Las reseñas de Alberto Morate: MERCADO DE AMORES. Juego, risas y artimañas.

Fábula cómica. Había un esclavo que no era un esclavo y un poderoso hombre de negocios que sí era poderoso y quería controlarlo todo, pero todo se le escapaba del control y se desbarataban sus planes. Había un engaño que engañaba a unos y descolocaba a otros y un mundo de enredo y de intereses y de fingimientos y de trueques, y de lascivia y de lujuria y gracejo y de las cosas no son lo que parecen.

A la postre y a la larga, todo es un Mercado de Amores, de juego, de risas y artimañas, de nubes pasajeras y de tormentas sin truenos.

Plauto, que era comediógrafo, quería que sus congéneres se lo pasaran bien a costa de ridiculizar ciertas actitudes, de mofarse de sus comportamientos, de darles evasión a cambio de unos cuantos cuartos. No era ningún Pánfilo.

Y el protagonista de esta comedia traída desde antaño hasta nuestros días por Eduardo Galán, hace que veamos paralelismos con nuestros coetáneos después de 22 siglos de nada. Pánfilo (Pablo Carbonell) lo que es, es un listo negociante y vividor que quiere medrar para alcanzar el poder y, de paso, también el económico. ¿Les suena de algo? A su lado, personajes que van forjando la trama también de rabiosa actualidad, más o menos escandalosa. Me hago pasar por tal, pero soy cual, finjo que amo, pero busco valor monetario, hazme un favor, a cambio de una comisión o de un beneficio constatado.

Obra con ritmo y desparpajo. Con referencias a nuestra cotidianidad más popular y mediática. Desconcierto concertado. La salida del enredo al más puro teatro barroco, comedia grecolatina que triunfará entre piedras milenarias.

No son ruinas romanas, es la visita al pasado trayéndonos lo que, afortunadamente, no se debe perder nunca, el buen humor y el teatro no sofisticado. Nos predisponen a favor, porque este elenco es muy simpático. No hay ningún personaje que resulte antipático. Con alguno de ellos seguro que nos identificamos.

Muchas horas de trabajo, todo estupendamente coordinado por Marta Torres que lo dirige también disfrutando.

Cuando voy al teatro quiero ver esto, diversión, pero no gratuita, quiero que me saquen también de mi poltrona y pensar que el teatro sigue vivo a pesar de los miles de años en los que Plauto hablaba de tú a tú a sus conciudadanos.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

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