Un vistazo al teatro que viene: ‘Televisivos’ que pasarán por las tablas

La televisión y el teatro es un camino de ida y vuelta para muchos personajes curtidos en la pequeña pantalla. Todo un reclamo para las productoras que ven en ellos un auténtico filón. Hoy DESDE MI BUTACA os avanzamos algunos de los que vuelven a las tablas en la temporada 2014-2015.

Quizás el plato fuerte sea la vuelta a los escenarios del ‘televisivo’ José Mota. Tras una poco fructífera temporada en Telecinco, el ex componente de Cruz y Raya volverá en Nochevieja a TVE y también lo hará muy pronto al teatro. Según cuenta en el diario El mundo: «Es una mezcla de todo: sentires, pensares y observares de mi vida, tanto personal como profesional. El teatro es el medio más libre y como es un escaparate absolutamente distinto a la televisión, eso me dará mayor margen a la hora de contar y decir cosas». Entre las experiencias pasadas en las tablas del cómico destaca Los productores, en la que compartió tablas con Santiago Segura, Ángel Ruiz, Dulcinea Juárez y Miguel del Arco entre otros. En este musical, que contó con cierto interés por parte de la crítica y no tanto del público, el creador de personajes como ‘La Blasa’ demostró su valía para la música. Seguro que en esta nueva aventura escénica dará alguna pinceladita de su faceta más musical.

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A pesar de rotundos éxitos televisivos como ¿Quién quiere ser millonario?, Carlos Sobera no ha dejado nunca las tablas. Recordemos que aún permanece en la memoria de muchos su trabajo en la serie Al salir de clase. En El ministro, Ramiro es un voraz ministro de economía cuya ambición política no conoce límites. Ávido de poder político y personal se lanza a la conquista de una bella mujer treinta años más joven, y profesora de francés de sus hijos. Le acompañarán en el Teatro Alcázar Marta Torné, Guillermo Ortega y Javier Antón a partir del 24 de septiembre con dirección de Silvestre G.

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Los monólogos coparán una temporada más la cartelera. Uno de los más atractivos a priori es el proyecto de El Gran Wyoming que llevará desde el 26 de septiembre al Compac Gran Vía su espectáculo Wyoming desencadenado en el que estará acompañado por el grupo Los Insolventes. Así mismo, volverán a la cartelera los monólogos de Pablo Chiapella (Sí, soy el señor en el Alcázar), Dani Mateo (PK2.0 que Dios nos pille confesados también en el Alcázar), y Julián López y Raúl Cimas (Toda la verdad sobre el oso Hormiguero en el Alcázar también).

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Llegan a Cantabria las «Confesiones de mujeres de 30» y los «Taitantos» de Nuria González

Meritxell Huertas, Ota Vallés y Mónica Pérez protagonizan Confesiones de mujeres de 30 este viernes a las 21h y el sábado a las 20 y 22:30h en el Casyc de Santander dentro del tradicional ciclo escénico Talía

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Confesiones de mujeres de 30 es una comedia donde tres amigas nos hablan de los problemas más comunes una vez superada la barrera de los 30 años, cuando inevitablemente las mujeres empiezan a sentir aquella angustiosa presión social de saber que todo debe ser ahora o nunca: debes triunfar ahora o nunca, tener un hijo ahora o nunca, conseguir un hombre… ¡ahora o nunca!

Nuria González será la protagonista escénica absoluta en las Fiestas de Torrelavega este sábado a las 22h con su Taitantos en el Teatro Concha Espina tras una larga gira por toda España y su paso por los madrileños Teatro Lara, Teatro Alcázar y Teatro Bellas Artes.

¿No es un poco absurdo que nos pasemos toda la vida peleándonos contra el tiempo tratando de acelerarlo, frenarlo, adelantarlo o atrasarlo? Pues de esto va Taitantos. La dirección de este texto de Olga Iglesias corre a cargo de Coté Soler. 

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El gran abrazo de Pepe Tonetti

Mi payaso particular tiene un gran afán de superación, se crece ante las adversidades y es lo suficientemente tierno como para despertar simpatía en el espectador. No se rinde, se equivoca e intenta mejorar su situación.

Pepe Viyuela 

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Hace 25 años, Pepe Tonetti le dio un gran abrazo a Pepe Viyuela y le auguró una larga carrera. Anoche, en la pista del Circo Quimera que homenajea al mítico payaso cántabro, recogió con honda emoción el reconocimiento como «Peregrino de la alegría» y un regalo muy especial: Uno de los trajes del protagonista indiscutible de este espectáculo circense lleno de lirismo que ha diseñado con gran acierto Raúl Alegría. En ese momento, ya con el traje de su admirado referente, volvió a ser ese payaso que no se rinde nunca con su guitarra y su silla, de cuyo uso es incapaz de comprender. Para Viyuela fue una noche muy especial: «Hace 25 años Pepe me dio un abrazo y siento que hoy me da otro. Luciré este traje con un orgullo que, seguramente, me hará volar como payaso. Mientras veía esta función esta tarde pensaba en la cantidad de cosas hermosas de que es capaz el ser humano. Con cosas muy pequeñas como la inteligencia o la capacidad de superarse. El circo es el lugar del más difícil todavía, el lugar para la poesía, el lugar en el que el ser humano es capaz de mostrar lo mejor de si mismo. En un mundo convulso en que la violencia, las guerras y el terror son una constante, el circo es capaz de devolvernos la esperanza en el ser humano. El circo es capaz de mostrar nuestra mejor cara. Ver a esta gente jugarse la vida, ver a alguien que con prácticamente nada es capaz de despertar la carcajada, ver a aquellos que son capaces de moldear su cuerpo para crear arte y magia… Eso hace pensar que el ser humano tiene aún algún futuro. Y como el circo es el lugar del más difícil todavía, estoy seguro que hoy los Hermanos Tonetti nos acompañan en esta función».

Gorsy Edú: «Cuando jugaba a indios y vaqueros, yo siempre iba con los indios»

Gorsy Edú es un artista sin etiquetas, como lo son espectáculos como Decamerón negro o El percusionista, que mañana se verá en el Anfiteatro del Centro Botín de Santander a las 22h. Actor, músico, bailarín… En su Guinea Ecuatorial natal aprendió a valorar la oralidad, el arte de la palabra, aunque el teatro como tal no existiese. Ya de pequeño quiso ponerse del lado de los supuestos vencidos en la batalla. Él siempre iba con los indios y un poco de ese espíritu queda en unos espectáculos en los que pretende dar voz al que normalmente no la tiene. Han pasado dos décadas desde que puso los pies por primera vez en Santander, donde estudió Arte Dramático y vio ¡Su primera granizada! De su maestro, Román Calleja, aprendió a valorar la disciplina que implican los ensayos de un montaje. Con él hablamos en mitad de la gira de Decamerón negro, que hace unas semanas recaló en la capital cántabra.

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¿Qué se va a encontrar el público de Santander en El percusionista?

Sin ser un espectáculo biográfico, hay mucho de mí en El percusionista. Tiene mi filosofía de vida y todo lo que he aprendido de mis mayores. Estoy dando voz a gente que no pueden hablar, a los inmigrantes que no tienen la posibilidad de contar su historia. Es más, yo en el espectáculo cuento una historia real de un chico nigeriano. Cuando yo estuve rodando una película en 2007, Querida Bamako, me contó su historia y quise reflejarlo. He querido reflejar ese estado en el que te encuentras cuando emigras a un país y no no eres capaz de encontrarte a ti mismo, cuando eres capaz de encontrar tu rumbo. Este tipo de espectáculos me hacen mucho bien al alma. Miro directamente al público y viajan conmigo. Respiro con ellos.

Combinas este espectáculo con Decamerón Negro de L’Om Imprebís

Es un espectáculo multidisciplinar. Es una propuesta escénica vista desde el punto de vista africano. No se puede catalogar en un género concreto. El título no es reconocible para el público, no saben qué esperar. Ellos descubren que nosotros hablamos del erotismo desde la sugerencia, los matices sutiles son los que le dan interés a esta propuesta.

¿En qué conecta la mirada de Gorsy Edú con la de esta compañía?

Al llevar trabajando muchos años con ellos, desde 2004, se ha creado una química muy especial. Santiago Sánchez, tiene una manera de trabajar donde deja al actor hacer a la vez que te guía en el camino. En Decamerón negro hemos hecho un trabajo de investigación desde nuestros orígenes. Si la obra tiene esa riqueza es por haber escarbado tanto en nuestra procedencia como en nuestras cualidades como actores.

Has comentado que en Guinea Ecuatorial no existía una cultural teatral como tal, ¿Cómo nace en ti la idea de querer ser actor?

Hay manifestaciones artísticas muy variadas, pero no un teatro tal cual. En las danzas de hecho se cuentan historias. Fue un verdadero reto que me propuse al ser parte de una cultura tan poco teatral, pero sí es cierto que cuando era pequeño jugaba a indios y vaqueros. La diferencia es que yo siempre iba con los indios por el tema de la injusticia. En mi familia querían que estudiase Medicina, pero cuando llegué a España me di cuenta de que tenía mucho que ofrecer de la cultura de mi Guinea Ecuatorial natal aquí. Y eso sin duda me ayudó a decidirme por este camino.

Y tu primer destino profesional fue Santander, ¿Cómo llegaste hasta la Escuela de Teatro del Palacio de Festivales?

Vine con una beca en el 1996. Trabajaba en el centro cultural hispano-guineano de Malabo. Llegaron un par de becas para hacer un año de carrera por mediación de Quique León, que era el coordinador del centro y es cántabro. Por temas burocráticos, sólo pudimos hacer medio curso. Gracias a Juan Calzada y Román Calleja conseguí una beca del Gobierno de Cantabria para poder hacer los cuatro años de la carrera.

Trabajaste con Román tanto en la escuela como muchos años después en Romeo y Julieta, ¿Qué significa en tu carrera?

Mientras estudiábamos, tuvimos la oportunidad de poder montar varias obras. A los pocos meses de llegar ya estábamos haciendo una función. Román me ha ayudado muchísimo a nivel profesional y personal. Venía de una cultura que no es para nada teatral. Es un director que te habla y te escucha. Me gustó mucho los análisis de texto, un aspecto que hasta entonces no conocía. Me ayudó a nivel personal mucho también la verdad, siempre dispuesto a facilitarme la vida. Además, aprendí a disfrutar la disciplina que implica este trabajo con tantas horas de ensayo.

Y la primera imagen de Santander creo que fue la de tu primera granizada…

Cuando llegué a Madrid hacían tres grados bajo cero y me sentí como si me hubiesen metido la cabeza en un congelador. Cogimos el tren a Santander y al llegar tuve la sensación de ver piedras caer del cielo. Es la imagen más espectacular que recuerdo de esta ciudad. Era la primera vez que veía granizar.

Después de la escuela, te embarcaste en La visita de la vieja dama, con dirección de Juan Carlos Pérez de la Fuente en el CDN…

Fue una experiencia muy gratificante la verdad. Venía de estar ‘mimado’ en la escuela y tuve que enfrentarme con el mundo profesional frente a frente. Cometía muchos errores infantiles como ayudar a los utileros y me dejó claro que mi descanso era muy importante para poder rendir en cada ensayo. Juan Carlos Pérez de la Fuente me hizo ver que en la escuela te cuidan y en la carrera profesional ya no tienes ese punto de paternidad, se te exige mucho más. Fue un gran aprendizaje trabajar con él en un montaje del CDN en el María Guerrero, lo que supuso todo un escaparate para mí.

Aquí y ahora, ¿Por qué el teatro es un buen lugar para contar historias para ti?

La palabra apela a lo más hondo de nuestro ser y es eso es algo que he mamado desde mis orígenes, donde la oralidad es la clave. Cuando uno cuenta una historia hay una parte de información, otra de formación y otra de entretenimiento, las tres reglas del arte africano. Lo que comunicas en un escenario, influye en el público. Valoro poder subirme a un escenario y contar una historia que aporte algo a los espectadores.

La Firma Invitada: Alberto Castrillo-Ferrer

EL PROYECTO FEELGOOD: teatro libre de ataduras

No nos cansamos de decir que el proyecto Feelgood nace del buen rollo, de las ganas de seguir disfrutando del compañerismo, del teatro y de las emociones de una gira junto a un elenco con el que nos encontrábamos muy a gusto.

Este origen tan sencillo de explicar, con el tiempo nos ha revelado que encerraba algo más profundo, algo que nos ha sustentado durante esta andadura de más de dos años y nos ha servido para superar los momentos difíciles: la ambición de independencia artística, las ganas de salirnos de un mercado en ocasiones demasiado manipulado y de poder contar cosas que nos interesen e interesen al público. No ser peones de una maquinaria demasiado mercantilista, sino volver a la ilusión primigenia de ser actores para tener nuestro lugar en el mundo. Ser parte de la sociedad.

Nos conocimos como parte del elenco de la obra Todos eran mis hijos, dirigida por Claudio Tolcachir. Nos entendimos muy bien y quisimos seguir juntos en una segunda producción. Arrancamos nuestro plan en esa gira, en los trenes y autobuses que nos llevaban de una plaza a otra, hacíamos reuniones, aportábamos textos, organizábamos lecturas en las habitaciones de los hoteles…

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PRIMER RETO: EL TEXTO

Hubo varios intentos de textos que no llegaron a prosperar. Buscábamos algo muy difícil, que todos pudiésemos actuar en una obra coral, con “enjundia”, y que fuese una comedia…

Leímos, preguntamos e investigamos mucho y al final llegó: fue Fran Perea el que recibió en su casa varios textos ingleses y entre ellos Feelgood del autor británico Alistair Beaton.

A partir de ahí y de algunos reajustes de personal (no había papel para todos, nos hacían falta un chico y nos sobraba una chica, no teníamos director…) en los cuales Amanda Recacha pasó a ser ayudante de dirección y regidora, entró Javier Márquez como el actor que nos faltaba y yo pasé a la dirección del proyecto, Jorge Usón me sustituyó entonces en el papel que me estaba destinado y así, junto a Jorge Bosch y Ainhoa Santamaría quedó configurada la parte artística y la compañía enTRAMAdos Teatro.

Manuela Velasco y yo trabajamos en una primera versión del original de Beaton, alejándonos del mundo anglosajón y acercando el humor. En los ensayos, el elenco terminó de dar forma al texto. Todos adquirimos una responsabilidad aparte de la artística con respecto a la compañía: ayuda en la producción, relaciones públicas, promoción, blog, redes sociales, búsqueda de nuevos textos para el futuro… Todo es poco para que este barco que salía a alta mar no se hundiera en la primera marejada.

SEGUNDO RETO: LA PRODUCCIÓN

El segundo reto fue la producción. No fue fácil. Tuvimos nuestros altibajos, nuestros malentendidos y torpezas, nuestras confianzas y decepciones, probablemente como en todos los proyectos. Finalmente, nos unimos con Producciones OFF, que creyeron en el proyecto y se lanzaron a la piscina con nosotros sin saber si había agua. Nos hicimos cooperativa y decidimos autofinanciar un work in progress, esto es: trabajar durante dos meses en la adaptación, ensayar, buscar el vestuario, crear una escenografía eficaz y barata, aportar dinero para los pocos elementos de mobiliario y atrezzo, pedir muchos favores y al final mostrar en la sala García Lorca de la RESAD (que también nos había dejado ensayar por ser algunos egresados). Afortunadamente, la cautela ha sido bandera de esta producción, hemos ido dando pasos, sin correr, y no nos hemos caído.

Es justo agradecer aquí a PTC su apoyo en esa primera etapa, puesto que compraron los derechos de la obra, adelantando una cantidad de dinero inviable para nosotros. No llegamos a un acuerdo de producción pero fueron importantes en el origen del proyecto.

Tras esa muestra en la RESAD, que tuvo una excelente acogida, se abrieron algunas puertas, la más importante fue la del Teatro Español que nos propuso programarnos y coproducir con nosotros. Los derroteros de Feelgood se definieron cuando Traspasos Kultur se interesó por la distribución y el 3 de abril de 2013 estrenábamos en las Naves del Español (Matadero) de Madrid. Tras seis semanas de temporada y una nutrida gira posterior, volvemos a Madrid al Teatro Infanta Isabel desde el 20 de agosto al 28 de septiembre y todavía nos queda gira hasta diciembre. No nos podemos quejar.

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Parte de este éxito se lo debemos al buen hacer de Marea GlobalCOM, que se ha volcado en redes, entrevistas, blogs, programas de televisión, Gastro Gira… Es parte de nuestro oficio darnos a conocer, que sepan que existimos para que nos puedan apreciar o juzgar y parece demostrado que en nuestros días El buen paño, en el arca NO se vende solo. Desde www.feelgoodteatro.com podéis disfrutar de toda nuestra red online.

Personalmente, por mi formación, gusto y andadura, me gusta vivir el teatro como una familia, con sus discusiones navideñas y sus secretos que se lavan en casa, pero con algo que nos arraiga, que nos hace crecer y ser felices con nuestra profesión. Disfrutar dentro y fuera de las tablas, tener proyectos en común, soñar… En alguna entrevista afirmaba que “no me debo a otra patria que al teatro” y cada vez lo pienso con más fuerza.

Esta andadura nos ha hecho plantearnos un segundo montaje, con lo positivo del primero e intentando evitar los errores cometidos anteriormente. El proyecto Feelgood ha sido el germen de un encuentro de artistas que quieren seguir la estela de otras muchas compañías que están dejando su buen hacer en el universo teatral. El respeto y la responsabilidad son los pilares para que se creen los puentes de la creación artística y del disfrute máximo en el mejor lugar que existe en el mundo: el escenario.

Una virtuosa y evocadora partitura en la UIMP

Cuando entramos a la Sala Pequeña del Teatro Español comenzamos un viaje. Nuestro protagonista aparece en escena con el gesto instalado en otro tiempo, su mirada está anclada en un tiempo en que el Rag Time «era la música que Dios bailaría si fuese negro». Sobre una caja de dinamita, Novechento, el músico más grande que haya podido existir, le contó su historia a este trompetista con zapatos ajados y mirada melancólica que hoy comparte con el público en la sala. Danny Boodman T. D. Lemon, Novecento, nunca pisó tierra, pero vio el mundo entero. Era capaz de respirar el aroma del mundo en cada palabra, en cada gesto de las personas con las que coincidía a bordo del Virginia. Y el que fue su amigo y un día, inesperadamente, confidente,  nos cuenta esta pequeña gran historia. En su mirada evocadora revivimos el último solo que compartió con el virtuoso del piano, justo antes de que el trompetista bajase el último escalón de esa escalerilla que Novecento fue incapaz de bajar. Y así, Miguel Rellán se enfrenta a su primer monólogo tras una larga trayectoria a sus espaldas. Emotivo, melancólico y desgarradoramente humano, recorremos a través de la mirada de Rellán otros tiempos y lugares, asistiendo a un verdadero recital interpretativo que sólo alguien con la solvencia de este veterano actor podría conseguir y cuando sus ojos ven a los personajes que han desfilado por su vida, el espectador viaja con él y ve la verdad en sus ojos. Gracias a Miguel Rellán y, su director, Raúl Fuertes, por querer compartir con el público este poético viaje, gracias por hacernos redescubrir que el teatro solo necesita de un buen texto y un buen intérprete para hacernos soñar. Vayan a disfrutar de esta virtuosa y evocadora partitura llamada Novecento, les emocionará.

*El próximo lunes 4 de agosto se podrá disfrutar en los Jardines de la Biblioteca Menéndez Pelayo dentro de las actividades culturales de la UIMP  a las 22h con entrada libre. 

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Jorge Bosch: «En esta mágica profesión bajo la máscara de un personaje sientes las mismas emociones que en la vida»

Jorge Bosch es uno de los protagonistas de El nombre en el Teatro Maravillas. Con el protagonista de obras como Babel o Feelgood charló en exclusiva DESDE MI BUTACA…

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¿Qué te atrajo de un proyecto como El nombre?

El texto ya lo había leído un año antes y había visto la función en Buenos Aires e incluso la película. Cuando Pedro Larrañaga me lo comentó, sin duda dije que sí. Me llevo muy bien con el reparto y no había trabajado con ninguno de los actores la verdad. La función es una maquina de relojería teatral perfecta. Es una comedia con apariencia de ligera y acaba literalmente a ostias y eso me encanta…

¿Se nota la firma de Jordi Galcerán en la adaptación?

Sí que hay chistes muy de Jordi. Se ha mantenido en un segundo plano para que entren con sutileza los cambios que ha hecho en la obra. Lo ha trasladado a Madrid muy bien la verdad. Además de un gran autor, es un gran adaptador. Lo ha hecho muy bien precisamente por ser fiel al texto original, sólo ha cambiado pequeños matices que hacen que funcione de una forma mucho más redonda.

Te embarcaste hace un tiempo en Feelgood, una obra redonda, que ahora vuelve al Teatro Infanta Isabel…

Sigo ligado a la obra, como parte de Entramados. Me ha dado mucha pena dejar la función, ya que la función y el personaje son realmente buenos. Lo hemos buscado y adaptado nosotros mismos, es nuestro bebé y eso creo que se notaba. Era nuestra primera función como compañía. La experiencia en Matadero fue un tanto agridulce. Las obras que van a los espacios del Español se mueven más que por la promoción por el tema del boca a oreja y eso tarda en ocurrir. Así, lo que nos pasó es que la gente no acudió ‘en masa’ hasta los últimos días y es una pena. El público que venía se quedaba a felicitarnos a la salida. Por eso, creo que es de justicia divina que la función vuelva a hacer temporada en Madrid. Espero que vaya muy bien, es nuestro primer proyecto y pusimos mucha ilusión en él.

¿Es el teatro el mejor lugar para satirizar nuestra realidad como pasaba en Feelgood?

Lo espeluznante es que lo que contábamos en Feelgood es muy parecido a la realidad por lo que nos han contado la gente de la política que ha venido a verla. Pensábamos que era una sátira muy exagerada y nos dijeron que para nada, que se oyen cosas así en los gabinetes. Desde luego que poder utilizar al teatro como vehículo para denunciar lo que pasa en la vida es maravilloso.

Hablaba con César Camino de su único ‘blanco’ en escena, ¿Has tenido alguno últimamente?

Tuve un blancazo el segundo día de El nombre y es francamente horroroso. No se me va a olvidar nunca. Tengo un monólogo y se me olvidó completamente y menos mal que Antonio me echó un cable. Son segundos en los que quieres que acabe ya la función, se te cae el mundo encima.

Bienvenidos al Lolita, tu última experiencia televisiva, no funcionó nada bien…

Sabía que podía pasar, llevo muchos años en este mundo. Me ha dado pena por los actores jóvenes, que volcaron muchas ilusiones en la serie. Tenía muy buen rollo todo el equipo y eso no es nada fácil, pero con los años he aprendido a relativizar los éxitos y los fracasos.

Con 18 años te apuntaste a un curso de interpretación por una novieta, ¿Cómo recuerdas esos primeros pasos?

Yo iba para estudiar Derecho y empecé a hacer un curso de interpretación y me enganchó de tal forma que aquí sigo veinte años después. Es una droga de la que es difícil desengancharte. Si te atrapa desde el principio es maravilloso.

¿Tuviste un momento en el que el ‘veneno del teatro’ se te metiese dentro?

La verdad es que sí. Yo estaba haciendo un ejercicio en el que toreaba recitando un poema de Lorca y tenía a un compañero haciendo de toro. En ese momento sentí un miedo idéntico al que sentí la primera vez que me puse delante de un toro corriendo en un encierro cuando era un niño. Entonces comprendí que si una persona era capaz de experimentar el miedo ante un toro ficticio, ante un compañero que simplemente se ponía los dedos cual cuernos, esta profesión sólo puede ser calificada como mágica. A partir de ese momento, sentí la necesidad de ser parte de este gremio y comencé a sentir en la escena como en la vida misma. Sentía celos, amor, rencor, todos las pasiones humanos bajo la máscara de un personaje.

Creo que la parte ‘expuesta’ de esta profesión es lo que menos te gusta…

Eso no va conmigo desde luego. Nunca voy a una fiesta a buscar trabajo, termino con los cuatro amiguetes de siempre. Prefiero conseguir trabajo con mi esfuerzo, con mi trabajo y dedicación.

¿Con qué tipo de proyectos te gustaría seguir jugando a esta profesión?

Me gustaría que me dejasen seguir jugando a esta profesión, ya que no depende casi nunca de nosotros mismos. Somos unos afortunados los que podemos trabajar. Me gustaría seguir haciendo proyectos en los que crea en cualquier medio.

Juan Carlos Pérez de la Fuente: «Tenemos un teatro del que tenemos que sentirnos orgullosos»

Nuestra historia podría comenzar hace más de treinta años cuando un joven ascensorista del Banco de España encontró en su camino a Rosario Calleja, su mitad escénica: «Este premio es tuyo y mío» dijo un Juan Carlos Pérez de la Fuente emocionado ante las palabras de Luis Alberto de Cuencia, que leyó la laudatio en la entrega del Premio La Barraca de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

El director posa para DESDE MI BUTACA unos minutos antes de la entrega del premio.
El director posa para DESDE MI BUTACA unos minutos antes de la entrega del premio.

El  flamante nuevo director de los espacios escénicos del Ayuntamiento de Madrid, con el Español como cabeza visible, recordó la importancia de la capital cántabra en su trayectoria: «Siempre que ocurre algo importante en mi vida, Santander está presente». Aquí nacieron algunos de sus grandes éxitos como Fortunata y Jacinta u Orquesta de señoritas entre otras. Ahora, cuando está a punto de emprender un nuevo camino en la gestión, de nuevo Santander aparece en su horizonte.

Junto al Rector de la UIMP, César Nombela.
Junto al Rector de la UIMP, César Nombela.

Sobre el proyecto de gestión que ha defendido con uñas y dientes destacó  el papel que tendrán nuestros autores: «Tenemos un teatro del que tenemos que sentirnos orgullosos, ¿Cómo es posible que no se conozca a Valle en Londres o Buenos Aires?». En este sentido ahondó en la idea de ‘internacionalizar’ a nuestros autores, conseguir que se conozca la grandeza de autores como Buero Vallejo, sobre el que se preguntó extrañado: «¿Cómo es posible que un autor de su calibre no se haya programado en el Español en los últimos 35 años?» Va a luchar por conseguir que esos turistas que vienen a ver el Prado, hagan parada en el Español, que se convierta en la referencia que debe ser un espacio que cumplirá 400 años en 2015. Para esa efemérides tan especial ya tiene algunas ideas en mente: «Quiero hacer un homenaje a los textos de ayer con dramaturgos de hoy y que salga el teatro a las calles». Por último, insistió en la necesidad que desde el Español se apostase por un teatro que hable sobre los conflictos de hoy, a los que es necesario dar voz desde un espacio como el que él dirigirá a partir de septiembre.

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El director en un momento de su emocionante discurso.

César Camino: «El público siempre me reconoce como El Moñas»

César Camino es uno de los protagonistas de El nombre, el gran éxito del verano en el Teatro Maravillas de Madrid.

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¿Qué te atrajo de El nombre?

El reparto y los productores implicaban un producto de calidad asegurado. Vi la película en su día y me encantó, así que era maravilloso poder formar parte de este proyecto además con Gabriel Olivares, que es un currante nato, que no para desde que se levanta por la mañana. Lanza una honda expansiva de talento que llega hasta los productores. Irradia trabajo.

Aquí y ahora, ¿Por qué el teatro para ti es un buen lugar para contar historias?

El teatro te permite contar historias más especiales. En la tele, se hacen productos demasiado generalistas. Por ejemplo, El nombre tiene una ironía y una sarna sobre las relaciones personales que en la tele no podríamos mostrar.

¿Qué aprendiste de tu experiencia en Japón haciendo teatro musical?

Aprendí a bailar jotas aragonesas allí. El aliciente era vivir allí. Era un musical de cosas españolas. Lo que rescato es vivir allí, fue maravilloso.

Y en tu trayectoria teatral, ¿Alguna vez te has quedado en blanco en escena?

Me pasó con Burundanga en Bilbao después de un año en Madrid. Me puso nervioso creo que el hecho de interpretar a un vasco. No había repasado el texto y Rebeca Valls me tuvo que tirar el texto. Pasé unos sudores fríos…

¿Ha sido una losa un personaje tan mediático como “El moñas” a la hora de avanzar como actor?

Para nada, aunque es cierto la gente me sigue recordando por “El moñas”. Empecé a trabajar en Hospital Central y tuve que dejar a ese maravilloso personaje. En ese momento me apetecía hacer drama. Al final, he podido hacer cosas muy diferentes la verdad, aunque el público es cierto que siempre me recuerda por ese personaje y yo estoy encantado.

¿Qué es lo que más te gusta de una serie como Los Misterios de Laura?

Es una serie de formato clásico como las que yo veía de pequeño. Es para toda la familia y te engancha por los capítulos autoconclusivos. Las tramas principales se alargan, pero los misterios se resuelven en cada episodio. Además hemos tenido el lujo de poder conocer a actores episódicos del nivel de Miguel Rellán, Fernado Cayo, Fernando Guillén…

La serie ha sufrido un maltrato constante de TVE, que la tenía guardada en un cajón, ¿Cómo vive esas esperas un actor?

He intentado olvidarme de ese tipo de problemáticas, es la única forma de tirar para adelante en esta profesión. Si renuevas lo celebras y si no intentas pensar en el siguiente proyecto.

Tu camino en principio no iba dirigido hacia el mundo de la interpretación…

Empecé a trabajar con 16 años en Publicidad. Con 20 ya tenía mi vida hecha. De repente, me fui ilusionando con el teatro casi sin darme cuenta y claro a mis padres les asombró un poco el tema, pero yo era entonces ya un hombre hecho y derecho.

¿Con qué tipo de proyectos te gustaría seguir ‘jugando’ a esta profesión?

Ahora mismo estoy muy contento con la familia de los Larrañaga y con Gabriel Olivares. Espero seguir teniendo oportunidades en todos los medios. Tienes que estar muy implicado en un proyecto y quiero que el equipo que esté detrás me de las suficientes garantías para poder llevarlo a buen término.

Cuando el actor se quitó la máscara de galán

Se levanta el telón. Arturo Fernández ha cambiado el smoking por la sotana. Primera sorpresa para un público que espera, en el fondo, ver la ‘alta comedia’ de siempre con sus ‘chatín’ incluídos. Nada más lejos de la realidad. Enfrentados se entronca en esta, parece, nueva etapa del actor que ha decidido hacer suyo a estas alturas de la película lo de ‘renovarse o morir… escénicamente’. Eso ya lo dejó claro con su anterior trabajo, Ensayando Don Juan. Tras las buenas críticas, parecía poco probable que alguien con el olfato de Fernández decidiese volver a retroceder un peldaño en su carrera y hacer lo de siempre. Pero no se asusten que en Enfrentados también hay un buen puñado de carcajadas, aunque precisamente la parte cómica a mi modo de ver sea lo que creo que rompe un poco la dinámica de este, por otra parte, interesantísimo texto, ¿De qué va el asunto? Es muy sencillo y aún así da para cerca de dos horas de función.  ¿Y si un cura de un barrio acomodado tuviese que tutelar a un díscolo y joven diácono? Y si da para dos horas de función es por una soberbia construcción de diálogos por Bill C. Davis que en plenos años 80 puso sobre la mesa temas tan peliagudos como el sacerdocio femenino y las relaciones homosexuales. Seguro que en este punto de la crítica están pensando ¿De verdad Arturo Fernández está montando eso con su compañía? Pues sí. De alguna forma, siempre he tenido la sensación de que el personaje se había tragado al actor, pero estaba claro que con una carrera tan dilatada la solvencia escénica en otro tipo de registros estaba asegurada para el otrora galán de la escena. Y el actor sale en esta función, ¡Vaya si sale! Uno de los monólogos de confesión, y vuelvo a referirme a la brillante pluma de Bill C. Davis, pone sobre las tablas a un Fernández inédito, emocional hasta la médula, un momento que el público recibió anoche cuando vi la función con un sonoro aplauso. En esta obra que viaja por las emociones, vaya por delante que pienso que la carga dramática y cómica de la función creo que está mal equilibrada, le secunda un actor, David Boceta, que poco tiene que ver con las ‘mujeres-florero’ que tan bien acompañaron al actor en sus montajes anteriores. Me comentaba Arturo en una reciente entrevista que le encantaba absorber la energía de los actores jóvenes y la química de estos dos actores con el rodaje de la función creo que llegará a unas cotas de excelencia inimaginables. Con sus aciertos y sus errores, un recorte del texto  y un cambio del espantoso cartel promocional no estaría nada mal antes de hacer temporada en Madrid, es un placer ver Enfrentados para redescubrir al actor que se escondía detrás de la máscara de galán. Hoy y mañana últimas funciones en el CASYC de Santander.

ENFRENTADOS

666, próxima cita de Talía

El viernes 1 y el sábado 2 de agosto a las 21:00h se podrá disfrutar de todo un clásico de Yllana

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Cuatro temibles convictos llegan al corredor de la muerte para ser ejecutados. La adaptación de estos convictos a su nueva situación, la irritante convivencia entre ellos, sus relaciones con los guardianes y las desastrosas ejecuciones a las que son sometidos desencadenarán una serie de situaciones dantescas, incontrolables y disparatadas, convirtiendo el corredor de la muerte en un improvisado infierno. En 666 Yllana imprime una dosis más elevada de humor negro, absurdo y mordaz a su habitual trabajo cómico visual para mostrar, sin palabras, el lado más oscuro y siniestro del ser humano. Entra en este macabro mundo, donde no habrá salvación alguna para nadie. Ni siquiera para el espectador.