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Desde pequeña ha vivido el mundo del espectáculo en primera persona. Aprendió a cantar antes incluso de ser capaz de leer la letra de la primera canción que cantó encima de un escenario con sólo cinco años junto a su padre, el inolvidable Lorenzo Valverde. En el colegio, era la perfecta directora de cualquier función. Ya entonces se debía entrever el desparpajo y la naturalidad de una actriz que durante décadas ha conectado de manera instantánea con el público. Ella es la tercera integrante de ese trío del que tanto os hemos hablado esta semana. Cerramos estos siete días que hemos dedicado a consagrar el teatro musical con Marta Valverde, todo un referente del género.
¿Cuáles son sus momentos favoritos de ¿Hacemos un trío?, Algo más que un cabaret?
El trío de Sondheim es muy emocionante. Es un número musical complicado a nivel vocal. Tiene una carga sentimental muy grande y cantarlo juntos es un plus. También cuando contamos nuestros comienzos, es muy entrañable y divertido. Estamos contando un trocito de la historia del teatro musical en España.
La suya fue una infancia entre cajas…
La primera vez que me subí a un escenario tenía sólo cinco años con mi padre. Me aprendí una canción con viñetas, no sabía ni leer entonces. He vivido entre cajas. Lo hemos mamado. Al haber sido parte de esta profesión desde bien pequeña, te preparas con más rigor. Mi padre nos inculcó el respeto al público. Te preparas más intensamente. Tienes unos referentes familiares que te hacen esforzarte día a día para seguir superándote en tu profesión. Yo jugaba con mis muñecas a interpretar. En el colegio, siempre hacía de directora de las obras de teatro. Lo llevo en la sangre. Toda mi familia se ha dedicado a la música.
¿Qué queda de esa niña que ‘jugaba’ a ser artista en la Marta Valverde que hoy se sube al escenario tantos años después?
Queda la esencia. Como artista evolucionas. Lo que sí te puedo decir es que cuando eres joven te piensas que sabes mucho sobre este oficio, pero con los años te das cuenta de que te queda tanto por aprender… Cada día es un reto subirse a un escenario.
Una vida entera haciendo musicales, ¿Se valora ahora por fin más a los profesionales del género?
Creo que sí. Yo he vivido cómo se denostaba también el género de la revista y la zarzuela, nuestros géneros musicales, que yo he tenido la suerte de representar. Yo me acuerdo del esfuerzo vocal que me exigía hacer zarzuela… Vivía por y para el teatro, no tenía ni vida social. Los artistas que se suben a un escenario a cantar, bailar e interpretar son verdaderos atletas. Requiere disciplina y tesón a raudales. Creo que la gente empieza a valorar la preparación física y vocal que exige.
De las vidas que ha vivido en el escenario, ¿Sería capaz de quedarse con una?
En primer lugar, El diario de Ana Frank. Era una historia muy dura y se incrementaba aún la emoción más por el hecho de que era real. Estábamos contando hechos reales. Teníamos que documentarnos al ser un personaje real. Salíamos destrozados por la emoción de la obra. Con el personaje tenía que llegar a un clímax emocional realmente impresionante. Otro personaje inolvidable para mi es la Fraulein Kost de Cabaret. Tocaba el acordeón, bailaba borracha, tenía momentos patéticos y cómicos. Soy una actriz de extremos. Ha sido una de las obras que más me ha emocionado hacer.
Si miramos hacia el futuro, ¿Con qué proyectos le gustaría seguir jugando a esta profesión a Marta Valverde?
Me conformo simplemente con seguir en esta profesión. Me gustaría seguir haciendo musicales con personajes cada vez más comprometidos y poder vivir de esta profesión que me apasiona. Es un lujo poder subirme a un escenario con gente como Natalia y Alberto, con los que disfruto tanto encima de un escenario.
Ya la tuvimos hace un mes DESDE MI BUTACA en una entrevista junto a Marta Poveda que os animamos a recuperar. La pillamos justo antes de subir el telón con uno de los últimos ‘bolos’ de ¿Hacemos un trío? Algo más que un cabaret. Esta semana HACEMOS UN MUSICAL DESDE MI BUTACA…
¿Cuáles son sus momentos favoritos de ¿Hacemos un trío?, Algo más que un cabaret?
Sondheim es uno de los grandes de los musicales. Nos sigue emocionando cantar el trío que hacemos con una de sus canciones siempre. El arreglo que ha hecho el maestro César Belda es maravilloso. También es muy bonito el momento de My Fair Lady. Así, podemos revivir ese momento en que descubres tu vocación y das tus primeros pasos en el mundo del espectáculo. De alguna forma al empezar en aquel gran musical tan jovencitos teníamos la sensación de que estábamos viviendo una película. Por supuesto, también los momentos más personales que tenemos cada uno en el espectáculo. Es muy emocionante, está hecha desde el corazón. Sus ingredientes básicos son la emoción y el humor.
Has combinado este trío con tu intervención en la exitosa Velvet...
Mi intervención está a punto de terminar como estaba pactado, pero ha sido un auténtico privilegio ser parte de esa serie sobre todo por ese elenco de actores maravillosos. Con unos cuantos ya había trabajado antes y ha sido un placer trabajar con caras nuevas también, todos juntos hemos hecho piña. Uno de los descubrimientos para mi ha sido mi hija, Miriam Giovanelli. Es una mujer absolutamente sorprendente, por lo bella y por la calidad de su trabajo. He estado realmente a gusto haciendo la serie.
De las vidas que ha vivido en el escenario, ¿Sería capaz de quedarse con una?
Porcia de El mercader de Venecia, Velma Kelly de Chicago, Sally Bowles de Cabaret… Hay unos cuantos en realidad. En todos pones mucho, pero también te dan mucho por estar en obras de tanto peso.
Si miramos hacia el futuro, ¿Sigue Carmen Sotillo en el horizonte?
Ahora estoy comprometida con la CNTC durante una larga temporada, pero la ventaja de Cinco horas con Mario es que además de que me encanta hacerlo, es muy fácil juntar a la compañía. Sólo depende de que el productor, José Sámano, me pregunte por las fechas libres y lo podemos montar.
50 Sombras El Musical, ha sido estrenado ya en Estados Unidos, Alemania, Holanda y Francia,con un grandísimo éxito de crítica y público, y ahora llega a España, en concreto al Teatro Nuevo Apolo de Madrid, donde estará representándose a partir del 8 de Octubre.
50 Sombras El musical, es la comedia original basado en la novela erótica actual más influyente: 50 sombras de Grey. Con más de 40 millones de copias de libros vendidas en todo el mundo, esta trilogía es, sin duda, la historia de amo y sexo que más ha dado que hablar en mucho tiempo. Lo que se cuenta en el libro ya todos los sabemos… pero, ¿Cómo lo han vivido los fogosos lectores y lectoras que andan repartidos por todo el mundo? En 50 Sombras El Musical, vivirás, o mejor dicho, revivirás, todas esas sensaciones, pensamientos y esa pasión desenfrenada…
Pam, Carol y Bea forman un club de lectura; Pam, la anfitriona del club ,decide a llevar a una de sus reuniones «50 sombras de Grey”; Ella tiene una mentalidad abierta y disfruta, junto a Bea, de las escenas más calientes del libro. Carol debido a su situación personal es la más reticente de todas, acaba de separarse de su marido y le cuesta encontrar su propia Diosa Interior… Mientras leen el libro de la imaginación de cada una brotan las diferentes escenitas…sí, sí…ESAS ESCENITAS…pero aderezadas con la visión particular de cada una de ellas sobre las figuras de Anastacia Steel , Christian Grey, Kate, José, Elliot… Un espectáculo con divertidos números musicales, esposas, mucho cuero y sin pelos en la lengua (o con ellos ). Tres rostros bien conocidos del teatro musical: Ángel Padilla, María Blanco y Sergio Arce encabezan el reparto de este musical que estará dirigido por Jesús Sanz-Sebastián, mientras que la dirección musical caerá en manos de Guillermo González en esta producción de Summum Music, SOM Produce y Arequipa Producciones.
En 1974 nace Dagoll Dagom, compañía teatral formada por un grupo de estudiantes de Barcelona. Los textos de los poetas Rafael Alberti y Joan Salvat Papasseit fueron la base de los dos primeros montajes de la compañía: Yo era tonto y con lo que he visto me he hecho dos tontos del primero y Nocturn per acordió del citado autor catalán. A este espectáculo le seguirá No hablaré en clase (1976) que dos años después consigue granjearse el éxito en toda España con la primera de sus giras. Sin duda sin una producción comoEl Mikado (1986), Mar y cielo no hubiese sido posible. Tras ese espectáculo, la compañía catalana ya se vio capacitada para acometer su mayor empresa teatral hasta la fecha. El 7 de octubre de 1988 se estrenaría Mar i Cel en el Teatro Victoria de Barcelona, superando todo tipo de dificultades, como admitía su productora, Anna Rosa Cisquella:
Producir un musical así es un sueño. El primer día que pensamos en una compañía de veinte actores con orquesta en directo y un barco enorme sobre el escenario te parece imposible, pero con mucho esfuerzo ese sueño se ha hecho realidad.
Las cifras que se manejaron para el proyecto son realmente impresionantes; se habló de que la producción, financiada en parte con dinero de la Generalitat catalana, costó unos 135 millones de pesetas de la época. A partir de entonces, la compañía se ha consolidado como un referente del género en España y ahora recupera su mayor éxito, Mar i Cel, que en principio sólo se verá en su versión catalana a partir del 20 de septiembre en el Teatro Victoria de Barcelona. Roger Berruezo como Saïd, Ana San Martín como Blanca, Pep Cruz como Joanot, Xavi Lite como Hassen, Júlia Jové como Idriss, Xavi Fernández como Don Carles, Toni Viñals como Ferran Rubén Yuste como Malek y Víctor Arbelo como Osman encabezan el reparto de esta revisión del clásico de la compañía catalana.
Los moriscos, moros que quedaron en España después de la Reconquista fueron en principio más o menos tolerados, sobre todo en el reino de Valencia, donde los señores feudales los protegían porque cultivaban sus tierras. Sin embargo, con el paso de los siglos y con las tendencias centralistas de los Austrias, apoyadas por la Iglesia y la Inquisición, fueron obligados a bautizarse. Aunque bautizados, sin embargo, continuaron fieles a su lengua, religión y costumbres. Los esfuerzos más o menos pertinentes de la Iglesia para convertirlos e integrarlos fracasaron, lo que dio pie a que Felipe III, en 1609, ordenara expulsarlos a todos, siendo sus tierras repartidas entre los cristianos. A partir de esta premisa dramática se articula un musical que todos los amantes del género en España conocen muy bien. Xavier Bru de Sala escribió este espectáculo basado en la obra original de Ángel Guimerá con música de Albert Guinovart y dirección de Joan Lluís Bozzo.
A través de las redes sociales, la compañía está mostrando los ensayos del musical.
El 2 de diciembre de 1999 llegaba a España la primera producción del musical La Bella y la Bestia, bajo la producción de Rock and Pop, hoy conocida como Stage Entertainment. Comenzaba entonces una edad dorada para el género que se ha afianzado en España gracias al empeño de esta productora que cumple 15 años. Repasamos algunos de sus logros en esta semana dedicada al musical DESDE MI BUTACA.
Tras el éxito de esta gran historia de amor de la factoría Disney en el Lope de Vega, que permaneció en cartel 27 meses, se atrevieron a innovar, una seña que se mantendrá a lo largo de los años en la empresa, estrenando todo un clásico contemporáneo del género: Rent. Desde aquella producción en octubre de 2000 en el Teatro Coliseum de Madrid, muchos amantes del género piden su vuelta a los escenarios como comentábamos en un artículo anterior. En ese reparto estuvieron algunos rostros que triunfarían en muchos títulos del género como Ignasi Vidal, Miquel Fernández o Daniel Anglés.
En 2001 ya como CIE España llegó a España todo un clásico del musical: My Fair Lady, protagonizado por José Sacristán y Paloma San Basilio. Ese mismo año llegó a Barcelona el musical Notre Dame de París. Ya en 2002, llegó un nuevo reto para la empresa con nombre propio: El fantasma de la ópera, también en el Lope de Vega, el espacio escénico por antonomasia de los grandes musicales en Madrid. Todo un reto que se saldó con la ovación del público y con críticas extraordinarias. Julio Bravo de ABC dijo de esta producción: «El fantasma de la ópera necesita un reparto de grandes cantantes. Y en Madrid lo hay. El reparto mantiene el nivel exigible para una producción que, si no dieciséis años como lleva en cartel en Londres, sí pasará a buen seguro una larga temporada en la Gran Vía».
Andrew Lloyd Webber asistió al estreno de «El fantasma de la ópera» en España.
En 2003 llegaría Cabaret, uno de los grandes éxitos de la productora, que además tendría una larga vida en gira. Sin duda, uno de los grandes éxitos en la carrera de Natalia Millán, a la que tendremos a lo largo de esta semana de nuevo DESDE MI BUTACA. También en 2003, llegaría Cats. En noviembre de 2004, la entonces Stage Holding estrenó Mamma Mia, éxito sin precedentes en Madrid, Barcelona y en gira. Alberto Vázquez estuvo en el reparto lugar en el que también estuvieron Nina y Marta Valverde, a la que tendremos el próximo domingo como broche de lujo a esta semana dedicada al musical.
En enero de 2005, ya tomó el nombre actual, Stage Entertainment. En este punto, hacemos un alto en el recorrido por los musicales para citar las producciones que, fuera del género, ha producido la empresa que dirige Julia Gómez Cora. En este 2005, la empresa estrena El graduado con Ángela Molina y Juan Díaz. Antes, en 2002, Nancho Novo estrenó Esperando al cavernícola, el mayor éxito de la carrera teatral del actor. También en 2005, se produjo el estreno de Victor Victoria con Paloma San Basilio y Paco Valladares. A partir de entonces, se suceden los estrenos de montajes como Los productores, que juntó a un tándem de lo más mediático: Santiago Segura y José Mota. Toda una apuesta de riesgo que se tradujo en grandes críticas, pero con una tibia respuesta de un público aún no preparado para una apuesta sólo apta para ‘iniciados’ en el mundo del musical. Como curiosidad, contar que en el reparto estaba Miguel del Arco, antes de volverse un director ‘kamikaze’. Jesucristo Superstar, Chicago, High School Musical, que tuvo como protagonistas a la ganadora del Goya Macarena García y al eurovisivo Dani Diges, además de una nueva producción de La Bella y la Bestia, fueron los montajes que produjo Stage en una etapa de apuesta decidida por consolidar el género en nuestro país.
Miguel del Arco junto a Santiago Segura.
Los Miserables, punto y aparte en la trayectoria de Stage Entertainment. Más allá del reto (y el riesgo) que siempre supone montar un espectáculo de estas características, la producción pasará a la historia por conseguir que uno de sus protagonistas, Gerónimo Rauch, diese el salto al West End. Tras su éxito en Madrid y Barcelona, la productora soñó un proyecto a priori casi imposible: Llevar el musical de gira. Hace unos días volví a ver el musical en el Palacio de Euskalduna de Bilbao y en ese momento volví a constatar que lo habían conseguido. Durante años, las giras de los musicales eran versiones reducidas de los espectáculos vistos en Madrid, pero lo conseguido con Los Miserables es algo simplemente increíble. El público que abarrotaba el Euskalduna en su estreno el pasado 21 de agosto valoraba precisamente eso, que se trajese la misma calidad en gira. Y precisamente de giras sabe mucho esta productora, que ha girado con gran éxito La bella y la bestia, Chicago y Cabaret entre otras.
Una imagen de la producción en gira de «Los miserables».
La Gran Vía sigue rugiendo al ritmo de El rey león. En octubre de 2011 llegó al Lope de Vega la mayor producción de un musical en España: El rey león. Tres años después, el espectáculo sigue poniendo el cartel de «No hay localidades» casi a diario. Una apuesta difícil y más en tiempos de crisis, pero que demuestra que el público sigue demandando que le sigan contando grandes historias o (pequeñas) grandes historias. Precisamente de pequeñas grandes historias se nutrió una interesante iniciativa, nacida del acuerdo entre la productora y Microteatro por dinero, de la que dimos sabida cuenta en este blog. Y si miramos hacia el futuro, el proyecto más inmediato es Sister Act, que en esta ocasión llegará a Barcelona.
Muchos crecimos viéndole en la pequeña pantalla. Ya entonces, en sus labores Disney, tuvo que demostrar sus dotes para la interpretación en un programa tan dinámico y divertido como El Club Disney, después rebautizado como Zona Disney. Por el mítico programa pasaron muchas caras en la presentación, pero sin duda la de Castro fue una de las que han quedado en el imaginario colectivo de varias generaciones. Además, fue de los presentadores que más tiempo estuvo en antena con este programa. Su vena de comunicador nato hizo que conectase al instante con el público.
Como decía antes, ya por aquel entonces demostró su vena interpretativa de alguna forma. De ahí que parezca normal que le llegasen proyectos como la película No digas nada (2007) o más recientemente la serie Los hombres de paco (2008). Desde entonces, poco o nada sabía de este showman, creo que es el término más apropiado.
Una foto promocional de «Los hombres de Paco».
Hace cosa de un par de semanas me llegó a través de Facebook un cortometraje, ¿Y por qué no? Inmediatamente llamó mi atención al ver que Castro no sólo protagoniza, sino que también dirige y escribe esta historia que seguro que no os dejará indiferentes.
Hace unos días, revisando el elenco de Un cuento de invierno, vista ayer en el CASYC de Santander dentro de las actividades culturales de la UIMP, encontré de nuevo a Jimmy. A pesar de su dilatada carrera en televisión y sus coqueteos con el cine, el teatro y más ¡Shakespeare! es siempre una prueba de fuego. Pues bien, Castro no ha perdido ni una pizca de esa mirada de pícaro con la que encandiló a la audiencia. Y siendo pícaro, se gana el respeto del público desde el momento en que pisa las tablas. Desconozco su recorrido teatral, pero admito que anoche se llevó buena parte de mis aplausos a la compañía Siosi Teatro, que ha construido una luminosa y economicista puesta en escena. Es una muestra de perseverancia, de empeño, de querer seguir en un camino tan difícil después de haber tocado el éxito mediático con la punta de los dedos. En esta carrera de fondo que es la interpretación, parece que el otrora Chico Disney ha sabido encarrilar su carrera.
Alberto Vázquez cuenta y canta su vida junto a Marta Valverde y Natalia Millán por los escenarios de España. Mañana estarán de hecho en la bella localidad cántabra de Laredo. Su referente infantil fue su hermana, Helena Bianco, toda una estrella de la época, sin la que quizás no se habría dedicado a un oficio por el que sentía una pasión irrefrenable. Su primer trabajo profesional fue con 17 años, My Fair Lady, pero hasta que no firmó su primer contrato en Argentina, donde ha desarrollado buena parte de su carrera, no tuvo la percepción de que se podía dedicar definitivamente al mundo artístico. Aunque muchos lo conozcan por su faceta de actor de musicales, Vázquez ha participado en series de tanto éxito como Cuéntame cómo pasó, donde tuvo una particular Hada Madrina: Ana Duato. Con el protagonista de musicales tan recordados como Mamma Mia charlamos en exclusiva. Y ya sabéis, esta semana ¡HACEMOS UN MUSICAL DESDE MI BUTACA!
¿Cuál es tu momento favorito de ¿Hacemos un trío?, Algo más que un cabaret?
El trío de Sondheim. Es el más complicado de hacer y muy bonito. Cuanto más escuchas a este autor, más le admiras. Seria muy bueno descubrir algunos de sus musicales de pequeño formato, que son muy desconocidos en España.
Habéis estado un tiempo sin hacerlo, ¿Nervios ante esta vuelta a los escenarios?
Tengo muchas ganas de ver de nuevo si la gente entra en nuestra historia. Siento los mismos nervios que cuando estrenamos en el Nuevo Alcalá.
¿Es ese desgarrador padre de Ana Frank el momento más mágico que has vivido encima de un escenario?
Absolutamente. El diario de Ana Frank era un gran musical que tuvo muy mala suerte, estuvo muy mal gestionado. Todos los que lo vieron lo sintieron de una forma muy fuerte. Para nosotros, poder conocer a algunos de los protagonistas de la historia fue algo muy especial. Estuvimos en los sitios reales de la historia, conocimos a amigos de Ana e incluso a la persona que ocultó a la familia durante tanto tiempo… Poder bucear una historia que conoces desde pequeño de una forma tan increíble y ponerla en pie fue una gozada. Una experiencia inolvidable.
El musical en España va ampliando sus miras con nuevas propuestas de pequeño formato como la vuestra…
Me encanta que se pueda ver también a los artistas que solemos actuar en musicales de gran formato, en producciones chiquititas, muy cercanas al público. En España, llegamos tarde a casi todo. Esto es el Off de Broadway o Buenos Aires que está ofreciendo espectáculos de gran calidad desde hace muchos años. Esto no quiere decir que me guste el tema del microteatro, que se hace en cualquier parte y en unas condiciones paupérrimas… Me parece que nuestro trabajo debe tener un recorrido más amplio la verdad.
Da la impresión de que a veces los actores que no hacen musicales miran por encima del hombro a los que se han curtido en el género del teatro musical, ¿Has tenido esa sensación alguna vez?
A los artistas de musicales es cierto que se nos ha mirado a veces te diría que por encima de los dos hombros… En mi caso, es un poco distinto. Yo antes de hacer Mamma Mia, ya había hecho unas cuantas series… La gente que se da a conocer en musicales lo tiene muy difícil para dar el salto a la televisión o al cine. Es curioso que cuando un actor de teatro da el salto al musical le llueven las alabanzas, pero cuando un artista curtido en musicales brilla sobre el escenario nadie viene a buscarle y eso es algo que nunca entenderé.
¿Cuánta culpa tiene de que Alberto Vázquez se dedicase al mundo artístico que su hermana fuera Helena Bianco?
Sin tener un referente como ella, no creo que hubiese seguido por este camino. Yo tenía claro que quería cantar. Mi vida era cantar, quería estar en un escenario. Cuando mi hermana se separó, nuestros caminos digamos que fueron cada uno por un lado, cosa que vista con el tiempo creo que ha sido muy positiva. Ahora disfruto tanto cada vez que me subo a un escenario con ella o cantamos en un disco…
Al tener ese referente cerca, ¿Fue más fácil decir aquello tan tópico de “Mamá, quiero ser artista”?
Yo era un niño timidísimo. Los que estamos encima de un escenario solemos ser unos tímidos enfermizos de pequeños. Todos los niños nacen actores. Todos nos disfrazamos queriendo ser otro. Yo siempre dije que quería ser artista, pero no tenía muy claro que se pudiese realizar. Cuando me di cuenta de que lo estaba consiguiendo fue en Argentina con mi primer contrato grande. Luego di el salto a España y de alguna forma tuve que demostrar mis dotes encima de un escenario de nuevo, pero la verdad es que no me puedo quejar de la carrera que he tenido desde entonces.
Y entre las experiencias televisivas más gratificantes destaca Cuéntame cómo pasó...
Me convocaron a una audición en un lugar tan frío como es el despacho de una directora de casting. La sorpresa vino cuando me dijeron que Ana Duato dijo que quería hacer la prueba conmigo cuando terminase de rodar ese día. Vino vestida de Señora Alcántara y fue algo mágico. Para mi ella es una DIOSA absoluta. Fue como mi hada madrina. Entró y me quitó todos los miedos de golpe. Me dijo que la mirara a los ojos, que la cogiese de las manos y la hablase de verdad… La dije que no me iba a ser nada difícil decirle que era una mujer hermosa y que estaba enamorado de ella… Y en ese momento, nos echamos los dos a reír. Fue precioso. Gracias a la mano de Ana y de Imanol fue un regalo del cielo ser parte de esa serie.
Hace unos meses hablaste en una entrevista que serías parte de un gran musical de producción española, ¿Qué ha pasado con ese proyecto?
Se ha caído lamentablemente. Estaba todo el elenco y ha habido un problema de concesión de derechos entre el autor y la empresa. Me da mucha pena no solo por mi, sino por el equipazo que había detrás. Ahora intento mirar hacia adelante con posibles nuevos proyectos. Estoy leyendo un par de cosas, quizás en enero ponga en marcha algo nuevo.
Sus primeros recuerdos teatrales los tiene como espectador teatral compulsivo. Cuando era adolescente, trabajaba como oficinista y el dinero que le quedaba se lo gastaba acudiendo al teatro. Sin antecedente familiar alguno, comenzó a programar a los grupos independientes de la época y se dijo a si mismo que ése era el tipo de teatro que quería hacer. Nacieron así en los 70, los primeros grupos de teatro profesionales del País Vasco con una vocación claramente contestataria. En esas primeras aventuras ya estaba presente su amigo Álex Ángulo, del que destaca su generosidad durante tantos años de andadura en común también en el cine. El que fuera Premio Nacional de Teatro conserva de esos primeros años el idealismo, esa idea de que el teatro puede ser una gran arma. Estuvo en la UIMP presentando su personal visión de Sobre los perjuicios del tabaco. ¿Su mayor ilusión? Consolidar la sala Pabellón Nº6 de Bilbao: «Me siento muy ilusionado por poder encontrar un lugar de investigación estable».
Ha presentado en la UIMP una versión apócrifa de Sobre los perjuicios del tabaco, ¿Qué le hizo conectar con esta historia de Antón Chéjov?
En lo del tabaco, no voy a decir que es por ser fumador, sino que es el pretexto de la obra. Me gustan esos personajes pequeños, a los que les ocurren cosas que nos podrían ocurrir a cualquiera. El interés por esos personajes grises y anodinos quizás me viene del hecho de que son ese tipo de personajes secundarios del cine a los que he tenido la suerte de interpretar. Este personaje de Chéjov y muchos otros tienen ese punto de personaje común. También me motivaba mucho poder hacer una versión más realista, más naturalista que la obra original. En trabajos tan personales como éstos o te enamoras de ellos por alguna razón o no tiene sentido hacerlos. Si encuentras un punto de identificación con tu personaje es un disfrute absoluto.
También se ha enfrascado en otro monólogo, Confesiones de San Agustín, dirigido por Juan Carlos Pérez de la Fuente…
Juan Carlos Pérez de la Fuente se suele embarcar en aventuras muy complicadas y San Agustín lo es y mucho. Tiene una capacidad de riesgo que me encanta. Es un locura de Juan Carlos y su equipo. Ha hecho una especie de perfil con las ideas clave de San Agustín. Tiene un aspecto de lectura teatralizada que se convierte en una función de teatro. Vengo curtido en el mundo del monólogo con Sobre los perjuicios del tabaco, que era mi primera experiencia en solitario. Es la primera vez que me he quedado en blanco, que he tenido el famoso miedo escénico por estar solo en escena. Una vez que ya has hecho tuyo el monólogo, eres capaz de retomar el texto si te pierdes y eso es algo que te da una seguridad en las tablas impresionante.
Precisamente, Juan Carlos ha sido nombrado director del Teatro Español y el resto de espacios del Ayuntamiento, ¿Qué le parece su nombramiento?
Creo que es un embolado muy grande para él. Al ser una persona del mundo creativo, espero que encuentre un buen equipo de gestión que le permita a él enamorarse de los proyectos. Espero que no caiga en la tentación de encadenar un montaje detrás de otro como director, que es algo muy habitual cuando se trata de espacios públicos. Le deseo lo mejor a este enamorado del teatro y me da mucha rabia que le hayan dejado la programación hecha para los próximos meses, creo que ha sido un poco a traición la cosa.
Una de las apuestas fuertes de esta temporada en el Teatro Arriaga de su querido Bilbao era Montenegro, ¿Cómo ha vivido esta suspensión de la gira?
Por lo visto han aducido que salen caras las giras por las horas extra de los técnicos. Da mucha pena. Es cuanto menos curioso que el espectáculo, siendo un Centro Dramático Nacional, se va a quedar prácticamente en las representaciones de Madrid y Barcelona. Se debería hacer una política de acuerdos con las autonomías para que giren los espectáculos. Teniendo unos presupuestos muy grandes, no es justo que no se pueda disfrutar en toda España. Si se ha creado una maquinaria que no se puede mover, habría que revisarlo para que se puedan mover estos bienes artísticos. De cara a nuestro trabajo además se da por supuesto que somos de Madrid. Yo vivo en Bilbao y me tengo que buscar la vida cuando voy a actuar al CDN. Se peca de un cierto centralismo. No es como en las giras, que se contemplan esas cosas en las dietas por ejemplo.
¿Cómo nace su pasión por el teatro?
Yo fui espectador compulsivo de adolescente. Trabajaba de oficinista, daba algo en casa y el resto me lo gastaba en el teatro. Quería ser actor en el fondo por mi timidez enfermiza. Yo no fui universitario, pero me encantaba toda esa movida del teatro independiente. Con veinte años teníamos la osadía de programarles. Alquilábamos un teatro para traerlos. Yo quiero ser como ellos me dije a mi mismo. Yo quiero hacer un teatro de denuncia social y de respuesta popular. Creamos las primeras compañías de teatro profesionales, no había apenas tradición. La primera generación profesional del teatro en el País Vasco fuimos nosotros, en los años 70.
¿Qué queda en el Ramón Barea de los tiempos de grupos como Cómicos de la legua?
Queda muchísimo de eso. Yo me he formado ahí. No vengo de escuelas. Vengo de cargar y descargar furgonetas, de actuar en la calle… No he crecido en el mundo del glamour. Nunca he sido el actor de moda ni he estado en la cresta de la ola. Creo que queda todo, queda un estilo, una forma de hacer las cosas que te marca. Cuando tienes 20 años, te comes el mundo y piensas que el teatro es un arma de lucha maravillosa. Ese carácter idealista permanece. No es sólo el negocio del espectáculo, sino algo más. Queda también la necesidad de encontrar lugares y equipos de trabajo más o menos estables. Ahí está Pabellón 6 para atestiguar mis palabras.
A un actor curtido en las tablas, autodidacta, ¿A qué le suenan los métodos interpretativos?
A caminos, a vías, a recursos, pero nunca a soluciones. Los actores debemos saber encontrar las carencias y las virtudes. Tenemos que ser conscientes de lo que podemos hacer. No podemos hacer todo tipo de personajes por preparación física, por estilo, por forma de ser… No hay métodos universales, hay actores, formas de hacer. Mi método es el tanteo del error, reconocer mis fallos y tratar de mejorar con los métodos de trabajo. Cuantos más trabajos difíciles hagas, encuentras nuevos miedos, pero también más seguridad. Es un oficio en el que nunca dejas de aprender. Los métodos son recursos, nada más.
Aquí y ahora, ¿Por qué el teatro es un buen lugar para contar historias para Ramón Barea?
Faltan espacios colectivos de escucha, donde las cosas transcurran con calma. Vemos una muestra de lo que les pasa a otros seres humanos. Es el espacio de reflexión y entretenimiento. El teatro no muere. Hay que buscar los contenidos que sigan atrayendo al público.
Con su amigo Álex Angulo no sólo trabajó en teatro, sino que también estuvo en sus aventuras como director cinematográfico…
Con Álex hice todos mis cortometrajes y mis dos películas. En la época de Pecata Minuta estaba en la cresta de la ola. Yo quería que estuviese él y el representante no quería que lo hiciese para no utilizar su nombre para vender más la película. Yo le dije a Álex que yo quería que estuviese no por famoso, sino por ser mi amigo. Lo que hicimos fue que en los títulos de crédito apareciese con otro nombre. Hace un papel de monja muy cortito, pero divertidísimo. Es una anécdota que demuestra la generosidad, la entrega y el cariño que tenía él por su trabajo. Para mi es una muestra de amistad muy grande.
Si miramos hacia el futuro, ¿Con qué tipo de proyectos le gustaría seguir ‘jugando’ a Ramón Barea?
Lo más apasionante es Pabellón 6. Para poder hacer muchas cosas: Proponer y probar muchos posibles proyectos. Me apasiona, es como volver a empezar. Me siento ilusionado por poder encontrar un lugar de investigación. No es sólo que puedan entrar las gentes de mi grupo, sino que damos voz a otros nuevos creadores. Estoy muy orgulloso de que los programadores se empiecen a interesar por lo que se está cociendo en nuestra sala. Crear una compañía estable estaría muy bien. Es un sueño por fin tener un lugar fijo de encuentro con los espectadores.
Con la inminente nueva temporada a la vuelta de la esquina, damos una «vuelta» a esta sección en la que hemos ido avanzando los estrenos de la temporada. Los próximos posts los dedicaremos a algunos de los teatros en los que más propuestas escénicas convivirán la próxima temporada. El primero será el Teatro Lara, que abrirá un nuevo espacio Off en su programación.
Burundanga, La llamada y Las heridas del viento continuarán en cartel. Se han convertido ya en todo un clásico de la cartelera del Lara y esta temporada seguirán resistiendo. Pero también llegarán a la cartelera un puñado de nuevas propuestas que seguro granjearán los aplausos del público de «La Bombonera»:
SMILEY, una historia de amor es un texto inteligente y sencillo, un soplo de aire fresco en la cartelera teatral que mezcla las comedias románticas de antes, y las sitúa en el s.XXI evitando los tópicos y liberando a sus personajes de moldes y etiquetas. Álex y Bruno, los dos protagonistas de esta obra no pueden ser más distintos. Conforman una extraña pareja en la que sólo tienen en común que son dos hombres y que se han enamorado. Sus diferencias parecen insalvables, y sus personalidades antagónicas, pero lo quieran o no, están unidos por ese hilo rojo, por más que a menudo quieran romperlo. En Madrid podremos disfrutar de este texto de Guillem Clua, que también dirige la función, durante los meses de septiembre y octubre en el Teatro Lara. El reparto está encabezado por Ramón Pujol, que ya protagonizó la obra en Catalunya y que esta temporada pasada ha despuntado también en Madrid con Tierra de nadie junto a Josep Maria Pou y Lluís Homar, y Aitor Merino.
Secun de la Rosa también será protagonista de la programación con El disco de cristal, que se verá en el nuevo espacio OFF del Lara. Tommy Tomás es un antiguo cantante melódico que sobrevive haciendo bolos mal pagados con la ayuda de sus dos hijos: Goyita, con una cojera que daña su autoestima, y Pere, quien en secreto sueña con alejarse de la familia. La familia consigue una actuación que puede cambiar sus vidas…
Ejecución hipotecaria desde el 10 de septiembre. Los integrantes de una comisión judicial se disponen a ejecutar el primer desahucio del día: una mujer que debe varios meses de hipoteca, cuyo apartamento ha pasado a ser propiedad del banco. Un caso más en su rutina cotidiana, si no fuera porque esta vez son recibidos por un hombre que, después de hacerles pasar amablemente, les apunta con una escopeta, y dispara a uno de ellos. A partir de ese instante, el individuo procede a explicar sus razones, mientras todos se preguntan cuál puede ser el próximo. Adolfo Fernández dirige y protagoniza esta obra en la que también participan Juan Codina y Susana Abaitua entre otros.
*Para consultar fechas y horarios, lo mejor es pasarse por la web del Teatro Lara.
Nuria González nunca quiso traspasar la Cuarta Pared. La aterraba la idea de enfrentar su mirada a la del espectador. Ahora en Taitantos ha conseguido que la mirada del público sea su mejor cómplice. Sola sobre el escenario se mete en la piel de una bloguera de moda que a sus taitantos ve como se su mundo cae ante sus ojos. La actriz se prepara en el camerino, donde se da los últimos retoques. Un personaje a años luz de una actriz que admite vivir lo más ajena posible de la parte de imagen que tiene su profesión: «Soy un poco antiestética y cuando me siento observada tengo una inseguridad muy grande». Esta actriz, cuyo lugar natural es el escenario, se ha movido con igual soltura en la televisión y en el cine, donde tuvo uno de esos escasos personajes de enjundia para mujeres de cierta edad: Mataharis. Y si no hubiese sido actriz, ¿Qué profesión hubiese ejercido con gusto? Jardinera. Con la protagonista de Tres de Juan Carlos Rubio charló por primera vez DESDE MI BUTACA.
La obra también está triunfando fuera de España, ¿Qué cree que tiene Taitantos para que funcione tan bien?
Es un tema universal, a todo el mundo le implica ya sea física o intelectualmente.
¿Cómo se consigue tras más de un año que la función conserve la frescura?
Debes tener la sensación de que es la primera vez que haces la obra. Dejar que salga el personaje a la vez que lo va conociendo el público. No te puedes ceñir a un esquema prefijado. Sigo las directrices de Coté Soler, pero es mejor que nazca el personaje en cada representación.
Estrenó en uno de los teatros más emblemáticos de Madrid, el Lara…
Fue muy especial, el equipo es maravilloso. Ensayamos allí en una sala que tienen para ensayar. Es un lugar mágico. Cuando se enciende el patio de butacas al final de la función, es estremecedor. Es un lugar tan bonito… Es una verdadera joya.
Las actrices se quejan de que llegadas a cierta edad las cuesta encontrar papeles con enjundia, ¿Cómo se siente Nuria González a sus taitantos?
Yo no me puedo quejar. Susana es un personaje de mi cuerda al que puedo interpretar con gusto. La temática de la mujer madura ha pasado muy desapercibida. Hay una abuela o una señora que cocina, pero no suele ser el centro de atención. Escasean los papeles protagónicos de mujer madura. En una serie, puede haber una única mujer de edad protagonista y en cambio hay un puñado de jovencitas. Con los hombres es diferente. Con cincuenta pueden ser un galán, un maduro interesante. Una mujer de esa edad tiene que estar muy bien para resultar seductora.
Ha dicho que «En el teatro el público ve a través de los ojos del personaje», ¿Se ha acrecentado esa sensación con un montaje tan ‘desnudo’ como éste?
Naturalmente, en esta obra he necesitado la compañía del público más que nunca. Cuando no tienes compañeros en escena te falta una energía y unos estímulos que te envían y que son distintos cada día. En los ensayos, estar sola me daba mucho miedo. Cuando empezó a venir el público, la cosa cambió. El público lleva la respiración de Susana. Poder sentir el aliento del público y poder mirarlo a los ojos es mágico. Nunca había sentido esa sensación. Yo era la típica actriz que no quería hacer cabaret para no romper la Cuarta Pared. Me daba mucho respeto mirar a los ojos al público. Tengo la suerte de ser miope y eso creo que ha hecho que me atreva aún más. En sus rostros nebulosos sí que veo las sonrisas de la gente y sus emociones. Estos son los estímulos que utilizo.
Aquí y ahora, ¿Por qué el teatro es un buen lugar para contar historias para Nuria González?
Yo quise ser actriz para trabajar en el teatro. Me vine a Madrid para subirme al escenario. Luego he hecho de todo. He aprendido mucho en la televisión de hecho. El cine es fascinante también, pero el teatro es la cuna, es el lugar en el que yo elegí estar. Yo quería contar historias en el teatro, un templo en el que se reúne gente para vivir una misma historia. Es comunicación con mayúsculas. Es muy poco habitual en nuestra cultura que se den estas circunstancias. En el teatro se realiza la comunión, vivimos todos una misma historia y eso produce auténticas estelas de energía.
La actriz dándose los últimos retoques.
Tres, La monja alférez y 9 minutos la han unido al nombre de Juan Carlos Rubio, ¿Siente que comparte la misma mirada sobre este oficio?
Juan Carlos Rubio está en mi vida, es mi amigo, mi hermano. Primero fue un guionista al que no conocía. Hizo el guión de la película El calentito y de varios episodios de Manos a la obra. He hecho televisión, cine y teatro con él. Al principio no le conocía, pero luego he tenido la suerte de compartir con él varias experiencias teatrales. Juan Carlos tiene el talento, la humildad y la generosidad. Es muy difícil que un director te comprenda con solo mirarte y él tiene esa cualidad. Tiene un grado de empatía con el actor muy grande. No solo por haber sido actor, no todos valen para dirigir. Él es un milagro de comunicación para los actores. Te pone en antecedentes y trabaja por delante de tus inseguridades. Si te dice que te subas a una montaña rusa, lo haces encantada.
Fue mala, malísima en el programa El rival mal débil, ¿Llegaron a tenerla miedo los espectadores?
Desde luego. La gente se piensa que soy una hija de puta integral. En el fondo, el actor trabaja con todas sus emociones. Con su risa, con su llanto y por supuesto con su mala leche. De algún lado tuve que sacar las malas pulgas del personaje. La gente está precavida y con motivos además. Lo bueno es que llegué a ese tipo de público que sólo ve concursos.
Da la impresión de que vive un poco ajena a la parte más expuesta de este oficio, ¿Qué suponen las alfombras rojas para Nuria González?
Me verás en pocos photocalls. Sólo voy cuando tengo que promocionar un trabajo. Yo no se posar, me pongo en modo sonrisa congelada. Esa preocupación de qué tienes que ponerte es un poco pesado. Aparecer en público sin personaje no me gusta. Lo hago, pero no me gusta. Yo no me maquillo, me peino por obligación… Soy un poco antiestética y cuando me siento observada tengo una inseguridad muy grande.
Aunque cueste encontrar personajes buenos para mujeres de cierta edad el cine le granjeó un gran personaje en Mataharis…
Disfruté tanto haciendo un personaje tan contenido, tan caracol. Es un trabajo que no había hecho. Suelo hacer personajes muy seguros. Ella era insegura, antigesto. Carmen era un personaje para coger con algodones. El elenco era maravilloso tanto como el personaje y la directora.
Y volvió a coincidir con Fernando Cayo, actor con el que coincidió en Manos a la obra…
Desde luego. Es un actor maravilloso, toca las cosas de una forma… Me encanta verle cómo se mueve en los espacios, cómo los posee con una facilidad impresionante.
De pequeña, ¿Nuria González dijo aquello de mamá quiero ser artista?
No, yo era de ver Estudio 1 y admirar a gente como Lola Herrera, pero nada más. En Málaga, el teatro estaba cerrado y se usaba como cine. Cuando lo abrieron, empecé a ver funciones. Me gustaba más escribir. Me subí al escenario por casualidad a los 17 años y en ese momento supe que algo había cambiado en mi vida. Un amigo estaba montando un grupo de teatro y necesitaba chicas y así empecé. Allí me encontré a la persona que me dijo que estudiara Arte Dramático, Leovigildo García Molina. Él me dijo que podría vivir de este oficio y en ese momento me hizo el favor de mi vida. Ese grado de confianza que tenía en mi fue lo que me hizo dedicarme a esto. Yo no creía en mis posibilidades y no sabía que se podía estudiar. Te contaré que yo estudiaba en Málaga música y ballet y estaba en el mismo edificio. Escuchaba voces raras, pero no sabía que eso era teatro. Yo estaba a mis cosas, a mi música y no me daba cuenta de nada. No fui una niña que quisiera ser artista de pequeña.
Ha comentado que el día que le deje de interesar esta profesión se meterá a jardinera…
Me encanta, ¡Te has leído todas mis entrevistas! Llegó un momento en el que me di cuenta de que no sabía hacer otra cosa que actuar. Me planteé volver a la radio, pero lo pensé bien y caí en la cuenta de que la cosa iba a estar igual de complicada que en el teatro. Lo pensaba con presión hasta que un día relajadamente me pregunté qué podría haber sido yo con placer si no hubiese sido actriz. Podría haber sido feliz sin haber probado el veneno del teatro si me hubiese hecho jardinera, pero una vez que pruebas esta droga eres incapaz de desengancharte.
¿Con qué tipo de proyectos le gustaría seguir ‘jugando’ a esta profesión a Nuria González?
En pocos montajes he tenido tanta sensación de juego como en La monja alférez. Jugábamos a las espaditas, a las luchas, a hacer magia… Era una paliza muy grande, pero todo se hizo jugando y a la vez trabajando muy duro. Me gustaría hacer cosas muy distintas. Estoy muy motivada con una serie de televisión, Rabia, para Telecinco. Es de género. Yo sólo había hecho una Película para no dormir. Y la verdad es que me encanta. Soy espectadora de terror, me encanta. Si no produce lo que quiere, el terror es desternillante y eso me parece maravilloso.
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