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Hoy no vamos a hablar de ningún musical en cartel, o sí, depende de cómo se mire. Dos espectáculos con gente del musical, pero que no encuadramos dentro del género. Me refiero a The hole 2, mezcla de cabaret con circo y disciplinas artísticas varias, y Gin y Tony, el nuevo dúo cómico que, estoy seguro, revolucionará las noches del Calderón.
Empecemos por el agujero, por cosa de la veteranía. Vaya por delante que no me interesó en exceso el primer The hole, para mí un mero divertimento. De este The Hole 2 podría decir lo mismo. La fórmula es similar con sus números de cabaret ibérico, sus números circenses y su golferío. Bueno, sí, hay algo que lo hace más digerible para el espectador más avezado y son algunos números musicales protagonizados por esa actriz llamada María Adámuz. Ella pone el toque de revista, otro género más en este espectáculo de género indescifrable en el que también hay espacio para los números de magia. Adamuz, habitual en el mundo del musical, despliega en sus números sensualidad y una melodiosa voz no exenta de picardía en sus guiños al doble sentido. Es cierto que también me encanta Álex O’Dogherty como maestro de ceremonias, por lo que era inevitable que el espectáculo despertase algo de interés en mi. Y sí, ellos dos fueron lo que me atrajo de esta prolongación del éxito del primer agujero, ahora de gira con La Terremoto de Alcorcón como maestra de ceremonias, a la que tengo mucha curiosidad por ver la verdad. Y cuando vi el show, pues la verdad, me seguía quedando con O’Dogherty y Adamuz . Vale que me divertí, pero cuando se hace una supuesta «secuela» hubiese sido de agradecer que se ofreciesen más cosas nuevas al respetable del Teatro La Latina. Sea como fuere, una experiencia entretenida para sacar el canalla que llevas dentro.
María Adámuz, el hallazgo del segundo «The hole».
Sorprendido salí, al no haber casi información sobre el espectáculo Gin y Tony en el Teatro Calderón. No solo por el inesperado horario de la función, la una de la madrugada, sino por lo bien que me lo pasé disfrutando del talento de este par de genios del humor. Y sí, provienen del teatro musical como María Adamuz. Debe ser que no hacemos las cosas tan mal en España, ¿No? ¿Qué se puede decir de un espectáculo en el que se meten en una coctelera musical a Lady Gaga con Queen, Madonna e incluso Ana Botella haciendo una particular audición de La voz? ¿Qué se puede decir de un show en el que Mary Poppins reparte estupefacientes al ritmo de Con un poco de azúcar? ¿Se atreven también con la lírica? Pues sí, también salen airosos de ese embite a ritmo de Nesun Dorma. Jesús García Gallera y Julián Fontalvo son un dúo cómico perfectamente heredero de Cruz y Raya o Martes y Trece, de los que se diferencian con el puntito de cabaret político que introducen a través del sketch de la alcaldesa de Madrid. Y además, y es lo que más se disfruta, tienen unas extraordinarias voces, muy versátiles y capaces de pasar con asombroso atino de Edith Piaf a Guns and Roses o incluso ¡Marta Sánchez! Estoy seguro que este show dirigido, o cockteleado como ellos dicen, por Tricicle no pasará desapercibido. El talento nunca debe hacerlo.
Hace una década que irrumpió en el barrio de los Alcántara como un soplo de aire fresco la que se convertiría en la novia de Carlitos, Karina. Entonces, Elena Rivera era solo una niña que jugaba en el plató de «Cuéntame cómo pasó», aunque siempre con la vista puesta en sus estudios. Un día, ese «juego» se convirtió en algo más y nuestra protagonista empezó a sobresalir en las tramas de la longeva serie. Y esa presencia cada vez más protagonista llamó la atención de otros creadores. Y llegaron otros proyectos como «Los Quien» y «Toledo». Y, por fin, el teatro, donde ha redescubierto la pasión por este oficio. Pero tiene otra pasión… por si las moscas. Ya de niña jugaba con sus muñecos a ser profesora y ahora combina su faceta interpretativa con los estudios de Magisterio Infantil. «El arte de la entrevista», en el Teatro María Guerrero, es su debut sobre las tablas.
¿Qué es lo más le atrae a Elena Rivera de una obra como El arte de la entrevista?
El texto desde luego y mis compañeros. Es cierto que en una primera lectura parece una obra sencilla, pero cuando ensayas te das cuenta de que tiene muchas capas. Mayorga tiene muy claro lo que quiere contar y cómo lo quiere contar. Cuenta nuestro director que si le cambiásemos una coma de lugar, se cambiaría el sentido de la obra por completo.
Además debutas en el escenario del María Guerrero al igual que en su día Luisa Martín y Alicia Hermida…
Si, me siento una afortunada por poder compartir un escenario como éste cada noche, que transmite una sensación muy especial.
¿Qué ha aprendido Elena Rivera de una compañera de viaje como esa maestra de actores que es Alicia Hermida, primero en Cuéntame cómo pasó y ahora en el teatro?
Tengo una confianza total con ella. De hecho, el motor de que yo me animase a estar en esta obra es en parte el hecho de que hubiese alguien conocido en el reparto. En la serie, estaba muy encima de nosotros, buscaba las intenciones que teníamos que darle a una frase y nos hacía huir de los soniquetes habituales en los niños cuando se aprenden un texto. Todo lo que sé de esta profesión lo he aprendido de ella y ahora es un placer compartir escenario con ella y con otra actriz del calibre de Luisa Martín, de la que también aprendo cada día.
¿Cómo fueron los ensayos de El arte de la entrevista?
Pocos directores dejan participar tanto al autor como el nuestro, Juan José Afonso. Además, es muy receptivo. Como has visto hace un momento, siempre está atento a nuestras sugerencias y hace un momento a Alicia se le ocurrió una cosa nueva y la vamos a incorporar a la función. Es un director muy abierto al diálogo. Invitó a conocidos ajenos al mundillo a los últimos ensayos y toma nota de sus percepciones. Con Alicia ya te he dicho que ha sido un viaje maravilloso y con Luisa, ¡Para qué contarte! Es la madraza de la compañía, siempre pendiente de todos los detalles. Cuando ve que fallo en algo, enseguida me da las herramientas para subsanar el error. Y por supuesto también de Ramón Esquinas voy absorbiendo como una esponja todo lo que puedo. Y siento de verdad cada vez que se levanta el telón que el teatro tiene veneno y engancha…
Sabes que uno de los problemas del teatro es lo difícil que es acercar a la gente joven, ¿Se te ocurre alguna fórmula para cambiarlo?
Mis amigos me dicen que es muy caro, pero no es cierto. Hay muchos descuentos y por ejemplo aquí en el CDN si tienes menos de treinta años y vienes 30 minutos antes te hacen un 75% de descuento. Yo creo que entienden que esto del teatro es algo ‘antiguo’, que lo asocian con obras del Siglo de Oro… Sí que se me ocurre algo, deberíamos sacar el teatro a las calles para que viesen lo que es sentir la emoción de un actor de cerca. Si se acercasen a vernos, podrían vivir por ejemplo una escena que tengo con Alicia en la que en más de una ocasión nos hemos deshecho en el escenario, éramos emoción pura. Y eso solo lo da el teatro.
La actriz en su camerino del Teatro María Guerrero
Precisamente, ¿Por qué el teatro crees que te ha ‘envenenado’ de esa forma?
A veces tengo la sensación de que contando la misma historia, logramos hacer cosas nuevas en cada representación. Eso lo noto mucho con Luisa, que cada día me tira las frases de una forma y entonces, tú como actriz, te tienes que retar para saber responderla en la dirección correcta. Me gusta mucho poder jugar todos los días con la obra, que vaya creciendo paso a paso.
¿Hasta qué punto cree Elena Rivera que ha crecido antes que los demás niños por estar rodeada de adultos desde pequeña en la televisión?
Desde luego que sí, pero creo que va también ligado un poco con cómo tú te enfrentes a las responsabilidades. Yo siempre he tenido claro que iba a compatibilizar las grabaciones con los estudios, en eso he sido inflexible. Tener la responsabilidad de combinar las dos cosas, te hace madurar antes. Además, trabajar con gente adulta también te da una percepción de las cosas un tanto adelantada a tu edad. Empiezas actuando como si fuese un simple juego, pero llega un momento en que te das cuenta de que esto es un oficio en el que tienes que estar en permanente alerta y, por supuesto, en constante aprendizaje.
¿Hubo un momento en el que te diste cuenta de que ese ‘juego’ se convertiría en tu profesión?
Creo que no, pero bueno… Bueno, sí… Cuando empezaron a darme más protagonismo en la serie podría ser una especie de punto de inflexión desde luego. Aún así, no estoy segura del todo, la verdad. De hecho estoy estudiando algo completamente diferente, Magisterio Infantil. Desde pequeña he sentido algo especial por los niños. Yo cogía a mis muñecos y jugaba a ser su profesora. Cuando hice prácticas, me di cuenta de que si por algún casual no puedo dedicarme a la interpretación tengo una opción b por la que siento una especial debilidad.
“Esto es un juego, si no te diviertes, nos vamos” te decían tus padres…
Sí, veían que me lo tomaba como un juego y que combinándolo con los estudios les parecía bien que lo hiciese. Siempre me decían que cuando la chica, como me llaman, sufriese con la interpretación, que lo dejase sin pensarlo ni un momento.
Has combinado Cuéntame con otras dos series, Los Quien y Toledo, ¿Cómo han sido esas experiencias?
Los Quien fue una experiencia corta, pero intensa. Teníamos que estar todos los actores siempre en plató y creamos una gran familia. Me encantó probar el registro de la comedia después de tantos años en Cuéntame. Toledo no lo pude disfrutar mucho, pero fue una gran experiencia para seguir aprendiendo.
La música es otra de tus pasiones, hasta participaste en el mítico Lluvia de estrellas, ¿Qué lugar ocupa ahora en tu vida?
La música me ha acompañado siempre. Siempre estoy cantando la verdad. Si bien es cierto que ahora no lo tengo como una prioridad, no se puede abarcar todo. Eso sí, a su debido momento no pienso desaprovechar la oportunidad de seguir creciendo en este campo.
Si Elena Rivera pudiese practicar el arte de la entrevista, ¿Qué pregunta se haría?
¿Crees que podrás vivir de esto dentro de unos años? En cierto modo sí que tengo esa incertidumbre… Es cierto que me encantan los niños, pero si finalmente no puedo dedicarme a esto, creo que sería una espinita clavada.
Si miramos hacia el futuro, ¿Qué proyectos tienes y con qué proyectos sueñas?
He hecho una pequeña intervención en una película de Nacho G. Velilla, Perdiendo el norte. Sin duda me encantaría hacer un musical. La música es tan importante en mi vida que poder juntarlo con la faceta interpretativa sería un sueño hecho realidad. Y el musical de mis sueños sería Grease, soy una auténtica fan. Fui a ver el montaje de teatro con visión crítica, comparándola con la película que tanto me gusta.
Luz Valdenebro se convirtió en actriz el día que descubrió que esto del teatro se podía estudiar. Ella estaba estudiando danza cuando vio el cartel de «Escuela de arte dramático de Córdoba» y se lanzó a la aventura. Desde entonces, la hemos visto en series de éxito, en teatro y con algún coqueteo con el cine, que confiesa que es su asignatura pendiente. Ella no quiere quedarse con nada que decirle a los suyos, como su Chelsea de En estanque dorado. Sincera, divertida y llena de vibrante emoción desgrana para DESDE MI BUTACA algunos bonitos momentos que le han deparado esta función y su paso por el televisivo Gran Hotel, al que de alguna forma volvía el pasado fin de semana al regresar a Santander, donde se rodaron los exteriores de la serie. Ese día su Whatsapp echaba humo, sus compañeros televisivos querían saber cómo estaba siendo la experiencia de volver a la ciudad. Habrá larga vida para En el estanque dorado. Por de pronto, pueden disfrutarla en el Teatro Bellas Artes de Madrid.
En la obra En el estanque dorado compartes escenario nada menos que con Lola Herrera y Héctor Alterio…
Ha pasado volando desde que estrenamos y ya llevamos más de cincuenta representaciones. El día del estreno, se me acercó Lola Herrera, respiró hondo y me dijo que ella también lo pasaba mal. Y entonces, pensé que si alguien como ella se pone nerviosa, es algo normal esto de las cosquillas en el estómago. Ellos son maravillosos, simplemente con verles actuar es un deleite, siempre aportan algo nuevo a la función, eso te da una gran confianza. Que ellos estén en escena al principio de la obra te da seguridad para salir a escena, eso sí que es estar a favor de obra.
¿Cómo es la irrupción de Chelsea en la vida de nuestra pareja protagonista?
Cada día entiendo cosas nuevas de Chelsea. Puede parecer un personaje que viene a perturbar la paz de los protagonistas, pero viene por petición de la madre. Ella viene marcada por haber sido el blanco de los macabros chistes de un padre que en el fondo quería tener un hijo y no una hija. Viene a echárselo en cara con un niño, para que vea la guerra que dan los varones, pero contra todo pronóstico, se convierte en el centro de atención del padre. De alguna forma, él quiere recomponer los lazos afectivos entre ellos a través de este adolescente. Lo que me atrae de este personaje es que sabe decir lo que le duele, por qué le duele, sabe reconocer sus errores y pedir perdón. Está abierta a arreglar las cosas, a continuar dando pasos para esa plausible reconciliación.
Aquí y ahora, ¿Por qué el teatro es un buen lugar para contar historias para ti?
La gente tiene miedo a expresar lo que piensa y a nosotros muchas veces nos toca ser su voz encima del escenario. Nuestro objetivo principal es que el público salga con un tema del que hablar, que se genere el debate. Se echa de menos el ambigú, donde la gente comentaba la obra y se generaba conversaciones muy interesantes. Si conseguimos ese debate, nuestra misión está más que cumplida. Con En el estanque dorado me pasó una cosa muy fuerte…
Y de repente, la emoción se instala en su rostro…
Una señora se me acercó después de la función y me dijo que se había sentido muy ‘tocada’ por la obra. Ella no le pudo decir a su padre todo lo que sentía y ahora estaba muerto. Entonces me di cuenta de que yo no quiero caer en ese error. Yo no quiero irme sin decirle a mis seres queridos todo lo que siento. En el fondo, creo que el teatro sirve para despertarte algo que estaba dormido, algo que no te habías atrevido a decir hasta ahora.
¿Es el laboratorio la mejor seña de identidad del trabajo con una compañía como Animalario?
Desde luego. Las obras se preparan con mucho tiempo. Hicimos un taller un año antes de Urtain, pero sin saber si íbamos a estar en la obra. De hecho, muchos que no participaron finalmente en el montaje vieron reflejadas algunas de sus aportaciones sobre el escenario. Además, me encanta que sean tan inconformistas, no se callan, dicen lo que piensan. Animalario es mi cuna. Ya los admiraba de antes, fue un sueño hecho realidad poder trabajar con ellos. Ahora me estoy acordando de cuando vinimos a Santander con Marat- Sade, la que se lió… Un señor no me pegó de puro milagro. Alberto San Juan fue mi salvador. Me parece increíble que la gente vaya al teatro sin informarse, sin saber lo que se significan los actores de Animalario… Yo cuando voy a ver algo que me desagrada, pues me voy, pero discretamente, no montando el numerito. En el fondo, generó debate y eso le vino bien a la función. Se generaron dos corrientes de opinión, los partidarios de Marat y los de Sade.
¿Con qué recuerdo te quedas de una experiencia como Gran Hotel?
Pues el recuerdo que se ha quedado grabado en mi mente es la última escena que rodé con Fele Martínez en el Palacio de la Magdalena. Los marqueses dejaban el Gran Hotel para siempre y, en ese momento, se fundieron realidad y ficción y nos dimos cuenta en la última secuencia de la escena de que esta aventura terminaba. Ahí fuimos conscientes de que se terminaba la serie. Miramos por última vez a la que había sido nuestra casa durante estos años y, acto seguido, Fele y yo fuimos conscientes de lo bonito que había sido ser parte de esa serie.
Y en esos recuerdos me imagino que también está Juan Luis Galiardo, que compartió su último trabajo con vosotros…
Coincidí con Juan Luis en su último viaje a Santander y la verdad es que es, lo ves aún le tengo presente, un tipo muy enérgico y carismático. Era un tipo arrollador, he conocido pocas personas así. Son las oportunidades que te da trabajar con Ramón Campos y toda la gente de Bambú.
Desde luego que los repartos de primera fila son una seña de identidad de Bambú…
Sí, de hecho, yo en la serie pude trabajar con alguien a quien admiraba tanto como Adriana Ozores. Cuando el primer día se me acercó y me dijo que yo era su favorita de Hispania, no me lo podía creer. El día de la despedida pedí una llave dorada que simulaba la llave maestra que llevaba Doña Teresa y se la entregué a Adriana. En ese momento, me dio un abrazo y me dijo que la habían preguntado por el mejor recuerdo que tenía de la serie. Ella había dicho que lo mejor había sido el beso que nos dimos el día en que nos conocimos. No me lo podía creer… Es una compañera excepcional y un ser humano maravilloso. Es mi ejemplo a seguir.
¿Qué proyectos tiene y con qué proyectos sueña Luz Valdenebro?
Todos los días me levanto con un pequeño Pepito Grillo que me dice que no me conforme, que siga luchando y trabajando para conseguir vivir de esta carrera de fondo que es la interpretación. Cuando tienes una gira tan larga, los productores no te llaman para hacer otras cosas. Tienes que decirles que estás aquí y que se puede compaginar con otros proyectos. Quizás, el cine sea mi asignatura pendiente. Quiero hacer algo de acción y si me tengo que rapar el pelo… Pues casi que mejor. (Risas)
Lo tenía claro desde que con siete añitos disfrazaba a sus hermanos y amigos para ‘jugar’ al teatro. Y aunque casi desde entonces ya tenía claro que ese iba a ser su camino, no consiguió convencer a su familia y amigos hasta el día en que pisó por primera vez las tablas del María Guerrero con sólo quince años. Desde entonces, se han sucedido en su carrera personajes que permanecen ya en el imaginario colectivo del espectador. Desde el mítico 1,2,3 a Compañeros, Lleno por favor o la reciente y tristemente desaparecida Bienvenidos al Lolita. A pesar de sus 49 años de profesión, siente que aún le queda parte del camino por recorrer en la interpretación, donde lo más importante es “ser una esponja” para aprender de compañeros como Miguel Rellán, por el que siente especial devoción. Una devoción que, seguro, sienten los espectadores de Los Misterios de Laura cada martes en La 1 viéndola cómo se inmiscuye en los casos de la Inspectora Lebrel. Siéntense en sus butacas y disfruten de Beatriz Carvajal en estado puro.
Foto de Pipo Fernández
¿Qué la atrae a Beatriz Carvajal como espectadora de una serie como Los Misterios de Laura?
Ya era fan desde antes de incorporarme. Me encantan las series de misterio. Es sencilla, familiar, tiene suspense, comedia, drama…
Ahora, pasados casi dos años desde su rodaje, ¿Cómo recuerda Beatriz Carvajal el rodaje de esta temporada?
Hice la segunda y la tercera temporada de la serie y para mí es la felicidad plena. Me lo he pasado muy bien. Me encantan los rodajes en plató, pero sobre todo los exteriores. Es una serie muy sencilla, pero con grandes exteriores.
Uno de los momentos álgidos de esta temporada sin duda ha sido el reencuentro con Miguel Rellán, ¿Qué ha aprendido a nivel personal y profesional durante tantos años como pareja artística en proyectos como Cuentos del burdel, que pude ver en el Maravillas, Compañeros o Paco y Veva?
En esta profesión, quien se crea que lo sabe todo está muy equivocado. Yo procuro aprender de compañeros como Miguel. La gente joven también te enseña. Hay que ser una esponja para seguir aprendido. Lo que pasa con Miguel es que nuestra relación es tan larga y tan fructífera que ya lo único que nos planteamos es disfrutar del trabajo juntos.
¿Cómo ha vivido esa cruenta batalla a la que han sometido a las dos series en las que participaba?
De entrada, fue muy triste. Sentía que estaba engañando a una serie con la otra. Me sentía muy mal por competir con el amor de mi vida, Los misterios de Laura. Es una pena esta lucha feroz por la audiencia. Yo creo que hay cabida para todos, están empeñados en concentrar los series en lunes y martes. Hay días que no sé qué ver con tanto cotilleo. Parece que no son capaces de tomar una decisión como hicieron en su día con Aída, que la pusieron en domingo, donde ha estado bastante protegida. Con Los Misterios de Laura creo que debería hacer lo mismo. Merece un lugar especial en la parrilla una serie que gusta al público y que encima tiene el reconocimiento de la crítica a nivel internacional.
A pesar del punto agridulce de este final anticipado, ¿Con qué se queda de Bienvenidos al Lolita?
Hemos trabajado mucho, pero el rodaje ha sido tan especial… Todo el equipo ha estado volcado con el proyecto. Da mucha pena que haya terminado así la verdad.
Creo que Robert Deniro es uno de sus referentes, pero ¿Con qué actor con el que ha trabajado ha sentido una especial admiración cuando ha tenido la oportunidad de actuar frente a él?
Antonio Ferrandis sin ninguna duda. Fue mi padrino artístico. Eran otros tiempos, entonces yo era mera figuración. José Bódalo, Amparo Soler Leal… Una vez ya profesionalizada, sin ninguna duda con Miguel Rellán, no me he entendido jamás con un actor de la forma en la que lo hago con él.
Comenzó en la interpretación muy jovencita, ¿Qué cree que la llevó a elegir este difícil camino?
No había otra. Con 7 añitos me bajaba con un amiguito a la calle y jugábamos al teatro. Soy la segunda de un montón de hermanos y siempre los tenía disfrazados. Mi entretenimiento favorito era jugar a ser actriz. Lo tenía tan claro que con 14 años empecé a ensayar mi primera función y con 15 debuté en el Teatro María Guerrero.
¿Fue esa puesta de largo en el María Guerrero el momento en el que cree que pasó de ser un juego a un trabajo, a una vocación que hasta entonces permanecía soterrada?
La verdad es que no. Yo lo tenía muy claro desde antes, pero había que convencer a la familia y a la propia profesión. También depende mucho de la actitud con la que te enfrentes a los proyectos. Yo tuve la suerte de debutar nada menos que al lado de María Dolores Pradera. Yo estaba convencida de que quería estar en esta profesión, pero tenía que convencer a mucha gente y parece ser que con el tiempo los he convencido.
Muchos personajes la han acompañado en este viaje artístico, pero creo que Compañeros tiene una especial significación para usted…
Es difícil encontrar proyectos en los que comulgues tanto en la forma de tratar los temas espinosos como el aborto, las madres solteras… Tenían un criterio progresista en los guiones que realmente me encantaba. Sin duda es el personaje televisivo con el que más he disfrutado.
Rellán y Carvajal a su paso por «Compañeros»
Creo que tiene ‘entre manos’ una nueva función de teatro, ¿Qué nos podría avanzar sobre este proyecto?
Es posible que haga una comedia en efecto, pero aún hay que darle forma al proyecto.
Aquí y ahora, ¿Por qué el teatro es un buen lugar para contar historias?
El teatro es la verdad de esta profesión. Me gusta el cine y la televisión, pero el escenario es la pureza de esta profesión, puro oficio. En el teatro se abre el telón y tienes que convencer a un público que está a escasos metros de ti. Sin duda, el teatro es la pureza de esta profesión.
Y con casi cinco décadas de carrera ¿Con qué proyectos sueña Beatriz Carvajal?
Solo sueño con seguir en esta profesión hasta que mi salud me lo permita. Podría ser una espinita clavada el cine, pero lo importante es mantenerse en esta profesión. Igual el futuro me depara un personaje en la pantalla grande, nadie lo sabe… Tiene mérito tantos años sin tener que dedicarme a otra cosa. La profesión ha sido muy generosa conmigo.
Al principio de la entrevista le pedimos que se pensase una autopregunta para cerrar la entrevista
¿Qué le gustaría ser de mayor?
Esa no me la han hecho nunca, me han debido ver ya entrada en años. Yo no me siento muy mayor, me queda mucho por vivir. Y en eso que me queda por vivir me gustaría ser… ¡Ministra de cultura! Así podría arreglar un poquito las cosas.
Esta entrevista es más corta de lo habitual. El tortuoso tiempo del norte hizo que nuestro protagonista llegase empapado a la cita y eso perturba a cualquiera, pero él, todo un señor dentro y fuera del escenario no dudó un momento en atender a DESDE MI BUTACA a pesar de todo. Con él compartimos unos minutos antes de una nueva representación de En el estanque dorado, que hoy volverá a poner el cartel de «No hay localidades» en el Palacio de Festivales y que llegará la próxima semana al madrileño Teatro Bellas Artes. Una entrevista corta, pero intensa. Disfrútenla.
¿Qué le cautivó a Héctor Alterio de En el estanque dorado?
Podría resultar a priori un hándicap la imagen que tenía de esta historia el público por medio de la película, que todo el mundo recuerda, pero realmente no lo fue. Es una función de teatro que en su traslación al cine no convenció al propio autor. Creo que la obra es mucho más profunda, incisiva y con un humor negro muy punzante. Tiene además unos diálogos muy realistas. Si a eso le añadimos la presencia de Lola Herrera esta obra es el regalo de cumpleaños perfecto. Lo que resulta más interesante de esta obra es que nos pone al límite, en esa frontera que está entre vivir y no vivir. Tenemos casi la misma edad que los personajes y eso hace que exista cierto paralelismo con nuestras vidas. Tal y como está tratado, el público se identifica mucho. Todos tenemos una abuela, un suegro o alguien en nuestra familia con características similares… Eso se hace más creíble por la forma en que el autor, Ernest Thompson, creó unos diálogos que esculpen a la perfección a los personajes. Todo ello hace de esta función algo lleno de verdad, muy creíble. Al final, el público sale satisfecho, agradecido por el montaje que le ofrecemos, como he podido comprobar en las 55 representaciones que llevamos hasta ahora.
“Empecé en esto para protagonizar, destacarme en algo y superar la inhibición”, ¿Considera que el teatro le ayudó a sobrellevar mejor su niñez?
Esa máscara me ayudó a sobrellevar esa timidez, ese apocamiento, esa cosa casi enfermiza que tenía de quedarme ensimismado mirando a la nada… Todo eso se superaba con el disfraz. El teatro fue una terapia para mí. Además de entretenerme y entretener al público despertó en mi de alguna forma mi vocación. Creo que esa máscara ligó ese, en principio, entretenimiento a mi futura profesión.
Junto a Julieta Serrano en una foto de archivo de DESDE MI BUTACA
¿Se ha quedado alguna espinita clavada, alguna asignatura pendiente en su profesión?
Siempre, eso es inevitable. Tengo 150 películas y 80 funciones de teatro, pero no todas son buenas desde luego. Para compensar aquellos en los que me he equivocado, me enfrento a futuros proyectos en los que no reincidir en el error y poder subsanar los errores del pasado. Lo que si te puedo decir es que los fracasos no me tiran para abajo, me hacen superarme en mi trabajo.
*Muy pronto DESDE MI BUTACA tendremos a otra de las protagonistas de En el estanque dorado, Luz Valdenebro
Un año más, Escena Miriñaque trae a Santander un puñado de interesantes propuestas escénicas en su IndiFest. Entre las grandes citas de este festival de teatro y danza independientes pudimos disfrutar de El resucitado. Su protagonista, Chete Lera, rostro habitual del teatro y del cine, atendió a DESDE MI BUTACA en esta nueva entrega de Tras la emoción compartida.
¿Qué le atrapó a Chete Lera de un proyecto como El resucitado?
Es una propuesta que parte de mi. Es un cuento de Zola que hace una reflexión sobre la posibilidad de regresar de entre los muertos. Está dotado de una poesía que desde el principio me atrapó. Llamé a mi amigo Emilio y lo convertimos en un proyecto de Inconstantes Teatro. Tiene un sentido del humor muy sutil este texto sobre un hombre que decide contar su historia de feria en feria. Es un pequeño freak que se gana unas moneditas en b, ya no tiene que pagar hacienda…
¿Qué lugar ocupa a nivel personal y profesional Inconstantes Teatro?
Colaboro con ellos desde hace 15 años. Emilio se acercó al teatro de una forma muy curiosa. A través de una amiga común, María Ruiz, nos conocimos y él empezó a hacerse un fiel seguidor de mi compañía Espacio Cero. Cuando decidí abandonar esta aventura artística, que tantas alegrías me ha dado, me pidió que colaborase con él en Gaviotas Subterráneas de Alfonso Vallejo. Ahí empezó nuestra aventura y nos hemos hecho amigos. Tenemos en cartel todavía Antígono del siglo XXI y El coloquio de los perros. Es una relación muy fructífera.
Y Tras la emoción compartida en El resucitado, ¿Cómo se siente Chete Lera?
Siempre necesitas testar cómo ha quedado la obra. Yo me meto en el personaje, soy muy sincero con el espectador, pero no debemos olvidar que me puedo volver loco con este resucitado. Lo que siento tras la emoción compartida es el cariño del público si esa noche lo he hecho bien. Cuando no salen bien las cosas, me cuesta quitarme esa sensación, pero al personaje lo dejo en el camerino. Como mucho, el personaje me ‘roba’ los cigarrillos en algún vestuario… (risas)
En Subprime se enfrentó a la realidad más latente, ¿Es ese el motor que te lleva a hacer teatro?
Cuando tienes delante un texto que habla sobre nuestra desoladora realidad, tienes la sensación de que conseguimos clarificar lo que está pasando al espectador y eso es muy gratificante. El teatro debería servirnos como catarsis siempre. La experiencia en Madrid fue un poco agridulce, la sala del Fernán Gómez es enorme y llenarla era imposible. Parece un teatro construido por el enemigo, hay zonas en las que no llega bien el sonido… La gira fue muy gratificante eso sí, la gente se reía y después de la función nos preguntaba por algunos términos económicos, aunque la realidad a veces nos obligue a saber qué es una subprime o las preferentes.
Supongo que hay más cosas que hacen del teatro el mejor lugar para contar historias…
El teatro es la madre del actor. No puedo abandonarlo, tú mandas en esta particular final de la Champions.En el fondo, esta necesidad de contar historias en el teatro reside en la condición intrínseca del ser humano de querer comunicarse con el otro. Los periodistas lo hacéis escribiendo y nosotros encima de un escenario. De vez en cuando tengo que hacer un montaje para renovar las energías, pero lo mágico del teatro es que el público hace la función y es el último director que nos da pequeñas notas sobre lo que hacemos encima del escenario.
En el cine le vimos en el debut en el largometraje de Rodrigo Cortés, Concursante, ¿Cómo fue la experiencia?
Me llamó mi representante para que leyese el guión. Me quedé atónito al leer la explicación que da mi personaje sobre cómo nos manejan los bancos… Me puse en contacto con él y le felicité por ese guión tan lúcido que había escrito. Los rodajes en España suelen ser un tanto demenciales por el poco tiempo y los recursos que se manejan, pero Rodrigo tenía las cosas muy claras. Tenía una precisión exhaustiva que hizo de este rodaje algo muy gozoso. Las dificultades suelen venir siempre desde la parte económica. Es una pena que pasase tan desapercibida entre el público. A veces tengo la sensación de que la crítica también es poco generosa con nuestro cine. Ya es hora de que empecemos a barrer para casa y más con un película de este calibre, tan adelantada a su tiempo. Aún me siguen llegando comentarios de gente joven que se queda atónita con esta cinta.
Desde pequeño encima de un escenario, pero creo que la suya fue una vocación bastante tardía…
Es cierto que tardé en descubrir mi vocación. De hecho, me había puesto a estudiar Psicología con 26 años cuando conocí a un grupo que se reunía para leer teatro. Con ellos, montamos un grupo de teatro y decidimos profesionalizarnos. A pesar de ser un camino lleno de dificultades, no me arrepiento en absoluto. Un actor no se hace en una escuela. Se hace encima de un escenario, resolviendo las dificultades y eso es maravilloso.
Y ahora, ¿Qué proyectos tiene y con qué proyectos sueña Chete Lera?
Tengo alguna película por ahí, que debo hacer para seguir retándome como actor, más por eso que por las condiciones económicas que son lamentables. Mientras la salud me lo permita, voy a seguir trabajando. Ya veremos en qué, seguiré inventando proyectos si no existen. Desde pequeño tengo la obsesión de hacer El Rey Lear que además tiene las mismas letras que mi apellido, fíjate tú por donde, Lera…
Prisionero en mayo cierra el IndiFest este domingo
Prisionero en mayo pone en escena una amistad imposible, un insólito diálogo en un lugar confinado. Todo cambia para Abel (Guillermo Llansó), preso reflexivo y solitario, el día que recibe a su nuevo compañero de celda, Enric (Karlos Aurrekoetxea). Si Abel encarna al criminal arrepentido y penitente, Enric es amoral, salvaje y carismático, reflejo de uno de los iconos más controvertidos del siglo XX: Charles Manson. Completa el reparto de este montaje de la compañía Vuelta de tuerca la actriz Marta Alonso. El domingo 2 de marzo a las 20:00h en Escena Miriñaque.
La Feria Europea de Artes Escénicas para Niños y Niñas, FETEN es un espacio que promueve los intercambios y la cooperación entre los distintos sectores de creación y distribución de las artes escénicas. La importancia y el realce adquirido por el teatro para niños/as en España y en, prácticamente, toda Europa, hace surgir la necesidad de un lugar o espacio donde conjugar, intercambiar, compartir y posibilitar intereses, experiencias, conocimientos y vínculos directos entre programadores, compañías y profesionales del medio; tratando entre todos de elevar y dignificar una, cada vez mayor, calidad de las artes escénicas hechas para y por los menores. En esta edición que tiene lugar entre el 16 y el 21 de febrero, Aladín, un musical genial, actualmente en el Teatro Nuevo Apolo de Madrid, se podrá disfrutar el próximo jueves 20 de febrero en el Teatro Jovellanos de Gijón. Todo un logro para este montaje de Trencadís Produccions que ya ha recorrido media España. Analizamos los aspectos que DESDE MI BUTACA creemos han sido claves en este éxito teatral que les llevará a estar presente en esta feria, referente europeo en las artes escénicas para público infantil.
Estamos acostumbrados a ver espectáculos infantiles-familiares con una economización de los recursos que, en mi modesta opinión, roza a veces lo amateur o, peor aún, la función de fin de curso. Con una escenografía consistente en un libro gigante pretendieron que nos creyésemos la historia de El mago de oz hace bien poco… Por eso, los padres que vayan a ver Aladín, un musical genial con sus hijos, se sorprenderán para bien. Empezando por la escenografía fija, diseñada por Luis Crespo, que se adapta a los diferentes espacios con sumo acierto. Siguiendo por las partituras originales de José Domenech que no puedes dejar de tararear cuando sales del teatro, muy especialmente ese número al más puro estilo del Broadway clásico, El genio vuelve a actuar. Y una diferencia esencial, es un espectáculo para todos los públicos, no un infantil. Me explico: El libreto de Josep Mollá tiene sus guiños al público adulto y más de un padre sale con una sonrisa después de ver el espectáculo y rememorar la magia de su añorada infancia. Aladín, un musical genial cubre un hueco en las propuestas de teatro musical actual. Un musical de formato medio para toda la familia, creo que sería una buena definición.
Y no, no me olvido del reparto jovencísimo y talentosísimo. Lidera el reparto Naím Thomas, consagrado ya como una de las figuras de nuestro teatro musical, compone un Aladín lleno de energía (ojo a las piruetas que se marca) y con un amplio registro vocal como demuestra en Hoy ha cambiado mi vida. Su dulce y menos ñona que en el cuento partenaire es Erika Bleda, de cuya voz solo podemos enamorarnos, ¡No sabes cómo te entendemos Aladín! Aitor Caballer es un Jafar con una imponente presencia escénica, Mariño Muñoz es un divertido Sultán, Víctor Lucas se lleva una gran ovación del público con la comicidad que transmite su Yago, Fátima Gregorio es una entrañable Aya de la que solo puedes encariñarte y Ángel Crespo se mete con asombroso tino en los diferentes personajes que le tocan acometer. Y no, no me he olvidado del Genio. Carles Montoliu es un mágico ser lleno de estilo que brilla con luz propia en su número estrella, El genio vuelve a actuar. Y además, la alfombra vuela, hay números de magia y ¡un elefante gigante en escena! Elementos que no hacen más que asentar la idea de que este musical que ha ideado y dirigido Jose Tomás Cháfer debe tener un largo recorrido por delante. De momento, este jueves en Gijón y los fines de semana hasta nueva orden en el Nuevo Apolo de Madrid. Vayan, tengan o no hijos, lo pasarán genial. Igual hasta les conceden tres deseos. Palabrita de Genio.
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Se mete cada tarde en la casa de millones de personas a través de la pequeña pantalla, pero admite que necesitaba volver a respirar encima de un escenario. Y es que el teatro ha marcado la carrera de un actor que ya en los tiempos de Tábano se dio cuenta que el trabajo de los cómicos es algo que hay que hacer en equipo. Y eso se transmite en un escenario como el del Infanta Isabel, donde ‘respira’ cada tarde con uno de los mejores repartos vistos en nuestro teatro reciente. Y entonces, se crea la magia. Se apagan las luces y comienza la vida de El Cojo de Inishmaan.
¿Cómo es el Johnny que ahora interpretas en el Infanta Isabel?
Es el hilo conductor, cuenta las noticias del pueblo, nos describe a la gente de esa isla. Es como un narrador clásico, que nos introduce en la historia, nos dice cuánto tiempo ha pasado…
¿Cómo han sido los ensayos con Gerardo Vera y el resto del reparto de El cojo de Inishmaan?
Hice con él El enemigo del pueblo y, desde entonces, hemos intentado colaborar varias veces y no ha sido posible. Él se definía como un director un tanto invasivo, pero yo nunca he tenido esa percepción la verdad. Me siento muy cómodo con Gerardo, hablo el mismo lenguaje que él. Tengo la sensación de que ha sido un proceso de ensayos muy acelerado para mi gusto. Uno de los puntos fuertes ha sido mi reencuentro con Teresa Lozano, que llevamos décadas coincidiendo en distintos montajes.
Y esa compañía que habéis creado, y eso se ve en escena, tiene una química ‘mágica’…
Hemos encontrado una manera de relacionarnos entre nosotros muy especial. La función desde el estreno ha subido muchísimo. Determinados engranajes de la función están ahora perfectamente engrasados. Hemos creado un reparto compacto teniendo a gente de edades y procedencias tan distintas como Adam y Terele. Es Gerardo el que ha sabido compactar sin dejar ni una figura a este reparto del que me siento tan orgulloso de formar parte.
¿Qué le atrapó a Enric Benavent de un texto como El cojo de Inishmaan?
Tiene un punto de ironía mezclado con un lirismo muy poético y afectivo que lo hacen un cócktel maravilloso. Humor, ironía, políticamente incorrecta y hace especial atención.
Su autor, Martin McDonagh, hasta ahora ha sido un completo desconocido en nuestro país…
Yo creo que es un autor que ahora es cuando está empezando a ser reconocido. Precisamente, haciendo esta obra he caído en la cuenta de que, sin pretenderlo, mi carrera ha estado marcada por el teatro del siglo XX: Eduardo de Filippo, Pinter… Y con El cojo de Inishmaan he entrado de lleno en el siglo XXI con un una obra que bebe de Becket y de los mejores autores irlandeses.
Y aquí y ahora, ¿Por qué el teatro es un buen lugar para contar historias para Enric Benavent?
Pisar un escenario supone reencontrarme con la esencia de esta profesión. Lo que me gusta del teatro es que puedes ahondar en los personajes, escarbar en lo más profundo de su ser para sacar su esencia. Uno empieza en esto seguramente por vanidad creo, pero de repente en los ensayos te das cuenta que transitar por la vida de otros nos da la oportunidad de vivir tantas vidas… Y entonces te das cuenta que este trabajo no solo te gratifica con el aplauso del público, sino también con algo mucho más profundo.
Entre las experiencias cinematográficas recientes está tu paso por Gente en Sitios de Juan Cavestany, ¿Cómo fue el rodaje?
Trabajar con Juan Cavestany me da un chute de euforia. Estoy muy contento por haber participado en Gente en sitios, una película tan libre en la que nos ha junto a gente del cine, el teatro y la televisión para contar unas historias que, en cierto modo, son un reflejo de la España en la que vivimos. Fíjate como fue ese rodaje. Yo salía de rodar El secreto de Puente Viejo y, sin desmaquillarme, me iba a rodar con él tras ponerme el traje en mi casa. Para mi suponía buscar un ratito para pasarlo bien y rodar con mi amigo Juan. En el momento del rodaje ‘pedíamos’ los improvisados permisos para rodar en sitios como la Audiencia Nacional o el bar de debajo de mi casa. Y tuve la suerte de compartir, una vez más, escenas con mi querida Nuria Gallardo. Sin duda, es la experiencia más eufórica de mi carrera. Entiendo muy bien su humor, aunque haya cosas que haya que cogerlas ‘con pinzas’, y eso nos hace tener una conexión muy especial.
Como tantos actores españoles su camino en esta profesión comenzó en Tábano…
Era el medio en el que me tocaba moverme entonces. Empecé en el grupo universitario UEVO. Veníamos de trabajar en Colegios Mayores, donde la Policía nos solía clausurar los espectáculos. Hice un espectáculo con Tábano en el que hacía ¡14 personajes! Recuerdo que mi objetivo únicamente era salir vestido al escenario, que entre tantos cambios saliese a escena con el vestuario correcto.
Con una larga carrera a tus espaldas, ¿Tienes algún personaje que se ha quedado por el camino, alguna espinita clavada?
Nunca tuve el sueño de hacer un personaje concreto. Creo que de alguna forma esto es herencia de mis tiempos en el teatro independiente. Allí no existían las individualidades, creíamos en el proyecto, en el trabajo en equipo. Yo valoro los papeles que me van llegando. He tenido la suerte de hacer personajes maravillosos con los que no contaba y con los que, desde luego, no había soñado. Soy un actor afortunado. Mi objetivo es que esta profesión siga sorprendiéndome con personajes tan bonitos como los que he tenido hasta ahora. Para que te hagas una idea, yo no conocía El arte de la comedia y cuando me dieron esa obra me di cuenta que era un bombón. Con personajes como ese me doy cuenta de lo afortunado que he sido como persona por poder transitar por personajes tan ricos.
“TOMAR PARTIDO” (Taking sides) es la 15ª producción de la Fundición, en colaboración conFocus (Barcelona), basada en la obra de Ronald Harwood y dirigida por Pedro Álvarez-Ossorio. El texto aborda la Alemania post-nazi de 1946 y pretende involucrar al espectador como parte y testigo de un juicio abierto que presenta dos actitudes absolutamente opuestas ante la terrible realidad política del Tercer Reich. Antonio Dechent, Roberto Quintana, Rocío Borrallo,José Manuel Pogay Emilio Alonso componene el reparto de la obra, que se podrá disfrutar del viernes 21 al domingo 23 de febero en el Teatro Campos Elíseos de Bilbao.
Berlín, 1946, una ciudad destruida, imagen dantesca, la quintaesencia del fracaso, la consecuencia de la guerra. Destrucción, desorientación, muerte; fin de una etapa. Construida sobre escombros, esta obra intenta reflexionar sobre la reconstrucción moral de la humanidad, la búsqueda de unos valores nuevos. Asistimos a los prolegómenos y averiguaciones preparatorias para el juicio que llevará a cabo la Comisión Antinazi para los Artistas. El comandante Steve Arnold, en su vida civil inspector de seguros, recibe el encargo de investigar las implicaciones del director de Orquesta Wilheim Furtwängler en la Alemania nazi de 1933 a 1945; para lo cual, reúne información e interroga a diversos testigos de su vida.
Su protagonista, Antonio Dechent, calificaba así a la obra en una reciente entrevista con Desde mi butaca: «Es un texto maravilloso. Es sobre unos juicios paralelos a los Juicios de Núremberg que se hicieron a la gente de la justicia y de la cultura. Es el espectador el que debe tomar partido y sacar sus propias conclusiones en este montaje».
Se ha convertido en una de las actrices imprescindibles del musical en nuestro país. Su versatilidad vocal y actoral la han hecho transitar por personajes como la Sandy de Grease o una rockera ancianita en Forever Young. Su nuevo reto es convertirse en una vedette de revista, tiembla Norma Duval desde su retiro seguro, en The Hole 2.
¿Qué es lo primero que se le pasó por la cabeza a María Adamuz cuando supo que sería una ratita en The Hole 2?
La verdad que me pareció una idea super original y divertida porque para colmo me dijeron que la rata ahora sería ahora una vedette. Eso ya fue lo que me terminó de cautivar ya que también me parece divertidísimo ser la vedette del siglo XXI y retomar los tiempos de la revista española que tantos éxitos ha dado en el teatro de la latina. Está siendo una experiencia muy enriquecedora.
Para los que no se metieron en el primer agujero, ¿Cuáles son los ingredientes que crees que atraparán al espectador de esta secuela?
Es un espectáculo diferente a lo que últimamente está acostumbrado el público, ya que es una mezcla de cabaret, circo, teatro y musical. Con todos estos ingredientes hay para todos los gustos y el público te puedo asegurar porque lo veo cada noche que se lo pasa en grande, no paran de reír y aplaudir durante las 2 horas y media que dura el espectáculo.
¿Cómo ha sido el proceso de ensayos junto a este equipo comandado por Víctor Conde y José Luis Sixto?
A Víctor le conocía desde hace tiempo pero nunca habíamos coincidido así que ya teníamos ganas los dos de trabajar juntos. Con José Luis sí que ya habíamos trabajado juntos y ya me encantó la experiencia anterior, así que han sido unos ensayos para mi muy bonitos de éstos que no quieres que se acaben porque de tantas horas juntos se crea como una pequeña familia.
Se alternan Alex O’Dogherty y Fernando Gil como maestros de ceremonias, ¿Qué destacarías de cada uno de ellos?
Yo ya admiraba a Álex, pero desde que trabajo con él lo tengo en un pedestal así que, qué no destacar de Alex si me parece uno de los actores más completos que tiene este país: Es buen actor, buen cómico, canta, baila , compone, toca el piano, la guitarra ,el ukelele y tiene un arte que no se puede aguantar como se diría en mi tierra … En fin como yo siempre le digo ¿Hay algo que hagas mal? Así que para mi compartir escenario con él es una maravilla y todo un honor.
Y a Fernando lo había visto en Spamalot y la verdad es que me encantó, aún llevo muy poquitas funciones con él pero destacaría la rapidez con la que se ha preparado el personaje y lo diferente que lo hace, ha conseguido hacer un maestro de ceremonias totalmente distinto por lo que aporta cosas nuevas al show.
No es tu primera transformación. Aquí eres una ratita sexy, pero antes te tocó ser una anciana rockera en Forever Young, ¿Cómo fue el trabajo junto a Tricicle y ese reparto tan ‘jovial…
El trabajo de meterme en la piel de una anciana con 95 años de la mano de Tricicle ha sido una de las experiencias más bonitas que he vivido en teatro, trabajar con Tricicle además de un regalo fue todo un aprendizaje. Los ensayos con ellos fueron como una masterclass de teatro gestual y comedia, les quiero y admiro muchísimo. Trabajaría de nuevo con ellos con los ojos cerrados.
Fuiste la dulce Sandy en un musical que está instalado en el imaginario colectivo Grease, ¿Era uno de esos musicales que soñabas con hacer?
Pues la verdad es que sí porque de pequeña ya me había visto la peli un montón de veces porque me encantaba y hasta tenía el cassette con las canciones que las cantaba y me sabía de memoria y, por supuesto, mi preferida era Sandy, así que cuando me dieron la noticia no me lo podía creer. De verdad que interpretarlo fue un sueño hecho realidad.
Y si miramos hacia el futuro, ¿Qué proyectos tiene y con qué proyectos sueña María Adamuz?
Estoy creando junto con mi compañero y amigo Rubén Yuste una comedia para teatro con unos 12 sketches escritos por diferentes dramaturgos y contamos con la ayuda de Tricicle, estamos muy ilusionados con este proyecto. Y sueño con seguir dedicándome a ésto muchos años y con nuevos proyectos como el cine o la televisión después de tantos años en teatro me apetece meter un poco el pie en el mundo de la ficción audiovisual.
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Un profesor que utiliza las canciones de los Beatles para enseñar inglés en la España de 1966, se entera de que John Lennon está en Almería rodando una película. Decidido a conocerle, emprende el camino y en su ruta recoge a un chico de 16 años que se ha fugado de casa y a una joven de 21 que aparenta estar también escapando de algo. Entre los tres nacerá una amistad inolvidable.