bandera, ser estrella, ser profundidad, ser mujer, ser alta, ser rubia, tener dignidad.

La maldición y el éxito. Cantar desnuda en la terraza de un hotel, probar las drogas, ser actriz sin interpretar, una carrera en solitario necesitando a mucha gente, tener un hijo y no saber quererle, la muerte prematura rodando en bicicleta.

Amor, llévame a tus laureles, préstame tu amor, no me des una oportunidad porque sabré aprovecharla, aunque no te enteres, amor. Devuélveme lo que no te doy, no me enseñes lo que no quiero aprender, cúrame este dolor que no tengo y deséame lo imposible.

A través de este peculiar personaje, Sandra Arpa idea, escribe y dirige una performance, un monólogo de voz hiriente, un soliloquio acompañado de una músico (Neus Ballbé, que lo hace magníficamente) y los espectadores. Que cerramos los ojos, que respiramos a través de mascarillas, que apenas nos movemos, que no nos perdemos detalle aunque estemos perdidos en medio de este icono, Nico/Icon, envueltos por música y sonidos, por imágenes, por luces calientes, envueltos en una alfombra de teatro esperando que Nico nos cuente su historia. La verdadera de las tres versiones. La falsa de las tres posibilidades. A, B o C.

Marina Esteve es Nico y, además, se parece. Se parece porque es ella. Y ella nos ofrece su sombra. ¿O es Marina Esteve la que proyecta la sombra, toda de blanco, sobre un lienzo blanco, con unas palabras que, como la alfombra a ella, nos envuelven?

Icono santo, pero al contrario, icono irreverente, icono no Nico, Nico de sus pasos, Nico eje, que en realidad se llamaba Christa Päffgen, pero escoge Nico porque quiso romper cristales, palos, hojas secas, piedras, agua que habla con ella, que canta con ella, materia espiritual de una forma de vivir que no se miraba en los espejos, sí en los ojos de la gente.

La que vivió una vida plena, la que murió sin conocer su muerte.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

«Mi última canción Volumen 2» nos sumerge de lleno en el Camilo más ‘SUPERSTAR’

La Editorial Chocolate ha lanzado el segundo tomo de las memorias del intérprete de Perdóname. Durante sus más de 400 páginas en una excelente edición nos encontramos además de multitud de momentos vitales del artista, una memorable selección de fotografías que son sin duda todo un patrimonio gráfico para conocer mejor la época más gloriosa del artista valenciano. Apartado especial ocupa su JESUCRISTO SUPERSTAR, que hará las delicias de todos los amantes del teatro musical y en la que nos detendremos especialmente en la crónica de esta gozosa lectura.

«Yo ahora tengo la sensación de que algo ha cambiado en mi vida y en mi carrerra»

Así comentaba Camilo Sesto a Nacho Artime la transcendencia que seguro entonces no sabía del todo que tendría su JESUCRISTO SUPERSTAR. Es tal que cada vez que alguna nueva producción del musical se ha puesto en pie -entre las más recordadas está la de Stage con nombres como los de Gerónimo Rauch y Miquel Fernández- siempre se ha comparado con aquella en la que Camilo paraba en seco las vidas de los espectadores cuando comenzaban a sonar los primeros acordes del inolvidable Getsemaní.

A pesar de ya existir un libro específico y hasta un documental poco compartido sobre la hazaña de Camilo al montar este musical, este MI ÚLTIMA CANCIÓN VOLUMEN 2 tiene su particular caballo ganador, más allá de datos o referencias de hemeroteca y de declaraciones exclusivas de los participantes en el musical, en una excelsa edición que incluye imágenes poco conocidas de la producción. Cesiones de particulares como Pedro Munster que nos dan sabida cuenta a través de imágenes de cómo debió ser aquella gloriosa y dificultosa producción. Basta como ejemplo que en aquel entonces tenían que bailar y cantar con unos micros de mano con largos cables que dificultaban y mucho las coreografías.

El gran público conoce el éxito final de la producción, no tanto financiero que a fin de cuentas solo estuvo unos meses en cartel, pero no todo el mundo sabe que esta historia, la de nuestro Jesucristo, comenzó mucho antes de que se pusiera, tras un importante concurso para su elección, la emblemática marquesina que adornó el ahora llamado Teatro Nuevo Alcalá-entonces Alcalá Palace. Precisamente la elección del teatro adecuado fue un escollo importante: «El teatro tiene que estar quince días con el escenario preparado y parado, o sea, sin hacer nada, y claro esto había pocos dueños de teatro que lo quisieran hacer», confesaría el propio Camilo en una de las entrevistas recogidas en el voluminoso libro que incluso incluye documentos tan valiosos como el boceto de la escenografía de la producción.

Un dato curioso cuanto menos es lo que pasó con los subtítulos de la película. Estos fueron encargados a los propios Nacho Artime y Jaime Azpilicueta. Su sorpresa fue mayúscula al ver en el polémico estreno del Palafox que no eran sus subtítulos, sin duda profecía de alguna forma de lo que les esperaba por delante con la censura del libreto de la producción española. Valga como ejemplo este párrafo del expediente de censura que recoge el libro: «El relato evangélico contiene aquí una serie de interpolaciones, con asertos «apócrifos» y personales que hacen al texto en muchas partes ambiguo…».

Además de la elección del teatro y la censura, por no hablar del dineral que tuvo que invertir a fondo perdido casi el propio Camilo para que su producción tuviese el nivel de Broadway o el West End, fue la elección del reparto un gran problema. Recordemos que este musical fue el que puso a España por primera vez al nivel de las producciones anglosajonas. Si no había profesionales que pudiesen brillar en las tres disciplinas no se podría levantar el telón. Afortunadamente, los dioses -y nunca mejor dicho, o mejor el dios uno y trino- se aliaron para poner en órbita a artistas como Ángela Carrasco o Teddy Bautista con otros jóvenes que gracias a su entusiasmo y buen hacer lograron llevar a buen término una de las mejores producciones de teatro musical de nuestra historia de la que podemos seguir disfrutando gracias al disco -aún a la venta en formato CD tantos años después-y desde luego con este libro que solo podemos recomendaros.

Miguel Rellán reúne en el Ateneo de Madrid a un elenco irrepetible en una valleinclanesca noche de teatro

La cita de ayer en un marco tan icomparable como el Ateneo de Madrid pasará a los anales de la historia de la escena española. Solo Miguel Rellán, uno de nuestros mejores y más queridos profesionales, podía reunir en un mismo lugar a tan esplendoroso reparto que ninguna entidad, pública o privada, podría permitirse jamás. Es normal que no quisieran perderse la ocasión destacadas personalidades del mundo de la cultura como Natalia Menéndez y Luis Luque del Teatro Español o Javier de Dios López, nuevo subdirector de Teatro y Circo del INAEM.

Como si de una alineación deportiva de astros galácticos se tratase, Rellán -que en esta ocasión ejerció de director- nos presentó a su dreamcast que fueron entrando bajo la ovación del público:  Ana Belén, Luis Bermejo, Javier Cámara, Belén Cuesta, Víctor Clavijo, Fiorella Faltoyano, Alba Flores, Mario Gas, Emilio Gutiérrez Caba, Julia Gutiérrez Caba, Carlos Hipólito, Jorge Perugorría, Carmen Machi, Blanca Portillo, Ángel Ruiz, Marina San José, José Sacristán, Camila Viyuela y Pepe Viyuela. Sí, todos le habían dicho que sí como confesó el propio Miguel Rellán ante el aplauso del respetable.

A partir de ese momento comenzó la magia de la palabra de Valle Inclán, del que no todo el mundo sabe que fue presidente del Ateneo allá por 1932, sucediendo a Manuel Azaña. Acompañados por la música en directo, los intérpretes fueron levántandose de su asiento cuando les tocaba descubrir su personaje ante el regocijo de un público agradecido que recompensaba cada aportación de estas primeras espadas de la escena con carcajadas y unas buenas ovaciones.

Ver a José Sacristán, Ana Belén o Julia Gutiérrez Caba convertidos en narradores y lectores con voz y tino privilegiados de las acotaciones pudo causar un regozijo igual al que tuvimos al ver como la sangre nueva, Alba Flores, se mimetizaba con el saber escénico de Fiorella Fantoyano.

Una extraña pareja de las muchas que pudimos disfrutar anoche, tanto o más que la formada por Blanca Portillo y Belén Cuesta, que en un ejercicio de generosidad se convertían casi en figuración especail con la misma pasión y oficio que derrochan en cada trabajo protagonista. Una sorpresa agradable ver por primera vez en mi caso al inmenso Jorge Perugorría junto a Emilio Gutiérrez Caba -más divertido que nunca-, Ángel Ruiz, Mario Gas con ese uso de la palabra y los matices que tanto nos sigue gustando, Víctor Clavijo, Carmen Machi, Carlos Hipólito, Luis Bermejo y Javier Cámara que nos llevaron a la carcajada constante con sus histriónicos personajes, Pepe Viyuela y su hija Camila -va a ser verdad que le va a la zaga esta genial intérprete- y el citado largo plantel del que destacaría a todos y cada uno por su entrega y dedicación a este cometido desinteresado y altruista.

Al final esta Farsa y licencia de la reina castiza, casi ni menciono el título por la emoción de semejante reparto, una larga ovación para el artífice de todo esto: Miguel Rellán. Una buena carta de presentación para la nueva etapa del Ateneo de Madrid, cuyo bicentenario ha sido declarado “Acontecimiento de Especial Interés Público”, y extenderá las celebraciones durante los años 2022, 2023 y 2024.

Las reseñas de Alberto Morate: NO MORDERÁS (si va a tener consecuencias)

Nada hay más aburrido que una noche de hotel en una ciudad ajena. Por eso hay que buscar un aliciente, una nueva compañía, alguien que nos saque de la rutina placentera de la convivencia aunque llevemos tres años juntos. La luna afuera nos contempla. Esperamos. ¿Quién vendrá? ¿Cómo nos sentiremos? ¿Habrá sintonía entre tres? ¿No sentiremos celos? No podemos hacernos los estrechos. La timidez no es nuestra bandera.

Y desde luego que no. Antes de que amanezcan lo primeros rayos de sol, todo lo veremos de distinta manera. No puede estar pasando esto. Eso solo pasa en las películas. Pero lo estamos viendo con nuestros propios ojos, hay una herida, sangra, ¿es la herida de la noche? ¿Es un sueño? ¿Alucinación?

Ante todo tenemos que defendernos, después de la alegría y el placer, la locura, esto no hay quien lo entienda. No me retengas, corazón, ayúdame a salir de este atolladero, ¿esto lo hemos desencadenado nosotros? No morderás si va a tener consecuencias.

Jonathan Espino escribe este drama sensual y feroz, este clamor de perdidos en medio de una noche de luna llena. Saquen conclusiones. O no. Quédense a la espera. No todo es salvaje ni sexual siquiera. Aquí hay un delirio inexplicable, un enigma de laguna negra.

Lo dirige Víctor Páez con Jaime Riba, Víctor Quesada y Fran Jiménez, que interpretan con solvencia lo erótico, lo juguetón, y lo escabroso con la misma fuerza. No morderás, y no hablo de la boca, ni de otros miembros o partes pudendas. No morderás porque estaremos abocados a hacer algo que nadie quiera. No morderás o tendrás que dar cuenta. Pero, una de dos, o nos amilanamos o mostramos fortaleza.

¡Vaya noche de locura de amor! ¡Atrapados en una amenazante destrucción! Que se haga de día ya, amor, que sea un sueño y todo vuelva a la bendita normalidad, al aburrimiento de una noche de hotel en una ciudad cualquiera. Pero no, la pesadilla continuará, o con eso nos advierten cuando las luces se enciendan.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Esta tarde Miguel Rellán dirige a un reparto nunca visto en escena para revitalizar el Ateneo de Madrid

Un reparto nunca visto en escena para revitalizar el Ateneo de Madrid

El Ateneo de Madrid acoge hoy lunes 21 de febrero, a las 20 horas la lectura dramatizada de Farsa y licencia de la reina castiza, bajo la dirección de Miguel Rellán y con la participación de un elenco nunca visto de actores y actrices españoles: Ana Belén, Luis Bermejo, Javier Cámara, Belén Cuesta, Víctor Clavijo, Juan Echanove, Fiorella Faltoyano, Alba Flores, Mario Gas, Emilio Gutiérrez Caba, Julia Gutiérrez Caba, Javier Gutiérrez, Carlos Hipólito, Carmen Machi, Blanca Portillo, Secun de la Rosa, Marina San José, José Sacristán , Camila Viyuela y Pepe Viyuela.

El actor, escritor y dramaturgo Miguel Rellán es presidente de la Sección de Teatro del Ateneo de Madrid y forma parte de  su Junta de Gobierno.  El autor elegido para esta lectura dramatizada, Ramón María del Valle-Inclán es una de las figuras clave en la historia del Ateneo de Madrid, llegando a presidir la institución en 1932 y sucediendo a Manuel Azaña. Durante su escaso año en el cargo, vivió en el mismo Ateneo, en un apartamento ubicado en el edificio de Santa Catalina. Destacado tertuliano en la sala de La Cacharrería, con su característico ceceo, fundó en la institución su propia tertulia, que destacó entre sus contemporáneos como una de las más importantes de aquel Madrid literario de comienzos del siglo XX.

Las actrices y actores participan de manera altruista en la lectura dramatizada como acto de reivindicación de una institución clave en la historia de España, desde su fundación en 1820. Se suman así al proceso de revitalización que la Docta Casa vive desde hace aproximadamente un año. En este periodo, el Ateneo de Madrid ha empezado a recuperar el número de socios (actualmente 2.000), ha logrado equilibrar sus cuentas y está generando actividades culturales de calidad para la promoción de las letras, las ciencias y las artes españolas e internacionales. El bicentenario del Ateneo de Madrid ha sido declarado “Acontecimiento de Especial Interés Público”, y extenderá las celebraciones durante los años 2022, 2023 y 2024.