Juan Fernández: «El teatro es una bofetada que nos enfrenta a nuestros errores»

Cuando Juan Fernández entra en el Teatro Nuevo Apolo,  aún no ha terminado la función de Aladín, un musical genial, espectáculo con el que comparte teatro El nombre de la rosa, función que protagoniza desde hace unos meses. Y comienza la entrevista con una energía especial tras pasar animadamente por la sala en el último número del musical: «Les veo en el escenario y la verdad es que me dan envidia. He cantado alguna vez en el escenario, pero nunca he hecho un musical como tal». Si algo le gusta del teatro con respecto al cine y la televisión es que le pone los pies sobre la tierra. Y es que no hay un acto más generoso que el de un ser humano que respira contigo y te da una bofeta para que ‘despiertes’ en una sociedad anclada en vicios que deberíamos haber subsanado ya. De voz y presencia escénica imponente, Fernández ha desarrollado una dilatada trayectoria en los escenarios, en la televisión, en el cine y en el doblaje: «Los empresarios quieren que rebajemos un 20% nuestro sueldo». Y las televisiones comienzan a temer que las series americanas no estén dobladas a tiempo. Mientras se solucionan las cosas, él sigue aprendiendo de Guillermo de Baskerville a mantener la calma frente a la adversidad. Y le veremos desde el 1 de abril en una nueva serie, que emitirá TVE próximamente, Victor Ros. Y antes de retomar la gira, se podrá disfrutar de su trabajo en el Nuevo Apolo hasta el 30 de marzo. 

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¿Ha sido difícil incorporarse a un montaje ya rodado?

Ha sido caótico. Me avisaron a mediados de septiembre para sustituir a Karra Elejalde y, de antemano, me pareció un reto. Por la disparidad geográfica de los actores era imposible que nos juntásemos para ensayar, así que les seguí en la gira. Me mandaron aprenderme diez escenas para el ‘bolo’ de Alicante y cuando vi la obra me quedé perplejo. Me parecía imposible “aprenderme” la puesta en escena. En Pamplona volví a ensayar con ellos y antes de estrenar en Lodosa, solo tuve la oportunidad de ensayar una vez más. Tuve que ensayar mucho por mi cuenta en mi casa. Tomé como base el personaje del cine, pero claro allí cuentan con el primer plano y en el teatro, se trabaja con un plano general continuado. Por lo tanto, tuve que desechar la idea de imitar a Sean Connery. Al final, la novela fue mi salvación. De ella cogí las claves para construir un personaje en el que me costó entrar bastante. Un técnico me decía que algunas frases no se entendían. Yo le contestaba que no me salían del cuerpo de lo inseguro que estaba. Ahora ya lo disfruto mucho la verdad. Es un personaje que siempre soñé con hacerlo, pero me parecía impensable que alguien se atreviese a hacer esta obra en España. Ha sido casi una cosa del destino. Lo estrena Karra Elejalde, pero por cuestiones personales lo tiene que dejar y piensan en mi para este personaje…

¿Que ha aprendido Juan Fernández de un personaje como Guillermo de Baskerville?

Me ha enseñado a calmarme un poco, pierdo los papeles con mucha facilidad. Soy muy impulsivo y me está enseñando a mantener la calma ante la adversidad, a pasarlo todo por el tamiz de la razón. Nada es casual, sino que todo es causal. He aprendido también algo que es esencial para los actores, saber observar lo que pasa a tu alrededor. Él saca sus conclusiones de los detalles y eso es esencial para nosotros a la hora de componer un personaje.

Aquí y ahora, ¿Por qué el teatro es un buen lugar para contar historias?

Creo que el medio no importa, sino la calidad de la historia y que te la cuenten bien. En el caso del teatro destacar que es un espejo donde la sociedad se ha dado de bruces con la realidad. El ser humano ha evolucionado demasiado poco, siempre caemos en los mismos errores. Antiguamente funcionaba muy bien en el público eso de que viesen reflejadas sus taras, pero ahora parece que nos hemos vuelto un tanto insensibles. Aunque nos vistamos de frailes en esta función, de alguna forma el espectador se da cuenta de que esto éramos y qué no hemos hecho nada para cambiarlo. El teatro es una bofetada que nos sirve para darnos cuenta de todo lo que hacemos mal.

Saltamos al campo televisivo con esa experiencia de Tierra de lobos, ¿Qué balance hace de esta serie?

En la tele pasamos por tantas manos… Para mi, la tercera temporada sobraba. Por lo demás, ha sido una experiencia muy positiva. Está mal que yo lo diga, pero creo que he hecho un trabajo muy digno. He conseguido que Lobo fuese un malo con sus razones. Un cacique rural que se defiende como sabe, a tiro limpio.

¿Qué papel ocupa el doblaje en la vida y en la carrera de Juan Fernández?

Ahora mismo estamos en huelga. Los empresarios no nos han subido el sueldo desde 1993 y no nos han pagado el IPC desde entonces. Ahora, encima, quieren que rebajemos un 20% nuestro sueldo por take y convocatoria. Queremos seguir cobrando lo mismo que hasta ahora. Queremos que todo esté recogido en un convenio para que no puedan pagarnos lo que les de la gana, sino lo que creemos que es justo. Yo empecé por casualidad en este mundo. Ana Wagener y Ángeles Neira dirigían doblaje en Sevilla allá por los años 80. Yo no había doblado nunca y me llamaron para un serie malísima titulada Llamada del Oeste, que eran como 400 capítulos. Nos llamaron a unos cuantos actores de teatro y, para mi sorpresa, cuando me puse delante del atril me di cuenta de que sabía doblar perfectamente. Soy autodidacta, me explicaron un par de cosas y lo clavé. Iba a hacer un par de takes y en la siguiente convocatoria, me dieron un protagonista.

Muchos actores me recalcan la parte de “juego” que tiene esta profesión como motor de su vocación, ¿Nació así su interés por esta profesión?

Absolutamente… (Hace un gesto de aseveración hasta en cuatro ocasiones)

Yo siempre quería ser el jefe indio. Cuando estaba jugando yo era Jerónimo, el jefe apache de la serie que veíamos los niños entonces. El teatro es una evolución de esas vivencias. El que se lo tome más en serio, está un poco perdido en la vida. No entiendo a los compañeros que viven el teatro como un sufrimiento. Hay que disfrutarlo al máximo. Es el juego de la mentira y cuanto mejor lo haces, el público entra más en nuestro juego. Lo que no puedes es perder la perspectiva de que el personaje se queda aquí dentro. Los personajes viven, duermen, comen y mueren en el teatro. Yo me acuerdo que en Tierra de lobos cuando me montaba a caballo me imaginaba siendo Julio César, pero luego volvía a mi realidad. Ahora cuando me pongo el hábito de inmediato me convierto en un fraile. Es curioso cómo te cambia la actitud física. Colocas la voz de otra forma, cambia tu tempo… Estás jugando a como crees que es tu personaje.

Y ahora tras tantos años encima de un escenario, ¿Qué proyectos tiene y con qué proyectos le gustaría seguir “jugando” a Juan Fernández?

He hecho una serie para TVE llamada Victor Ros, basada en las novelas de Gerónimo Tristante. Trata sobre la primera polícía que hubo en España, la Metropolitana. Hago de un comisario que viene del ejército y lo colocan allí por influencias política, pero se va adaptando. No tiene nada que ver con Tierra de lobos. Aparentemente se parece a Lobo, pero yo lo he ido limando para que te pueda llegar a caer simpático.

La serie "Víctor Ros" llegará a Movistar Televisión el 1 de abril antes de su futuro estreno en TVE.
La serie «Víctor Ros» llegará a Movistar Televisión el 1 de abril antes de su futuro estreno en TVE.

Me encantan el cine y la televisión, pero me decanto por el teatro. El audiovisual te da fama y popularidad y te crees que estás por encima del bien y del mal. En cambio, el teatro te hace poner los pies sobre la tierra. Te da unas curas de humildad maravillosas. 

Elena Rivera: «Compatibilizar los estudios y la interpretación me ha hecho ser más responsable»

Hace una década que irrumpió en el barrio de los Alcántara como un soplo de aire fresco  la  que se convertiría en la novia de Carlitos, Karina. Entonces, Elena Rivera era solo una niña que jugaba en el plató de «Cuéntame cómo pasó», aunque siempre con la vista puesta en sus estudios. Un día, ese «juego» se convirtió en algo más y nuestra protagonista empezó a sobresalir en las tramas de la longeva serie. Y esa presencia cada vez más protagonista llamó la atención de otros creadores. Y llegaron otros proyectos como «Los Quien» y «Toledo». Y, por fin, el teatro, donde ha redescubierto la pasión por este oficio. Pero tiene otra pasión… por si las moscas. Ya de niña jugaba con sus muñecos a ser profesora y ahora combina su faceta interpretativa con los estudios de Magisterio Infantil. «El arte de la entrevista», en el Teatro María Guerrero, es su debut sobre las tablas.

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¿Qué es lo más le atrae a Elena Rivera de una obra como El arte de la entrevista?

El texto desde luego y mis compañeros. Es cierto que en una primera lectura parece una obra sencilla, pero cuando ensayas te das cuenta de que tiene muchas capas. Mayorga tiene muy claro lo que quiere contar y cómo lo quiere contar. Cuenta nuestro director que si le cambiásemos una coma de lugar, se cambiaría el sentido de la obra por completo.

Además debutas en el escenario del María Guerrero al igual que en su día Luisa Martín y Alicia Hermida…

Si, me siento una afortunada por poder compartir un escenario como éste cada noche, que transmite una sensación muy especial.

¿Qué ha aprendido Elena Rivera de una compañera de viaje como esa maestra de actores que es Alicia Hermida, primero en Cuéntame cómo pasó y ahora en el teatro?

Tengo una confianza total con ella. De hecho, el motor de que yo me animase a estar en esta obra es en parte el hecho de que hubiese alguien conocido en el reparto. En la serie, estaba muy encima de nosotros, buscaba las intenciones que teníamos que darle a una frase y nos hacía huir de los soniquetes habituales en los niños cuando se aprenden un texto. Todo lo que sé de esta profesión lo he aprendido de ella y ahora es un placer compartir escenario con ella y con otra actriz del calibre de Luisa Martín, de la que también aprendo cada día.

¿Cómo fueron los ensayos de El arte de la entrevista?

Pocos directores dejan participar tanto al autor como el nuestro, Juan José Afonso. Además, es muy receptivo. Como has visto hace un momento, siempre está atento a nuestras sugerencias y hace un momento a Alicia se le ocurrió una cosa nueva y la vamos a incorporar a la función. Es un director muy abierto al diálogo. Invitó a conocidos ajenos al mundillo a los últimos ensayos y toma nota de sus percepciones. Con Alicia ya te he dicho que ha sido un viaje maravilloso y con Luisa, ¡Para qué contarte! Es la madraza de la compañía, siempre pendiente de todos los detalles. Cuando ve que fallo en algo, enseguida me da las herramientas para subsanar el error. Y por supuesto también de Ramón Esquinas voy absorbiendo como una esponja todo lo que puedo. Y siento de verdad cada vez que se levanta el telón que el teatro tiene veneno y engancha…

Sabes que uno de los problemas del teatro es lo difícil que es acercar a la gente joven, ¿Se te ocurre alguna fórmula para cambiarlo?

Mis amigos me dicen que es muy caro, pero no es cierto. Hay muchos descuentos y por ejemplo aquí en el CDN si tienes menos de treinta años y vienes 30 minutos antes te hacen un 75% de descuento. Yo creo que entienden que esto del teatro es algo ‘antiguo’, que lo asocian con obras del Siglo de Oro… Sí que se me ocurre algo, deberíamos sacar el teatro a las calles para que viesen lo que es sentir la emoción de un actor de cerca. Si se acercasen a vernos, podrían vivir por ejemplo una escena que tengo con Alicia en la que en más de una ocasión nos hemos deshecho en el escenario, éramos emoción pura. Y eso solo lo da el teatro.

La actriz en su camerino del Teatro María Guerrero
La actriz en su camerino del Teatro María Guerrero

Precisamente, ¿Por qué el teatro crees que te ha ‘envenenado’ de esa forma?

A veces tengo la sensación de que contando la misma historia, logramos hacer cosas nuevas en cada representación. Eso lo noto mucho con Luisa, que cada día me tira las frases de una forma y entonces, tú como actriz, te tienes que retar para saber responderla en la dirección correcta. Me gusta mucho poder jugar todos los días con la obra, que vaya creciendo paso a paso.

¿Hasta qué punto cree Elena Rivera que ha crecido antes que los demás niños por estar rodeada de adultos desde pequeña en la televisión?

Desde luego que sí, pero creo que va también ligado un poco con cómo tú te enfrentes a las responsabilidades. Yo siempre he tenido claro que iba a compatibilizar las grabaciones con los estudios, en eso he sido inflexible. Tener la responsabilidad de combinar las dos cosas, te hace madurar antes. Además, trabajar con gente adulta también te da una percepción de las cosas un tanto adelantada a tu edad. Empiezas actuando como si fuese un simple juego, pero llega un momento en que te das cuenta de que esto es un oficio en el que tienes que estar en permanente alerta y, por supuesto, en constante aprendizaje.

¿Hubo un momento en el que te diste cuenta de que ese ‘juego’ se convertiría en tu profesión?

Creo que no, pero bueno… Bueno, sí… Cuando empezaron a darme más protagonismo en la serie podría ser una especie de punto de inflexión desde luego. Aún así, no estoy segura del todo, la verdad. De hecho estoy estudiando algo completamente diferente, Magisterio Infantil. Desde pequeña he sentido algo especial por los niños. Yo cogía a mis muñecos y jugaba a ser su profesora. Cuando hice prácticas, me di cuenta de que si por algún casual no puedo dedicarme a la interpretación tengo una opción b por la que siento una especial debilidad.

“Esto es un juego, si no te diviertes, nos vamos” te decían tus padres…

Sí, veían que me lo tomaba como un juego y que combinándolo con los estudios les parecía bien que lo hiciese. Siempre me decían que cuando la chica, como  me llaman, sufriese con la interpretación, que lo dejase sin pensarlo ni un momento.

Has combinado Cuéntame con otras dos series, Los Quien y Toledo, ¿Cómo han sido esas experiencias?

Los Quien fue una experiencia corta, pero intensa. Teníamos que estar todos los actores siempre en plató y creamos una gran familia. Me encantó probar el registro de la comedia después de tantos años en Cuéntame. Toledo no lo pude disfrutar mucho, pero fue una gran experiencia para seguir aprendiendo.

La música es otra de tus pasiones, hasta participaste en el mítico Lluvia de estrellas, ¿Qué lugar ocupa ahora en tu vida?

La música me ha acompañado siempre. Siempre estoy cantando la verdad. Si bien es cierto que ahora no lo tengo como una prioridad, no se puede abarcar todo. Eso sí, a su debido momento no pienso desaprovechar la oportunidad de seguir creciendo en este campo.

Si Elena Rivera pudiese practicar el arte de la entrevista, ¿Qué pregunta se haría?

¿Crees que podrás vivir de esto dentro de unos años? En cierto modo sí que tengo esa incertidumbre… Es cierto que me encantan los niños, pero si finalmente no puedo dedicarme a esto, creo que sería una espinita clavada.

Si miramos hacia el futuro, ¿Qué proyectos tienes y con qué proyectos sueñas?

He hecho una pequeña intervención en una película de Nacho G. Velilla, Perdiendo el norteSin duda me encantaría hacer un musical. La música es tan importante en mi vida que poder juntarlo con la faceta interpretativa sería un sueño hecho realidad. Y el musical de mis sueños sería Grease, soy una auténtica fan. Fui a ver el montaje de teatro con visión crítica, comparándola con la película que tanto me gusta.

Luz Valdenebro: «Mi Pepito Grillo me dice que no me conforme»

Luz Valdenebro se convirtió en actriz el día que descubrió que esto del teatro se podía estudiar. Ella estaba estudiando danza cuando vio el cartel de «Escuela de arte dramático de Córdoba» y se lanzó a la aventura. Desde entonces, la hemos visto en series de éxito, en teatro y con algún coqueteo con el cine, que confiesa que es su asignatura pendiente. Ella no quiere quedarse con nada que decirle a los suyos, como su Chelsea de En estanque dorado. Sincera, divertida y llena de vibrante emoción desgrana para DESDE MI BUTACA algunos bonitos momentos que le han deparado esta función y su paso por el televisivo Gran Hotel, al que de alguna forma volvía el pasado fin de semana al regresar a Santander, donde se rodaron los exteriores de la serie. Ese día su Whatsapp echaba humo, sus compañeros televisivos querían saber cómo estaba siendo la experiencia de volver a la ciudad. Habrá larga vida para En el estanque dorado. Por de pronto, pueden disfrutarla en el Teatro Bellas Artes de Madrid. 

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En la obra En el estanque dorado compartes escenario nada menos que con Lola Herrera y Héctor Alterio…

Ha pasado volando desde que estrenamos y ya llevamos más de cincuenta representaciones. El día del estreno, se me acercó Lola Herrera, respiró hondo y me dijo que ella también lo pasaba mal. Y entonces, pensé que si alguien como ella se pone nerviosa, es algo normal esto de las cosquillas en el estómago. Ellos son maravillosos, simplemente con verles actuar es un deleite, siempre aportan algo nuevo a la función, eso te da una gran confianza. Que ellos estén en escena al principio de la obra te da seguridad para salir a escena, eso sí que es estar a favor de obra.

¿Cómo es la irrupción de Chelsea en la vida de nuestra pareja protagonista?

Cada día entiendo cosas nuevas de Chelsea. Puede parecer un personaje que viene a perturbar la paz de los protagonistas, pero viene por petición de la madre. Ella viene marcada por haber sido el blanco de los macabros chistes de un padre que en el fondo quería tener un hijo y no una hija. Viene a echárselo en cara con un niño, para que vea la guerra que dan los varones, pero contra todo pronóstico, se convierte en el centro de atención del padre. De alguna forma, él quiere recomponer los lazos afectivos entre ellos a través de este adolescente. Lo que me atrae de este personaje es que sabe decir lo que le duele, por qué le duele, sabe reconocer sus errores y pedir perdón. Está abierta a arreglar las cosas, a continuar dando pasos para esa plausible reconciliación.

Aquí y ahora, ¿Por qué el teatro es un buen lugar para contar historias para ti?

La gente tiene miedo a expresar lo que piensa y a nosotros muchas veces nos toca ser su voz encima del escenario. Nuestro objetivo principal es que el público salga con un tema del que hablar, que se genere el debate. Se echa de menos el ambigú, donde la gente comentaba la obra y se generaba conversaciones muy interesantes. Si conseguimos ese debate, nuestra misión está más que cumplida. Con En el estanque dorado me pasó una cosa muy fuerte…

Y de repente, la emoción se instala en su rostro…

Una señora se me acercó después de la función y me dijo que se había sentido muy ‘tocada’ por la obra. Ella no le pudo decir a su padre todo lo que sentía y ahora estaba muerto. Entonces me di cuenta de que yo no quiero caer en ese error. Yo no quiero irme sin decirle a mis seres queridos todo lo que siento. En el fondo, creo que el teatro sirve para despertarte algo que estaba dormido, algo que no te habías atrevido a decir hasta ahora.

¿Es el laboratorio la mejor seña de identidad del trabajo con una compañía como Animalario?

Desde luego. Las obras se preparan con mucho tiempo. Hicimos un taller un año antes de Urtain, pero sin saber si íbamos a estar en la obra. De hecho, muchos que no participaron finalmente en el montaje vieron reflejadas algunas de sus aportaciones sobre el escenario. Además, me encanta que sean tan inconformistas, no se callan, dicen lo que piensan. Animalario es mi cuna. Ya los admiraba de antes, fue un sueño hecho realidad poder trabajar con ellos. Ahora me estoy acordando de cuando vinimos a Santander con Marat- Sade, la que se lió… Un señor no me pegó de puro milagro. Alberto San Juan fue mi salvador. Me parece increíble que la gente vaya al teatro sin informarse, sin saber lo que se significan los actores de Animalario… Yo cuando voy a ver algo que me desagrada, pues me voy, pero discretamente, no montando el numerito. En el fondo, generó debate y eso le vino bien a la función. Se generaron dos corrientes de opinión, los partidarios de Marat y los de Sade. 

¿Con qué recuerdo te quedas de una experiencia como Gran Hotel?

Pues el recuerdo que se ha quedado grabado en mi mente es la última escena que rodé con Fele Martínez en el Palacio de la Magdalena. Los marqueses dejaban el Gran Hotel para siempre y, en ese momento, se fundieron realidad y ficción y nos dimos cuenta en la última secuencia de la escena de que esta aventura terminaba. Ahí fuimos conscientes de que se terminaba la serie. Miramos por última vez a la que había sido nuestra casa durante estos años y, acto seguido, Fele y yo fuimos conscientes de lo bonito que había sido ser parte de esa serie.

Y en esos recuerdos me imagino que también está Juan Luis Galiardo, que compartió su último trabajo con vosotros…

Coincidí con Juan Luis en su último viaje a Santander y la verdad es que es, lo ves aún le tengo presente, un tipo muy enérgico y carismático. Era un tipo arrollador, he conocido pocas personas así. Son las oportunidades que te da trabajar con Ramón Campos y toda la gente de Bambú.

Desde luego que los repartos de primera fila son una seña de identidad de Bambú…

Sí, de hecho, yo en la serie pude trabajar con alguien a quien admiraba tanto como Adriana Ozores. Cuando el primer día se me acercó y me dijo que yo era su favorita de Hispania, no me lo podía creer. El día de la despedida pedí una llave dorada que simulaba la llave maestra que llevaba Doña Teresa y se la entregué a Adriana. En ese momento, me dio un abrazo y me dijo que la habían preguntado por el mejor recuerdo que tenía de la serie. Ella había dicho que lo mejor había sido el beso que nos dimos el día en que nos conocimos. No me lo podía creer… Es una compañera excepcional y un ser humano maravilloso. Es mi ejemplo a seguir.

¿Qué proyectos tiene y con qué proyectos sueña Luz Valdenebro?

Todos los días me levanto con un pequeño Pepito Grillo que me dice que no me conforme, que siga luchando y trabajando para conseguir vivir de esta carrera de fondo que es la interpretación. Cuando tienes una gira tan larga, los productores no te llaman para hacer otras cosas. Tienes que decirles que estás aquí y que se puede compaginar con otros proyectos. Quizás, el cine sea mi asignatura pendiente. Quiero hacer algo de acción y si me tengo que rapar el pelo… Pues casi que mejor. (Risas)

Beatriz Carvajal: «De mayor quiero ser ministra de cultura»

Lo tenía claro desde que con siete añitos disfrazaba a sus hermanos y amigos para ‘jugar’ al teatro. Y aunque casi desde entonces ya tenía claro que ese iba a ser su camino, no consiguió convencer a su familia y amigos hasta el día en que pisó por primera vez las tablas del María Guerrero con sólo quince años. Desde entonces, se han sucedido en su carrera personajes que permanecen ya en el imaginario colectivo del espectador. Desde el mítico 1,2,3 a Compañeros, Lleno por favor o la reciente y tristemente desaparecida Bienvenidos al Lolita. A pesar de sus 49 años de profesión, siente que aún le queda parte del camino por recorrer en la interpretación, donde lo más importante es “ser una esponja” para aprender de compañeros como Miguel Rellán, por el que siente especial devoción. Una devoción que, seguro, sienten los espectadores de Los Misterios de Laura cada martes en La 1 viéndola cómo se inmiscuye en los casos de la Inspectora Lebrel. Siéntense en sus butacas y disfruten de Beatriz Carvajal en estado puro. 

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Foto de Pipo Fernández

¿Qué la atrae a Beatriz Carvajal como espectadora de una serie como Los Misterios de Laura?

Ya era fan desde antes de incorporarme. Me encantan las series de misterio. Es sencilla, familiar, tiene suspense, comedia, drama…

Ahora, pasados casi dos años desde su rodaje, ¿Cómo recuerda Beatriz Carvajal el rodaje de esta temporada?

Hice la segunda y la tercera temporada de la serie y para mí es la felicidad plena. Me lo he pasado muy bien. Me encantan los rodajes en plató, pero sobre todo los exteriores. Es una serie muy sencilla, pero con grandes exteriores.

Uno de los momentos álgidos de esta temporada sin duda ha sido el reencuentro con Miguel Rellán, ¿Qué ha aprendido a nivel personal y profesional durante tantos años como pareja artística en proyectos como Cuentos del burdel, que pude ver en el Maravillas, Compañeros o Paco y Veva?

En esta profesión, quien se crea que lo sabe todo está muy equivocado. Yo procuro aprender de compañeros como Miguel. La gente joven también te enseña. Hay que ser una esponja para seguir aprendido. Lo que pasa con Miguel es que nuestra relación es tan larga y tan fructífera que ya lo único que nos planteamos es disfrutar del trabajo juntos.

¿Cómo ha vivido esa cruenta batalla a la que han sometido a las dos series en las que participaba?

De entrada, fue muy triste. Sentía que estaba engañando a una serie con la otra. Me sentía muy mal por competir con el amor de mi vida, Los misterios de Laura. Es una pena esta lucha feroz por la audiencia. Yo creo que hay cabida para todos, están empeñados en concentrar los series en lunes y martes. Hay días que no sé qué ver con tanto cotilleo. Parece que no son capaces de tomar una decisión como hicieron en su día con Aída, que la pusieron en domingo, donde ha estado bastante protegida. Con Los Misterios de Laura creo que debería hacer lo mismo. Merece un lugar especial en la parrilla una serie que gusta al público y que encima tiene el reconocimiento de la crítica a nivel internacional.

A pesar del punto agridulce de este final anticipado, ¿Con qué se queda de Bienvenidos al Lolita?

Hemos trabajado mucho, pero el rodaje ha sido tan especial… Todo el equipo ha estado volcado con el proyecto. Da mucha pena que haya terminado así la verdad.

Creo que Robert Deniro es uno de sus referentes, pero ¿Con qué actor con el que ha trabajado ha sentido una especial admiración cuando ha tenido la oportunidad de actuar frente a él?

Antonio Ferrandis sin ninguna duda. Fue mi padrino artístico. Eran otros tiempos, entonces yo era mera figuración. José Bódalo, Amparo Soler Leal… Una vez ya profesionalizada, sin ninguna duda con Miguel Rellán, no me he entendido jamás con un actor de la forma en la que lo hago con él.

Comenzó en la interpretación muy jovencita, ¿Qué cree que la llevó a elegir este difícil camino?

No había otra. Con 7 añitos me bajaba con un amiguito a la calle y jugábamos al teatro. Soy la segunda de un montón de hermanos y siempre los tenía disfrazados. Mi entretenimiento favorito era jugar a ser actriz. Lo tenía tan claro que con 14 años empecé a ensayar mi primera función y con 15 debuté en el Teatro María Guerrero.

¿Fue esa puesta de largo en el María Guerrero el momento en el que cree que pasó de ser un juego a un trabajo, a una vocación que hasta entonces permanecía soterrada?

La verdad es que no. Yo lo tenía muy claro desde antes, pero había que convencer a la familia y a la propia profesión. También depende mucho de la actitud con la que te enfrentes a los proyectos. Yo tuve la suerte de debutar nada menos que al lado de María Dolores Pradera. Yo estaba convencida de que quería estar en esta profesión, pero tenía que convencer a mucha gente y parece ser que con el tiempo los he convencido.

Muchos personajes la han acompañado en este viaje artístico, pero creo que Compañeros tiene una especial significación para usted…

Es difícil encontrar proyectos en los que comulgues tanto en la forma de tratar los temas espinosos como el aborto, las madres solteras… Tenían un criterio progresista en los guiones que realmente me encantaba. Sin duda es el personaje televisivo con el que más he disfrutado.

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Rellán y Carvajal a su paso por «Compañeros»

Creo que tiene ‘entre manos’ una nueva función de teatro, ¿Qué nos podría avanzar sobre este proyecto?

Es posible que haga una comedia en efecto, pero aún hay que darle forma al proyecto.

Aquí y ahora, ¿Por qué el teatro es un buen lugar para contar historias?

El teatro es la verdad de esta profesión. Me gusta el cine y la televisión, pero el escenario es la pureza de esta profesión, puro oficio. En el teatro se abre el telón y tienes que convencer a un público que está a escasos metros de ti. Sin duda, el teatro es la pureza de esta profesión.

Y con casi cinco décadas de carrera ¿Con qué proyectos sueña Beatriz Carvajal?

Solo sueño con seguir en esta profesión hasta que mi salud me lo permita. Podría ser una espinita clavada el cine, pero lo importante es mantenerse en esta profesión. Igual el futuro me depara un personaje en la pantalla grande, nadie lo sabe… Tiene mérito tantos años sin tener que dedicarme a otra cosa. La profesión ha sido muy generosa conmigo.

Al principio de la entrevista le pedimos que se pensase una autopregunta para cerrar la entrevista

¿Qué le gustaría ser de mayor?

Esa no me la han hecho nunca, me han debido ver ya entrada en años. Yo no me siento muy mayor, me queda mucho por vivir. Y en eso que me queda por vivir me gustaría ser… ¡Ministra de cultura! Así podría arreglar un poquito las cosas.

¿Cuántos cadáveres televisivos habrá esta temporada?

Han pasado ya unos cuantos años desde que Los serrano se convirtiesen en el ‘arma arrojadiza’ con la que Telecinco hundió a series como Lex o Casi Perfectos. Con Aquí No Hay Quien Viva no pudo, la única que se libró de la quema. Ahora tienen en sus manos El príncipe, un bombazo en toda regla que, esperemos, no vuelva a utilizar de la misma forma, aunque en realidad ya empiezan a llegar las primeras víctimas. Bienvenidos al Lolita no renovará, se ha hundido en el fango en términos de audiencia. Una pena por el equipo artístico que compone esta serie, desde Luis Varela a Carlos Santos, Beatriz Carvajal o Roberto Álamo. La serie no ha cumplido las expectativas, no solo en términos de audiencia, sino también en las tramas, que repiten cánones ya vistos en ficciones anteriores de Globomedia, la productora reina derrocada que necesita un cambio de rumbo urgente como atestiguó anoche su otro estreno, Byb. Una serie que transcurre en una redacción de una revista de moda, muy original, con personajes estereotipados y situaciones que de manidas aburren. Es una pena que se desperdicie el talento de un puñado de actores fantásticos, ahí están por ejemplo Adolfo Fernández, Carlos Iglesias o Jorge Usón, con productos tan limitados, tan poco ambiciosos y sobre todo tan poco NOVEDOSOS en los que se limita a actores fantásticos a actuar haciendo el registro de siempre.

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Es una pena para la industria televisiva de nuestro país que parece despegar con propuestas como El tiempo entre costuras. Anoche, tenían una competencia leonina, Velvet, un producto con el que no se puede ni siquiera comparar a la ficción de T5. La serie ambientada en unas glamurosas galerías, tiene el sello de Bambú Producciones y eso se nota. En primer lugar por el nivel de producción, muy por encima de los decorados ‘de cartón-piedra’ con el que nos siguen sorprendiendo en algunas ficciones españolas. En segundo lugar por el reparto. José Sacristán llevaba tanto sin hacer televisión y si ha aceptado la llamada del equipo que lidera Ramón Campos por algo será. Y también están Natalia Millán, Manuela Vellés, Aitana Sánchez Gijón… Palabras mayores. Y sí, la trama de época engancha más que el costumbrismo arcaico que asola a algunas de nuestras series. Si le pones en el menú al espectador jamón de bellota o salchichón, lo que ocurre es que se decanta, casi siempre, por el jamón de bellota. Velvet se llevó el gato al agua con más de 4.800.000 espectadores y la ficción de la 5 se queda con dos millones menos. Seguro que ya están pensando en cómo hundir el barco de época que acaba de estrenarse en Antena 3.  A las cadenas no les gusta perder y seguro que algún cadáver televisivo más habrá esta temporada. Me temo que la siguiente víctima también tendrá lugar en la noche del martes. Los misterios de Laura también se está resintiendo y, espero equivocarme, pronto veremos la (no) renovación de la serie.

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Carlos Hipólito: «Este gobierno no tiene ningún respeto por la cultura»

En el camerino de Carlos Hipólito hay varios dibujos y montajes de El crédito. Y es que cada domingo, su hijita le acompaña en las funciones. Es un hombre cálido y familiar, de esos que te atrapan desde el momento en que tienes un breve encuentro con él. El actor de Desaparecida  se enfrenta a cada reto con prudencia, aunque con las tablas que dan los años. Y se tiró a la piscina con doble salto mortal ‘atreviéndose’ con dos joyas de la corona del teatro musical: «Follies» y «Sonrisas y lágrimas». Y una vez más salió indemne desde el escenario donde » los actores nos medimos como tales en la capacidad de comunicarnos con el público». Ese público que día tras día abarrota el Teatro Maravillas gracias a un texto que ha dirigido Gerardo Vera, un director «que te deja mucha libertad, aunque esté muy pendiente de lo que cree que no se debe hacer». Hablamos con el actor también de las noticias ante las que no da crédito y se cuestiona ¿Qué pasaría si se cerrasen todos los teatros? La respuesta es clara, quizás a los que nos gobiernan  les daría igual, pero seguro que muchos de los espectadores que en alguna ocasión se sintieron ‘tocados’ por el arte escénico levantaría el hacha de guerra. Vayan a verle junto a Luis Merlo, eso se llama complicidad en escena. Harán gira y después, probeblemente, volverán a Madrid. El crédito de Carlos Hipólito seguirá fluyendo por mucho tiempo…

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¿Qué le engancha a Carlos Hipólito del teatro de Jordi Galcerán?

Toca temas muy cercanos y actuales y es un autor muy bueno, lo que te da la posibilidad de enfrentarte a personajes muy bien construidos. Consigue que con temas poco factibles para hacer comedia se conviertan en algo divertido. El momento de pedir un crédito o un proceso de selección son buen ejemplo de ello. A base de una carpintería teatral perfecta, consigue que la atención del espectador no decaiga nunca. Cuando el espectador cree que tiene todos los datos, le da una vuelta y le sorprende. Además, dialoga de una forma brillante. Siempre me siento muy feliz haciendo sus textos.

Los montajes que dirige Gerardo Vera suelen tener unos trabajos interpretativos extraordinarios, ¿Cómo fue el trabajo junto a él?

Te deja mucha libertad, aunque esté muy pendiente de lo que cree que no se debe hacer. Está muy abierto a nuestras sugerencias y va trabajando con eso. No llega con una idea inamovible, sino que esa imagen que tiene del personaje se va matizando a medida que te va viendo cómo trabajas en los ensayos. Es muy bonito encontrarse con un director que contribuye a que construyamos juntos el personaje. Si consigue esa brillantez en los trabajos de los actores es por ser la dirección de actores una faceta que él mima mucho. Él da libertad y no trabaja desde el conflicto. Te hace creer que eres el único actor posible para hacer ese personaje, lo que te ayuda mucho desde luego.

Primer mano a mano con Luis Merlo en El crédito, ¿Cómo está siendo trabajar con él?

Así es, nunca habíamos coincidido. Todo lo que diga bueno de él es poco. Lo admiraba desde hace muchos años, me parece un actor que tiene algo muy personal en sus trabajos. Es muy singular. Le conocía personalmente un poco, pero al trabajar juntos hemos tenido una conexión muy especial. En el escenario nos entendemos a las mil maravillas, tenemos una química mágica, caminamos juntos en escena, nos apoyamos mutuamente y eso es esencial. En lo personal, nos estamos haciendo muy amigos. Del cariño, la admiración y el respeto solo pueden salir cosas buenas y eso abunda entre nosotros.

¿Por qué el teatro es un buen lugar para contar historias para Carlos Hipólito?

El teatro creo que debe ser un espejo para el ser humano. Para mi, el escenario es un espacio de libertad. En el teatro me he sentido muy feliz y me ha regalado grandes momentos. Me encantan el cine y la televisión, pero es sobre un escenario donde conoces tu medida como actor. No creo que haya buenos ni malos actores, todos somos distintos. Ahora bien, creo que los actores nos medimos como tales en la capacidad de comunicarnos con el público y eso solo te lo puede dar el teatro. Hay actores muy técnicos que no conectan con el público y viceversa. Aquí podemos calibrar si lo que hacemos llega al espectador. Lo mágico del teatro es que la comunicación entre los actores y el público es directa. La emoción que se siente desde un patio de butacas es algo maravilloso. Como espectadores, son conscientes de que con sus reacciones la función puede variar.

Me comentaba José Pedro Carrión que el público hace la función…

Desde luego. Ellos son los otros protagonistas, que cada día son diferentes. Desde el escenario percibimos una energía colectiva diferente en cada representación, lo que nos lleva a dirigir nuestro trabajo en una u otra dirección.

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Vienes de encadenar dos experiencias en el musical como son Follies y Sonrisas y Lágrimas, ¿Qué balance haces de tu experiencia en el teatro musical?

Ha sido una sorpresa muy gratificante. Yo he sido siempre un gran amante del género. Poder hacer Follies y Sonrisas y lágrimas ha sido un trampolín para mi como actor. Me han ayudado a revisar facetas que como actor tenía olvidadas, como el canto y el baile. Estuve dando clases de voz con Ángel Ruiz para cantar la partitura de Sondheim, que era francamente muy complicada. La verdad es que el teatro musical tiene un componente muy especial que es la música, lo que le da una fuerza superlativa. La música tiene una capacidad de conmover incluso mayor que la palabra. Si conjugamos una buena letra con una buena música, la posibilidad que tienes como actor de conectar emocionalmente con el público se duplica. La posibilidad de cantar en un escenario ha sido algo maravilloso. Me siento muy agradecido de los elogios que me han hecho. Me enfrenté muy inseguro a esta experiencia y creo que he salido airoso, la verdad. Es más, te puedo avanzar que ha sido tan buena la experiencia que seguramente cuando acabe con El crédito, volveré a hacer teatro musical.

Aquí y ahora, ¿Ante qué noticias no da crédito Carlos Hipólito?

No puedo dar crédito ante el espectáculo social y político que estamos viviendo actualmente. Todos nos despertamos con la boca abierta cuando vemos las noticias sobre corrupción de unos políticos que no dejan de hacer barbaridades. Este gobierno está haciendo unas cosas que me hacen como ciudadano no dar crédito a lo que estoy viendo, ¿Cómo se puede dar tanto la espalda a la gente que están representando? Por otro lado, no doy crédito a la desfachatez con la que se miente, con la que se roba, con la que se insulta. Se están perdiendo los mínimos posibles para una convivencia sensata.

Y ya si hablamos de la salvajada del 21% ni te cuento. No solo no han recaudado más, sino que han destruido empleo con esta medida. Tanto que se llenan la boca diciendo que defienden las PYMES y en el terreno de la cultura desde luego que no lo están haciendo. Es bien sabido ya que este gobierno no tiene ningún respeto por la cultura. Parecen solo interesados en sacar adelante un proyecto neoliberal económico. Creo que se están equivocando, están llevando a un colapso de las industrias culturales. Creo que ésta es una situación de no retorno. Antes o después lo bajarán, pero el daño ya estará hecho.

Ante las dificultades, los creadores siguen trabajando en espacios muy diversos…

Los políticos pueden cargarse la economía, pero la creatividad desde luego que no. Afortunadamente, hay profesionales que siguen luchando contra viento y marea para seguir en esto. Están tensando demasiado las cuerdas pensando que tenemos un trabajo completamente vocacional. Me gustaría plantearles el cierre de todos los teatros. Si a ellos no les gusta la cultura, me gustaría ver que pasaría si todos nos negásemos a trabajar en estas condiciones. Entonces, se darían cuenta de que no pueden abusar tanto de un sector. Hay una ebullición teatral muy grande, pero estamos pagando un precio demasiado grande por hacer lo que nos gusta.

Ese trabajo tan vocacional en el caso de Carlos Hipólito, ¿De qué motivaciones crees que nace?

Un actor es un ser humano que incorpora el comportamiento de otro que no es él y que vive ficticiamente una vida que él no va a vivir para que otros le miren y se reconozcan. La posibilidad de ponerme en la piel de personajes que no tienen nada que ver conmigo me ha hecho vivir experiencias maravillosas. Seguramente, eso me llamó la atención. Si lo piensas bien, como ya decía Fernán Gómez, el trabajo del actor es la primera vocación de todos los seres humanos. Todos hemos querido ser príncipes y vaqueros. Con una simple pluma nos convertíamos en indio. Yo he tenido la suerte de dedicarme a eso toda mi vida.

Si miramos hacia el futuro, ¿Qué proyectos tiene y con qué proyectos sueña Carlos Hipólito?

Estoy centrado en El crédito que va a tener una vida muy larga. A medida que voy cumpliendo años, hago lo posible para no compaginar varios trabajos, cada vez me canso más la verdad. Solo hago las locuciones de Cuéntame como pasó y he dicho que no a un par de proyectos televisivos. Y espero que pronto pasen por Telecinco la serie Hermanos, en la que hago de padre de los protagonistas. Es un papel breve, pero muy bonito. Es un historia sobre la relación de dos hermanos y una mujer que se mete en medio de los dos. Son seis capítulos y tengo muchas ganas de que se vea. Y con respeto a los proyectos soñados, Estoy seguro de que tendré por delante muchos personajes apasionantes que me conmuevan. Revisitar el teatro musical que me ha engancho mucho es también una prioridad. Tener a una orquesta a tu lado es algo realmente increíble. Yo creo que en unos dos años volveré a hacer un musical, alguna idea hay ya de hecho.

Luis Varela: «Solo con los años te das cuenta de la responsabilidad que implica esta profesión»

Aunque a veces le gustaría pedirle al día… 30 horas, se nota que lo de Luis Varela es algo completamente vocacional. No sabría muy bien explicar el motivo de cómo se enganchó al “juego” teatral, pero desde que comenzó como Luisito Varela a los ocho años, no ha dejado esta profesión en la que ha soñado tanto. Y la Zarzuela ha sido esencial en su camino. Ha interpretado decenas de piezas de nuestro reivindicable género lírico tales como La del Manojo de Rosas, que representó hasta el domingo pasado en el Teatro de la Zarzuela. Y ahora le vemos o, mejor dicho, le disfrutamos cada semana en la serie Bienvenidos al Lolita. Y los proyectos que están por venir… Efectivamente, necesitaría alargar el día para cumplir con todos sus compromisos.  
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¿Qué supone un título como La del manojo de Rosas en la carrera de Luis Varela?

Empecé a hacerlo hace veinte años. Es un espectáculo maravilloso. Me encanta hacer el personaje de Espasa, un tipo con mucho ingenio. Es una delicia, me ha dado muchas satisfacciones y éxito. Es un personaje muy castizo, muy mentiroso, habla a base de mentiras. He vivido tanto en este teatro durante estos años… Tengo el honor de hacer una producción al año aquí.

Entiendo que tiene una vinculación muy especial con este Teatro de la Zarzuela, ¿No?

El Teatro de la Zarzuela es uno de los teatros más emblemáticos del mundo. Fue el primer teatro de Zarzuela del mundo. Viene gente de todo el mundo para conocer nuestro género. Es un lujo, un placer estar en este espacio tan especial.

¿Por qué para Luis Varela el teatro es un buen lugar para contar historias?

Desde los griegos se cuentan historias encima de un escenario. Hoy en día se cuentan muchas historias en televisión y en el cine también, pero la madre de contar historias al público es el teatro. Aquí no se puede cortar una escena como en la televisión o en el cine. Sales al escenario y si te equivocas, pues tienes que tirar para adelante con todas las consecuencias.

Acaba de estrenar Bienvenidos al Lolita, que recupera un género tan poco habitual en la televisión como el musical, ¿Qué tiene de especial esta serie para enganchar al público?

Me gusta mucho ser parte de esta serie. Me parece que tiene un planteamiento muy interesante, siendo capaz de reflejar a la sociedad actual. Todo sazonado con un puñado de buenos números musicales y un reparto fabuloso. Es un placer compartir escenas con gente como mi sobrino en la serie, Carlos Santos, un actor que crece trabajo a trabajo. Ahora estamos descansando de la serie. La televisión tiene una rutina muy dura, hay que madrugar mucho y meter muchas horas, pero por series como ésta merece la pena.

Comenzó siendo Luisito Varela cuando era un niño, ¿Cómo fueron esos primeros pasos en la profesión?

Empecé a los ocho años, pero no por una cosa vocacional, fueron una serie de casualidades. En ese momento, no sabes a lo que te vas a dedicar en la vida y lo afrontas como un juego. No era consciente de la responsabilidad que implica esta profesión. Ahora cuando veo a esos dos niños en Bienvenidos al Lolita me viene a la memoria mi niñez. Ellos juegan y se lo pasan muy bien, pero sí sigues en esta profesión te das cuenta de la responsabilidad que implica ser parte de este oficio. Al final, en mi caso, he seguido todos estos años en activo, algo tendrá esta profesión que me ha atrapado de esta forma.

Y tras muchos años encima de un escenario, primero el cine con Crimen Ferpecto y acto seguido la televisión con Cámera Café le hacen convertirse también en un actor popular para el público joven…

Efectivamente, a mi me conocía la gente de mi generación por mis trabajos en los Estudio 1, pero la gente joven no me conocía. Con Crimen Ferpecto, los más jóvenes empezaron a conocer mi trabajo. Fue un placer trabajar con Álex de la Iglesia y a continuación lo encadené con Cámera Café, un espacio televisivo ya mítico. Todo ello me hizo estar de vuelta en la actualidad mediática, por así decirlo.

¿Qué papel ocupa el doblaje en la carrera de Luis Varela?

Significa mucho por la simple razón de que empecé a doblar con sólo diez años. Necesitaban a un niñito muy espabilado y decidieron coger a Luisito Varela. En la primera película que doblé, Todo es posible en Granada, hacía de un gitanito. Muchos años después fui uno de los protagonistas de Todo es posible en Granada, en la versión que protagonizó Manolo Escobar. Esas casualidades maravillosas que tiene esta profesión…

¿Qué proyectos tiene y con qué proyectos sueña?

Yo ya no sueño con ningún proyecto actualmente. No he dejado nunca de soñar en esta profesión la verdad. Me siento un afortunado, ya que he tenido la suerte de poder hacer tantas cosas que ya no se me ocurre nada. Estoy conforme con los proyectos que tengo y que me sigan llamando tanto. Tengo un largo con Antonio del Real y otro con uno de los directores de Bienvenidos al Lolita, Fernando González. No tengo tiempo para hacer teatro ahora mismo, la verdad. Estoy por pedirle a una firma de relojes que me diseñe uno con días de 30 horas. 

Cuando te pones las lentejuelas, todo empieza a brillar

Retomamos el mundo televisivo DESDE MI BUTACA con uno de los estrenos más prometedores de los últimos años. Bienvenidos al Lolita es un (nuevo) intento de hacer un musical para televisión. Tras Paco y Veva, desde la que ha llovido ya bastante, ninguna cadena se había atrevido a apostar por un género que ha reaparicido en la televisión norteamericana con Glee y Smash. Cuando escribo estas palabras, se acaba de emitir el primer capítulo, pero presiento que (puede) que se convierta en un pequeño gran éxito esta revisión del género. Ingredientes no le faltan para triunfar. El más importante: Un reparto en el que encontramos algunos nombres propios de nuestra escena. Luis Varela es el empresario de pueblo que decide quedarse con el Lolita y, a pesar de sus reticencias iniciales, decide apostar por esta, a sus ojos, barraca de freaks cabareteros. El veterano actor, al que aún se puede ver en el Teatro de la Zarzuela con La del manojo de rosas, tiene un cualidad especial que comparte con la creadora del espacio de vida nocturna, esa bestia escénica llamada Beatriz Carvajal. Ellos dotan de humanidad a sus personajes y, ¿por qué no decirlo?, de VERDAD. Sí, ese término que a veces escucho usar con demasiada ligereza, pero que es imposible expresar mejor lo que hacen estos monstruos de la escena con cada personaje. Y nos encariñamos con el cascarrabias que canta jotas que interpreta Varela y, ¿Cómo no hacerlo de la Carvajal cuando les dice a sus nietos que quiere que sean una familia normal?  Pura emoción. Más nombres que siempre es un placer ver en un reparto: Roberto Álamo como un impecable maestro de ceremonias, Natalia Verbeke, que ya ha demostrado de sobra su facilidad para cantar tanto en  el primer capítulo  como en películas como El otro lado de la cama, y, por supuesto, Carlos Santos como el sobrinísimo que pondrá el contrapunto cómico a esta agridulce comedia con mucho ritmo. Sí, los números que han aparecido en el primer episodio, incluido el Lolita Cabaret, empieza la función y un precioso número coral de Resistiré lleno de emoción, han cumplido.

Fuera del cabaret, todo son tragedias para nuestros protagonistas, pero cuando se ponen las lentejuelas, todo empieza a brillar y consiguen resucitar el esplendor de antaño ante un público expectante de un espectáculo que les haga olvidarse de sus problemas. Y entonces, se crea la magia del cabaret. Eso sí, para ser justos, hay trazas de la trama que no me interesan como la «calcada» relación del chico argentino con la adolescente, ¿No os recuerda demasiado a la relación imposible de Los hombres de Paco? Y espero que no jueguen mucho con el «trazo grueso» con respecto al personaje que interpreta Sara Vega, la hermana de Paz Vega, a la que es calcada en desparpajo, frescura y sensualidad. El conjunto de este piloto es  muy atractivo. Si sigue a este nivel debería ser un gran éxito, vamos que Globomedia hubiese vuelto a acertar y ya van unas cuantas. Esperemos que 2014 siga trayendo series patrias tan interesantes.

El momento más dulce de Inma Cuevas

Inma Cuevas está viviendo un año frenético. Sus domingos no son precisamente para descansar. A las 13:00h actúa en la Pensión de las Pulgas y de camino al Teatro Alfil, donde representa por las tardes No son maneras de tratar a una dama, se come un sandwich del chino: “La verdad es que es duro, pero merece la pena. Me encuentro con salud y hay que aprovechar las oportunidades que van viniendo”. Y tiene tiempo para más: True West, hoy última función del año en el hall del Lara, La nieta del dictador, Cerda y algo de televisión. Vamos, la vocación hecha carne en esta actriz de gran abanico dramático a la que vemos igual de suelta en comedia, drama y sí, también afinando en un par de musicales.

Inma posa para DESDE MI BUTACA frente al Teatro Lara.
Inma posa para DESDE MI BUTACA frente al Teatro Lara.

True West es un proyecto que nace del amor por el trabajo y por mis compañeros”. La actriz decidió con sus compañeros de Los últimos días de Judas Escariote que necesitaban un espacio para crear, sin tener que esperar la llamada de un teatro. En ese espacio nació True West, que ha dirigido nada menos que José Carlos Plaza: “Me encanta que sea uno más del equipo y que nos regale su sabiduría” comenta con una amplia sonrisa Cuevas. Le ha tocado un personaje mucho mayor que ella, pero admite que “como es un personaje que no se sabe si es real o una ensoñación de los hijos cuadraba que pudiese hacerlo una actriz más joven como yo”.

Cerda, punto y aparte en este frenético año. Una de las ofertas más diferentes, por no decir ‘raras’ que recibió Inma en los últimos meses fue este texto que se representa en La Casa de la Portera: “No tenía ni idea de lo que estaba leyendo, pero en la primera lectura se demostró que cada palabra tenía su sentido dentro de la historia”. Aceptó por el texto y por la naturalidad con que se acercó a ella su autor, Juan Mairena: “Además, me ha servido para que muchos espectadores me descubran y para que José Martret me llamase para trabajar en el MBIG”.

La obra ha ido creciendo a la vez que el espacio”. La pensión de las pulgas es un nuevo espacio escénico en Madrid que nace como prolongación de La casa de la portera. Inma se encontró con un espacio ‘desnudo’ cuando comenzaron los ensayos de MBIG: “Ha sido muy emocionante ver cómo se iba creando la sala, nuestra escenografía real. Un día descubrías una pared y otro la casa de la protagonista y eso ayudaba mucho a nuestros personajes”.

Reparto de "MCBIG"
Reparto de «MCBIG»

Cantando copla en Londres. No muchos saben que Inma Cuevas debutó en el teatro musical en los escenarios londinenses y ¡Cantando copla en inglés! The Copla Musical le llegó cuando estaba pasando un mes en Londres para desconectar. Empezó ayudando con los castings y se terminó haciendo con el personaje de la madre, para lo que tuvo que regresar unos meses después a la capital británica. Una experiencia inolvidable que la ha servido para hacer contactos en Inglaterra: “Ya me han llamado para hacer una lectura del Siglo de Oro en inglés de hecho” comenta agradecida por haber podido ser parte de un espectáculo así.

Gracias a la experiencia en Londres me he atrevido con No son maneras de tratar a una dama”. Cuando Pablo Muñoz- Chápuli la preguntó si tenía algo para demostrar sus dotes musicales, Inma le enseñó la grabación del espectáculo y por eso está ahora trabajando con él: “Está viniendo todo rodado. Una experiencia me ayuda a conseguir la siguiente. Soy una afortunada, la verdad” dice esta actriz todoterreno que aprecia «Poder estar aprendiendo tanto sobre el teatro musical con un compañero en escena del calibre de David Ordinas».

El sello Bambú. En los últimos años, Inma se ha convertido en un rosto habitual de las series de Bambú Producciones. Para ella, hay varias claves de su éxito: 1- Juegan con la intriga: “Nosotros no sabíamos quién era el asesino en Desaparecida” 2- Un gran mimo en la realización y en el trabajo con los actores. Ahora trabaja con ellos en Galerías Velvet: “El personaje es pequeño y no sabemos aún qué pasará con él, pero todo es posible”.

Hay que destapar cosas del pasado, aunque respeto que haya gente que no quiera removerlo”. La nieta del dictador, uno de los mejores montajes de la temporada, agitó las conciencias en la Sala Kubik Fabrik. Un texto de David Desola que “fue duro por hablar de cosas que nos tocan como seres humanos”. Aunque en principio ideado como monólogo, Roberto Cerdá lo convirtió en un diálogo en donde la clave está “en mostrar al personaje con el gesto justo, sin pecar de hieratismo ni mucho menos de sobreactuación”.

Las salas alternativas son la oportunidad idónea para dar voz a creadores que tienen cerradas las puertas del circuito comercial y de los teatros públicos”. Para la actriz, las salas off de Madrid, en las que se ha convertida en la reina indiscutible en los últimos meses, dan voz a artistas que no tendrían cabida en los espacios convencionales. Y algo de razón tiene, ¿Sería concebible Cerda en un teatro comercial? Den por seguro que no. Sea en una sala pequeñita o en una grande, estamos seguros que el teatro seguirá siendo su prioridad en el futuro. Y es que no nada más satisfactorio para ella que «sentir al público delante tuyo, casi como si le pudieses leer los pensamientos». Un espacio para la reflexión y también para reirnos y emocionarnos, ¿Por qué no? Nada más palpable que el llanto contenido de un espectador en el Mcbig:  «Me dijo que se había sentido ‘tocado’ por una frase del texto». 

Concha Velasco: «He entregado más al teatro que a mis seres queridos»

Cuando llega Concha Velasco a la entrada de artistas del Teatro Arriaga en taxi, un par de fans la esperan en la puerta. Accede a hacerse la foto amablemente y entra comentando la conversación que ha tenido con un taxista: “Parecía que me quería sonsacar algo malo de Bilbao y esto me pasa también en otras ciudades, la verdad. Cuando he llegado al Arriaga le he dicho que era uno de los más bonitos de Europa y me ha contestado que no sería para tanto”. Ella está feliz de volver a ser la protagonista “no tanto por vanidad, sino por ser los protagonistas los que más sufren y los que más ríen en escena”. Está radiante con un vestido verde a sus 74 años que ‘luce’ con coquetería: “Déjame que me pinte un poco para las fotos, tengo que salir guapa siempre” comenta con una sonrisa antes de reencontrarse con José Pedro Carrión, uno de sus compañeros en Hécuba, que dice “cumplir un sueño al poder trabajar con una de las grandes de la escena”.

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José Carlos Plaza, un maestro. Concha Velasco vuelve a estar a las órdenes de un director con el que ya ha trabajado en varias ocasiones. Para ella lo que le hace especial es que: “Sabe tanto, conoce tanto a los actores, que saca lo mejor de nosotros”. Y ella ha vuelto a disfrutar cada momento de las lecturas de mesa con este maestro de la escena que “me enseña cosas de los personajes que yo como actriz soy incapaz de ver”.

Tras la emoción compartida en Hécuba. Cada noche, la madre protagonista de la obra de Eurípides tiene un final aciago. Se entierra viva junto a sus hijos por la culpa que le pesa por haberse tomado la justicia por su mano. Esa imagen se quedó grabada en la memoria de su nieto, que la regaló un dibujo que la actriz guarda con cariño. A Concha Velasco le cuesta mucho ‘quitarse’ el personaje cada noche, es un texto durísimo que la exige un trabajo físico de altura. Y nada más acabar, en su camerino, están preparadas unas toallas para una inmediata ducha con la que intentará deshacerse de esos sentimientos tan hondos con los que ha emocionado al público.

En Cine de Barrio recuerdo la historia del cine español y mi propia carrera”. Ya desde los tiempos de Parada, Concha soñaba con presentar Cine de Barrio, “un programa en el que creo que es un acierto que se escoja a actrices como presentadoras, ya que nosotras lo vivimos en primera persona”. Está feliz por la experiencia, pero hastiada de “Una TVE llena de recortes que ha convertido a nuestro programa en un puente entre la película de la sobremesa y ese telediario que lamentablemente no nos llena la cabeza más que de noticias malas. Tengo que cortar mucho las entrevistas a mis compañeros y eso me da mucha rabia”.

Demasiado pronto para poner punto y final a su carrera. Los últimos dos años Concha ha recorrido España con Yo lo que quiero es bailar, un one woman show en el que la artista repasaba su carrera al más puro estilo Broadway. Pero, no ha sido más que un punto y seguido. Ahí sigue subida a un escenario y advierte: “Tengo que hacer la segunda parte dentro de unos años”.

Creo que el Goya me ha marcado para no dar ningún paso en falso”. Y por fin, llegó el Goya para ‘La Velasco’. Uno de los momentos más ansiados de su carrera. Dice que la ha marcado para bien, que teniendo en sus manos ese ‘cabezón’ siente una responsabilidad extra que la hace mirar hacia el futuro con la responsabilidad de no deshacer el camino recorrido, de no errar en los próximos pasos de su carrera.

Mi mayor ilusión sería hacer un musical infantil de gran formato”. Marcada por su nieto, por el que dice sentir verdadera devoción, su ambición es hacerle feliz con un espectáculo que se aleje de la imagen que se ha podido crear de ella viendo un espectáculo tan duro como Hécuba. Eso sí, ella no se atrevería a producirlo: “No se puede perder todo por hacer teatro como en los tiempos de Marsó”.

De Concha a Concha. Al principio de la charla, DESDE MI BUTACA le ofreció la oportunidad a la polifacética artista de que se pensase una pregunta con la que le gustaría que se cerrase esta entrevista y éste fue el resultado del juego dialéctico.

P: ¿He sido feliz simplemente siendo una primera actriz o hubiese hecho falta algo más?

R: Creo que he entregado más al teatro que a mis propios seres queridos. Por eso, mis seres queridos no me dieron lo que realmente necesitaba de ellos. Ahora que estoy sola con mis dos hijos y mi nieto me doy cuenta de todo ello. Siempre se piensa que soy muy cuadriculada, muy de Valladolid, pero el carácter castellano nos da esa cosa ‘seriota’. Todo lo planifico y eso es un problema. He tenido que renunciar a muchas cosas de mi vida personal por ello, a lo mejor no está la felicidad encima de los escenarios. Mi vida hubiese sido muy distinta si me hubiese casado con un militar y hubiese ido a misa los domingos como hizo mi madre.

Esa otra vida imaginada no ocurrió nunca. Si no nos hubiésemos perdido una de las carreras más prolíficas de nuestra escena, ahí es nada. Afortunadamente, tenemos Concha Velasco para rato: «¿Cómo se llama el teatro en el que actuamos en Cantabria?», Concha Espina la respondo. Está ultimando su maquillaje a solo unos minutos de subirse al escenario, pero no se le olvida recordarme: «Mándale la entrevista a Pentación para el clipping de prensa, no se te olvide».