Agencia de comunicación cultural especializada en gestión de campañas de prensa y redes sociales para teatro, cine, música y todo tipo de eventos culturales. Contacto: Desdemibutacacom@gmail.com
Paco Azorín está detrás del éxito de Julio César, un montaje en el que parece que se han alineado todos los astros para sacar lo mejor del texto de Shakespeare. Él firma la dirección y la escenografía de una obra que llegará al Teatro Bellas Artes de Madrid en enero de 2014. Un año en el que Azorín encadenará interesantes proyectos como escenógrafo y director en producciones como la ópera La Voz Humana en los Teatros del Canal.
¿Qué le atrapó a Paco Azorín de Julio César?
Todas las obras de Shakespeare me encantan, pero muchas de sus obras son complejísimas. No me atrevería con Hamlet, pero Julio César es una obra sencilla para los actores y para el público. El número de vocablos que salen de la boca de César es muy inferior al de otras obras del autor. Resumiendo muy someramente la obra, va de unos que quieren matar a Julio con sus razones y que, después de matarlo, nos dan los argumentos de por qué lo han hecho.
En escena, has jugado al teatro más esencial, creando a partir de pocos elementos como un obelisco como eje central, representando el ascenso y caída de César…
El escenario es el territorio del juego simbólico. Yo no necesitaba grandes columnatas ni muchos figurantes para explicar esta historia tan sencilla. Efectivamente, el obelisco es el elemento principal de la puesta en escena, pero hay una docena más en la representación. Con un mínimo de elementos , conseguimos el máximo resultado. En definitiva, estamos haciendo un ejercicio de teatro puro.
¿Entendería de la misma forma el oficio de director Paco Azorín sin su formación como escenógrafo?
Desde luego que no. Como director no puedo quitarme de encima mi formación como escenógrafo. Quiero hacer crecer el montaje creando imágenes, sin necesidad de grandes alardes escenográficos.
¿Por qué el teatro es para ti un buen lugar para contar historias?
El teatro tiene algo de equilibrio mágico de proporciones. Tú puedes hacerlo perfecto y que no funcione, es algo impredecible. Quizás eso sea lo que me atrae de este oficio.
¿Qué crees que busca el público en una función como Julio César?
Julio César está interesando mucho al público no solo cuando lo ve, sino que mucho antes. El título, el reparto y el autor atraen de antemano al público que está agotando las entradas en todas las ciudades que estamos visitando. Yo creo que el público en tiempos difíciles busca cierta seguridad en que el espectáculo les vaya a interesar y nuestro espectáculo tiene los mimbres necesarios para enganchar.
En tiempos difíciles para el teatro, supongo que será esencial contar con el apoyo en la distribución de una empresa como Pentación…
Es esencial la colaboración de todos los que hemos participado en este montaje. Hemos conseguido que tanto producción como distribución, prensa y compañía rememos en la misma dirección. Pentación ha hecho un trabajo fantástico de distribución. Los bolos han salido a partir de que los espectadores viesen el estreno, que gustó mucho. Los astros se han alineado y hemos dado en la diana, aunque no tengo la fórmula del éxito.
Unos astros que se alinearían en noches tan mágicas como las que vivisteis en Mérida supongo…
Allí se alinearon todos los astros. Actuar en un edificio con sus 2000 años de historia a sus espaldas es maravilloso. Un edificio de la época de Julio César nada menos. Allí las palabras resuenan de una manera mágica. Está siendo una gira maravillosa. Además de coproducir el espectáculo, Mérida es la ciudad de uno de los actores de la compañía, Pedro Chamizo que hace de César Augusto, que fundó precisamente Mérida. Además, hemos estado en otras plazas que han hecho de esta gira algo muy emotivo.
Una de las peculiaridades es que rotan algunos intérpretes en el reparto, ¿Era algo premeditado?
No ha sido algo eventual. Teníamos claro que iba a durar una larga temporada y me empeñé en crear una compañía, que trabajasen todos juntos y pudiesen intercambiarse algunos los papeles. En este punto del recorrido de la obra me daba miedo que el espectáculo se viciase. Los actores tienden a repetir de una forma preocupante y lo que he querido es que eso no pase. Acaba de incorporarse Agus Ruiz como Casio en las representaciones de Santander. Así, se produce una cierta tensión en escena, que es lo mejor que se le puede hacer a la obra.
Y si miramos hacia el futuro, ¿Qué proyectos tiene Paco Azorín?
Muchísimos. Me despido como director de Julio César. Ahora me toca dirigir Tosca en el Liceu, La Voz Humana en el Canal. Como escenógrafo tengo además un montón de proyectos también.
La televisión seguirá teniendo un espacio destacado en el nuevo DESDE MI BUTACA. El curso televisivo se está desarrollando con una peculiaridad en términos de audiencia. A Telecinco, Belenazos y Quicazos aparte, le está costando recobrar el liderazgo tras años de dominio absoluto. La Voz ha vuelto con éxito, pero con menos que en la anterior temporada. Le ha salido una «mosca cojonera» en formato ficción, Isabel, la todopoderosa ficción de La Pública. Y hoy además le va a salir otra dura competencia. El tiempo entre costuras, un estreno largamente aplazado y que ha generado unas expectativas realmente grandes. Una superproducción televisiva, 500.000 euros por episodio, que ya se compara con el nivel de producción de las series de la BBC y la HBO, palabras mayores. En esta noche suicida, es difícil pronosticar un vencedor en este enfrentamiento titánico, pero está claro que nadie va a salir beneficiado. Igual la fidelidad a la serie de La 1 y el concurso de los coaches hace que El Tiempo entre Costuras no brille tanto como se esperaba. En lo que sí acertó de lleno Telecinco ha sido con el estreno de una de sus pocas tvmovies con cierta calidad que ha estrenado últimamente. Hasta ahora, la cadena ha apostado por productos de dudosa calidad del pelaje de los bochornosos biopics de Paquirri, Isabel Pantoja… Solo se salvaba de la quema, por los actores y por el buen nivel de producción, la mini serie que plasmó en pantalla la vida de la Duquesa de Alba. Pues bien, Niños Robados tiene cierta altura en el primero de sus dos capítulos. La primera parte, que cuenta lo que ocurrió en el pasado, se centra en el excelente trabajo interpretativo, como de costumbre, de Emilio Gutiérrez Caba y Blanca Portillo como el doctor y la monja que perpetraron esta trama delictiva. La segunda parte, en la que apenas aparecen 5 o 10 minutos, se centra en la búsqueda de su pasado de las madres y niñas que pasaron por las manos del doctor y la monja. El segundo capítulo parece un trasunto de un programa especial cualquiera de Espejo Público o El Programa de Ana Rosa y no aporta absolutamente nada… a nivel informativo y, por ende, narrativo. Esto me lleva a corroborar lo que suele ocurrir con estas tvmovies patrias…. Vamos, que con un capítulo a modo película, las cosas saldrían mucho mejor, pero las cadenas «rentabilizan» el producto de esa forma… La nueva serie de éxito de Antena 3, Vive cantando me generó unas expectativas demasiado altas, la verdad Tras ver el piloto, se desinfló el interés por la serie… Decidí darle una nueva oportunidad y, al final, me he enganchado. Los guiones, a caballo entre la emoción y la risa como la vida misma, son correctos, pero sobre todo me engancha, como en tantas otras series españoles, el nivel de nuestros intérpretes. María Castro es una actriz cada vez más ‘cuajada’ y se entiende que hayan apostado por ella para un papel que, en principio, estaba concebido para alguien más mayor. Poco se puede decir de la emoción, es lo que tienen las tablas, de Manuel Galiana, ¡Qué gusto da verle todas las semanas en pantalla! Más nombres: Leo Rivera, José Luis García Pérez, la frescura de Roko, Javier Cifrián, al que por fin le dan un papel con toque dramático, y su mujer en la ficción, siempre maravillosa Mariola Fuentes, a la que volveremos a ver sobre las tablas esta temporada con ese indiscutible éxito llamado El manual de la buena esposa. Y entre los regresos triunfales también ha estado, como no, ¿Quién quiere casarse con mi hijo?, programa al que me he acercado por primera vez esta temporada y hasta he entendido su éxito. Tiene gracia, mucha gracia. Así, tal cual y por supuesto eso de que te ayuda a olvidar los problemas. Y también me he reído y de lo lindo con el programa de cámara oculta Los mayores gamberros, que de convierte la simpleza del formato en su mayor virtud. Esos viejecillos se han ganado el cariño del público con sus bromas erótico-festivas y su mala baba, que no hace daño ni ridiculiza a los que participan sin saberlo en ello. Una gran opción para huir del Deluxe el viernes. Y cierro con guiño a los estrenos que nos llegan de Estados Unidos, donde ya ha cerrado la segunda temporada esa obra maestra llamada The Newsroom, que con su visión cuasi heroica del periodismo ha vuelto a convencer a propios y extraños al mundo de los mass media. Y el gran atractivo del curso televisivo se llama American Horror Story, que en su tercera temporada volverá a sorprender con aquelarres de brujas, muñecas de budú humanas, esclavo-minotauro, variadito oiga. Y encima, el amigo Ryan Murphy, que verá desaparecer muy pronto a su niño del alma, Glee, nos regala el placer de ver frente a frente a dos mitos: Kathy Bates y Jessica Lange, todo un emblema ya de la terrorífica serie norteamericana.
Como os vengo avanzando en los últimos días, el nuevo DESDE MI BUTACA trae algunas novedades que os iré desgranando poco a poco. Una de ellas es la figura de la firma invitada. La intención es contar con algunos de los artífices de los espectáculos en cartel para que nos cuenten sus impresiones en un artículo. Actores, directores, autores, productores e incluso los gestores de las salas podrán dar su punto de vista en esta serie de artículos externos. Esperamos tener lista la primera firma invitada muy pronto. Para cualquier consulta no dudéis en escribirme a desdemibutacacom@gmail.com.
Actor, director y productor teatral, Tristán Ulloa ha tocado todas las facetas de su oficio con notable éxito. Director de la película Pudor, combina su trabajo como actor en la obra Julio César con proyectos tan interesantes como En Construcción, uno de los grandes éxitos de la sala de teatro de nuevo cuño Teatro del Arte. Hoy más que nunca, el teatro se convierte para él en un parlamento en el que cuestionar los errores del ser humano. Su Bruto es un peldaño más en una carrera artística que, estoy seguro, dará aún mucho que hablar.
¿Qué ha atrapado a Tristán Ulloa de un texto como Julio César?
El texto ya es lo suficientemente atractivo como para aceptar un proyecto así, pero si encima tienes ante ti un personaje que es “Pre- Hamlet” era imposible decir que no. Hamlet tiene mucho de Bruto. El mítico ser o no ser tiene mucho del “remedio está en su muerte” de mi personaje, que se cuestiona si matar o no matar a Julio César. Plantea el dilema de si es un magnicidio o un tiranicidio matar a César. Era justo o era un tirano a derrocar. Son preguntas que el público debe responder. Es una obra escrita hace 400 años y parece escrita hace dos semanas. La historia del hombre nos enseña poco… o más bien aprendemos poco de ella. Siempre nos encontramos ante la misma gentuza. Estaría bien no repetir los mismos errores.
Uno de los momentos clave de este montaje ha sido su paso por el Festival de Mérida…
Es una experiencia realmente mágica. Cualquier actor que le guste su oficio sueña con actuar en Mérida. Actuar ante 3000 personas a la luz de la luna con un Shakespeare es algo maravilloso. Ojalá que un festival así perdure en el tiempo.
La última experiencia televisiva ha sido Gran Reserva, ¿Con qué se queda de esa serie?
Hace un año que terminamos de rodar y lo mejor han sido los compañeros. Es una etapa más en mi vida, pero es cierto que ha sido muy gratificante compartir escenas con gente como Emilio Gutiérrez Caba, Francesc Garrido, Ana Risueño…Gente con la que estás a gusto y de la que encima aprendes muchísimo.
En Construcción se convirtió la pasada temporada en uno de los éxitos de crítica y público más reseñables, ¿Qué destacaría de ese montaje?
Es una de las experiencias más hermosas que he vivido en mi carrera. Ha salido de una forma muy natural y muy pequeñita, que ha ido creciendo hasta convertirse en un gran espectáculo. Hemos tenido una grandísima recepción de la crítica y el público ha aplaudido mucho el montaje. Hemos llenado a diario, pero por culpa del IVA no he podido amortizar la obra. De la recaudación el 50% va para la sala y del resto va el 21% para el IVA y el 10% para los autores. La compañía trabaja con un 19%, no salen las cuentas para pagar los sueldos… En la Feria de Programadores de Huesca hemos recibido el premio a mejor montaje, lo que nos ha abierto la posibilidad de que nos programen en varios sitios. Estamos realmente satisfechos y orgullosos del trabajo realizado. Ya estamos preparando la gira.
¿Por qué el teatro es un buen lugar para contar historias para Tristán Ulloa?
El teatro, como decía Arthur Miller, es el único formato que no puede morir, habla del espíritu del hombre. Mientras siga habiendo personas en este planeta, el teatro no morirá. Independientemente de que se pague o no se pague. Nuestra obligación es convertir el teatro en un parlamento. Debemos invitar a la reflexión a través del teatro.
Y si miramos hacia el futuro, ¿Hay nuevos proyectos a la vista?
No te puedo avanzar nada. Nos hemos convertido en un país incierto. Yo siempre he convivido bien con la incertidumbre que te provoca esta profesión, pero ahora mismo no soy muy optimista. Eso sí, no voy a dejar de luchar por trabajar en algo en lo que realmente crea.
Si algo me interesa de Grand Piano más allá de la inevitable comparación con el cine del maestro del suspense es su inconsciente, o no tanto, reflexión sobre el miedo escénico. Eugenio Mira nos presenta a un pianista que se enfrenta de nuevo a la pieza imposible. A la dificultad de la propia partitura se le añade un factor externo, un francotirador invisible a los ojos del músico que le disparará si no llega a tocar con acierto las últimas notas. Y nada más empezar me viene a la cabeza la reciente Última Llamada con la que comparte un similar punto de partida, pero esta nueva cinta va mucho más allá del simple entretenimiento.
Mira pone en escena a un artista que se plantea si ser uno más o convertirse en una leyenda de la música. La diferencia entre arriesgar por conseguir tus sueños o quedarse estancado en la mediocridad, esa máxima en el arte que el director lleva a primer término en esta cinta. Para el roll protagonista cuenta con el ex habitante de la Tierra Media Elijah Wood. Este inseguro pianista saca lo mejor del actor al que veremos pronto en otra producción española, Open Windows de Nacho Vigalondo. Sí, resulta que esta película es española, aunque a algunos les parezca increíble. Una pena que el final desluzca lo que, hasta el desenlace, era un desasosegantemente entretenido thriller que se resuelvo de una forma abrupta y tirando de ‘fuegos artificiales’. A pesar de ese decepcionante final, Grand Piano se deja ver con gusto y te dejará pegado a la butaca. Mucha suerte en taquilla, sería bonito ver otro filme de producción nacional entre las más vistas. Eso sí, tendréis que esperar hasta el 25 de octubre, fecha de estreno en salas comerciales.
Como algunos lectores del blog sabrán yo comencé a amar el teatro gracias a los musicales. Hace catorce años se metió el veneno del teatro en mi gracias a esos espectáculos en los que los actores cantaban, bailaban y, lo más importante, interpretaban. Recuerdo con especial cariño de aquellos años mi primer encuentro directo con el mundo de los musicales, con nada menos que Concha Velasco de protagonista. Mi primera reseña teatral, que lamentablemente no conservo, fue para la revista escolar y dedicada al musical Hello Dolly. Tengo grabada aún en mi cabeza aquella noche mágica en el que me introduje por primera vez ‘entre cajas’, no voy a usar ‘bambalinas’ aunque sea la seña de identidad de uno de mis blogs, pero me toca ser ‘correcto’ con la terminología. En el mismo espacio que estos días ando transitando, conocí a «La Velasco» y a uno de los primeros actores dedicados al mundo de los musicales que yo llegué a admirar, Roberto Saiz, cuya carrera he seguido hasta la actualidad y al que, por supuesto, tengo un especial cariño. Ya entonces me asombró la capacidad que tenía el equipo de hacerlo todo y hacerlo todo bien. Durante años, se ha dicho que los actores y, por ende, las producciones de teatro musical hechas en España, no estaban a la altura de Broadway. Perdónenme que les diga que se hacen buenos musicales en España, también nefastos, las cosas como son, pero siempre habrá quien tire piedras sobre su propio tejado. Tras una pequeña experiencia en el musical Chicago en 2010, hace unos meses Stage Entertaiment me ofreció la oportunidad de meterme, ahora sí lo uso mal y a conciencia, ‘entre bambalinas’ en uno de los musicales más legendarios, Los Miserables. Y ahí sigo asombrándome de la preparación de estos actores integrales, término propio para designar a estos monstruos de las tablas, que lo mismo te cantan un aria que se marcan una sorprendente escena de lucha.
Pero, en el fondo, más allá de una voz prodigiosa o un bonito vestuario, al musical le pido, como al teatro de texto, emoción. Y esa emoción solo se consigue cuando la materia prima actoral tiene la suficiente enjundia. Por eso no puedo más que enervarme cuando veo a caras conocidas con nulo talento para alguna de las facetas que exige el musical luciendo ‘palmito’ en las carteleras de la Gran Vía. Creo que es un craso error vender a la estrellita de turno, eso por supuesto hace que la calidad de la producción decaiga a niveles críticos. Por eso, es un placer ver el trabajo desde dentro en una producción del nivel de Los Miserables. Si algo ha conseguido Stage es crear un público de musicales y, por así decirlo, un público de teatro musical Hace unos años hubiese sido inviable, por cuestiones técnicas e incluso artísticas, que pudiesen girar espectáculos de la envergadura de Sonrisas y Lágrimas o La Bella y la Bestia. Es un buen momento para reivindicar a nuestros actores integrales. Los musicales me llevaron a amar el TEATRO y tantos años después sigo aplaudiendo su «atlético» trabajo, como haré este jueves cuando mis queridos ‘miserables’ levanten el telón por primera vez este jueves.
Nace el nuevo Desde Mi Butaca con energías renovadas y, qué mejor que hacerlo con uno de los nombres clave de nuestra escena. Curtido en las tablas desde pequeño, Mario Gas no entiende desde hace mucho su vida sin el teatro. Actor y director de voz reconocible, se ha puesto al servicio de actores como Geofrey Rush para dar vida al ‘muñeco’ que le tocaba acometer. El veneno del teatro sigue instaurado en su ADN y ahora brilla con luz propia como actor en Julio César, pero no olvida la dirección que le ha llevado la pasada temporada a comandar con éxito al equipo de El veneno del teatro. Con los pies en la tierra y viendo lo incierto de nuestra escena no se atreve a hablar de su futuro profesional. Ahora su prioridad es que los espectadores disfruten de la representación de «la sublime escena de la muerte de César en países y lenguajes aún desconocidos».
¿Dónde reside para Mario Gas la grandeza de un texto como Julio César?
La grandeza de Shakespeare está en que consigue crear unos personajes de carne y hueso, que son muy poliédricos. Este personajes realmente solo tiene unas pocas escenas, pero eso te permite que en poco tiempo tengas que mostrar todas las aristas del personaje. Es un placer hacer a grandes autores que como él son capaces de conmover al espectador y hacerlo pensar. Nos habla de la condición humana y es como un tarro de esencias concentradas. Coges una cucharada de su obra, la diluyes en un líquido coyuntural de una actualidad determinada y de ahí sale una obra que parece escrita en el mismo momento de ser representada. Eso es realmente bonito y lo que hace de este autor algo tan especial.
Paco Azorín ha querido llevar a primer término el texto en su minimalista puesta en escena…
A Shakespeare no le convienen las puestas en escena excesivamente realistas y grandilocuentes. Viene bien llevar el texto a primer término. Lo cierto es que la propia arquitectura de la obra está basada en la dialéctica de los personajes. El texto lleva a la acción y eso es lo que queda siempre en el gran teatro.
Una faceta no tan conocida del actor y director Mario Gas es su papel en la historia del doblaje, ¿Qué lugar ocupan en su vida los takes?
Ocupa un papel entrañable en mi vida. Lo cierto es que ahora mismo solo doblo a Ben Kingshley y Geofrey Rush. Yo empecé muy joven en el doblaje. Admito que yo soy consumidor de cine en versión original, pero el doblaje bien hecho es algo muy interesante. La verdad es que en ese sentido no me puedo quejar, yo tuve grandes maestros. Aunque modifiques algo tan valioso como la voz de un actor, creo que es tan válido un buen doblaje como unos subtítulos. Ocupa un espacio muy importante en mi trayectoria vital y artística. Es una profesión a la que quiero mucho, aprendí muchísimo a hablar y a seguir al muñeco de la pantalla. Me ha servido para aprender a usar los cambios de ritmo, respiración y prosodia que luego me han sido de gran ayuda en mi trabajo en el teatro.
El veneno del teatro ha sido uno de los éxitos de la temporada, ¿Qué balance hace Mario Gas de esta experiencia escénica?
He tenido el honor de trabajar con dos actores extraordinarios. Hago un balance muy positivo de esta aventura teatral a la que aún le quedan unos cuantos meses de gira. Ha sido un reencuentro maravilloso con un teatro de texto muy íntimo con esa maravillosa escenografía de lo más sintética de Paco Azorín.
¿Por qué cree Mario Gas que el veneno del teatro se ha quedado marcado en su ADN?
Hay dos razones. Primero, yo vengo de una familia del mundo del teatro y de la música. Desde pequeño veo la vida desde un escenario. Era difícil que yo me escapase de eso, aunque es cierto que tuve una época en la que quise ser arquitecto, diplomático e incluso estudié las carreras de Derecho y Filosofía, que por supuesto no acabé… Me integré entonces en el teatro independiente con una ideología muy marcada y con un intento de renovación formal. De ahí ya pasé al teatro profesional. En segundo lugar creo que el veneno del teatro sigue dentro de mi por qué me gusta esa manera de transitar por la vida. Me encanta esa ficción que se convierte en realidad, ese poder de la palabra para preguntarnos cosas que no entendemos. En definitiva, me atrapa del teatro crear esos mundos de ficción que te conectan con la realidad.
Si miramos hacia este futuro incierto de nuestra escena, ¿Qué proyectos tiene en mente Mario Gas?
El proyecto inmediato es Julio César hasta finales de junio. He montado muchos proyectos en colaboración con productoras de amigos o con teatros públicos. Claro que voy a seguir así, a tenor de los tiempos y trabajando con la gente que me apetece estar. Cuando tienes una responsabilidad pública, es un punto y seguido en tu carrera. Sabes que después van a venir otros proyectos por tu cuenta. Tengo proyectos aún por firmar y uno de hecho acaba de caer por desavenencias con un teatro, pero lo cierto es que hay bastantes cosas a la vista.
Primera toma de contacto con el nuevo DESDE MI BUTACA. Nuevo por volar ‘a mi aire’ sin estar dentro de un medio de comunicación trás más de dos años y medio en el mismo. Tenía ganas de seguir adelante con nuevos objetivos y metas, pero tranquilos que el blog seguirá conservando sus señas de identidad. Entrevistas, reportajes, vídeos y podcasts relacionados con el mundo cultural y televisivo seguirán poblando los posts de este blog. Como novedad importante, DESDE MI BUTACA COMUNICA, una nueva ventana para ‘comunicar’ nuevos proyectos culturales. Un concepto de estrategia de comunicación que abarca desde los tradicionales dossieres de prensa a los blogs y las redes sociales. Un paso hacia adelante para seguir apasionándome por los proyectos en los que creo. Además, el blog tendrá un apoyo importante en esta nueva etapa, que será visible dentro de unas semanas.
Bridemos por una nueva etapa en la que avanzar DESDE MI BUTACA…
Llevaba tiempo queriendo ‘celebrar’ la entrevista número 400, que en realidad ya ha pasó hace unos meses. No podía ser una entrevista cualquiera, ni mucho menos una simple promoción de la película o espectáculo de turno. Después de años en que nunca se habían dado las circunstancias oportunas para tal encuentro, me acerqué al Teatro Bellas Artes a charlar un rato con Antonio Dechent. Le pillo en mitad del ensayo técnico que interrumpe para atender a DESDE MI BUTACA. Cada noche, se encuentra a si mismo en el escenario, su hábitat natural. Reconocido principalmente por su trabajo en el cine, Dechent dice sufrir la enfermedad del rojo y el oro, ese color que caracterizaba históricamente a los telones del teatro. Y en las penumbras del Bellas Artes, su mente lúcida y crítica se abre paso para hablar de un oficio que le ha llevado a interpretar a todo tipo de ‘generalotes’ y duros personajes que se alejan mucho de la imagen que tiene de si mismo. Él se ve más como el protagonista de La Voz Humana, un hombre roto por el amor que busca recuperar en una última llamada desesperadamente a su enamorada. Siéntense en sus butacas y disfruten de sus palabras. No les defraudará.
¿Cómo es esa última llamada al amor que refleja La voz humana?
La idea de hacer esta función surge del espacio para el que fue creado. Se realizó para esa pequeña sala que han montado en el Mercado de Triana. Tenía que hacer algo íntimo, que el público tuviese la sensación de que estaba invadiendo la intimidad del personaje. Me vino a la cabeza La voz humana, pero al momento lo deseché. Luego, lo pensé bien y me decidí por convertir al personaje en un hombre en un marco de una relación heterosexual. De hecho, ya la habían interpretado hombres haciendo de homosexuales e incluso travestidos de mujeres. El desamor no tiene género. Creo que esta función hace mucho por la igualdad de género, el dolor es el mismo y los sentimientos también.
«La voz humana», los martes a las 20:30h en el Teatro Bellas Artes.
¿Ha tenido que recurrir Antonio Dechent a su particular “armario de las emociones” para hacer La voz humana?
En este caso he tenido que ir… al fondo del armario. Ojalá conserváramos siempre esa ingenuidad que te dan los sentimientos profundos. El amor es una enfermedad que te hace olvidar todo lo demás. La vida conforme va pasando no te permite vivir de una forma tan profunda. Me ha venido muy bien, he recuperado emociones que en la vida real ya habían desaparecido casi por completo. Conforme nos hacemos mayores, nos creamos una coraza para que no nos hagan daño. Todos hemos vivido esa capacidad de transformarse para complacer al otro. Envidio mucho a los que aún tienen esa capacidad de darlo todo por los suyos.
¿Tenía ganas de quitarse los galones de militar y meterse en la piel de un personaje que es pura emoción?
La verdad es que no. Creo que es más una cuestión de superar la imagen que tiene el público de mi. Es un espectáculo ideado por mi, lo que demuestra que yo no me veo tanto en ese roll que me ponen siempre de militar ni el más macho de los machos con el que siempre me identifican. He escogido un personaje que de alguna forma es similar a mi. Es un hombre frágil, débil y roto. De alguna manera, sé que crea una cierta curiosidad ver como el ‘generalote’ se puede acercar a este texto.
¿Por qué el teatro es un buen lugar para contar historias para Antonio Dechent?
El teatro es mi hábitat natural. Siento que es mi particular microcosmos. Soy parte de las bambalinas. Decían que Cocteau tenía la enfermedad del rojo y el oro, el color de los telones del teatro. Tengo esa enfermedad. Me encuentro cada noche a mi mismo en las penumbras del teatro.
Uno de los autores que más ha trabajado ha sido Valle Inclán con sus esperpentos tanto en el teatro como en esa ‘curiosa’ y espléndida adaptación cinematográfica que vimos hace unos años, ¿Qué le ‘toca’ del teatro de Valle Inclán a Antonio Dechent?
No sé si considerarlo un elogio, pero alguien me dijo una vez que soy un actor esperpéntico -sale a relucir una grave y cálida risa que acompaña a buena parte de la entrevista- Valle Inclán es el padre y maestro mágico de todo lo demás. Me dedico a esto por no tener talento para inventarme las historias. Tengo que contar las historias que escriben otros. El lenguaje de Valle es el mayor placer que puede sentir un actor. Si fuera inglés diría Shakespeare, pero en España es nuestro dramaturgo por excelencia. Puedes hacer muchas veces la misma función, pero siempre encontrarás cosas nuevas. Define muy bien al género humano, cómo ve a las personas con ese crisol de ternura tan maravilloso.
Cuando leo el término ‘actor-obrero’ con el que se autodefine en algunas entrevistas me acuerdo de ver su nombre en 2006 por todas partes. Hasta en 4 películas en menos de dos meses, ¿Podría entender su vida sin un oficio tan absorbente?
Mi vida es bastante aburrida cuando no trabajo. Cuando más vivo estoy es cuando interpreto a otras personas. No me molesta estar trabajando de una forma tan intensa. Colaboro con un montón de proyectos por amor al arte. No puedo estar parado, me lo paso muy bien. Es lo que me mantiene vivo, igual es una forma de apagar mis carencias vitales, pero es lo que hay la verdad.
Uno de los últimos hitos de su excelsa carrera ha sido ese vendedor hastiado de la vida de A puerta fría…
Ese señor mayor me salió muy bien. Fue una apuesta muy arriesgada. El personaje fue escrito para mi pensando en esa imagen de hombre castigado y duro que doy en cámara. Es un punto y aparte en mi carrera junto a mi trabajo en Smokin Room. Se rodó en mi Sevilla y no pude volver a mi casa a llevar mi vida familiar con mujer e hijos. Una experiencia muy absorbente y decidí por ello quedarme en el hotel. Paseaba por los mismos pasillos que el personaje y tomaba una caña en el mismo abrebadero que el personaje. Queda explícitamente marcado en pantalla ese cansancio físico y vital de este hombre que se queda atrapado en un callejón sin salida.
Cine, teatro, pero también televisión, ¿Cómo fue la experiencia de La familia mata?
Fue durillo. Puede que pensasen en mi por ser una persona en apariencia divertida, pero la verdad es que a las seis y media de la mañana no tengo mucho de eso. Es una experiencia envidiable, tener un trabajo diario lo es. Eso sí, a veces tenía la sensación de que con más tiempo las cosas hubiesen salido mucho mejor. Conservo buenos amigos como Pepe Ruíz- al que vi en el patio de butacas el pasado martes- al que sigo llamando ‘Papá’.
¿En qué momento se le metió el veneno del teatro en el cuerpo a Antonio Dechent?
No lo recuerdo exactamente, el teatro siempre ha estado presente en mi vida desde que hacía teatro en el colegio y llegué a ser coordinador. Lo que sí recuerdo es que era una mente muy cambiante. Estudié Psicología, viví en Lisboa y he tenido multitud de trabajos de diverso pelaje, que combinaba muchas veces con la interpretación, que aún no era mi oficio. De vez en cuando me planteo hacer otras cosas, pero en el fondo… Me he dado cuenta de que solo sé hacer esto.
Supongo que el to play de los ingleses cobra aún más sentido cuando se trabaja con capa y espada en proyectos como Alatriste…
Estoy encantado de hacer un trabajo tan íntimo como esta obra, pero amigo mío, me encantaría montarme en una nave especial y descubrir nuevos mundos…
Dejó la carrera de Psicología, pero ¿No le hubiesen venido bien esos estudios para conocer a los personajes o es la profesión de actor directamente una de locos o inconscientes?
Es mucho más loco lo de la Psicología que el trabajo de actor, algunos estudian para intentar entenderse a si mismos. Las carreras universitarias están anclados en la memorización. De hecho, sacaba unas notas estupendas, pero luego lo olvidaba, no adquirí ningún conocimiento la verdad. El conocimiento académico sirve para poco en esta profesión. Es el conocimiento de las personas el fundamento de este oficio.
¿Hacia dónde va un país que ‘acribilla’ su cultura con medidas como el 21%?
Según el ministro, la cultura no existe. El arte es entretenimiento por lo visto. Somos todos vedettes de revista según el ministerio. Hay que estar muy loco para hacer teatro en estos tiempos. De lo poco que me llevaría de la entrada, encima me quitan el 21%. Debo tener un problema por querer hacer algo con tanta pasión cuando sé que el rédito económico va a ser escasísimo. Esto viene de lejos. Me hace gracia que se llame subvención a las ayudas a la cultura. Hay ayudas en todos los sectores, incluido el de la banca, y a nadie le molesta precisamente por el término ‘ayuda’. Todo es un suma y sigue. Algunos nos llaman ‘titiriteros’ y se permiten el lujo de criticar el cine español sin ver ni una sola película. ¿Por qué quieren ser ignorantes? ¿Por qué se autolobotomizan? Es como si digo que no leo literatura traducida. No creo que les haga mucho bien esa actitud. Es una barbaridad.
Ha participado en decenas de cortometrajes, ¿Piensa que el futuro del largometraje está en manos de estos talentos emergentes?
Antes había que gastarse una pasta para hacer un corto, ahora hay una gran eclosión de pequeños cineastas con la revolución tecnológica. Algunos sí que lo conseguirán, pero otros se quedarán por el camino. Todos no van a conseguir triunfar. La semilla está ahí y hay gente muy buena en ese campo.
¿Cuál es el proyecto más inmediato de Antonio Dechent?
Estoy con Tomar Partido de Ronald Harwood, el guionista de El pianista y El Cuarteto. Es un texto maravilloso. Es sobre unos juicios paralelos a los Juicios de Nuremberg que se hicieron a la gente de la justicia y de la cultura. Es el espectador el que debe tomar partido y sacar sus propias conclusiones en este montaje.
Para acabar, ¿Con qué proyectos sueña Antonio Dechent?
No están las cosas para soñar… Con conseguir que me de para vivir con este montaje yo sería feliz. No quiero ser una estrella ni ganar mucho dinero. Soy un trabajador como bien dijiste antes. Estoy muy de acuerdo con el Papa Francisco cuando dice que no tener trabajo es indigno. Solo pido vivir de esto sin que me toquen las partes nobles.
Llevamos unas semanas en que el cine español ha vivido el feliz acontecimiento de ver como La gran familia española se ha colocado como número 1 en taquilla. Ayer, se estrenaba Las brujas de Zugarramurdi y de nuevo nuestro cine se ha colocado en lo más alto de la taquilla, esperemos que siga la racha…
Tiene la capacidad este director, de los pocos en nuestro cine, de haber creado un universo propio con sus aciertos y sus… excesos. El director se sumerge en el mundo de la brujas sacando lo mejor y lo peor de si mismo como creador superlativo. Tras una espectacular escena de arranque con ¡Bob Esponja con una recortada en plena Puerta del Sol!, mira que le gusta Madrid como escenario de rodaje al director de La comunidad. Pues sí, Madrid es una ciudad «de cine», uno de los escenarios naturales más interesantes de nuestra geografía como ya demostró el cineasta en El día de la bestia. Y de ahí, con unos atracadores que simulan ser estatuas humanas de esas que poblan las calles del centro de Madrid, emprendemos la huida a Zugarramurdi, el lugar donde se dice que comenzó la brujería en España. Y conocemos a una tabernera que confiesa que a ella no le dan miedo las brujas, sino los hijos de puta. De la Iglesia, aún moderado, en estado puro. La frase la suelta una de las actrices más libres de nuestro país, Terele Pavez, sin duda alguna lo mejor de la cinta. La acompaña Carmen Maura en un registro muy diferente al que nos tiene acostumbrado últimamente. Pasa una cosa con las grandes, me da la impresión. Llega un momento en que, conscientes de lo buenas que son y los directores que se lo permiten, ponen el piloto automático en su modo de interpretación. Álex de la Iglesia hace divertirse a la actriz y eso se nota y mucho en su, de nuevo, gran trabajo interpretativo. Del resto del reparto destacar al siempre eficaz Enrique Villén, Manuel Tallafé y María Barranco, a la que se ve demasiado poco en el cine últimamente. Las cualidades interpretativas de Carolina Bang, como de costumbre, son limitadas. Curiosamente, Las brujas de Zugarramurdi funciona mejor como relato de un padre que intenta conseguir la custodia compartida que como excesivo aquelarre de brujas. De la Iglesia mezcla su realidad, es padre separado, con su universo de una forma que en ocasiones brilla y en otras se pasa de rosca. Todo transcurre de una forma brillante hasta que llegamos a la excesivamente alargada escena del aquelarre. Las primeras secuencias son de infarto, impecables técnicamente con un montón de extras y efectos especiales de gran nivel, pero cuando el chicle se estira, te termina explotando en las narices. Pienso sinceramente que esta cinta hubiese funcionado mucho mejor con un tijeretazo. A nivel global es una película notable, divertidísima… Una pena que, al final, los excesos del director en la indagación de su propio universo hagan que la cinta no sea redonda.
Agencia de comunicación cultural especializada en gestión de campañas de prensa y redes sociales para teatro, cine, música y todo tipo de eventos culturales. Contacto: Desdemibutacacom@gmail.com
Un profesor que utiliza las canciones de los Beatles para enseñar inglés en la España de 1966, se entera de que John Lennon está en Almería rodando una película. Decidido a conocerle, emprende el camino y en su ruta recoge a un chico de 16 años que se ha fugado de casa y a una joven de 21 que aparenta estar también escapando de algo. Entre los tres nacerá una amistad inolvidable.