Las reseñas de Alberto Morate: Romancero Gitano. A las cinco de la tarde.

No ha muerto. Lorca, sigue vivo. Cada vez que se le nombra, cada vez que se le lee, cada vez que se le recita, cada vez que se le representa. Y hay veces que vive tan intensamente, que lo sentimos nuestro. Que somos nosotros. Que se nos mete dentro.

Y Mónica Tello lo revive en cada montaje que realiza. Lo mira de frente. Lo baila. Lo recita. Lo canta. Lo musica. Hoy ha sido el Romancero Gitano, pero otro día es La Casa de Bernarda Alba, o Amantes asesinados por una perdiz, o 7 mujeres lorquianas, o Amor de don PerlimplínA las cinco de la tarde, es la hora de Lorca. Es la hora de Ignacio Sánchez Mejías, es la hora del quejío que se disfruta, son las cinco espadas de un corazón malherido, empieza el llanto de la guitarra. Es la hora en la que la artista lo revive, sin que ningún libro pueda evitarlo. Con la poesía flotando en el aire, con el teatro asentándose en las raíces del alma, con la música acompasando el latido de los corazones.

Comienza la voz de Federico, escribiendo cartas. Escribiendo el Romancero Gitano, con la luna que se ha colado en la cueva, con una luna que no es redonda, pero sí es blanca. Es Mónica desgarrada. En su voz, en sus manos, en sus pies y en su zapateo, en su vestido blanco donde caben todas las palabras. Después será también Soledad Montoya, y Antoñito el Camborio, y es el Amargo, y es la Guardia Civil caminera, y la casada infiel, y el mundo andaluz, y el emplazado, y es don Pedro a caballo, y la gitana monja, y es Federico escribiendo con el temor acechando de su muerte, aunque aún no sospecha nada. Pero, no. Lorca no ha muerto. Está en Mónica Tello y en el espacio que llena con su sola presencia, en Rafael Salinero con su guitarra, en José Mínguez con su voz y sus palmas.

Se levanta la luna a recordar con gesto airado que no se queda quieta y llora. Que te toma en los brazos, que hace callar al viento porque contenemos el aliento ante tanta sensibilidad de luz, porque oímos unos versos con voz que horada la montaña, la cueva, la tierra, que no busca a Lorca porque en su pena negra recorre nuestro sentimiento. Y lo halla.

¡Ay, amor! Y hay muerte. Romance sonámbulo, Romance de la luna, luna, fragua, yunque, collares, anillos, alhelíes, azafranes, girasoles, caballos, navajas… en busca de la libertad, en busca de los sueños, y unas ganas inmensas de vivir, porque Lorca viene a las cinco de la tarde a sentarse para ver a Mónica Tello personificarle en este gran espectáculo hecho metáfora.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

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