Ramón Barea: “Si se ha creado una maquinaria en el teatro público que no se puede mover habría que revisarla”

Sus primeros recuerdos teatrales los tiene como espectador teatral compulsivo. Cuando era adolescente, trabajaba como oficinista y el dinero que le quedaba se lo gastaba acudiendo al teatro. Sin antecedente familiar alguno, comenzó a programar a los grupos independientes de la época y se dijo a si mismo que ése era el tipo de teatro que quería hacer. Nacieron así en los 70, los primeros grupos de teatro profesionales del País Vasco con una vocación claramente contestataria. En esas primeras aventuras ya estaba presente su amigo Álex Ángulo, del que destaca su generosidad durante tantos años de andadura en común también en el cine. El que fuera Premio Nacional de Teatro conserva de esos primeros años el idealismo, esa idea de que el teatro puede ser una gran arma.  Estuvo en la UIMP presentando su personal visión de Sobre los perjuicios del tabaco. ¿Su mayor ilusión? Consolidar la sala Pabellón Nº6 de Bilbao: “Me siento muy ilusionado por poder encontrar un lugar de investigación estable”. 

DSCF7504

Ha presentado en la UIMP una versión apócrifa de Sobre los perjuicios del tabaco, ¿Qué le hizo conectar con esta historia de Antón Chéjov?

En lo del tabaco, no voy a decir que es por ser fumador, sino que es el pretexto de la obra. Me gustan esos personajes pequeños, a los que les ocurren cosas que nos podrían ocurrir a cualquiera. El interés por esos personajes grises y anodinos quizás me viene del hecho de que son ese tipo de personajes secundarios del cine a los que he tenido la suerte de interpretar. Este personaje de Chéjov y muchos otros tienen ese punto de personaje común. También me motivaba mucho poder hacer una versión más realista, más naturalista que la obra original. En trabajos tan personales como éstos o te enamoras de ellos por alguna razón o no tiene sentido hacerlos. Si encuentras un punto de identificación con tu personaje es un disfrute absoluto.

También se ha enfrascado en otro monólogo, Confesiones de San Agustín, dirigido por Juan Carlos Pérez de la Fuente…

Juan Carlos Pérez de la Fuente se suele embarcar en aventuras muy complicadas y San Agustín lo es y mucho. Tiene una capacidad de riesgo que me encanta. Es un locura de Juan Carlos y su equipo. Ha hecho una especie de perfil con las ideas clave de San Agustín. Tiene un aspecto de lectura teatralizada que se convierte en una función de teatro. Vengo curtido en el mundo del monólogo con Sobre los perjuicios del tabaco, que era mi primera experiencia en solitario. Es la primera vez que me he quedado en blanco, que he tenido el famoso miedo escénico por estar solo en escena. Una vez que ya has hecho tuyo el monólogo, eres capaz de retomar el texto si te pierdes y eso es algo que te da una seguridad en las tablas impresionante.

Precisamente, Juan Carlos ha sido nombrado director del Teatro Español y el resto de espacios del Ayuntamiento, ¿Qué le parece su nombramiento?

Creo que es un embolado muy grande para él. Al ser una persona del mundo creativo, espero que encuentre un buen equipo de gestión que le permita a él enamorarse de los proyectos. Espero que no caiga en la tentación de encadenar un montaje detrás de otro como director, que es algo muy habitual cuando se trata de espacios públicos. Le deseo lo mejor a este enamorado del teatro y me da mucha rabia que le hayan dejado la programación hecha para los próximos meses, creo que ha sido un poco a traición la cosa.

Una de las apuestas fuertes de esta temporada en el Teatro Arriaga de su querido Bilbao era Montenegro, ¿Cómo ha vivido esta suspensión de la gira?

Por lo visto han aducido que salen caras las giras por las horas extra de los técnicos. Da mucha pena. Es cuanto menos curioso que el espectáculo, siendo un Centro Dramático Nacional, se va a quedar prácticamente en las representaciones de Madrid y Barcelona. Se debería hacer una política de acuerdos con las autonomías para que giren los espectáculos. Teniendo unos presupuestos muy grandes, no es justo que no se pueda disfrutar en toda España. Si se ha creado una maquinaria que no se puede mover, habría que revisarlo para que se puedan mover estos bienes artísticos. De cara a nuestro trabajo además se da por supuesto que somos de Madrid. Yo vivo en Bilbao y me tengo que buscar la vida cuando voy a actuar al CDN. Se peca de un cierto centralismo. No es como en las giras, que se contemplan esas cosas en las dietas por ejemplo.

¿Cómo nace su pasión por el teatro?

Yo fui espectador compulsivo de adolescente. Trabajaba de oficinista, daba algo en casa y el resto me lo gastaba en el teatro. Quería ser actor en el fondo por mi timidez enfermiza. Yo no fui universitario, pero me encantaba toda esa movida del teatro independiente. Con veinte años teníamos la osadía de programarles. Alquilábamos un teatro para traerlos. Yo quiero ser como ellos me dije a mi mismo. Yo quiero hacer un teatro de denuncia social y de respuesta popular. Creamos las primeras compañías de teatro profesionales, no había apenas tradición. La primera generación profesional del teatro en el País Vasco fuimos nosotros, en los años 70.

¿Qué queda en el Ramón Barea de los tiempos de grupos como Cómicos de la legua?

Queda muchísimo de eso. Yo me he formado ahí. No vengo de escuelas. Vengo de cargar y descargar furgonetas, de actuar en la calle… No he crecido en el mundo del glamour. Nunca he sido el actor de moda ni he estado en la cresta de la ola. Creo que queda todo, queda un estilo, una forma de hacer las cosas que te marca. Cuando tienes 20 años, te comes el mundo y piensas que el teatro es un arma de lucha maravillosa. Ese carácter idealista permanece. No es sólo el negocio del espectáculo, sino algo más. Queda también la necesidad de encontrar lugares y equipos de trabajo más o menos estables. Ahí está Pabellón 6 para atestiguar mis palabras.

A un actor curtido en las tablas, autodidacta, ¿A qué le suenan los métodos interpretativos?

A caminos, a vías, a recursos, pero nunca a soluciones. Los actores debemos saber encontrar las carencias y las virtudes. Tenemos que ser conscientes de lo que podemos hacer. No podemos hacer todo tipo de personajes por preparación física, por estilo, por forma de ser… No hay métodos universales, hay actores, formas de hacer. Mi método es el tanteo del error, reconocer mis fallos y tratar de mejorar con los métodos de trabajo. Cuantos más trabajos difíciles hagas, encuentras nuevos miedos, pero también más seguridad. Es un oficio en el que nunca dejas de aprender. Los métodos son recursos, nada más.

Aquí y ahora, ¿Por qué el teatro es un buen lugar para contar historias para Ramón Barea?

Faltan espacios colectivos de escucha, donde las cosas transcurran con calma. Vemos una muestra de lo que les pasa a otros seres humanos. Es el espacio de reflexión y entretenimiento. El teatro no muere. Hay que buscar los contenidos que sigan atrayendo al público.

Con su amigo Álex Angulo no sólo trabajó en teatro, sino que también estuvo en sus aventuras como director cinematográfico…

Con Álex hice todos mis cortometrajes y mis dos películas. En la época de Pecata Minuta estaba en la cresta de la ola. Yo quería que estuviese él y el representante no quería que lo hiciese para no utilizar su nombre para vender más la película. Yo le dije a Álex que yo quería que estuviese no por famoso, sino por ser mi amigo. Lo que hicimos fue que en los títulos de crédito apareciese con otro nombre. Hace un papel de monja muy cortito, pero divertidísimo. Es una anécdota que demuestra la generosidad, la entrega y el cariño que tenía él por su trabajo. Para mi es una muestra de amistad muy grande.

Si miramos hacia el futuro, ¿Con qué tipo de proyectos le gustaría seguir ‘jugando’ a Ramón Barea?

Lo más apasionante es Pabellón 6. Para poder hacer muchas cosas: Proponer y probar muchos posibles proyectos. Me apasiona, es como volver a empezar. Me siento ilusionado por poder encontrar un lugar de investigación. No es sólo que puedan entrar las gentes de mi grupo, sino que damos voz a otros nuevos creadores. Estoy muy orgulloso de que los programadores se empiecen a interesar por lo que se está cociendo en nuestra sala. Crear una compañía estable estaría muy bien. Es un sueño por fin tener un lugar fijo de encuentro con los espectadores.

Anuncios

Llega “Sobre los perjuicios del tabaco” con Ramón Barea a la UIMP

Continúa el ciclo Noches de la Biblioteca que cada año organiza la Universidad Internacional Ménendez Pelayo con el actor y Premio Nacional de Teatro Ramón Barea. El próximo lunes 18 de agosto a las 22h en los Jardines de la Biblioteca Menéndez Pelayo de Santander presentará Sobre los perjuicios del tabaco

rb

Este texto de Antón Chéjov es un juguete tragicómico, donde con el pretexto de una conferencia sobre el tabaco, el personaje filosofa entre efluvios etílicos y ataques leves de melancolía sobre la vida, la felicidad, el ser humano, la convivencia y la mediocridad. Un “pequeño texto” un “texto menor” de Chejov que tiene en esta tercera versión inédita un  sabroso gusto agridulce que lleva a la emoción y a la risa desde el envoltorio de una conferencia “por encargo”.

Miguel Rellán: “Después de cada éxito me pregunto si volverán a bajar los ángeles de nuevo”

Lleva toda una vida subido a un escenario, pero admite con sarna que le apetecía tanto hacer un monólogo como tirarse en paracaídas. Fue la insistencia de Raúl Fuertes en que leyese Novecento lo que hizo que Rellán le diese un sí rotundo. Se puede pensar que un actor de sus tablas, de esos que no necesitan presentaciones, está ya de vuelta de todo. Puede pensarse que con una carrera tan larga lo normal es acomodarse en personajes resultones, pero que no impliquen un reto para el actor. Miguel Rellán no cumple ninguna de esas dos premisas y se enfrenta al futuro con el vértigo de saber si sus nuevos personajes llegarán a buen puerto. En un par de semanas le veremos como uno de los Jugadores de Pau Miró en los Teatros del Canal retándose de nuevo como actor. Y si todo sale bien, seguro que los ángeles volverán a bajar de nuevo.

DSCF7448

En Novecento mira a los ojos del espectador por primera vez en su carerra…

Es lo mágico de este montaje, poder traspasar la cuarta pared y mirar a los ojos del espectador. Me encantaría poder contar esta historia en alguna ocasión para cuatro o cinco personas. Hay varios silencios en la obra, uno es cuando digo que van a dinamitar el barco. Y en mitad de ese silencio cuando digo que Novecento no se bajó del barco, un día a una garganta femenina se le escapó un emotivo “Ay”. En las primeras representaciones, no sabes cómo van a reaccionar y al final de las primeras representaciones al ver los rostros emocionados de la gente me di cuenta de que esos silencios respondían a la emoción más honda.

Es su primer monólogo, ¿Qué ha aprendido Miguel Rellán de si mismo como actor al enfrentarse ‘desnudo’ al público?

Nada fundamental. Quizás a toro pasado me doy cuenta de algo que me decían algunos compañeros: “Tienes unos huevos por salir con el escenario vacío…”. Ahora lo pienso y es verdad, pero no cuando me puse a ensayarla. La gran diferencia es que por primera vez en mi carrera, si algo sale mal la culpa es totalmente mía. He comprobado que mi madre me ha dado dos cosas: La miopía y una fuerza innegable. Han sido dos meses muy duros, física, mental y emocionalmente. Después de cada función realizada con éxito, tengo la sensación de que he pasado con un alambre las Cataratas del Niágara. Inmediatamente después de los aplausos, me preguntaba si se iba a repetir esa emoción, quería saber si iban a bajar los ángeles de nuevo. No depende sólo de mi, el público debe estar receptivo. Eso sí, es cierto que el público va entrando poco a poco en la función. Cada día es un reto en el que hay que enfrentarse a los dichosos móviles o incluso a los ya clásicos caramelos o los señores con gripe. He estado a punto de parar la función varias veces, pero sabía que si lo hacía me la cargaba.

Está en plena recta final de ensayos de Jugadores, ¿Qué le ha atraído de este proyecto?

Tenemos el precedente de Barcelona, donde fue todo un éxito, por lo que es una responsabilidad muy grande. Es un texto complicado, que tiene un perfume especial que a mi personalmente me encanta y espero que al público también le pase lo mismo. No es una función convencional con unos personajes al uso. Tengo ganas de ver a estos personajes enfrentados con el público. Son este tipo de historias las que me gusta contar encima de un escenario. Estoy harto de que se levante el telón y aparezca la criada contando chistes. Jugadores es un reto, una obra complicada con la que espero cumplir con las expectativas. Estamos ya pasando la función entera de hecho, comienza la cuenta atrás para el estreno. Están siendo unos ensayos bastante relajados. Somos cuatro actores con un decorado pequeño, una cocina, y ya habíamos trabajado juntos en alguna que otra ocasión. Además, nuestro director, Pau Miró, es encantador. Somos cuatros actores que estamos en ese punto de nuestras vidas en el que se tiene cierta experiencia y sabes que al final va a salir bien la obra, pero aún así no pierdes ese vértigo que produce pensar que tu personaje puede hacer aguas. Ese vértigo me encanta.

Reparto de "Jugadores"
Reparto de “Jugadores”

Entre esos Jugadores iba a estar inicialmente Álex Angulo, ¿Qué recuerda de él?

Es la pérdida de un profesional de calidad incontestable y una persona maravillosa. Él era único y desde luego que se jode el cine y el teatro español por una pérdida tan grande como ésta. Era un amigo entrañable. Yo todavía no me creo que se haya ido por un maldito accidente de tráfico. Es tremebundo.

¿Tiene mucho de juego infantil esta profesión?

Pienso que sí, que algo de eso hay. Ahora bien, cuando te haces actor te das cuenta de que esto no es precisamente un juego. Te metes en la piel de personajes que no tienen absolutamente nada que ver contigo y ves la dificultad que hay detrás. Esto no es sólo salir ahí a interpretar un personaje que en el fondo eres tú, aunque haya algunos actores que parece que van a eso precisamente, cosa que veo muy respetable por otra parte. Yo me lo tomo muy en serio y lo que más me apetece es complicarme la vida en esta profesión. Decía algo Fernán Gómez que se me podría aplicar a mi perfectamente ahora: “Estoy tranquilo, me se el texto, se cómo es el personaje, conozco la relación con los otros personajes, tengo la garganta bien y el cuerpo descansado y sin embargo estoy triste, sé que voy a intentar algo metafísicamente imposible, voy a intentar ser otro. Con lo cual voy a fracasar. No se puede ser otro. Cuando acabe la función, acércate al camerino del actor y no escatimes en elogios, si cree que por un instante le has convencido de que eres otro, no se irá a casa deprimido”. Siempre falla algo, es imposible hacerlo perfecto. Es la grandeza y la misera de esta profesión. Puede ser una noche de éxito o un rotundo fracaso.

Rellán ensayando uno de los 'bolos' de "Novechento", esta vez al aire libre.
Rellán ensayando uno de los ‘bolos’ de “Novechento”, esta vez al aire libre.

A un actor curtido en las tablas, ¿A qué le suenan los métodos interpretativos?

Cada maestrillo tiene su librillo. Lo que importa es el resultado. Los métodos me parecen perfectos. Cada uno tenemos los nuestros. Relajación y concentración son las bases de este oficio. Por aplicar un método, no te conviertes en un gran actor. El método no te hace mejor actor, te da técnica. Decía Stanivlsky que un día un actor le dijo que quería que le hiciese un gran actor. Y él le dijo que lo que podía enseñar es la técnica, a crear no.

Entonces, ¿El actor nace o se hace?

Todo se aprende, querido. Tú y yo sabemos escribir y hablar con supuesta destreza, que es de las cosas más difíciles que se pueden hacer en esta vida. En China han puesto a los niños a tocar el piano y lo hacen de maravilla y en Rusia el ajedrez es uno de los ejes de la educación. Nadie nace sabiendo claro, todo es ponerse. Ahora bien una cosa es pintar un caballo o tocar algo sencillito y otra cosa es CREAR. Como dicen por ahí, lo que se necesita es técnica y algo más que nadie sabe lo que es y es lo más importante.

Kiti Mánver: “El Ceres te da vidilla como actriz, pero no sirve para subir el caché”

La primera vez que Kiti Mánver y Juan Carlos Rubio coincidieron fue en Humo, junto al desaparecido Juan Luis Galiardo. Junto a Rubio ha aprendido a perder ciertos miedos como actriz. Ya había interpretado a hombres en varias ocasiones, pero en Las heridas del viento el proceso ha sido muy especial. Todo empezó en los ensayos, abiertos al público: “Al principio no me hacía ninguna gracia, pero sentir su respiración ha sido muy importante en este proceso”. Del director y escritor de Arizona ha dicho: “Es tan lindo, es muy generoso, muy templado, me ha enseñado a perder miedos como actriz”. Hoy se mostraba orgullosa por el reconocimiento que gracias a Rubio ha conseguido en el Festival de Mérida, su teléfono no paraba de sonar nada más conocerse la noticia: “Me gusta que venga de un jurado de críticos como Marcos Ordóñez y con mi querida Verónica Forqué en el mismo”. Admite que los premios la gustan, pero que no sirven para aumentar el caché en un tiempo tan difícil como el actual para el teatro. Esta noche será la protagonista de las “Noches de la Biblioteca” donde interpretará textos de Cervantes, Juan García Larrondo, Luis Alberto de Cuenca y, por supuesto, de su querido Juan Carlos Rubio. La cita, titulada Verso y prosa para tres mujeres, será a las 22h en los Jardines de la Biblioteca Menéndez Pelayo.

DSCF7471

“Éste ha sido el salón de mi marquesado”. El Palacio de la Magdalena se convirtió en un plató de lujo para la serie Gran Hotel. De hecho, en el Hall Real rodó la veterana actriz. Sobre la producción de Bambú Producciones ha comentado la actriz: “Nuestras series hablan del talento que tenemos en España”. Mientras los medios acreditados hacíamos las fotos de rigor, multitud de curiosos seguidores de la serie, comenzaron a sacar sus cámaras. Tenían delante a una actriz muy querida por el público y no dudaron en fotografiar el momento.

DSCF7468

Kiti vive cantando. La que fuera ‘Chica Almodovar’: “Una etiqueta que me encanta, pero me encantaría trabajar con Pedro más”, se acaba de incorporar a la serie Vive cantando con un personaje realmente alocado: “Ella no tiene conciencia de su edad, se viste como una choni y baila como una loca”. Siente que de alguna forma es un reflejo del personaje protagonista que interpreta María Castro, pero cuando sea mayor. Se siente feliz por compartir reparto con compañeros a los que admira como José Luis García Pérez, María Castro o el cántabro Javier Cifrián, al que fotografiamos en exclusiva DESDE MI BUTACA. Tiene una energía envidiable. De hecho, su hijo la dice que es muy niña. Y esta ‘niña’ que sigue jugando a hacer teatro mira al futuro con ilusión: “Me quedan muchos proyectos que me encantaría realizar. Lady Macbeth sería uno de esos personajes”.

DSCF7477

Marcos Ordóñez: “El teatro es una pasión que nace en la infancia”

“Ya tengo tres Pinters”. Marcos Ordóñez tenía un particular álbum de cromos cuando era niño. En él iba contabilizando las obras que había visto de tal o cual autor. Imaginaba la Gran Vía madrileña como un Broadway lleno de marquesinas resplandecientes. Ya entonces empezó a escribir para lectores imaginarios, aunque él en el fondo pensaba que lo hacía como crítico de The New York Times. El teatro es una pasión que nace en la infancia y desde pequeño solía acompañar a su padre a ver muchas funciones. Una vez, un acomodador ante la pregunta de si podía pasar el niño, le dijo a su padre que “Es sólo teatro”, fue entonces cuando de alguna forma comenzó a valorar  ese ‘sólo’, el hecho escénico como algo que iba a marcar su camino. Muchos años después, Ordoñez es el crítico teatral referente con su espacio semanal en Babelia. Muy al contrario de esa imagen de crítico fiero e implacable que implantó Mankievicht con Eva al desnudo, el autor de Comedia con fantasmas utiliza la crítica para devolver algo de lo que han dado en escena. Esta semana ha sido protagonista en los cursos de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo por partida doble con un curso de guión cinematográfico y una cita con los Martes Literarios dedicada a la crítica teatral. Tranquilos, el teatro parece tener futuro: “Con la crisis ha rebrotado el talento. Han salido a la palestra voces muy potentes”. Palabra de Marcos Ordóñez.

Fotografía de Juan Manuel Serrano
Fotografía de Juan Manuel Serrano

En un medio tan caliente como el teatro, ¿Cómo no dejarse llevar por las pasiones más exacerbadas cuando redactas una crítica?

Por lo general, hago tres versiones. A bote pronto, nunca acabas de precisar lo que quieres decir en el momento justo después de la representación. Compruebas que hay repeticiones, que hay cosas que estarán más afinadas si las dejas reposar un poco. Lo caliente es maravilloso, pero hay que reposarlo. Afortunadamente, el espectáculo horroroso ha pasado a mejor vida. Cuando ni fú ni fa, es cansado hacer una crítica. Hay veces en que de verdad sales emocionado con lo que ves. Cuando te encuentras algo como lo que hace Blanca Portillo con El testamento de María intentas devolver algo de lo que te han dado. Es muy agradable escribir ese tipo de críticas. Sucede también que al hacer crítica semanal, puedo elegir. Esa sensación de magia volvió a aparecer el lunes cuando vi a Miguel Rellán en NovecentoLos instantes de maravilla que hubo anoche para mí son la esencia del teatro. Me sorprendió ver a muchísima gente. No sé hasta qué punto conocían el texto de Alessandro Baricco. Pasado por la palabra tiene una dimensión épica.

Si no me gusta mucho un espectáculo pequeñito, prefiero no hablar de ellos, les haría un flaco favor. Luego hay cosas que son de obligado cumplimiento como ver por ejemplo Los Mácbez que siento decir que en conjunto no me gustó. Tenía que hablar de ello por ser de Lima y si no lo hubiese hecho hubiesen pensado directamente que no me gustaba. Eso sí, La Machi y Javier Gutiérrez me encantaron. Javier Gutiérrez me parece un actorazo que comparo con José Luis Ozores, ‘Peliche’. Puede hacer personajes tremendos, pero tiene una luz interior maravillosa, una bondad de corazón innegable. Consigo creérmelo instantáneamente, consigue conmoverme incluso con personajes tan sanguinarios como ese. 

¿Cómo encuentra un crítico su mirada personal y no una serie de referentes a los que inconscientemente copia descaradamente?

El problema sería inspirarse en un único crítico. A mi me gusta leer críticas de aquí y de fuera. Yo me he curtido leyendo a críticos franceses y copié descaradamente durante un tiempo a Joan de Sagarra, lo seguía desde sus tiempos en El correo catalán. Si copias de muchas fuentes, de alguna forma vas creando tu propia mirada. Con los años intentas ser más claro en tus exposiciones. Cuando eres joven intentas meter todos los referentes que tienes sobre algún tema y de verdad que no es necesario. Escribir es tocar de oído, no hay una partitura prefijada. Ajustas tus sentimientos para comunicar más correctamente con tus críticas.

Muy al contrario de lo que pudiera parecer, creo que ser crítico le ha traído más amigos que enemigos…

Desde luego. De joven era más duro. Con 20 años era inclemente. Creo que por el hecho de conocer a la gente que hace el teatro, te das cuenta del milagro que es que una obra llegue a buen puerto. Puedes ser duro en tus críticas, pero varía la forma de decirlo. Puedes herir mucho. Toda creación artística es vulnerable, pero el teatro lo es aún más. Ellos se exponen con su cuerpo. Hacen falta muchos bemoles para salir a un escenario a defender una obra. Cuando algo no es que no te guste, sino que no te convence, cuando no sientes lo que se supone que deberías sentir tienes que encontrar una forma de decirlo con cierta educación, es lo que he aprendido con el tiempo. Siempre fastidia que le digas que no te gusta, pero la forma de decirlo es tan importante… Hay una frase de Truffaut que siempre cito: “Se nota la diferencia entre el tío que dice ¡Qué lástima se ha equivocado! O ¡Qué bien se ha equivocado!” No entiendo a esos críticos que disfrutan haciendo daño.

El escritor en un momento de la entrevista.
El escritor en un momento de la entrevista.

¿Qué tiene que tener una función de teatro para que Marcos Ordoñez no tosa?

Me gustan cosas muy variadas la verdad. Me gusta sobre todo que haya verdad en escena, eso es la madre del cordero. Cuando te toca una fibra de la emoción -de la risa al terror o el drama- eso es lo que hace grande al teatro. Eso sí, esa gente que está con el móvil encendido mandando mensajitos me parece que tienen una gran falta de respeto hacia el público y hacia los actores claro. Se ha recobrado de alguna forma la sensación, que ya estaba en la época de Shakespeare cuando la gente gritaba en mitad de la representación, de que están viendo la obra en el salón de su casa. En contraposición a eso, cuando se producen esos silencios eucarísticos ante una obra es algo mágico.

¿Existen suficientes vasos comunicantes entre Barcelona y Madrid, las principales arterias teatrales de España?

Cada vez hay más. Lluís Pascual en el Lliure está haciendo una programación muy interesante, es espectacular. Viene Misántropo por ejemplo. Es de un cierto riesgo, le han intentado ‘llamar al orden’ por no programar exclusivamente en catalán, pero ha conseguido al final imponer sus criterios de programación. Es cuanto menos esperanzador ver que el gran éxito de la temporada ha sido un montaje de Miguel del Arco en catalán, Un enemigo del pueblo. Me gusta que haya directores invitados. La programación de de la próxima temporada de la Abadía está muy catalanizada por ejemplo. Ojalá hubiese también presencia de otras comunidades como Galicia, pero parece que eso es muy difícil.

Acaba de cerrar una de esas salas pequeñitas que han ido apareciendo en Madrid y Barcelona, El Sol de York, ¿Ve futuro a este tipo de iniciativas en la que los implicados trabajan casi por amor al arte?

No sabemos qué andadura tendrán estas salas de nueva creación. Han salido muchas más en Madrid que en Barcelona curiosamente. Son sostenidas por el entusiasmo de la gente. El entusiasmo tiene su fecha de caducidad, si no hay apoyo continuado, no podrán sobrevivir. El Ministerio de Cultura está aniquilando al teatro con medidas tan salvajes como el 21% de IVA. Si no se crea una complicidad entre el gobierno y la industria, esto puede ir muy mal. En la práctica, no se vislumbra un futuro en el que los que mandan valoren realmente el teatro.

Creo que uno de los principales motores por los que empezó a apasionarse por el teatro fueron las historias que le contaba su padre sobre los montajes de Enrique Rambal…

Te diría que me incentivó mucho la pasión por el teatro. Esos montajes y la visión que tenía yo de la Gran Vía madrileña que la veía como si fuese el Broadway español. Mandaba el teatro de Madrid. En Barcelona había muchas marquesinas apagadas. También el hecho de que mi padre me llevase al teatro desde pequeño influyó mucho. Recuerdo mucho eso de “¿Puede pasar el niño?” Una vez me dijeron “Si es solo teatro”, pero ese ‘solo’ me caló a mi muy hondo. Lo primero que vi más profesional fue en el Teatro Talía, La hora de la fantasía de Anna Bonachi, que inspiró la película Bésame tonto de Billy Wilder. Lo vi con la compañía de Irene Gutiérrez Caba, vi algo distinto, una comedia fuerte para la época. Una mujer casada que se hace pasar por puta. La vi con 10 años. Esto es distinto me dije a mi mismo. Mi padre me llevaba mucho al teatro. Mario Gas tiene 10 años más que yo. Viene de familia de cómicos y lo veía todo desde que era un niño. Esto me ha hecho caer en la cuenta de que el teatro es una pasión que nace en la infancia.

¿Cómo eran esas primeras críticas de la infancia mitad álbum de cromos y mitad diario personal?

Ya he visto tres Pinters y lo apuntabas como si fueran unos particulares cromos. Aunque parezca mentira, se estrenaban con poco tiempo de diferencia con respecto al estreno original. Me imagino que pasaría por ciertas censuras, pero creo que como era tan críptico y no tocaba temas ideológicos… Retorno al hogar quizás es la obra más dura, seguro que hubo recortes en esa. De alguna forma, yo me sentía un Asier Etxeandía que estaba en un rincón de su casa haciendo una crítica para unos lectores imaginarios. Era muy parecido y en mi imaginación yo fantaseaba pensando que era el crítico de The New York Times.

¿Dónde queda la figura del crítica en una sociedad de la información en que prima la instantaneidad?

Hay de todo. Hay gente que lo hace con mucho amor y con mucho criterio y luego hay gente que no se muy bien para qué vierten sus opiniones. Lo que sí te puedo decir es que odio ese término tan de moda llamado “Crítica express”. Opiniones tan vagas como “Me está gustando mucho o no me está gustando nada, los actores lo hacen muy bien…” La pasión y el gusto tienen que ir en consonancia con un juego especulativo, sabiendo poner en relación una obra con otras del mismo autor… A mi a veces cuando salgo del teatro eso tan inmediato de ponerme un micrófono y preguntarme ¿Qué me ha parecido? no puedo hacerlo. Me parece nocivo pulirme una obra en dos frases. Yo intento detenerme en toda la gente que ha hecho el espectáculo.

A pesar de la crisis, ¿El teatro es el arte del futuro?

Espero que sí, la verdad. Creo que era Kaufman, el autor de El hombre que vino a cenar, el que llamaba al teatro “El magnífico enfermo”. Lleva aguantando muchos años y eso que le ponen palos sobre las ruedas. La fuerza de alguien que te está diciendo algo a ti a seis pasos es algo único. Te está mintiendo, pero te está diciendo la verdad. Tienes la sensación de que sólo lo está haciendo para ti. Eso sí, hace falta una complicidad de los gobiernos. Cambian los hábitos en el cine por ejemplo. Se han cerrado dos salas en Barcelona y yo lo lamento, pero luego resulta que no voy al cine. Lo bueno es que al teatro hay que ir obligatoriamente. Es curioso que con la crisis ha rebrotado el talento. Han salido voces muy potentes a la palestra. Tiene mérito además que lo están haciendo casi con dos cojones y un palito.

Kiti Mánver y Juan José Millás, protagonistas en la UIMP la próxima semana

El próximo lunes a las 22h en los Jardines de la Biblioteca Menéndez Pelayo la actriz Kiti Mánver realizará una lectura dramatizada con el título Verso y prosa para tres mujeres con textos de un clásico (Cervantes), dos jóvenes dramaturgos (Juan García Larrondo y Juan Carlos Rubio) y uno de los grandes poetas actuales (Luis Alberto de Cuenca). 

kiti

El otro gran protagonista de la semana será el martes a las 19h en el Paraninfo de la Magdalena el escritor Juan José Millás que se sube a la tribuna literaria de los Martes Literarios para presentar su último trabajo, La mujer loca, una investigación sobre los límites de la realidad y la ficción, con buenas dosis de humor, diálogos excepcionales y la escritura provocadora que le caracteriza. Además, participará en el Seminario Literatura y locura: los límites habitables (del 11 al 15 de agosto) tiene por objetivo tender un puente de reflexión entre la psicosis y el ámbito de las letras, de forma que se ponga sobre la mesa lo que tiene que enseñar la locura, en lugar de silenciarlo con una camisa de fuerza.

ml

Juan Carlos Pérez de la Fuente: “Tenemos un teatro del que tenemos que sentirnos orgullosos”

Nuestra historia podría comenzar hace más de treinta años cuando un joven ascensorista del Banco de España encontró en su camino a Rosario Calleja, su mitad escénica: “Este premio es tuyo y mío” dijo un Juan Carlos Pérez de la Fuente emocionado ante las palabras de Luis Alberto de Cuencia, que leyó la laudatio en la entrega del Premio La Barraca de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

El director posa para DESDE MI BUTACA unos minutos antes de la entrega del premio.
El director posa para DESDE MI BUTACA unos minutos antes de la entrega del premio.

El  flamante nuevo director de los espacios escénicos del Ayuntamiento de Madrid, con el Español como cabeza visible, recordó la importancia de la capital cántabra en su trayectoria: “Siempre que ocurre algo importante en mi vida, Santander está presente”. Aquí nacieron algunos de sus grandes éxitos como Fortunata y Jacinta u Orquesta de señoritas entre otras. Ahora, cuando está a punto de emprender un nuevo camino en la gestión, de nuevo Santander aparece en su horizonte.

Junto al Rector de la UIMP, César Nombela.
Junto al Rector de la UIMP, César Nombela.

Sobre el proyecto de gestión que ha defendido con uñas y dientes destacó  el papel que tendrán nuestros autores: “Tenemos un teatro del que tenemos que sentirnos orgullosos, ¿Cómo es posible que no se conozca a Valle en Londres o Buenos Aires?”. En este sentido ahondó en la idea de ‘internacionalizar’ a nuestros autores, conseguir que se conozca la grandeza de autores como Buero Vallejo, sobre el que se preguntó extrañado: “¿Cómo es posible que un autor de su calibre no se haya programado en el Español en los últimos 35 años?” Va a luchar por conseguir que esos turistas que vienen a ver el Prado, hagan parada en el Español, que se convierta en la referencia que debe ser un espacio que cumplirá 400 años en 2015. Para esa efemérides tan especial ya tiene algunas ideas en mente: “Quiero hacer un homenaje a los textos de ayer con dramaturgos de hoy y que salga el teatro a las calles”. Por último, insistió en la necesidad que desde el Español se apostase por un teatro que hable sobre los conflictos de hoy, a los que es necesario dar voz desde un espacio como el que él dirigirá a partir de septiembre.

DSCF7435
El director en un momento de su emocionante discurso.