Antonio Pagudo: «En La que se avecina somos una gran familia»

Antonio Pagudo ha tenido una escuela vital y artística con nombre propio: Yllana. Y así, sin palabras y solo con el gesto, creció en una profesión que le ha llevado a grandes cotas de popularidad con La que se avecina, que mañana estrena nueva temporada. En El eunuco, gran éxito en el Festival de Mérida con el que están girando por toda España, se ha creado una sensación de familia, de equipo, algo similar que lo  que ocurre con sus compañeros de la teleserie que protagoniza desde hace más de 7 años.  De esa sensación de compañerismo, de piña, da sabida cuenta la colaboración (especial e inesperada) en la entrevista de uno de sus compañeros en la comedia teatral del año. 

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La fiebre por los «Peques artistas» marca el inicio de la temporada televisiva

Hubo un tiempo en que los talents shows parecían haber agotado su ciclo en televisión. Y de repente apareció La voz, lo mismo de siempre, pero con una mecánica un poco diferente. Boom. Y la bomba terminó de explotar cuando a Telecinco se le ocurrió seguir dando caña al formato de moda, pero ¡Con niños! Y la audiencia astronómica. Todas las madres viendo a esos pequeñuelos que un día gritaron eso de ¡Mamá, quiero ser artista! Pequeños gigantes y Tu cara me suena mini han sido los grandes éxitos del comienzo de la temporada televisiva. Sí, así empezamos… Temamos lo peor… Bueno, alguna esperanza hay en este comienzo de la temporada. No me refiero a los chorricientas horas que cada semana dedica «TeleSálvame» a las cuitas de la hija de La Panto (900 euros por programa…), no me refiero a que la de «¿Qué tengo? ¡Llamada!» vaya a tener nuevo programa, me refiero a que alguna esperanza en el campo de la ficción tenemos. Por de pronto, el martes por fin se estrena Hermanos, que si T5 ha tardado tanto en estrenarla es por tener miedo a que sea un producto que se sale de sus estándares. Algunos actores me han hablado francamente bien de ella, así que en este caso creo que sintonizaré sin pensármelo un momento dicha cadena. Ni que decir tiene que tampoco perderé la oportunidad de ver las nuevas series de Bambú, como Bajo sospecha y Refugiados. Y de ficción extranjera lo más inminente es Broadchurch el próximo miércoles. Una serie avalada por éxito de crítica y público en prime-time en Antena 3. Ya hacía tiempo que no se veía esto. Ganas inmensas de verla.

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Nathalie Seseña: «Los actores somos niños grandes a los que nos pagan por jugar»

Desde pequeña quedó eclipsada por la ceremonia. En la tienda familiar, Capas Seseña, veía algo muy ceremonioso en el momento mágico de colocar la capa. Y en el teatro veía a los actores sin saber muy bien si eso se podía estudiar, si se podía vivir de esa ceremonia tan particular que es el teatro. Nunca imaginó que trabajaría en el medio audiovisual, aunque precisamente sean el cine y la televisión los que le han granjeado sus mayores éxitos. Unos éxitos que se ha tomado con mesura, sin dejarse llevar por los devenires del mundo del espectáculo. Lleva una vida discreta, lo más alejada posible de los focos y de los grandes titulares. Habla de una forma dulce y pausada. Nada que ver con su personaje televisivo en La que se avecina. Pudimos disfrutar de su brillante trabajo en El innombrable, una obra que estrenó en 1998 y que recuperó por una noche en el marco de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

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Aunque no se pueda avanzar mucho, ¿Por qué has querido rescatar El innombrable en este momento?

Tiene mucho que ver con la mujer, con una situación de represión y creo que ambas cosas hacen que esta historia tenga mucho que decir. Desgraciadamente, dice mucho del momento actual.

Conociste a todo un maestro de actores como Philippe Gaulier con esta experiencia teatral…

Tras estudiar en la RESAD, pedí una beca al Ministerio de Cultura. Vi una serie de actores que me fascinaron y quise estudiar con su maestro en Londres. Estuve una buena temporada estudiando con Philippe. Cambió mi forma de entender el teatro y la vida. Una cosa que descubrí al trabajar con actores de todo el mundo es que arrastras mucho de tu cultura en tu forma de interpretar. Para mi fue muy interesante de descubrir. Además, tiene una escuela que es muy similar a Lecoq. Poder trabajar con él fue un lujo. Hace tiempo que queríamos retomar este texto. Ha sido muy emocionante volver a jugar con este personaje que me gusta tanto. Le hubiese gustado estar aquí, pero estaba en Italia.

Aquí y ahora, ¿Por qué el teatro es un buen lugar para contar historias?

El teatro es mágico. Es un acto único e irrepetible. Cada función nunca se va a repetir, eso me encanta. Tiene esa cosa tan directa y maravillosa de la comunicación con el público. No está enlatado ni manipulado. Ocurre o no ocurre la magia. Depende de nosotros y también del público, con el que puede que se produzca la comunicación o no. El encuentro entre el actor y el público se produce cada noche. A veces sale bien y otras mal. Cada día intentamos contar bien una historia.

En 2011 volviste al teatro con El tartufo de Moliére tras una temporada sin pisar las tablas, ¿Cómo fue la experiencia?

Si soy actriz es por mi pasión por el teatro. Nunca imaginé que haría cine y televisión. Es un placer enfrentarte a un proyecto teatral. Tenía ganas de trabajar con Hernán Gené y más aún con un Moliére. Un personaje como Dorina es muy bonito.Quizás no tuvo el recorrido que merecía ese montaje. A veces levantar el telón es demasiado caro y no se puede acceder a tantas plazas.

Tras más de siete años en La que se avecina, ¿Te sigues sorprendiendo en la serie?

Me sigo sorprendiendo con los guiones de La que se avecina. Lo que más me gusta de esta serie es que me sigo divirtiendo como el primer día rodando. Nos lo pasamos muy bien y cuando me llegan los guiones me siguen haciendo gracia. Después de 7 años, poder seguir divirtiéndome es maravilloso. Después de tantos años, hay una complicidad muy grande. Con una mirada somos capaces de comprender a nuestro compañero. Es muy divertido estar en el plató. Jordi Sánchez es una persona maravillosa. Somos matrimonio en la ficción y grandes amigos en la vida real.

Te conocimos gracias a El día de la bestia de Álex de la Iglesia, ¿Qué recuerdas de aquella experiencia?

Lo recuerdo como una de las experiencias más fascinantes de mi carrera. Pude encontrarme con ese ser tan fantástico que es Álex de la Iglesia en un rodaje muy duro. Recuerdo a parte del equipo dormido por las noches del agotamiento. Estábamos muy felices de ser parte de esa historia, pero obviamente no podíamos imaginarnos en el fenómeno que se iba a convertir esa película. La primera vez que leí el guión no pude dejarlo hasta que lo acabé.

Pasaste una infancia entre capas y creo que en esa ceremonia de ponerse la  capa viste algo muy teatral…

Estaba mucho en la tienda de mi familia, Capas Seseña. Yo lo veía como algo muy teatral, muy ceremonioso… Forma parte de mi pasión por la ceremonia, ¿Qué hay más ceremonioso que el propio teatro? La capa es algo tan relacionado con el teatro también, que algo debí ver en ello seguro.

¿Estaba ya en ti esa parte de juego que lleva el oficio teatral?

Siempre he querido contar historias. Los actores somos niños grandes a los que nos pagan por jugar. Cuando lo conseguimos, nos hace muy felices. Yo iba al teatro y me decía a mi misma que quería hacer eso, pero diría que de una forma inconsciente. No pensaba que se convertiría en mi profesión. Es muy raro esto de que te quieras dedicar a la interpretación.

A pesar de la popularidad, eres una persona bastante discreta, ¿Es la parte expuesta de la profesión lo que menos te gusta de este oficio?

Es una profesión que conlleva una cierta exposición. Vivimos de cara al público. Hay dos tipos de actores. Por un lado, los actores que procuramos exponernos ante los focos menos. Por otro, los considerados ‘estrellas’, que además de su faceta interpretativa exponen su vida privada y su imagen. A mi me resultaría agotador. Molaría quitarse la máscara de actor y poder pasar desapercibido, pero forma parte de la profesión.

Emma Suárez: «El teatro es un ritual de comunión en el que la palabra es la protagonista»

La actriz Emma Suárez cierra esta noche el ciclo Noches de la Biblioteca de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo leyendo una selección de cuentos de Manuel Vicent, que mañana será protagonista dentro de los Martes Literarios.

La actriz esta mañana en Santander bajo la mirada del fotógrafo Pablo Hojas.

Aquí y ahora, ¿Por qué el teatro es un buen lugar para contar historias para Emma Suárez?

Cada día que te subes a un escenario tú te sientes de una forma distinta, pero lo que realmente hace que cambie la representación es la ‘escucha activa’ del espectador. Esos cambios en matices que consigues con la respuesta del público es algo que hace mágico el hecho teatral. Me gusta mucho que la relación con el público sea transparente. El teatro es un ritual de comunión en el que la palabra es la protagonista. En el teatro existe un espíritu de grupo, una gran confianza en el otro, una cierta hermandad con tus compañeros. 

Viene de hacer Los hijos de Kennedy bajo la dirección de José María Pou, ¿Qué ha aprendido de este maestro de las tablas?

Tengo la sensación de que no se pudo volcar tanto como le hubiese gustado. Él estaba ensayando Tierra de nadie de Harold Pinter. Lo que más me impresionó de él es su capacidad para documentarse, tiene una memoria prodigiosa. Nos dio muchísima información de la época. Con esta obra, hemos redescubierto estos años gracias a esa documentación. Poder revivir esa época de Kennedy ha sido muy gratificante.

¿Qué queda de esa niña que con sólo 14 años rodó su primera película en la actriz que participa hoy en las Noches de la Biblioteca de la UIMP?

Sigo siendo la misma persona. No creo que me haya transformado profundamente. Sigo luchando en este oficio y tengo la suerte de trabajar en algo que me gusta, haciéndolo lo mejor posible. Sigo siendo una persona familiar que trata de proteger a mis seres queridos. Conservo cierta timidez y estoy muy agradecida por poder seguir en este camino.

¿Qué ha significado en su carrera un trabajo como el de El perro del hortelano a las órdenes de Pilar Miró?

Está muy presente. La reponen mucho en televisión y la pasan en los colegios. Me dieron el Goya y, sobre todo, me vinculó a todo un referente como Pilar Miró, fue una persona muy íntegra y muy luchadora. Es una película que cuando participo en alguna retrospectiva siempre la ponen.

¿Qué es lo que le emociona de su profesión a Emma Suárez?

Significa el deseo de conocimiento del alma humana, la necesidad de conocer a los demás. A través de los personajes tengo la oportunidad de descubrir y comprender a los demás. Es un trabajo en el que es imprescindible la observación. A través de los personajes puedo comprender a otros.

Si miramos hacia el futuro, ¿Con qué tipo de proyectos la gustaría seguir en este camino de la interpretación?

Me sigo ilusionando con proyectos como Falling Apart de Ana Rodríguez, rodada en sólo tres semanas en la República Dominicana. He trabajado con un equipo fantástico. Se ha creado un espíritu en el que todos creíamos en el proyecto, esa forma de trabajar es imprescindible. Éste es un trabajo de grupo. Detrás de nosotros, los actores, que somos la cara visible, hay un equipo que es el que hace realmente grandes los proyectos. También estoy encantada de formar parte de Todos murieron por encima de sus posibilidades de Isaki Lacuesta, que presentaremos en San Sebastián con un reparto de lujo con nombres como José Coronado y Raúl Arévalo. 

Paco Arrojo: «Compartir mi experiencia con la gente joven es algo maravilloso»

Gracias al concurso televisivo La voz el gran público conoció su talento, pero desde joven su voz ha sido parte de multitud de zarzuelas y obras de teatro musical. Una faceta menos conocida de su trabajo es su labor como docente, que le apasiona por ver esas caras de las nuevas generaciones ávidas de saber, en las que seguramente ve reflejadas las aspiraciones de un artista que comenzó «siendo el último mono del coro» hace ya unos cuantos años. Ahora, está recorriendo España presentando su disco Mis Ídolos, que en octubre le llevará a México. 

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¿Cómo surge la idea de este Mis Ídolos?

Nace de la necesidad de rendir un homenaje a mis referentes musicales. Las nuevas generaciones debemos hacer perdurar en el tiempo estas canciones, aportarles algo de la sabia nueva. Para mi contar con Alberto Cortez, Ángela Carrasco y Raphael es algo maravilloso además.

Tras una larga carrera musical, te llegó el espaldarazo definitivo con la televisión, ¿Cómo te enfrentaste a que de golpe y porrazo te convirtieses en alguien popular?

Nada más salir de La Voz la cosa fue realmente exagerada, pero cuando tienes cierta edad pues te tomas las cosas de otra forma. Lo vives con mucha naturalidad y con mucho agradecimiento. Yo siento que debo hacerme la foto con un fan, es una forma de agradecimiento y siento que es parte de mi trabajo. Creo que es muy bonito. Quien se acerca, te dice algo bonito y eso es maravilloso.

De los musicales en los que nos ha hecho soñar encima de un escenario, ¿Serías capaz de quedarte con uno?

West Side Story es un musical que tuve la suerte en unos tiempos en que no se hablaba de crisis. Teníamos una gran orquesta de 30 músicos y compañeros a los que admiro y quiero mucho como Marta Ribera y Víctor Ullate. Es uno de sus musicales que forma parte de mi vida de una forma muy intensa. Las melodías de Bernstein están ahí, es maravilloso. Jekyll y Hyde eran dos personajes en uno. El protagonista y el antagonista en el mismo personaje. Con ese personaje pude buscar en mi. Me pilló creo que demasiado joven, me encantaría haberla hecho en un momento vital como el que estoy viviendo ahora, aunque indudablemente ese musical fue una verdadera escuela artística. Por último me encantó poder escuchar las indicaciones de un maestro como Mario Gas en Mahagonny, lo cual considero un verdadero regalo.

Una faceta menos conocida de tu carrera es la ‘docente’, ¿Cómo se enfrenta a sus alumnos Paco Arrojo?

Compartir con gente joven, que están ávidos de saber, es maravilloso. Vienen con mucho amor. Esta profesión no es algo impuesto como las matemáticas que tenías que hacer obligatoriamente. Esto lo eliges. Es maravilloso poder transmitirles lo que hemos aprendido trabajando, que es sin duda la mejor escuela.

Arrojo se gana al público desde el primer momento en cada concierto.
Arrojo se gana al público desde el primer momento en cada concierto.

Has visto ‘madurar’ el género del musical en España, ¿Crees que vamos por buen camino?

A pesar del maldito 21%, el musical está viviendo un gran momento, el público lo reclama más que nunca. Ahora conoce el género mucha más gente. El fenómeno de El Rey León me parece maravilloso. Es un gran espectáculo que sirve para abrir la puerta a otro tipo de propuestas también.

¿Cómo llega Paco Arrojo al mundo del teatro musical?

Yo entré como yo siempre digo como el último mono del coro en las zarzuelas del Teatro Apolo. Hice papelitos hasta que llegó el primer musical de la mano de José Luis Moreno, El diluvio que viene. A partir de ahí, empecé a encadenar un proyecto detrás de otro.

To play dicen los ingleses, ¿Es un juego también el oficio de actor para Paco Arrojo?

Desde luego parte de un juego. Todos hemos jugado a meternos en la piel de otra persona. Si eso se busca desde la naturalidad y la honestidad, ahí creo que conseguiríamos un buen resultado. De alguna forma, te planteas cómo actuarías tú bajo esos condicionantes.

¿Con qué tipo de proyectos te gustaría ser ‘jugando’ en el mundo del espectáculo?

Mi sueño es que el viaje que vamos a hacer a México en octubre y noviembre sea todo un éxito. Tengo muchas ganas de promocionar este disco y conocer esa cultura que ama tanto la música. Sólo espero que la próxima vez que nos veamos te pueda contar buenas noticias.

 

 

 

Natalia Millán: «En Velvet hemos hecho una piña»

Ya la tuvimos hace un mes DESDE MI BUTACA en una entrevista junto a Marta Poveda que os animamos a recuperar. La pillamos justo antes de subir el telón con uno de los últimos ‘bolos’ de ¿Hacemos un trío? Algo más que un cabaret. Esta semana HACEMOS UN MUSICAL DESDE MI BUTACA…

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¿Cuáles son sus momentos favoritos de ¿Hacemos un trío?, Algo más que un cabaret?

Sondheim es uno de los grandes de los musicales. Nos sigue emocionando cantar el trío que hacemos con una de sus canciones siempre. El arreglo que ha hecho el maestro César Belda es maravilloso. También es muy bonito el momento de My Fair Lady. Así, podemos revivir ese momento en que descubres tu vocación y das tus primeros pasos en el mundo del espectáculo. De alguna forma al empezar en aquel gran musical tan jovencitos teníamos la sensación de que estábamos viviendo una película. Por supuesto, también los momentos más personales que tenemos cada uno en el espectáculo. Es muy emocionante, está hecha desde el corazón. Sus ingredientes básicos son la emoción y el humor.

Has combinado este trío con tu intervención en la exitosa Velvet...

Mi intervención está a punto de terminar como estaba pactado, pero ha sido un auténtico privilegio ser parte de esa serie sobre todo por ese elenco de actores maravillosos. Con unos cuantos ya había trabajado antes y ha sido un placer trabajar con caras nuevas también, todos juntos hemos hecho piña. Uno de los descubrimientos para mi ha sido mi hija, Miriam Giovanelli. Es una mujer absolutamente sorprendente, por lo bella y por la calidad de su trabajo. He estado realmente a gusto haciendo la serie.

De las vidas que ha vivido en el escenario, ¿Sería capaz de quedarse con una?

Porcia de El mercader de Venecia, Velma Kelly de Chicago, Sally Bowles de Cabaret… Hay unos cuantos en realidad. En todos pones mucho, pero también te dan mucho por estar en obras de tanto peso.

Si miramos hacia el futuro, ¿Sigue Carmen Sotillo en el horizonte?

Ahora estoy comprometida con la CNTC durante una larga temporada, pero la ventaja de Cinco horas con Mario es que además de que me encanta hacerlo, es muy fácil juntar a la compañía. Sólo depende de que el productor, José Sámano, me pregunte por las fechas libres y lo podemos montar.

Natalia junto a Marta Poveda en Almagro.
Natalia junto a Marta Poveda en Almagro.

¿Qué fue de… Jimmy Castro de «El Club Disney»?

Muchos crecimos viéndole en la pequeña pantalla. Ya entonces, en sus labores Disney, tuvo que demostrar sus dotes para la interpretación en un programa tan dinámico y divertido como El Club Disney, después rebautizado como Zona Disney. Por el mítico programa pasaron muchas caras en la presentación, pero sin duda la de Castro fue una de las que han quedado en el imaginario colectivo de varias generaciones. Además, fue de los presentadores que más tiempo estuvo en antena con este programa. Su vena de comunicador nato hizo que conectase al instante con el público.

Como decía antes, ya por aquel entonces demostró su vena interpretativa de alguna forma. De ahí que parezca normal que le llegasen proyectos como la película No digas nada (2007) o más recientemente la serie Los hombres de paco (2008). Desde entonces, poco o nada sabía de este showman, creo que es el término más apropiado.

Una foto promocional de "Los hombres de Paco".
Una foto promocional de «Los hombres de Paco».

Hace cosa de un par de semanas me llegó a través de Facebook un cortometraje, ¿Y por qué no? Inmediatamente llamó mi atención al ver que Castro no sólo protagoniza, sino que también dirige y escribe esta historia que seguro que no os dejará indiferentes.

Hace unos días, revisando el elenco de Un cuento de invierno, vista ayer en el CASYC de Santander dentro de las actividades culturales de la UIMP, encontré de nuevo a Jimmy. A pesar de su dilatada carrera en televisión y sus coqueteos con el cine, el teatro y más ¡Shakespeare! es siempre una prueba de fuego. Pues bien, Castro no ha perdido ni una pizca de esa mirada de pícaro con la que encandiló a la audiencia. Y siendo pícaro, se gana el respeto del público desde el momento en que pisa las tablas. Desconozco su recorrido teatral, pero admito que anoche se llevó buena parte de mis aplausos a la compañía Siosi Teatro, que ha construido una luminosa y economicista puesta en escena. Es una muestra de perseverancia, de empeño, de querer seguir en un camino tan difícil después de haber tocado el éxito mediático con la punta de los dedos. En esta carrera de fondo que es la interpretación, parece que el otrora Chico Disney ha sabido encarrilar su carrera.

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Alberto Vázquez: «Los que estamos encima de un escenario solemos ser unos tímidos enfermizos»

Alberto Vázquez cuenta y canta su vida junto a Marta Valverde y Natalia Millán por los escenarios de España. Mañana estarán de hecho en la bella localidad cántabra de Laredo. Su referente infantil fue su hermana, Helena Bianco, toda una estrella de la época, sin la que quizás no se habría dedicado a un oficio por el que sentía una pasión irrefrenable. Su primer trabajo profesional fue con 17 años, My Fair Lady, pero hasta que no firmó su primer contrato en Argentina, donde ha desarrollado buena parte de su carrera, no tuvo la percepción de que se podía dedicar definitivamente al mundo artístico. Aunque muchos lo conozcan por su faceta de actor de musicales, Vázquez ha participado en series de tanto éxito como Cuéntame cómo pasó, donde tuvo una particular Hada Madrina: Ana Duato. Con el protagonista de musicales tan recordados como Mamma Mia charlamos en exclusiva. Y ya sabéis, esta semana ¡HACEMOS UN MUSICAL DESDE MI BUTACA!

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¿Cuál es tu momento favorito de ¿Hacemos un trío?, Algo más que un cabaret?

El trío de Sondheim. Es el más complicado de hacer y muy bonito. Cuanto más escuchas a este autor, más le admiras. Seria muy bueno descubrir algunos de sus musicales de pequeño formato, que son muy desconocidos en España.

Habéis estado un tiempo sin hacerlo, ¿Nervios ante esta vuelta a los escenarios?

Tengo muchas ganas de ver de nuevo si la gente entra en nuestra historia. Siento los mismos nervios que cuando estrenamos en el Nuevo Alcalá.

¿Es ese desgarrador padre de Ana Frank el momento más mágico que has vivido encima de un escenario?

Absolutamente. El diario de Ana Frank era un gran musical que tuvo muy mala suerte, estuvo muy mal gestionado. Todos los que lo vieron lo sintieron de una forma muy fuerte. Para nosotros, poder conocer a algunos de los protagonistas de la historia fue algo muy especial. Estuvimos en los sitios reales de la historia, conocimos a amigos de Ana e incluso a la persona que ocultó a la familia durante tanto tiempo… Poder bucear una historia que conoces desde pequeño de una forma tan increíble y ponerla en pie fue una gozada. Una experiencia inolvidable.

El musical en España va ampliando sus miras con nuevas propuestas de pequeño formato como la vuestra…

Me encanta que se pueda ver también a los artistas que solemos actuar en musicales de gran formato, en producciones chiquititas, muy cercanas al público. En España, llegamos tarde a casi todo. Esto es el Off de Broadway o Buenos Aires que está ofreciendo espectáculos de gran calidad desde hace muchos años. Esto no quiere decir que me guste el tema del microteatro, que se hace en cualquier parte y en unas condiciones paupérrimas… Me parece que nuestro trabajo debe tener un recorrido más amplio la verdad.

Da la impresión de que a veces los actores que no hacen musicales miran por encima del hombro a los que se han curtido en el género del teatro musical, ¿Has tenido esa sensación alguna vez?

A los artistas de musicales es cierto que se nos ha mirado a veces te diría que por encima de los dos hombros… En mi caso, es un poco distinto. Yo antes de hacer Mamma Mia, ya había hecho unas cuantas series… La gente que se da a conocer en musicales lo tiene muy difícil para dar el salto a la televisión o al cine. Es curioso que cuando un actor de teatro da el salto al musical le llueven las alabanzas, pero cuando un artista curtido en musicales brilla sobre el escenario nadie viene a buscarle y eso es algo que nunca entenderé.

¿Cuánta culpa tiene de que Alberto Vázquez se dedicase al mundo artístico que su hermana fuera Helena Bianco?

Sin tener un referente como ella, no creo que hubiese seguido por este camino. Yo tenía claro que quería cantar. Mi vida era cantar, quería estar en un escenario. Cuando mi hermana se separó, nuestros caminos digamos que fueron cada uno por un lado, cosa que vista con el tiempo creo que ha sido muy positiva. Ahora disfruto tanto cada vez que me subo a un escenario con ella o cantamos en un disco…

Al tener ese referente cerca, ¿Fue más fácil decir aquello tan tópico de “Mamá, quiero ser artista”?

Yo era un niño timidísimo. Los que estamos encima de un escenario solemos ser unos tímidos enfermizos de pequeños. Todos los niños nacen actores. Todos nos disfrazamos queriendo ser otro. Yo siempre dije que quería ser artista, pero no tenía muy claro que se pudiese realizar. Cuando me di cuenta de que lo estaba consiguiendo fue en Argentina con mi primer contrato grande. Luego di el salto a España y de alguna forma tuve que demostrar mis dotes encima de un escenario de nuevo, pero la verdad es que no me puedo quejar de la carrera que he tenido desde entonces.

Y entre las experiencias televisivas más gratificantes destaca Cuéntame cómo pasó...

Me convocaron a una audición en un lugar tan frío como es el despacho de una directora de casting. La sorpresa vino cuando me dijeron que Ana Duato dijo que quería hacer la prueba conmigo cuando terminase de rodar ese día. Vino vestida de Señora Alcántara y fue algo mágico. Para mi ella es una DIOSA absoluta. Fue como mi hada madrina. Entró y me quitó todos los miedos de golpe. Me dijo que la mirara a los ojos, que la cogiese de las manos y la hablase de verdad… La dije que no me iba a ser nada difícil decirle que era una mujer hermosa y que estaba enamorado de ella… Y en ese momento, nos echamos los dos a reír. Fue precioso. Gracias a la mano de Ana y de Imanol fue un regalo del cielo ser parte de esa serie.

Hace unos meses hablaste en una entrevista que serías parte de un gran musical de producción española, ¿Qué ha pasado con ese proyecto?

Se ha caído lamentablemente. Estaba todo el elenco y ha habido un problema de concesión de derechos entre el autor y la empresa. Me da mucha pena no solo por mi, sino por el equipazo que había detrás. Ahora intento mirar hacia adelante con posibles nuevos proyectos. Estoy leyendo un par de cosas, quizás en enero ponga en marcha algo nuevo.

Nuria González: «La primera vez que me subí a un escenario supe que algo había cambiado en mi vida»

Nuria González nunca quiso traspasar la Cuarta Pared. La aterraba la idea de enfrentar su mirada a la del espectador. Ahora en Taitantos ha conseguido que la mirada del público sea su mejor cómplice. Sola sobre el escenario se mete en la piel de una bloguera de moda que a sus taitantos ve como se su mundo cae ante sus ojos. La actriz se prepara en el camerino, donde se da los últimos retoques. Un personaje a años luz de una actriz que admite vivir lo más ajena posible de la parte de imagen que tiene su profesión: «Soy un poco antiestética y cuando me siento observada tengo una inseguridad muy grande». Esta actriz, cuyo lugar natural es el escenario, se ha movido con igual soltura en la televisión y en el cine, donde tuvo uno de esos escasos personajes de enjundia para mujeres de cierta edad: Mataharis. Y si no hubiese sido actriz, ¿Qué profesión hubiese ejercido con gusto? Jardinera. Con la protagonista de Tres de Juan Carlos Rubio charló por primera vez DESDE MI BUTACA. 

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La obra también está triunfando fuera de España, ¿Qué cree que tiene Taitantos para que funcione tan bien?

Es un tema universal, a todo el mundo le implica ya sea física o intelectualmente.

¿Cómo se consigue tras más de un año que la función conserve la frescura?

Debes tener la sensación de que es la primera vez que haces la obra. Dejar que salga el personaje a la vez que lo va conociendo el público. No te puedes ceñir a un esquema prefijado. Sigo las directrices de Coté Soler, pero es mejor que nazca el personaje en cada representación.

Estrenó en uno de los teatros más emblemáticos de Madrid, el Lara…

Fue muy especial, el equipo es maravilloso. Ensayamos allí en una sala que tienen para ensayar. Es un lugar mágico. Cuando se enciende el patio de butacas al final de la función, es estremecedor. Es un lugar tan bonito… Es una verdadera joya.

Las actrices se quejan de que llegadas a cierta edad las cuesta encontrar papeles con enjundia, ¿Cómo se siente Nuria González a sus taitantos?

Yo no me puedo quejar. Susana es un personaje de mi cuerda al que puedo interpretar con gusto. La temática de la mujer madura ha pasado muy desapercibida. Hay una abuela o una señora que cocina, pero no suele ser el centro de atención. Escasean los papeles protagónicos de mujer madura. En una serie, puede haber una única mujer de edad protagonista y en cambio hay un puñado de jovencitas. Con los hombres es diferente. Con cincuenta pueden ser un galán, un maduro interesante. Una mujer de esa edad tiene que estar muy bien para resultar seductora.

Ha dicho que «En el teatro el público ve a través de los ojos del personaje», ¿Se ha acrecentado esa sensación con un montaje tan ‘desnudo’ como éste?

Naturalmente, en esta obra he necesitado la compañía del público más que nunca. Cuando no tienes compañeros en escena te falta una energía y unos estímulos que te envían y que son distintos cada día. En los ensayos, estar sola me daba mucho miedo. Cuando empezó a venir el público, la cosa cambió. El público lleva la respiración de Susana. Poder sentir el aliento del público y poder mirarlo a los ojos es mágico. Nunca había sentido esa sensación. Yo era la típica actriz que no quería hacer cabaret para no romper la Cuarta Pared. Me daba mucho respeto mirar a los ojos al público. Tengo la suerte de ser miope y eso creo que ha hecho que me atreva aún más. En sus rostros nebulosos sí que veo las sonrisas de la gente y sus emociones. Estos son los estímulos que utilizo.

Aquí y ahora, ¿Por qué el teatro es un buen lugar para contar historias para Nuria González?

Yo quise ser actriz para trabajar en el teatro. Me vine a Madrid para subirme al escenario. Luego he hecho de todo. He aprendido mucho en la televisión de hecho. El cine es fascinante también, pero el teatro es la cuna, es el lugar en el que yo elegí estar. Yo quería contar historias en el teatro, un templo en el que se reúne gente para vivir una misma historia. Es comunicación con mayúsculas. Es muy poco habitual en nuestra cultura que se den estas circunstancias. En el teatro se realiza la comunión, vivimos todos una misma historia y eso produce auténticas estelas de energía.

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La actriz dándose los últimos retoques.

Tres, La monja alférez y 9 minutos la han unido al nombre de Juan Carlos Rubio, ¿Siente que comparte la misma mirada sobre este oficio?

Juan Carlos Rubio está en mi vida, es mi amigo, mi hermano. Primero fue un guionista al que no conocía. Hizo el guión de la película El calentito y de varios episodios de Manos a la obra. He hecho televisión, cine y teatro con él. Al principio no le conocía, pero luego he tenido la suerte de compartir con él varias experiencias teatrales. Juan Carlos tiene el talento, la humildad y la generosidad. Es muy difícil que un director te comprenda con solo mirarte y él tiene esa cualidad. Tiene un grado de empatía con el actor muy grande. No solo por haber sido actor, no todos valen para dirigir. Él es un milagro de comunicación para los actores. Te pone en antecedentes y trabaja por delante de tus inseguridades. Si te dice que te subas a una montaña rusa, lo haces encantada.

Fue mala, malísima en el programa El rival mal débil, ¿Llegaron a tenerla miedo los espectadores?

Desde luego. La gente se piensa que soy una hija de puta integral. En el fondo, el actor trabaja con todas sus emociones. Con su risa, con su llanto y por supuesto con su mala leche. De algún lado tuve que sacar las malas pulgas del personaje. La gente está precavida y con motivos además. Lo bueno es que llegué a ese tipo de público que sólo ve concursos.

Da la impresión de que vive un poco ajena a la parte más expuesta de este oficio, ¿Qué suponen las alfombras rojas para Nuria González?

Me verás en pocos photocalls. Sólo voy cuando tengo que promocionar un trabajo. Yo no se posar, me pongo en modo sonrisa congelada. Esa preocupación de qué tienes que ponerte es un poco pesado. Aparecer en público sin personaje no me gusta. Lo hago, pero no me gusta. Yo no me maquillo, me peino por obligación… Soy un poco antiestética y cuando me siento observada tengo una inseguridad muy grande.

Aunque cueste encontrar personajes buenos para mujeres de cierta edad el cine le granjeó un gran personaje en Mataharis

Disfruté tanto haciendo un personaje tan contenido, tan caracol. Es un trabajo que no había hecho. Suelo hacer personajes muy seguros. Ella era insegura, antigesto. Carmen era un personaje para coger con algodones. El elenco era maravilloso tanto como el personaje y la directora.

Y volvió a coincidir con Fernando Cayo, actor con el que coincidió en Manos a la obra

Desde luego. Es un actor maravilloso, toca las cosas de una forma… Me encanta verle cómo se mueve en los espacios, cómo los posee con una facilidad impresionante.

De pequeña, ¿Nuria González dijo aquello de mamá quiero ser artista?

No, yo era de ver Estudio 1 y admirar a gente como Lola Herrera, pero nada más. En Málaga, el teatro estaba cerrado y se usaba como cine. Cuando lo abrieron, empecé a ver funciones. Me gustaba más escribir. Me subí al escenario por casualidad a los 17 años y en ese momento supe que algo había cambiado en mi vida. Un amigo estaba montando un grupo de teatro y necesitaba chicas y así empecé. Allí me encontré a la persona que me dijo que estudiara Arte Dramático, Leovigildo García Molina. Él me dijo que podría vivir de este oficio y en ese momento me hizo el favor de mi vida. Ese grado de confianza que tenía en mi fue lo que me hizo dedicarme a esto. Yo no creía en mis posibilidades y no sabía que se podía estudiar. Te contaré que yo estudiaba en Málaga música y ballet y estaba en el mismo edificio. Escuchaba voces raras, pero no sabía que eso era teatro. Yo estaba a mis cosas, a mi música y no me daba cuenta de nada. No fui una niña que quisiera ser artista de pequeña.

Ha comentado que el día que le deje de interesar esta profesión se meterá a jardinera…

Me encanta, ¡Te has leído todas mis entrevistas! Llegó un momento en el que me di cuenta de que no sabía hacer otra cosa que actuar. Me planteé volver a la radio, pero lo pensé bien y caí en la cuenta de que la cosa iba a estar igual de complicada que en el teatro. Lo pensaba con presión hasta que un día relajadamente me pregunté qué podría haber sido yo con placer si no hubiese sido actriz. Podría haber sido feliz sin haber probado el veneno del teatro si me hubiese hecho jardinera, pero una vez que pruebas esta droga eres incapaz de desengancharte.

¿Con qué tipo de proyectos le gustaría seguir ‘jugando’ a esta profesión a Nuria González?

En pocos montajes he tenido tanta sensación de juego como en La monja alférez. Jugábamos a las espaditas, a las luchas, a hacer magia… Era una paliza muy grande, pero todo se hizo jugando y a la vez trabajando muy duro. Me gustaría hacer cosas muy distintas. Estoy muy motivada con una serie de televisión, Rabia, para Telecinco. Es de género. Yo sólo había hecho una Película para no dormir. Y la verdad es que me encanta. Soy espectadora de terror, me encanta. Si no produce lo que quiere, el terror es desternillante y eso me parece maravilloso.

Una oda al playback con el dinero de todos

Anoche la España más rancia volvió a la televisión de la mano de José Luis Moreno. Sálvames y telemendicidades aparte, tenemos una televisión de lo más ‘cuca’ con un puñado de series de calidad y algún que otro programa de lo más interesante. Suelo salir en defensa de nuestra tv en multitud de ocasiones cuando oigo decir que aquí no se hace bien nada. Ahora bien, lo que vi anoche en TVE estaba a años luz a algo parecido a una televisión del año 2014. Admito que cuando era un niño me tragué más de una Noche de fiesta, pero claro creo que he evolucionado con el tiempo. Anoche en Sábado sensacional veo a ‘La Obregón’ dando clases de ligoteo, a la Panto rodeada de toreros haciendo un playback que no sabe encajar y unos cuantos sketches mil veces vistos de entuertos amorosos más propios de la posguerra- ya no digo ni de los 90 cuando eran la sensación- De los diálogos de humor inteligente y réplicas afiladas entre los presentadores prefiero no opinar. Pensar que ‘La Pública’ tiene en el cajón un montón de películas y series que no emiten por ‘cuestiones presupuestarias’ y que, en cambio, hayan decidido pergeñar esta pequeña gran BASURA da mucho que pensar. Estoy de acuerdo en que la música debería volver a la televisión, más allá de ¡Qué tiempo tan feliz!, pero el ideal sería un formato tipo Música Sí y no Sábado Casposo. Por cierto, también estuvo el hijo de la tonadillera y, sí, le pagamos con fondos públicos.  Saquen sus propias conclusiones. Recemos por que no se levante algún directivo de ideas brillantes y decida renovarlo. Por si acaso, vayan reservando los sábados para disfrutar de este programa, sólo apto para paladares exquisitos.