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Tras varios años centrada en el cine, Pilar Castro ha vuelto al teatro por la puerta grande. Fue la llamada de Miguel del Arco con El inspector la que abrió esta nueva etapa. Lo siguiente fue su debut como directora en Microteatro por dinero con Los enamorados. Y ahora la vemos, hasta el 2 de febrero, como la inquietante ama de llaves de Carlota en el María Guerrero.
¿Qué papel ocupa Velda Manning en Carlota?
Es el ama de llaves de Carlota. Es muy importante, ella siempre está a su lado advirtiéndola. Mihura construyó un personaje antipático y nos hace creer desde el principio que ella es la asesina de la protagonista, pero a la vez ella quiere mucho a su señora. Es alguien que tiene dos aristas contrapuestas, lo que le hace un papel muy disfrutable.
¿Cómo habéis trabajado con Mariano de Paco para no hacer que los personajes estén ‘pasados de rosca’?
Siempre se debe trabajar desde la verdad y más en una obra con unos personajes tan excesivos. Es una comedia rara, es difícil trabajarla. Hay que representar muy bien las situaciones de misterio. En ese sentido, Mariano nos ha dejado mucha libertad para trabajar y siempre trabajando con el otro. Es un gran elenco la verdad. Con Carmen había trabajado hace años en una serie.
La anterior experiencia escénica fue El inspector dirigida por Miguel del Arco…
Llevaba mucho tiempo sin hacer teatro, pero a una propuesta tan tentadora como la de Miguel del Arco no se podía decir que no. Tuve que afrontar mis miedos tras tanto tiempo sin subirme a un escenario. Fue un regalo poder trabajar con un capitán de barco tan excepcional del que pude aprender tanto. Es un placer volver a estar encima de un escenario. El teatro es el medio de expresión vivo más importante que existe. En estos momentos, es el único lugar en el que el público y los actores se sienten vivos.
Te has convertido en una actriz habitual en el cine de Daniel Sánchez Arévalo, ¿Qué te atrapa del trabajo de este director?
Es un creador muy especial con un talento excepcional para escribir personajes femeninos, aunque lo haga poco. Es una persona que, teniendo un universo muy particular, consigue llegar a todo el mundo. Eso es realmente complicado y él lo consigue. Lo que me gusta de trabajar con él es que te deja experimentar y solemos tener mucho tiempo para los ensayos.
Debutaste recientemente en la dirección de una función de Microteatro por dinero, ¿Cómo fue la experiencia de Los enamorados?
Hacer una obra de microteatro es más complicado de lo que parece y llega a ser hasta estresante. Gracias a esta experiencia he aprendido a apreciar aún más el trabajo de los directores. Es muy difícil hacer seis pases de la misma microfunción para que no se deteriore.
¿El juego es lo que llevó a Pilar Castro a esta profesión?
Soy actriz por la simple razón de que me encanta disfrazarme. Me gusta el juego que implica este oficio y sentirme otra desde mis vivencias. Mi padre cantaba y nos ponía a actuar y yo estuve en el Conservatoria haciendo Danza cuando era pequeña. Todo hacía presagiar que terminaría metida en este oficio.
Y si miramos hacia el futuro, ¿Con qué proyectos sueña Pilar Castro?
Me gustaría hacer más cine y montar una compañía de teatro con la que hacer un teatro muy vivo que despierte a la gente.
En el camerino de Carlos Hipólito hay varios dibujos y montajes de El crédito. Y es que cada domingo, su hijita le acompaña en las funciones. Es un hombre cálido y familiar, de esos que te atrapan desde el momento en que tienes un breve encuentro con él. El actor de Desaparecida se enfrenta a cada reto con prudencia, aunque con las tablas que dan los años. Y se tiró a la piscina con doble salto mortal ‘atreviéndose’ con dos joyas de la corona del teatro musical: «Follies» y «Sonrisas y lágrimas». Y una vez más salió indemne desde el escenario donde » los actores nos medimos como tales en la capacidad de comunicarnos con el público». Ese público que día tras día abarrota el Teatro Maravillas gracias a un texto que ha dirigido Gerardo Vera, un director «que te deja mucha libertad, aunque esté muy pendiente de lo que cree que no se debe hacer». Hablamos con el actor también de las noticias ante las que no da crédito y se cuestiona ¿Qué pasaría si se cerrasen todos los teatros? La respuesta es clara, quizás a los que nos gobiernan les daría igual, pero seguro que muchos de los espectadores que en alguna ocasión se sintieron ‘tocados’ por el arte escénico levantaría el hacha de guerra. Vayan a verle junto a Luis Merlo, eso se llama complicidad en escena. Harán gira y después, probeblemente, volverán a Madrid. El crédito de Carlos Hipólito seguirá fluyendo por mucho tiempo…
¿Qué le engancha a Carlos Hipólito del teatro de Jordi Galcerán?
Toca temas muy cercanos y actuales y es un autor muy bueno, lo que te da la posibilidad de enfrentarte a personajes muy bien construidos. Consigue que con temas poco factibles para hacer comedia se conviertan en algo divertido. El momento de pedir un crédito o un proceso de selección son buen ejemplo de ello. A base de una carpintería teatral perfecta, consigue que la atención del espectador no decaiga nunca. Cuando el espectador cree que tiene todos los datos, le da una vuelta y le sorprende. Además, dialoga de una forma brillante. Siempre me siento muy feliz haciendo sus textos.
Los montajes que dirige Gerardo Vera suelen tener unos trabajos interpretativos extraordinarios, ¿Cómo fue el trabajo junto a él?
Te deja mucha libertad, aunque esté muy pendiente de lo que cree que no se debe hacer. Está muy abierto a nuestras sugerencias y va trabajando con eso. No llega con una idea inamovible, sino que esa imagen que tiene del personaje se va matizando a medida que te va viendo cómo trabajas en los ensayos. Es muy bonito encontrarse con un director que contribuye a que construyamos juntos el personaje. Si consigue esa brillantez en los trabajos de los actores es por ser la dirección de actores una faceta que él mima mucho. Él da libertad y no trabaja desde el conflicto. Te hace creer que eres el único actor posible para hacer ese personaje, lo que te ayuda mucho desde luego.
Primer mano a mano con Luis Merlo en El crédito, ¿Cómo está siendo trabajar con él?
Así es, nunca habíamos coincidido. Todo lo que diga bueno de él es poco. Lo admiraba desde hace muchos años, me parece un actor que tiene algo muy personal en sus trabajos. Es muy singular. Le conocía personalmente un poco, pero al trabajar juntos hemos tenido una conexión muy especial. En el escenario nos entendemos a las mil maravillas, tenemos una química mágica, caminamos juntos en escena, nos apoyamos mutuamente y eso es esencial. En lo personal, nos estamos haciendo muy amigos. Del cariño, la admiración y el respeto solo pueden salir cosas buenas y eso abunda entre nosotros.
¿Por qué el teatro es un buen lugar para contar historias para Carlos Hipólito?
El teatro creo que debe ser un espejo para el ser humano. Para mi, el escenario es un espacio de libertad. En el teatro me he sentido muy feliz y me ha regalado grandes momentos. Me encantan el cine y la televisión, pero es sobre un escenario donde conoces tu medida como actor. No creo que haya buenos ni malos actores, todos somos distintos. Ahora bien, creo que los actores nos medimos como tales en la capacidad de comunicarnos con el público y eso solo te lo puede dar el teatro. Hay actores muy técnicos que no conectan con el público y viceversa. Aquí podemos calibrar si lo que hacemos llega al espectador. Lo mágico del teatro es que la comunicación entre los actores y el público es directa. La emoción que se siente desde un patio de butacas es algo maravilloso. Como espectadores, son conscientes de que con sus reacciones la función puede variar.
Me comentaba José Pedro Carrión que el público hace la función…
Desde luego. Ellos son los otros protagonistas, que cada día son diferentes. Desde el escenario percibimos una energía colectiva diferente en cada representación, lo que nos lleva a dirigir nuestro trabajo en una u otra dirección.
Vienes de encadenar dos experiencias en el musical como son Follies y Sonrisas y Lágrimas, ¿Qué balance haces de tu experiencia en el teatro musical?
Ha sido una sorpresa muy gratificante. Yo he sido siempre un gran amante del género. Poder hacer Follies y Sonrisas y lágrimas ha sido un trampolín para mi como actor. Me han ayudado a revisar facetas que como actor tenía olvidadas, como el canto y el baile. Estuve dando clases de voz con Ángel Ruiz para cantar la partitura de Sondheim, que era francamente muy complicada. La verdad es que el teatro musical tiene un componente muy especial que es la música, lo que le da una fuerza superlativa. La música tiene una capacidad de conmover incluso mayor que la palabra. Si conjugamos una buena letra con una buena música, la posibilidad que tienes como actor de conectar emocionalmente con el público se duplica. La posibilidad de cantar en un escenario ha sido algo maravilloso. Me siento muy agradecido de los elogios que me han hecho. Me enfrenté muy inseguro a esta experiencia y creo que he salido airoso, la verdad. Es más, te puedo avanzar que ha sido tan buena la experiencia que seguramente cuando acabe con El crédito, volveré a hacer teatro musical.
Aquí y ahora, ¿Ante qué noticias no da crédito Carlos Hipólito?
No puedo dar crédito ante el espectáculo social y político que estamos viviendo actualmente. Todos nos despertamos con la boca abierta cuando vemos las noticias sobre corrupción de unos políticos que no dejan de hacer barbaridades. Este gobierno está haciendo unas cosas que me hacen como ciudadano no dar crédito a lo que estoy viendo, ¿Cómo se puede dar tanto la espalda a la gente que están representando? Por otro lado, no doy crédito a la desfachatez con la que se miente, con la que se roba, con la que se insulta. Se están perdiendo los mínimos posibles para una convivencia sensata.
Y ya si hablamos de la salvajada del 21% ni te cuento. No solo no han recaudado más, sino que han destruido empleo con esta medida. Tanto que se llenan la boca diciendo que defienden las PYMES y en el terreno de la cultura desde luego que no lo están haciendo. Es bien sabido ya que este gobierno no tiene ningún respeto por la cultura. Parecen solo interesados en sacar adelante un proyecto neoliberal económico. Creo que se están equivocando, están llevando a un colapso de las industrias culturales. Creo que ésta es una situación de no retorno. Antes o después lo bajarán, pero el daño ya estará hecho.
Ante las dificultades, los creadores siguen trabajando en espacios muy diversos…
Los políticos pueden cargarse la economía, pero la creatividad desde luego que no. Afortunadamente, hay profesionales que siguen luchando contra viento y marea para seguir en esto. Están tensando demasiado las cuerdas pensando que tenemos un trabajo completamente vocacional. Me gustaría plantearles el cierre de todos los teatros. Si a ellos no les gusta la cultura, me gustaría ver que pasaría si todos nos negásemos a trabajar en estas condiciones. Entonces, se darían cuenta de que no pueden abusar tanto de un sector. Hay una ebullición teatral muy grande, pero estamos pagando un precio demasiado grande por hacer lo que nos gusta.
Ese trabajo tan vocacional en el caso de Carlos Hipólito, ¿De qué motivaciones crees que nace?
Un actor es un ser humano que incorpora el comportamiento de otro que no es él y que vive ficticiamente una vida que él no va a vivir para que otros le miren y se reconozcan. La posibilidad de ponerme en la piel de personajes que no tienen nada que ver conmigo me ha hecho vivir experiencias maravillosas. Seguramente, eso me llamó la atención. Si lo piensas bien, como ya decía Fernán Gómez, el trabajo del actor es la primera vocación de todos los seres humanos. Todos hemos querido ser príncipes y vaqueros. Con una simple pluma nos convertíamos en indio. Yo he tenido la suerte de dedicarme a eso toda mi vida.
Si miramos hacia el futuro, ¿Qué proyectos tiene y con qué proyectos sueña Carlos Hipólito?
Estoy centrado en El crédito que va a tener una vida muy larga. A medida que voy cumpliendo años, hago lo posible para no compaginar varios trabajos, cada vez me canso más la verdad. Solo hago las locuciones de Cuéntame como pasó y he dicho que no a un par de proyectos televisivos. Y espero que pronto pasen por Telecinco la serie Hermanos, en la que hago de padre de los protagonistas. Es un papel breve, pero muy bonito. Es un historia sobre la relación de dos hermanos y una mujer que se mete en medio de los dos. Son seis capítulos y tengo muchas ganas de que se vea. Y con respeto a los proyectos soñados, Estoy seguro de que tendré por delante muchos personajes apasionantes que me conmuevan. Revisitar el teatro musical que me ha engancho mucho es también una prioridad. Tener a una orquesta a tu lado es algo realmente increíble. Yo creo que en unos dos años volveré a hacer un musical, alguna idea hay ya de hecho.
En esta ocasión La Firma Invitada tiene como protagonista al actor Antonio Velasco de Teatro de Poniente, que llevará su sentido homenaje a los cómicos, Secundario, al Café de las Artes de Santander el próximo sábado 25 de enero a las 20:30h.
Bienvenidos a un viaje. A una travesía por los caminos de España, recorriendo plazas, teatros, casas de cultura y todos esos lugares que durante siglos y siglos han servido de escenario a los cómicos de este país.
Poneos cómodos ¡La compañía de teatro ha llegado a la ciudad!
TEATRO DE PONIENTE tiene el inmenso honor de presentar ante el respetable público la obra SECUNDARIO para el deleite de su imaginación, el gran tesoro del ser humano.
Y aquí estamos, humildes y dichosos, intentando contaros el porqué de esta representación. Nos encontramos ante un homenaje, un homenaje a esos cómicos de la legua, a esos actores y actrices sin nombre que hicieron llorar, reír y soñar a públicos de Este a Oeste y de Norte a Sur. Ese viaje a ninguna parte que nos lleva irremediablemente a lo más profundo de nuestro ser.
La sociedad rápidamente olvida a los cómicos, es así, ¿Dónde quedaron ya grandes nombres como José María Rodero, Paco Rabal, Mari Carrillo, Pepe Isbert, Manuel Alexandre, y muchos más que deberían ser nombrados? La gente se olvida de los cómicos, y esto es porque no dejamos obras que nos recuerden y digan lo talentosos que fuimos o dejamos de ser, porque nuestro arte, el arte de la interpretación solo existe en el presente de un teatro. Un presente mágico, que no se volverá repetir, una ceremonia sagrada entre espectadores y actores, algo único.
Ante nosotros un joven actor secundario, un don nadie, el soldado 3, un alma errante que comienza su particular revolución, su reivindicación, su canto de amor a una profesión que lleva en la sangre. Ginés, hijo y nieto de cómicos aprovecha su oportunidad para convertirse en un juglar, en un trovador, en un charlatán, con el único objetivo de despertar al niño, al soñador, al aventurero que todos llevamos dentro.
En el teatro todo es posible, podemos viajar a Ítaca, sentir ese olor tan especial que tienen los escenarios, escuchar el lamento de Segismundo, cantar un cuplé hasta que amanezca, recordar a los que se fueron pero siguen con nosotros, conocer a San Ginés patrón de los cómicos, o disfrutar de un silencio cargado de vida. Esta y no otra es la magia del teatro.
Y eso es lo que buscamos, que el teatro sea para el espectador un latigazo de vida, que la emoción corra por la venas, que suceda algo en su interior, que la sonrisa y la lágrima encuentren su lugar en los rostros. En definitiva, que el espectador se permita el privilegio de sentir.
Sólo nos queda darles la bienvenida e invitarles de nuevo a este viaje. Y que sean las palabras de nuestro protagonista Ginés quienes se despidan antes de que baje el telón:
“Al final solo queda un escenario vacío esperando a ser habitado de nuevo. Ley de vida, ley de escena. Sabiendo que Ítaca nos espera, pero que lo importante es disfrutar del camino. Mucha mierda. Y nos vemos en escena. Bueno no a mí, a Soldado 3. Ya sabéis ese actor que está fuera de foco al fondo. Ese Secundario que os llevará siempre en su maleta».
Recuperamos en estos comienzos de un nuevo curso teatral una de las series de posts que acogisteis con más entusiasmo DESDE MI BUTACA el pasado año. En esta nueva etapa del blog os proponemos un viaje por 4 propuestas escénicas muy distintas que se pueden disfrutar actualmente en la cartelera de Madrid. Y es que el cambio de año y las trabas a las que se sigue sometiendo al sector no han hecho minar la capacidad de nuestros creadores para seguir contando historias.
Nos acercamos a la ‘teatral’ Plaza de Santa Ana para ver El cojo de Inishmaan en el Teatro Español. Si hay un adjetivo con el que calificar esta función es simplemente como ‘mágica’. Es asombroso ver la capacidad de un reparto de edades y procedencias tan distintas creando unas sinergías comunes que llegan al público de una forma muy especial. Cuando salen a escena Terele Pávez y Marisa Paredes las creemos hermanas. Esa risa cómplice y chismosa con la que acompaña Terele Pávez a su personaje nos hace quedarnos prendados de su energía, de su vitalidad y de su talento. Esa complicidad entre ambas queda patente en un gesto que puede parecer nimio a una mirada poco ducha, pero que me llamó especialmente la atención. Me refiero a como atusa el pelo a Paredes, ahí en su mirada y en sus gestos se nota una energía especial. Todo el reparto va en el mismo barco como me decía Terele en la entrevista. Y eso se nota y de qué manera. No voy a descubrir nada si digo que Enric Benavent da a cada personaje una seguridad y entrega que solo la gente que ama mucho este oficio puede conseguir. Ni que decir tiene tampoco que la dedicación y el amor por el teatro llevan a Irene Escolar a firmar otro gran trabajo con esa chulería a la que dota a ese ‘chicazo’ que la toca interpretar. Teresa Lozano, palabras mayores, pura sabiduría encima de un escenario. Y la sorpresa de la función viene por partida doble. En primer lugar, un actor joven que crece trabajo a trabajo, Adam Jezierski. Y ¿Qué decir del cojo que da título a la función? Pues que Ferrán Vilajosana construye un personaje lleno de ternura y fragilidad del que solo podemos encariñarnos. El texto de Martin McDonagh es difícil de ‘decir’ encima de un escenario. Está lleno de endiablados juegos de palabras y repeticiones que gracias a la dirección de Gerardo Vera los actores han llevado a buen término. Y sí, lo reitero, se crea ‘magia’ con este texto que ha adaptado José Luis Collado y que tendrá vida después del Español, ya que pasarán al Infanta Isabel desde el 31 de enero. No se la pierdan. Por cierto, muy pronto tendremos a Enric Benavent DESDE MI BUTACA.
Si las expectativas se cumplieron de sobra con la obra de Vera, no pasó lo mismo con lo nuevo de Tolcachir en los Teatros del Canal. Iba con ganas, la verdad. Y encima, tengo cierta vinculación afectiva con el personaje central de la función. Vamos que yo tuve mi particular ‘Emilia’ en mi infancia. Por eso, me choca que la función no me ‘removiese’ mucho. La mayor parte del reparto me pareció a un nivel inferior a lo que nos tienen acostumbrados. No me transmitían mucho, la verdad. Se salva Gloria Muñoz, que se lleva la función de calle como de costumbre y construye a un personaje en el que por momentos logré ver a la particular Emilia de mi infancia. Lo cierto es que el problema principal de la propuesta es que el texto no me atrapó en absoluto. Por supuesto, es una opinión personal, pero las expectativas eran muy altas, quizás era ese el problema, y al final no me dijo gran cosa esta propuesta de Tolcachir. Me gustaría verla en su versión original con su compañía, quizás esta historia sonaría de una forma que me atrapase más… El hecho es que esta puesta en escena me defraudó, esa es la verdad.
La siguiente parada de este tour la hacemos en el Teatro Maravillas. Desde septiembre lleva denegandole Carlos Hipólito El credito a Luis Merlo. La nueva obra de Jordi Galcerán ha vuelto a «conectar» con el público de una forma espectacular. El autor conoce a la perfección los resortes de la comedia, que explota con ingenio en esta sencilla propuesta escénica en la que el público ríe con contagioso entusiasmo. Sobre el escenario, dos únicos actores se enfrascan en un verdadero combate diálectico, en el que Galcerán ha sacado ‘punta’ a cada una de las palabras. Y este crédito seguirá fluyendo por mucho tiempo gracias a la solvencia de dos actores que en escena dan lo mejor de si mismos. Nada mejor que leer la entrevista a Carlos Hipólito que publicaremos el próximo lunes para darse cuenta de que la química entre ambos actores es algo que trasciende el escenario: «Desde el principio he tenido una conexión personal y profesional muy especial con Luis».
Cerramos este post con otro Mihura. Hay pocas cosas que le gusten a Carlota más que el té… con medicina. En Carlota, el autor juega al relato a lo Agatha Cristhie como mejor sabe: con humor. Y caracteriza a los personajes protótipicos de la autora de La Ratonera con un humor que no oculta que el autor es un verdadero conocedor del género. Siempre me han hecho gracia las ‘intrigas’ de la escritora por lo que la propuesta me ha hecho bastante gracia. Se lleva la función de calle la triste, rara y antipática ama de llaves que interpreta Pilar Castro, a la que tendremos muy pronto DESDE MI BUTACA. Correctísima vuelta a los escenarios de Carmen Maura que destaca en este amplio reparto con otros nombres interesantes como Pedro G. De Las Heras y Natalia Hernández que llena de contagiosa comicidad la escena. La puesta en escena de este texto, lleno de regresiones, flasbacks y ‘dificultades temporales varias’ está resuelto de una forma muy limpia por parte de su director, Mariano de Paco Serrano. Están en el María Guerrero hasta el 2 de febrero.
Aunque a veces le gustaría pedirle al día… 30 horas, se nota que lo de Luis Varela es algo completamente vocacional. No sabría muy bien explicar el motivo de cómo se enganchó al “juego” teatral, pero desde que comenzó como Luisito Varela a los ocho años, no ha dejado esta profesión en la que ha soñado tanto. Y la Zarzuela ha sido esencial en su camino. Ha interpretado decenas de piezas de nuestro reivindicable género lírico tales como La del Manojo de Rosas, que representó hasta el domingo pasado en el Teatro de la Zarzuela. Y ahora le vemos o, mejor dicho, le disfrutamos cada semana en la serie Bienvenidos al Lolita. Y los proyectos que están por venir… Efectivamente, necesitaría alargar el día para cumplir con todos sus compromisos.
¿Qué supone un título como La del manojo de Rosas en la carrera de Luis Varela?
Empecé a hacerlo hace veinte años. Es un espectáculo maravilloso. Me encanta hacer el personaje de Espasa, un tipo con mucho ingenio. Es una delicia, me ha dado muchas satisfacciones y éxito. Es un personaje muy castizo, muy mentiroso, habla a base de mentiras. He vivido tanto en este teatro durante estos años… Tengo el honor de hacer una producción al año aquí.
Entiendo que tiene una vinculación muy especial con este Teatro de la Zarzuela, ¿No?
El Teatro de la Zarzuela es uno de los teatros más emblemáticos del mundo. Fue el primer teatro de Zarzuela del mundo. Viene gente de todo el mundo para conocer nuestro género. Es un lujo, un placer estar en este espacio tan especial.
¿Por qué para Luis Varela el teatro es un buen lugar para contar historias?
Desde los griegos se cuentan historias encima de un escenario. Hoy en día se cuentan muchas historias en televisión y en el cine también, pero la madre de contar historias al público es el teatro. Aquí no se puede cortar una escena como en la televisión o en el cine. Sales al escenario y si te equivocas, pues tienes que tirar para adelante con todas las consecuencias.
Acaba de estrenar Bienvenidos al Lolita, que recupera un género tan poco habitual en la televisión como el musical, ¿Qué tiene de especial esta serie para enganchar al público?
Me gusta mucho ser parte de esta serie. Me parece que tiene un planteamiento muy interesante, siendo capaz de reflejar a la sociedad actual. Todo sazonado con un puñado de buenos números musicales y un reparto fabuloso. Es un placer compartir escenas con gente como mi sobrino en la serie, Carlos Santos, un actor que crece trabajo a trabajo. Ahora estamos descansando de la serie. La televisión tiene una rutina muy dura, hay que madrugar mucho y meter muchas horas, pero por series como ésta merece la pena.
Comenzó siendo Luisito Varela cuando era un niño, ¿Cómo fueron esos primeros pasos en la profesión?
Empecé a los ocho años, pero no por una cosa vocacional, fueron una serie de casualidades. En ese momento, no sabes a lo que te vas a dedicar en la vida y lo afrontas como un juego. No era consciente de la responsabilidad que implica esta profesión. Ahora cuando veo a esos dos niños en Bienvenidos al Lolita me viene a la memoria mi niñez. Ellos juegan y se lo pasan muy bien, pero sí sigues en esta profesión te das cuenta de la responsabilidad que implica ser parte de este oficio. Al final, en mi caso, he seguido todos estos años en activo, algo tendrá esta profesión que me ha atrapado de esta forma.
Y tras muchos años encima de un escenario, primero el cine con Crimen Ferpecto y acto seguido la televisión con Cámera Café le hacen convertirse también en un actor popular para el público joven…
Efectivamente, a mi me conocía la gente de mi generación por mis trabajos en los Estudio 1, pero la gente joven no me conocía. Con Crimen Ferpecto, los más jóvenes empezaron a conocer mi trabajo. Fue un placer trabajar con Álex de la Iglesia y a continuación lo encadené con Cámera Café, un espacio televisivo ya mítico. Todo ello me hizo estar de vuelta en la actualidad mediática, por así decirlo.
¿Qué papel ocupa el doblaje en la carrera de Luis Varela?
Significa mucho por la simple razón de que empecé a doblar con sólo diez años. Necesitaban a un niñito muy espabilado y decidieron coger a Luisito Varela. En la primera película que doblé, Todo es posible en Granada, hacía de un gitanito. Muchos años después fui uno de los protagonistas de Todo es posible en Granada, en la versión que protagonizó Manolo Escobar. Esas casualidades maravillosas que tiene esta profesión…
¿Qué proyectos tiene y con qué proyectos sueña?
Yo ya no sueño con ningún proyecto actualmente. No he dejado nunca de soñar en esta profesión la verdad. Me siento un afortunado, ya que he tenido la suerte de poder hacer tantas cosas que ya no se me ocurre nada. Estoy conforme con los proyectos que tengo y que me sigan llamando tanto. Tengo un largo con Antonio del Real y otro con uno de los directores de Bienvenidos al Lolita, Fernando González. No tengo tiempo para hacer teatro ahora mismo, la verdad. Estoy por pedirle a una firma de relojes que me diseñe uno con días de 30 horas.
Podríamos decir que Terele Pávez es una mujer muy libre. Ella va «en su línea» como la solían decir. Espera en el camerino del Español desde hace un buen rato. Ella llega con varias horas de antelación y se toma algún que otro cafecito y se va maquillando poco a poco, a su aire. Está feliz por su nominación a los Goya y poder compartir con el público un trabajo tan honesto, tan de verdad como es El cojo de Inishmaan. Solo entonces se crea la magia del teatro, cuando hay una complicidad clara en el reparto, una sensación de que todos van en el mismo barco. Y ella siente que ahora la vida la mira con una sonrisa. Y disfruta de cada momento encima del escenario con sus compañeros en una profesión «en la que no existe la edad». Lúcida, crítica y cercana, es un torbellino dentro y fuera del escenario difícil de parar. Energía pura. PASIÓN pura por una profesión en la que no se ha planteado metas y en la que siente que se ha encontrado con un puñado de seres mágicos como su adorado Álex de la Iglesia o el equipo de este montaje que después del Español hará temporada en el Infanta Isabel. Y ella hechiza en las distancias cortas, te atrapa y te contagia de un pedacito de esa energía de vivir que la caracteriza. Siéntense en sus butacas y disfruten de ‘La Pávez’, de verdad que no les defraudará.
¿Qué le atrapó a Terele Pávez de una propuesta como El Cojo de Inishman?
La llamada de Gerardo Vera, con el que hacía mucho que no trabajaba. Venir al Español era otro aliciente la verdad. Otra cosa es el texto, cuando me lo mandó, no entendí nada. Hay que saber leer teatro y yo no tengo práctica la verdad. Aparentemente, no pasaba nada. Le pedí que me la contase a Gerardo y en ese momento me di cuenta de que era un texto muy especial, que José Luis Collado ha traducido de una forma muy rigurosa. Es una obra sin apoyos de ningún tipo. No hay un “Anda”, es un idioma de piedra, en el que se repiten las palabras y cada vez tienen un sentido diferente, lo que requiere un estudio muy preciso del sentido de cada vocablo. Entre ellos dos nos han hecho profundizar en un texto nada fácil. Son personajes complejos, llenos de aristas, que tienen drama, soledad, ternura, humor… Como la vida misma… Son personajes que tienen su momento en la función, pero tienen mucha relación con el otro. No actúan de una forma aislada. Gerardo ha pintado una acuarela al milímetro en el que cada personaje encuentra su forma de moverse y estar sobre el escenario con el otro. Todo en esta propuesta es una verdadera golosina, desde la escenografía a la música y la dirección. Estamos siendo muy honestos luchando con una propuesta en la que creemos de verdad.
Comparte buena parte de la función con su hermana en la ficción, Marisa Paredes…
Trabajar con Marisa Paredes es un verdadero lujo. Es una de las experiencias más cómodas y enriquecedoras de mi carrera. Siento que he podido crecer con ella encima de un escenario. Trabajamos con entrega y con algo muy importante: Con una sonrisa y con confianza. Estamos viviendo lo más bonito que tiene el teatro: El respeto del trabajo de cada uno y tener la sensación de que todos navegamos en el mismo barco.
Terele y Marisa, pura complicidad en escena.
“El teatro es catártico y terapeútico”
¿Es esa entrega, ese ir en el mismo barco lo que hechiza a Terele Pávez del teatro?
Desde luego. Si no es así, yo no quiero hacer teatro. Es un sufrimiento absoluto y una estafa para el espectador. Hay que hacer teatro en comunión con tus compañeros y con el público. Creo que se refleja encima del escenario. Me dicen algunos amigos que la han visto que cuando nos aplauden tienen ganas de que la función no se acabe, no quieren desprenderse de la energía que irradiamos en escena. Es el secreto de que salga así la función. Estamos como hermanas dentro y fuera del escenario. Además, en el teatro tenemos la suerte de poder contar historias que se alejan de ti, pero en las que en el fondo te sientes identificado. Es un espejo interior donde mirarse. En el fondo, lo más especial del teatro es que es una ceremonia, en la que debemos entregarnos, desnudarnos de nuestro propio alma para vestirnos del personaje con todas las consecuencias. Es muy katártico y terapéutico. En definitiva, el teatro es enloquecedoramente hermoso.
¿Cómo se ha sentido Terele Pávez ante ese particular regalo de Reyes que recibió la semana pasada con la nominación al Goya por Las Brujas de Zugarramurdi?
Ha sido muy bonito, lo he disfrutado mucho con mis compañeros, pero me da rabia que no estén nominados el resto de mis compañeros como Macarena Gómez, Carmen, Carolina… Álex de la Iglesia me dijo que no le importaba no estar nominado, que lo que le hacía feliz es que yo estuviese nominada.
¿Qué le une a ese creador que la ‘redescubrió’ para el público joven en El día de la bestia?
He podido sobrevivir en esta profesión gracias a Álex. Él ha hecho que la gente joven se interese por mi trabajo. Me encanta cuando me dice algún chaval que las películas de Álex les han hecho interesarse por mi trabajo y que vean películas tan distintas como Los santos inocentes. Me ha llevado de la mano al mundo del cine, que para mi ha sido un descubrimiento… Aprendo mucho en cada rodaje, es un señor que te hace unos planos imposibles… Siempre me pregunto qué hará con mis escenas. Encima, tengo un feeling impresionante con él. Es un verdadero genio y hay que tratarlo como tal. Es sencillo y divertido.
Su última experiencia con él ha sido Las brujas de Zugarramurdi, ¿Cómo ha llevado eso de transformarse en una bruja?
Yo añadiría que era una bruja fea y asquerosa -Risa muy sonora- ¿Cómo me podía soportar el equipo con esa pinta? Y ellos me decían que en el fondo soy una mujer llena de ternurita… Es un equipo maravilloso. Tengo la suerte de trabajar con gente mágica, no sé cómo me la encuentro, pero lo hago. Es difícil de encontrar gente así, pero cuando la encuentro parece hecha para mí.
Dándole un mordisquito a Mario Casas en la última de Álex de la Iglesia.
“Triunfar es poder trabajar en esta profesión”
Hablábamos de un ‘renacer’ de la carrera artística de Terele Pávez a raíz de sus películas con Álex de la Iglesia, pero supongo que habría momentos en que quiso tirar la toalla cuando veía que no sonaba el teléfono…
Pues no, la verdad es que no me he marcado la necesidad de seguir una carrera hasta cierto punto. Una vez que eres actor, no hay que regresar. Ser actor es empezar y hasta donde llegues. Cuando no trabajas, te conformas, es lo que hay. Cuando pasaban años sin sonar el teléfono, pensaba que ya habría algún proyecto más adelante… No he tenido un plan de triunfar. Para mi el triunfo es existir y poder trabajar en lo que me gusta. Nunca me he sentido que esto se había acabado. De hecho, la gente me dice por la calle que yo trabajaba en el cine y yo les contesto que sigo trabajando, aunque ahora no haga nada. Además, yo no siento eso del peso de la edad en esta profesión. Cuando trabajo por ejemplo con Irene Escolar, tengo la sensación de que estoy trabajando de igual a igual. Yo no me siento una señora mayor. Es curioso que los que somos actores no tenemos edad pero sí un cierto respeto que se añade con los años.
Y si en ese trato de igual a igual, un actor que está empezando en esta profesión le pide un consejo, ¿Qué le diría?
Consejos no doy, pero sí cuento mis experiencias. No me voy a poner a hablar de sellos y de geografía, me parece natural hablar con ellos sobre la profesión. Expongo algo que creo que es bueno para esa persona y se lo dejo para que lo administre como quiera. No voy de veterana sabelotodo la verdad. A veces, me contradicen y si tienen razón, por supuesto que se la doy. Me gusta participar, pero nunca me meto en el trabajo de nadie. Creo que es un obligación ayudar a tu compañero exponiendo lo que tú has vivido.
En esta profesión, a la que parece rodear un cierto ‘falso oropel’, se ha distinguido por ser una actriz distinta, muy libre y muy lejos de todo ese mundillo de la fama, ¿Ha sido algo premeditado?
Yo creo que no me he tenido ni que alejarme de todo eso. Yo soy como soy y el que no me ha buscado no me ha encontrado, simplemente he ido en mi línea como me decían antes. No me he esforzado en ser de otra forma y la verdad es que tengo muy buen rollo con la profesión. Si no me han llamado, pues no me importa, va por rachas.
Al principio de la entrevista, le pedimos a Terele que se dejase una autopregunta para cerrar la entrevista…
Después de tantos años en los escenarios, ¿Qué preguntaría le gustaría que le hiciesen a Terele Pávez?
Eso me pasaba de joven, que te autoentrevistabas… En ese momento no te das cuenta que es poco importante lo que tengas que contar. Con los años te das cuenta de que nada de lo que puedas hablar tiene importancia alguna… He tenido que hablar de tantas cosas y hay tantas otras de las que no me apetece hablar… Ahora la vida me mira con una sonrisa y pienso que ya me han hecho todas las preguntas posibles. No tengo nada bonito que contarles.
Los próximos días DESDE MI BUTACA estará cargado de contenidos que esperemos os gusten mucho. Como siempre, una de las señas de identidad del blog, las entrevistas exclusivas, tendrán un peso importante.
Terele Pávez y Enric Benavent hablarán de «El cojo de Inishmaan» en sendas entrevistas.
Tras descubrir los secretos de «Carlota» con Mariano de Paco, una de sus protagonistas, Pilar Castro, atiende a DESDE MI BUTACA.
Aunque «El crédito» sigue fluyendo en el Maravillas, Carlos Hipólito nos contará ante qué noticias ‘no da crédito’.
Luis Varela nos atendió antes de las últimas representaciones de «La del manojo de Rosas» mientras sigue el éxito de «Bienvenidos al Lolita».
El Teatro Cofidis Alcazar estrena el próximo 16 de enero el vodevil Locos por el té, que promete risas con un reparto en el que destacan María Luisa Merlo y Esperanza Elipe, que atiende a DESDE MI BUTACA unos días antes del esperado estreno.
¿Cuáles son los ingredientes de Locos por el té para enganchar al público?
Un texto divertido, una ágil puesta en escena que a modo de orquesta mantiene a los actores afinados durante la hora y media aproximada de función y una protagonista de lujo como Maria Luisa Merlo que con Juan Antonio Lumbreras de partenaire hacen una pareja cómica cercana a los gloriosos Margaret Dumont y Groucho Marx.
¿Qué papel juega Claire en este vodevil inglés?
Claire es la directora de este vodevil, es inglesa aunque habla perfectamente español (con algo de acento,eso sí) y a dos días del estreno saca fuerzas de flaqueza para que el resultado no sea el desastre irremediable que parece que se anuncia.
¿Cómo está siendo el proceso de ensayos con Quino Falero?
Trabajar con Quino es disfrutar el proceso. Desde el primer día ha tenido muy claro lo que buscaba de cada uno de nosotros y a pesar de eso nos ha dejado probar, proponer y se ha ajustado a nuestro ritmo. Para ser un equipo que no habíamos trabajado antes juntos y en la primera semana ya nos teníamos cogido el pulso. Y eso es gracias a él, a sus propuestas de trabajo previas y a su capacidad de aunarnos manteniendo el grupo por encima de la individualidad. Nos seguimos divirtiendo y riendo muchísimo, la verdad.
Cada estreno siempre es un reto, pero ¿Por qué crees que Locos por el té no será un estreno más en tu carrera? ¿Tienes muchos nervios ante tan esperada fecha?
Cada estreno es especial, nunca lo veo como uno más, son «criaturas» como yo las llamo y están hechos de vida, tiempo y mucho amor; repletos de anécdotas que quedarán como recuerdos para toda la vida, pero si que es verdad que algunos estrenos los tengo marcados como «dolorosos» y en este caso la marca es una sonrisa enorme que la veo extenderse por todo el calendario apenas abierto del 2014. Y sí, tengo nervios, claro que sí, el encuentro con el público es la esencia y el objetivo final de nuestro trabajo, hay que cotejar si lo que estamos encontrando y dando por bueno obtiene el beneplácito del público.
Y ahora más que nunca, ¿Por qué el teatro es un buen lugar para contar historias para ti?
Es el mejor lugar para contar historias, tiene la cercanía y la respiración del que las recibe. Es algo inmediato que se renueva cada día como verdadero. Desde ese lugar se puede divertir, se puede denunciar, se puede infundir valor y/o ayudar a reflexionar. El teatro es insustituible e inabarcable. Es una rama de la cultura, tan necesario como alimentar el cuerpo.
Combinas la obra con Vive cantando, de la que hablaba hace poco con un entusiasmado Javier Cifrián que alegaba la mezcla de la comedia y el drama, como la vida misma, como la clave del éxito de la serie, ¿Qué significa para ti estar en una serie como ésta?
Significa que soy una privilegiada en estos momentos y me hace consciente de lo mucho que he de agradecer a la vida y a la profesión el que me devuelva la esperanza del trabajo, tras un par de años duros le siguen otros que te reafirman en el camino elegido hace tanto tiempo ya y al que no voy a renunciar.
Y pasado el tiempo, ¿Qué recuerdo guardas de Cámera Café?
Guardo maravillosos recuerdos de aquellos días, hice buenos amigos para toda la vida y la alegría de haber hecho más llevadera la existencia de muchas personas.
Compartiste escenario con Julia Trujillo muy recientemente en De par en par,¿Con qué recuerdo te quedas de ella?
Mi Querida Julia… Me quedo con el entusiasmo e inmenso amor que tenia por el teatro y su valentía a la hora de aceptar proyectos inseguros que ella llenaba de esperanza.
Si miramos hacia el futuro, ¿Con qué proyectos sueña Esperanza Elipe?
Pues mira puestos a soñar y después de 25 años saltando del teatro alternativo al comercial y al revés (siempre encantada por cierto) creo que solo me falta probar las mieles del teatro institucional y protegido aunque sólo sea para tener una panorámica personal desde todos los frentes posibles.
Retomamos el mundo televisivo DESDE MI BUTACA con uno de los estrenos más prometedores de los últimos años. Bienvenidos al Lolita es un (nuevo) intento de hacer un musical para televisión. Tras Paco y Veva, desde la que ha llovido ya bastante, ninguna cadena se había atrevido a apostar por un género que ha reaparicido en la televisión norteamericana con Glee y Smash. Cuando escribo estas palabras, se acaba de emitir el primer capítulo, pero presiento que (puede) que se convierta en un pequeño gran éxito esta revisión del género. Ingredientes no le faltan para triunfar. El más importante: Un reparto en el que encontramos algunos nombres propios de nuestra escena. Luis Varela es el empresario de pueblo que decide quedarse con el Lolita y, a pesar de sus reticencias iniciales, decide apostar por esta, a sus ojos, barraca de freaks cabareteros. El veterano actor, al que aún se puede ver en el Teatro de la Zarzuela con La del manojo de rosas, tiene un cualidad especial que comparte con la creadora del espacio de vida nocturna, esa bestia escénica llamada Beatriz Carvajal. Ellos dotan de humanidad a sus personajes y, ¿por qué no decirlo?, de VERDAD. Sí, ese término que a veces escucho usar con demasiada ligereza, pero que es imposible expresar mejor lo que hacen estos monstruos de la escena con cada personaje. Y nos encariñamos con el cascarrabias que canta jotas que interpreta Varela y, ¿Cómo no hacerlo de la Carvajal cuando les dice a sus nietos que quiere que sean una familia normal? Pura emoción. Más nombres que siempre es un placer ver en un reparto: Roberto Álamo como un impecable maestro de ceremonias, Natalia Verbeke, que ya ha demostrado de sobra su facilidad para cantar tanto en el primer capítulo como en películas como El otro lado de la cama, y, por supuesto, Carlos Santos como el sobrinísimo que pondrá el contrapunto cómico a esta agridulce comedia con mucho ritmo. Sí, los números que han aparecido en el primer episodio, incluido el Lolita Cabaret, empieza la función y un precioso número coral de Resistiré lleno de emoción, han cumplido.
Fuera del cabaret, todo son tragedias para nuestros protagonistas, pero cuando se ponen las lentejuelas, todo empieza a brillar y consiguen resucitar el esplendor de antaño ante un público expectante de un espectáculo que les haga olvidarse de sus problemas. Y entonces, se crea la magia del cabaret. Eso sí, para ser justos, hay trazas de la trama que no me interesan como la «calcada» relación del chico argentino con la adolescente, ¿No os recuerda demasiado a la relación imposible de Los hombres de Paco? Y espero que no jueguen mucho con el «trazo grueso» con respecto al personaje que interpreta Sara Vega, la hermana de Paz Vega, a la que es calcada en desparpajo, frescura y sensualidad. El conjunto de este piloto es muy atractivo. Si sigue a este nivel debería ser un gran éxito, vamos que Globomedia hubiese vuelto a acertar y ya van unas cuantas. Esperemos que 2014 siga trayendo series patrias tan interesantes.
Última parte de este repaso a los estrenos que llegarán a comienzos de 2014 a los escenarios madrileños. Nombres como el de Miguel Rellán, Vicente Aranda y Álex Rigola ‘reinarán’ en los escenarios de la capital.
Llega al Teatro Valle InclánEl viaje a ninguna parte, que podremos disfrutar del 14 de febrero a 6 de abril de 2014. La novela de Fernando Fernán Gómez El viaje a ninguna parte se publicó en 1985. Relata la historia de una compañía de teatro itinerante que viaja por los pueblos de Castilla-La Mancha desde el comienzo del franquismo hasta que los cines casi acaban por completo con estas pequeñas compañías. La figura central de la historia es Carlos, un hombre de mediana edad al que acompañan su padre, su hijo, una prima jovencita, otra prima, la novia del personaje central y un amigo; todos ellos forman la compañía Iniesta-Galván. La novela cuenta la vida de esta gente y cómo tienen que ir amoldándose a las circunstancias de la época; cómo algunos de ellos deciden tomar otro camino y abandonar el teatro. Mediante el personaje del «jodío peliculero», Fernán Gómez narra cómo las pantallas de cine y los cines de barrio fueron restando protagonismo a estas compañías de teatro. En 1986 el propio Fernando Fernán Gómez dirigió la versión cinematográfica de El viaje a ninguna parte (1986). Carol López dirige a un reparto del que forman parte Amparo Fernández, Antonio Gil, Andrés Herrera, Olivia Molina, José Ángel Navarro, Tamar Novas, Miguel Rellán y Camila Viyuela.
Sorprendente giro a la carrera de Arturo Fernández en los Teatros del Canaldel 6 de febrero al 2 marzo de 2014. El galán deja por un tiempo su teatro, el vodevil elegante que ha predicado durante décadas con su propia compañía, para ponerse a las órdenes de Albert Boadella. En Ensayando a Don Juan una joven y moderna directora se propone montar un Don Juan Tenorio concebido desde una óptica contemporánea. Su empeño es demostrar la caducidad del personaje, pues según sus razones el mito es hoy totalmente ficticio, anacrónico y machista. La teoría podría funcionar razonablemente bien, pero en el casting toma una arriesgada decisión: contrata al actor Arturo Fernández para el personaje del comendador Don Gonzalo.
En el Teatro de la Abadía se podrá disfrutar de la aplaudida El policía de las ratasdel 29 de enero al 23 de febrero. Gestada en la Schaubühne de Berlín y estrenada en la pasada Bienal de Venecia, El policía de las ratas invita al espectador a reclamar el espacio para el brillo personal y creativo de cada uno, a ser algo más que una pequeña pieza en la contabilidad de los poderes políticos y económicos. Lo individual, lo «raro» y lo «extraño» deben existir junto a lo colectivo. Álex Rigola dirige a Andreu Benito y Joan Carreras en este montaje.
Amantes, obra teatral, llega desde Amantes, película, dentro de la corriente actual que establece una nueva relación entre el cine y el teatro. Desde la invención del cinematógrafo, la literatura dramática ha surtido de personajes, temas y argumentos al joven arte, al que pronto se le adjudicó el número 7. Comedias y tragedias han inundado las pantallas, en un trasvase siempre algo problemático, pues que un film resultara “teatral” solía ir en detrimento de su pureza cinematográfica. En los últimos años, se ha pro- ducido un movimiento inverso, es el teatro quien acude al cine, y el espectador no reprocha, sino que más bien agradece, que la historia que transcurre en el escenario tenga el dinamismo y la claridad expositiva que cabe exigir a las buenas películas. La película “Amantes” se prestaba especialmente a ser sometida a la “metamorfosis” teatral, por su peculiar estilo trágico, concentrado en un clásico trío, el microcosmos donde anidan, se enconan y resuelven los mil matices de la pasión amorosa. Esta adaptación de la película de Vicente Aranda con Marta Belaustegui, Marc Clotet y Natalia Sánchez se podrá ver en el Teatro Valle Inclán del 24 de enero al 23 de febrero.
Otros títulos destacados son Masked, Photocall y André y Dorine
Masked plantea la situación de conflicto que viven tres hermanos palestinos durante la Primera Intifada (1987-1993): el levantamiento de los habitantes de la franja Gaza y Cisjordania contra los israelíes. Se puede ver en El Sol de York hasta el 26 de enero.
Photocallse podrá ver en Nave 73 en Enero (V10, V17, V24, V31) y Febrero (V7, V14, V21). Esta noche estamos convocados. Photocall ha llamado. No importa a qué precede, no importa qué ocurrirá después. Pero hay que ir, hay que estar, hay que dejarse ver. Carlos Olalla es El Viejo en esta obra que dirige Rubén Vejabalbán.
Cierra este avance de los estrenos de 2014 André y Dorine. En un pequeño salón, de cuyas paredes cuelga el pasado, suenan las teclas de una máquina de escribir y las notas de un violonchelo. Son André y Dorine: una singular pareja de ancianos que , como tantas otras, ha caído en la desidia provocada por la rutina. Pero un suceso viene a romper esta monotonía: la enfermedad. El Alzheimer, nuestro gran antagonista. Devorador de los recuerdos, de la memoria, de la identidad. Se podrá ver en el Teatro Fernán Gómez del 8 de enero al 2 de febrero.
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Un profesor que utiliza las canciones de los Beatles para enseñar inglés en la España de 1966, se entera de que John Lennon está en Almería rodando una película. Decidido a conocerle, emprende el camino y en su ruta recoge a un chico de 16 años que se ha fugado de casa y a una joven de 21 que aparenta estar también escapando de algo. Entre los tres nacerá una amistad inolvidable.