Las reseñas de Alberto Morate: «¿Cómo hemos llegado hasta aquí?» Sin que nadie nos fuerce.

Palabras para exorcizar lo que nos marcó en un camino lleno de piedras. Partiendo de un supuesto Talk Show, Cómo hemos llegado hasta aquí, dos amigas, ahora una, presentadora y la otra, la protagonista de la historia que nos irán contando ambas y todos los escollos que tuvo que pasar la segunda, que tenemos que salvar cada uno constantemente, a no ser que seamos “personas normales”. Pero si un aire distinto nos sopla, entonces solventar los inconvenientes que nos vamos encontrando a cada paso, resulta agotador, fatídico, frustrante a veces, insoportable otras, y enérgicamente injusto muchas más.

Desde los años escolares, ¿por qué tendrán que fijarse en mí aquellas que no les importa cómo soy, cómo me siento, qué gestos hago, o con quién hablo y con quién no lo hago? Y también la madre, la familia, el qué dirán, a nuestra hija no puede sucederle, cómo va a ser lesbiana, o gay, o pedorra, ponga usted por caso, eso ¿en qué cabeza cabe? Y los compañeros, los amigos, entrecomillas, del barrio, del trabajo, los jefes, los que dicen las noticias, los que marcan las leyes, los que nos pretenden, los que no quieren saber nada, los que nos miran de reojo y los que lo hacen de frente con descaro, vaya usted a saber, todos influyentes en cómo me comporto, en cómo me visto, en cómo pienso, en cómo tomo decisiones, si me dejaran, claro.

Y nosotras, tristes a veces, reivindicativas, tímidas, decididas, iracundas, acomodaticias, arrojadas, despreciativas, que solo queremos que nos dejen en paz. Y en libertad, y en soledad cuando nos apetece, y en alegría y en donde nos dé la gana sin que nadie nos fuerce.

Con dramaturgia de Nerea Pérez de las Heras y Olga Iglesias, que lo interpretan con desparpajo, humor a raudales, veracidad tremenda, complicidad extrema, y Andrea Jiménez en la dirección, entre las tres se apoyan, se arropan, se crecen.

Y tratan todos los temas que son materia de escarnio, que son sueños de vindicaciones, que son crítica de las leyes, de las apariencias, que son objeto de noticia en medios de comunicación, que es ironía de lo que no debe hacerse, palabras para liberarse, dejar la sumisión, abrazarse, bailar, si fuera necesario, despelotarse (que no es el caso), reafirmarse por más que pese esa educación ancestral y casposa, por más que queramos infinitamente a la madre aunque ella nos desprecie, por más que esas palabras se queden en el pensamiento cuando se trata de escupirlas al jefe.

No, no somos esclavas, ni bufonas, ni títeres de feria, ni modelos de belleza, ni disminuidas, ni bichos raros, somos lo que somos, porque, sencillamente, nos apetece.

Puede que hayamos llegado hasta aquí por caminos tortuosos de una sociedad devoradora, pero una vez que estamos aquí, queremos hacernos valer, ser titánicas, apretar los dientes, y que el show sea un lugar común donde la gente, espectadores e intérpretes, se encuentren.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

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