Las reseñas de Alberto Morate: SIETE MUJERES LORQUIANAS

Ya no hay estaciones para Federico. Es intemporal. Es eterno. Nos ha quedado su obra, su legado, sus textos y palabras. Ya no hay invierno para él. Ni otoño, ni siquiera primavera. Federico García Lorca es el tiempo en sí mismo. Es la poesía. Y el teatro. Y la música. Y el arte. Está en todos los que lo leemos y lo veneramos. En los que se acercan a él por primera vez y en los que lo releen incansables descubriendo cada vez sentimientos nuevos.

Eso hace Mónica Tello. Lo relee, lo estudia, lo hace suyo, lo lleva dentro. Y con la pasión de su propio arte, el flamenco, el teatro, el baile, es capaz de ofrecernos lecturas nuevas. Cargadas de música y emociones, nos lo devuelve fresco, con una mirada distinta y respetuosa, de sangre, de vísceras, de corazón, de alma, de espíritu.

Nos ofrece un árbol frondoso de sombra y fruto, de agua necesaria para beber, de alimento. Y esta vez desde sus mujeres. Siete mujeres lorquianas, aunque podrían ser muchas más. Escoge Mónica las necesarias para que el espectáculo sea perfecto. Medido, sobre ruedas. Pero, sobre todo, sensible y exquisito, poético, musical, profundo, cargado de esfuerzo.

Inicia el camino con Yerma y, a partir de ahí, Doña Rosita, la Soledad Montoya del Romancero Gitano, Belisa en su jardín, la Luna personificada en deseo, en tiempo, en destino, en exorcismo, en silencio y en verbo. También Mariana Pineda en su grito, en su llanto amargo, en su aliento. Para terminar con Adela, la pequeña de los Alba, cansada de tanto desatino, de tanta represión, de tanta ocultación e inmovilismo, de tanto desconcierto.

Recordamos a cada una de ellas, en sus vientres, en sus sementeras, en sus cárceles, en sus miradas de agonía y piedra. Mónica Tello al frente de un elenco de luz en sus interpretaciones, en la ejecución de sus textos, de la música, de su coordinación en el ascenso hacia el poeta que no está en los cielos, sino en este Tablao Torero, en donde se respira el aroma inconfundible de una puesta en escena realizada con mil amores y todo el esmero. Ellos y ellas son Beatriz Tello, Isabel Pamo, Edu García (flauta), Cristina Salinas, Beatriz Rodríguez y Tony Montoya (guitarra).

¿Ecos de la voz de Lorca? No. Su voz auténtica, su respiración profunda, su fuerza, su vitalidad, su existencia inacabada porque revive en cada función, en cada una de estas otras mujeres que ya también son lorquianas, así como nosotros, porque se nos han metido muy dentro.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

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