Blanca Portillo: «La televisión no es un seguro de continuidad»

Es difícil contar algo nuevo sobre alguien como Blanca Portillo. Me podría referir una vez más a su trayectoria ascendente en teatro, cine y televisión. Podría decir que ha trabajado con Almodovar, Tomaz Pandur o Milos Forman entre otros. Podría citar incontables premios como el Nacional de Teatro. Creo que todo ello la hacen merecedora de ganarse el sobrenombre de ‘La Portillo’, como las grandes, al más puro estilo de Nuria Spert. Ella pasará a la historia de nuestra escena no solo por sus trabajos en los que demuestra una y mil veces su superlativo talento, sino por el amor que profesa por su oficio. Y parece hacer suya la frase de su querido Asier Etxeandia: «Para mí el amor es un teatro lleno». Y precisamente, sobre las tablas comparte emociones o, mejor dicho, risas con Fisterra, un texto que se podrá ver el viernes y el sábado en el Teatro Campos Elíseos de Bilbao. Un lujo que sea la segunda en pasar por Tras la emoción compartida.  Pero no se olvida de su Segismundo, que retomará en el Pavón el 19 de marzo. No sabemos si todo podría haber sido un sueño desde que la empezamos a querer en 7 Vidas, pero lo que no queda ninguna duda es que si ella ha llegado a lo más alto es gracias a su constancia y saber hacer encima de los escenarios. Un placer tenerla DESDE MI BUTACA 6 años después, ¡Cómo pasa el tiempo!, de que la entrevistase en un céntrico hotel santanderino durante las representaciones de Afterplay.  Siéntense en sus butacas y disfruten de la pura sabiduría de esta maga de la escena.

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Fotografía de Javier Naval.

Después de unos años, teatralmente hablando, en que la comedia no ha sido precisamente una cosa continuada en su carrera, ¿Por qué ha aceptado un proyecto como Fisterra?

Pues precisamente por eso. Porque llevaba mucho tiempo sin hacer comedia y me apetecía mucho volver a escuchar la risa del público.

Se incorpora además con la peculiaridad de que el montaje estaba ya muy rodado, ¿Ha sido difícil amoldarse a alguien como Ángeles Martín que ya tenía el espectáculo ‘rodado’?

Todo lo contrario. Trabajar con Ángeles es muy fácil y, además, es una gran profesional, consciente de que, cuando un actor nuevo se incorpora a un espectáculo ya hecho, eso influye en su trabajo. Se ha adaptado y me ha regalado momentos maravillosos. Es una gran compañera y una gran profesional.

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¿Qué siente Blanca Portillo Tras la emoción compartida en Fisterra? ¿Se lleva supongo una energía muy diferente a la que tenía con La vida es Sueño no?

Lógico, son obras muy diferentes y personajes muy distintos. No se pueden comparar. Fisterra me deja una energía muy lúdica, con una satisfacción enorme por escuchar la risa del público.

Volviendo precisamente al Segismundo, le ha traído un reconocimiento que, supongo, tendrá como uno de los más queridos de su carrera, el Premio Nacional de Teatro, ¿Qué le vino a la cabeza cuando le dieron esa noticia?

Pues la verdad es que no me lo creía. Fue muy emocionante. Pero no creo que sea el premio más querido. Tengo la fortuna de haber recibido unos cuantos y todos ellos tienen algo muy especial para mí.

Viendo el éxito de Carmen Machi o el suyo propio y el de tantos actores de 7 vidas, ¿Piensa que esa serie ha sido «el mejor trampolín» para dar a conocer a muchos intérpretes que sin la ayuda de la tv no hubiesen llegado a ser lo que son hoy?

Es obvio que la televisión la ven muchas más personas, eso es un hecho incuestionable. Pero creo que también influyó el hecho de que, en Siete Vidas, éramos todos gentes de teatro, con un curriculum detrás y eso, junto a unos excelentes guiones, hizo que mereciera el cariño y el respeto del público. Yo, personalmente, no sé si no hubiese «llegado a ser lo que soy”. En cualquier caso, lo que hubiera sido, estaría bien. Pero le aseguro que la televisión no es un seguro de continuidad profesional, ni muchísimo menos. Cuando la gente valora una serie, luego hay que seguir trabajando y haciéndolo bien, porque si no no llegas a ningún lado, desapareces…

Su trabajo de construcción de personaje en la reciente Niños robados demuestra que se pueden hacer grandes trabajos en la pequeña pantalla, ¿Qué nota le pondría a nuestra ficción?

En televisión se pueden hacer grandes trabajos. Yo creo que tenemos una muy buena ficción, prueba de ellos es que son muchos los países que compran nuestras series y se está empezando a coproducir con otros países. Es injusto que no sepamos valorarla. Yo le pongo una nota alta, sin duda.

Cine, televisión, pero ante todo TEATRO, ¿Por qué el teatro es un buen lugar para contar historias para Blanca Portillo?

Porque el público está ahí, a tu lado, para decirte si le has convencido o no.

Y si miramos hacia el futuro, ¿Qué proyectos tiene y con que proyectos sueña?

Sueño con lo mismo que soñaba cuando salí de la Escuela de Arte Dramático: seguir trabajando en esto. Y proyectos… pues… muchos, ¡Afortunadamente! Dados los tiempos que vivimos es un auténtico lujo.

La Firma Invitada: José Pascual Abellán

José Pascual Abellán es un dramaturgo español que actualmente tiene en cartel Versus, jueves y viernes en el Teatro del Arte a las 20h. Él es el padrino de esta nueva sección DESDE MI BUTACA en la que los protagonistas de la actualidad cultural contarán en primera persona sus proyectos. Arriba el telón.

Versus es la historia de dos hermanas que se ven semanalmente en las comunicaciones orales de una prisión. Una de ellas ha matado a un hombre y esperan en preventiva a que llegue el día del juicio, y la condena…Pero no es la condena lo que más les preocupa. Camila y Claudia aprovechan estos encuentros semanales de veinte minutos para intentar hallar la respuesta a otros interrogantes de su vida: el amor, la infelicidad, la familia… Las separa una lámina de metacrilato, y se escuchan a través del hilo telefónico de los interfonos. Una obra sobre la libertad y el cautiverio. Un debate sobre la cárcel y la vida fuera, más allá de las rejas de la prisión…Y una historia donde también están presentes la culpa y la fuerza de los vínculos. Es la historia de dos hermanas que son mucho más que eso… El proceso de ensayos ha sido largo y complicado. La obra conlleva un riesgo. Las actrices están sentadas prácticamente toda la obra. Durante una hora y cuarto ambas hablan por el teléfono pegadas a la lámina transparente, y ensayar eso para que se sostenga, para que no quede plano ( al no haber movimiento ) es muy complicado, y conlleva una exploración exhaustiva de la emoción, de los giros, de las licencias que te permite el texto. Y eso ha sido lo más complicado. Por otro lado, trabajar con las actrices, Raquel Saiz y Giovanna Torres-Arteche ha sido muy fácil y gratificante, por su disciplina, su colaboración y su implicación. Ha sido un proceso de constante búsqueda porque nos encontramos ( yo también, a pesar de haberla escrito también ) con unos personajes llenos de historia, de historias, llenos de rincones y atajos que no conocíamos y que nos han obligado a estudiarlos muy bien para llenarlos de vida y ponerlos en pie. Por mi parte, además antes de empezar los ensayos pedí un permiso en una prisión y estuve «encerrado» un día. Estuve en una celda, en las comunicaciones orales, en los patios, el comedor… Quería conocer la cárcel por dentro, y comprobar, como pude hacerlo, que la cárcel, como la muerte, forman parte de la vida y que no están muy lejos de ella.

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Carlos Santos: «No me siento encasillado»

La televisión suele marcar. Durante años, un actor se mete en la piel de un personaje con el que los espectadores suelen identificarlo. Carlos Santos llegó a millones de hogares con su entrañable Povedilla en una conocida teleserie, pero ha tenido la suerte de labrarse una carrera que le ha permitido ir más allá de personajes que podrían asemejarse al de su éxito televisivo. En pleno rodaje de la serie que le lanzó a la fama, Los hombres de Paco, trabajó en una película como También la lluvia. Y después han llegado proyectos como Miel de naranjas y El negociador, un micromontaje en el que comparte tablas con Cecilia Solaguren y Ricardo Reguera, cuyas entrevistas podéis disfrutar en nuestro podcast.  Desde hoy podrás verlo además en la exitosa El tiempo entre costuras y muy pronto en Lolita Cabaret, la que promete ser una de las series de la temporada. Y aún le queda tiempo para embarcarse en otro proyecto teatral, La vida resuelta, que llegará en 2014 a Madrid.

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Microteatro en gira con El negociador, otra función de teatro, televisión, ¿Cómo se organiza un actor como Carlos Santos para encajar las piezas de este particular puzzle artístico?

Se organiza uno. Cuando el texto es tan atractivo como El negociador de Bárbara Alpuente, sacas el tiempo como sea. No es una cosa para vivir de ella, lo hacemos por gusto. A veces puede resultar agotador, pero merece la pena. A veces digo que no a cosas con las que ganaría dinero, simplemente no me motivan. Hacer algo como este microteatro es maravilloso. A Ceci ya la conocía y es un placer repetir con ella y con todo el equipo. Hemos tenido la suerte de que han ido saliendo bolillos por ahí de manera casual, sin pretenderlo.

La otra función en la que andas enfrascado ahora mismo es La vida resuelta

Se estrenó en San Javier delante de 800 personas que interrumpieron cinco veces para aplaudir . Es también el primer guión de unos guionistas de televisión y cine, como en el caso de El negociador. David Sánchez Olivas y Marta Sánchez, artífices de éxitos como Áida, Fuera de carta, Los Serrano…me lo ofrecieron y tener una compañía murciana era un aliciente extra para aceptarlo. En principio, esperamos hacer temporada en Madrid pronto.

¿Por qué el teatro es un buen lugar para contar historias para ti?

El teatro es igual de bueno que el cine o la televisión. No me interesa tanto el medio como que sea una buena historia. El medio es lo de menos, como dice mi amigo Pepe Sacristán. Siempre que se puede se ‘funciona’ así. Yo no soy un purista de esos que solo ama el teatro. Yo he aprendido muchísimo de mi mismo como intérprete de la televisión. El teatro es la cuna, la base, todos empezamos encima de un escenario. Lo que lo hace especial es el tú a tú con el público, la interacción, sentir su reacción en directo lo convierte en un termómetro muy interesante. Para los creadores de La vida resuelta era su primera experiencia teatral y comentaban que les encantaba tener un audímetro en vivo, pudiendo captar sus reacciones en vivo y en directo. En cine y en tele tenían que esperarse a las críticas y a las cifras.

Pocas veces habrás aprendido tanto en televisión como en una producción como El tiempo entre costuras supongo…

Nunca se ha visto un nivel de producción así en nuestra televisión. La sensación cuando la rodamos hace dos años, ya cuesta hasta acordarse, era la de hacer cine para televisión. Toda la producción puesta al servicio de este guión era idéntica a lo que viví en películas como Miel de naranjas o Y también la lluvia. No se hizo como tele. La gente ha sabido valorar un gran trabajo desde luego.

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Povedilla te convirtió en un icono televisivo, ¿Ha tenido miedo Carlos Santos al encasillamiento?

El espectador evidentemente me identifica con Povedilla, entraba en sus casas durante casi cinco años. No me recuerdan por las películas que he hecho. Solo puedo agradecerlo, es el personaje que me dio a conocer después de muchos años de trabajo. La verdad es que yo en ese sentido creo que he tenido suerte. En pleno rodaje de Los hombres de Paco hice algo tan distinto como También la lluvia y luego he tenido la suerte de hacer trabajos tan maravillosos como Miel de naranjas. Afortunadamente creo que los directores de casting han sabido ver en mi trabajo en Los hombres de Paco otras cosas. No tengo una sensación de encasillamiento.

¿Qué proyectos tienes y con qué proyectos sueñas?

Quiero seguir contando buenas historias, buenos personajes en el terreno que sean, que sean nuevos retos. Estoy embarcado en la serie Lolita Cabaret, estoy otra vez con el equipo de Los hombres de Paco y me siento como en casa. Estoy rodeado de unos compañeros fantásticos como Luis Varela, Natalia Verbeque, Beatriz Carvajal… Somos 18 actores fijos, muy amplio el reparto. Empezamos en julio a grabar, nos queda un mes de rodaje. Hay muy buenas vibraciones en esta serie que cuenta con una gran producción detrás. Los jefes ya han visto el primer episodio y parece que han quedado encantados, cosa nada habitual, todo sea dicho de paso. Se ha construido un teatro cabaret espectacular en un set de rodaje. La gente lo va a ver y van a pensar que es un teatro de verdad. Estoy encantado con rodar esta serie y siempre busco un huequecito para embarcarme en locuras como El negociador.

*Puedes escuchar las entrevistas a Ricardo Reguera y Cecilia Solaguren en nuestro podcast.

Blanca Portillo se reencuentra con la comedia 10 años después

Tras ganar el Premio Nacional de Teatro por su excepcional Segismundo, Blanca Portillo decidió dar un golpe de timón y sorprender a propios y extraños con un proyecto como Fisterra, en el que además sustituiría a Eva Hache, una intérprete cuyo perfil no tiene nada que ver con el de una actriz como «La Portillo». Sobre las tablas la acompaña otra actriz de sobra conocida, Ángeles Martín, que, casualidades de la vida, también sustituye a la actriz que en principio iba a interpretar el personaje, Ana Diosdado. Pero no quiero que esto parezca una crónica de sustituciones, que quede claro, es más, seguro que tienen una química maravillosa. Y la batuta de este espectáculo la lleva Víctor Conde, sí, el mismo que encadena montajes tan dispares como El último jinete, Olvida los Tambores o el recién estrenado The Hole 2, que ya estoy deseando ver. El texto lo firma Ferrán González, el libretista de esa joya del musical off llamado Pegados.  Las risas están aseguradas en esta road movie que está arrasando por toda España. Incluso en algunas ‘plazas’ repite. El Teatro Campos Eliseos de Bilbao ya programó la función hace unos meses y la próxima semana vuelve con la incorporación de la protagonista de La vida es sueño en funciones el viernes 8 y sábado 9 a las 20h.

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Pero, ¿De qué va Fisterra?

La trama se sitúa en Pontevedra. Antonia, una mujer de mediana edad, pide un taxi para llegar a Finisterre y allí poder esparcir las cenizas de su difunto marido al mar, al fin del mundo. Paz es la taxista que por azar recogerá a Antonia y la acompañará a su destino. Todo parece normal, como cualquier viaje en taxi… Pero todos sabemos que cuando el viaje es largo, siempre aparece en escena algo que normalmente todos queremos evitar: una conversación con el/la taxista. Y aunque aparentemente Paz (una mujer joven y trabajadora, que dedica todas las horas de su vida a un taxi que le permite mantener a su marido y a sus dos hijos) no pretende nada más que acompañar a Antonia (una afectada viuda que intenta cumplir el último deseo de su adorable marido) hasta el destino deseado, la verdad, a veces, no se puede esconder por mucho tiempo… Y mientras una desconfía de la otra, la otra desconfía de la una, y poco a poco desconfianzas, verdades y mentiras salen a la luz.

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Escenario Cantabria: Cartas de las golondrinas, El negociador y La Cantante Calva

Tres interesantes propuestas abren esta mirada a las salas de Cantabria. El Palacio de Festivales de Cantabria, Escena Miriñaque y Café de las Artes protagonizan la actividad escénica de esta semana.

La primera cita será mañana jueves a las 20:30h en la Sala Pereda del Palacio de Festivales. La compañía cántabra Escena Miriñaque representará Cartas de las golondrinas, reciente Premio Max al espectáculo revelación. Una obra protagonizada por Noelia Fernández y Esther Aja bajo la dirección de Blanca del Barrio. El espectáculo se documenta en la íntima correspondencia que los emigrantes españoles mantuvieron con sus raíces y sus gentes Textos epistolares con factura contemporánea e imágenes poéticas. Fragmentos, relatos personales que hablan de separación, de nostalgia pero también de esperanza, de oportunidad, de identidad.Alejarse, quedarse, volver, partir…porque la historia se repite casi nadie recuerda la otra historia. A principios del siglo 20, millones de españoles salen del país empujados por la necesidad. Su destino: las Américas.

Con la ilusión de un futuro mejor se desarraigaron de sus tierras, ellos fueron los emprendedores y temerarios españoles en las Américas: labriegos, carpinteros, pescadores, torneros, maquinistas, alfareros, curtidores, intelectuales. Y ahora, porque la historia se repite, asistimos a un nuevo éxodo. Escena Miriñaque investiga las similitudes con los actuales inmigrantes en nuestro país, ahora territorio de Europa. Porque todos hemos sido y seguiremos siendo, pasajeros de un infinito viaje circular. Casi nadie recuerda la otra historia.

Ya el viernes y el sábado a las 20:30, 21 y 21:30h en el Café de las Artes Teatro conoceremos a El Negociador. Esta es una macrocomedia en tres microactos. Tres compañeros de trabajo esperan una reunión con su jefe en la que no saben si serán despedidos. Comienza la especulación y los planes temerarios. Cuenta con un reparto encabezado por Carlos Santos, conocido por su trabajo en la recordada serie Los Hombres de Paco. Le acompañan en escena Cecilia Solaguren y Ricardo Reguera.

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Cerraremos la semana conociendo a Boby Watson, a los Smith y a los Martin. Todos ellos llevan una vida inglesa anodina y aparentemente aburrida. Escena Miriñaque acogerá en su sala el próximo domingo la representación de la comedia primigenia del teatro del absurdo, La Cantante Calva de Ionesco, a cargo de la compañía Estudi Zero.

La única caricia

Empecé a conocer a mi padre el día en que murió…

En Las heridas del viento, David se enfrenta a la muerte de su padre en busca de respuestas, ¿Quién fue realmente ese gran desconocido? Y, de repente, encuentra unas cartas que le descubren una realidad que no sabe si está dispuesto a aceptar. «A mi padre por todo lo que no se de él» reza la emotiva y sencilla dedicatoria que Juan Carlos Rubio hace en esta gran carta de amor teatral. Su David, sumido en la perplejidad, no puede entender al hombre que le dedicó una sola caricia, que hoy parecer estremecerle. El texto de Juan Carlos Rubio, aplaudido en medio mundo, está dotado de un lirismo y una poesía, nada cargantes ni excesivos, que sumergen al espectador en el teatro más puro, el que dota a la palabra de emociones, sin ningún tipo de artificio. Solo las cartas, unas sillas y la música de un smartphone acompañan a nuestros protagonistas en este viaje a la emoción más pura. Para dar voz y carne a los dos protagonistas, Rubio se rodea de dos actores, cuya emoción maneja a la perfección. Dani Muriel está viviendo una etapa dorada en su carrera y eso es gracias a la variedad de trabajos que ha ido encadenando en los últimos meses. Las heridas del viento es un paso hacia adelante en su carrera. Muriel se enfrenta cara a cara a un texto que exige el 200% de implicación del intérprete y él pasa la prueba con nota, muy especialmente cuando se crece ante la emoción compartida de su partenaire en escena, Kiti Mánver. Es el trabajo de esta ACTRIZ un ejercicio de sutileza y buen hacer encima de las tablas. Mánver imprime al personaje un amaneramiento nada forzado, que solo subraya en momentos contados, cual pinceladas de ese gran óleo que es la interpretación de esta gran maga de la escena que llena de emoción y de magia el hall del Lara desde que lo pisa por primera vez. Poco más que añadir, solo invitarles a que no dejen de pasar ‘Los lunes al hall’ con este montaje que, estoy seguro y es justicia divina, tendrá un largo recorrido.

LAS HERIDAS

Esta historia podría acabar aquí, pero en esta nueva etapa os mostraremos el después de la función de algunos intérpretes, ¿Cómo se sienten justo después de que el telón caiga? En ese momento en que aún permanece la emoción compartida en escena. Nadie mejor que Kiti Mánver para abrir esta sección titulada Tras la emoción compartida

«¿De verdad vas a salir a la calle así con el pelo mojado?» le pregunta Juan Carlos Rubio a nuestra protagonista. Está frenética tras compartir con los espectadores a su Juan. Aún así, para un momento para contarnos DESDE MI BUTACA sus impresiones sobre este montaje, el quinto que hace con Rubio, en el mágico hall del Lara. Gracias, Kiti.

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¿Cómo se siente Kiti Mánver Tras la emoción compartida?

Ahora, aún con la emoción por esta katarsis en escena, solo puedo decir que me siento muy afortunada por esta experiencia. Tras más de cuarenta años de carrera me parecía imposible poder hacer un trabajo así. Juan Carlos ha insistido en que no le pusiese una energía parecida a la de mis trabajos anteriores. Me ha puesto en un lugar en el que me siento comenzando de nuevo. La incomodidad es muy buena para algo tan creativo como la interpretación. No hay que instalarse ni quedarse en lo fácil.

La gran cualidad de tu interpretación es la sutileza con la que afrontas el «amaneramiento» del personaje…

Eso estaba en la propuesta de dirección de Juan Carlos, solo le hemos puesto dos toquecitos en momentos concretos . Él quería hacerlo de una forma muy sajona, por así decirlo.

¿Qué le evoca a Kiti Mánver un espacio como el hall del Lara?

Es maravilloso trabajar en un espacio así. Descubres varias cosas. La gente tiene muchas ganas de reír, pero también de llorar un poco.  Son los sentimientos lo principal en esta historia que contamos al público. Esta obra hace que el público se plantee si ha dicho lo suficiente ‘te quiero’. Te pone en lugares de una gran sensibilidad. En un lugar tan mágico como éste me he dado cuenta que el público también necesita sentir ese tipo de emociones. Siempre se vende como lo máximo la comedia, pero una función como ésta demuestra que el público también viene a emocionarse al teatro.

Por último, ¿Qué le une a Kiti Mánver con sus dos compañeros de viaje?

Es mi quinto montaje con Juan Carlos, estoy a fuego con él. Me lleva de éxito en éxito y está sacando cosas maravillosas de mi como actriz. Es mi ángel de la guarda particular.  De Dani destacaría que he descubierto a un actor joven de estos que tienen una preparación de lo más óptima. Es un compañero de viaje estupendo. Para llevar a buen término este texto se necesita de un compañero con una sensibilidad parecida y que sea capaz de meterse contigo en esta particular burbuja emocional. Los trabajos con una química como la que tenemos nosotros dos son simplemente la bomba.

Como este no es un montaje cualquiera, DESDE MI BUTACA le vamos a dar una cobertura especial. Esta historia continuará con las entrevistas a Juan Carlos Rubio y Dani Muriel. Estad atentos.

Paco Azorín: «El escenario es el territorio del juego simbólico»

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Paco Azorín está detrás del éxito de Julio César, un montaje en el que parece que se han alineado todos los astros para sacar lo mejor del texto de Shakespeare. Él firma la dirección y la escenografía de una obra que llegará al Teatro Bellas Artes de Madrid en enero de 2014. Un año en el que Azorín encadenará interesantes proyectos como escenógrafo y director en producciones como la ópera La Voz Humana en los Teatros del Canal. 

¿Qué le atrapó a Paco Azorín de Julio César?

Todas las obras de Shakespeare me encantan, pero muchas de sus obras son complejísimas. No me atrevería con Hamlet, pero Julio César es una obra sencilla para los actores y para el público. El número de vocablos que salen de la boca de César es muy inferior al de otras obras del autor. Resumiendo muy someramente la obra, va de unos que quieren matar a Julio con sus razones y que, después de matarlo, nos dan los argumentos de por qué lo han hecho. 

En escena, has jugado al teatro más esencial, creando a partir de pocos elementos como un obelisco como eje central, representando el ascenso y caída de César…

El escenario es el territorio del juego simbólico. Yo no necesitaba grandes columnatas ni muchos figurantes para explicar esta historia tan sencilla. Efectivamente, el obelisco es el elemento principal de la puesta en escena, pero hay una docena más en la representación. Con un mínimo de elementos , conseguimos el máximo resultado. En definitiva, estamos haciendo un ejercicio de teatro puro.

¿Entendería de la misma forma el oficio de director Paco Azorín sin su formación como escenógrafo?

Desde luego que no. Como director no puedo quitarme de encima mi formación como escenógrafo. Quiero hacer crecer el montaje creando imágenes, sin necesidad de grandes alardes escenográficos.

¿Por qué el teatro es para ti un buen lugar para contar historias?

El teatro tiene algo de equilibrio mágico de proporciones. Tú puedes hacerlo perfecto y que no funcione, es algo impredecible. Quizás eso sea lo que me atrae de este oficio.

¿Qué crees que busca el público en una función como Julio César?

Julio César está interesando mucho al público no solo cuando lo ve, sino que mucho antes. El título, el reparto y el autor atraen de antemano al público que está agotando las entradas en todas las ciudades que estamos visitando. Yo creo que el público en tiempos difíciles busca cierta seguridad en que el espectáculo les vaya a interesar y nuestro espectáculo tiene los mimbres necesarios para enganchar.

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En tiempos difíciles para el teatro, supongo que será esencial contar con el apoyo en la distribución de una empresa como Pentación

Es esencial la colaboración de todos los que hemos participado en este montaje. Hemos conseguido que tanto producción como distribución, prensa y compañía rememos en la misma dirección. Pentación ha hecho un trabajo fantástico de distribución. Los bolos han salido a partir de que los espectadores viesen el estreno, que gustó mucho. Los astros se han alineado y hemos dado en la diana, aunque no tengo la fórmula del éxito.

Unos astros que se alinearían en noches tan mágicas como las que vivisteis en Mérida supongo…

Allí se alinearon todos los astros. Actuar en un edificio con sus 2000 años de historia a sus espaldas es maravilloso. Un edificio de la época de Julio César nada menos. Allí las palabras resuenan de una manera mágica. Está siendo una gira maravillosa. Además de coproducir el espectáculo, Mérida es la ciudad de uno de los actores de la compañía, Pedro Chamizo que hace de César Augusto, que fundó precisamente Mérida. Además, hemos estado en otras plazas que han hecho de esta gira algo muy emotivo.

Una de las peculiaridades es que rotan algunos intérpretes en el reparto, ¿Era algo premeditado?

No ha sido algo eventual. Teníamos claro que iba a durar una larga temporada y me empeñé en crear una compañía, que trabajasen todos juntos y pudiesen intercambiarse algunos los papeles. En este punto del recorrido de la obra me daba miedo que el espectáculo se viciase. Los actores tienden a repetir de una forma preocupante y lo que he querido es que eso no pase. Acaba de incorporarse Agus Ruiz como Casio en las representaciones de Santander. Así, se produce una cierta tensión en escena, que es lo mejor que se le puede hacer a la obra.

Y si miramos hacia el futuro, ¿Qué proyectos tiene Paco Azorín?

Muchísimos. Me despido como director de Julio César. Ahora me toca dirigir Tosca en el Liceu, La Voz Humana en el Canal. Como escenógrafo tengo además un montón de proyectos también. 

Mario Gas: «Desde pequeño veo la vida desde un escenario»

Nace el nuevo Desde Mi Butaca con energías renovadas y, qué mejor que hacerlo con uno de los nombres clave de nuestra escena. Curtido en las tablas desde pequeño, Mario Gas no entiende desde hace mucho su vida sin el teatro. Actor y director de voz reconocible, se ha puesto al servicio de actores como Geofrey Rush para dar vida al ‘muñeco’ que le tocaba acometer. El veneno del teatro sigue instaurado en su ADN y ahora brilla con luz propia como actor en Julio César, pero no olvida la dirección que le ha llevado la pasada temporada a comandar con éxito al equipo de El veneno del teatro. Con los pies en la tierra y viendo lo incierto de nuestra escena no se atreve a hablar de su futuro profesional. Ahora su prioridad es que los espectadores disfruten de la representación de «la sublime escena de la muerte de César en países y lenguajes aún desconocidos».

¿Dónde reside para Mario Gas la grandeza de un texto como Julio César?

La grandeza de Shakespeare está en que consigue crear unos personajes de carne y hueso, que son muy poliédricos. Este personajes realmente solo tiene unas pocas escenas, pero eso te permite que en poco tiempo tengas que mostrar todas las aristas del personaje. Es un placer hacer a grandes autores que como él son capaces de conmover al espectador y hacerlo pensar. Nos habla de la condición humana y es como un tarro de esencias concentradas. Coges una cucharada de su obra, la diluyes en un líquido coyuntural de una actualidad determinada y de ahí sale una obra que parece escrita en el mismo momento de ser representada. Eso es realmente bonito y lo que hace de este autor algo tan especial.

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Paco Azorín ha querido llevar a primer término el texto en su minimalista puesta en escena…

A Shakespeare no le convienen las puestas en escena excesivamente realistas y grandilocuentes. Viene bien llevar el texto a primer término. Lo cierto es que la propia arquitectura de la obra está basada en la dialéctica de los personajes. El texto lleva a la acción y eso es lo que queda siempre en el gran teatro. 

Una faceta no tan conocida del actor y director Mario Gas es su papel en la historia del doblaje, ¿Qué lugar ocupan en su vida los takes?

Ocupa un papel entrañable en mi vida. Lo cierto es que ahora mismo solo doblo a Ben Kingshley y Geofrey Rush. Yo empecé muy joven en el doblaje. Admito que yo soy consumidor de cine en versión original, pero el doblaje bien hecho es algo muy interesante. La verdad es que en ese sentido no me puedo quejar, yo tuve grandes maestros. Aunque modifiques algo tan valioso como la voz de un actor, creo que es  tan válido un buen doblaje como unos subtítulos. Ocupa un espacio muy importante en mi trayectoria vital y artística. Es una profesión a la que quiero mucho, aprendí muchísimo a hablar y a seguir al muñeco de la pantalla. Me ha servido para aprender a usar los cambios de ritmo, respiración y prosodia que luego me han sido de gran ayuda en mi trabajo en el teatro. 

El veneno del teatro ha sido uno de los éxitos de la temporada, ¿Qué balance hace Mario Gas de esta experiencia escénica?

He tenido el honor de trabajar con dos actores extraordinarios. Hago un balance muy positivo de esta aventura teatral a la que aún le quedan unos cuantos meses de gira. Ha sido un reencuentro maravilloso con un teatro de texto muy íntimo con esa maravillosa escenografía de lo más sintética de Paco Azorín. 

¿Por qué cree Mario Gas que el veneno del teatro se ha quedado marcado en su ADN?

Hay dos razones. Primero, yo vengo de una familia del mundo del teatro y de la  música. Desde pequeño veo la vida desde un escenario. Era difícil que yo me escapase de eso, aunque es cierto que tuve una época en la que quise ser arquitecto, diplomático e incluso estudié las carreras de Derecho y Filosofía, que por supuesto no acabé… Me integré entonces en el teatro independiente con una ideología muy marcada y con un intento de renovación formal. De ahí ya pasé al teatro profesional. En segundo lugar creo que el veneno del teatro sigue dentro de mi por qué me gusta esa manera de transitar por la vida. Me encanta esa ficción que se convierte en realidad, ese poder de la palabra para preguntarnos cosas que no entendemos. En definitiva, me atrapa del teatro crear esos mundos de ficción que te conectan con la realidad.

Si miramos hacia este futuro incierto de nuestra escena, ¿Qué proyectos tiene en mente Mario Gas?

El proyecto inmediato es Julio César hasta finales de junio. He montado muchos proyectos en colaboración con productoras de amigos o con teatros públicos. Claro que voy a seguir así, a tenor de los tiempos y trabajando con la gente que me apetece estar. Cuando tienes una responsabilidad pública, es un punto y seguido en tu carrera. Sabes que después van a venir otros proyectos por tu cuenta. Tengo proyectos aún por firmar y uno de hecho acaba de caer por desavenencias con un teatro, pero lo cierto es que hay bastantes cosas a la vista.

Antonio Dechent: "El ministro se cree que todos somos vedettes de revista"

Llevaba tiempo queriendo ‘celebrar’ la entrevista número 400, que en realidad ya ha pasó hace unos meses. No podía ser una entrevista cualquiera, ni mucho menos una simple promoción de la película o espectáculo de turno. Después de años en que nunca se habían dado las circunstancias oportunas para tal encuentro, me acerqué al Teatro Bellas Artes a charlar un rato con Antonio Dechent. Le pillo en mitad del ensayo técnico que interrumpe para atender a DESDE MI BUTACA. Cada noche, se encuentra a si mismo en el escenario, su hábitat natural. Reconocido principalmente por su trabajo en el cine, Dechent dice sufrir la enfermedad del rojo y el oro, ese color que caracterizaba históricamente a los telones del teatro. Y en las penumbras del Bellas Artes, su mente lúcida y crítica se abre paso para hablar de un oficio que le ha llevado a interpretar a todo tipo de ‘generalotes’ y duros personajes que se alejan mucho de la imagen que tiene de si mismo. Él se ve más como el protagonista de La Voz Humana, un hombre roto por el amor que busca recuperar en una última llamada desesperadamente a su enamorada. Siéntense en sus butacas y disfruten de sus palabras. No les defraudará. 

 

¿Cómo es esa última llamada al amor que refleja La voz humana?

La idea de hacer esta función surge del espacio para el que fue creado. Se realizó para esa pequeña sala que han montado en el Mercado de Triana. Tenía que hacer algo íntimo, que el público tuviese la sensación de que estaba invadiendo la intimidad del personaje. Me vino a la cabeza La voz humana, pero al momento lo deseché. Luego, lo pensé bien y me decidí por convertir al personaje en un hombre en un marco de una relación heterosexual. De hecho, ya la habían interpretado hombres haciendo de homosexuales e incluso travestidos de mujeres. El desamor no tiene género. Creo que esta función hace mucho por la igualdad de género, el dolor es el mismo y los sentimientos también.

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«La voz humana», los martes a las 20:30h en el Teatro Bellas Artes.

¿Ha tenido que recurrir Antonio Dechent a su particular “armario de las emociones” para hacer La voz humana?

En este caso he tenido que ir… al fondo del armario. Ojalá conserváramos siempre esa ingenuidad que te dan los sentimientos profundos. El amor es una enfermedad que te hace olvidar todo lo demás. La vida conforme va pasando no te permite vivir de una forma tan profunda. Me ha venido muy bien, he recuperado emociones que en la vida real ya habían desaparecido casi por completo. Conforme nos hacemos mayores, nos creamos una coraza para que no nos hagan daño. Todos hemos vivido esa capacidad de transformarse para complacer al otro. Envidio mucho a los que aún tienen esa capacidad de darlo todo por los suyos.

¿Tenía ganas de quitarse los galones de militar y meterse en la piel de un personaje que es pura emoción?

La verdad es que no. Creo que es más una cuestión de superar la imagen que tiene el público de mi. Es un espectáculo ideado por mi, lo que demuestra que yo no me veo tanto en ese roll que me ponen siempre de militar ni el más macho de los machos con el que siempre me identifican. He escogido un personaje que de alguna forma es similar a mi. Es un hombre frágil, débil y roto. De alguna manera, sé que crea una cierta curiosidad ver como el ‘generalote’ se puede acercar a este texto.

¿Por qué el teatro es un buen lugar para contar historias para Antonio Dechent?

El teatro es mi hábitat natural. Siento que es mi particular microcosmos. Soy parte de las bambalinas. Decían que Cocteau tenía la enfermedad del rojo y el oro, el color de los telones del teatro. Tengo esa enfermedad. Me encuentro cada noche a mi mismo en las penumbras del teatro.

Uno de los autores que más ha trabajado ha sido Valle Inclán con sus esperpentos tanto en el teatro como en esa ‘curiosa’ y espléndida adaptación cinematográfica que vimos hace unos años, ¿Qué le ‘toca’ del teatro de Valle Inclán a Antonio Dechent?

No sé si considerarlo un elogio, pero alguien me dijo una vez que soy un actor esperpéntico -sale a relucir una grave y cálida risa que acompaña a buena parte de la entrevista- Valle Inclán es el padre y maestro mágico de todo lo demás. Me dedico a esto por no tener talento para inventarme las historias. Tengo que contar las historias que escriben otros. El lenguaje de Valle es el mayor placer que puede sentir un actor. Si fuera inglés diría Shakespeare, pero en España es nuestro dramaturgo por excelencia. Puedes hacer muchas veces la misma función, pero siempre encontrarás cosas nuevas. Define muy bien al género humano, cómo ve a las personas con ese crisol de ternura tan maravilloso.

Cuando leo el término ‘actor-obrero’ con el que se autodefine en algunas entrevistas me acuerdo de ver su nombre en 2006 por todas partes. Hasta en 4 películas en menos de dos meses, ¿Podría entender su vida sin un oficio tan absorbente?

Mi vida es bastante aburrida cuando no trabajo. Cuando más vivo estoy es cuando interpreto a otras personas. No me molesta estar trabajando de una forma tan intensa. Colaboro con un montón de proyectos por amor al arte. No puedo estar parado, me lo paso muy bien. Es lo que me mantiene vivo, igual es una forma de apagar mis carencias vitales, pero es lo que hay la verdad.

Uno de los últimos hitos de su excelsa carrera ha sido ese vendedor hastiado de la vida de A puerta fría

Ese señor mayor me salió muy bien. Fue una apuesta muy arriesgada. El personaje fue escrito para mi pensando en esa imagen de hombre castigado y duro que doy en cámara. Es un punto y aparte en mi carrera junto a mi trabajo en Smokin Room. Se rodó en mi Sevilla y no pude volver a mi casa a llevar mi vida familiar con mujer e hijos. Una experiencia muy absorbente y decidí por ello quedarme en el hotel. Paseaba por los mismos pasillos que el personaje y tomaba una caña en el mismo abrebadero que el personaje. Queda explícitamente marcado en pantalla ese cansancio físico y vital de este hombre que se queda atrapado en un callejón sin salida.

a puerta fría

Cine, teatro, pero también televisión, ¿Cómo fue la experiencia de La familia mata?

Fue durillo. Puede que pensasen en mi por ser una persona en apariencia divertida, pero la verdad es que a las seis y media de la mañana no tengo mucho de eso. Es una experiencia envidiable, tener un trabajo diario lo es. Eso sí, a veces tenía la sensación de que con más tiempo las cosas hubiesen salido mucho mejor. Conservo buenos amigos como Pepe Ruíz- al que vi en el patio de butacas el pasado martes- al que sigo llamando ‘Papá’.

¿En qué momento se le metió el veneno del teatro en el cuerpo a Antonio Dechent?

No lo recuerdo exactamente, el teatro siempre ha estado presente en mi vida desde que hacía teatro en el colegio y llegué a ser coordinador. Lo que sí recuerdo es que era una mente muy cambiante. Estudié Psicología, viví en Lisboa y he tenido multitud de trabajos de diverso pelaje, que combinaba muchas veces con la interpretación, que aún no era mi oficio. De vez en cuando me planteo hacer otras cosas, pero en el fondo… Me he dado cuenta de que solo sé hacer esto.

Supongo que el to play de los ingleses cobra aún más sentido cuando se trabaja con capa y espada en proyectos como Alatriste

Estoy encantado de hacer un trabajo tan íntimo como esta obra, pero amigo mío, me encantaría montarme en una nave especial y descubrir nuevos mundos…

Dejó la carrera de Psicología, pero ¿No le hubiesen venido bien esos estudios para conocer a los personajes o es la profesión de actor directamente una de locos o inconscientes?

Es mucho más loco lo de la Psicología que el trabajo de actor, algunos estudian para intentar entenderse a si mismos. Las carreras universitarias están anclados en la memorización. De hecho, sacaba unas notas estupendas, pero luego lo olvidaba, no adquirí ningún conocimiento la verdad. El conocimiento académico sirve para poco en esta profesión. Es el conocimiento de las personas el fundamento de este oficio.

¿Hacia dónde va un país que ‘acribilla’ su cultura con medidas como el 21%?

Según el ministro, la cultura no existe. El arte es entretenimiento por lo visto. Somos todos vedettes de revista según el ministerio. Hay que estar muy loco para hacer teatro en estos tiempos. De lo poco que me llevaría de la entrada, encima me quitan el 21%. Debo tener un problema por querer hacer algo con tanta pasión cuando sé que el rédito económico va a ser escasísimo. Esto viene de lejos. Me hace gracia que se llame subvención a las ayudas a la cultura. Hay ayudas en todos los sectores, incluido el de la banca, y a nadie le molesta precisamente por el término ‘ayuda’. Todo es un suma y sigue. Algunos nos llaman ‘titiriteros’ y se permiten el lujo de criticar el cine español sin ver ni una sola película. ¿Por qué quieren ser ignorantes? ¿Por qué se autolobotomizan? Es como si digo que no leo literatura traducida. No creo que les haga mucho bien esa actitud. Es una barbaridad.

Ha participado en decenas de cortometrajes, ¿Piensa que el futuro del largometraje está en manos de estos talentos emergentes?

Antes había que gastarse una pasta para hacer un corto, ahora hay una gran eclosión de pequeños cineastas con la revolución tecnológica. Algunos sí que lo conseguirán, pero otros se quedarán por el camino. Todos no van a conseguir triunfar. La semilla está ahí y hay gente muy buena en ese campo.

¿Cuál es el proyecto más inmediato de Antonio Dechent?

Estoy con Tomar Partido de Ronald Harwood, el guionista de El pianista y El Cuarteto. Es un texto maravilloso. Es sobre unos juicios paralelos a los Juicios de Nuremberg que se hicieron a la gente de la justicia y de la cultura. Es el espectador el que debe tomar partido y sacar sus propias conclusiones en este montaje.

Para acabar, ¿Con qué proyectos sueña Antonio Dechent?

No están las cosas para soñar… Con conseguir que me de para vivir con este montaje yo sería feliz. No quiero ser una estrella ni ganar mucho dinero. Soy un trabajador como bien dijiste antes. Estoy muy de acuerdo con el Papa Francisco cuando dice que no tener trabajo es indigno. Solo pido vivir de esto sin que me toquen las partes nobles.

Un Madrid sin teatros, Un Madrid sin alma: Las cuentas pendientes.

Se me acumulan las obras interesantes de las que hablar. Me es difícil hablar de ellas una o una, pero es que tan (apasionantemente) variada la cartelera madrileña que inevitablemente me dejaré alguna en el tintero. Hoy para comenzar el viernes con buen pie me he propuesto saldar algunas cuentas pendientes, incluida una mención a un espectáculo que me ha parecido bochornoso.

La primera parada la hago en ese fenómeno teatral llamado Microteatro por dinero. Un año después de mi primera visita, regreso al espacio de Loreto y Chicote atraído por la presencia de dos actores a los que sigo la pista desde hace tiempo: Dani Muriel y Fernando Albizu. El primero, al que he visto 4 veces en teatro en los últimos 10 meses, se ha convertido en un rostro seguro de nuestra escena. Desde que le vi en Agonía y éxtasis de Steve Jobs me atrapó su energía y talento. En la microobra La cena interpreta a un novio del que vemos la evolución de su relación de pareja en un restaurante. En las distancias cortas, Muriel gana aún más. Divertidísimo texto el de La cena con el gran Fernando Albizu en la que descubro a un actor muy interesante: Iván Luis.

Hace unos años me llamó la atención un actor en la serie Hispania. Admito que no le conocía. Su nombre: Pablo Derqui. Interpretaba a un personaje ruín, oscuro y capaz de vender a su padre por un puñado de monedas de oro. Cuando me entero que llega a las Naves del Matadero su Roberto Zucco solo puedo ir con las expectativas muy altas.  Ni la impresionante escenografía ni el resto de correctísimos trabajos interpretativos quitan el foco de atención de este actor de mirada penetrante. Con esa mirada de no haber roto un plato en su vida se gana a sus víctimas y al entregado público que se estremece al descubrir su otra cara cuando el rostro torna en una imagen viva del horror. Una obra de esas que merecen estar en un espacio de titularidad pública. Cosa muy distinta ocurre con Capitalismo, Hazles Reír, el espantoso espectáculo de Andrés Lima en el Price que parece una improvisada propuesta escénica en un taller de teatro, que en parte es eso, pero está muy poco pulida, el texto es maniqueo y simplón. Al elenco, eso sí no tengo nada que reprocharles, simplemente se han dejado llevar por la corriente.

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Hace una semana llegó al Conde Duque el nuevo trabajo escénico del maestro de actores Juan Carlos Corazza. Le acompañaron en el estreno algunos de sus pupilos y cómplices como Javier Bardem. Acudí  a ver Comedia y sueño, La mentira más hermosa. con la intención de ver TEATRO y vaya que si lo vi. Un espectáculo que es pura poesía y que mezcla la Comedia sin título de Lorca con El sueño de una noche de verano, ¿De verdad hace falta citar al autor? Aplaudo este espectáculo en primer lugar por reivindicar esa obra inconclusa de Lorca. De alguna forma, el teatro se ha convierte en un bellísimo campo de batalla en el que reivindicar las cosas que aún nos escuecen. Y se cuela por las rendijas de esta obra que es puro ‘teatro dentro del teatro’ alguna que otra reivindicación de la memoria histórica. Y por último aplaudo este montaje, como se puede entender, por un puñado de buenos trabajos actorales. Me quedo con dos actores, sin desmerecer a los demás, que admito que son una debilidad mía y creo que muy merecidamente: Manuel Morón y Ana Gracia.

Y aunque ya hablé de ella hace unos meses, no podía resistirme a reconocer la nueva producción de Por los ojos de Raquel Meller que firma Juanjo Seoane. El espectáculo de Hugo Pérez coge una renovada fuerza en esta puesta en escena que recoge el apasionante juego de telones del intimista montaje original y lo amplifica para llegar al gran público. Si ya lo visteis en Tribueñe y os enamoró, repetid, hay algunos cambios en varias escenas, nuevos vestuarios y se ha «limpiado» el texto para darle una estructura más convencional. Todo ello redondeado con un reparto maravilloso en el que vuelven a sobresalir esa actriz llena de ángel llamada Maribel Per y Chelo Vivares. Si la han visto repitan y si aún no la han visto, descubran el talento creativo de esta compañía.