Natalia Millán, Marta Valverde y Alberto Vázquez nos proponen un trío en Santander

El ciclo de teatro estival Talía de Santander tendrá un broche de oro. Sin duda será la cita más especial del verano en el CASYC. El próximo viernes 22 a las 21:00h y el sábado 23 de agosto a la misma hora podremos disfrutar de tres estrellas indiscutibles del musical: Natalia Millán, Marta Valverde y Alberto Vázquez que contarán y cantarán sus vidas artísticas en ¿Hacemos un trío?, Algo más que un cabaret.

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Ellos debutaron juntos en My fair lady.  Son tres actores de personalidades magnéticas, distintos, que se complementan a la perfección. La fuerza de Marta Valverde, la voz sensual de Natalia Millán y el toque de galán que pone Alberto Vázquez. Se nota que son amigos, eso tan difícil en una profesión tan competitiva como es la de actor. Durante hora y media se hilvanan las anécdotas con un puñado de buenas canciones que profesionalmente y personalmente han marcado sus carreras. Incluso hay momentos emotivos. Y también para la risa, esa escena de la radionovela es uno de los momentos cumbre del espectáculo. Cantan y cuentan una vida entre cajas desde las primeras pruebas con un «Me cogerán a mi?», a laureados éxitos como Mamma MiaCabaret. Una cita imprescindible para los amantes del musical en Santander.

Llega «Sobre los perjuicios del tabaco» con Ramón Barea a la UIMP

Continúa el ciclo Noches de la Biblioteca que cada año organiza la Universidad Internacional Ménendez Pelayo con el actor y Premio Nacional de Teatro Ramón Barea. El próximo lunes 18 de agosto a las 22h en los Jardines de la Biblioteca Menéndez Pelayo de Santander presentará Sobre los perjuicios del tabaco

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Este texto de Antón Chéjov es un juguete tragicómico, donde con el pretexto de una conferencia sobre el tabaco, el personaje filosofa entre efluvios etílicos y ataques leves de melancolía sobre la vida, la felicidad, el ser humano, la convivencia y la mediocridad. Un “pequeño texto” un “texto menor” de Chejov que tiene en esta tercera versión inédita un  sabroso gusto agridulce que lleva a la emoción y a la risa desde el envoltorio de una conferencia “por encargo”.

Jesús Cimarro: «Apelo a la sensibilidad del gobierno para que baje el IVA cultural»

Cuando Jesús Cimarro era sólo un adolescente ya tuvo sus primeras experiencias en la gestión en su Ermua natal. Recuerda que con sólo 16 años contrató al tristemente desaparecido Álex Angulo, que formaba parte de la compañía Karraka de Ramón Barea. Muchos años después de aquellas primeras experiencias y de aquella emoción que sintió viendo a Lola Herrera en el Campos Elíseos de Bilbao, Jesús Cimarro es desde hace 26 años figura referente en la producción teatral al frente de Pentación. De hecho, su Manual de producción, gestión y distribución del teatro se ha convertido en la particular Biblia de todos aquellos que quieren iniciarse en el mundo de las artes escénicas. Desde 2012 ha sabido combinar calidad artística y rentabilidad económica al frente del Festival de Mérida, al que han vuelto por fin los espectadores de forma masiva. Con la mirada puesta en nuevas producciones como El hijo de la novia y Olivia y Eugenio nos atendió por primera vez DESDE MI BUTACA. 

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Como director del Festival de Mérida, busco que todo el público pueda sentirse identificado”, ¿Cómo se consigue eso a la hora de confeccionar una programación?

Quise de alguna forma recoger todos los tipos de espectáculos que se habían programado en la historia del festival. Empecé con ópera, danza, música y, por supuesto, con el grueso de teatro, tanto comedias como tragedias. Hemos tenido una programación paralela, un Off en la programación que ha utilizado espacios que nunca habían formado parte del festival. Además, hemos tenido exposiciones como la del milenario del Emperador Augusto y la de la Agencia Efe. Hemos incluido un documental, charlas y conferencias también. Con la programación, hemos intentado que el público se sintiese identificado con alguno de los espectáculos que se han programado.

Se puso al frente en 2012 de un festival que era un desastre económico, ¿Cómo ha conseguido que esa situación cambie?

Cuando yo tomé las riendas del festival, tenía una deuda de 4.500.000 euros. Con una gestión complicada, el público había dado la espalda al festival. En 2011 había 42.000 espectadores y este año podemos presumir de que vamos a superar los 75.000 espectadores que tuvo la edición de 2013. La clave del éxito creo que ha estado en que hemos recuperado la esencia grecolatina del festival. También creo que tiene mucho que ver en que hemos apostado por espectáculos que puedan llegar a un público masivo. No hay que olvidarse que el teatro romano tiene 3000 localidades, el más grande de España. Hay que producir para ese espacio. Se arriesga mucho. Si no aciertas, te metes una ostia muy gorda. Si van 500 personas, tienes una sensación de fracaso muy grande. Hemos conseguido que el público se interese por nuestros espectáculos. El dato de El eunuco es cuanto menos esclarecedor: 15.420 espectadores, récord absoluto del festival. Hemos tenido que ampliar el aforo en hasta 100 personas por función. Otro motivo claro es la intensiva campaña de comunicación y promoción que hacemos del festival. Empezamos muy pronto y ya sabemos en qué comunidades tenemos que hacerla más intensa. Gracias a la venta con tarjeta de crédito sabemos de donde vienen nuestros espectadores. Casi 18.000 son de fuera de Extremadura. Madrid, Sevilla y Salamanca son las ciudades de las que más gente viene y eso nos permite focalizar nuestras acciones de comunicación y promoción en ciudades como esas.

"El eunuco", gran éxito del Festival de Mérida.
«El eunuco», gran éxito del Festival de Mérida.

Y en ese ambicioso proyecto que emprendió de revitalizar el festival, ¿Qué lugar ocupan los Premios Ceres?

Consolidar unos premios es de las cosas más difíciles que existe. Creo que son creíbles para la profesión por ser entregados por la crítica especializada. Estos premios se realizan en un marco incomparable y cuando la gente ve la gala por televisión quiere venir a ver una obra de teatro.

Me comentaba Marcos Ordóñez hace una semana que para que él como espectador “no tosiese” lo que tenía que haber encima del escenario es verdad, ¿Comparte esa visión del mundo del teatro?

Desde luego, lo más importante que tiene que haber encima de un escenario es que haya verdad, ya sea una risa, una lágrima… Lo que se haga tiene que ser hecho con verdad y rigor. Si no es creíble, el espectador no va a ir al teatro a ver un espectáculo.

Ha hecho suya una frase de Wystan Hugh Auden: “Sí, la crisis es bastante seria, pero nunca la controlaremos si nos lanzamos ciegamente de un lado para otro, en obediencia a los frenéticos gritos de pánico”, ¿Cómo ha conseguido huir de esos frenéticos gritos de pánico con lo que está sufriendo el teatro?

Lo que he hecho es que esa crisis sea una ventaja, desarrollar la imaginación tanto en la parte de la gestión como en la parte artística. Esa simbiosis de ambas facetas ha hecho que el público se interese por nuestros espectáculos. Y cuando eso ocurre, no hay crisis que valga. Estamos jugando con unas circunstancias terribles como el 21%. Cada vez que tengo oportunidad apelo a la sensibilidad del gobierno para que bajen el IVA al 10% para parecernos a los países de la zona Euro. Es muy difícil que salgamos adelante si no hay una sensibilidad por parte del gobierno central. A pesar de habernos apretado el cinturón muchísimo, es difícil seguir adelante con esa traba del 21%.

Al frente desde hace 26 años de Pentación, ¿Cómo se consigue equilibrar la balanza entre calidad artística y la necesaria rentabilidad económica?

Es un milagro. Las industrias culturales producimos cultura y tenemos que interesar a la ciudadanía, que tiene unos gustos muy variados. Por eso nos empeñamos en apostar por distintos tipos de espectáculos, para que puedan acudir muchos tipos de público a nuestras representaciones. En esa variedad siempre hay espectáculos que atraen al público.

En estos tiempos difíciles, ¿Cuál debería ser la función del teatro público para Jesús Cimarro?

Debe llegar a donde no llega la iniciativa privada. Soy un defensor del teatro público en su justa medida. Por supuesto que creo que deben existir el Centro Dramático Nacional y la Compañía Nacional de Teatro Clásico, pero todo lo demás debería ser gestionado por la iniciativa privada, que no es más que una sociedad civil capaz de desarrollar muchísimas iniciativas por si mismas o en colaboración con la iniciativa pública. Yo abogo por la colaboración público-privada. Como ejemplo está el propio Festival de Mérida, que es público, pero está gestionado por la iniciativa privada, cumpliendo eso sí con el mandato de un patronato público. En definitiva, soy partido de que exista una iniciativa privada, pública y una gestión mixta.

Como productor, ¿Cómo es lidiar con un colectivo tan sensible y dado a las fricciones como es el de los artistas?

Teniendo muy claro que la materia prima de las artes escénicas son las personas y que hay que tratarlas sabiendo lo que quieren exactamente. Cuando nos embarcamos en un proyecto, tenemos que remar en la misma dirección. Si vamos en la misma dirección, los espectáculos salen muy bien.

De cara ya a la próxima temporada, Juan José Campanella me comentaba que su adaptación de El hijo de la novia es la única a la que han dado el aprobado…

Desde luego que es un privilegio. Estamos muy contentos de poder ser parte de ella. El día 10 de septiembre estrenamos en el Campos y el 17 viene al Bellas Artes de Madrid. Creo sinceramente que otro plato fuerte de la temporada será Olivia y Eugenio, que va a suponer un antes y un después en la carrera de Concha Velasco. La estrenamos el 26 de septiembre en el Teatro Municipal de Zaragoza y vendrá en noviembre al Teatro Bellas Artes de Madrid. El aliciente de la obra está en ver a Concha Velasco sobre el escenario con un actor con Síndrome de Down. Va a ser un duelo escénico bastante importante. Ya han empezado los ensayos la semana pasada y te puedo decir que Concha está muy ilusionada y con muchas ganas de trabajar.

El equipo de "El hijo de la novia".
El equipo de «El hijo de la novia».

¿Qué queda en el Jesús Cimarro de hoy de aquel chaval de 17 años que se emocionó viendo a Lola Herrera y sus Cinco horas con Mario en el Campos Elíseos de Bilbao?

La verdad es que la pasión por el teatro ya venía de antes. Con 15 años había montado con unos amigos del Instituto el primer taller de teatro municipal de Euskadi, en Ermua. Me encargaba de la organización, programaba en el teatro del pueblo. Entonces no se hablaba de gestión ni de producción. Con la muerte de Álex Angulo me acordé el otro día de que habíamos contratado a Karraka, en la que las figuras eran Ramón Barea y Álex Angulo. Los contraté con 16 años. Queda la misma esencia de aquellos años, las mismas ganas de sacar adelante el mundo de las artes escénicas, pero con la experiencia que dan los años.

Las barricadas de «Los Miserables» se instalan en el Euskalduna

Las fiestas de Bilbao son una parada obligada para las grandes producciones teatrales año tras año. Los musicales de Stage Entertainment con títulos como Chicago o La Bella y La Bestia no suelen faltar a la cita con Aste Nagusia. Este año serán Los Miserables los que invadan el Palacio de Euskalduna del 21 de agosto al 6 de septiembre. 

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Parece un sueño, ¿Alguien podría imaginarse hace solo unos años que un musical como Los Miserables podría girar por España? Sin duda, esta nueva producción presentada hace un año en Santander parte del interés de Julia Gómez Cora, Directora General de Stage Entertainment, por acercar el teatro musical al público de toda España, a aquellos que no han podido viajar a Madrid y Barcelona a disfrutar de espectáculos de esta magnitud superlativa. 65.000.000 de espectadores en todo el mundo no pueden estar equivocados. Los Miserables llega a Bilbao tras el éxito de una gira que ha hecho parada en plazas tan reputadas como el Liceu de Barcelona, siendo el primer musical al que se han abierto las puertas de este templo de la lírica. Lideran el reparto Ignasi Vidal, Nicolás Martinelli, Felipe Forastiere, Armando Pita, Guido Balzaretti, Lydia Fairén, Elena Medina, Eva Diago y Carlos Solano bajo la dirección de Daniel Anglés y la dirección musical de Arturo Díez Boscovich.

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Este año sí podrás vivir «Una boda feliz» en Santander

Uno de los platos fuertes del ciclo escénico Talía del pasado verano era la obra Una boda feliz. Una indisposición de su protagonista, Agustín Jiménez, dejó a los cántabros sin su ración de risas con esta divertida comedia. Para saldar esa deuda con el público de Santander, la obra estará este viernes a las 21h y el sábado en doble función (20 y 22:30h) en el CASYC. 

Roberto, un soltero empedernido, va a heredar de una lejana tía. Pero para poder acceder a la herencia ella le ha impuesto la condición de que se case en el plazo de un año con la intención de que siente cabeza de una vez. Como él no quiere renunciar a su vida de mujeriego, le propone a su mejor amigo, Lolo, casarse con él y así cubrir el expediente. Ese matrimonio de conveniencia, para lo bueno y para lo malo, se va a convertir pronto en una pesadilla…

Agustín Jiménez lidera un reparto en el que también están Txabi Franquesa, Francesc Albiol, Manu Badenes y Celine Tyll. Tras su gira veraniega, esta comedia que ha dirigido Gabriel Olivares volverá a Madrid. Desde el 17 de septiembre se podrá ver en el Teatro Reina Victoria con la incorporación al reparto del televisivo Santiago Urrialde. UNA BODA FELIZ

Miguel Rellán: «Después de cada éxito me pregunto si volverán a bajar los ángeles de nuevo»

Lleva toda una vida subido a un escenario, pero admite con sarna que le apetecía tanto hacer un monólogo como tirarse en paracaídas. Fue la insistencia de Raúl Fuertes en que leyese Novecento lo que hizo que Rellán le diese un sí rotundo. Se puede pensar que un actor de sus tablas, de esos que no necesitan presentaciones, está ya de vuelta de todo. Puede pensarse que con una carrera tan larga lo normal es acomodarse en personajes resultones, pero que no impliquen un reto para el actor. Miguel Rellán no cumple ninguna de esas dos premisas y se enfrenta al futuro con el vértigo de saber si sus nuevos personajes llegarán a buen puerto. En un par de semanas le veremos como uno de los Jugadores de Pau Miró en los Teatros del Canal retándose de nuevo como actor. Y si todo sale bien, seguro que los ángeles volverán a bajar de nuevo.

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En Novecento mira a los ojos del espectador por primera vez en su carerra…

Es lo mágico de este montaje, poder traspasar la cuarta pared y mirar a los ojos del espectador. Me encantaría poder contar esta historia en alguna ocasión para cuatro o cinco personas. Hay varios silencios en la obra, uno es cuando digo que van a dinamitar el barco. Y en mitad de ese silencio cuando digo que Novecento no se bajó del barco, un día a una garganta femenina se le escapó un emotivo “Ay”. En las primeras representaciones, no sabes cómo van a reaccionar y al final de las primeras representaciones al ver los rostros emocionados de la gente me di cuenta de que esos silencios respondían a la emoción más honda.

Es su primer monólogo, ¿Qué ha aprendido Miguel Rellán de si mismo como actor al enfrentarse ‘desnudo’ al público?

Nada fundamental. Quizás a toro pasado me doy cuenta de algo que me decían algunos compañeros: “Tienes unos huevos por salir con el escenario vacío…”. Ahora lo pienso y es verdad, pero no cuando me puse a ensayarla. La gran diferencia es que por primera vez en mi carrera, si algo sale mal la culpa es totalmente mía. He comprobado que mi madre me ha dado dos cosas: La miopía y una fuerza innegable. Han sido dos meses muy duros, física, mental y emocionalmente. Después de cada función realizada con éxito, tengo la sensación de que he pasado con un alambre las Cataratas del Niágara. Inmediatamente después de los aplausos, me preguntaba si se iba a repetir esa emoción, quería saber si iban a bajar los ángeles de nuevo. No depende sólo de mi, el público debe estar receptivo. Eso sí, es cierto que el público va entrando poco a poco en la función. Cada día es un reto en el que hay que enfrentarse a los dichosos móviles o incluso a los ya clásicos caramelos o los señores con gripe. He estado a punto de parar la función varias veces, pero sabía que si lo hacía me la cargaba.

Está en plena recta final de ensayos de Jugadores, ¿Qué le ha atraído de este proyecto?

Tenemos el precedente de Barcelona, donde fue todo un éxito, por lo que es una responsabilidad muy grande. Es un texto complicado, que tiene un perfume especial que a mi personalmente me encanta y espero que al público también le pase lo mismo. No es una función convencional con unos personajes al uso. Tengo ganas de ver a estos personajes enfrentados con el público. Son este tipo de historias las que me gusta contar encima de un escenario. Estoy harto de que se levante el telón y aparezca la criada contando chistes. Jugadores es un reto, una obra complicada con la que espero cumplir con las expectativas. Estamos ya pasando la función entera de hecho, comienza la cuenta atrás para el estreno. Están siendo unos ensayos bastante relajados. Somos cuatro actores con un decorado pequeño, una cocina, y ya habíamos trabajado juntos en alguna que otra ocasión. Además, nuestro director, Pau Miró, es encantador. Somos cuatros actores que estamos en ese punto de nuestras vidas en el que se tiene cierta experiencia y sabes que al final va a salir bien la obra, pero aún así no pierdes ese vértigo que produce pensar que tu personaje puede hacer aguas. Ese vértigo me encanta.

Reparto de "Jugadores"
Reparto de «Jugadores»

Entre esos Jugadores iba a estar inicialmente Álex Angulo, ¿Qué recuerda de él?

Es la pérdida de un profesional de calidad incontestable y una persona maravillosa. Él era único y desde luego que se jode el cine y el teatro español por una pérdida tan grande como ésta. Era un amigo entrañable. Yo todavía no me creo que se haya ido por un maldito accidente de tráfico. Es tremebundo.

¿Tiene mucho de juego infantil esta profesión?

Pienso que sí, que algo de eso hay. Ahora bien, cuando te haces actor te das cuenta de que esto no es precisamente un juego. Te metes en la piel de personajes que no tienen absolutamente nada que ver contigo y ves la dificultad que hay detrás. Esto no es sólo salir ahí a interpretar un personaje que en el fondo eres tú, aunque haya algunos actores que parece que van a eso precisamente, cosa que veo muy respetable por otra parte. Yo me lo tomo muy en serio y lo que más me apetece es complicarme la vida en esta profesión. Decía algo Fernán Gómez que se me podría aplicar a mi perfectamente ahora: “Estoy tranquilo, me se el texto, se cómo es el personaje, conozco la relación con los otros personajes, tengo la garganta bien y el cuerpo descansado y sin embargo estoy triste, sé que voy a intentar algo metafísicamente imposible, voy a intentar ser otro. Con lo cual voy a fracasar. No se puede ser otro. Cuando acabe la función, acércate al camerino del actor y no escatimes en elogios, si cree que por un instante le has convencido de que eres otro, no se irá a casa deprimido”. Siempre falla algo, es imposible hacerlo perfecto. Es la grandeza y la misera de esta profesión. Puede ser una noche de éxito o un rotundo fracaso.

Rellán ensayando uno de los 'bolos' de "Novechento", esta vez al aire libre.
Rellán ensayando uno de los ‘bolos’ de «Novechento», esta vez al aire libre.

A un actor curtido en las tablas, ¿A qué le suenan los métodos interpretativos?

Cada maestrillo tiene su librillo. Lo que importa es el resultado. Los métodos me parecen perfectos. Cada uno tenemos los nuestros. Relajación y concentración son las bases de este oficio. Por aplicar un método, no te conviertes en un gran actor. El método no te hace mejor actor, te da técnica. Decía Stanivlsky que un día un actor le dijo que quería que le hiciese un gran actor. Y él le dijo que lo que podía enseñar es la técnica, a crear no.

Entonces, ¿El actor nace o se hace?

Todo se aprende, querido. Tú y yo sabemos escribir y hablar con supuesta destreza, que es de las cosas más difíciles que se pueden hacer en esta vida. En China han puesto a los niños a tocar el piano y lo hacen de maravilla y en Rusia el ajedrez es uno de los ejes de la educación. Nadie nace sabiendo claro, todo es ponerse. Ahora bien una cosa es pintar un caballo o tocar algo sencillito y otra cosa es CREAR. Como dicen por ahí, lo que se necesita es técnica y algo más que nadie sabe lo que es y es lo más importante.

Marcos Ordóñez: «El teatro es una pasión que nace en la infancia»

«Ya tengo tres Pinters». Marcos Ordóñez tenía un particular álbum de cromos cuando era niño. En él iba contabilizando las obras que había visto de tal o cual autor. Imaginaba la Gran Vía madrileña como un Broadway lleno de marquesinas resplandecientes. Ya entonces empezó a escribir para lectores imaginarios, aunque él en el fondo pensaba que lo hacía como crítico de The New York Times. El teatro es una pasión que nace en la infancia y desde pequeño solía acompañar a su padre a ver muchas funciones. Una vez, un acomodador ante la pregunta de si podía pasar el niño, le dijo a su padre que «Es sólo teatro», fue entonces cuando de alguna forma comenzó a valorar  ese ‘sólo’, el hecho escénico como algo que iba a marcar su camino. Muchos años después, Ordoñez es el crítico teatral referente con su espacio semanal en Babelia. Muy al contrario de esa imagen de crítico fiero e implacable que implantó Mankievicht con Eva al desnudo, el autor de Comedia con fantasmas utiliza la crítica para devolver algo de lo que han dado en escena. Esta semana ha sido protagonista en los cursos de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo por partida doble con un curso de guión cinematográfico y una cita con los Martes Literarios dedicada a la crítica teatral. Tranquilos, el teatro parece tener futuro: «Con la crisis ha rebrotado el talento. Han salido a la palestra voces muy potentes». Palabra de Marcos Ordóñez.

Fotografía de Juan Manuel Serrano
Fotografía de Juan Manuel Serrano

En un medio tan caliente como el teatro, ¿Cómo no dejarse llevar por las pasiones más exacerbadas cuando redactas una crítica?

Por lo general, hago tres versiones. A bote pronto, nunca acabas de precisar lo que quieres decir en el momento justo después de la representación. Compruebas que hay repeticiones, que hay cosas que estarán más afinadas si las dejas reposar un poco. Lo caliente es maravilloso, pero hay que reposarlo. Afortunadamente, el espectáculo horroroso ha pasado a mejor vida. Cuando ni fú ni fa, es cansado hacer una crítica. Hay veces en que de verdad sales emocionado con lo que ves. Cuando te encuentras algo como lo que hace Blanca Portillo con El testamento de María intentas devolver algo de lo que te han dado. Es muy agradable escribir ese tipo de críticas. Sucede también que al hacer crítica semanal, puedo elegir. Esa sensación de magia volvió a aparecer el lunes cuando vi a Miguel Rellán en NovecentoLos instantes de maravilla que hubo anoche para mí son la esencia del teatro. Me sorprendió ver a muchísima gente. No sé hasta qué punto conocían el texto de Alessandro Baricco. Pasado por la palabra tiene una dimensión épica.

Si no me gusta mucho un espectáculo pequeñito, prefiero no hablar de ellos, les haría un flaco favor. Luego hay cosas que son de obligado cumplimiento como ver por ejemplo Los Mácbez que siento decir que en conjunto no me gustó. Tenía que hablar de ello por ser de Lima y si no lo hubiese hecho hubiesen pensado directamente que no me gustaba. Eso sí, La Machi y Javier Gutiérrez me encantaron. Javier Gutiérrez me parece un actorazo que comparo con José Luis Ozores, ‘Peliche’. Puede hacer personajes tremendos, pero tiene una luz interior maravillosa, una bondad de corazón innegable. Consigo creérmelo instantáneamente, consigue conmoverme incluso con personajes tan sanguinarios como ese. 

¿Cómo encuentra un crítico su mirada personal y no una serie de referentes a los que inconscientemente copia descaradamente?

El problema sería inspirarse en un único crítico. A mi me gusta leer críticas de aquí y de fuera. Yo me he curtido leyendo a críticos franceses y copié descaradamente durante un tiempo a Joan de Sagarra, lo seguía desde sus tiempos en El correo catalán. Si copias de muchas fuentes, de alguna forma vas creando tu propia mirada. Con los años intentas ser más claro en tus exposiciones. Cuando eres joven intentas meter todos los referentes que tienes sobre algún tema y de verdad que no es necesario. Escribir es tocar de oído, no hay una partitura prefijada. Ajustas tus sentimientos para comunicar más correctamente con tus críticas.

Muy al contrario de lo que pudiera parecer, creo que ser crítico le ha traído más amigos que enemigos…

Desde luego. De joven era más duro. Con 20 años era inclemente. Creo que por el hecho de conocer a la gente que hace el teatro, te das cuenta del milagro que es que una obra llegue a buen puerto. Puedes ser duro en tus críticas, pero varía la forma de decirlo. Puedes herir mucho. Toda creación artística es vulnerable, pero el teatro lo es aún más. Ellos se exponen con su cuerpo. Hacen falta muchos bemoles para salir a un escenario a defender una obra. Cuando algo no es que no te guste, sino que no te convence, cuando no sientes lo que se supone que deberías sentir tienes que encontrar una forma de decirlo con cierta educación, es lo que he aprendido con el tiempo. Siempre fastidia que le digas que no te gusta, pero la forma de decirlo es tan importante… Hay una frase de Truffaut que siempre cito: “Se nota la diferencia entre el tío que dice ¡Qué lástima se ha equivocado! O ¡Qué bien se ha equivocado!” No entiendo a esos críticos que disfrutan haciendo daño.

El escritor en un momento de la entrevista.
El escritor en un momento de la entrevista.

¿Qué tiene que tener una función de teatro para que Marcos Ordoñez no tosa?

Me gustan cosas muy variadas la verdad. Me gusta sobre todo que haya verdad en escena, eso es la madre del cordero. Cuando te toca una fibra de la emoción -de la risa al terror o el drama- eso es lo que hace grande al teatro. Eso sí, esa gente que está con el móvil encendido mandando mensajitos me parece que tienen una gran falta de respeto hacia el público y hacia los actores claro. Se ha recobrado de alguna forma la sensación, que ya estaba en la época de Shakespeare cuando la gente gritaba en mitad de la representación, de que están viendo la obra en el salón de su casa. En contraposición a eso, cuando se producen esos silencios eucarísticos ante una obra es algo mágico.

¿Existen suficientes vasos comunicantes entre Barcelona y Madrid, las principales arterias teatrales de España?

Cada vez hay más. Lluís Pascual en el Lliure está haciendo una programación muy interesante, es espectacular. Viene Misántropo por ejemplo. Es de un cierto riesgo, le han intentado ‘llamar al orden’ por no programar exclusivamente en catalán, pero ha conseguido al final imponer sus criterios de programación. Es cuanto menos esperanzador ver que el gran éxito de la temporada ha sido un montaje de Miguel del Arco en catalán, Un enemigo del pueblo. Me gusta que haya directores invitados. La programación de de la próxima temporada de la Abadía está muy catalanizada por ejemplo. Ojalá hubiese también presencia de otras comunidades como Galicia, pero parece que eso es muy difícil.

Acaba de cerrar una de esas salas pequeñitas que han ido apareciendo en Madrid y Barcelona, El Sol de York, ¿Ve futuro a este tipo de iniciativas en la que los implicados trabajan casi por amor al arte?

No sabemos qué andadura tendrán estas salas de nueva creación. Han salido muchas más en Madrid que en Barcelona curiosamente. Son sostenidas por el entusiasmo de la gente. El entusiasmo tiene su fecha de caducidad, si no hay apoyo continuado, no podrán sobrevivir. El Ministerio de Cultura está aniquilando al teatro con medidas tan salvajes como el 21% de IVA. Si no se crea una complicidad entre el gobierno y la industria, esto puede ir muy mal. En la práctica, no se vislumbra un futuro en el que los que mandan valoren realmente el teatro.

Creo que uno de los principales motores por los que empezó a apasionarse por el teatro fueron las historias que le contaba su padre sobre los montajes de Enrique Rambal…

Te diría que me incentivó mucho la pasión por el teatro. Esos montajes y la visión que tenía yo de la Gran Vía madrileña que la veía como si fuese el Broadway español. Mandaba el teatro de Madrid. En Barcelona había muchas marquesinas apagadas. También el hecho de que mi padre me llevase al teatro desde pequeño influyó mucho. Recuerdo mucho eso de “¿Puede pasar el niño?” Una vez me dijeron “Si es solo teatro”, pero ese ‘solo’ me caló a mi muy hondo. Lo primero que vi más profesional fue en el Teatro Talía, La hora de la fantasía de Anna Bonachi, que inspiró la película Bésame tonto de Billy Wilder. Lo vi con la compañía de Irene Gutiérrez Caba, vi algo distinto, una comedia fuerte para la época. Una mujer casada que se hace pasar por puta. La vi con 10 años. Esto es distinto me dije a mi mismo. Mi padre me llevaba mucho al teatro. Mario Gas tiene 10 años más que yo. Viene de familia de cómicos y lo veía todo desde que era un niño. Esto me ha hecho caer en la cuenta de que el teatro es una pasión que nace en la infancia.

¿Cómo eran esas primeras críticas de la infancia mitad álbum de cromos y mitad diario personal?

Ya he visto tres Pinters y lo apuntabas como si fueran unos particulares cromos. Aunque parezca mentira, se estrenaban con poco tiempo de diferencia con respecto al estreno original. Me imagino que pasaría por ciertas censuras, pero creo que como era tan críptico y no tocaba temas ideológicos… Retorno al hogar quizás es la obra más dura, seguro que hubo recortes en esa. De alguna forma, yo me sentía un Asier Etxeandía que estaba en un rincón de su casa haciendo una crítica para unos lectores imaginarios. Era muy parecido y en mi imaginación yo fantaseaba pensando que era el crítico de The New York Times.

¿Dónde queda la figura del crítica en una sociedad de la información en que prima la instantaneidad?

Hay de todo. Hay gente que lo hace con mucho amor y con mucho criterio y luego hay gente que no se muy bien para qué vierten sus opiniones. Lo que sí te puedo decir es que odio ese término tan de moda llamado “Crítica express”. Opiniones tan vagas como “Me está gustando mucho o no me está gustando nada, los actores lo hacen muy bien…” La pasión y el gusto tienen que ir en consonancia con un juego especulativo, sabiendo poner en relación una obra con otras del mismo autor… A mi a veces cuando salgo del teatro eso tan inmediato de ponerme un micrófono y preguntarme ¿Qué me ha parecido? no puedo hacerlo. Me parece nocivo pulirme una obra en dos frases. Yo intento detenerme en toda la gente que ha hecho el espectáculo.

A pesar de la crisis, ¿El teatro es el arte del futuro?

Espero que sí, la verdad. Creo que era Kaufman, el autor de El hombre que vino a cenar, el que llamaba al teatro “El magnífico enfermo”. Lleva aguantando muchos años y eso que le ponen palos sobre las ruedas. La fuerza de alguien que te está diciendo algo a ti a seis pasos es algo único. Te está mintiendo, pero te está diciendo la verdad. Tienes la sensación de que sólo lo está haciendo para ti. Eso sí, hace falta una complicidad de los gobiernos. Cambian los hábitos en el cine por ejemplo. Se han cerrado dos salas en Barcelona y yo lo lamento, pero luego resulta que no voy al cine. Lo bueno es que al teatro hay que ir obligatoriamente. Es curioso que con la crisis ha rebrotado el talento. Han salido voces muy potentes a la palestra. Tiene mérito además que lo están haciendo casi con dos cojones y un palito.

Confesiones de mujeres de taitantos

El paso del tiempo ha sido desde siempre un tema recurrente en el teatro, el cine y la televisión. Este verano giran dos espectáculos: Confesiones de mujeres de 30 y Taitantos que tratan la caída de las hojas del calendario. El resultado como comprobaréis es bien distinto. Se podría resumir en la diferencia entre el plano grito verdulero y el matiz mejor perfilado. En Confesiones de mujeres de 30, tres actrices ‘chillan’, maldita microfonía tantas veces innecesaria, sus males amorosos a través de monólogos que destilan sal gruesa y chabacanería. Ellas venden su material con gesto grande y de vez en cuando se juntan para exorcizar sus cuitas amorosas. Un recital de tópicos que rozan el mal gusto. Nuria González es la protagonista de Taitantos. Interpreta a una bloguera de moda que, debido a un comentario vejatorio de un usuario, decide replantearse sus relaciones con el sexo femenino y cómo afrontar las temidas bolsas que empiezan a aparecer inevitablemente. “En el teatro, el público ve el mundo a través de los ojos de tu personaje”. Esta cita de la actriz, a la que tendremos muy pronto DESDE MI BUTACA, cobró sentido en la función que disfruté de este texto de Olga Iglesias. Cuando la representación llevaba un rato, una espectadora creyó que la estaban hablando a ella. En ese momento, comenzó a intervenir puntualmente, dándole pequeñas réplicas a la actriz. Al final, González quiso compartir el aplauso con la ‘activa’ espectadora. Nuria González es una actriz capaz de llevar el peso de una función que supera la hora y media con una solvencia incontestable gracias a los matices de los que dota a esta mujer cercana a la cincuenta que ve cómo su mundo se derrumba a su alrededor. Coté Soler dirige a la actriz en este tour de force interpretativo merecedor de todos esos aplausos que está recibiendo por toda España.

Nuria González por primera vez DESDE MI BUTACA muy pronto.
Nuria González por primera vez DESDE MI BUTACA muy pronto.

Un vistazo al teatro (musical) que viene: «Priscilla, reina del desierto»

El 2 de octubre, el  Nuevo Teatro Alcalá se vestirá de gala para recibir el estreno de Priscilla, reina del desierto

PRISCILLA Reina Del Desierto, El Musical que produce SOM Produce en asociación con NULLARBOR PRODUCTIONS está basado en la película del mismo título, ganadora de un Oscar tras causar sensación en las pantallas de todo el mundo. Narra las divertidas aventuras de tres amigos que recorren el continente australiano a bordo de un desvencijado autobús al que bautizan PRISCILLA, representando su espectáculo drag en busca del amor y de la amistad. Su fantástica banda sonora reúne los mejores éxitos de la historia en las pistas de baile – desde Tina Turner a Madonna.Con 23 cambios escenográficos, 40 artistas, 500 trajes, 200 pelucas espectaculares, unas coreografías irresistibles y un autobús a tamaño real de 10 toneladas de peso totalmente robotizado, PRISCILLA Reina del desierto El Musical ofrece un espectáculo total para una experiencia feliz e inolvidable. Ganador de premios Oscar, Tony y Oliver, PRISCILLA El Musical ya ha sido visto por más de 3 millones de espectadores en Broadway, Londres, Sidney, Suecia, Italia yArgentina, antes de llegar a España con la puesta en escena original con la que se estrenó en Londres. La banda sonora de  PRISCILLA, REINA DEL DESIERTO, incluye hits mundialmente famosos como Material Girl, What´s love got to do with it, It´s raining men, I will survive, Go west, Hot Stuff, Girls just wanna have fun, Go west o Like a Virgin.

Con dirección artística del televisivo Ángel LLácer y dirección musical de Manu Guix, esta producción contará en su reparto con nombres como los de Víctor González, José Navar, Aaron Cobos y Noemí Gallego entre otros.

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Kiti Mánver y Juan José Millás, protagonistas en la UIMP la próxima semana

El próximo lunes a las 22h en los Jardines de la Biblioteca Menéndez Pelayo la actriz Kiti Mánver realizará una lectura dramatizada con el título Verso y prosa para tres mujeres con textos de un clásico (Cervantes), dos jóvenes dramaturgos (Juan García Larrondo y Juan Carlos Rubio) y uno de los grandes poetas actuales (Luis Alberto de Cuenca). 

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El otro gran protagonista de la semana será el martes a las 19h en el Paraninfo de la Magdalena el escritor Juan José Millás que se sube a la tribuna literaria de los Martes Literarios para presentar su último trabajo, La mujer loca, una investigación sobre los límites de la realidad y la ficción, con buenas dosis de humor, diálogos excepcionales y la escritura provocadora que le caracteriza. Además, participará en el Seminario Literatura y locura: los límites habitables (del 11 al 15 de agosto) tiene por objetivo tender un puente de reflexión entre la psicosis y el ámbito de las letras, de forma que se ponga sobre la mesa lo que tiene que enseñar la locura, en lugar de silenciarlo con una camisa de fuerza.

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