Las reseñas de Alberto Morate: MARÍA CALLAS. SFOGATO.

Alberto Morate se acercó anoche al Teatro Infanta Isabel al estreno de María Callas. Sfogato que hasta el domingo 31 de julio llenará de magia el escenario de este emblemático espacio escénico. Su reseña del espectáculo de SingUS Music lleva por título La Divina.

Hay gente predestinada a triunfar, incluso fracasando. Gente con un halo artístico tan poderoso que encandilará a las masas, lo que les llevará a tener también grandes pasiones, grandes amores, grandes éxitos, estrepitosos abucheos y desprecios. Nadie se puede abstraer al magnetismo de esos personajes.

María Callas fue La Divina. Despertó esas pasiones, iluminó esos corazones y destrozó otros, pero en contrapartida también se lo destrozaron a ella.

En María Callas, Sfogato de Pedro Víllora, el autor sitúa a la cantante en su última reclusión voluntaria, o forzada por las circunstancias, en su casa, con su ama de llaves, Bruna (Anabel Maurín) donde nos trae su vida en palabras, en recuerdos, en la gente que la espera fuera, en los dolores de sus amores, en los loores de sus triunfos, en un tiempo que se acaba pero que revive como María (Mabel del Pozo) y hace regresar a la Callas (Eva Marco) en una vuelta a los escenarios pero también a la intimidad de su soledad y de su corazón, por más que haya sido la fuerza pasional de luces, miserias, sombras y abundancias.

El director, Alberto Frías, trata con delicadeza el ambiente y los personajes, una habitación donde el esfuerzo, las dudas, el pasado,… es todo frágil, empaquetado, como para que no se deteriore lo que hay en su interior. Y en ese interior está ella, María Callas, partida en dos, como un viejo mueble antiguo de gran valor. Solo es capaz de recomponerla Bruna, su fiel asistenta que la oye gritar por dentro, pero la oye cantar por fuera, que procurará que no se desvanezca como humo y se disipe en el aire, aunque no pueda hacer nada por evitarlo, finalmente.

Con un texto justo y evocador de sus peripecias, pero emocional y sentido, las actrices y la cantante (Eva Marco) muestran su belleza interpretativa, mientras suena un piano que es como una brisa (Natalia Belenova) y los recuerdos de la diva, se nos hacen nuestros y se nos acercan.

La palabra llama al fuego de la pasión de una vida. Se condensa la voz divina en un escenario evocador de vitalidad ya apagada. Y canta. Y grita. Y susurra, y se confiesa, y no deja de soñar, hasta el último sueño definitivo, donde el público, puesto en pie, aplaudirá con energía este regalo como en los mejores tiempos de María Callas, soprano sfogato, La Divina.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Un comentario sobre “Las reseñas de Alberto Morate: MARÍA CALLAS. SFOGATO.

  1. María Callas fue sin lugar a dudas una gran mujer y una extraordinaria artista, era una mujer de extrema sensibilidad por ello cuando su voz quebró, su vida también se vino a pique; todo en su vida fue extremo incluido su amor hacia su trabajo, llegó a lo más alto pero también sufrió lo indecible, pero siempre nos quedará ella y su voz que la hizo única e irrepetible.

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