Diana Navarro estrena EL AMOR FALLA en el Auditorio Nacional de Música el 21 de abril

Diana Navarro protagoniza EL AMOR FALLA que se estrena en el Auditorio Nacional de Madrid (Sala Sinfónica el 21 de abril a las 19:30h). Las entradas están ya a la venta.

DIANA NAVARRO junto a la ORQUESTA CARLOS III
Dramaturgia Pedro Víllora
Director de orquesta Juan Manuel Alonso
Director de escena Alberto Frías
Producción ejecutiva Eva Marco
Prensa Carlos Rivera

SOBRE LA OBRA 

Diana Navarro canta Falla. ¿Qué más hay que decir? Cualquier aficionado entiende lo que supone esta nueva aventura artística de quien es una de las cantantes más admiradas de nuestros días. Manuel de Falla es, en sí mismo, una cumbre de toda la cultura española del siglo XX (de la cultura, sin más). Es el compositor que con mayor audacia y acierto ha consagrado la perfección técnica y la sabiduría más exquisita al cuidado y transformación de las formas populares. Supone para la música algo similar a lo que son Picasso, Juan Ramón, Buñuel o Lorca en sus ámbitos: el punto donde el ayer se reinventa y se desparrama hacia el futuro. Diana Navarro, en su apasionante investigación sobre los géneros escénicos y musicales, tenía que encontrarse con el gran maestro que ilumina la mejor música moderna y contemporánea. Manuel de Falla tuvo dos grandes amores: Dios y la música, el arte y la trascendencia. “El amor… Falla” no es solo un homenaje al artista sino un recuerdo de la persona. Sus sueños de juventud, su sentido de la amistad y de la colaboración con María y Gregorio Martínez Sierra (que le darán trabajo, felicidad e inquietudes), sus ilusiones, sus miedos… Con un repertorio basado en “El amor brujo”, en sus canciones y en otras piezas, y con unos textos que recrean sus vivencias, “El amor… Falla” es un acto de amor a don Manuel de Falla a través de su concepto de la vida, del arte y del propio amor.

SOBRE LA MÚSICA

 En Manuel de Falla se unen – se escuchan – las raíces de la tierra, el amor por lo genuino y una elegancia exquisita. Esta mágica combinación le convirtió, muy rápidamente, en un compositor reconocido en todo el mundo y en el compositor español más universal. Se marchó de España con la amargura de un fracaso, sintiendo la nostalgia de un ambiente más favorable a su música. Viajó a París, capital del mundo cultural por entonces, donde pudo ver, disfrutar, aprender y crear con libertad y éxito, junto a la vanguardia artística y sus amigos Claude Debussy, Maurice Ravel y Paul Dukas, entre otros. Aquellos años le sirvieron para refinar su gusto: saber lo que quería y lo que no quería en su música. Pero mientras disfrutaba de la frenética vanguardia francesa, no dejaba de suspirar por su tierra. Por fin volvió a su tierra en 1914, donde comenzaría lo más granado de su producción. Solo dos años después Diaghilev, el empresario y visionario de los Ballets Rusos, le buscó para componer un ballet genuinamente español: El corregidor y la molinera, que después conoceríamos como El Sombrero de tres picos. Evitando toda la ostentación de los teatros de ópera, su música se centró en lo pequeño pero bueno, auténtico y conectado con la tierra. Este es el espíritu de el Amor Brujo, del Sombrero, de las Canciones Populares. Este es el espíritu de su España, convertido en joyas exóticas, únicas, llenas de un atractivo al que sucumben todas las audiencias. 

REPERTORIO

EL AMOR BRUJO Cuadro 1. La cueva de los gitanos: • Introducción. Escena. • Sortilegio. Danza del fin del día. • Escena. Romance del pescador. Intermedio.

Cuadro 2. La cueva de la bruja: • Introducción. Escena. • Danza del fuego fatuo. • Alucinaciones. Conjuro para reconquistar el amor perdido. Escena. • Danza de la bruja fingida. final.

SELECCIÓN DEL CORREGIDOR Y LA MOLINERA ORACIÓN DE LAS MADRES QUE TIENEN A SUS NIÑOS EN BRAZOS EL PAN DE RONDA QUE SABE A VERDAD EL CORREGIDOR Y LA MOLINERA 1917 – (EL SOMBRERO DE TRES PICOS) EL FANDANGO LAS UVAS LA CENA (LA SEGUIDILLA) LA CANCIÓN DEL CUCO SIETE CANCIONES POPULARES ESPAÑOLAS DANZA 1 DE LA VIDA BREVE

Nace Sing_Us, una nueva factoría musical a medida

El proyecto liderado por Alberto Frías y Eva Marco abarca distintas parcelas del sector artístico desde la producción de espectáculos y la filantropía hasta la gestión de nuevos talentos. Sing_Us Music es una productora y promotora de espectáculos especializada en la creación de un repertorio de carácter polifacético, dinámico y de máxima calidad, que abarca proyectos de música clásica, ópera, teatro, danza, musicales o eventos de gran formato a nivel nacional e internacional.

Nace como productora en el año 2019, cuando sus socios fundadores, Eva Marco y Alberto Frías comienzan a colaborar con un objetivo claro: la adaptación de su pasión, la música, a los diversos formatos y exigencias que requiere su producción, creando espectáculos únicos para promover la cultura musical con una política basada en la calidad y el apoyo a los compañeros y compañeras que forman parte de esta industria. De este modo, y de mano de la orquesta de la Orquesta Carlos III, Sing Us comienza un amplio recorrido por los circuitos teatrales con exitosos títulos que han hecho que la productora se haga hueco en el panorama artístico a grandes rasgos. De sus producciones hay que destacar PAYASO, una obra de teatro musical de Zenón Recalde y José Masegosa, con la que consiguieron tres nominaciones a los premios BroadwayWorld Spain. CARÁCTER, un espectáculo sinfónico donde hacen un homenaje a las grandes piezas musicales que guardan relación con España y sus grandes músicos. THE ROYAL GAG ORQUESTRA, donde se unen a la productora Yllana, para hacer un concierto de música clásica con el humor que caracteriza a dicha compañía de teatro gestual. MARÍA CALLAS – SFOGATO, donde cuentan la vida de la soprano más famosa de la historia con un texto de Pedro Víllora. Sing_Us Music ha sido formada por artistas y para artistas. Para difundir el arte de aquellos que tienen el talento, la pasión e inquietud de enfrentarse a la realidad del mundo artístico. Producimos los espectáculos desde la honestidad y el criterio profesional, respetando siempre a los/las artistas y sirviendo de puente entre el público. Producimos montajes que resultan experiencias enriquecedoras, didácticas y versátiles que conectan con el espectador/a y nos recuerdan que el arte es más que necesario para el ser humano.

Las reseñas de Alberto Morate: La vuelta al mundo en 80 días en un transporte adecuado: el teatro

1872. Julio Verne sitúa la acción en 80 días de ese año. Pero ya es atemporal. Aquel tiempo pasa a nuestra actualidad y nos encontramos la apasionante historia en nuestros escenarios. Conseguir que los espectadores más jóvenes “lean” de esa manera a los clásicos universales. Y si quien nos hace la lectura es la Compañía La Bicicleta, (que, curiosamente, la bicicleta es uno de los medios de transporte que no utilizan Phileas Fogg y Passepartout), y al frente está Ana Mª Boudeguer, en una dramaturgia de Julio Jaime Fischtel, con música y canciones de Ángel y Ricardo Padilla, en el mejor templo de espectáculos para todos los públicos como es el Teatro Sanpol, entonces atesoramos esa cultura y entretenimiento necesarios, La vuelta al mundo en 80 días se nos quedan escasos, porque es una hora y media de sorpresas visuales con las imágenes impresionantes que nos hacen recorrer el mundo entero, porque el vestuario está especialmente bien cuidado, porque la iluminación nos transporta a las noches y los días de aquellos momentos, porque los intérpretes hacen una laboriosa transformación en diferentes personajes y porque nos reunimos en torno a un ambiente placentero al asistir a uno de los mejores espectáculos del panorama teatral madrileño.

Da gusto ver a esos jóvenes espectadores en silencio, riendo, aplaudiendo, atendiendo a la apasionante historia del autor de novelas de aventuras que más nos caló por dentro.

La flema del carácter inglés está a punto de perder los estribos. Pero la necesidad de salir de aprietos, buscar el lado positivo, no venirse abajo por mucho que haya contratiempos, el humor, la buena compañía, e incluso, el amor, hacen que esta ficción nos sirva de ejemplo para la realidad que estamos viviendo.

Hagamos el recorrido de occidente a poniente en el medio de transporte adecuado, es decir, bien sentados, en una butaca de teatro, dejándonos llevar por la alegría, la música, lo que pasó y sigue ocurriendo, percibir con emoción el espíritu emprendedor de quien escribe, adapta, compone, dirige, interpreta y nos presenta la historia ya leída con el máximo respeto, para que nosotros, no pudiendo dar la vuelta al mundo, podamos disfrutarlo.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Las Reseñas de Alberto Morate: EL AVIÓN DE PAPEL

Pasión. Amor por el teatro. Poesía dramatizada. Poetas que interpretan porque las palabras los
encandilan. Hacen una pausa versal para traernos una historia de amistad, de tolerancia, de entendimiento entre los pueblos. Alguien puede pensar que no están bien de la cabeza. Pero, en realidad, son pájaros libres de estrellas en el día.

Vuelan entre nubes sin caricias. Sueñan, ríen, viven, caminan sobre las aguas e imaginan. Eso les hace fuertes, eso les hace seres de luz que se cuelan por cualquier grieta. Puede que no duerman, porque en la soledad de su estudio escribirán poesía. O relatos de gente solitaria, o escenas de vida cotidiana hecha de lágrimas y sonrisas.
Quieren llevar la cultura en sus brazos, en la verdad de su corazón, no pueden conformarse con una vida anodina. Y, una tarde, deciden coger un texto teatral, El avión de papel, que habla de solidaridad, de un mundo sin fronteras, de compartir, de amistad, de conciencia social,… y siendo poetas, que no actores, se unen en ese proyecto común y lo llevan a escena y lo depositan en su interior para ser casi perpetuamente niños y niñas que son inocentes, que aún tienen la esperanza de un mundo sin odios, ni guerras, ni rencillas. Val Marchante, Maribel Domínguez, Luis Compés, Anita Wonham, Ciri Luis Álvarez, Ana Ortega, Estrella Fernández, Margarita Campos, Marisa Górriz, que se dejan guiar por este que les escribe, Alberto Morate.

Ha sido un esfuerzo considerable, pero no más que el esfuerzo que hacen otros en sus
trabajos. La diferencia es que aquí se hace por gusto, por afición, por necesidad de expresión,
por creer que la cultura y el arte sí hacen mejores personas, sí educan y conciencian hacia una
sociedad más equitativa y una naturaleza más vigorosa, porque son personas buenas, porque
brillan con su emoción y eclipsan la crispación de una forma de vivir individualista.
Animo desde aquí a que se haga teatro, a que se escriba poesía, a que se canten canciones, a
que se baile sin pudor, a que se pinte, a que se lea, a que se escuche y se expresen sin
cortapisas. Que no falten nunca estas iniciativas, las de la amistad y la alegría.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Las reseñas de Alberto Morate: Lo Fingido Verdadero

O O Lo húmedo seco, la luz oscurecida, lo sencillo complicado, lo fingido verdadero. A menudo la vida está llena de paradojas. En invierno el mal llamado buen tiempo prolongado es sequía, de siempre se ha hablado también, por ejemplo, de mala salud de hierro, de que los mejores sueños son los que se sueñan despiertos.

Teatro dentro del teatro, theatrum mundi (el teatro del mundo), vita-theatrum (la vida como teatro), quomodo fabula, sic vita (así como el teatro es la vida). Lo fingido verdadero. Para sentirnos identificados, para creernos que hay solución, para evadirnos de la realidad sin salirnos de ella.

Lope de Vega era fuente inagotable de recursos poéticos, teatrales y humanos. A veces, condensar en tres actos todo lo que nos quisiera decir se le quedaba corto. Por eso escribía tantas comedias. Porque quería crear un clima del corazón, sin olvidar de que somos de carne y hueso, aunque estemos revestidos de sentimientos. Vivientes conviviendo con fantasmas en forma de personajes. Personas y representantes (intérpretes) como se llamaba a los actores en su momento. El yo y sus sombras en un escenario.

Los personajes buscando un autor, el gran teatro del mundo, simbiosis entre lo real y lo ficticio.

En este drama en tres actos, Lope de Vega abarca tres aspectos de la vida en toda su grandeza. En el primero, la lucha por el poder, eterno litigio, las escaramuzas y los abusos, la venganza y los premios, ir de menos a más, pero también a la inversa. ¡Cuántas veces nos sucede esto!

En el segundo es el teatro por el teatro, la comedia, Lope en estado puro, la aplicación de sus principios en el Arte Nuevo de hacer comedias, los prototipos de los personajes, el amor y la huida, los celos, los juegos de palabras, el tortuoso camino de los desencuentros.

Y en el tercero la identificación y la búsqueda con uno mismo, la defensa de unas creencias más fuertes que las propias acciones, la fe y el sacrificio, salirse del guion, lo espiritual humano.

Lluís Homar dirige a la Compañía Nacional de Teatro Clásico en un montaje sobrio y de texto, donde destacan, de nuevo, Arturo Querejeta e Israel Elejalde, y cada uno de los intérpretes del elenco son uno, pero son muchos, del siglo XVII y del XXI, reales y tangibles, inventados y aparentes, lo fingido acertadamente verdadero.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Las reseñas de Alberto Morate: CONECTAD@S en los Teatros Luchana

Vivimos en un mundo digital, interrelacionados sin conocernos, en el borde de la soledad y en el límite de las relaciones personales. Vivimos entre móviles, pantallas, ordenadores, series, mensajes y citas casi a ciegas. Donde el aire que respiramos es el que entra cuando abrimos las ventanas y el horizonte lo que vemos cuando levantamos la vista del celular.

Estamos atrapados en las redes como peces sin mar, caminando sin dar un paso. Allá, en otros tiempos, la gente salía a conocerse a la aventura, ¡a saber con quién se encontraría! Ahora, por lo menos, vemos su foto de perfil, su hashtag con sentencias ingeniosas (o no), sus gustos y su historia en diez palabras.

Pero eso sí, estamos todo el tiempo Conectados/as, Conectad@s (¡qué poco me gustan las arrobas, las x y las terminaciones en “e” cuando no se corresponden!). Desnudamos nuestros intereses, nuestras aficiones, nuestras fobias y filias, nuestro vestuario, nuestro ambiente, hasta nuestra voz, y ya solo nos falta publicar nuestro aliento.

Pero, ¡ojo!, no lo estoy criticando. Eso es así y así hay que vivirlo. En un futuro vendrán otras formas de comunicación; en un pasado nos llamábamos por teléfono y, a menudo, nos escribíamos cartas. En este presente un contacto nos lleva a otro, un encuentro a una relación; una juventud que es un constante carpe diem.

En este montaje de José Ignacio Tofé, en el texto, y de Víctor Páez en la dirección, los amigos se van sucediendo. Bueno, más que los amigos, los conocimientos personales, una cita me lleva a otra, un personaje se ve ligado con un segundo y este con un tercero, a modo de una noria, (La noria de Luis Romero, premio Nadal de novela de 1951), fíjense, los amigos siempre vuelven, siempre conectados.

Hay ritmo en la propuesta, ironía y divertimento, identificación con el público que interviene como si fuera un personaje más, hay complicidad entre los intérpretes (Bertus, Gakian, Chim, Celia Castle, Iosu Martinez y Natalia G. Santamaría), hay conexión e identificación con lo que les sucede y lo que nos ocurre a la mayoría de los asistentes sin detrimento a confesarlo y a sentirse parte de ellos.

Es todo un viaje por los universos independientes de cada uno/a de ellos/as. Todos y cada uno de nosotros (perdonen que no le ponga más la arroba -@-, qué latazo) hemos querido que nos quieran, hemos buscado amigos, hemos sufrido desengaños, hemos sentido la soledad de ser los raritos, hemos dado malos consejos, hemos ido de sobrados, hemos confesado (o callado) nuestros defectos, hemos dudado y desesperado, hemos querido ser especiales para alguien, hemos buscado el amor (¿o era solo sexo?), hemos conectado con alguien que nos ha hecho ser humanos, a pesar de tanto invento.

Vayan a conectarse, de verdad, al teatro.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Las reseñas de Alberto Morate: Freak, la escena del sofá

Todos sabemos que las mujeres, por el simple hecho de serlo, tienen que lidiar en más de una ocasión con un oso pesado que, indefectiblemente, las acompaña. Deben andarse siempre con mucho tiento, porque si no, las tildarán de casquivanas, de irresponsables, de putas y de calienta miembros. Es como si fueran pequeños dípteros atrapados en un tarro de miel. Van dando tumbos aquí y allí, o al menos eso es lo que piensa gran parte de la sociedad pacata y acaparadora de las malditas convenciones sociales.

En Freak, de la autora Anna Jordan, dos mujeres (una adolescente y una mujer madura) se sientan en un sofá y nos hacen partícipes de sus brutales sentimientos, relaciones, de sus golpes no físicos, de sus enamorados sueños, de la ira que provocan en otros, o la lascivia, o el deseo.

Esto las hace desquiciarse, asombrarse, querer deshacer lo hecho o volverlo a hacer, que para eso consideran que son libres de su propio cuerpo. Y de sus propias acciones. Y de sus propias contradicciones a las que también tienen derecho.

Contándolo consiguen, en parte, desprenderse de ese oso que duerme con ellas, que las persigue, que aúlla en su interior produciéndolas un escozor interno e íntimo que solo la palabra y la confesión de sus sentimientos puede aliviarlas como el agua quita la suciedad.

Paula Amor, la directora, dice sentirse identificada con algunos de los momentos o situaciones que nos relatan estas dos mujeres, que después descubriremos que sí tienen relación, aunque al principio parezca que solo comparten sofá alternándose en los relatos. Ellas son Lorena López y Lara Serrano, y aunque parezcan que no tiemblan, cada una expresa en rigor sus turbios recuerdos y, a la vez, íntimas experiencias.

Van a encontrarse durante toda su vida con esos osos de los que no podrán escapar. Pero tienen que conseguir que no les remuerda la conciencia, que se sostengan mutuamente aceptándose primero ellas mismas, y luego, si los demás no lo hacen, allá ellos. Sombras de payasos estúpidos incapaces de comprender su universo femenino porque no ven más que lo que, convencionalmente, hay en el entorno.

Por eso nos cuentan sus secretos, en una escena del sofá que no es de conquista, ni de terapeuta, ni de familia en torno a la tele, sino de sinceridad a raudales, porque es necesario sacar a la luz lo que ocultan los huesos, la piel, el sexo propio, que lo desconocido deje de ser opaco y deje de ser freak el comportamiento que otros consideran extravagante o raro. Es importante erguirse y abandonar el sofá de la comodidad y desnudar el corazón, para mostrarse como se es, sin importar lo que opinen los otros.

Que el oso hiberne para siempre en las cavernas de lo socialmente correcto.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Las reseñas de Alberto Morate: Qué! Infierno de Cabaret en los Luchana

El fantasma de Dante Alighieri pasaba por allí. El de los nueve círculos, el de la Divina Comedia que no es comedia ni divina, sino infernal, como la vida misma. Por eso hay que “alighierierla” y hablar de la muerte como algo inevitable y no tan trascendental, donde entrar suponga después no querer salir.

Y nada mejor que hacerlo desde el espectáculo. Desde la magia, el teatro, las canciones, los chistes, los Drags Queens, el infierno en llamas de mentira, el calor corporal de los cuerpos exultantes, la voz en off del mismo demonio o de las divas más descaradas de todos los tiempos.

Todo es competición. Hasta para entrar o salir del infierno. Aquí hay que demostrar que tienes valía y si no la tienes, vete aprendiendo. Esto es ¡Qué infierno de cabaret!, luces y plumas, vestuario y magia, risas y algarabía, el infinito hades como escenario obsceno.

Lady Savannah y María Edilia, son dos vedettes de confianza y búsqueda de placer extremo. No titubean, se enfrentan a Lucifer, hacen del negro averno un juego de luces y un divertimento.

Los acompaña, como si nada, nada menos que un mago, Manu Barea, un extraño para ellas, no tan extraño. Comparte con ellas trucos de magia, bailes, y pecados capitales, que es de lo que, supuestamente, estamos tratando, que para eso estamos condenados.

Surge la idea de espectáculo durante el periodo de confinamiento, otro infierno, precisamente por eso. Por la necesidad de volar como pájaros, de salir de nuestra jaulas, de abrazar la noche o a quien haga falta, de desafiar a los rayos.

Alucinando entre pesadillas, malos sueños, deseos lujuriosos, ganas de comer, imaginarios viajes, llegamos hasta el infierno para hacer realidad en forma de teatro, el rompimiento de muros, apagar la caldera aunque sea echando más leña al fuego, rasgar al cielo, que como dijo Lope de Vega, “creer que un cielo en un infierno cabe, dar vida al desengaño, esto es amor,…” esto es Cabaret, alma libre, manicomio sin locura, lágrimas de risa sin llanto, abrazos sin brazos, verdades con mentiras, todo dios disfrutando.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Las reseñas de Alberto Morate: El hueco

¡Cuántas veces hemos soñado que estábamos en un espacio pequeño y sin posibilidad de huida! En un hueco oscuro y limitado, sin ventilación, atrapados sin remedio. Generalmente esos sueños se nos reproducen estando nosotros solos, con la angustia de la soledad y la imposibilidad del grito, incapaces de mover las piernas. ¡Ay, qué hemos hecho!

Ya no es cuestión de plantearse el porqué de nuestro escondite. Simplemente estamos allí y no sabemos por cuánto tiempo.

En El hueco, de Guillermo Amaya, no es una única persona la que se encuentra bajo la escalera huyendo de sus miedos. Son dos. Dos chicas, dos mujeres, aparentemente sin vinculación social ni de amistad, ni siquiera de intereses comunes. Pero ahí están, gruñendo, gimiendo, asustadas, escondiéndose. ¿De qué se esconden? ¿De las mentiras propias? ¿De acosadores? ¿De extraterrestres? ¿De militares? ¿De la realidad? No lo sabremos. Sabemos que el silencio también aterra, que las palabras también confunden, que la distancia se estrecha, que hace calor, que no tienen más remedio que tocarse, que se desnudan de cuerpo y alma, que no pregonan su vida, pero se sinceran, que saltan chispas de su desamparo, que ríen nerviosas, que no pueden huir, que no es un sueño.

Raquel Salamanca y Raquel Pardos, (en los personajes Gema y Asun, pero podrían haber sido perfectamente Raquel y Raquel, y el espectador hubiera elucubrado otras metáforas, otros paralelismos, otras coincidencias de identidad o de espejo), se mueven con soltura, a pesar de todo, en ese espacio pequeño. Examinan el mínimo terreno, mientras se exploran entre ellas mismas. Es todo el conjunto esa gran metáfora de la que hablábamos antes.

Sienten su aliento y sus olores, mezclándolos con sus sensaciones. Las palabras también se convierten en preguntas sin respuesta mientras suenan fuera otras voces inidentificables, porque aún no hay nadie que entienda el lenguaje de la conciencia.

Me ha remitido el tema y el argumento a la obra de Boris Vian, Los forjadores de imperio, donde una familia tiene que huir a espacios cada vez más angostos huyendo de su propio Schmurz.

El cerebro es suficientemente poderoso para creer en lo que no existe. Pero la realidad nos hace escondernos en el hueco cerrado de debajo de la escalera. ¿Y al final qué? Cuando salgamos a la luz, desafiando los peligros, podremos averiguarlo.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Las reseñas de Alberto Morate: EL MAGO DE OZ del Teatro Sanpol

Un hogar para sentirse bien, un cerebro para pensar, un corazón (para sentir), valor para afrontar la vida. Porque todos necesitamos estas cosas. Porque siempre nos falla algo y nos encontramos mal. Porque todos tenemos un poco de espantapájaros, un poco de personas oxidadas, un poco de animal no tan fiero como lo pintan, un poco de “en casa como en ningún sitio”.

Y siempre hay alguien que nos quiere amargar la existencia. Mas al final nos daremos cuenta de que por arte de magia no se solucionan los problemas. Ni por lo rezos, ni por el simple hecho de desearlo. Hay que hacerle frente y, sin darle más vueltas, actuar con determinación, aunque nos estrellemos, o no alcancemos el objetivo o tengamos que darnos por vencidos. Pero estará en nuestra satisfacción el haberlo intentado.

Eso es el Mago de Oz. Un cuento de Lyman Frank Baum que se hizo famoso porque llevaron su cuento a una gran película dirigida por Víctor Fleming, con Judy Garland como protagonista, nada menos que en 1939. Ya han pasado años. Pero no su frescura, su mensaje, sus personajes, su crítica y su parodia a ciertos personajes de algunos sectores bien situados de nuestra sociedad.

En esta ocasión, la compañía La Bicicleta, al frente Natalia Jara, con adaptación de Julio Jaime Fischtel, nos presenta un impecable y espectacular montaje sobre este magnífico cuento. Nada es desdeñable, ni las canciones, ni el vestuario, ni una completísima escenografía, ni el ritmo, ni la historia en sí misma, ni, por supuesto, el elenco al completo: Ainhoa Molina, Beatriz Costa, Julio Armesto, Manuel Varela, Víctor Benedé, Blanca Degá y Álex Jiménez junto con el perrito Bruno que interpreta a Totó.

Porque es un deleite venir a ver esta producción fresca y limpia. Porque hay ternura, calidad, teatro hecho con cariño y profesionalidad, que no son incompatibles. Porque nos vuelven a dar la oportunidad de revisitar esta clásica historia con las garantías de que su temática está vigente y es actual, además de divertida. Porque estás viendo el espectáculo y no tienes prisa, y los problemas diarios se quedan para otro día. Porque es un trabajazo enorme y, sin embargo, pareciera que lo interpretan sin esfuerzo y, desde luego, poniendo todo el alma y toda la energía. Porque al final se nos queda una sonrisa, un regusto dulce, un deseo de volver otro día.

Porque es magia (de Oz), poesía, arte (de Talía), canción, comedia, ficción muy bien traída.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Las reseñas de Alberto Morate: RIF (de piojos y gas mostaza)

Manos sucias y ensangrentadas. Una guerra silenciada. No nos han vendido nada porque se ha intentado, desde siempre, ocultarla. Dios de parte de los cristianos, siempre hemos oído eso. No querían que supiéramos que había otro Dios al que adoraban los musulmanes. Un círculo que no se cierra. Se abrió aquella brecha de hace 100 años y nadie ha conseguido cicatrizarla. Durante mucho tiempo después, aquellos militares de graduación siguieron enviando soldados para cubrirles a ellos mismos las espaldas. Y después se hicieron con los economatos y con las prebendas, y con los enchufes, y con lo que se descuida y va a parar a los mismos bolsillos de siempre. Mientras, siguen muriendo inocentes. De los dos bandos. De todos los bandos. Mientras se sigue cantando en cabarets, o toreando morlacos en diferentes plazas, o poniendo cadenas a la libertad para no enfrentarse a batallones que te revientan las sienes, que te violan, que te escupen a la cara por ser, simplemente, quien eres. Un corazón herido en un territorio que les interesaba.

Es cruda esta historia. Y real, e irónica, sardónica, verdadera, tristemente silenciada.

Menos mal que Micomicón y A priori y el Centro Dramático Nacional nos la rescatan. Laila Ripoll y Mariano Llorente nos la sirven bien estructurada. Apalabrada. Cogiendo al toro por los cuernos y, lejos de suavizarla, nos la ofrecen cargada de humor y drama. No son menudencias. Consiguen imprimirle ritmo, simpatía y horror por partes iguales, porque aguantar esta tragedia en un golpe de dos horas escénicas con tanta injusticia, desmán, muerte, desgracias, no habría quien lo soportara.

Los actores y actrices sí, se desdoblan en infinidad de personajes, en múltiples situaciones, bajo un fondo estrellado que nos saca de la realidad. Pero está la arena del RIF, están los piojos y está el gas mostaza. Mezcla de sueños y lágrimas. De sed y de balas. Esos intérpretes magníficos, Arantxa Aranguren, Néstor Ballesteros, Juanjo Cucalón, Ibrahim Ibnou, Carlos Jiménez-Alfaro, Mateo Rubistein, Sara Sánchez, Jorge Varandela y el propio Mariano Llorente, dirigidos con racionalidad y pasión por Laila Ripoll.

Después de ver esta obra podrían entenderse algunas cosas, pero nos sumerge aún más en esas desmedidas ambiciones, en el mal llamado protectorado, en los odios recalcitrantes e ideas patrioteras, en la bestia oculta que algunos seres humanos llevan dentro, en las ambiciones codiciosas de poder político y económico, en lo más vil de los conflictos que no se resuelven con gas mostaza ni tiros al no blanco. Tristes guerras en contraposición con este gran montaje de teatro.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.