El Teatro del Barrio se convierte en un particular AMPA

Hasta el 8 de mayo el público se convierte en parte de un particular AMPA en el Teatro del Barrio de Madrid. Una experiencia inmersiva que parte de las enseñanzas que absorbió en el grupo La Cubana Adrián Novella.

Se abren las puertas del Colegio. La profesora les indica a los padres cómo moverse por las distintas dependencias del centro escolar. Algunos padres empiezan a mostrarse ante el resto. Uno de ellos de hecho admite ser “el segundo padre” de la criatura que está por venir. Comienza el Juego de niñas en el que nuestros improvisados protagonistas tienen que bailar la canción de moda como hacen cada mañana en educación física sus peques. En realidad, estamos en el Teatro del Barrio en pleno Lavapiés y esto es teatro y es que a veces realidad y ficción se dan la mano.

“Quería llevar mi trabajo inmersivo en La Cubana por otro camino”. Adrián Novella del grupo Bullanga estaba investigando cómo incluir al espectador en el espacio y la acción de la obra cuando un compañero de posgrado le relató su historia. Su amigo había sido juzgado por un ‘juego de niñas’ y en ese momento sintió “que debía hablar del funcionamiento del sistema educativo y del comportamiento de los padres y madres”. Una forma de actuar la de los padres sin duda marcada por “el miedo, la sobreprotección desmesurada y la falta de comunicación directa”. Todo un contraste con una sociedad en la que nos llegan estímulos de sobreinformación desde las redes sociales.

No hay dos funciones iguales en esta particular representación. Siempre se ha dicho que el teatro tiene su magia en que cada noche es distinta gracias a la respiración del público. En palabras de Novella: “Las reacciones, la energía, la participación y las intervenciones varían cada día y los intérpretes deben estar abiertos a lo que pueda pasar pero también ser capaces de dominar el espectáculo”. Es la magia del teatro participativo en el que en cualquier momento como público podemos intervenir. Todo ello por supuesto teniendo en cuenta que los intérpretes tienen claro el rumbo hacia el que se quiere dirigir la historia.

“No todo el mundo está dispuesto a interactuar”. Cuando como espectador asistes a este tipo de representaciones puedes hacerlo desde diferentes prismas. Puedes ser el que pasa más o menos desapercibido, el que no quiere entrar nada en el juego o incluso el que quiere intervenir en exceso. Las tablas de los actores les permiten saber “cómo utilizarlos para llevar el control, para no violentar a nadie y también para no dar alas a quien quiere intervenir en exceso”. Desde luego, no es una tarea fácil y a tenor de la experiencia presentada ahora en el Teatro del Barrio el resultado no ha podido ser más gratificante.

Cuando todo funciona, la obra es mágica. Hay días en que todo va como la seda. De repente, el espectador se olvida completamente que está en el teatro “y se adentra por completo en la acción”. Como espectadores estamos alerta, atentos juzgando este particular “juego de niñas” en el que el profesor cuentacuentos se convierte en el recriminado protagonista. “¿Alguna vez les deja sentarse en sus rodillas?” pregunta una de las madres, saltando de nuevo la duda. Entonces como público nos alarmamos y aunque sabemos que es ficción lo vivimos como verdadero.

“Muchos maestros se sienten impotentes cuando saben que una criatura necesita una señal de afecto pero que no puede porque se puede malinterpretar”. Cuando uno escucha a Adrián Novella no puede más que irse mentalmente a un momento de la obra. Ese en el que la profesora recrimina al protagonista que hiciera `juegos de cosquillas’ con sus alumnas y alumnos.

Los adolescentes convertidos en ‘adultniños’. Si por algo destaca este montaje es por la implicación del sector educativo. Nos comenta Eloísa Braceras, profesora y miembro de diferentes Consejos Escolares, que algo que acompaña al hecho de ser padre es el miedo desde el primer momento: “Cuando te dan el título de padre o madre -sin méritos ni preparación- empiezas a temblar por todo, especialmente al pensar que tus hijos puedan pasar por lo que a ti te ha hecho daño”. Braceras no cree que este hecho infunda miedo a los niños, pero sí opina que se debería optar por una cierta autoridad ante esos adolescentes. Se les quiere ver como ‘adultniños’ cuando en realidad ni son adultos ni son niños. Ni padres, ni profesores, sino “otras cosas” son responsables del comportamiento de quien aún no ha comprendido que toda causa tiene un efecto, ¿Será realmente verdad la frase que recitan cual mantra las protagonistas ausentes de esta obra? El debate y la reflexión está servido en este particular “juego de niñas” con dos versiones enfrentadas que aún a día de hoy siguen sin encontrarse en un lugar común.

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