Queremos nuevos musicales en España

Esta semana dedicada al teatro musical no podíamos evitar hacernos eco de aquellos musicales que aún no han llegado a España y que a través de las redes sociales son reclamados por el público.

¿Volará Mary Poppins a la Gran Vía?

Ahora que se cumplen 50 años del estreno de Mary Poppins, la película con la que muchos descubrimos el género musical, parece pertinente recordar que aún no se ha visto la versión escénica de este célebre clásico Disney. Quizás de las propuestas de las que hablaremos en este post es la más cercana en llegar, aunque tardará unos años… Por lo menos hasta que la Gran Vía deje de rugir.

Wicked, casi una utopía

A los amantes del género, que suelen viajar a Londres y Nueva York a ver los últimos estrenos, les encantaría ver en los escenarios españoles la historia más desconocida del reino de Oz. Siendo objetivos, este musical tardará mucho en llegar. Más allá del gran despliegue técnico que implica una producción de este tipo, el gran problema es que las posibilidades de éxito en nuestro país a día de hoy son más bien escasas. En España no existe un interés tan grande por el mundo de baldosas amarillas y eso hace que la llegada de esta mágica historia tenga pocas posibilidades de llegar a medio plazo.

Otro musical ‘reclamado’ por el público es Matilda, completamente imposible traerlo con la regulación laboral infantil actual por lo que me comentaron desde el departamento de Recursos Humanos de una de las grandes productoras de teatro musical en España. War Horse y la vuelta de musicales como Rent o El Fantasma de la ópera también son una prioridad en las peticiones de los amantes del género en España. Y a puntito estuvo de llegar hace bien poco Next To Normal, proyecto que cayó finalmente.

¿Llegará en el futuro "Next to normal" a España?
¿Llegará en el futuro “Next to normal” a España?

Alberto Vázquez: “Los que estamos encima de un escenario solemos ser unos tímidos enfermizos”

Alberto Vázquez cuenta y canta su vida junto a Marta Valverde y Natalia Millán por los escenarios de España. Mañana estarán de hecho en la bella localidad cántabra de Laredo. Su referente infantil fue su hermana, Helena Bianco, toda una estrella de la época, sin la que quizás no se habría dedicado a un oficio por el que sentía una pasión irrefrenable. Su primer trabajo profesional fue con 17 años, My Fair Lady, pero hasta que no firmó su primer contrato en Argentina, donde ha desarrollado buena parte de su carrera, no tuvo la percepción de que se podía dedicar definitivamente al mundo artístico. Aunque muchos lo conozcan por su faceta de actor de musicales, Vázquez ha participado en series de tanto éxito como Cuéntame cómo pasó, donde tuvo una particular Hada Madrina: Ana Duato. Con el protagonista de musicales tan recordados como Mamma Mia charlamos en exclusiva. Y ya sabéis, esta semana ¡HACEMOS UN MUSICAL DESDE MI BUTACA!

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¿Cuál es tu momento favorito de ¿Hacemos un trío?, Algo más que un cabaret?

El trío de Sondheim. Es el más complicado de hacer y muy bonito. Cuanto más escuchas a este autor, más le admiras. Seria muy bueno descubrir algunos de sus musicales de pequeño formato, que son muy desconocidos en España.

Habéis estado un tiempo sin hacerlo, ¿Nervios ante esta vuelta a los escenarios?

Tengo muchas ganas de ver de nuevo si la gente entra en nuestra historia. Siento los mismos nervios que cuando estrenamos en el Nuevo Alcalá.

¿Es ese desgarrador padre de Ana Frank el momento más mágico que has vivido encima de un escenario?

Absolutamente. El diario de Ana Frank era un gran musical que tuvo muy mala suerte, estuvo muy mal gestionado. Todos los que lo vieron lo sintieron de una forma muy fuerte. Para nosotros, poder conocer a algunos de los protagonistas de la historia fue algo muy especial. Estuvimos en los sitios reales de la historia, conocimos a amigos de Ana e incluso a la persona que ocultó a la familia durante tanto tiempo… Poder bucear una historia que conoces desde pequeño de una forma tan increíble y ponerla en pie fue una gozada. Una experiencia inolvidable.

El musical en España va ampliando sus miras con nuevas propuestas de pequeño formato como la vuestra…

Me encanta que se pueda ver también a los artistas que solemos actuar en musicales de gran formato, en producciones chiquititas, muy cercanas al público. En España, llegamos tarde a casi todo. Esto es el Off de Broadway o Buenos Aires que está ofreciendo espectáculos de gran calidad desde hace muchos años. Esto no quiere decir que me guste el tema del microteatro, que se hace en cualquier parte y en unas condiciones paupérrimas… Me parece que nuestro trabajo debe tener un recorrido más amplio la verdad.

Da la impresión de que a veces los actores que no hacen musicales miran por encima del hombro a los que se han curtido en el género del teatro musical, ¿Has tenido esa sensación alguna vez?

A los artistas de musicales es cierto que se nos ha mirado a veces te diría que por encima de los dos hombros… En mi caso, es un poco distinto. Yo antes de hacer Mamma Mia, ya había hecho unas cuantas series… La gente que se da a conocer en musicales lo tiene muy difícil para dar el salto a la televisión o al cine. Es curioso que cuando un actor de teatro da el salto al musical le llueven las alabanzas, pero cuando un artista curtido en musicales brilla sobre el escenario nadie viene a buscarle y eso es algo que nunca entenderé.

¿Cuánta culpa tiene de que Alberto Vázquez se dedicase al mundo artístico que su hermana fuera Helena Bianco?

Sin tener un referente como ella, no creo que hubiese seguido por este camino. Yo tenía claro que quería cantar. Mi vida era cantar, quería estar en un escenario. Cuando mi hermana se separó, nuestros caminos digamos que fueron cada uno por un lado, cosa que vista con el tiempo creo que ha sido muy positiva. Ahora disfruto tanto cada vez que me subo a un escenario con ella o cantamos en un disco…

Al tener ese referente cerca, ¿Fue más fácil decir aquello tan tópico de “Mamá, quiero ser artista”?

Yo era un niño timidísimo. Los que estamos encima de un escenario solemos ser unos tímidos enfermizos de pequeños. Todos los niños nacen actores. Todos nos disfrazamos queriendo ser otro. Yo siempre dije que quería ser artista, pero no tenía muy claro que se pudiese realizar. Cuando me di cuenta de que lo estaba consiguiendo fue en Argentina con mi primer contrato grande. Luego di el salto a España y de alguna forma tuve que demostrar mis dotes encima de un escenario de nuevo, pero la verdad es que no me puedo quejar de la carrera que he tenido desde entonces.

Y entre las experiencias televisivas más gratificantes destaca Cuéntame cómo pasó...

Me convocaron a una audición en un lugar tan frío como es el despacho de una directora de casting. La sorpresa vino cuando me dijeron que Ana Duato dijo que quería hacer la prueba conmigo cuando terminase de rodar ese día. Vino vestida de Señora Alcántara y fue algo mágico. Para mi ella es una DIOSA absoluta. Fue como mi hada madrina. Entró y me quitó todos los miedos de golpe. Me dijo que la mirara a los ojos, que la cogiese de las manos y la hablase de verdad… La dije que no me iba a ser nada difícil decirle que era una mujer hermosa y que estaba enamorado de ella… Y en ese momento, nos echamos los dos a reír. Fue precioso. Gracias a la mano de Ana y de Imanol fue un regalo del cielo ser parte de esa serie.

Hace unos meses hablaste en una entrevista que serías parte de un gran musical de producción española, ¿Qué ha pasado con ese proyecto?

Se ha caído lamentablemente. Estaba todo el elenco y ha habido un problema de concesión de derechos entre el autor y la empresa. Me da mucha pena no solo por mi, sino por el equipazo que había detrás. Ahora intento mirar hacia adelante con posibles nuevos proyectos. Estoy leyendo un par de cosas, quizás en enero ponga en marcha algo nuevo.

Juan José Millás: “El teatro es el origen de todo, es el templo de la palabra”

Juan José Millás ha sido un verano más el autor más multitudinario de los ya clásicos ‘Martes Literarios’ de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander. Cual gran estrella del rock, se instalaron pantallas  fuera del recinto para poder escuchar a este autor que cuenta a sus lectores por millares. El autor de La mujer loca estuvo en la capital cántabra participando en el curso sobre Literatura y locura de la prestigiosa universidad de verano con sede en el Palacio de la Magdalena de la capital cántabra. Una ocasión única e irrepetible para poder charlar con este maestro de la palabra por primera vez DESDE MI BUTACA. 

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Comentaba uno de sus referentes en el columnismo, Manuel Alcántara, que un articulista es un conversador por escrito…

Hay mil modos de decirlo, pero Manuel Alcántara lo ha definido muy bien. En cierto modo, es una conversación por el hecho de que mucha gente te para como reacción a tus columnas y hablas con ellos. Alcántara fue uno de los primeros columnistas que yo leía en la prensa diaria. Por fortuna, hemos tenido muy buenos columnistas en este país. El periódico me sigue pareciendo un artefacto maravilloso como ya me lo parecía de pequeño. Escribir en un periódico es una de las mejores cosas que puedes hacer en tu vida.

¿Cómo nace ese deseo de ‘desnudar las palabras’ como hace la protagonista de La mujer loca en el propio Juan José Millás?

Nace del conflicto con la realidad. El lenguaje es una forma de realidad. Yo no entendía de pequeño que al decir la palabra ‘casa’ viese en mi cabeza una casa, pero en cambio si decía ‘Ca’ no veía media casa. La extrañeza, la relación entre la realidad y la palabra. Me provocaba una gran extrañeza que las cosas se podrían haber llamado de otro modo. ¿Cómo es posible haber creado un sistema tan diabólico como la lengua y que la relación entre la palabra y la cosa sea tan arbitraria? Es el conflicto con la realidad lo que te lleva a intentar escribir bien, a intentar acariciar con las yemas de los dedos el otro lado.

En La mujer loca de nuevo Millás es protagonista, ¿Cómo perder el pudor a hablar de uno mismo a través de la novela?

El pudor es una cosa que hace mucho daño al escritor. Cuanto antes lo pierdes, mejor será tu trabajo. Yo lo perdí hace muchos años. Cuando publiqué mi primera novela, después de la emoción inicial por ver mi nombre en el libro, me entró cierto pudor al pensar que esos detalles autobiográficos que había incluido iban a ser leídos por mi familia. Luego, lo publiqué y vi que no pasaba absolutamente nada. En ese momento, me di cuenta de que el pudor podía ser un lastre.

Se escribe de oído, no hay una partitura prefijada” como me comentaba Marcos Ordóñez, ¿Cómo es el proceso de escritura de una novela en sus palabras?

El proceso de escritura de una novela es algo muy misterioso. Sólo si llevas una especie de diario puedes intentar desentrañar ese misterio. A veces, las ideas te surgen en los lugares más insospechados. Cuando la novela se va construyendo, vas olvidando los detalles de cómo has llegado a ella. Fundamentalmente es una cuestión de oído. Tienes que escuchar todo lo que has escrito. La solución está en lo que has escrito. Desde el momento en que escribes las primeras cuarenta páginas de la novela, ya está contenido todo ahí. El trabajo de un buen escritor es saber escuchar lo que se esconde en esas primeras páginas.

En una cultura en que prima la imagen, ¿Cómo despertar el ‘aparato imaginario’ de las nuevas generaciones?

El aparato imaginario le tenemos todos, pero se reprime. En el mundo de los videojuegos, veo mucha imaginación. Pero está claro que hay que cultivarlo como un músculo para que no se atrofie. El acercamiento a cualquier arte es un modo de cultivarlo. Está bien el videojuego, el cine… En ese conjunto de cosas, la lectura resulta primordial también.

En La lengua madre le picó ‘el veneno del teatro’ con su gran amigo Juan Diego…

Ha sido una experiencia fantástica. Hace 12 años escribí un monólogo para Magüi Mira y fue un éxito rotundo. Ahora he podido repetir en el teatro con un actor como Juan Diego, que es uno de los grandes actores de este país. Yo siempre digo que si hubiese nacido en América sería un Robert De Niro. Estamos muy satisfechos con la experiencia. A mi me gustaría escribir más teatro, pero no tengo tiempo para todo. Lo que más me ha gustado es poder ver el teatro desde dentro. Poder asistir a los ensayos es algo maravilloso. El teatro es el origen de todo, es el templo de la palabra. Fíjate como muchos directores de cine cuando se hacen mayores se meten en el teatro. La lengua madre tiene mucho que ver con todo eso. Está basada en una conferencia que yo había dado muchas veces y que tenía siempre mucho éxito. La gente se lo pasaba muy bien, como si estuviesen asistiendo a una representación teatral y por eso se me ocurrió que era una buena idea para un monólogo.

En un lugar tan evocador como el Palacio de la Magdalena, ¿Con qué tipo de historias le gustaría seguir haciendo imaginar a sus lectores a Juanjo Millás?

Quizás una de fantasmas. Veo una historia con un caserón lleno de escaleras secretas. Llegar a conocer el Palacio de la Magdalena me parece casi imposible, lo que ayuda mucho al tema del misterio. Ayer cuando llegué se colaron por mi ventana las imágenes de una gran tormenta y eso le da una atmósfera muy especial a este lugar, aunque en el fondo no se muy bien qué historia escribiría aquí.

Ramón Barea: “Si se ha creado una maquinaria en el teatro público que no se puede mover habría que revisarla”

Sus primeros recuerdos teatrales los tiene como espectador teatral compulsivo. Cuando era adolescente, trabajaba como oficinista y el dinero que le quedaba se lo gastaba acudiendo al teatro. Sin antecedente familiar alguno, comenzó a programar a los grupos independientes de la época y se dijo a si mismo que ése era el tipo de teatro que quería hacer. Nacieron así en los 70, los primeros grupos de teatro profesionales del País Vasco con una vocación claramente contestataria. En esas primeras aventuras ya estaba presente su amigo Álex Ángulo, del que destaca su generosidad durante tantos años de andadura en común también en el cine. El que fuera Premio Nacional de Teatro conserva de esos primeros años el idealismo, esa idea de que el teatro puede ser una gran arma.  Estuvo en la UIMP presentando su personal visión de Sobre los perjuicios del tabaco. ¿Su mayor ilusión? Consolidar la sala Pabellón Nº6 de Bilbao: “Me siento muy ilusionado por poder encontrar un lugar de investigación estable”. 

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Ha presentado en la UIMP una versión apócrifa de Sobre los perjuicios del tabaco, ¿Qué le hizo conectar con esta historia de Antón Chéjov?

En lo del tabaco, no voy a decir que es por ser fumador, sino que es el pretexto de la obra. Me gustan esos personajes pequeños, a los que les ocurren cosas que nos podrían ocurrir a cualquiera. El interés por esos personajes grises y anodinos quizás me viene del hecho de que son ese tipo de personajes secundarios del cine a los que he tenido la suerte de interpretar. Este personaje de Chéjov y muchos otros tienen ese punto de personaje común. También me motivaba mucho poder hacer una versión más realista, más naturalista que la obra original. En trabajos tan personales como éstos o te enamoras de ellos por alguna razón o no tiene sentido hacerlos. Si encuentras un punto de identificación con tu personaje es un disfrute absoluto.

También se ha enfrascado en otro monólogo, Confesiones de San Agustín, dirigido por Juan Carlos Pérez de la Fuente…

Juan Carlos Pérez de la Fuente se suele embarcar en aventuras muy complicadas y San Agustín lo es y mucho. Tiene una capacidad de riesgo que me encanta. Es un locura de Juan Carlos y su equipo. Ha hecho una especie de perfil con las ideas clave de San Agustín. Tiene un aspecto de lectura teatralizada que se convierte en una función de teatro. Vengo curtido en el mundo del monólogo con Sobre los perjuicios del tabaco, que era mi primera experiencia en solitario. Es la primera vez que me he quedado en blanco, que he tenido el famoso miedo escénico por estar solo en escena. Una vez que ya has hecho tuyo el monólogo, eres capaz de retomar el texto si te pierdes y eso es algo que te da una seguridad en las tablas impresionante.

Precisamente, Juan Carlos ha sido nombrado director del Teatro Español y el resto de espacios del Ayuntamiento, ¿Qué le parece su nombramiento?

Creo que es un embolado muy grande para él. Al ser una persona del mundo creativo, espero que encuentre un buen equipo de gestión que le permita a él enamorarse de los proyectos. Espero que no caiga en la tentación de encadenar un montaje detrás de otro como director, que es algo muy habitual cuando se trata de espacios públicos. Le deseo lo mejor a este enamorado del teatro y me da mucha rabia que le hayan dejado la programación hecha para los próximos meses, creo que ha sido un poco a traición la cosa.

Una de las apuestas fuertes de esta temporada en el Teatro Arriaga de su querido Bilbao era Montenegro, ¿Cómo ha vivido esta suspensión de la gira?

Por lo visto han aducido que salen caras las giras por las horas extra de los técnicos. Da mucha pena. Es cuanto menos curioso que el espectáculo, siendo un Centro Dramático Nacional, se va a quedar prácticamente en las representaciones de Madrid y Barcelona. Se debería hacer una política de acuerdos con las autonomías para que giren los espectáculos. Teniendo unos presupuestos muy grandes, no es justo que no se pueda disfrutar en toda España. Si se ha creado una maquinaria que no se puede mover, habría que revisarlo para que se puedan mover estos bienes artísticos. De cara a nuestro trabajo además se da por supuesto que somos de Madrid. Yo vivo en Bilbao y me tengo que buscar la vida cuando voy a actuar al CDN. Se peca de un cierto centralismo. No es como en las giras, que se contemplan esas cosas en las dietas por ejemplo.

¿Cómo nace su pasión por el teatro?

Yo fui espectador compulsivo de adolescente. Trabajaba de oficinista, daba algo en casa y el resto me lo gastaba en el teatro. Quería ser actor en el fondo por mi timidez enfermiza. Yo no fui universitario, pero me encantaba toda esa movida del teatro independiente. Con veinte años teníamos la osadía de programarles. Alquilábamos un teatro para traerlos. Yo quiero ser como ellos me dije a mi mismo. Yo quiero hacer un teatro de denuncia social y de respuesta popular. Creamos las primeras compañías de teatro profesionales, no había apenas tradición. La primera generación profesional del teatro en el País Vasco fuimos nosotros, en los años 70.

¿Qué queda en el Ramón Barea de los tiempos de grupos como Cómicos de la legua?

Queda muchísimo de eso. Yo me he formado ahí. No vengo de escuelas. Vengo de cargar y descargar furgonetas, de actuar en la calle… No he crecido en el mundo del glamour. Nunca he sido el actor de moda ni he estado en la cresta de la ola. Creo que queda todo, queda un estilo, una forma de hacer las cosas que te marca. Cuando tienes 20 años, te comes el mundo y piensas que el teatro es un arma de lucha maravillosa. Ese carácter idealista permanece. No es sólo el negocio del espectáculo, sino algo más. Queda también la necesidad de encontrar lugares y equipos de trabajo más o menos estables. Ahí está Pabellón 6 para atestiguar mis palabras.

A un actor curtido en las tablas, autodidacta, ¿A qué le suenan los métodos interpretativos?

A caminos, a vías, a recursos, pero nunca a soluciones. Los actores debemos saber encontrar las carencias y las virtudes. Tenemos que ser conscientes de lo que podemos hacer. No podemos hacer todo tipo de personajes por preparación física, por estilo, por forma de ser… No hay métodos universales, hay actores, formas de hacer. Mi método es el tanteo del error, reconocer mis fallos y tratar de mejorar con los métodos de trabajo. Cuantos más trabajos difíciles hagas, encuentras nuevos miedos, pero también más seguridad. Es un oficio en el que nunca dejas de aprender. Los métodos son recursos, nada más.

Aquí y ahora, ¿Por qué el teatro es un buen lugar para contar historias para Ramón Barea?

Faltan espacios colectivos de escucha, donde las cosas transcurran con calma. Vemos una muestra de lo que les pasa a otros seres humanos. Es el espacio de reflexión y entretenimiento. El teatro no muere. Hay que buscar los contenidos que sigan atrayendo al público.

Con su amigo Álex Angulo no sólo trabajó en teatro, sino que también estuvo en sus aventuras como director cinematográfico…

Con Álex hice todos mis cortometrajes y mis dos películas. En la época de Pecata Minuta estaba en la cresta de la ola. Yo quería que estuviese él y el representante no quería que lo hiciese para no utilizar su nombre para vender más la película. Yo le dije a Álex que yo quería que estuviese no por famoso, sino por ser mi amigo. Lo que hicimos fue que en los títulos de crédito apareciese con otro nombre. Hace un papel de monja muy cortito, pero divertidísimo. Es una anécdota que demuestra la generosidad, la entrega y el cariño que tenía él por su trabajo. Para mi es una muestra de amistad muy grande.

Si miramos hacia el futuro, ¿Con qué tipo de proyectos le gustaría seguir ‘jugando’ a Ramón Barea?

Lo más apasionante es Pabellón 6. Para poder hacer muchas cosas: Proponer y probar muchos posibles proyectos. Me apasiona, es como volver a empezar. Me siento ilusionado por poder encontrar un lugar de investigación. No es sólo que puedan entrar las gentes de mi grupo, sino que damos voz a otros nuevos creadores. Estoy muy orgulloso de que los programadores se empiecen a interesar por lo que se está cociendo en nuestra sala. Crear una compañía estable estaría muy bien. Es un sueño por fin tener un lugar fijo de encuentro con los espectadores.

Un vistazo al teatro que viene: El Teatro Lara

Con la inminente nueva temporada a la vuelta de la esquina, damos una “vuelta” a esta sección en la que hemos ido avanzando los estrenos de la temporada. Los próximos posts los dedicaremos a algunos de los teatros en los que más propuestas escénicas convivirán la próxima temporada. El primero será el Teatro Lara, que abrirá un nuevo espacio Off en su programación. 

Burundanga, La llamada y Las heridas del viento continuarán en cartel.  Se han convertido ya en todo un clásico de la cartelera del Lara y esta temporada seguirán resistiendo. Pero también llegarán a la cartelera un puñado de nuevas propuestas que seguro granjearán los aplausos del público de “La Bombonera”:

SMILEY, una historia de amor es un texto inteligente y sencillo, un soplo de aire fresco en la cartelera teatral que mezcla las comedias románticas de antes, y las sitúa en el s.XXI evitando los tópicos y liberando a sus personajes de moldes y etiquetas. Álex y Bruno, los dos protagonistas de esta obra no pueden ser más distintos. Conforman una extraña pareja en la que sólo tienen en común que son dos hombres y que se han enamorado. Sus diferencias parecen insalvables, y sus personalidades antagónicas, pero lo quieran o no, están unidos por ese hilo rojo, por más que a menudo quieran romperlo. En Madrid podremos disfrutar de este texto de Guillem Clua, que también dirige la función, durante los meses de septiembre y octubre en el Teatro Lara. El reparto está encabezado por Ramón Pujol, que ya protagonizó la obra en Catalunya y que esta temporada pasada ha despuntado también en Madrid con Tierra de nadie junto a Josep Maria Pou y Lluís Homar, y Aitor Merino. 

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Secun de la Rosa también será protagonista de la programación con El disco de cristal, que se verá en el nuevo espacio OFF del Lara. Tommy Tomás es un antiguo cantante melódico que sobrevive haciendo bolos mal pagados con la ayuda de sus dos hijos: Goyita, con una cojera que daña su autoestima, y Pere, quien en secreto sueña con alejarse de la familia. La familia consigue una actuación que puede cambiar sus vidas… 

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Ejecución hipotecaria desde el 10 de septiembre. Los integrantes de una comisión judicial se disponen a ejecutar el primer desahucio del día: una mujer que debe varios meses de hipoteca, cuyo apartamento ha pasado a ser propiedad del banco. Un caso más en su rutina cotidiana, si no fuera porque esta vez son recibidos por un hombre que, después de hacerles pasar amablemente, les apunta con una escopeta, y dispara a uno de ellos. A partir de ese instante, el individuo procede a explicar sus razones, mientras todos se preguntan cuál puede ser el próximo. Adolfo Fernández dirige y protagoniza esta obra en la que también participan Juan Codina y Susana Abaitua entre otros. 

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*Para consultar fechas y horarios, lo mejor es pasarse por la web del Teatro Lara.

Nuria González: “La primera vez que me subí a un escenario supe que algo había cambiado en mi vida”

Nuria González nunca quiso traspasar la Cuarta Pared. La aterraba la idea de enfrentar su mirada a la del espectador. Ahora en Taitantos ha conseguido que la mirada del público sea su mejor cómplice. Sola sobre el escenario se mete en la piel de una bloguera de moda que a sus taitantos ve como se su mundo cae ante sus ojos. La actriz se prepara en el camerino, donde se da los últimos retoques. Un personaje a años luz de una actriz que admite vivir lo más ajena posible de la parte de imagen que tiene su profesión: “Soy un poco antiestética y cuando me siento observada tengo una inseguridad muy grande”. Esta actriz, cuyo lugar natural es el escenario, se ha movido con igual soltura en la televisión y en el cine, donde tuvo uno de esos escasos personajes de enjundia para mujeres de cierta edad: Mataharis. Y si no hubiese sido actriz, ¿Qué profesión hubiese ejercido con gusto? Jardinera. Con la protagonista de Tres de Juan Carlos Rubio charló por primera vez DESDE MI BUTACA. 

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La obra también está triunfando fuera de España, ¿Qué cree que tiene Taitantos para que funcione tan bien?

Es un tema universal, a todo el mundo le implica ya sea física o intelectualmente.

¿Cómo se consigue tras más de un año que la función conserve la frescura?

Debes tener la sensación de que es la primera vez que haces la obra. Dejar que salga el personaje a la vez que lo va conociendo el público. No te puedes ceñir a un esquema prefijado. Sigo las directrices de Coté Soler, pero es mejor que nazca el personaje en cada representación.

Estrenó en uno de los teatros más emblemáticos de Madrid, el Lara…

Fue muy especial, el equipo es maravilloso. Ensayamos allí en una sala que tienen para ensayar. Es un lugar mágico. Cuando se enciende el patio de butacas al final de la función, es estremecedor. Es un lugar tan bonito… Es una verdadera joya.

Las actrices se quejan de que llegadas a cierta edad las cuesta encontrar papeles con enjundia, ¿Cómo se siente Nuria González a sus taitantos?

Yo no me puedo quejar. Susana es un personaje de mi cuerda al que puedo interpretar con gusto. La temática de la mujer madura ha pasado muy desapercibida. Hay una abuela o una señora que cocina, pero no suele ser el centro de atención. Escasean los papeles protagónicos de mujer madura. En una serie, puede haber una única mujer de edad protagonista y en cambio hay un puñado de jovencitas. Con los hombres es diferente. Con cincuenta pueden ser un galán, un maduro interesante. Una mujer de esa edad tiene que estar muy bien para resultar seductora.

Ha dicho que “En el teatro el público ve a través de los ojos del personaje”, ¿Se ha acrecentado esa sensación con un montaje tan ‘desnudo’ como éste?

Naturalmente, en esta obra he necesitado la compañía del público más que nunca. Cuando no tienes compañeros en escena te falta una energía y unos estímulos que te envían y que son distintos cada día. En los ensayos, estar sola me daba mucho miedo. Cuando empezó a venir el público, la cosa cambió. El público lleva la respiración de Susana. Poder sentir el aliento del público y poder mirarlo a los ojos es mágico. Nunca había sentido esa sensación. Yo era la típica actriz que no quería hacer cabaret para no romper la Cuarta Pared. Me daba mucho respeto mirar a los ojos al público. Tengo la suerte de ser miope y eso creo que ha hecho que me atreva aún más. En sus rostros nebulosos sí que veo las sonrisas de la gente y sus emociones. Estos son los estímulos que utilizo.

Aquí y ahora, ¿Por qué el teatro es un buen lugar para contar historias para Nuria González?

Yo quise ser actriz para trabajar en el teatro. Me vine a Madrid para subirme al escenario. Luego he hecho de todo. He aprendido mucho en la televisión de hecho. El cine es fascinante también, pero el teatro es la cuna, es el lugar en el que yo elegí estar. Yo quería contar historias en el teatro, un templo en el que se reúne gente para vivir una misma historia. Es comunicación con mayúsculas. Es muy poco habitual en nuestra cultura que se den estas circunstancias. En el teatro se realiza la comunión, vivimos todos una misma historia y eso produce auténticas estelas de energía.

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La actriz dándose los últimos retoques.

Tres, La monja alférez y 9 minutos la han unido al nombre de Juan Carlos Rubio, ¿Siente que comparte la misma mirada sobre este oficio?

Juan Carlos Rubio está en mi vida, es mi amigo, mi hermano. Primero fue un guionista al que no conocía. Hizo el guión de la película El calentito y de varios episodios de Manos a la obra. He hecho televisión, cine y teatro con él. Al principio no le conocía, pero luego he tenido la suerte de compartir con él varias experiencias teatrales. Juan Carlos tiene el talento, la humildad y la generosidad. Es muy difícil que un director te comprenda con solo mirarte y él tiene esa cualidad. Tiene un grado de empatía con el actor muy grande. No solo por haber sido actor, no todos valen para dirigir. Él es un milagro de comunicación para los actores. Te pone en antecedentes y trabaja por delante de tus inseguridades. Si te dice que te subas a una montaña rusa, lo haces encantada.

Fue mala, malísima en el programa El rival mal débil, ¿Llegaron a tenerla miedo los espectadores?

Desde luego. La gente se piensa que soy una hija de puta integral. En el fondo, el actor trabaja con todas sus emociones. Con su risa, con su llanto y por supuesto con su mala leche. De algún lado tuve que sacar las malas pulgas del personaje. La gente está precavida y con motivos además. Lo bueno es que llegué a ese tipo de público que sólo ve concursos.

Da la impresión de que vive un poco ajena a la parte más expuesta de este oficio, ¿Qué suponen las alfombras rojas para Nuria González?

Me verás en pocos photocalls. Sólo voy cuando tengo que promocionar un trabajo. Yo no se posar, me pongo en modo sonrisa congelada. Esa preocupación de qué tienes que ponerte es un poco pesado. Aparecer en público sin personaje no me gusta. Lo hago, pero no me gusta. Yo no me maquillo, me peino por obligación… Soy un poco antiestética y cuando me siento observada tengo una inseguridad muy grande.

Aunque cueste encontrar personajes buenos para mujeres de cierta edad el cine le granjeó un gran personaje en Mataharis

Disfruté tanto haciendo un personaje tan contenido, tan caracol. Es un trabajo que no había hecho. Suelo hacer personajes muy seguros. Ella era insegura, antigesto. Carmen era un personaje para coger con algodones. El elenco era maravilloso tanto como el personaje y la directora.

Y volvió a coincidir con Fernando Cayo, actor con el que coincidió en Manos a la obra

Desde luego. Es un actor maravilloso, toca las cosas de una forma… Me encanta verle cómo se mueve en los espacios, cómo los posee con una facilidad impresionante.

De pequeña, ¿Nuria González dijo aquello de mamá quiero ser artista?

No, yo era de ver Estudio 1 y admirar a gente como Lola Herrera, pero nada más. En Málaga, el teatro estaba cerrado y se usaba como cine. Cuando lo abrieron, empecé a ver funciones. Me gustaba más escribir. Me subí al escenario por casualidad a los 17 años y en ese momento supe que algo había cambiado en mi vida. Un amigo estaba montando un grupo de teatro y necesitaba chicas y así empecé. Allí me encontré a la persona que me dijo que estudiara Arte Dramático, Leovigildo García Molina. Él me dijo que podría vivir de este oficio y en ese momento me hizo el favor de mi vida. Ese grado de confianza que tenía en mi fue lo que me hizo dedicarme a esto. Yo no creía en mis posibilidades y no sabía que se podía estudiar. Te contaré que yo estudiaba en Málaga música y ballet y estaba en el mismo edificio. Escuchaba voces raras, pero no sabía que eso era teatro. Yo estaba a mis cosas, a mi música y no me daba cuenta de nada. No fui una niña que quisiera ser artista de pequeña.

Ha comentado que el día que le deje de interesar esta profesión se meterá a jardinera…

Me encanta, ¡Te has leído todas mis entrevistas! Llegó un momento en el que me di cuenta de que no sabía hacer otra cosa que actuar. Me planteé volver a la radio, pero lo pensé bien y caí en la cuenta de que la cosa iba a estar igual de complicada que en el teatro. Lo pensaba con presión hasta que un día relajadamente me pregunté qué podría haber sido yo con placer si no hubiese sido actriz. Podría haber sido feliz sin haber probado el veneno del teatro si me hubiese hecho jardinera, pero una vez que pruebas esta droga eres incapaz de desengancharte.

¿Con qué tipo de proyectos le gustaría seguir ‘jugando’ a esta profesión a Nuria González?

En pocos montajes he tenido tanta sensación de juego como en La monja alférez. Jugábamos a las espaditas, a las luchas, a hacer magia… Era una paliza muy grande, pero todo se hizo jugando y a la vez trabajando muy duro. Me gustaría hacer cosas muy distintas. Estoy muy motivada con una serie de televisión, Rabia, para Telecinco. Es de género. Yo sólo había hecho una Película para no dormir. Y la verdad es que me encanta. Soy espectadora de terror, me encanta. Si no produce lo que quiere, el terror es desternillante y eso me parece maravilloso.

Natalia Millán, Marta Valverde y Alberto Vázquez nos proponen un trío en Santander

El ciclo de teatro estival Talía de Santander tendrá un broche de oro. Sin duda será la cita más especial del verano en el CASYC. El próximo viernes 22 a las 21:00h y el sábado 23 de agosto a la misma hora podremos disfrutar de tres estrellas indiscutibles del musical: Natalia Millán, Marta Valverde y Alberto Vázquez que contarán y cantarán sus vidas artísticas en ¿Hacemos un trío?, Algo más que un cabaret.

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Ellos debutaron juntos en My fair lady.  Son tres actores de personalidades magnéticas, distintos, que se complementan a la perfección. La fuerza de Marta Valverde, la voz sensual de Natalia Millán y el toque de galán que pone Alberto Vázquez. Se nota que son amigos, eso tan difícil en una profesión tan competitiva como es la de actor. Durante hora y media se hilvanan las anécdotas con un puñado de buenas canciones que profesionalmente y personalmente han marcado sus carreras. Incluso hay momentos emotivos. Y también para la risa, esa escena de la radionovela es uno de los momentos cumbre del espectáculo. Cantan y cuentan una vida entre cajas desde las primeras pruebas con un “Me cogerán a mi?”, a laureados éxitos como Mamma MiaCabaret. Una cita imprescindible para los amantes del musical en Santander.

Llega “Sobre los perjuicios del tabaco” con Ramón Barea a la UIMP

Continúa el ciclo Noches de la Biblioteca que cada año organiza la Universidad Internacional Ménendez Pelayo con el actor y Premio Nacional de Teatro Ramón Barea. El próximo lunes 18 de agosto a las 22h en los Jardines de la Biblioteca Menéndez Pelayo de Santander presentará Sobre los perjuicios del tabaco

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Este texto de Antón Chéjov es un juguete tragicómico, donde con el pretexto de una conferencia sobre el tabaco, el personaje filosofa entre efluvios etílicos y ataques leves de melancolía sobre la vida, la felicidad, el ser humano, la convivencia y la mediocridad. Un “pequeño texto” un “texto menor” de Chejov que tiene en esta tercera versión inédita un  sabroso gusto agridulce que lleva a la emoción y a la risa desde el envoltorio de una conferencia “por encargo”.

Jesús Cimarro: “Apelo a la sensibilidad del gobierno para que baje el IVA cultural”

Cuando Jesús Cimarro era sólo un adolescente ya tuvo sus primeras experiencias en la gestión en su Ermua natal. Recuerda que con sólo 16 años contrató al tristemente desaparecido Álex Angulo, que formaba parte de la compañía Karraka de Ramón Barea. Muchos años después de aquellas primeras experiencias y de aquella emoción que sintió viendo a Lola Herrera en el Campos Elíseos de Bilbao, Jesús Cimarro es desde hace 26 años figura referente en la producción teatral al frente de Pentación. De hecho, su Manual de producción, gestión y distribución del teatro se ha convertido en la particular Biblia de todos aquellos que quieren iniciarse en el mundo de las artes escénicas. Desde 2012 ha sabido combinar calidad artística y rentabilidad económica al frente del Festival de Mérida, al que han vuelto por fin los espectadores de forma masiva. Con la mirada puesta en nuevas producciones como El hijo de la novia y Olivia y Eugenio nos atendió por primera vez DESDE MI BUTACA. 

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Como director del Festival de Mérida, busco que todo el público pueda sentirse identificado”, ¿Cómo se consigue eso a la hora de confeccionar una programación?

Quise de alguna forma recoger todos los tipos de espectáculos que se habían programado en la historia del festival. Empecé con ópera, danza, música y, por supuesto, con el grueso de teatro, tanto comedias como tragedias. Hemos tenido una programación paralela, un Off en la programación que ha utilizado espacios que nunca habían formado parte del festival. Además, hemos tenido exposiciones como la del milenario del Emperador Augusto y la de la Agencia Efe. Hemos incluido un documental, charlas y conferencias también. Con la programación, hemos intentado que el público se sintiese identificado con alguno de los espectáculos que se han programado.

Se puso al frente en 2012 de un festival que era un desastre económico, ¿Cómo ha conseguido que esa situación cambie?

Cuando yo tomé las riendas del festival, tenía una deuda de 4.500.000 euros. Con una gestión complicada, el público había dado la espalda al festival. En 2011 había 42.000 espectadores y este año podemos presumir de que vamos a superar los 75.000 espectadores que tuvo la edición de 2013. La clave del éxito creo que ha estado en que hemos recuperado la esencia grecolatina del festival. También creo que tiene mucho que ver en que hemos apostado por espectáculos que puedan llegar a un público masivo. No hay que olvidarse que el teatro romano tiene 3000 localidades, el más grande de España. Hay que producir para ese espacio. Se arriesga mucho. Si no aciertas, te metes una ostia muy gorda. Si van 500 personas, tienes una sensación de fracaso muy grande. Hemos conseguido que el público se interese por nuestros espectáculos. El dato de El eunuco es cuanto menos esclarecedor: 15.420 espectadores, récord absoluto del festival. Hemos tenido que ampliar el aforo en hasta 100 personas por función. Otro motivo claro es la intensiva campaña de comunicación y promoción que hacemos del festival. Empezamos muy pronto y ya sabemos en qué comunidades tenemos que hacerla más intensa. Gracias a la venta con tarjeta de crédito sabemos de donde vienen nuestros espectadores. Casi 18.000 son de fuera de Extremadura. Madrid, Sevilla y Salamanca son las ciudades de las que más gente viene y eso nos permite focalizar nuestras acciones de comunicación y promoción en ciudades como esas.

"El eunuco", gran éxito del Festival de Mérida.
“El eunuco”, gran éxito del Festival de Mérida.

Y en ese ambicioso proyecto que emprendió de revitalizar el festival, ¿Qué lugar ocupan los Premios Ceres?

Consolidar unos premios es de las cosas más difíciles que existe. Creo que son creíbles para la profesión por ser entregados por la crítica especializada. Estos premios se realizan en un marco incomparable y cuando la gente ve la gala por televisión quiere venir a ver una obra de teatro.

Me comentaba Marcos Ordóñez hace una semana que para que él como espectador “no tosiese” lo que tenía que haber encima del escenario es verdad, ¿Comparte esa visión del mundo del teatro?

Desde luego, lo más importante que tiene que haber encima de un escenario es que haya verdad, ya sea una risa, una lágrima… Lo que se haga tiene que ser hecho con verdad y rigor. Si no es creíble, el espectador no va a ir al teatro a ver un espectáculo.

Ha hecho suya una frase de Wystan Hugh Auden: “Sí, la crisis es bastante seria, pero nunca la controlaremos si nos lanzamos ciegamente de un lado para otro, en obediencia a los frenéticos gritos de pánico”, ¿Cómo ha conseguido huir de esos frenéticos gritos de pánico con lo que está sufriendo el teatro?

Lo que he hecho es que esa crisis sea una ventaja, desarrollar la imaginación tanto en la parte de la gestión como en la parte artística. Esa simbiosis de ambas facetas ha hecho que el público se interese por nuestros espectáculos. Y cuando eso ocurre, no hay crisis que valga. Estamos jugando con unas circunstancias terribles como el 21%. Cada vez que tengo oportunidad apelo a la sensibilidad del gobierno para que bajen el IVA al 10% para parecernos a los países de la zona Euro. Es muy difícil que salgamos adelante si no hay una sensibilidad por parte del gobierno central. A pesar de habernos apretado el cinturón muchísimo, es difícil seguir adelante con esa traba del 21%.

Al frente desde hace 26 años de Pentación, ¿Cómo se consigue equilibrar la balanza entre calidad artística y la necesaria rentabilidad económica?

Es un milagro. Las industrias culturales producimos cultura y tenemos que interesar a la ciudadanía, que tiene unos gustos muy variados. Por eso nos empeñamos en apostar por distintos tipos de espectáculos, para que puedan acudir muchos tipos de público a nuestras representaciones. En esa variedad siempre hay espectáculos que atraen al público.

En estos tiempos difíciles, ¿Cuál debería ser la función del teatro público para Jesús Cimarro?

Debe llegar a donde no llega la iniciativa privada. Soy un defensor del teatro público en su justa medida. Por supuesto que creo que deben existir el Centro Dramático Nacional y la Compañía Nacional de Teatro Clásico, pero todo lo demás debería ser gestionado por la iniciativa privada, que no es más que una sociedad civil capaz de desarrollar muchísimas iniciativas por si mismas o en colaboración con la iniciativa pública. Yo abogo por la colaboración público-privada. Como ejemplo está el propio Festival de Mérida, que es público, pero está gestionado por la iniciativa privada, cumpliendo eso sí con el mandato de un patronato público. En definitiva, soy partido de que exista una iniciativa privada, pública y una gestión mixta.

Como productor, ¿Cómo es lidiar con un colectivo tan sensible y dado a las fricciones como es el de los artistas?

Teniendo muy claro que la materia prima de las artes escénicas son las personas y que hay que tratarlas sabiendo lo que quieren exactamente. Cuando nos embarcamos en un proyecto, tenemos que remar en la misma dirección. Si vamos en la misma dirección, los espectáculos salen muy bien.

De cara ya a la próxima temporada, Juan José Campanella me comentaba que su adaptación de El hijo de la novia es la única a la que han dado el aprobado…

Desde luego que es un privilegio. Estamos muy contentos de poder ser parte de ella. El día 10 de septiembre estrenamos en el Campos y el 17 viene al Bellas Artes de Madrid. Creo sinceramente que otro plato fuerte de la temporada será Olivia y Eugenio, que va a suponer un antes y un después en la carrera de Concha Velasco. La estrenamos el 26 de septiembre en el Teatro Municipal de Zaragoza y vendrá en noviembre al Teatro Bellas Artes de Madrid. El aliciente de la obra está en ver a Concha Velasco sobre el escenario con un actor con Síndrome de Down. Va a ser un duelo escénico bastante importante. Ya han empezado los ensayos la semana pasada y te puedo decir que Concha está muy ilusionada y con muchas ganas de trabajar.

El equipo de "El hijo de la novia".
El equipo de “El hijo de la novia”.

¿Qué queda en el Jesús Cimarro de hoy de aquel chaval de 17 años que se emocionó viendo a Lola Herrera y sus Cinco horas con Mario en el Campos Elíseos de Bilbao?

La verdad es que la pasión por el teatro ya venía de antes. Con 15 años había montado con unos amigos del Instituto el primer taller de teatro municipal de Euskadi, en Ermua. Me encargaba de la organización, programaba en el teatro del pueblo. Entonces no se hablaba de gestión ni de producción. Con la muerte de Álex Angulo me acordé el otro día de que habíamos contratado a Karraka, en la que las figuras eran Ramón Barea y Álex Angulo. Los contraté con 16 años. Queda la misma esencia de aquellos años, las mismas ganas de sacar adelante el mundo de las artes escénicas, pero con la experiencia que dan los años.

Las barricadas de “Los Miserables” se instalan en el Euskalduna

Las fiestas de Bilbao son una parada obligada para las grandes producciones teatrales año tras año. Los musicales de Stage Entertainment con títulos como Chicago o La Bella y La Bestia no suelen faltar a la cita con Aste Nagusia. Este año serán Los Miserables los que invadan el Palacio de Euskalduna del 21 de agosto al 6 de septiembre. 

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Parece un sueño, ¿Alguien podría imaginarse hace solo unos años que un musical como Los Miserables podría girar por España? Sin duda, esta nueva producción presentada hace un año en Santander parte del interés de Julia Gómez Cora, Directora General de Stage Entertainment, por acercar el teatro musical al público de toda España, a aquellos que no han podido viajar a Madrid y Barcelona a disfrutar de espectáculos de esta magnitud superlativa. 65.000.000 de espectadores en todo el mundo no pueden estar equivocados. Los Miserables llega a Bilbao tras el éxito de una gira que ha hecho parada en plazas tan reputadas como el Liceu de Barcelona, siendo el primer musical al que se han abierto las puertas de este templo de la lírica. Lideran el reparto Ignasi Vidal, Nicolás Martinelli, Felipe Forastiere, Armando Pita, Guido Balzaretti, Lydia Fairén, Elena Medina, Eva Diago y Carlos Solano bajo la dirección de Daniel Anglés y la dirección musical de Arturo Díez Boscovich.

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