Las reseñas de Alberto Morate: La vuelta al mundo en 80 días en un transporte adecuado: el teatro

1872. Julio Verne sitúa la acción en 80 días de ese año. Pero ya es atemporal. Aquel tiempo pasa a nuestra actualidad y nos encontramos la apasionante historia en nuestros escenarios. Conseguir que los espectadores más jóvenes “lean” de esa manera a los clásicos universales. Y si quien nos hace la lectura es la Compañía La Bicicleta, (que, curiosamente, la bicicleta es uno de los medios de transporte que no utilizan Phileas Fogg y Passepartout), y al frente está Ana Mª Boudeguer, en una dramaturgia de Julio Jaime Fischtel, con música y canciones de Ángel y Ricardo Padilla, en el mejor templo de espectáculos para todos los públicos como es el Teatro Sanpol, entonces atesoramos esa cultura y entretenimiento necesarios, La vuelta al mundo en 80 días se nos quedan escasos, porque es una hora y media de sorpresas visuales con las imágenes impresionantes que nos hacen recorrer el mundo entero, porque el vestuario está especialmente bien cuidado, porque la iluminación nos transporta a las noches y los días de aquellos momentos, porque los intérpretes hacen una laboriosa transformación en diferentes personajes y porque nos reunimos en torno a un ambiente placentero al asistir a uno de los mejores espectáculos del panorama teatral madrileño.

Da gusto ver a esos jóvenes espectadores en silencio, riendo, aplaudiendo, atendiendo a la apasionante historia del autor de novelas de aventuras que más nos caló por dentro.

La flema del carácter inglés está a punto de perder los estribos. Pero la necesidad de salir de aprietos, buscar el lado positivo, no venirse abajo por mucho que haya contratiempos, el humor, la buena compañía, e incluso, el amor, hacen que esta ficción nos sirva de ejemplo para la realidad que estamos viviendo.

Hagamos el recorrido de occidente a poniente en el medio de transporte adecuado, es decir, bien sentados, en una butaca de teatro, dejándonos llevar por la alegría, la música, lo que pasó y sigue ocurriendo, percibir con emoción el espíritu emprendedor de quien escribe, adapta, compone, dirige, interpreta y nos presenta la historia ya leída con el máximo respeto, para que nosotros, no pudiendo dar la vuelta al mundo, podamos disfrutarlo.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

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