El Teatro del Barrio se convierte en un particular AMPA

Hasta el 8 de mayo el público se convierte en parte de un particular AMPA en el Teatro del Barrio de Madrid. Una experiencia inmersiva que parte de las enseñanzas que absorbió en el grupo La Cubana Adrián Novella.

Se abren las puertas del Colegio. La profesora les indica a los padres cómo moverse por las distintas dependencias del centro escolar. Algunos padres empiezan a mostrarse ante el resto. Uno de ellos de hecho admite ser “el segundo padre” de la criatura que está por venir. Comienza el Juego de niñas en el que nuestros improvisados protagonistas tienen que bailar la canción de moda como hacen cada mañana en educación física sus peques. En realidad, estamos en el Teatro del Barrio en pleno Lavapiés y esto es teatro y es que a veces realidad y ficción se dan la mano.

“Quería llevar mi trabajo inmersivo en La Cubana por otro camino”. Adrián Novella del grupo Bullanga estaba investigando cómo incluir al espectador en el espacio y la acción de la obra cuando un compañero de posgrado le relató su historia. Su amigo había sido juzgado por un ‘juego de niñas’ y en ese momento sintió “que debía hablar del funcionamiento del sistema educativo y del comportamiento de los padres y madres”. Una forma de actuar la de los padres sin duda marcada por “el miedo, la sobreprotección desmesurada y la falta de comunicación directa”. Todo un contraste con una sociedad en la que nos llegan estímulos de sobreinformación desde las redes sociales.

No hay dos funciones iguales en esta particular representación. Siempre se ha dicho que el teatro tiene su magia en que cada noche es distinta gracias a la respiración del público. En palabras de Novella: “Las reacciones, la energía, la participación y las intervenciones varían cada día y los intérpretes deben estar abiertos a lo que pueda pasar pero también ser capaces de dominar el espectáculo”. Es la magia del teatro participativo en el que en cualquier momento como público podemos intervenir. Todo ello por supuesto teniendo en cuenta que los intérpretes tienen claro el rumbo hacia el que se quiere dirigir la historia.

“No todo el mundo está dispuesto a interactuar”. Cuando como espectador asistes a este tipo de representaciones puedes hacerlo desde diferentes prismas. Puedes ser el que pasa más o menos desapercibido, el que no quiere entrar nada en el juego o incluso el que quiere intervenir en exceso. Las tablas de los actores les permiten saber “cómo utilizarlos para llevar el control, para no violentar a nadie y también para no dar alas a quien quiere intervenir en exceso”. Desde luego, no es una tarea fácil y a tenor de la experiencia presentada ahora en el Teatro del Barrio el resultado no ha podido ser más gratificante.

Cuando todo funciona, la obra es mágica. Hay días en que todo va como la seda. De repente, el espectador se olvida completamente que está en el teatro “y se adentra por completo en la acción”. Como espectadores estamos alerta, atentos juzgando este particular “juego de niñas” en el que el profesor cuentacuentos se convierte en el recriminado protagonista. “¿Alguna vez les deja sentarse en sus rodillas?” pregunta una de las madres, saltando de nuevo la duda. Entonces como público nos alarmamos y aunque sabemos que es ficción lo vivimos como verdadero.

“Muchos maestros se sienten impotentes cuando saben que una criatura necesita una señal de afecto pero que no puede porque se puede malinterpretar”. Cuando uno escucha a Adrián Novella no puede más que irse mentalmente a un momento de la obra. Ese en el que la profesora recrimina al protagonista que hiciera `juegos de cosquillas’ con sus alumnas y alumnos.

Los adolescentes convertidos en ‘adultniños’. Si por algo destaca este montaje es por la implicación del sector educativo. Nos comenta Eloísa Braceras, profesora y miembro de diferentes Consejos Escolares, que algo que acompaña al hecho de ser padre es el miedo desde el primer momento: “Cuando te dan el título de padre o madre -sin méritos ni preparación- empiezas a temblar por todo, especialmente al pensar que tus hijos puedan pasar por lo que a ti te ha hecho daño”. Braceras no cree que este hecho infunda miedo a los niños, pero sí opina que se debería optar por una cierta autoridad ante esos adolescentes. Se les quiere ver como ‘adultniños’ cuando en realidad ni son adultos ni son niños. Ni padres, ni profesores, sino “otras cosas” son responsables del comportamiento de quien aún no ha comprendido que toda causa tiene un efecto, ¿Será realmente verdad la frase que recitan cual mantra las protagonistas ausentes de esta obra? El debate y la reflexión está servido en este particular “juego de niñas” con dos versiones enfrentadas que aún a día de hoy siguen sin encontrarse en un lugar común.

Juanjo Seoane presenta las memorias de 50 años de vida dedicados a las Artes Escénicas

Según informa la agencia Europa Press el productor santanderino Juanjo Seoane presentará este miércoles, 4 de mayo, en el Palacio de Festivales, sus memorias profesionales en sus 50 años dedicados al mundo del teatro y la escena, un acto al que asistirá, entre otros, el presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, que considera que el acto servirá de homenaje «al más grande de las artes escénicas de España». El periodista Juan Ignacio García Garzón se ha encargado de dar forma a 5 décadas de vivencias en el mundo de las artes escénicas.

La presentación de estas memorias, tituladas ‘Mi teatro visto desde dentro (memorias de un productor)’ y escritas por el crítico de teatro Juan Ignacio García Garzón, se desarrollará, a partir de las 19.00 horas, en la Sala María Blanchard del Palacio de Festivales, con entrada libre.

Este martes, Seoane ha mantenido un encuentro con Revilla, al que ha entregado y dedicado el primer ejemplar de las memorias, ha informado en un comunicado el Gobierno regional.

Por primera vez, un productor teatral español levanta el telón de unas memorias profesionales para ofrecer una panorámica íntima y profunda de la labor de toda una vida. Un gran espectáculo sobre el teatro visto desde dentro en cuyo reparto figuran (por riguroso orden alfabético y entre otros muchos) actores como María Asquerino, Marisol Ayuso, Asunción Balaguer, María Barranco, Jaime Blanch, Mary Carrillo, Alberto Closas, Carmen Conesa, Concha Cuetos, Teté Delgado, María Fernanda D’Ocón, Nuria Espert, Analía Gadé, Antonio Garisa, Ariadna Gil, María José Goyanes, Lola Herrera, Narciso Ibáñez Menta, Marisa de Leza, Ana Magnani, Juan Margallo, Ana Mariscal, Adolfo Marsillach, Ana Marzoa, Silvia Marsó, Carmen Maura, Nati Mistral, Conchita Montes, Gracita Morales, Lina Morgan, Pep Munné, Nancho Novo, Amparo Pamplona, Vicente Parra, José Luis Pellicena, Emma Penella, Vicky Peña, Aurora Redondo, Berta Riaza, Amparo Rivelles, José Sazatornil Saza, Nuria Torray, María Jesús Valdés, Francisco Valladares, Concha Velasco y Pepe Viyuela. Intervienen directores como José Luis Alonso, Miguel del Arco, Michael Cacoyannis, Ángel Facio, Ángel Fernández Montesinos, Ignacio García, Mario Gas, Gerardo Malla, Antonio Mercero, Pilar Miró, Pedro Olea, Juan Carlos Pérez de la Fuente, Antonio Ros Marbá, José Tamayo y Gerardo Vera. Se asoman cantantes como Montserrat Caballé, José Carreras, Lola Flores y Elena Obraztsova. Y aparecen autores, creadores y gestores como Rafael Azcona, Antonio Buero Vallejo, Miguel Delibes, Fernando Fernán Gómez, José Manuel Garrido, Ricardo López Aranda y Antonio Mingote.

Repasamos su trayectoria hace unos años en nuestra edición radiofónica en uno de los programas más inolvidables de QUICK DESDE MI BUTACA, tras nuestra experiencia llevando la comunicación de una de sus últimas producciones: LOS CACIQUES.

La obra ha sido publicada por Ediciones Antígona, especializada en el mundo del teatro y la escena. El prólogo ha sido realizado por la actriz Nuria Espert.

Esta obra plasma cincuenta años dedicados al mundo del teatro y la escena en los que Seoane ha recibido numerosos reconocimientos, como la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes en 2014, y producido más de cien obras de teatro y varias temporadas de zarzuela, así como musicales que ha paseado por todos los escenarios de España, incluido Santander, su ciudad natal.

Entre las producciones de Juanjo Seoane destacan montajes como ‘Isabel, reina de corazones’; ‘La violación de Lucrecia’; ‘Un tranvía llamado deseo’; ‘El pisito’; ‘West Side Story’; ‘El retrato de Dorian Gray’; ‘Dulce pájaro de juventud’; ‘Fortunata y Jacinta’, o ‘Rosas de Otoño’. Además, Seoane montó ‘Medea’, con Montserrat Caballé y José Carreras en el Teatro Romano de Mérida.

Además, entre los galardones que ha recibido a lo largo de su dilatada carrera figuran el Premio de Cultura de la Comunidad de Madrid en Teatro en 2010, el Premio CERES a la mejor trayectoria empresarial en 2012 y la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. En Cantabria, ha recibido el Emboque de Oro, en 2007, o el Premio Hermanos Tonetti.

«Billy Elliot, el musical»echa el telón en Barcelona el 22 de mayo

Billy Elliot El Musical terminará en el Teatro Victoria de Barcelona el 22 de mayo tras once años en Londres, cuatro en Broadway y tres en Madrid. Uno de los mejores musicales vistos en España que solo podemos recomendar DESDE MI BUTACA.

El musical narra la historia del joven Billy, nacido en una ciudad del norte de Inglaterra en la que los hombres practican el boxeo y trabajan en la mina. Ninguno de ellos baila ni alberga ambiciones de presentarse a la Royal Ballet School. Pero Billy es diferente. Criado por un padre viudo, sin el cariño de una madre, a Billy no le gusta el boxeo pero está cautivado por la gracia y la maravilla del ballet. Con férrea determinación luchará para alcanzar sus sueños, devolviendo la unión a su familia y la fe a una comunidad devastada por el convulso final de la industria minera británica.

Dadas las características de su extraordinaria puesta en escena que ya pudimos disfrutar DESDE MI BUTACA a su paso por Madrid, Billy Elliot el musical solo podrá verse en Barcelona, sin posibilidades de ofrecer este espectáculo en gira.

El Teatro Circo de Albacete acoge el estreno nacional de CID el 7 de abril a las 20h

Ruy, Rodrigo Díaz, El de Vivar, El Cid, Sidi, El campeador, el buen vasallo, el que en buena hora ciñó espada, el de los mil nombres, el de los mil rostros, ya que cada uno se imagina al Cid de una manera. Y quien mejor nos pueden contar su historia son los habitantes de Vivar, los morocisleños, aquellos contemporáneos del Cid, los sin nombre.

Esta es la historia del Cid contada a través de sus hermanos, de los que desde que nació hasta que murió no se separaron de su Señor a través de la interpretación de Antonio Campos, acompañado con la música de La Musgaña, imprescindibles, con más de treinta y cinco años de folk Ibérico respetando la tradición y cultura heredadas de nuestros antepasados.

Antonio Campos ha avanzado en BEKULTURA los primeros detalles de este proyecto.


El Cid Campeador, tiene un magnetismo qué seduce, que te atrapa y si no fuera así no hablaríamos de la cantidad de cides que se han versionado desde que murió hasta hoy. Pocos personajes históricos han ge nerado tantas y tan dispares opiniones en el mundo, el guerrero que más esculturas tiene a lo largo y ancho del planeta, un personaje de tal envergadura que ha sido analizado y estudiado, relatado y comprendido desde diferentes ángulos, ideologías, etapas y que a lo largo de mil años se lo han apropiado diferentes dirigentes, poderes o políticos como campaña, eslogan o ideal.

Intelectuales de toda índole se han arrojado unos a otros las veracidades del mito y los estudios históricos, se le ha versionado y añadido tantas historias y etapas de su vida que el verdadero Rodrigo ha quedado sepultado en multitud de capas de tal manera que ya no sabemos quién fue en realidad.

Nosotros tampoco es que queramos llegar a la verdad absoluta, pero si sacar la esencia de Rodrigo Díaz a través del teatro, ya que este medio exige exprimir cualquier historia hasta la última gota para llegar a lo esencialmente dramático y la única mano que puede estrujar dicha historia es el director de CID.

Este director llega al teatro para trasladar el tono a los actores, el cuerpo de baile, los músicos, los cantantes y los extras que participaran en el montaje. Para ello ira desgranando cada escena y representando los cuadros más importantes del cantar que un juglar anónimo escribió cien años después de la muerte del Cid.

En esta explicación vamos viendo como el director se va perdiendo en su propia pasión, esa pasión que quiere trasladar a los interpretes para que una vez puesta en pie la obra transmitan que son algo más que una compañía esporádica de teatro.

Ensalza la vida del Cid, un hombre que se hizo así mismo, sin ayuda de nadie, en un mundo hostil donde la guerra era el pan de cada día y las fronteras la delgada línea donde se movía junto a un ejército de mercenarios, entre moros y cristianos, que consiguió seducir lo suficiente hasta crear un bloque homogéneo que seguían a su caballero hasta los confines de la tierra, conquistando palmo a palmo para seguir sobreviviendo.

Este entusiasmo por el personaje le revela que el teatro tiene las mismas sombras y luces que aquella historia y época. Este director sirve a su amo y señor, el teatro, por mucho que este lo desprecie o lo destierre, porque una sola caricia de este oficio, un patio de butacas casi lleno bastará para seguir sirviéndolo, porque el tea tro es como una especie de opio que se va fumando poco a poco y no se puede dejar a lo largo de la vida, el teatro te da y el te quita como al Cid su Rey le daba y le quitaba
.
Porque una conquista no se hace con una sola persona si no que se realiza con un equipo, como en el teatro, donde es importante desde la primera sastra hasta el último actor como si fueran una familia, algo que hoy día es imposible ya que todos somos mercenarios que tenemos que sobrevivir en el montaje donde mas paguen o el que más bolos haga.

Porque abrirse camino por aquellas fronteras e ir conquistando territorios es la misma andanza que una compañía tiene que realizar para que la contraten en una comunidad que no es la suya, taifas o reinos infranqueables que se tienen que asediar y crear estrategias para poder entrar en un teatro y demostrar al público y al gestor que ejerce como taifas, que ese espacio le pertenece, que tu arte es digno ya que ha conquistado a un público que a llegado a la catarsis y que se a estremecido en su butaca y ahora reclamarama dicha compañía.

Porque encontrar actores y actrices que sean lo suficientemente generosos como para entregarse al teatro, a su voz, a sus gestos y al time de las tablas que son sus verdaderas armas sin pensar en una alfombra roja o el falso glamur, es tan difícil como encontrar un soldado fronterizo que sea fiel a un solo señor.

Al fin y al cabo, este director hace de su Cid un referente, un concepto teatral para entender el oficio haciendo una crítica mordaz a la situación de crisis eterna que tiene este oficio donde los que no están en la corte estatal de un Centro Dramático Nacional se tienen que mover a través de los bolos, esa línea delgada fronteriza entre sobrevivir o morir en el intento. Una reflexión desde la butaca sobre el trabajo teatral para entenderlo como un alimento espiritual tan indispensable como el material, un teatro que además de divertir invita a la reflexión, una propuesta donde el teatro está dentro del propio teatro

Las reseñas de Alberto Morate: LA PROFESORA DE LITERATURA, Basado en hechos reales, quizás

Hay personas a las que el éxito les hace cambiar. Y también el fracaso. O que quieren vivir otras vidas de repente y, lo que es peor, sin preocuparse del daño que van dejando a su paso. Dejan, no solo de habitar las casas, sino las almas, los cuerpos y los sentimientos de quien compartió con ellos los esfuerzos y proyectos.

No surge de repente el fogonazo. Se va fraguando despacio, lo que ocurre de repente es la decisión que se toma, acordonando fatigas, tristezas, silencios, olvidos, oscuridades que no quieren que el tiempo abra, porque eso nunca se ha olvidado.

No solo se arrastran maletas en un cambio drástico de relaciones. Se condiciona la risa, la forma de ver el panorama, el suelo se convierte en fango. Hay seres que piensan solo en ellos, pero van acumulando restos de naufragios. Puede que se estremezcan de vez en cuando, pero no deja de ser un fraude, escaparate de lo que quieren mostrar, mas son solo adornos sin valor humano.

En La profesora de literatura, adaptación al teatro en español de la novela de la austríaca Judith W. Taschler, con dirección del argentino-alemán Marcelo Díaz, hay todo lo mencionado anteriormente, y literatura. Literatura real y ficticia, inventada y vivida, sin poder saber dónde empieza una y dónde acaba otra, los personajes mezclados en ellas, después de tantos años, siguiendo un relato basado en hechos reales, quizás, que hicieron mucho daño.

David Aramburu y Patricia Gorlino son los protagonistas de este periplo a través de los años. Siguen los pasos de la seducción de nuevo, después de bastantes años. Pero se conocían de antes, demasiado bien, o quizás, no tanto. El triunfador que coronó el éxito gracias a ella, la profesora de literatura que escribe en la sombra sus padecimientos y, puede ser, también, su venganza. Nos van contando cómo se distanciaron, cómo se reencuentran, cómo fue lo que pudo haber sido y como solventan su desvinculado pasado.

Cada uno tiene sus justificaciones, cada uno trata de compensarlo, y cada uno leerá su relato a su manera, según le convenga, para que la narración tenga el suficiente suspense, la tensión necesaria, la literatura adecuada al lector que los está escuchando, ellos mismos, nosotros, los fantasmas de ese pasado.

Con una interpretación justa y medida, contenida, comprometida y atrayente, sin más armas que el texto, y la voz, y el buen hacer, la expresión, la rehumanización de personajes que ya estaban gastados. Con miedo a comprometerse de nuevo, comprometidos con el público, empuñarán la pistola de los sentimientos, y dispararán sin remedio, dando de lleno en el corazón de ambos.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Las reseñas de Alberto Morate: LA RUEDA, vida de un cómico, obreros

Siglo XVI. Nace un cómico que será el ancestro de todos nuestros grandes actores de ahora y de los que vendrán luego. Un representante anónimo al que hoy llamaríamos secundario, de reparto, de elenco. De eso se nutre nuestra mejor cantera de actrices y actores en todos los tiempos. Es verdad que sobresalen unos cuantos. Que algunos llegan a Hollywood, que otros están en todos los montajes, espectáculos, series y demás eventos, que solo unos pocos llegan a elegir lo que quieren interpretar, mientras el gran grueso de los intérpretes de nuestro país sobreviven entre trabajo y trabajo, esperando una llamada, un proyecto nuevo, que se cuente con ellos para algo efectivo y duradero. Esa es la gran industria de nuestro cine, nuestro teatro, nuestras series, nuestros programas de radio, nuestros doblajes, nuestros pequeños monólogos representados en salas de barrio que hacen grande el teatro obrero. Porque estos cómicos lo son. Obreros. Los que no tienen nombre, los que les suena a la gente, los auténticos creadores para que un espectáculo sea perfecto.

Dani Llull nos lo trae en La Rueda: La vida de un cómico. Nos plantea un pleito, nos sitúa en situación, nos lo pone fácil, nos lo creemos. Pausadamente en algunos momentos, en otros con ritmo frenético, nos habla del Renacimiento, de las puertas del teatro posterior, el Barroco, el del siglo de oro, nos cuenta de emperadores y leguleyos, de afamados ya como poetas, como teatreros, como buenas gentes que se quieren ganar un sueldo haciendo creer y creando, saliendo por esos caminos que no sé si son de dios, porque siempre están llenos de barro y polvo, porque les crujen los huesos en las carretas que los transportan, porque están al amparo de un noble venido a menos.

En un alarde de bululú inmenso, Dani Llull se acompaña de una partenaire que le pone poesía a su monólogo, que le pone música y lo hace etéreo. Es Marina Barba con su chelo, con su elegancia en los gestos, con la ternura de un sueño, con la personificación de un hecho que nos cuenta Alonso de Alameda trasmutado desde aquel entonces hasta nuestro mundo nuestro.

Palabras y movimiento, fingimiento verdadero, el hambre de entonces, la situación de ahora, dios uno y trino, siempre el misterio.

Acudimos predispuestos, quien viene al teatro viene sabiendo que viene a un engaño, pero no es el caso de este actor grande aunque sea pequeño. (Perdón por el guiño, Dani, pero me lo has puesto a huevo). Nos sentamos y ya tenemos la sonrisa en la cara, aunque con estas máscaras que no son de la comedia del arte, sino de la comedia del bicho sempiterno, y el actor, el cómico, el representante, nos ofrece corazón a raudales, ternura, historia, emoción, para que comamos de la cultura del teatro en el día del teatro y todos los días que vengan luego.

Somos actores y espectadores que pagamos dinero y queremos la recompensa a tanto esfuerzo. Aunque aún no haya quien entienda que el arte también es necesario para no volvernos locos en estos convulsos tiempos.

Siglo XVI y siglo XXI, ¡qué poco avanzamos en ciertos aspectos! Por eso, son necesarios estos trabajos de cómicos arriesgados y con un gran oficio en su acervo. Por favor, no dejen de verlo.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Las reseñas de Alberto Morate: EL PELIGRO DE LAS BUENAS COMPAÑÍAS, algo está fallando

Cita de familia. Dos hermanas bien avenidas, dos cuñados felices, aparentemente. El cuñado perfecto, el que todo lo sabe, el cuñadísimo; y el renegón, el aquejado, el de los mosqueos. Pero, eso sí, tremendamente educados, respetuosos, unidos, aunque estén resquebrajados. Uno triunfador, otro sin trabajo. Pero precisamente quien reniega es el del éxito. Algo está fallando. Todo no puede ser tan perfecto, se dice Tristán, todo no puede ser tan malo, se dice Félix, hasta en el nombre van acompasados. Y ellas, cómplices, pero transparentes, una afectada por la actitud del primero, la otra callada para no molestar al héroe del momento. De todos los buenos momentos.

Familia fantástica de iluminadas relaciones. Todos tocan el piano. Todos abren su alma al público. Todos son pacientes (y medianamente sinceros).

Javier Gomá nos pone a estas dos parejas en la tesitura de si es bueno ser bueno siempre, o nos perjudica por derecho. Personas anónimas en sus desastres, silenciosas en sus monotonías, alegres en sus progresos.

Pero que el buen humor no falte, ya sea el mal el que impere, ya sea el bien el que está primero. Sonreír ante todo. La sonrisa es signo de inteligencia, y de sentimientos. De ilusión, de nuevos comienzos. Así nos la trae el autor y, su director, Juan Carlos Rubio, siguiendo sus propias directrices, comedia dulce de luces encendidas, de humanos y no de monstruos, de palabras tiernas, de situaciones no comprometidas, de suavidad en el entorno.

Los intérpretes bien situados en el colectivo familiar. Fernando Cayo convergiendo en cierto pesimismo sin perder el humor, arrostrando el peso de quien pone el punto sobre las íes, del que no lo ve todo tan bello. Ernesto Arias, el hombre bueno, el que abre ventanas y es fraterno, el que ampara, el que no presume, el que, a la larga, es El Peligro de las Buenas Compañías, porque siempre lo ponen como ejemplo. Carmen Conesa, gritando sin alzar la voz que quiere su autonomía, su libertad, el derecho a decidir qué es lo que quiero. Y Miriam Montilla, la abnegada y melancólica mujer a la que le viene el sollozo por dentro, que no pierde la sonrisa, que a todo le pone atención sin misterios.

Pueden abrirse ciertas grietas en las relaciones, cuídense de que todo sea modélico. Pero no desconfíen de quien les quiere, porque siempre serán humanos buenos.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Las reseñas de Alberto Morate: A VUELTAS CON LORCA, toma este vals

Lorca ya para siempre joven. A pesar del espanto que produce imaginar su muerte, su fusilamiento. Pero el poeta sobrevivió y está con nosotros. Emocionando nuestros sentidos, con sus personajes y sus versos, con sus palabras y dibujos, con su música y su teatro, con todos los que lo queremos.

Nos vamos a dar un paseo con Lorca, A vueltas con Lorca, y se viene (o nos lo trae) Carmelo Gómez, con su maleta de bululú, con camiseta a rayas de titiritero, con su sombrero de acento circunflejo para brindar por el futuro con esperanza. Y no viene solo, que se trae un piano (Lorca era un gran pianista) y a Mikhail Studyonov, que es ucraniano (¿o se dice ucranio?) y estamos con él, y solo la poesía y la música nos salva. Bueno, y el teatro.

Es lo que vemos, teatro, poesía, oímos música, recuerdos, y un entrelazado entre Federico García Lorca y otros poetas altamente vanagloriados. Machado, Lope de Vega, Cervantes,… todos pululan por el escenario. En la voz y en el cuerpo de Carmelo Gómez, que da vueltas y vueltas, que lo hace con desparpajo, simpático, cambiando tonos, saltando de uno a otro, haciéndolo fresco, rico en matices, siguiendo los pasos de Lorca, pero a saltos.

La dirección es de Emi Ekai que lo deja hacer pero, cómplice también en el texto, le marca para que no sea excesivo y se produzca un espectáculo que no es un monólogo, sino un recorrido, una fiesta sin globos, como cuando un niño le enseña a otro su habitación llena de trastos y juguetes, y los dos, ilusionados, van inventando historias, imaginando, haciendo personajes, imitando, que eso es la catarsis, sentirse identificados, volver a las circunstancias, ser comedia y ser drama, arrebatarse ante lo que la mente va creando.

Es un acto de vindicación, de recuerdo, de juventud, de vida, de simbiosis,… es el cuarto de la Residencia de Estudiantes donde Lorca invita a sus amigos (en este caso Carmelo a los espectadores) a imaginar, a encender la luz, a dar vueltas por el jardín sorprendiendo a los desprevenidos, a bailar un vals, a recitar poemas, a inventar escenas, a constatar que Federico ha salido de sus horas oscuras, para llegar al amanecer donde, por muchos disparos que suenen, no conseguirán su objetivo de darle muerte.

¡Ay, ay, ay, ay! Toma este vals, este vals, este vals, del te quiero siempre” y ven a oírlo y revivirlo con las ganas de un ilusionado adolescente.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Las reseñas de Alberto Morate: EL GOLEM, palabra ficción

Nadie puede negar que la palabra es, eminentemente, social. Después puede producir otra serie de efectos, positivos y negativos o neutros, aclarar o ser un simple hecho convencional de la expresión.

La palabra es el arma de los poetas. Pero también de los oradores, de los políticos, de los seglares, de los abogados, de los actores,… Hay quien se la toma en serio, palabra de honor, y hay quien la carga de significados: peyorativos, atacantes, condescendientes, interesados, o solo literarios.

Palabras técnicas y palabras vulgares. Palabras de andar por casa y palabras que quedan grabadas en la moralidad de las gentes.

El poder de la palabra es inmenso. Y, a veces, no sirve para nada. Así es, está llena de contradicciones.

Juan Mayorga en El Golem, somete a la palabra a un experimento. La convierte en un producto científico. En una ciencia ficción alejada del romanticismo de las letras de las canciones y baladas, de los sonetos y los relatos,… le quita alma para personificarla y que resulte imprescindible, irreversible, que influya en nuestro cuerpo y en nuestras decisiones. Solo no hay palabras en los sueños, porque, al final, puede que se hagan reales. Cuando se cuenta, cuando se expresa, cuando hay una audiencia que escucha, cuando deja de ser una broma y es la causa de los cambios que se producen en la sociedad, en las masas, en las convenciones, en la estrategia de realización de hechos fundamentales.

Alfredo Sanzol, que lo dirige, nos la presenta con la estética de un futuro intrigante. Ambiente en grises, sin adornos, laboratorio de conformación de seres humanos.

Palabra sobre palabra ante hechos consumados de avances tecnológicos. Deshumanización del arte, elipsis de la expresión, funciones del lenguaje, información velada, matemáticos en creación alienante, un ser humano que se convierte en Dios porque nadie ve ni nadie sabe quién es, al fin y al cabo.

El Golem es un ídolo de barro cuya materia prima es la voz, la palabra, la escritura, el lenguaje. Se crea el golem para defendernos de nosotros mismos. Y la palabra se hizo carne y habitó en nuestros cuerpos para irnos carcomiendo poco a poco. Es nuestra defensora y nuestro atacante. Es sabiduría, pero no santidad. El golem de la palabra es fuerte, pero no es piadoso. Porque el Golem no tiene la capacidad de hablar.

Elena González, Elías González y Vicky Luengo cargan de realismo unos personajes estilográficos, les dan energía nuclear o científica, o autómata, venidos al caso.

La palabra-(ciencia)-ficción está dispuesta ahora a hacerse teatro, a ajustarse al sistema de un futuro, quizás, no tan lejano.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

Las reseñas de Alberto Morate: «Thom Pain (Basado en nada), santo varón»

No me gusta la magia. O sí. Yo qué sé. Puede que los domingos sí y los lunes también. No es esa la cuestión. Es que amamos demasiado, creo yo. Y tenemos prisa y no tenemos sonrisa. Desde niños nos imaginamos cosas y suceden cosas. Va la vida entrando en nuestra sesera. Y la vida es incierta. Y leemos libros, (se leían), machacamos clavos, atamos cuerdas, hacemos de una nada un mundo, de un mundo una nadería.

Thom Pain (Basado en nada) nos habla desde la oscuridad, primero, y lo vemos, y después desde la claridad no iluminada de un candil de aceite. Es un santo varón. Pertenece a la vieja casta de los seres humanos de barrio y de seres únicos que te encuentras en las aceras cuando andas.

Es un texto de Will Eno que, por lo visto, tuvo mucho éxito. Y la gente no se marchaba en medio de la escena. ¿Qué se creen que han venido a ver? Juanma Gómez lo convierte, el texto, en un taciturno humano lleno de contradicciones y repleto de amargura, y hasta los topes de sentido del humor en un día laborable que nadie desea, y por eso es sábado.

Amamos mal y con esfuerzo. Somos uno aunque nos empeñemos en vivir en pareja. Y no tenemos tiempo y matamos el tiempo, pero que siempre nos quede la espera. Que nos espere la muerte a lo lejos y no haga la magia de aparecer cuando no se la llama. Somos espectadores de las palabras de este hombre que nos cuenta historias sin sentido o con la lógica aplastante de la incoherencia.

No hay rifa, no hay magia, no hay efectos especiales, no hay público, (¡ay, sí, que somos nosotros!), pero todo transcurre con la fluidez de la libertad de un día de marzo de 2021. Podemos ser lo que queramos. Podemos descubrir olores con la vista. Podemos huir sin movernos del sitio.

Eso es el texto diferente que entresaca con la producción de Arte&Desmayo, un escenario vacío lleno de gente. Un texto escrito que se escucha, se ve, se piensa y se digiere. Una historia de sombra de luz que muestra la inseguridad de lo comúnmente establecido.

Podemos hacer piruetas, magia que, en realidad, son trucos, hacer colección de amistades, conquistar corazones prometedores que dejan de palpitar nerviosos a la segunda cita, podemos rompernos la voz, ir creciendo de niños a adultos, santos varones, santas varonas, envueltos en el pecado de existir, de subsistir, de entender lo que no se comprende.

Es un monólogo de emoción humana. De palabras que se repiten, de acciones que se escapan del propio escenario, de pretexto para un texto que nos deja marcados sin marcas.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.