Las reseñas de Alberto Morate: EL MAGO DE OZ del Teatro Sanpol

Un hogar para sentirse bien, un cerebro para pensar, un corazón (para sentir), valor para afrontar la vida. Porque todos necesitamos estas cosas. Porque siempre nos falla algo y nos encontramos mal. Porque todos tenemos un poco de espantapájaros, un poco de personas oxidadas, un poco de animal no tan fiero como lo pintan, un poco de “en casa como en ningún sitio”.

Y siempre hay alguien que nos quiere amargar la existencia. Mas al final nos daremos cuenta de que por arte de magia no se solucionan los problemas. Ni por lo rezos, ni por el simple hecho de desearlo. Hay que hacerle frente y, sin darle más vueltas, actuar con determinación, aunque nos estrellemos, o no alcancemos el objetivo o tengamos que darnos por vencidos. Pero estará en nuestra satisfacción el haberlo intentado.

Eso es el Mago de Oz. Un cuento de Lyman Frank Baum que se hizo famoso porque llevaron su cuento a una gran película dirigida por Víctor Fleming, con Judy Garland como protagonista, nada menos que en 1939. Ya han pasado años. Pero no su frescura, su mensaje, sus personajes, su crítica y su parodia a ciertos personajes de algunos sectores bien situados de nuestra sociedad.

En esta ocasión, la compañía La Bicicleta, al frente Natalia Jara, con adaptación de Julio Jaime Fischtel, nos presenta un impecable y espectacular montaje sobre este magnífico cuento. Nada es desdeñable, ni las canciones, ni el vestuario, ni una completísima escenografía, ni el ritmo, ni la historia en sí misma, ni, por supuesto, el elenco al completo: Ainhoa Molina, Beatriz Costa, Julio Armesto, Manuel Varela, Víctor Benedé, Blanca Degá y Álex Jiménez junto con el perrito Bruno que interpreta a Totó.

Porque es un deleite venir a ver esta producción fresca y limpia. Porque hay ternura, calidad, teatro hecho con cariño y profesionalidad, que no son incompatibles. Porque nos vuelven a dar la oportunidad de revisitar esta clásica historia con las garantías de que su temática está vigente y es actual, además de divertida. Porque estás viendo el espectáculo y no tienes prisa, y los problemas diarios se quedan para otro día. Porque es un trabajazo enorme y, sin embargo, pareciera que lo interpretan sin esfuerzo y, desde luego, poniendo todo el alma y toda la energía. Porque al final se nos queda una sonrisa, un regusto dulce, un deseo de volver otro día.

Porque es magia (de Oz), poesía, arte (de Talía), canción, comedia, ficción muy bien traída.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

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