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La televisión y el teatro es un camino de ida y vuelta para muchos personajes curtidos en la pequeña pantalla. Todo un reclamo para las productoras que ven en ellos un auténtico filón. Hoy DESDE MI BUTACA os avanzamos algunos de los que vuelven a las tablas en la temporada 2014-2015.
Quizás el plato fuerte sea la vuelta a los escenarios del ‘televisivo’ José Mota. Tras una poco fructífera temporada en Telecinco, el ex componente de Cruz y Raya volverá en Nochevieja a TVE y también lo hará muy pronto al teatro. Según cuenta en el diario El mundo: «Es una mezcla de todo: sentires, pensares y observares de mi vida, tanto personal como profesional. El teatro es el medio más libre y como es un escaparate absolutamente distinto a la televisión, eso me dará mayor margen a la hora de contar y decir cosas». Entre las experiencias pasadas en las tablas del cómico destaca Los productores, en la que compartió tablas con Santiago Segura, Ángel Ruiz, Dulcinea Juárez y Miguel del Arco entre otros. En este musical, que contó con cierto interés por parte de la crítica y no tanto del público, el creador de personajes como ‘La Blasa’ demostró su valía para la música. Seguro que en esta nueva aventura escénica dará alguna pinceladita de su faceta más musical.
A pesar de rotundos éxitos televisivos como ¿Quién quiere ser millonario?, Carlos Sobera no ha dejado nunca las tablas. Recordemos que aún permanece en la memoria de muchos su trabajo en la serie Al salir de clase. En El ministro, Ramiro es un voraz ministro de economía cuya ambición política no conoce límites. Ávido de poder político y personal se lanza a la conquista de una bella mujer treinta años más joven, y profesora de francés de sus hijos. Le acompañarán en el Teatro Alcázar Marta Torné, Guillermo Ortega y Javier Antón a partir del 24 de septiembre con dirección de Silvestre G.
Los monólogos coparán una temporada más la cartelera. Uno de los más atractivos a priori es el proyecto de El Gran Wyoming que llevará desde el 26 de septiembre al Compac Gran Vía su espectáculo Wyoming desencadenado en el que estará acompañado por el grupo Los Insolventes. Así mismo, volverán a la cartelera los monólogos de Pablo Chiapella (Sí, soy el señor en el Alcázar), Dani Mateo (PK2.0 que Dios nos pille confesados también en el Alcázar), y Julián López y Raúl Cimas (Toda la verdad sobre el oso Hormiguero en el Alcázar también).
Jorge Bosch es uno de los protagonistas de El nombre en el Teatro Maravillas. Con el protagonista de obras como Babel o Feelgood charló en exclusiva DESDE MI BUTACA…
¿Qué te atrajo de un proyecto como El nombre?
El texto ya lo había leído un año antes y había visto la función en Buenos Aires e incluso la película. Cuando Pedro Larrañaga me lo comentó, sin duda dije que sí. Me llevo muy bien con el reparto y no había trabajado con ninguno de los actores la verdad. La función es una maquina de relojería teatral perfecta. Es una comedia con apariencia de ligera y acaba literalmente a ostias y eso me encanta…
¿Se nota la firma de Jordi Galcerán en la adaptación?
Sí que hay chistes muy de Jordi. Se ha mantenido en un segundo plano para que entren con sutileza los cambios que ha hecho en la obra. Lo ha trasladado a Madrid muy bien la verdad. Además de un gran autor, es un gran adaptador. Lo ha hecho muy bien precisamente por ser fiel al texto original, sólo ha cambiado pequeños matices que hacen que funcione de una forma mucho más redonda.
Te embarcaste hace un tiempo en Feelgood, una obra redonda, que ahora vuelve al Teatro Infanta Isabel…
Sigo ligado a la obra, como parte de Entramados. Me ha dado mucha pena dejar la función, ya que la función y el personaje son realmente buenos. Lo hemos buscado y adaptado nosotros mismos, es nuestro bebé y eso creo que se notaba. Era nuestra primera función como compañía. La experiencia en Matadero fue un tanto agridulce. Las obras que van a los espacios del Español se mueven más que por la promoción por el tema del boca a oreja y eso tarda en ocurrir. Así, lo que nos pasó es que la gente no acudió ‘en masa’ hasta los últimos días y es una pena. El público que venía se quedaba a felicitarnos a la salida. Por eso, creo que es de justicia divina que la función vuelva a hacer temporada en Madrid. Espero que vaya muy bien, es nuestro primer proyecto y pusimos mucha ilusión en él.
¿Es el teatro el mejor lugar para satirizar nuestra realidad como pasaba en Feelgood?
Lo espeluznante es que lo que contábamos en Feelgood es muy parecido a la realidad por lo que nos han contado la gente de la política que ha venido a verla. Pensábamos que era una sátira muy exagerada y nos dijeron que para nada, que se oyen cosas así en los gabinetes. Desde luego que poder utilizar al teatro como vehículo para denunciar lo que pasa en la vida es maravilloso.
Hablaba con César Camino de su único ‘blanco’ en escena, ¿Has tenido alguno últimamente?
Tuve un blancazo el segundo día de El nombre y es francamente horroroso. No se me va a olvidar nunca. Tengo un monólogo y se me olvidó completamente y menos mal que Antonio me echó un cable. Son segundos en los que quieres que acabe ya la función, se te cae el mundo encima.
Bienvenidos al Lolita, tu última experiencia televisiva, no funcionó nada bien…
Sabía que podía pasar, llevo muchos años en este mundo. Me ha dado pena por los actores jóvenes, que volcaron muchas ilusiones en la serie. Tenía muy buen rollo todo el equipo y eso no es nada fácil, pero con los años he aprendido a relativizar los éxitos y los fracasos.
Con 18 años te apuntaste a un curso de interpretación por una novieta, ¿Cómo recuerdas esos primeros pasos?
Yo iba para estudiar Derecho y empecé a hacer un curso de interpretación y me enganchó de tal forma que aquí sigo veinte años después. Es una droga de la que es difícil desengancharte. Si te atrapa desde el principio es maravilloso.
¿Tuviste un momento en el que el ‘veneno del teatro’ se te metiese dentro?
La verdad es que sí. Yo estaba haciendo un ejercicio en el que toreaba recitando un poema de Lorca y tenía a un compañero haciendo de toro. En ese momento sentí un miedo idéntico al que sentí la primera vez que me puse delante de un toro corriendo en un encierro cuando era un niño. Entonces comprendí que si una persona era capaz de experimentar el miedo ante un toro ficticio, ante un compañero que simplemente se ponía los dedos cual cuernos, esta profesión sólo puede ser calificada como mágica. A partir de ese momento, sentí la necesidad de ser parte de este gremio y comencé a sentir en la escena como en la vida misma. Sentía celos, amor, rencor, todos las pasiones humanos bajo la máscara de un personaje.
Creo que la parte ‘expuesta’ de esta profesión es lo que menos te gusta…
Eso no va conmigo desde luego. Nunca voy a una fiesta a buscar trabajo, termino con los cuatro amiguetes de siempre. Prefiero conseguir trabajo con mi esfuerzo, con mi trabajo y dedicación.
¿Con qué tipo de proyectos te gustaría seguir jugando a esta profesión?
Me gustaría que me dejasen seguir jugando a esta profesión, ya que no depende casi nunca de nosotros mismos. Somos unos afortunados los que podemos trabajar. Me gustaría seguir haciendo proyectos en los que crea en cualquier medio.
En los últimos días, el mundo de la cultura se ha enfrentado a la pérdida de uno de los actores más queridos de nuestro cine: Álex Angulo. Además, Madrid ha perdido uno de sus teatros y, lamentablemente, no será el último si las cosas no cambian…
Álex Angulo era uno de esos actores que todo el mundo del cine quería con un especial fervor. Actor de sobrada experiencia y talento, fue capaz de dar verdad a los personajes más disparatados bajo la atenta mirada de su amigo Álex de la Iglesia. Secundario de empaque- hace poco rescataba su maravilloso trabajo en El gran Vázquez-, también tuvo la oportunidad de brillar como protagonista absoluto en cintas como la muy reivindicable El coche de pedales, oportunidad que le brindó su querido Ramón Barea. Causa una especial tristeza pensar que se ha ido en un lamentable accidente de tráfico y con tantos personajes esperándole aún. Ya no me le cruzaré más por Bilbao, donde hace escasos meses- sin saberlo- le vi por última vez charlando con Antonio Dechent a la salida del Teatro Campos Elíseos, que ayer le dedicó un merecido homenaje con su última gran ovación. Se fue sin hacer ruido, pero su pérdida ha dejado muchos huérfanos. Al menos sus escenas quedarán grabadas en el celuloide y en la memoria colectiva de los espectadores.
En «El Gran Vázquez», uno de sus papeles secundarios a los que convertía en protagonistas con su sola presencia.
Cuando aún no me había recompuesto por esta pérdida, leo un artículo titulado Fracasar más, Fracasar mejor. Adiós a todos. La Sala El Sol de York, que tan buenas energías me transmitió con su inaugural Los miércoles no existen, echa el telón. Uno se pregunta cuando lee noticias así ¿Hasta cuándo?, ¿Hasta cuándo va a tener que soportar el sector cultural tanta traba, tanta zancadilla, tanta inquina?, ¿De verdad es comprensible ese IVA?, ¿Dónde queda la cultura en estos tiempos? Sería una buena pregunta abierta para dejar en uno de los posts que servían de particulares ‘redes sociales’ a la entrada de la acogedora sala de teatro que dirá adiós el próximo domingo. Esta ha sido una semana triste, la verdad. Se han juntado la última función de Álex Angulo y El Sol de York. Prefiero no pensar en las historias que se podían haber contado en ese escenario… Mejor pensemos en las que sí se contaron, en los buenos momentos, en las risas, en el aliento de los espectadores que en este y otros futuros espacios seguiremos a esos «creadores de magia» (el término que utilizó Natalia Menéndez me parece tan apropiado que se lo ‘robo’ con copyright) que tan buenos momentos nos regalan en la escena…
Los comentarios de los espectadores, protagonistas en la despedida de El Sol de York.
Una de las cualidades que debe tener un buen entrevistado es que sepa comunicar sus ideas. Juan José Campanella habla de él mismo como un comunicador que eligió el cine como herramienta. Esa ‘herramienta’ le ha permitido contar unas historias que perfectamente podrían haber sido contadas en Estados Unidos en los años 70, muy especialmente su celebrada El secreto de sus ojos. Un referente más reciente, Toy Story 2, le hizo dar el salto a la animación con Metegol, pero en el fondo esos jugadores de futbolín humanizados tenían muchas emociones, eran muy ‘humanos’. Y la emoción más grande surgió del protagonista más inesperado en el rodaje de Luna de Avellaneda, uno de sus niños mimados. Ha tocado todos los palos. La televisión le llevó a embarcarse en una particular odisea llamada Vientos de agua, de la que se siente especialmente orgulloso. Mira al futuro desde el ‘evocador’ Palacio de la Magdalena, donde se le homenajea dentro de los cursos de la UIMP, con la vista puesta en «disipar la nebulosa que supone comenzar un nuevo proyecto». Por ahora, nuestros compadres argentinos pueden disfrutar de su adaptación de Parque Lezama sobre los escenarios. Se le nota contento con su experiencia teatral: «En el escenario está el alma del actor» comenta de esta experiencia escénica en la que ha vuelto a dirigir a Eduardo Blanco. Todo un lujo tener DESDE MI BUTACA a este contador de historias insaciable: «Llevo toda mi vida diciendo que me voy a tomar un Año Sabático, pero no hay manera» comenta divertido este perspicaz conversador.
Su último proyecto cinematográfico, Metegol, le hizo hablar de tú a tú con Pixar, ¿En qué ha influido su pasión por Toy Story 2 en que se decidiese a dar el salto a la animación?
Influyó en el hecho de ver que se podían contar cosas que podían conmover al adulto y al niño al mismo tiempo. Quise meterme en ese mundo de la animación por el cine de Pixar, pero aportando algo nuevo. Para mí, Toy Story 2 es una de las mejores películas de los 90. Son esas películas que te incitan a hacer cine, aunque necesariamente luego tu cine no tiene por qué ser parecido a esas películas.
¿Qué películas han incitado a Juan José Campanella a hacer cine?
Tengo varios títulos que podría considerar entre mis favoritos. Empezando por ¡Qué bello es vivir! y Nos habíamos amado tanto, películas que para serte sincero me hubiese encantado dirigir. Otro título que igual sorprenda más, All That Jazz, aunque no me atrevería jamás a hacer un musical. Me encanta como Bob Fosse muestra las miserias que se esconden detrás del mundo del espectáculo. Es un director que, al igual que a mi, le fascina el cine italiano y eso se nota mucho en Sweet Charity.
Ahora con el paso del tiempo, ¿Qué recuerda de aquella noche en que puso al cine argentino en lo más alto?
No era consciente de la importancia del momento. Hay una mecánica de un programa de televisión en vivo que llega a millones de personas. Todo son marcas, los tiempos están muy medidos… Mientras yo estaba haciendo un reportaje, ganaba su Oscar Sandra Bullock. Es algo muy frenético. En ese momento, no eres consciente de lo que está pasando. Al día siguiente tampoco, ya que fui a rodar House, aunque es cierto que me recibieron con un largo aplauso y muchas felicitaciones. Las consecuencias de ese día las percibes con el paso del tiempo. De hecho, me permitió conseguir la inversión de Metegol (Futbolín en España). Tras ese éxito, siento de alguna forma una presión por acometer nuevos proyectos, no tengo muy claro si por pensar que ya he llegado a lo más alto o simplemente es un miedo a que este nuevo proyecto no cumpla con las expectativas después de un éxito tan rotundo.
¿Qué le ha hecho querer contar una historia como Parque Lezama encima del escenario?
La vi tres veces en el 1985, es mi obra favorita, la leí y vi la película y fue muy influyente en mi carrera. De hecho, llevaba 30 años detrás de los derechos. El autor no quería que se tocase ni una coma del texto, pero gracias al Oscar conseguí que viese mi trabajo y se fiase de mí. Tiene un humor judío americano que tiene mucho que ver con el italiano… Tiene todos los temas que me interesan, ya que logra resumir la vida: La vejez, el balance de nuestra existencia y el conformismo versus el compromiso, hasta qué punto nos implicamos en las cosas que pasan. Todo eso con un texto que te hace reírte y emocionarte. El público está entrando muy bien en la obra. Además, estaba tan metido en la onda tecnología tras Metegol que necesitaba desintoxicarme. Así, me metí a ensayar en un viejo teatro en el que no había ni cobertura. Y por supuesto, volver a trabajar con Eduardo Blanco, que llevábamos 10 años sin trabajar juntos, era un aliciente muy grande también.
«Parque Lezama», el debut de Campanella en el teatro.
Precisamente, entre la risa y la emoción transitan los personajes de sus películas, como en la vida misma…
Así es. La vida como el cine está llena de giros dramáticos. Y en el momento más dramático puede surgir el gag, la carcajada nerviosa que te hace quitar dramatismo al momento. Me ha ocurrido un montón de veces en mi vida y, eso, lo he querido llevar a mi forma de contar historias desde luego.
Con esta experiencia tan satisfactoria entre manos, aquí y ahora, ¿Por qué el teatro es un buen lugar para contar historias para Juan José Campanella?
Lo que me mueve del teatro es que te permite mostrar 20 cortes distintos de la misma historia. De hecho, yo he visto la obra unas 150 veces y te juro que cada noche, el texto se respira de una forma distinta. Eso sí, cuando una obra funciona es el mejor lugar para contar historias, pero cuando no tiene una buena recepción tienes ganas de meterte debajo de la butaca. El teatro es voyerismo puro, estás escuchando desde un punto de vista fijo la conversación de un desconocido y como en la vida, hay momentos en que los actores dan la espalda al público. En el escenario, está el alma del actor. Cuando el espectador tiene la percepción de que está espiando la vida, es tan vital… El cine está ofreciendo el 3D como aliciente y eso ya existe hace millones de años y se llama TEATRO. Estás ahí, los actores se afectan por las reacciones del público. Cada función es distinta, absolutamente vital.
Este mes de septiembre se podrá ver en los escenarios españoles una adaptación de El hijo de la novia, ¿Cómo se siente ahora que su criatura va a pasar por otras manos?
Me divierte muchísimo la idea. Es más, yo no hubiese querido adaptarla, no me gusta repetirme. De hecho, me ofrecieron hacer el guión del remake de El secreto de sus ojos y no quise. Sólo espero que no sea un ‘calco’ de la película y que aporte elementos diferenciadores. Lo que sí te diré es que es de los pocos proyectos de adaptación a los que hemos dado el sí, tiene algo que nos ofrecía cierta confianza de que el resultado podría ser bueno.
Ha compartido unos cuantos guiones con Fernando Castets, ¿Cree que de alguna forma comparten la misma mirada?
Desde luego. Siempre decimos que lamentablemente no somos complementarios, sino que los dos tenemos las mismas virtudes y defectos. Tenemos una misma mirada de la vida y hasta un mismo sentido del humor. Prácticamente tenemos los mismos gustos cinematográficos. Somos muy amigos y tenemos una obra de teatro entre manos.
Tiene doble nacionalidad, ¿Se atrevería Juan José Campanella con un proyecto en España?
A los argentinos y los españoles nos pasa como a los simios y a los hombres que sólo nos diferencian dos genes. Somos muy similares, pero con un toque genuino que nos distingue. Yo creo que mi forma de contar historias aquí en España no tendría mucho sentido, no sería capaz de entender el sentido del humor totalmente. Con el director español con el que más afinidad tengo es con Berlanga, que es el más italiano de los españoles. Me da miedo tocar notas falsas, dirigir mal a un actor. Mira, eso me pasó en mis comienzos en Estados Unidos. Quise ‘argentinizar’ unas historias que en mi país y con mis actores hubiesen funcionado a la perfección, pero que en un contexto tan diferente no terminaron de cuajar.
La televisión ha sido también muy importante en su carrera, ¿Qué papel ocupa Vientos de agua en su trayectoria?
Vientos de agua es el proyecto del que más orgulloso me siento. Es una serie que ha encontrado su público, el DVD ha sido un éxito. Todos los que trabajamos en esa serie sacamos pecho cuando la recordamos. Parece increíble el resultado que conseguimos con todas las dificultades que tuvimos que sortear. Se nos cayó una localización que tenía que simular los años 30 de un día para otro y todo el equipo se puso manos a la obra para recrearlo y, milagrosamente, lo conseguimos.
“Son películas que a los que les gustan, les han calado bastante hondo”, ¿Cuál ha sido la reacción más hermosa que ha vivido con su cine?
Se me acercó una chica y me dijo que ella enseñaba ballet en la villa que se enseñaba en la película Luna de Avellaneda. Me dijo que gracias a la película, su familia había entendido su trabajo y la veían ahora como una particular heroína.
¿Con qué tipo de historias le gustaría seguir emocionando a su público?
El tema que más me preocupa es la muerte, qué es lo que dejas por el camino, hablar de ese momento en el que te das cuenta de que esto se acaba. Entonces, la vida pasa a ser un particular ajedrez con reloj. En esa línea estoy tirando ideas con Eduardo Sacheri para una nueva película de la que, curiosamente, antes del guión ya tengo parte de la música. Ahora mismo estamos disipando la nebulosa que supone comenzar un nuevo proyecto. Además, como te comentaba antes, estoy también pensando una obra con mi querido Fernando Castets.
En Luna de Avellaneda tuvo a José Luis López Vázquez, que recordaba con cariño su experiencia en la película en sus memorias…
¡Qué lindo! Yo le conocía por las películas de Berlanga, pero los más jóvenes del equipo no sabían lo que significaba trabajar con un actor de ese calibre. Tanto fue así que no le encontraron en el aeropuerto y se tuvo que venir solo en un taxi. En ese momento, yo los quería matar. Tenía 81 años, era un picaflor impresionante y muy activo. Era invierno y hacía un frío del carajo y él no se quejó nunca, era un profesional impresionante. Su rodaje fue agotador, pero en sus tres días libres se fue a ver las Cataratas del Iguazú con la novia que tenía entonces. Tengo un recuerdo maravilloso de él como un gran actor y, sobre todo, como un increíble profesional. Hubo un momento realmente mágico con el doble de luces de Ricardo, un taxista completamente ajeno al mundo del cine que en plena crisis argentina se había metido a hacer trabajos de extra. Estábamos rodando la muerte del personaje de José Luis en un hospital y yo estaba a medio camino entre lo técnico que implica el cine y la emoción de los actores. En ese momento, me encuentro al taxista llorando. Cuando le pregunté qué le pasaba me contestó que no se podía creer que estuviese viendo en vivo una actuación tan emocionante como la de José Luis López Vázquez. En ese momento me di cuenta de que soy un afortunado por poder ver de cerca a monstruos de la interpretación como él.
Tras el éxito de Chiringuito de Pepe, que cerró esta semana su primera temporada, Santi Millán sigue girando con su espectáculo Santi Millán Live. La próxima parada de este tour será la Sala BBK de Bilbao del 20 al 24 de agosto. Hablamos con él hace unos días en exclusiva.
Te vamos a ver en el Aste Nagusia de Bilbao este año, ¿Es cierto que en el norte somos más fríos?
Es un tópico absurdo. En el norte, la respuesta del público siempre es muy cálida. Las actuaciones más memorables de este espectáculo las hemos hecho precisamente en el País Vasco. La gente nos ha recibido con mucho cariño.
¿Cómo es Santi Millán Live?
Es un espectáculo en el que están mis señas de identidad. Si haces un monólogo que podría hacer otra persona, algo falla. Sobre el escenario tienes que contar las cosas que a ti te hacen gracia y te motivan y, por supuesto, de la forma en que a ti te hacen gracia y te motivan.
¿Qué queda en este show de esos comienzos tan ‘juguetones’ junto a La Cubana?
Hay mucho de mi experiencia con esa compañía en este espectáculo. Estuve de los 18 a los 28 años, diez años de formación inolvidables. Mi forma de entender el teatro tiene mucho de La Cubana. Me gusta que el público participe en mis espectáculos, que no sean espectadores pasivos, sino que estén implicados en el show. Creo que queda la parte de jugar al equívoco que ellos me enseñaron. Estoy seguro que los que conocen sus espectáculos, sentirán en mayor o menor medida que hay algo de ellos en mi espectáculo.
Tienes una larga carrera en el humor que ha continuado en El Terrat y ahora en solitario, ¿Sobre qué no se puede hacer un chiste?
Creo que se puede hacer humor con cualquier tipo de temas. Quizás haya que tener cierta prevención con las minorías. Si no perteneces a ese colectivo, es complicado hacer chistes sobre ello. Si eres judío, puedes hacer chistes de judíos. Reírse de uno mismo es muy sano.
Frágiles ha sido un paso más en tu carrera televisiva, ¿Con qué te quedas de esa experiencia?
Frágiles ha sido un regalo. El personaje de Pablo es muy rico, todo un reto para un actor. Se entrega a los demás de una forma muy emocional. La gente me sigue recordando por esa serie y cuando me preguntan si habrá tercera temporada, siempre les tengo que decir que no lamentablemente.
¿Cómo recibió Santi Millán la noticia del éxito de Chiringuito de Pepe?
Es una alegría enorme ver cómo ha reaccionado el público. Llevo muchos años haciendo televisión y cada día la entiendo menos. Cuando nos despertamos y vimos las audiencias fue maravilloso. El proceso había sido complicado y teníamos una gran confianza en el producto, pero al final la audiencia es la que tiene la última palabra. El hecho de que haya triunfado es una alegría. Al fin y al cabo, este trabajo lo hacemos para la gente.
¿Qué lugar ocupa ahora el teatro en tus planes a corto plazo?
El teatro siempre está ahí. Yo me dedico a esto por mi pasión por las tablas. Mis comienzos fueron eminentemente teatrales. Con La Cubana nuestro modus vivendi era el teatral. Cuando acabé esos años de tanta intensidad, lo aparqué durante una temporada y ahora lo alterno con otros trabajos en otros medios. Lo que sí es cierto es que el teatro te exige una disciplina que es difícil de compaginar con la vida familiar.
¿Cómo terminó siendo actor Santi Millán?
Mis comienzos en esto fueron muy casuales la verdad. Estaba en el colegio haciendo EGB y me cogieron para la función de fin de curso. Cuando me empezaron a decir que se me daba bien y encima me encantaba hacerlo. A partir de ahí comencé a enlazar obras con grupos aficionados y hasta hoy ha llegado, pero para nada fue algo premeditado.
«Los Misterios de Laura es una de la joyas de ficción de la casa y vamos a cuidarla. Si aún no se ha dado luz verde a una nueva temporada es por cuestiones presupuestarias». Fernando López Puig, director del área de ficción de TVE, señaló en el curso RTVE: La televisión pública en la era del big data que desde la televisión pública valoran positivamente el hecho de que un producto de la casa haya sido adaptado en Estados Unidos y que si aún no se había decidido el futuro de la serie era por motivos económicos. A este respecto añadió el nuevo director de TVE, José Ramón Díez, que intentaría «Sacar adelante en la medida de lo posible una nueva temporada de la serie».
José Ramón Díez en una de sus primeras comparecencias tras ser nombrado director de TVE.
14 de abril, La República, aún a la espera. Se anunció su inminente estreno hace ya un par de temporadas, pero lo cierto es que la nueva temporada de la exitosa ficción histórica de TVE permanece aún en un cajón tras los problemas presupuestarios por los que ha pasado la cadena. Para López Puig, el problema está en que para su emisión sería necesario emitir la serie completa: «Es una serie con continuidad y el público ya no recordará las tramas de la primera temporada. Sería necesario repetir la primera temporada para que sirviese de enganche».
Victor Ros, un paso hacia adelante en la ficción de la cadena pública, ¿Por qué apostó TVE por esta ficción? En palabras de López Puig, tres factores hicieron dar el visto bueno de la cadena a esta serie que está emitiendo en primicia Movistar TV: «Era una idea atractiva, basada en varias novelas y que nos habla de una época con constantes referencias históricas». Así, en esta producción han sido esenciales las propuestas de ambientación, decorados y VFX. Con una ambientación en 3D han conseguido recrear los ambientes de la época en plató, lo que ha eliminado las siempre complejas localizaciones en exteriores. Su estreno en la cadena pública está previsto para el próximo otoño.
«Las señoras de Cuenca tenían una cultura televisiva mucho mayor que la de algunos directivos de ciertas cadenas». En la jerga televisiva, se habla de llegar a la Señora de Cuenca cuando piden a los creativos que todo esté bien explicadito en las series, que cualquiera pueda entenderlo. Ese tópico se cayó por su propio peso cuando Javier Olivares, guionista de la exitosa Isabel, habló con unas señoras de barrio y de edad avanzada y que le mostraron que sus preferencias televisivas no iban precisamente por esa línea. Olivares, también inmerso en la citada Victor Ros, apuntó que la ficción española está abriéndose un nuevo camino más allá de las comedias de target familiar que nos han invadido durante años. Además, muchos espectadores «están siendo rescatados por series mucho más arriesgadas en su concepción». Durante el encuentro, también han participado entre otros Julio Somoano, Director de Informativos de TVE y Manuel Ventero Velasco, Director de Comunicación y Relaciones Institucionales de RTVE.
Poco tiene que tiene que ver María Galiana con la entrañable Herminia, personaje por el que el gran público la conoce. Llega a su camerino con un enorme resfriado que no la permite disfrutar del norte: «Siempre que vengo por Bilbao, termino con la humedad metida en el cuerpo» comenta antes de tomarse un botellín de agua en el que su compañero Juan Echanove le ha preparado un Ibuprofeno. Aún así, coge fuerzas y nos cuenta cómo empezó en este oficio por casualidad a los 50 años, de la mano de unos alumnos primero y más tarde con un padrino de lujo, Juan Diego. Cinéfila empedernida, usa sus ratos libres para escaparse a una sala de Versión Original y disfrutar del Séptimo Arte. Ganó el Goya, pero no se cree unos premios «en los que los académicos que no han visto la película, votan a la que les suena que está pitando ese año». Cercana y directa añade: «De hecho he tirado los premios a un Punto Limpio». Con más de 300 representaciones de Conversaciones con mamá aún les queda cuerda para rato. Estará en Barcelona y Valencia entre otras plazas con Juan Echanove para el que sólo tiene buenas palabras: «Ese silbido que escuchas es de mi querido Juan, sin ninguna duda».
«Sácame así, yo no me maquillo ni para salir al escenario»
¿Qué es lo más le conecta a María Galiana a una función como Conversaciones con mamá?
Si te soy sincera, para mí el texto es lo de menos. Hago esta función para poder trabajar con Juan Echanove. Me gustaba la idea de que me acogiese en su forma de hacer teatro, ya fuese dirigiendo él o poniéndonos en las manos de otro director. Se puso a la tarea de buscar un texto que encajase y dio con Conversaciones con mamá, que ha producido Juan con Pentación y Focus. Tenía la seguridad de que Juan no iba a elegir una función baladí, una obra tontorrona. La mayoría de las funciones las he hecho por petición de algún amigo, como me pasó con la divertidísima Fugadas. A veces he acertado en mis elecciones, pero en otras me he equivocado. Hice una función hace un tiempo, que era un texto buenísimo y muy divertido, y la puesta en escena fue un completo desastre, echó abajo lo que debería haber sido una gran obra.
Comparte protagonismo con Juan Echanove, ¿Qué ha aprendido de él como profesional durante el período de ensayos y de representaciones?
Está siendo un período de aprendizaje continuo, él tiene una larga carrera encima de los escenarios. He aprendido a moverme en el escenario y a saber buscar las intenciones de cada una de las escenas de la obra. Me ha enseñado a dar naturalidad a las escenas. Hemos cumplido 300 representaciones y hay que seguir refrescando cada noche el montaje. Es maravilloso poder compartir tablas con él en el teatro, que tiene una manera de plantear los problemas de las relaciones humanas de una forma directa, lo que hace que el público entre con facilidad en la historia que le estamos contando.
¿Cómo lleva eso de ser ‘La abuela de España’?
Trece años llevamos ya y la gente te reconoce constantemente. Antes, estaba tomando un café y un pastor evangélico me dijo que quería charlar conmigo. Es asombroso ver cómo se acerca a mí la gente, con esa cercanía que da tenernos cada semana en sus casas. No me molesta, pero hay veces en que no tienes ganas de que te reconozcan. Eso sí, no pasa nada por ser ‘La abuela de España’. De hecho, en la vida real yo tengo 6 nietos. No pasa nada por tener un puñado más en televisión. Además, esa cercanía hace que la gente venga al teatro a verte.
Esta temporada, Herminia ha tenido un momento especialmente hilarante…
La verdad es que no he visto el capítulo, me suele coincidir con alguna función y cuando no es eso, tengo que rodar hasta tarde y en lo único que pienso cuando llego a casa es en pegarme una ducha e irme a la cama. A Herminia el ‘colocón’ le llegó en un momento de lo más melodramático para la familia con varios frentes abiertos como la separación de Antonio y Merche. Así que decidí plantearle al director, Antonio Cano, hacer una astracanada. A la abuela le dio un puntazo.
Entre funciones y rodajes, ¿A qué dedica su tiempo libre María Galiana?
He sido cinéfila desde pequeña. Mi padre me llevaba al cine muchísimo. Era algo que practicaba una o dos veces por semana y lo sigo siendo. Que me perdonen los teatreros, pero mi tiempo libre se lo dedico a ver buenas películas en versión original.
¿A qué le suenan los métodos interpretativos a alguien que empezó por casualidad en este oficio?
Sí creo en la preparación, pero el actor nace, no se hace. Luego, ya se perfecciona. Conozco a gente que quiere ser actor y no lo consigue. No le da la verdad y no es capaz de expresar con una mirada cada sentimiento, como te pide una cámara.
¿Qué papel ocupan en su vida el Goya y otros reconocimientos?
Nada. Me da igual. Sólo guardo algunos premios. Me he quedado con el Goya, el Ondas y el Sant Jordi. El resto los he mandado a un Punto Limpio. No me creo lo de los premios. Me tocó ese año, estaba bien, pero cuando veo que le han dado el Goya a ciertos actores, la verdad es que me hace pensar que la fiesta del cine español es una filfa. Lo que no me gusta es que los académicos que no han visto las películas tiendan a votar aquellas películas que parece que este año están pitando. Los Goya son pura figuración, se tiran todo el santo año preparando la gala. Una Academia que hace prácticamente sólo eso no tiene sentido.
¿Hubiese sido posible desarrollar esta inesperada profesión sin la aparición de Juan Diego?
Desde luego que no. Yo me jubilé como profesora a los 65 años. Pedía asuntos propios para rodar las sesiones de cine. Nunca hubiese dejado la enseñanza por ser actriz. Vas a pensar que soy una pesetera, pero cuando empezaron a llamarme para trabajar como actriz pensé que jamás dejaría mis 14 pagas como profesoras por las cuatro pesetas que ganaba entonces con el cine y el teatro. Lanzarme a la aventura con una familia a mis espaldas, hubiese sido un error.
¿Qué le mueve en esta profesión a María Galiana?
Como decía un amigo mío: “Yo hago esto por dinero y por fama”. Jamás haría esto por la satisfacción personal de salir a actuar a un escenario. Me encanta mi trabajo, pero no llega a las cotas de gente como Concha Velasco, que se ha dedicado toda la vida a este oficio. Ella puso tantas esperanzas en que le diesen el Goya que cuando no lo consiguió lo aceptó, pero se le quedó un amargor adentro por todo el trabajo que la había llevado interpretar el personaje de Más allá del jardín. Mi caso es completamente diferente desde luego. Empecé a los 50 años y jamás pensé en dedicarme a esta profesión.
¡Cuánto daño han hecho Los Serrano, Verano Azul y Pesadilla en la Cocina! Eso es lo primero que pensé cuando vi Chiringuito de Pepe. Sí, la serie mete en la coctelera a Bonilla, instalado en una especie de bucle en el que hace siempre el mismo papel, una suerte de Chanquete en voz y carne de la gran Blanca Portillo y, ojo al dato, un trasunto de Chicote en las manos de un Santi Millán cada vez más hecho como actor. En verano, dicen que el consumo televisivo desciende, mundiales aparte. Por eso, las cadenas pasan de programar algo digerible en el estío veraniego. De vez en cuando, sacan del cajón alguna serie que empezaba a estar cubierta por telerañas. A veces funcionan, sólo hay que ver los fenómenos de Los misterios de Laura y La que se avecina, que en efecto se emitieron en tales fechas. Otras funcionan de una forma normalita y algunas se pasan al late-night y son sustituidos por un programa de gran nivel artístico, véase El pueblo más divertido o algo similar…
Chiringuito de Pepe pegó el pelotazo en su estreno. Consiguió un dato que yo creo que ni los directivos de Mediaset podían creerse… En verano les resultará harto difícil mantener la atención de 4.600.000 espectadores, imposible vamos… Creo que con los tres retazos que he dado ya se hacen una idea del percal de la serie. Ahora bien, he de decir que dentro de un orden la serie puede ser hasta entretenida. Sobre todo por la falta de ficción en verano y vamos que la cosa pega en estos meses. Y sí, que está Blanca Portillo y eso ya le da cierto fuste al invento fritanguero. No creo que vaya a ser una serie de larga duración, pero como fritanga veraniega se deja ver con gusto. Seguiremos dándole una oportunidad en las próximas semanas.
Javier Gutiérrez deja claro que le gustaría emular otros tiempos en que la palabra era la protagonista: “María Asquerino tuvo la suerte de vivir una época en que las tertulias eran el centro de la vida social y cultural de Madrid”. Él compartió escenas con la desaparecida actriz en uno de sus últimos trabajos, La habitación del niño y recuerda con cariño alguna que otra anécdota de la ya entonces veteranísima actriz. Y de repente, en una castiza taberna a escasos metros del María Guerrero nos trasladamos de alguna forma a aquel tiempo y durante dos horas conversamos, casi sin percatarnos de todo lo contado durante esos 120 minutos, sobre esa profesión que le ha llevado a cumplir uno de sus sueños: “¿Quién no ha soñado alguna vez con pisar el escenario del María Guerrero con un monólogo de Shakespeare a sus espaldas?”
Tras la emoción compartida. Aunque no suele llevarse los personajes a casa, admite que cuando hizo Woyzeck se le “tiñó el alma de negro”. Él estaba hace escasos quince minutos sobre las tablas del María Guerrero, desgarrándose física y emocionalmente con las manos manchadas de sangre. Aunque sale “muy vacío por la intensidad física y emocional de este personaje”, al menos el apetito quedará saciado con unos champiñones, unos taquitos de solomillo y un buen vino.
“Esta versión es Macbeth en estado puro”. Juan Cavestany ha situado la historia del autor bardo en una peculiar Xunta, pero para Gutiérrez la esencia del texto y sus conflictos están ahí. Eso sí, la actualización de la obra ha escocido a más de un espectador. Precisamente, en la función de ese día, desfilaron de una forma estruendosa de golpe cinco espectadores: “Eso no es nada, un día un espectador se levantó de la butaca y nos lanzó que él había pagado una entrada y que con su dinero no quería que se hiciesen obras así”. En realidad, el actor está acostumbrado, ya que los espectáculos de Animalario no suelen dejar indiferente a nadie.
10 montajes a las órdenes de Andrés Lima. Javier Gutiérrez y Lima ya se conocen muy bien tras tantos trabajos a sus espaldas. De él destaca que exige a los actores estar al máximo: “Ha sido un proceso gozoso, pero muy doloroso, te hace tensar la cuerda de tus emociones”. Durante los ensayos se ha reencontrado con Carmen Machi, de la que ya había sido pareja en la serie Aída. Para el actor, que forma parte de la producción del espectáculo en una suerte de cooperativa llamada Los Mácbez UTE, el trabajo con la actriz ha sido uno de los grandes alicientes de esta propuesta: “Domina todas las teclas desde la comedia a la tragedia y te hace subir varios peldaños por encima de tu nivel habitual con una energía irrefrenable que te arrastra”.
ÁGUILA ROJA, UN ENORME REGALO
“Rodar en 12 días cada capítulo supone casi como hacer una película. Los guionistas hacen que mi personaje pase de la comedia al drama y que uno pueda disfrutar como actor del tránsito entre diferentes géneros. Sátur ha sido un enorme regalo, paso de un capítulo en el que soy el graciosete del capítulo al dramón padre y eso es oro puro. Además, es una tabla de ejercicios maravillosa. La televisión es un medio de aprendizaje que te da mucho training, en el que pocas veces se te dirige… Tienes que ser director de ti mismo y estar muy concentrado en el trabajo que haces. En un día haces 6 secuencias, si estás mal un día, se va el trabajo de medio capítulo a la basura”.
Hace un rato, a la salida del María Guerrero unas chicas de unos quince años se acercan a Gutiérrez con ilusión para hacerse una foto con su ídolo: “Si te ven 6.000.000 de personas por televisión eso va a repercutir positivamente en que la gente vaya al teatro”. Por eso, el actor sólo tiene buenas palabras para un público que se acerca con cariño y con respeto reconociendo un trabajo del que sólo puede sentirse orgulloso.
“Suelo leer las críticas de una forma constructiva”. Admite que lee las críticas con atención, especialmente si se tratan de firmas de prestigio como las de Marcos Ordóñez o Javier Villán entre otros. Cuando pongo sobre la mesa el nombre de un crítico que vela su identidad poniendo únicamente las iniciales se le cambia el rostro: “No quiero calentarme la boca. La verdad es que no le considero ni crítico. Tiene un altavoz en una revista y en un blog, pero lo único que hace es imitar de una forma burda al crítico referente de este país”. El supuesto líder de opinión teatral decidió obviar a Javier Gutiérrez en su crítica de Los Mácbez, pero es una historia que por lo visto viene de largo. Siempre suele pegar palos a los trabajos de Animalario y muy especialmente a Javier: “No entiendo a esas personas que utilizan la crítica para mostrar sus filias y sus fobias”. Aún así concluye que, desde luego, las críticas le ayudan a seguir creciendo en su trabajo encima de las tablas, especialmente si vienen de firmas autorizadas: “Ahora bien, hay que saber blindarte si tienes malas críticas, darle la importancia justa, ya que tú tienes que subir al escenario todos los días pase lo que pase”.
Él también jugó con sus amigos invisibles. Como le pasaba a El intérprete Asier Etxeandía, Javier Gutiérrez también era un niño raro que se encerraba en su habitación a jugar con sus amigos invisibles. Era un niño enfermizamente tímido que sólo se soltaba cuando era otro. Y así en las reuniones familiares en las que imitaba a sus vecinos comenzó de alguna forma a desarrollar esa vena dramática que le ha llevado a pisar los mejores escenarios de España.
“En los estrenos se crea un ambiente tóxico”. El actor admite que ya no disfruta los estrenos teatrales como antes. La experiencia sigue siendo maravillosa por poder mostrar el trabajo al público, pero son algunos compañeros los que lo convierten en una mala experiencia. No se atreve a poner sobre la mesa entre bocado y bocado la palabra ‘envidia’, pero algo de eso se intuye en sus palabras: “Vienen y juzgan muy a la ligera sin valorar el trabajo que hay detrás”.
Un futuro abonado a los thrillers. En septiembre estrenará La isla mínima de Alberto Rodríguez junto a su querido Raúl Arévalo. Por primera vez en su carrera, Gutiérrez ha saboreado el proceso en cine: “Hicimos trabajo previo como en el teatro y eso no es habitual en el cine. Alberto es un director meticuloso que cuida mucho a sus actores y es que la base de sus películas son los personajes”. En agosto además rodará otro thriller: El desconocido de Daniel de la Torre junto a Luis Tosar. Nos acompaña en esta charla una joven promesa-realidad de nuestra escena, Daniel de Vicente, que por un momento recobra su faceta periodística y pregunta a Javier sobre sus ambiciones en esta profesión: “Mi ego no se satisface encima de un escenario, es más una necesidad vital de contar historias. Si miro hacia el futuro Hollywood no está en mis planes, me conformo con acabar mis días como José Luis López Vázquez”.
La semana pasada dos de las series más longevas de esta nuestra televisión echaron el cierre. La próxima temporada sí volveremos a San Genero, pero no habrá más comedia en Esperanza Sur. Cuentáme cerró una de las temporadas más ‘irreconocibles’ de su historia por todo lo alto y Aída lo hizo para siempre con la vuelta de la protagonista y doble boda.
¿Los Alcántara implicados en un thriller policíaco en Marruecos?, ¿Antonio siendo infiel a Merche? Sí, esto lo hemos visto esta temporada en Cuéntame. Además, un exmiembro de la familia murió de forma súbita en un accidente de tráfico y Tony nos pegó un gran susto, escena de acción mediante. Me sigo asombrando con la capacidad de los guionistas de la serie para conseguir renacer cual ave fénix temporada tras temporada. Este año lo han hecho trastacando la parte emocional de la familia. Otras temporadas, la comedia se instaló en sus vidas, pero ésta ha sido duda una época de cambios o más bien de tránsitos. Y es que en la escena final, vuelven a ser los Alcántara de siempre, esos que nos enamoraron allá por 2001. Un núcleo familiar unido que tras la tormenta decide volver a hacer piña para mirar hacia el futuro con optimismo. Más allá de lo acertado de los guiones, esa trama policíaca de este tramo final de la temporada ha sido simplemente prodigiosa, la serie se sustenta en sus personajes. Es decir, en sus ACTORES. En los últimos capítulos además de disfrutar de la emoción contenida de unos brillantes Imanol Arias y Ana Duato, hemos asistido a un trabajo mayúsculo de Pablo Rivero, que ha recobrado el protagonismo que nunca debía haber perdido. Su personaje tiene carisma y el actor ha crecido actoralmente a la vez que su personaje iba cumpliendo años. No me olvido de otros nombres que siempre es un lujo ver por la serie como Juan Echanove y María Galiana que nos regaló ese momento de delirio psicotrópico que nos hizo saltar las lágrimas… de la risa. Parece que aún les queda mecha para un par de temporadas, que difícilmente me perderé. Cuéntame cómo pasó es una serie de esas que creo va a merecer la pena ver hasta el final.
Creo que sólo he visto la primera temporada completa de Aída y algunas de las múltiples reposiciones sueltas que dan entre FDF y Telecinco. Eso sí, siempre que ha vuelto Carmen Machi y lo ha hecho varias veces desde que se fue, no he podido resistirme a pasarme por el Bar Reynolds. El capítulo final sólo funcionó en el tramo final- con los reencuentros, la doble boda y el inesperado embarazo. El resto estuvo a la altura de la última temporada- un espanto argumental sin sentido con chistes de brocha gorda repetidos hasta la extenuación- Se despidió por todo lo alto en términos de audiencia y el final fue digno. Le han sobrado las últimas dos temporadas, pero bueno, al menos no han alargado aún más la agonía argumental de esta serie que nunca me ha entusiasmado, pero a la que al menos encontraba algún interés en sus primeras temporadas. Hasta siempre Esperanza Sur.
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Un profesor que utiliza las canciones de los Beatles para enseñar inglés en la España de 1966, se entera de que John Lennon está en Almería rodando una película. Decidido a conocerle, emprende el camino y en su ruta recoge a un chico de 16 años que se ha fugado de casa y a una joven de 21 que aparenta estar también escapando de algo. Entre los tres nacerá una amistad inolvidable.