Las reseñas de Alberto Morate: CONQUISTADORES

La historia nos la contaron como si nos relataran una naturaleza muerta. Es decir, un bodegón de viandas, jarras de vino, animales sacrificados y aves con plumas, pero ya muertas, y en un rincón, llamando la atención, una copa de oro, esplendorosas monedas, quizás un arcabuz, y muchas sombras.

El nuevo mundo supuso el cuerno de la abundancia. Allí se encontraron patatas, tabaco, especias, mujeres semidesnudas, gente pacífica que no sabía de la existencia de Dios, quizás porque Dios aún no había descubierto esas fértiles tierras.

La codicia, las luchas internas, la soberbia, arrasando con todo, por más que dijeran que pasaran grandes penalidades y miserias.

Conquistadores, sí, avasalladores, dejando a su paso naturalezas muertas. Nos vendieron heroísmo y eran canallas de altanería y poca modestia.

Proyecto Cultura nos trae Conquistadores, de J.P. Cañamero, al son de las voces aquellas. De las voces y de las coces, de los personajes que huían de España para adentrarse en selvas inhóspitas, en mares azules, en ríos límpidos de impurezas, y empiezan las matanzas, los roces y los rezos, la búsqueda del dorado, el fin de imperios ancestrales que sobrevivieron ellos solos (hasta que llegó la mal llamada civilización) a la ignorancia religiosa, a enfermedades y pandemias, a palabras y letras escritas, a trajes de época, a rayos, vientos y tormentas.

Pedro Luis López Bellot dirige esta recreación con un ritmo endiablado, en hablado y en expresión corporal, con mucho gesto, con mucho gusto, con poco elementos escenográficos, solo una bañera, dos varas y un montón de personajes que aparecen y desaparecen siendo solamente tres en escena. Chema Pizarro, (no Francisco Pizarro, que también está en presencia), Francis J. Quirós y Nuqui Fernández (o Amelia David) según se tercia, aventurándose en esta conquista para que, sarcásticamente, con mucho humor, seamos nosotros los que decidamos qué es lo que nos queda.

Teatro de pelea, no tanto del absurdo, sí de referencias a la actualidad, porque es necesario que la historia y la memoria sean también de nuestra cuerda. Cuentan hasta cincuenta. 50 años de escaramuzas, de decapitaciones, de colones, católicos, balboas, alvarados, corteses, pizarros, orellanas,… y una mujer, también, Inés Suárez, que encontró agua en medio de la nada, pero que fueron miles las que se sometieron a vejaciones, a temperaturas extremas, a supersticiones,… para llegar algunas y otras quedarse en la cuneta. También estaban entre sus tareas las de ser pioneras de la libertad, las de ser gobernantas y gobernadoras, las de no ser simples recaderas.

Un montaje fresco fresquísimo, no dulce, pero tampoco amargo, al contrario, divertido, irónico, contemporáneo, dándole otro aire al lienzo de las naturalezas muertas y creando un paisaje de vidas humanas y existencia.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Las reseñas de Alberto Morate: NICO/ICON

Triunfar en la vida, en la soledad, en el arte, en la poesía, en la canción, en el cine, en la relación de pareja, en la relación con otras parejas, en la pasarela, en la pintura, en la música,… no necesariamente por este orden, ser icono, ser súplica, ser bandera, ser estrella, ser profundidad, ser mujer, ser alta, ser rubia, tener dignidad.

La maldición y el éxito. Cantar desnuda en la terraza de un hotel, probar las drogas, ser actriz sin interpretar, una carrera en solitario necesitando a mucha gente, tener un hijo y no saber quererle, la muerte prematura rodando en bicicleta.

Amor, llévame a tus laureles, préstame tu amor, no me des una oportunidad porque sabré aprovecharla, aunque no te enteres, amor. Devuélveme lo que no te doy, no me enseñes lo que no quiero aprender, cúrame este dolor que no tengo y deséame lo imposible.

A través de este peculiar personaje, Sandra Arpa idea, escribe y dirige una performance, un monólogo de voz hiriente, un soliloquio acompañado de una músico (Neus Ballbé, que lo hace magníficamente) y los espectadores. Que cerramos los ojos, que respiramos a través de mascarillas, que apenas nos movemos, que no nos perdemos detalle aunque estemos perdidos en medio de este icono, Nico/Icon, envueltos por música y sonidos, por imágenes, por luces calientes, envueltos en una alfombra de teatro esperando que Nico nos cuente su historia. La verdadera de las tres versiones. La falsa de las tres posibilidades. A, B o C.

Marina Esteve es Nico y, además, se parece. Se parece porque es ella. Y ella nos ofrece su sombra. ¿O es Marina Esteve la que proyecta la sombra, toda de blanco, sobre un lienzo blanco, con unas palabras que, como la alfombra a ella, nos envuelven?

Icono santo, pero al contrario, icono irreverente, icono no Nico, Nico de sus pasos, Nico eje, que en realidad se llamaba Christa Päffgen, pero escoge Nico porque quiso romper cristales, palos, hojas secas, piedras, agua que habla con ella, que canta con ella, materia espiritual de una forma de vivir que no se miraba en los espejos, sí en los ojos de la gente.

La que vivió una vida plena, la que murió sin conocer su muerte.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Miguel Rellán reúne en el Ateneo de Madrid a un elenco irrepetible en una valleinclanesca noche de teatro

La cita de ayer en un marco tan icomparable como el Ateneo de Madrid pasará a los anales de la historia de la escena española. Solo Miguel Rellán, uno de nuestros mejores y más queridos profesionales, podía reunir en un mismo lugar a tan esplendoroso reparto que ninguna entidad, pública o privada, podría permitirse jamás. Es normal que no quisieran perderse la ocasión destacadas personalidades del mundo de la cultura como Natalia Menéndez y Luis Luque del Teatro Español o Javier de Dios López, nuevo subdirector de Teatro y Circo del INAEM.

Como si de una alineación deportiva de astros galácticos se tratase, Rellán -que en esta ocasión ejerció de director- nos presentó a su dreamcast que fueron entrando bajo la ovación del público:  Ana Belén, Luis Bermejo, Javier Cámara, Belén Cuesta, Víctor Clavijo, Fiorella Faltoyano, Alba Flores, Mario Gas, Emilio Gutiérrez Caba, Julia Gutiérrez Caba, Carlos Hipólito, Jorge Perugorría, Carmen Machi, Blanca Portillo, Ángel Ruiz, Marina San José, José Sacristán, Camila Viyuela y Pepe Viyuela. Sí, todos le habían dicho que sí como confesó el propio Miguel Rellán ante el aplauso del respetable.

A partir de ese momento comenzó la magia de la palabra de Valle Inclán, del que no todo el mundo sabe que fue presidente del Ateneo allá por 1932, sucediendo a Manuel Azaña. Acompañados por la música en directo, los intérpretes fueron levántandose de su asiento cuando les tocaba descubrir su personaje ante el regocijo de un público agradecido que recompensaba cada aportación de estas primeras espadas de la escena con carcajadas y unas buenas ovaciones.

Ver a José Sacristán, Ana Belén o Julia Gutiérrez Caba convertidos en narradores y lectores con voz y tino privilegiados de las acotaciones pudo causar un regozijo igual al que tuvimos al ver como la sangre nueva, Alba Flores, se mimetizaba con el saber escénico de Fiorella Fantoyano.

Una extraña pareja de las muchas que pudimos disfrutar anoche, tanto o más que la formada por Blanca Portillo y Belén Cuesta, que en un ejercicio de generosidad se convertían casi en figuración especail con la misma pasión y oficio que derrochan en cada trabajo protagonista. Una sorpresa agradable ver por primera vez en mi caso al inmenso Jorge Perugorría junto a Emilio Gutiérrez Caba -más divertido que nunca-, Ángel Ruiz, Mario Gas con ese uso de la palabra y los matices que tanto nos sigue gustando, Víctor Clavijo, Carmen Machi, Carlos Hipólito, Luis Bermejo y Javier Cámara que nos llevaron a la carcajada constante con sus histriónicos personajes, Pepe Viyuela y su hija Camila -va a ser verdad que le va a la zaga esta genial intérprete- y el citado largo plantel del que destacaría a todos y cada uno por su entrega y dedicación a este cometido desinteresado y altruista.

Al final esta Farsa y licencia de la reina castiza, casi ni menciono el título por la emoción de semejante reparto, una larga ovación para el artífice de todo esto: Miguel Rellán. Una buena carta de presentación para la nueva etapa del Ateneo de Madrid, cuyo bicentenario ha sido declarado “Acontecimiento de Especial Interés Público”, y extenderá las celebraciones durante los años 2022, 2023 y 2024.

Las reseñas de Alberto Morate: NO MORDERÁS (si va a tener consecuencias)

Nada hay más aburrido que una noche de hotel en una ciudad ajena. Por eso hay que buscar un aliciente, una nueva compañía, alguien que nos saque de la rutina placentera de la convivencia aunque llevemos tres años juntos. La luna afuera nos contempla. Esperamos. ¿Quién vendrá? ¿Cómo nos sentiremos? ¿Habrá sintonía entre tres? ¿No sentiremos celos? No podemos hacernos los estrechos. La timidez no es nuestra bandera.

Y desde luego que no. Antes de que amanezcan lo primeros rayos de sol, todo lo veremos de distinta manera. No puede estar pasando esto. Eso solo pasa en las películas. Pero lo estamos viendo con nuestros propios ojos, hay una herida, sangra, ¿es la herida de la noche? ¿Es un sueño? ¿Alucinación?

Ante todo tenemos que defendernos, después de la alegría y el placer, la locura, esto no hay quien lo entienda. No me retengas, corazón, ayúdame a salir de este atolladero, ¿esto lo hemos desencadenado nosotros? No morderás si va a tener consecuencias.

Jonathan Espino escribe este drama sensual y feroz, este clamor de perdidos en medio de una noche de luna llena. Saquen conclusiones. O no. Quédense a la espera. No todo es salvaje ni sexual siquiera. Aquí hay un delirio inexplicable, un enigma de laguna negra.

Lo dirige Víctor Páez con Jaime Riba, Víctor Quesada y Fran Jiménez, que interpretan con solvencia lo erótico, lo juguetón, y lo escabroso con la misma fuerza. No morderás, y no hablo de la boca, ni de otros miembros o partes pudendas. No morderás porque estaremos abocados a hacer algo que nadie quiera. No morderás o tendrás que dar cuenta. Pero, una de dos, o nos amilanamos o mostramos fortaleza.

¡Vaya noche de locura de amor! ¡Atrapados en una amenazante destrucción! Que se haga de día ya, amor, que sea un sueño y todo vuelva a la bendita normalidad, al aburrimiento de una noche de hotel en una ciudad cualquiera. Pero no, la pesadilla continuará, o con eso nos advierten cuando las luces se enciendan.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Esta tarde Miguel Rellán dirige a un reparto nunca visto en escena para revitalizar el Ateneo de Madrid

Un reparto nunca visto en escena para revitalizar el Ateneo de Madrid

El Ateneo de Madrid acoge hoy lunes 21 de febrero, a las 20 horas la lectura dramatizada de Farsa y licencia de la reina castiza, bajo la dirección de Miguel Rellán y con la participación de un elenco nunca visto de actores y actrices españoles: Ana Belén, Luis Bermejo, Javier Cámara, Belén Cuesta, Víctor Clavijo, Juan Echanove, Fiorella Faltoyano, Alba Flores, Mario Gas, Emilio Gutiérrez Caba, Julia Gutiérrez Caba, Javier Gutiérrez, Carlos Hipólito, Carmen Machi, Blanca Portillo, Secun de la Rosa, Marina San José, José Sacristán , Camila Viyuela y Pepe Viyuela.

El actor, escritor y dramaturgo Miguel Rellán es presidente de la Sección de Teatro del Ateneo de Madrid y forma parte de  su Junta de Gobierno.  El autor elegido para esta lectura dramatizada, Ramón María del Valle-Inclán es una de las figuras clave en la historia del Ateneo de Madrid, llegando a presidir la institución en 1932 y sucediendo a Manuel Azaña. Durante su escaso año en el cargo, vivió en el mismo Ateneo, en un apartamento ubicado en el edificio de Santa Catalina. Destacado tertuliano en la sala de La Cacharrería, con su característico ceceo, fundó en la institución su propia tertulia, que destacó entre sus contemporáneos como una de las más importantes de aquel Madrid literario de comienzos del siglo XX.

Las actrices y actores participan de manera altruista en la lectura dramatizada como acto de reivindicación de una institución clave en la historia de España, desde su fundación en 1820. Se suman así al proceso de revitalización que la Docta Casa vive desde hace aproximadamente un año. En este periodo, el Ateneo de Madrid ha empezado a recuperar el número de socios (actualmente 2.000), ha logrado equilibrar sus cuentas y está generando actividades culturales de calidad para la promoción de las letras, las ciencias y las artes españolas e internacionales. El bicentenario del Ateneo de Madrid ha sido declarado “Acontecimiento de Especial Interés Público”, y extenderá las celebraciones durante los años 2022, 2023 y 2024.

Las reseñas de Alberto Morate: La vuelta al mundo en 80 días en un transporte adecuado: el teatro

1872. Julio Verne sitúa la acción en 80 días de ese año. Pero ya es atemporal. Aquel tiempo pasa a nuestra actualidad y nos encontramos la apasionante historia en nuestros escenarios. Conseguir que los espectadores más jóvenes “lean” de esa manera a los clásicos universales. Y si quien nos hace la lectura es la Compañía La Bicicleta, (que, curiosamente, la bicicleta es uno de los medios de transporte que no utilizan Phileas Fogg y Passepartout), y al frente está Ana Mª Boudeguer, en una dramaturgia de Julio Jaime Fischtel, con música y canciones de Ángel y Ricardo Padilla, en el mejor templo de espectáculos para todos los públicos como es el Teatro Sanpol, entonces atesoramos esa cultura y entretenimiento necesarios, La vuelta al mundo en 80 días se nos quedan escasos, porque es una hora y media de sorpresas visuales con las imágenes impresionantes que nos hacen recorrer el mundo entero, porque el vestuario está especialmente bien cuidado, porque la iluminación nos transporta a las noches y los días de aquellos momentos, porque los intérpretes hacen una laboriosa transformación en diferentes personajes y porque nos reunimos en torno a un ambiente placentero al asistir a uno de los mejores espectáculos del panorama teatral madrileño.

Da gusto ver a esos jóvenes espectadores en silencio, riendo, aplaudiendo, atendiendo a la apasionante historia del autor de novelas de aventuras que más nos caló por dentro.

La flema del carácter inglés está a punto de perder los estribos. Pero la necesidad de salir de aprietos, buscar el lado positivo, no venirse abajo por mucho que haya contratiempos, el humor, la buena compañía, e incluso, el amor, hacen que esta ficción nos sirva de ejemplo para la realidad que estamos viviendo.

Hagamos el recorrido de occidente a poniente en el medio de transporte adecuado, es decir, bien sentados, en una butaca de teatro, dejándonos llevar por la alegría, la música, lo que pasó y sigue ocurriendo, percibir con emoción el espíritu emprendedor de quien escribe, adapta, compone, dirige, interpreta y nos presenta la historia ya leída con el máximo respeto, para que nosotros, no pudiendo dar la vuelta al mundo, podamos disfrutarlo.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Las reseñas de Alberto Morate: El hueco

¡Cuántas veces hemos soñado que estábamos en un espacio pequeño y sin posibilidad de huida! En un hueco oscuro y limitado, sin ventilación, atrapados sin remedio. Generalmente esos sueños se nos reproducen estando nosotros solos, con la angustia de la soledad y la imposibilidad del grito, incapaces de mover las piernas. ¡Ay, qué hemos hecho!

Ya no es cuestión de plantearse el porqué de nuestro escondite. Simplemente estamos allí y no sabemos por cuánto tiempo.

En El hueco, de Guillermo Amaya, no es una única persona la que se encuentra bajo la escalera huyendo de sus miedos. Son dos. Dos chicas, dos mujeres, aparentemente sin vinculación social ni de amistad, ni siquiera de intereses comunes. Pero ahí están, gruñendo, gimiendo, asustadas, escondiéndose. ¿De qué se esconden? ¿De las mentiras propias? ¿De acosadores? ¿De extraterrestres? ¿De militares? ¿De la realidad? No lo sabremos. Sabemos que el silencio también aterra, que las palabras también confunden, que la distancia se estrecha, que hace calor, que no tienen más remedio que tocarse, que se desnudan de cuerpo y alma, que no pregonan su vida, pero se sinceran, que saltan chispas de su desamparo, que ríen nerviosas, que no pueden huir, que no es un sueño.

Raquel Salamanca y Raquel Pardos, (en los personajes Gema y Asun, pero podrían haber sido perfectamente Raquel y Raquel, y el espectador hubiera elucubrado otras metáforas, otros paralelismos, otras coincidencias de identidad o de espejo), se mueven con soltura, a pesar de todo, en ese espacio pequeño. Examinan el mínimo terreno, mientras se exploran entre ellas mismas. Es todo el conjunto esa gran metáfora de la que hablábamos antes.

Sienten su aliento y sus olores, mezclándolos con sus sensaciones. Las palabras también se convierten en preguntas sin respuesta mientras suenan fuera otras voces inidentificables, porque aún no hay nadie que entienda el lenguaje de la conciencia.

Me ha remitido el tema y el argumento a la obra de Boris Vian, Los forjadores de imperio, donde una familia tiene que huir a espacios cada vez más angostos huyendo de su propio Schmurz.

El cerebro es suficientemente poderoso para creer en lo que no existe. Pero la realidad nos hace escondernos en el hueco cerrado de debajo de la escalera. ¿Y al final qué? Cuando salgamos a la luz, desafiando los peligros, podremos averiguarlo.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Las reseñas de Alberto Morate: RIF (de piojos y gas mostaza)

Manos sucias y ensangrentadas. Una guerra silenciada. No nos han vendido nada porque se ha intentado, desde siempre, ocultarla. Dios de parte de los cristianos, siempre hemos oído eso. No querían que supiéramos que había otro Dios al que adoraban los musulmanes. Un círculo que no se cierra. Se abrió aquella brecha de hace 100 años y nadie ha conseguido cicatrizarla. Durante mucho tiempo después, aquellos militares de graduación siguieron enviando soldados para cubrirles a ellos mismos las espaldas. Y después se hicieron con los economatos y con las prebendas, y con los enchufes, y con lo que se descuida y va a parar a los mismos bolsillos de siempre. Mientras, siguen muriendo inocentes. De los dos bandos. De todos los bandos. Mientras se sigue cantando en cabarets, o toreando morlacos en diferentes plazas, o poniendo cadenas a la libertad para no enfrentarse a batallones que te revientan las sienes, que te violan, que te escupen a la cara por ser, simplemente, quien eres. Un corazón herido en un territorio que les interesaba.

Es cruda esta historia. Y real, e irónica, sardónica, verdadera, tristemente silenciada.

Menos mal que Micomicón y A priori y el Centro Dramático Nacional nos la rescatan. Laila Ripoll y Mariano Llorente nos la sirven bien estructurada. Apalabrada. Cogiendo al toro por los cuernos y, lejos de suavizarla, nos la ofrecen cargada de humor y drama. No son menudencias. Consiguen imprimirle ritmo, simpatía y horror por partes iguales, porque aguantar esta tragedia en un golpe de dos horas escénicas con tanta injusticia, desmán, muerte, desgracias, no habría quien lo soportara.

Los actores y actrices sí, se desdoblan en infinidad de personajes, en múltiples situaciones, bajo un fondo estrellado que nos saca de la realidad. Pero está la arena del RIF, están los piojos y está el gas mostaza. Mezcla de sueños y lágrimas. De sed y de balas. Esos intérpretes magníficos, Arantxa Aranguren, Néstor Ballesteros, Juanjo Cucalón, Ibrahim Ibnou, Carlos Jiménez-Alfaro, Mateo Rubistein, Sara Sánchez, Jorge Varandela y el propio Mariano Llorente, dirigidos con racionalidad y pasión por Laila Ripoll.

Después de ver esta obra podrían entenderse algunas cosas, pero nos sumerge aún más en esas desmedidas ambiciones, en el mal llamado protectorado, en los odios recalcitrantes e ideas patrioteras, en la bestia oculta que algunos seres humanos llevan dentro, en las ambiciones codiciosas de poder político y económico, en lo más vil de los conflictos que no se resuelven con gas mostaza ni tiros al no blanco. Tristes guerras en contraposición con este gran montaje de teatro.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Llega a Madrid “Conquistadores”, una co-producción de Proyecto Cultura y la Junta de Extremadura que desmitifica la conquista de América

LLega a Madrid “Conquistadores”, una co-producción de Proyecto Cultura y la Junta de Extremadura que desmitifica la conquista de América

Con un éxito de crítica tras su paso por Valencia en enero, llega a Madrid “Conquistadores”, una co-producción de Proyecto Cultura y la Junta de Extremadura que desmitifica la conquista de América a través del teatro del absurdo.

Estrenado en abril de 2021 en el Gran Teatro de Cáceres, se ha representado en la Feria de Teatro de Castilla y León en Ciudad Rodrigo, el Festival de Teatro Clásico Castillo de Peñíscola o en la Feria de Artes Escénicas y Musicales de Castilla-La Mancha entre otros muchos lugares, y llegan ahora a nuestra comunidad con el apoyo de la Red de Teatros de Madrid. Tendremos oportunidad de verlo hasta en tres ocasiones durante el primer semestre del año. Su gira comienza en el Teatro Villa de Móstoles el 18 de febrero, el 26 de marzo en el Teatro Francisco Rabal de Pinto y el 14 de mayo en el Centro Cultural Pilar Miró de Madrid.

El punto de partida de este espectáculo son tres conquistadores extremeños anónimos que forman parte de una tripulación embarcada a América -entonces tierra desconocida-. La obra alterna las peripecias de éstos con la recreación humorística de acontecimientos históricos vividos por personajes como los Reyes Católicos, Colón, Vasco Núñez de Balboa, Malinche, Hernán Cortés, Inés Suárez, Francisco Pizarro o Pedro de Valdivia, entre otros.La obra, dicen sus responsables, se ríe de los mitos y las miserias de aquella época.Con cerca de cuarenta funciones en 10 meses, “Conquistadores” ha sido seleccionado como espectáculo ‘Recomendado’ por la Red de Teatros del País Vasco, incluido en el Circuito de Artes Escénica de la Comunidad Valenciana, y forma parte del catálogo la Red de Teatros de Andalucía.
Dirigida por Pedro Luis López Bellot a partir de un texto de J.P. Cañamero tres actores -Chema Pizarro, Amelia David y Francis J. Quirós- asumen los distintos personajes envueltos en un espacio sonoro creado por Álvaro Rodríguez Barroso.

Las reseñas de Alberto Morate: LA NOCHE DEL AÑO

El título me remite, irremediablemente, a “¡Qué noche la de aquel día!”, la película de Richard Lester sobre The Beatles, en las que el cuarteto de Liverpool, tenía que dar esquinazo a sus admiradoras, esquivar a los periodistas y desobedecer a sus representantes, en busca de una noche de libertad y desenfreno.

Ahí también hay música, y aventuras, y una larga noche después de un duro día. Pero, lógicamente, también ahí se acaban las causalidades. Aquí, en La noche del año, que es la noche por excelencia, que es el culmen de 365 días, con sus descansos respectivos, es cuando los jóvenes y no tan pipiolos, se preparan a pasar una noche de desmandada actividad, con canciones, bailes, alcohol, sexo, drogas, o lo que se tercie. (Nunca entendí por qué darle tanta importancia a esa noche en concreto, la de Nochevieja, cuando hacen lo mismo el resto de los viernes y sábados). Pero, elucubraciones aparte, de lo que se trata es, después de estar dos fines de año confinados o semienclaustrados, sacar nuestras mejores galas, íntimas y visibles, salir de casa con la sonrisa puesta, e ir a la caza de la diversión que no sabemos, finalmente, si será de nuestro agrado.

En esta tesitura, Lito, Noe y Lucía, amigos y convivientes, pero cada uno con su tendencia sexual y personal muy bien diferenciada, quieren no olvidar esta oportunidad de pasarlo mejor que bien. Mas hete aquí que es lo contrario. Y entre estos encajes de bolillos, por llamarlo de alguna manera, la escena de la noche se les vuelve oscura y con lagunas de acción que irán descubriendo poco. Algo así como los personajes de “El jinete polaco” o “El hijo del acordeonista”, donde memoria y deseo se confunden, acomodando lo que ha ocurrido a lo que anhelan realmente. Hay que sustituir los hechos de la realidad con lo que uno se está imaginando.

Para llegar a la conclusión de que nadie es totalmente lo que dice ser, o creer, y de que deslices los tenemos todos. Texto de Carlos Mesa, con dirección de Víctor Páez, con Sara Herranz, Laura Oliver y Juan Barahona. Los intérpretes sacan sus registros de personajes mediáticos (más o menos, léase Tamara Falcó, Lina Morgan, Jorge Javier Vázquez… o esa es la impresión que me dio y puedo estar equivocado, je, je). De cualquier forma, cuando la música no está demasiado estridente, se mueven con soltura y desparpajo, abiertos en su confusión e interaccionando con el público que se ríe pensando, “eso nos ha pasado a nosotros”, o “madre mía que forma de divertirse de estos hijos nuestros”.

La noche del año”, a la larga, la noche más corta, del año.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.