Miguel Rellán reúne en el Ateneo de Madrid a un elenco irrepetible en una valleinclanesca noche de teatro

La cita de ayer en un marco tan icomparable como el Ateneo de Madrid pasará a los anales de la historia de la escena española. Solo Miguel Rellán, uno de nuestros mejores y más queridos profesionales, podía reunir en un mismo lugar a tan esplendoroso reparto que ninguna entidad, pública o privada, podría permitirse jamás. Es normal que no quisieran perderse la ocasión destacadas personalidades del mundo de la cultura como Natalia Menéndez y Luis Luque del Teatro Español o Javier de Dios López, nuevo subdirector de Teatro y Circo del INAEM.

Como si de una alineación deportiva de astros galácticos se tratase, Rellán -que en esta ocasión ejerció de director- nos presentó a su dreamcast que fueron entrando bajo la ovación del público:  Ana Belén, Luis Bermejo, Javier Cámara, Belén Cuesta, Víctor Clavijo, Fiorella Faltoyano, Alba Flores, Mario Gas, Emilio Gutiérrez Caba, Julia Gutiérrez Caba, Carlos Hipólito, Jorge Perugorría, Carmen Machi, Blanca Portillo, Ángel Ruiz, Marina San José, José Sacristán, Camila Viyuela y Pepe Viyuela. Sí, todos le habían dicho que sí como confesó el propio Miguel Rellán ante el aplauso del respetable.

A partir de ese momento comenzó la magia de la palabra de Valle Inclán, del que no todo el mundo sabe que fue presidente del Ateneo allá por 1932, sucediendo a Manuel Azaña. Acompañados por la música en directo, los intérpretes fueron levántandose de su asiento cuando les tocaba descubrir su personaje ante el regocijo de un público agradecido que recompensaba cada aportación de estas primeras espadas de la escena con carcajadas y unas buenas ovaciones.

Ver a José Sacristán, Ana Belén o Julia Gutiérrez Caba convertidos en narradores y lectores con voz y tino privilegiados de las acotaciones pudo causar un regozijo igual al que tuvimos al ver como la sangre nueva, Alba Flores, se mimetizaba con el saber escénico de Fiorella Fantoyano.

Una extraña pareja de las muchas que pudimos disfrutar anoche, tanto o más que la formada por Blanca Portillo y Belén Cuesta, que en un ejercicio de generosidad se convertían casi en figuración especail con la misma pasión y oficio que derrochan en cada trabajo protagonista. Una sorpresa agradable ver por primera vez en mi caso al inmenso Jorge Perugorría junto a Emilio Gutiérrez Caba -más divertido que nunca-, Ángel Ruiz, Mario Gas con ese uso de la palabra y los matices que tanto nos sigue gustando, Víctor Clavijo, Carmen Machi, Carlos Hipólito, Luis Bermejo y Javier Cámara que nos llevaron a la carcajada constante con sus histriónicos personajes, Pepe Viyuela y su hija Camila -va a ser verdad que le va a la zaga esta genial intérprete- y el citado largo plantel del que destacaría a todos y cada uno por su entrega y dedicación a este cometido desinteresado y altruista.

Al final esta Farsa y licencia de la reina castiza, casi ni menciono el título por la emoción de semejante reparto, una larga ovación para el artífice de todo esto: Miguel Rellán. Una buena carta de presentación para la nueva etapa del Ateneo de Madrid, cuyo bicentenario ha sido declarado “Acontecimiento de Especial Interés Público”, y extenderá las celebraciones durante los años 2022, 2023 y 2024.

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