Las reseñas de Alberto Morate: CONECTAD@S en los Teatros Luchana

Vivimos en un mundo digital, interrelacionados sin conocernos, en el borde de la soledad y en el límite de las relaciones personales. Vivimos entre móviles, pantallas, ordenadores, series, mensajes y citas casi a ciegas. Donde el aire que respiramos es el que entra cuando abrimos las ventanas y el horizonte lo que vemos cuando levantamos la vista del celular.

Estamos atrapados en las redes como peces sin mar, caminando sin dar un paso. Allá, en otros tiempos, la gente salía a conocerse a la aventura, ¡a saber con quién se encontraría! Ahora, por lo menos, vemos su foto de perfil, su hashtag con sentencias ingeniosas (o no), sus gustos y su historia en diez palabras.

Pero eso sí, estamos todo el tiempo Conectados/as, Conectad@s (¡qué poco me gustan las arrobas, las x y las terminaciones en “e” cuando no se corresponden!). Desnudamos nuestros intereses, nuestras aficiones, nuestras fobias y filias, nuestro vestuario, nuestro ambiente, hasta nuestra voz, y ya solo nos falta publicar nuestro aliento.

Pero, ¡ojo!, no lo estoy criticando. Eso es así y así hay que vivirlo. En un futuro vendrán otras formas de comunicación; en un pasado nos llamábamos por teléfono y, a menudo, nos escribíamos cartas. En este presente un contacto nos lleva a otro, un encuentro a una relación; una juventud que es un constante carpe diem.

En este montaje de José Ignacio Tofé, en el texto, y de Víctor Páez en la dirección, los amigos se van sucediendo. Bueno, más que los amigos, los conocimientos personales, una cita me lleva a otra, un personaje se ve ligado con un segundo y este con un tercero, a modo de una noria, (La noria de Luis Romero, premio Nadal de novela de 1951), fíjense, los amigos siempre vuelven, siempre conectados.

Hay ritmo en la propuesta, ironía y divertimento, identificación con el público que interviene como si fuera un personaje más, hay complicidad entre los intérpretes (Bertus, Gakian, Chim, Celia Castle, Iosu Martinez y Natalia G. Santamaría), hay conexión e identificación con lo que les sucede y lo que nos ocurre a la mayoría de los asistentes sin detrimento a confesarlo y a sentirse parte de ellos.

Es todo un viaje por los universos independientes de cada uno/a de ellos/as. Todos y cada uno de nosotros (perdonen que no le ponga más la arroba -@-, qué latazo) hemos querido que nos quieran, hemos buscado amigos, hemos sufrido desengaños, hemos sentido la soledad de ser los raritos, hemos dado malos consejos, hemos ido de sobrados, hemos confesado (o callado) nuestros defectos, hemos dudado y desesperado, hemos querido ser especiales para alguien, hemos buscado el amor (¿o era solo sexo?), hemos conectado con alguien que nos ha hecho ser humanos, a pesar de tanto invento.

Vayan a conectarse, de verdad, al teatro.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

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