Ramón Barea: “Si se ha creado una maquinaria en el teatro público que no se puede mover habría que revisarla”

Sus primeros recuerdos teatrales los tiene como espectador teatral compulsivo. Cuando era adolescente, trabajaba como oficinista y el dinero que le quedaba se lo gastaba acudiendo al teatro. Sin antecedente familiar alguno, comenzó a programar a los grupos independientes de la época y se dijo a si mismo que ése era el tipo de teatro que quería hacer. Nacieron así en los 70, los primeros grupos de teatro profesionales del País Vasco con una vocación claramente contestataria. En esas primeras aventuras ya estaba presente su amigo Álex Ángulo, del que destaca su generosidad durante tantos años de andadura en común también en el cine. El que fuera Premio Nacional de Teatro conserva de esos primeros años el idealismo, esa idea de que el teatro puede ser una gran arma.  Estuvo en la UIMP presentando su personal visión de Sobre los perjuicios del tabaco. ¿Su mayor ilusión? Consolidar la sala Pabellón Nº6 de Bilbao: “Me siento muy ilusionado por poder encontrar un lugar de investigación estable”. 

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Ha presentado en la UIMP una versión apócrifa de Sobre los perjuicios del tabaco, ¿Qué le hizo conectar con esta historia de Antón Chéjov?

En lo del tabaco, no voy a decir que es por ser fumador, sino que es el pretexto de la obra. Me gustan esos personajes pequeños, a los que les ocurren cosas que nos podrían ocurrir a cualquiera. El interés por esos personajes grises y anodinos quizás me viene del hecho de que son ese tipo de personajes secundarios del cine a los que he tenido la suerte de interpretar. Este personaje de Chéjov y muchos otros tienen ese punto de personaje común. También me motivaba mucho poder hacer una versión más realista, más naturalista que la obra original. En trabajos tan personales como éstos o te enamoras de ellos por alguna razón o no tiene sentido hacerlos. Si encuentras un punto de identificación con tu personaje es un disfrute absoluto.

También se ha enfrascado en otro monólogo, Confesiones de San Agustín, dirigido por Juan Carlos Pérez de la Fuente…

Juan Carlos Pérez de la Fuente se suele embarcar en aventuras muy complicadas y San Agustín lo es y mucho. Tiene una capacidad de riesgo que me encanta. Es un locura de Juan Carlos y su equipo. Ha hecho una especie de perfil con las ideas clave de San Agustín. Tiene un aspecto de lectura teatralizada que se convierte en una función de teatro. Vengo curtido en el mundo del monólogo con Sobre los perjuicios del tabaco, que era mi primera experiencia en solitario. Es la primera vez que me he quedado en blanco, que he tenido el famoso miedo escénico por estar solo en escena. Una vez que ya has hecho tuyo el monólogo, eres capaz de retomar el texto si te pierdes y eso es algo que te da una seguridad en las tablas impresionante.

Precisamente, Juan Carlos ha sido nombrado director del Teatro Español y el resto de espacios del Ayuntamiento, ¿Qué le parece su nombramiento?

Creo que es un embolado muy grande para él. Al ser una persona del mundo creativo, espero que encuentre un buen equipo de gestión que le permita a él enamorarse de los proyectos. Espero que no caiga en la tentación de encadenar un montaje detrás de otro como director, que es algo muy habitual cuando se trata de espacios públicos. Le deseo lo mejor a este enamorado del teatro y me da mucha rabia que le hayan dejado la programación hecha para los próximos meses, creo que ha sido un poco a traición la cosa.

Una de las apuestas fuertes de esta temporada en el Teatro Arriaga de su querido Bilbao era Montenegro, ¿Cómo ha vivido esta suspensión de la gira?

Por lo visto han aducido que salen caras las giras por las horas extra de los técnicos. Da mucha pena. Es cuanto menos curioso que el espectáculo, siendo un Centro Dramático Nacional, se va a quedar prácticamente en las representaciones de Madrid y Barcelona. Se debería hacer una política de acuerdos con las autonomías para que giren los espectáculos. Teniendo unos presupuestos muy grandes, no es justo que no se pueda disfrutar en toda España. Si se ha creado una maquinaria que no se puede mover, habría que revisarlo para que se puedan mover estos bienes artísticos. De cara a nuestro trabajo además se da por supuesto que somos de Madrid. Yo vivo en Bilbao y me tengo que buscar la vida cuando voy a actuar al CDN. Se peca de un cierto centralismo. No es como en las giras, que se contemplan esas cosas en las dietas por ejemplo.

¿Cómo nace su pasión por el teatro?

Yo fui espectador compulsivo de adolescente. Trabajaba de oficinista, daba algo en casa y el resto me lo gastaba en el teatro. Quería ser actor en el fondo por mi timidez enfermiza. Yo no fui universitario, pero me encantaba toda esa movida del teatro independiente. Con veinte años teníamos la osadía de programarles. Alquilábamos un teatro para traerlos. Yo quiero ser como ellos me dije a mi mismo. Yo quiero hacer un teatro de denuncia social y de respuesta popular. Creamos las primeras compañías de teatro profesionales, no había apenas tradición. La primera generación profesional del teatro en el País Vasco fuimos nosotros, en los años 70.

¿Qué queda en el Ramón Barea de los tiempos de grupos como Cómicos de la legua?

Queda muchísimo de eso. Yo me he formado ahí. No vengo de escuelas. Vengo de cargar y descargar furgonetas, de actuar en la calle… No he crecido en el mundo del glamour. Nunca he sido el actor de moda ni he estado en la cresta de la ola. Creo que queda todo, queda un estilo, una forma de hacer las cosas que te marca. Cuando tienes 20 años, te comes el mundo y piensas que el teatro es un arma de lucha maravillosa. Ese carácter idealista permanece. No es sólo el negocio del espectáculo, sino algo más. Queda también la necesidad de encontrar lugares y equipos de trabajo más o menos estables. Ahí está Pabellón 6 para atestiguar mis palabras.

A un actor curtido en las tablas, autodidacta, ¿A qué le suenan los métodos interpretativos?

A caminos, a vías, a recursos, pero nunca a soluciones. Los actores debemos saber encontrar las carencias y las virtudes. Tenemos que ser conscientes de lo que podemos hacer. No podemos hacer todo tipo de personajes por preparación física, por estilo, por forma de ser… No hay métodos universales, hay actores, formas de hacer. Mi método es el tanteo del error, reconocer mis fallos y tratar de mejorar con los métodos de trabajo. Cuantos más trabajos difíciles hagas, encuentras nuevos miedos, pero también más seguridad. Es un oficio en el que nunca dejas de aprender. Los métodos son recursos, nada más.

Aquí y ahora, ¿Por qué el teatro es un buen lugar para contar historias para Ramón Barea?

Faltan espacios colectivos de escucha, donde las cosas transcurran con calma. Vemos una muestra de lo que les pasa a otros seres humanos. Es el espacio de reflexión y entretenimiento. El teatro no muere. Hay que buscar los contenidos que sigan atrayendo al público.

Con su amigo Álex Angulo no sólo trabajó en teatro, sino que también estuvo en sus aventuras como director cinematográfico…

Con Álex hice todos mis cortometrajes y mis dos películas. En la época de Pecata Minuta estaba en la cresta de la ola. Yo quería que estuviese él y el representante no quería que lo hiciese para no utilizar su nombre para vender más la película. Yo le dije a Álex que yo quería que estuviese no por famoso, sino por ser mi amigo. Lo que hicimos fue que en los títulos de crédito apareciese con otro nombre. Hace un papel de monja muy cortito, pero divertidísimo. Es una anécdota que demuestra la generosidad, la entrega y el cariño que tenía él por su trabajo. Para mi es una muestra de amistad muy grande.

Si miramos hacia el futuro, ¿Con qué tipo de proyectos le gustaría seguir ‘jugando’ a Ramón Barea?

Lo más apasionante es Pabellón 6. Para poder hacer muchas cosas: Proponer y probar muchos posibles proyectos. Me apasiona, es como volver a empezar. Me siento ilusionado por poder encontrar un lugar de investigación. No es sólo que puedan entrar las gentes de mi grupo, sino que damos voz a otros nuevos creadores. Estoy muy orgulloso de que los programadores se empiecen a interesar por lo que se está cociendo en nuestra sala. Crear una compañía estable estaría muy bien. Es un sueño por fin tener un lugar fijo de encuentro con los espectadores.

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