Las reseñas de Alberto Morate: …and breathe normally (…y respiren con normalidad)

Epílogo. Cuando todo ha terminado, parece que todo puede volver a comenzar. La amenaza de un atento terrorista. El miedo antes del miedo. La sospecha. Las imágenes grabadas en la mente, en la televisión, en los móviles, en internet,… demasiado escabroso. Aviones que vuelan bajo una lluvia de grisáceo sentimiento que no nos deja ver la ciudad a la que nos aproximamos. O ese paseo con grandes piedras para que no se cuele una furgoneta y arramble con todo ser humano viviente. O un estallido en un restaurante, no por una olla exprés, sino por una bomba que se activa a distancia.

Parece que vamos asumiendo este tipo de contratiempos aciagos, aunque sea difícil normalizarlos. Jamás se podrá normalizar una situación como las anteriormente descritas. Ni una guerra que es una invasión, ni una avioneta estrellándose contra un rascacielos, ni un tren saltando por los aires. Por mucho que nos digan en inglés, en francés, en castellano, que “en caso de despresurización, tiren de la mascarilla, colóquensela y respiren con normalidad”. No se puede respirar con normalidad cuando se grita, cuando se llora, cuando se queda uno sordo por la detonación, cuando se ha perdido la vida.

Julio Provencio escribe, dirige e interpreta este texto que nos pone en antecedentes de los miedos personales, de ciertas fobias, de desconfianza en el que viaja al lado, de los colectivos de transporte donde nos conducen como ganado por donde las autoridades pertinentes nos indican.

Le ayuda en la dirección Josete Corral, porque cuatro mentes ven más que dos. Y aún ven más los que asistimos, como viajeros, a ese vuelo de intriga que nos hace sospechar hasta de los mensajes en inglés, de los que no levantan la vista de su teléfono, de los que no abren los ojos disimulando que están durmiendo, de los que leen el periódico, de los que hablan mucho y de los que están en silencio, de los que leen poesía y de los que hacen teatro.

¡Por Dios!, hacer teatro con lo que nos está ocurriendo. Todos terroristas por pensar de más, por crear ficción de la realidad, por contarnos la actualidad como si estuvieran fingiendo. ¿Dónde se ha visto tamaña desvergüenza? Sí, …and breathe normally (…y respiren con normalidad) trata sobre todo eso, sobre la angustia de los tiempos que estamos viviendo, París, Bruselas, Niza, Nueva York, Madrid, atentados que se sufrieron y que fueron “detonantes para este espectáculo”, (literal transcribo de la sinopsis de la compañía), pero en realidad habla de detonadores, de no principios, de miedos, de desconfianza, de locura, de fanatismo,… y que, por favor, no todo vuelva a empezar, que termine de una vez esta sinrazón, al tiempo que acaba nuestro vuelo, que el lenguaje sea una sonrisa, no un desprecio, que no haya guerras santas, que no haya bombas, que no haya trampas, que nos dejen respirar con normalidad hasta que dejemos de hacerlo, porque no haya más remedio, no porque nos lo impidan los demás.

Mientras, respiren con normalidad, pero que sea dicho, y hecho.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Las reseñas de Alberto Morate: A VUELTAS CON LORCA, toma este vals

Lorca ya para siempre joven. A pesar del espanto que produce imaginar su muerte, su fusilamiento. Pero el poeta sobrevivió y está con nosotros. Emocionando nuestros sentidos, con sus personajes y sus versos, con sus palabras y dibujos, con su música y su teatro, con todos los que lo queremos.

Nos vamos a dar un paseo con Lorca, A vueltas con Lorca, y se viene (o nos lo trae) Carmelo Gómez, con su maleta de bululú, con camiseta a rayas de titiritero, con su sombrero de acento circunflejo para brindar por el futuro con esperanza. Y no viene solo, que se trae un piano (Lorca era un gran pianista) y a Mikhail Studyonov, que es ucraniano (¿o se dice ucranio?) y estamos con él, y solo la poesía y la música nos salva. Bueno, y el teatro.

Es lo que vemos, teatro, poesía, oímos música, recuerdos, y un entrelazado entre Federico García Lorca y otros poetas altamente vanagloriados. Machado, Lope de Vega, Cervantes,… todos pululan por el escenario. En la voz y en el cuerpo de Carmelo Gómez, que da vueltas y vueltas, que lo hace con desparpajo, simpático, cambiando tonos, saltando de uno a otro, haciéndolo fresco, rico en matices, siguiendo los pasos de Lorca, pero a saltos.

La dirección es de Emi Ekai que lo deja hacer pero, cómplice también en el texto, le marca para que no sea excesivo y se produzca un espectáculo que no es un monólogo, sino un recorrido, una fiesta sin globos, como cuando un niño le enseña a otro su habitación llena de trastos y juguetes, y los dos, ilusionados, van inventando historias, imaginando, haciendo personajes, imitando, que eso es la catarsis, sentirse identificados, volver a las circunstancias, ser comedia y ser drama, arrebatarse ante lo que la mente va creando.

Es un acto de vindicación, de recuerdo, de juventud, de vida, de simbiosis,… es el cuarto de la Residencia de Estudiantes donde Lorca invita a sus amigos (en este caso Carmelo a los espectadores) a imaginar, a encender la luz, a dar vueltas por el jardín sorprendiendo a los desprevenidos, a bailar un vals, a recitar poemas, a inventar escenas, a constatar que Federico ha salido de sus horas oscuras, para llegar al amanecer donde, por muchos disparos que suenen, no conseguirán su objetivo de darle muerte.

¡Ay, ay, ay, ay! Toma este vals, este vals, este vals, del te quiero siempre” y ven a oírlo y revivirlo con las ganas de un ilusionado adolescente.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Las reseñas de Alberto Morate: EL GOLEM, palabra ficción

Nadie puede negar que la palabra es, eminentemente, social. Después puede producir otra serie de efectos, positivos y negativos o neutros, aclarar o ser un simple hecho convencional de la expresión.

La palabra es el arma de los poetas. Pero también de los oradores, de los políticos, de los seglares, de los abogados, de los actores,… Hay quien se la toma en serio, palabra de honor, y hay quien la carga de significados: peyorativos, atacantes, condescendientes, interesados, o solo literarios.

Palabras técnicas y palabras vulgares. Palabras de andar por casa y palabras que quedan grabadas en la moralidad de las gentes.

El poder de la palabra es inmenso. Y, a veces, no sirve para nada. Así es, está llena de contradicciones.

Juan Mayorga en El Golem, somete a la palabra a un experimento. La convierte en un producto científico. En una ciencia ficción alejada del romanticismo de las letras de las canciones y baladas, de los sonetos y los relatos,… le quita alma para personificarla y que resulte imprescindible, irreversible, que influya en nuestro cuerpo y en nuestras decisiones. Solo no hay palabras en los sueños, porque, al final, puede que se hagan reales. Cuando se cuenta, cuando se expresa, cuando hay una audiencia que escucha, cuando deja de ser una broma y es la causa de los cambios que se producen en la sociedad, en las masas, en las convenciones, en la estrategia de realización de hechos fundamentales.

Alfredo Sanzol, que lo dirige, nos la presenta con la estética de un futuro intrigante. Ambiente en grises, sin adornos, laboratorio de conformación de seres humanos.

Palabra sobre palabra ante hechos consumados de avances tecnológicos. Deshumanización del arte, elipsis de la expresión, funciones del lenguaje, información velada, matemáticos en creación alienante, un ser humano que se convierte en Dios porque nadie ve ni nadie sabe quién es, al fin y al cabo.

El Golem es un ídolo de barro cuya materia prima es la voz, la palabra, la escritura, el lenguaje. Se crea el golem para defendernos de nosotros mismos. Y la palabra se hizo carne y habitó en nuestros cuerpos para irnos carcomiendo poco a poco. Es nuestra defensora y nuestro atacante. Es sabiduría, pero no santidad. El golem de la palabra es fuerte, pero no es piadoso. Porque el Golem no tiene la capacidad de hablar.

Elena González, Elías González y Vicky Luengo cargan de realismo unos personajes estilográficos, les dan energía nuclear o científica, o autómata, venidos al caso.

La palabra-(ciencia)-ficción está dispuesta ahora a hacerse teatro, a ajustarse al sistema de un futuro, quizás, no tan lejano.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Gabriel Porras nos descubre un poco más del actor total: Luis Varela

Uno siente cuando navega por las páginas de Luis Varela. Actor total la sensación de hacer un viaje a otro tiempo que sin embargo se extiende por la versatilidad del intérprete hasta la actualidad. Gabriel Porras charla con el otrora Luisito Varela y recupera incluso trabajos que apesar de la prolífica memoria del eterno Espasa de La del manojo de rosas se habían perdido en sus recuerdos.

Esta espléndida publicación de Shangrila tiene su punto fuerte en el repaso de esos trabajos menos conocidos de este actor que ha seguido cabalgando al ritmo de los tiempos. Tal es así que su cara es reconocida por abuelos, padres e hijos. Los más veteranos recordarán algún trabajo infantil como Luisito- trabajó nada menos que en la inolvidable Los jueves, milagro de Berlanga por ejemplo- sin olvidar sus muchísimos trabajos en la primigenia televisión española- como Escala en HI-FI-, la zarzuela y la revista y más recientemente en las cadenas privadas de televisión con Cámera Café. Así se refería en nuestra entrevista a este hecho: «A mí me conocía la gente de mi generación por mis trabajos en los Estudio 1, pero la gente joven no me conocíaCon Crimen Ferpecto, los más jóvenes empezaron a conocer mi trabajo. Fue un placer trabajar con Álex de la Iglesia y a continuación lo encadené con Cámera Café, un espacio televisivo ya mítico. Todo ello me hizo estar de vuelta en la actualidad mediática, por así decirlo».

Tal es la asociación del público con esta serie que cuando apareció la primera imagen de la adaptación cinematográfica sin él, las redes se echaron encima del equipo, aunque parece ser que aún estando retirado podremos ver a Varela en un pequeño cameo -veremos la película en un pase de prena el próximo jueves y os lo podremos contar de primera mano.

Uno de los mayores goces para el espectador/lector de esta vida intensa en todos los campos de la actuación -ojo a sus maravillosos trabajos en doblaje que se extienden durante toda su carrera como los recientes que ha hecho para Disney en UP y El regreso de Mary Poppins donde dobló al inolvidable Dick Van Dyke que nos sigue emocionando a sus 96 años– es cómo el intérprete nos cuenta en primera persona las vivencias con otros de los más recordados por el gran público. Dedica un lugar privilegiado para Paco Martínez-Soria: «Para mí fue un maestro de la comedia y un hombre a quien debo agradecer la deferencia que siempre tuvo para conmigo». Lo volvería a recalcar hace solo unas semanas en su participación en el programa Cine de Barrio de la mano de Alaska. La figura del cómico de Tarazona -donde tiene su propio Festival dirigido por Raúl García Medrano– ha sido reivindicada en un libro de memorias y documental al que ahora se suma una nueva publicación Aplausos y mutis, que solo se puede adquirir online. Precisamente Luis Varela recibió muy justamente el premio del festival que lleva el nombre de Don Paco: Una reproducción de sus gafas que recibió con mucha emoción.

Tampoco falta espacio para la faceta quizás más desconocida de Varela, al menos para las jóvenes generaciones. No solo interpretó en televisión y en teatro zarzuela o revista, también grabó sus propios EPS como podemos ver también en el apartado gráfico de estas memoria que además de trabajos en cine, teatro o televisión nos regalan documentos de gran interés como su tarjeta de identidad del Real Conservatorio de Música.

Las reseñas de Alberto Morate: «Thom Pain (Basado en nada), santo varón»

No me gusta la magia. O sí. Yo qué sé. Puede que los domingos sí y los lunes también. No es esa la cuestión. Es que amamos demasiado, creo yo. Y tenemos prisa y no tenemos sonrisa. Desde niños nos imaginamos cosas y suceden cosas. Va la vida entrando en nuestra sesera. Y la vida es incierta. Y leemos libros, (se leían), machacamos clavos, atamos cuerdas, hacemos de una nada un mundo, de un mundo una nadería.

Thom Pain (Basado en nada) nos habla desde la oscuridad, primero, y lo vemos, y después desde la claridad no iluminada de un candil de aceite. Es un santo varón. Pertenece a la vieja casta de los seres humanos de barrio y de seres únicos que te encuentras en las aceras cuando andas.

Es un texto de Will Eno que, por lo visto, tuvo mucho éxito. Y la gente no se marchaba en medio de la escena. ¿Qué se creen que han venido a ver? Juanma Gómez lo convierte, el texto, en un taciturno humano lleno de contradicciones y repleto de amargura, y hasta los topes de sentido del humor en un día laborable que nadie desea, y por eso es sábado.

Amamos mal y con esfuerzo. Somos uno aunque nos empeñemos en vivir en pareja. Y no tenemos tiempo y matamos el tiempo, pero que siempre nos quede la espera. Que nos espere la muerte a lo lejos y no haga la magia de aparecer cuando no se la llama. Somos espectadores de las palabras de este hombre que nos cuenta historias sin sentido o con la lógica aplastante de la incoherencia.

No hay rifa, no hay magia, no hay efectos especiales, no hay público, (¡ay, sí, que somos nosotros!), pero todo transcurre con la fluidez de la libertad de un día de marzo de 2021. Podemos ser lo que queramos. Podemos descubrir olores con la vista. Podemos huir sin movernos del sitio.

Eso es el texto diferente que entresaca con la producción de Arte&Desmayo, un escenario vacío lleno de gente. Un texto escrito que se escucha, se ve, se piensa y se digiere. Una historia de sombra de luz que muestra la inseguridad de lo comúnmente establecido.

Podemos hacer piruetas, magia que, en realidad, son trucos, hacer colección de amistades, conquistar corazones prometedores que dejan de palpitar nerviosos a la segunda cita, podemos rompernos la voz, ir creciendo de niños a adultos, santos varones, santas varonas, envueltos en el pecado de existir, de subsistir, de entender lo que no se comprende.

Es un monólogo de emoción humana. De palabras que se repiten, de acciones que se escapan del propio escenario, de pretexto para un texto que nos deja marcados sin marcas.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.