Las reseñas de Alberto Morate: MARÍA CALLAS. SFOGATO.

Alberto Morate se acercó anoche al Teatro Infanta Isabel al estreno de María Callas. Sfogato que hasta el domingo 31 de julio llenará de magia el escenario de este emblemático espacio escénico. Su reseña del espectáculo de SingUS Music lleva por título La Divina.

Hay gente predestinada a triunfar, incluso fracasando. Gente con un halo artístico tan poderoso que encandilará a las masas, lo que les llevará a tener también grandes pasiones, grandes amores, grandes éxitos, estrepitosos abucheos y desprecios. Nadie se puede abstraer al magnetismo de esos personajes.

María Callas fue La Divina. Despertó esas pasiones, iluminó esos corazones y destrozó otros, pero en contrapartida también se lo destrozaron a ella.

En María Callas, Sfogato de Pedro Víllora, el autor sitúa a la cantante en su última reclusión voluntaria, o forzada por las circunstancias, en su casa, con su ama de llaves, Bruna (Anabel Maurín) donde nos trae su vida en palabras, en recuerdos, en la gente que la espera fuera, en los dolores de sus amores, en los loores de sus triunfos, en un tiempo que se acaba pero que revive como María (Mabel del Pozo) y hace regresar a la Callas (Eva Marco) en una vuelta a los escenarios pero también a la intimidad de su soledad y de su corazón, por más que haya sido la fuerza pasional de luces, miserias, sombras y abundancias.

El director, Alberto Frías, trata con delicadeza el ambiente y los personajes, una habitación donde el esfuerzo, las dudas, el pasado,… es todo frágil, empaquetado, como para que no se deteriore lo que hay en su interior. Y en ese interior está ella, María Callas, partida en dos, como un viejo mueble antiguo de gran valor. Solo es capaz de recomponerla Bruna, su fiel asistenta que la oye gritar por dentro, pero la oye cantar por fuera, que procurará que no se desvanezca como humo y se disipe en el aire, aunque no pueda hacer nada por evitarlo, finalmente.

Con un texto justo y evocador de sus peripecias, pero emocional y sentido, las actrices y la cantante (Eva Marco) muestran su belleza interpretativa, mientras suena un piano que es como una brisa (Natalia Belenova) y los recuerdos de la diva, se nos hacen nuestros y se nos acercan.

La palabra llama al fuego de la pasión de una vida. Se condensa la voz divina en un escenario evocador de vitalidad ya apagada. Y canta. Y grita. Y susurra, y se confiesa, y no deja de soñar, hasta el último sueño definitivo, donde el público, puesto en pie, aplaudirá con energía este regalo como en los mejores tiempos de María Callas, soprano sfogato, La Divina.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Las reseñas de Alberto Morate: COMO GEISHAS POR ARROZAL

Arroz y sushi

Alguna vez oí a mi madre esa expresión, “como geisha por arrozal”, y nunca supe qué quería decir realmente. Entendía “como”, entendía “geisha”, a pesar de mi adolescencia, sabía qué era “por”, y también sabía qué era un “arrozal”. Pero me costaba unir las cuatro palabras y me quedaba sin saber qué quería decir mi madre. Nunca se lo pregunté, porque me hacía gracia la expresión.

Y, hete aquí, que hoy me encuentro que la compañía Mstalla también la utiliza para su montaje donde, efectivamente, hay geishas y el arrozal es el escenario.

Pareciera que es un texto sin pies ni cabeza pero, muy al contrario, los tiene, los pies, las cabezas, los cuerpos, el humor, el absurdo, la intriga, el desorden, la positividad y, quizás, la sensualidad, el morbo, la crítica y, también, ¿por qué no?, la fusión gastronómica entre la cocina mediterránea y la japonesa, tan de moda últimamente por los cocineros Alberto Chicote, Dabiz Muñoz, y Ricardo Sanz, por ejemplo. Arroz y sushi, en una mezcla de teatro de intriga, de varietés, de zarzuela, de comedia astracanada y de teatro No. Es decir, elegancia, belleza, misterio, humor.

Pues eso, Como geishas por arrozal, con dirección de Eduardo Solís O’connor, por lo tanto también, un fusionado irlandés o vaya usted a saber.

De lo que se trata, (pero no se preocupen, no les voy a desvelar el argumento), es de proporcionar cierta dosis de sorpresa, de pasión, de polémica, de imprecisión, de vaguedad, (no por pocas ganas de hacer las cosas, sino porque nada hay más ambiguo que unos japoneses que se pirren por el flamenco), para que unas bailaoras/espías tengan que cargarse al heredero del imperio japonés. Y no desvelo nada, que esto viene en la sinopsis del grupo.

Sonia de Rojas, Estíbaliz Juncal, Gala Gancedo, Auxi Manzano, Jade-Shekina Santana se defienden y contradicen, son geishas y poetas, actrices y flamencas, amorosas y asesinas.

Este argumento desvela poco de la trama y no quedará más remedio que acercarse a verlo, porque cuanto menos, encontraremos una puesta en escena original y confusa, pero a propósito, donde el énfasis está en cómo lo hacen y no en qué es lo que dicen.

Creo que ahora he entendido mejor a mi materna cuando decía “como geisha por arrozal”, porque me estaba diciendo: vete a ver esta obra cuando la pongan, porque será inevitable que después escribas sobre ella.

Amén.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Las reseñas de Alberto Morate: YOU SAY TOMATO

La profesión de cómico, de músico, de artista

¡Actuación, entre otras actividades, de una pareja musical-bailarina en las fiestas del pueblo! Pero, ¿esto qué es? ¿Dónde hemos venido a parar? ¡Tanta trayectoria, tantos buenos deseos, tantas ilusiones, y mira, en qué nos hemos convertido!

Así podrían hablar Santi y Noelia (Joan Negrié y Anna Moliner) una pareja sentimental y artística que después de más de una década siguen buscando su identidad.

Se compenetran, pero tienen sus diferentes puntos de vista. Uno, él, pesimista, ella optimista, aunque después puedan cambiar las tornas. Se han exiliado de la música. Y viven por ella. Quieren y necesitan rescatarse, sentir los aplausos, conceder entrevistas, alcanzar sus sueños. Que no son otros que los aplausos, el reconocimiento, la liberación del deseo reprimido, el éxito que otros consiguen con menos méritos.

No, esto de vivir en medio de un camino pedregoso no es para débiles. Pero también se cansa uno. Y salen a relucir las debilidades, los oscuros pensamientos, los amenazantes delirios de grandeza, la pasión por lo que se hace y la poca recompensa.

Joan Yago escribe un texto redondo, sin flecos, emocionalmente perfecto aunque esté cargado de humor, porque también tiene una gran dosis de sentimientos. Lanza un grito tímido, pero contundente, sobre la profesión de cómico, de músico, de artista. ¡Cuántos bolos, cuántas penurias, cuántos pilones en los que nos estrellamos cuando acudimos a plazas en las que ni siquiera sabemos si tendremos público! Miles de preponderantes, que si se cobra poco, tarde y mal, que si nos ceden un espacio sin unos mínimos, que si no está anunciado, que si tal, que si pascual.

Y todo eso hace cuestionarse las relaciones personales. Hacer retrospectiva y ver si ha merecido la pena y, sobre todo, las alegrías. Hay veces que no solo se trata de abandonar la zona de confort, sino de plantearse si ese confort era auténtico. El dilema, no del ser o no ser, sino si lo estamos haciendo bien.

Joan Maria Segura Bernadas lo dirige con todo el cariño del mundo porque conoce el oficio. Porque quiere sacarle brillo a una superficie mate y le saca oro a una veta profunda. Y los dos intérpretes, Joan Negrié y Anna Moliner, inmensos, compenetrados, necesitados uno de la otra y viceversa, fuertes en su debilidad, incomprendidos en la comprensión que se tienen entre ellos.

Supervivientes en este You say Tomato, “tú dices tomate”, canción de Ella Fitzgerald y que marcará el hilo conductor de estos desvelos, de estos artistas, de estos esfuerzos, que merecen su recompensa. ¡De verdad, no dejen de verlo! Aunque no sean las fiestas del pueblo.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Las reseñas de Alberto Morate: CASTROPONCE

Teoría y praxis para una vanguardia del siglo XXI

El teatro existe

Poética del teatro y la política, si es que existiera la poética, que nadie sabe lo que es. Más que una reseña sobre un espectáculo teatral o un monólogo interpretativo o discursivo con tonos humorísticos, filosóficos, sociales y tintes agrupativos, o corporativos, no sé, que la palabra agrupativo el procesador de texto me la subraya en rojo y puede que esté mal, pero me da lo mismo.

En España, ¿cuántos pueden acudir a ver teatro en condiciones? O incluso, en malas condiciones. Es decir, eso de que proliferan por doquier grupos de aficionados teatrales que alimentan sus egos y su necesidad de compañía creando compañías, valga la redundancia, para representar a sus convecinos, no es tan sencillo en ese territorio vaciado, en esa España olvidada hasta por los políticos en sus campañas de propagandas electorales.

Sin embargo, Pablo Rosal, con Castroponce, un municipio vallisoletano perdido de la mano de los que se fueron yendo, utiliza el lugar para ofrecernos un simposio donde se analizará la Teoría y praxis de una vanguardia del siglo XXI. Por cierto, ¿qué es el siglo XXI?

Él mismo y él solito, como no podía ser de otra manera, por el ambiente rural en el que nos hallamos, nos relata con pelos y señales todas las circunstancias de ese congreso donde las mejores versiones de la cultura nos darán su parecer y las circunstancias culturales, teatrales y políticas en las que se desenvuelven.

Es una muy interesante situación de sillas vacías que no lo están, del efecto poético que llega a un rincón del país que casi nadie habita. No obstante, el encuentro y las ponencias, por llamarlas de alguna manera, se llevan a cabo con suficiente calidad intelectual y hasta se dispone de un piano y un músico que también se expresa adecuadamente.

Por lo tanto, no hay tremendismo. A pesar de la supervivencia, hay, como ya hemos dicho, humor, realismo, teatro en sí mismo, ideas, pareceres, causas y efectos.

Lo que hace que en el plano de la política y la teatralidad, se vea claramente que hay técnicas parecidas. Con la seriedad y sistematización de apertura a un mundo que está ahí, en lo oscuro, y nunca saldrá de aquello.

Pablo Rosal nos conciencia de que todas estas ideas son ciertamente universales, y uno nunca debe dejar de renovarse en el campo cultural y artístico. Todo esto me lleva a recordar esa gran película de José Luis Cuerda, “Amanece que no es poco”, donde indefectiblemente cualquier cosa puede suceder en la España oculta.

Después de Castroponce, parece ser que el teatro existe, solo hay que saber descubrirlo.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Las reseñas de Alberto Morate: LA VENGANZA DE DON MENDO

Alberto Morate nos adentra en LA VENGANZA DE DON MENDO que acaba de estrenarse en el Teatro Reina Victoria de Madrid en unos días muy especiales para DESDE MI BUTACA COMUNICA y es que hemos tenido récord de visitas gracias a la reciente entrevista con Rafael Álvarez, ‘El Brujo’. Siéntense en sus butacas y disfruten de Las Reseñas de Alberto Morate que seguirán acompañándonos en los próximos meses.

Algo tendrá esta comedia para que más de cien años después se siga representando por doquier tanto por compañías profesionales como por grupos de teatro aficionados. Es divertida, tiene ritmo, sátira y, a pesar de estar en escrita en un falso verso, es decir, en ripio, con variedad de matices y rimas, se hace ferviente candidata a formar parte del repertorio de intérpretes con más o menos gracia.

Comedia perfecta, por tanto, podríamos decir, fresca e intemporal, que aunque requiere de diversos espacios, palacio, prisión, campamento militar, cueva con sus escondrijos, no resulta demasiado complicado solventarlo con figurines, paneles, telones pintados a la antigua usanza o, como en este caso, cubos paralelepípedos de cartón con los motivos necesarios para cada ocasión. Al igual que el vestuario, quizás más complicado, pero que con la complicidad del espectador podría pasarse por alto. No es el caso de este montaje, donde la compañía Saga, dirigida por José Saiz, cuida al detalle y pone todo el esmero.

De la misma manera, José Saiz que también la protagoniza, se ha tomado la licencia de añadir unos estrambotes escénicos musicales, es decir, al principio, en las transiciones entre actos y al final, y ¡vive Dios!, que no le quedan mal. Al contrario, aunque avisan que no es musical, efectivamente, no lo es, es un amago de musical, sin serlo, puesto que la función y el texto se desarrollan íntegros, palabra por palabra, dándole vida con el añadido de un mínimo de burbujas de agua bicarbonatada para acercarlo a la tendencia actual de hacer un musical de todo.

Cada representante está bien situado y, lo que más me gusta, es que José Saiz, nuestro Mendo en este momento, no resta protagonismo a los demás, pues no es ni excesivo ni histriónico, no exagera las formas ni recalca ciertos ademanes que ya he visto en otros actores. Es de agradecer ese servicio a la puesta en escena general, al elenco, a la no necesidad de hacer énfasis en la interpretación, pues el texto en sí, ya es suficientemente bueno y con gracia para no tener que exprimirlo hasta dejarlo en paños menores.

Puesta en escena más que meritoria, respetuosa, necesaria para que las nuevas generaciones se adentren en un teatro que no pasa de moda, y las generaciones ya baqueteadas comprueben que no todo son montajes raros, vanguardistas y polémicos.

Por cierto, hablamos de La venganza de don Mendo, de Pedro Muñoz Seca, por si alguien aún no se había enterado, una caricatura de tragedia, un astracán, que lo cortés no quita lo valiente, y aunque aquí no viene al caso, e independientemente de ideologías, la calidad no está reñida con las apreciaciones personales.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Las reseñas de Alberto Morate: HIPATIA DE ALEJANDRÍA. Menos cruces y más libros.

Decir las cosas con valentía suele traer malas consecuencias. Sobre todo, si eres mujer y has nacido en el año 400. Decir, pero antes de decir, haber estudiado, haber contrastado, investigado, impartido conocimientos, ser ecuánime e inteligente, intentar comprender y mirar a los ojos de tus contrincantes y discípulos.

Si hoy en día aún se victimiza a muchas mujeres, por el simple hecho de serlo por un lado, pero también porque demuestran que están por encima de una gran mayoría de lerdos que se creen con la potestad de marcar los designios de los demás, aun sin las capacidades necesarias, entonces, imagínense a esa misma mujer en una época de sínodos masculinos, de gobiernos masculinos, de autoridades eclesiásticas que solo pretenden manejar la voluntad y los actos de sus fieles, de políticos en connivencia con esos religiosos para beneficio propio e intereses personales.

Y es que la cultura y el conocimiento, el arte y el pensamiento, siempre han sido el gran enemigo de aquellos que pretenden manejar nuestras vidas. Sucedía y sigue sucediendo. Dale al pueblo borreguismo para que no pueda cuestionarse ciertos desmanes y abusos de poder. Porque saben perfectamente que “pensar, aunque sea equivocadamente, es mejor que no pensar en absoluto”, y ellos quieren eso, que no se piense.

Por eso, Hipatia de Alejandría fue vilmente asesinada, vilipendiada, vejada, víctima de los fanatismos. Ella pretendía convencer con la palabra, pero no la dejaron hablar.

Con dramaturgia de Miguel Murillo, y dirección de Pedro A. Penco, en una coproducción del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida y de Amarillo Producciones, nos ofrecen este documento teatral histórico, donde aún convivían dioses domésticos, paganos y una creciente iglesia cristiana que buscaba el poder a toda costa.

Bien se adivina, por tanto, que la muerte de Hipatia fue provocada, como siempre, por la envidia, por el machismo imperante, por la intransigencia religiosa, porque una voz que proclamaba el estudio, los derechos, el conocimiento, era enemiga de una sociedad sin ánimo de progreso.

Muy sobria y contundente puesta en escena, con un vestuario preciso, una interpretación contenida y sin excesos, es un documento necesario para hacernos ver el alcance que tuvo este personaje, hoy modelo de movimientos feministas, de empoderamiento de la mujer, de vindicación de la necesidad de conocimiento. Por favor, menos cruces y más libros.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Las reseñas de Alberto Morate: SIETE MUJERES LORQUIANAS

Ya no hay estaciones para Federico. Es intemporal. Es eterno. Nos ha quedado su obra, su legado, sus textos y palabras. Ya no hay invierno para él. Ni otoño, ni siquiera primavera. Federico García Lorca es el tiempo en sí mismo. Es la poesía. Y el teatro. Y la música. Y el arte. Está en todos los que lo leemos y lo veneramos. En los que se acercan a él por primera vez y en los que lo releen incansables descubriendo cada vez sentimientos nuevos.

Eso hace Mónica Tello. Lo relee, lo estudia, lo hace suyo, lo lleva dentro. Y con la pasión de su propio arte, el flamenco, el teatro, el baile, es capaz de ofrecernos lecturas nuevas. Cargadas de música y emociones, nos lo devuelve fresco, con una mirada distinta y respetuosa, de sangre, de vísceras, de corazón, de alma, de espíritu.

Nos ofrece un árbol frondoso de sombra y fruto, de agua necesaria para beber, de alimento. Y esta vez desde sus mujeres. Siete mujeres lorquianas, aunque podrían ser muchas más. Escoge Mónica las necesarias para que el espectáculo sea perfecto. Medido, sobre ruedas. Pero, sobre todo, sensible y exquisito, poético, musical, profundo, cargado de esfuerzo.

Inicia el camino con Yerma y, a partir de ahí, Doña Rosita, la Soledad Montoya del Romancero Gitano, Belisa en su jardín, la Luna personificada en deseo, en tiempo, en destino, en exorcismo, en silencio y en verbo. También Mariana Pineda en su grito, en su llanto amargo, en su aliento. Para terminar con Adela, la pequeña de los Alba, cansada de tanto desatino, de tanta represión, de tanta ocultación e inmovilismo, de tanto desconcierto.

Recordamos a cada una de ellas, en sus vientres, en sus sementeras, en sus cárceles, en sus miradas de agonía y piedra. Mónica Tello al frente de un elenco de luz en sus interpretaciones, en la ejecución de sus textos, de la música, de su coordinación en el ascenso hacia el poeta que no está en los cielos, sino en este Tablao Torero, en donde se respira el aroma inconfundible de una puesta en escena realizada con mil amores y todo el esmero. Ellos y ellas son Beatriz Tello, Isabel Pamo, Edu García (flauta), Cristina Salinas, Beatriz Rodríguez y Tony Montoya (guitarra).

¿Ecos de la voz de Lorca? No. Su voz auténtica, su respiración profunda, su fuerza, su vitalidad, su existencia inacabada porque revive en cada función, en cada una de estas otras mujeres que ya también son lorquianas, así como nosotros, porque se nos han metido muy dentro.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Las reseñas de Alberto Morate: LAS SUPLICANTES.

Tener que salir huyendo por no querer casarse con quien otros imponen. Tener que escapar buscando la libertad y suplicando protección a quien pueda entendernos. Las suplicantes que no encuentran acomodo ni paz por sus perseguidores que las consideran de su propiedad y se verán sometidas a la violencia y vejaciones propias de un mundo al que no quieren pertenecer.

Alguien las intentará proteger aun a costa de entrar en guerra, como así sucede, y que, posteriormente, haya que reivindicar poder enterrar o incinerar a los muertos como es debido y no dejarlos a la suerte de alimañas o pudriéndose al sol que descompondrá los cuerpos sin honor ni dignidad.

Refundidos los dos textos de Esquilo y Eurípides por Silvia Zarco, entreabre una puerta a una tragedia del siglo V antes de nuestra era, en la que ya las mujeres pedían poder decidir libremente, no tener que someterse a los dictámenes de hombres y maridos sin sentimientos.

Y la necesidad de hacer reposar esos cadáveres en el sitio adecuado, para rendirles el abrazo necesario y descansar en el espíritu del recuerdo. Algo así como esos muertos de tantas cunetas y tapias de cementerio que aún no se han recuperado y están a la espera de que esa memoria histórica sea realmente memoria y no un pasado nefasto y denigrante.

Eva Romero dirige esta puesta en escena donde no escatima la presencia del coro haciendo hablar a sus personajes al unísono, bien coordinados y conjuntados. La tragedia en toda su dimensión.

María Garralón como representante más reconocida en esta obra coral de llanto y muerte.

Y Celia Romero que cuando se arranca con su cante desgarrador hace que la piel se ponga erizada en el acercamiento de nuestra cultura.

Voces dramáticas que se agrupan en los costados contemplativos de una tragedia donde se habla de derecho a decidir, democracia, respeto a los difuntos, toma de decisiones que traen consecuencias, la libertad, el empoderamiento de las mujeres, la necesidad del diálogo y la aceptación de los otros aunque vengan de lejos, el derecho a ser escuchados y no andar siempre de suplicantes, porque lo tenemos merecido.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Las reseñas de Alberto Morate: MERCADO DE AMORES. Juego, risas y artimañas.

Fábula cómica. Había un esclavo que no era un esclavo y un poderoso hombre de negocios que sí era poderoso y quería controlarlo todo, pero todo se le escapaba del control y se desbarataban sus planes. Había un engaño que engañaba a unos y descolocaba a otros y un mundo de enredo y de intereses y de fingimientos y de trueques, y de lascivia y de lujuria y gracejo y de las cosas no son lo que parecen.

A la postre y a la larga, todo es un Mercado de Amores, de juego, de risas y artimañas, de nubes pasajeras y de tormentas sin truenos.

Plauto, que era comediógrafo, quería que sus congéneres se lo pasaran bien a costa de ridiculizar ciertas actitudes, de mofarse de sus comportamientos, de darles evasión a cambio de unos cuantos cuartos. No era ningún Pánfilo.

Y el protagonista de esta comedia traída desde antaño hasta nuestros días por Eduardo Galán, hace que veamos paralelismos con nuestros coetáneos después de 22 siglos de nada. Pánfilo (Pablo Carbonell) lo que es, es un listo negociante y vividor que quiere medrar para alcanzar el poder y, de paso, también el económico. ¿Les suena de algo? A su lado, personajes que van forjando la trama también de rabiosa actualidad, más o menos escandalosa. Me hago pasar por tal, pero soy cual, finjo que amo, pero busco valor monetario, hazme un favor, a cambio de una comisión o de un beneficio constatado.

Obra con ritmo y desparpajo. Con referencias a nuestra cotidianidad más popular y mediática. Desconcierto concertado. La salida del enredo al más puro teatro barroco, comedia grecolatina que triunfará entre piedras milenarias.

No son ruinas romanas, es la visita al pasado trayéndonos lo que, afortunadamente, no se debe perder nunca, el buen humor y el teatro no sofisticado. Nos predisponen a favor, porque este elenco es muy simpático. No hay ningún personaje que resulte antipático. Con alguno de ellos seguro que nos identificamos.

Muchas horas de trabajo, todo estupendamente coordinado por Marta Torres que lo dirige también disfrutando.

Cuando voy al teatro quiero ver esto, diversión, pero no gratuita, quiero que me saquen también de mi poltrona y pensar que el teatro sigue vivo a pesar de los miles de años en los que Plauto hablaba de tú a tú a sus conciudadanos.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Las reseñas de Alberto Morate: TITO ANDRÓNICO. Donde casi nadie se salva.

Volver victorioso no significa haber vencido. Cuando el que gana una batalla no sabe gestionar su victoria se convierte, a su vez, en derrotado por los caprichos a los que somete al pueblo, por el despotismo que ejerce sobre los vencidos, porque generará odios y venganzas que acabarán en otras cruentas batallas.

Esto es histórico, y Shakespeare lo sabe. Y por eso se recrea en hacer ver que todo lo que ha subido tiende a bajar y lo que parece no tener visos de mejorar acaba favoreciendo al desvalido.

Tito Andrónico es una tragedia con todas las de la ley. Esas tragedias donde, popularmente, se dice que muere hasta el apuntador. Hay luchas internas, muertes y violaciones, trampas y engaños. Locura y desesperación. Pero siempre surgen fuerzas de flaqueza. Y en medio de todo el drama, el lenguaje de Shakespeare, la belleza de sus palabras, las metáforas inigualables y el gran retrato del ser humano, con sus miserias y necesidades de honor, de venganza, de odio, de escalar posiciones sociales, de luchar contra su destino.

Hace la adaptación Nando López y se pone al frente Antonio C. Guijosa. Deben resolver cómo no ir sembrando de cadáveres el escenario. Y, explícitamente, la sangre nos llevará a la muerte y esta campeará a sus anchas durante todo el montaje.

Personajes que interpretan con solvencia José Vicente Moirón, Alberto Barahona, Carmen Mayordomo, Alberto Lucero, José F. Ramos, Quino Díez, Lucía Fuengallego, Gabriel Moreno, Carlos Silveira e Iván Ugalde. Se entregan por entero, llenan de amargura y dolor el espacio escénico, porque es lo que se espera de ellos. No pierde ritmo el montaje, ningún detalle se escapa.

Shakespeare como mensajero de que las batallas no son buenas. No acaban bien, son el refugio de quien las pone como excusas para humillar y dominar. Debería valer plantearse algunas guerras actuales porque dan igual los motivos, toda guerra acabará en desgracia.

Hay quien dice que al teatro va a evadirse. Pero yo opino que el teatro debe servir de espejo, de modelo, de denuncia, de conciencia, de reflejo de lo que está pasando, aunque la historia se desarrolle hace cientos de años, pero es corta esa distancia. Es verdad que, después, se pueden contar las cosas con humor, con drama, con tragedia, cantando, pero lo importante es que hay alguien dispuesto a contárnoslo y nosotros queremos verlo, aunque sea una tragedia donde casi nadie se salva.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.