Marta Valverde: “Los artistas que se suben a un escenario a cantar, bailar e interpretar son verdaderos atletas”

Desde pequeña ha vivido el mundo del espectáculo en primera persona. Aprendió a cantar antes incluso de ser capaz de leer la letra de la primera canción que cantó encima de un escenario con sólo cinco años junto a su padre, el inolvidable Lorenzo Valverde. En el colegio, era la perfecta directora de cualquier función. Ya entonces se debía entrever el desparpajo y la naturalidad de una actriz que durante décadas ha conectado de manera instantánea con el público. Ella es la tercera integrante de ese trío del que tanto os hemos hablado esta semana. Cerramos estos siete días que hemos dedicado a consagrar el teatro musical con Marta Valverde, todo un referente del género.

DSCF7509

¿Cuáles son sus momentos favoritos de ¿Hacemos un trío?, Algo más que un cabaret?

El trío de Sondheim es muy emocionante. Es un número musical complicado a nivel vocal. Tiene una carga sentimental muy grande y cantarlo juntos es un plus. También cuando contamos nuestros comienzos, es muy entrañable y divertido. Estamos contando un trocito de la historia del teatro musical en España.

La suya fue una infancia entre cajas…

La primera vez que me subí a un escenario tenía sólo cinco años con mi padre. Me aprendí una canción con viñetas, no sabía ni leer entonces. He vivido entre cajas. Lo hemos mamado. Al haber sido parte de esta profesión desde bien pequeña, te preparas con más rigor. Mi padre nos inculcó el respeto al público. Te preparas más intensamente. Tienes unos referentes familiares que te hacen esforzarte día a día para seguir superándote en tu profesión. Yo jugaba con mis muñecas a interpretar. En el colegio, siempre hacía de directora de las obras de teatro. Lo llevo en la sangre. Toda mi familia se ha dedicado a la música.

¿Qué queda de esa niña que ‘jugaba’ a ser artista en la Marta Valverde que hoy se sube al escenario tantos años después?

Queda la esencia. Como artista evolucionas. Lo que sí te puedo decir es que cuando eres joven te piensas que sabes mucho sobre este oficio, pero con los años te das cuenta de que te queda tanto por aprender… Cada día es un reto subirse a un escenario.

Una vida entera haciendo musicales, ¿Se valora ahora por fin más a los profesionales del género?

Creo que sí. Yo he vivido cómo se denostaba también el género de la revista y la zarzuela, nuestros géneros musicales, que yo he tenido la suerte de representar. Yo me acuerdo del esfuerzo vocal que me exigía hacer zarzuela… Vivía por y para el teatro, no tenía ni vida social. Los artistas que se suben a un escenario a cantar, bailar e interpretar son verdaderos atletas. Requiere disciplina y tesón a raudales. Creo que la gente empieza a valorar la preparación física y vocal que exige.

De las vidas que ha vivido en el escenario, ¿Sería capaz de quedarse con una?

En primer lugar, El diario de Ana Frank. Era una historia muy dura y se incrementaba aún la emoción más por el hecho de que era real. Estábamos contando hechos reales. Teníamos que documentarnos al ser un personaje real. Salíamos destrozados por la emoción de la obra. Con el personaje tenía que llegar a un clímax emocional realmente impresionante. Otro personaje inolvidable para mi es la Fraulein Kost de Cabaret. Tocaba el acordeón, bailaba borracha, tenía momentos patéticos y cómicos. Soy una actriz de extremos. Ha sido una de las obras que más me ha emocionado hacer.

Si miramos hacia el futuro, ¿Con qué proyectos le gustaría seguir jugando a esta profesión a Marta Valverde?

Me conformo simplemente con seguir en esta profesión. Me gustaría seguir haciendo musicales con personajes cada vez más comprometidos y poder vivir de esta profesión que me apasiona. Es un lujo poder subirme a un escenario con gente como Natalia y Alberto, con los que disfruto tanto encima de un escenario. 

Anuncios

Alberto Vázquez: “Los que estamos encima de un escenario solemos ser unos tímidos enfermizos”

Alberto Vázquez cuenta y canta su vida junto a Marta Valverde y Natalia Millán por los escenarios de España. Mañana estarán de hecho en la bella localidad cántabra de Laredo. Su referente infantil fue su hermana, Helena Bianco, toda una estrella de la época, sin la que quizás no se habría dedicado a un oficio por el que sentía una pasión irrefrenable. Su primer trabajo profesional fue con 17 años, My Fair Lady, pero hasta que no firmó su primer contrato en Argentina, donde ha desarrollado buena parte de su carrera, no tuvo la percepción de que se podía dedicar definitivamente al mundo artístico. Aunque muchos lo conozcan por su faceta de actor de musicales, Vázquez ha participado en series de tanto éxito como Cuéntame cómo pasó, donde tuvo una particular Hada Madrina: Ana Duato. Con el protagonista de musicales tan recordados como Mamma Mia charlamos en exclusiva. Y ya sabéis, esta semana ¡HACEMOS UN MUSICAL DESDE MI BUTACA!

DSCF7507

¿Cuál es tu momento favorito de ¿Hacemos un trío?, Algo más que un cabaret?

El trío de Sondheim. Es el más complicado de hacer y muy bonito. Cuanto más escuchas a este autor, más le admiras. Seria muy bueno descubrir algunos de sus musicales de pequeño formato, que son muy desconocidos en España.

Habéis estado un tiempo sin hacerlo, ¿Nervios ante esta vuelta a los escenarios?

Tengo muchas ganas de ver de nuevo si la gente entra en nuestra historia. Siento los mismos nervios que cuando estrenamos en el Nuevo Alcalá.

¿Es ese desgarrador padre de Ana Frank el momento más mágico que has vivido encima de un escenario?

Absolutamente. El diario de Ana Frank era un gran musical que tuvo muy mala suerte, estuvo muy mal gestionado. Todos los que lo vieron lo sintieron de una forma muy fuerte. Para nosotros, poder conocer a algunos de los protagonistas de la historia fue algo muy especial. Estuvimos en los sitios reales de la historia, conocimos a amigos de Ana e incluso a la persona que ocultó a la familia durante tanto tiempo… Poder bucear una historia que conoces desde pequeño de una forma tan increíble y ponerla en pie fue una gozada. Una experiencia inolvidable.

El musical en España va ampliando sus miras con nuevas propuestas de pequeño formato como la vuestra…

Me encanta que se pueda ver también a los artistas que solemos actuar en musicales de gran formato, en producciones chiquititas, muy cercanas al público. En España, llegamos tarde a casi todo. Esto es el Off de Broadway o Buenos Aires que está ofreciendo espectáculos de gran calidad desde hace muchos años. Esto no quiere decir que me guste el tema del microteatro, que se hace en cualquier parte y en unas condiciones paupérrimas… Me parece que nuestro trabajo debe tener un recorrido más amplio la verdad.

Da la impresión de que a veces los actores que no hacen musicales miran por encima del hombro a los que se han curtido en el género del teatro musical, ¿Has tenido esa sensación alguna vez?

A los artistas de musicales es cierto que se nos ha mirado a veces te diría que por encima de los dos hombros… En mi caso, es un poco distinto. Yo antes de hacer Mamma Mia, ya había hecho unas cuantas series… La gente que se da a conocer en musicales lo tiene muy difícil para dar el salto a la televisión o al cine. Es curioso que cuando un actor de teatro da el salto al musical le llueven las alabanzas, pero cuando un artista curtido en musicales brilla sobre el escenario nadie viene a buscarle y eso es algo que nunca entenderé.

¿Cuánta culpa tiene de que Alberto Vázquez se dedicase al mundo artístico que su hermana fuera Helena Bianco?

Sin tener un referente como ella, no creo que hubiese seguido por este camino. Yo tenía claro que quería cantar. Mi vida era cantar, quería estar en un escenario. Cuando mi hermana se separó, nuestros caminos digamos que fueron cada uno por un lado, cosa que vista con el tiempo creo que ha sido muy positiva. Ahora disfruto tanto cada vez que me subo a un escenario con ella o cantamos en un disco…

Al tener ese referente cerca, ¿Fue más fácil decir aquello tan tópico de “Mamá, quiero ser artista”?

Yo era un niño timidísimo. Los que estamos encima de un escenario solemos ser unos tímidos enfermizos de pequeños. Todos los niños nacen actores. Todos nos disfrazamos queriendo ser otro. Yo siempre dije que quería ser artista, pero no tenía muy claro que se pudiese realizar. Cuando me di cuenta de que lo estaba consiguiendo fue en Argentina con mi primer contrato grande. Luego di el salto a España y de alguna forma tuve que demostrar mis dotes encima de un escenario de nuevo, pero la verdad es que no me puedo quejar de la carrera que he tenido desde entonces.

Y entre las experiencias televisivas más gratificantes destaca Cuéntame cómo pasó...

Me convocaron a una audición en un lugar tan frío como es el despacho de una directora de casting. La sorpresa vino cuando me dijeron que Ana Duato dijo que quería hacer la prueba conmigo cuando terminase de rodar ese día. Vino vestida de Señora Alcántara y fue algo mágico. Para mi ella es una DIOSA absoluta. Fue como mi hada madrina. Entró y me quitó todos los miedos de golpe. Me dijo que la mirara a los ojos, que la cogiese de las manos y la hablase de verdad… La dije que no me iba a ser nada difícil decirle que era una mujer hermosa y que estaba enamorado de ella… Y en ese momento, nos echamos los dos a reír. Fue precioso. Gracias a la mano de Ana y de Imanol fue un regalo del cielo ser parte de esa serie.

Hace unos meses hablaste en una entrevista que serías parte de un gran musical de producción española, ¿Qué ha pasado con ese proyecto?

Se ha caído lamentablemente. Estaba todo el elenco y ha habido un problema de concesión de derechos entre el autor y la empresa. Me da mucha pena no solo por mi, sino por el equipazo que había detrás. Ahora intento mirar hacia adelante con posibles nuevos proyectos. Estoy leyendo un par de cosas, quizás en enero ponga en marcha algo nuevo.

De la Gran Vía a Guadalajara: ¿Hacemos un cabaret?

Dos noches de cabaret en Madrid. Dos noches de música. Dos visiones muy distintas de un género que en plena crisis parece resurgir de sus cenizas para hacer disfrutar al público. El lunes nos planteamos ¿Hacemos un trío? y el martes pasamos por La procesión de la Santa Mentira. Dos espectáculos con sello personal, muy distintos, pero que comparten un elemento esencial: El talento de sus intérpretes y mentes creativas.

El lunes, con un montón de celebrities entre el cómplice público, se estreno ¿Hacemos un trío?, el íntimo espectáculo de tres monstruos del teatro musical: Natalia Millán, Marta Valverde y Alberto Vázquez. Ellos debutaron juntos en My fair lady. En realidad, Marta hizo con 14 años el recordado El diluvio que viene con el laureado trabajo de su padre Lorenzo Valverde, como ella repite en varias ocasiones con ese ímpetu que la caracteriza. Son tres actores de personalidades magnéticas, distintos, que se complementan a la perfección. La fuerza de Marta Valverde, la voz sensual de Natalia Millán y el toque de galán que pone Alberto Vázquez, una voz especial, con duende, de esas que reconoces siempre que pones el cd del último musical en el que ha participado. Se nota que son amigos, eso tan difícil en una profesión tan supuestamente competitiva como es la de actor. Durante casi hora y media se hilvanan las anécdotas con un puñado de buenas canciones que profesionalmente y personalmente han marcado sus carreras. Incluso hay momentos emotivos como el que protagoniza Marta, que en la noche del estreno fue pura emoción. Y también para la risa, esa escena de la radionovela es uno de los momentos cumbre del espectáculo. Cantan y cuentan una vida entre bambalinas desde las primeras pruebas, ¿Me cogerán a mi?, a laureados éxitos como Mamma Mia y Cabaret. Una cita imprescindible para los amantes del musical que, de momento, solo se repetirá el próximo lunes 27 a las 21h en la Sala 2 del Nuevo Alcalá.

HacemosunTrio560

Y de Guadalajara (México) llega un espectáculo de un tinte muy distinto que Copatzin Borbón presentó anoche en Nave 73. La procesión de la Santa Mentira viene abalado por el éxito en el país natal del artista mexicano. Allí, se ha convertido en todo un referente en el cabaret con un espectáculo que bebe del mejor cabaret político. Borbón sale a escena y nos invita a ser nosotros mismos. Me reconocía ayer que desde que vio El intérprete tiene a Asier Etxeandia como referente de lo que le gustaría llegar a conseguir como artista. Desde luego, es un referente acertado. La procesión de la Santa Mentira es un espectáculo desenfadado, divertido y lleno de, maravillosos, localismos mexicanos. Por supuesto, sale en un momento dado con el famoso gorro mexicano y se arranca con una ranchera, ¡Cómo no! Para la puesta en escena presentada ayer a modo de “previa”, ha incluido unos cuantos guiños a España, desde los sobres a el cura de Murcia, que le hacen conectar con el público español. Algunas de las cosas que cuenta y canta están “documentadas”, han ocurrido realmente en su tierra. Esa tierra donde hay beatas que rezan a “La Santa Papita” y políticos que se llenan los bolsillos a  espuertas, ¿Les suena de algo? La procesión de la Santa Mentira es un grito a la tolerancia en el que una diosa mexicana conversa  amistosamente con Cibeles. Y Borbón lo consigue, nos hacemos creyentes. Creyentes de su talento superlativo, de su fuerza, de su magnetismo y de las cosas que cuenta y ¡Cómo las cuenta! Un espectáculo para pasarlo bien, tequila incluido, pero también con momentos de reflexión. Verán que cuando se pone “serio” descubrirán a un actor camaleónico capaz de abarcar todos los registros. Señores programadores, no pierdan la oportunidad de dejarse hipnotizar por el influjo de esta procesión, por su colorista vestuario y escenografía, por este grito a la tolerancia. En definitiva, no dejen de apoyar el talento de este artista mexicano que merece hacer temporada en Madrid.

copatzin_borbon_foto1-550x412