¿Cómo hacer un buen blockbuster y no morir en el intento?

Dícese Blockbuster al producto cinematográfico creado para reventar las taquillas. Esta semana he asistido a dos ejemplos de este tipo de cine, pero con dispar suerte. El bodrio se llama After Earth y el bendito entretenimiento se llama Star Trek, En la oscuridad. Asisto el martes perplejo a la proyección de la primera. Títulos de crédito y no se menta el nombre del director. Mal andamos. Y sobre todo si se trata del otrora gurú del cine norteamericano M.Night Shyamalan. La verdad es que no me extraña, yo tampoco me querría responsabilizar de tamaña basura filmíca. Padre e hijo se quedan solos y, nada, pues lo de siempre viaje por la supervivencia y, muy de Pascuas a Ramos, un poco de espectacularidad. El padre no cambia el rictus en toda la película y el hijo sufre de afectación excesiva. Sí, son los Smith. Will se ha empeñado en convertirlo en una estrella y lo hace con esta película cuyo guión brilla por su ilimitada capacidad de llevarnos hacia al aburrimiento más absoluto. Y así nos tiramos hora y media, menos mal que no es larga, viendo como el niño se da un paseo por esa tierra de nadie llena de monos salvajes, culebras y-  ¡ojo al dato!-  se sumerge en una cueva con pinturas que imitan ¡ALTAMIRA! Ver para creer, creer para ver. Mi querido Shyamalan, vuelve a hacer cine con mayúsculas, con lo que yo te admiraba… Aún recuerdo cuando  le conocí en la promoción de La trampa del mal, encima el tío parece buena gente, ¡Qué rabia que se desperdicie el TALENTO con bochornosos productos de encargo!

Y al día siguiente, por fin, pude ver algo bueno en este mundo de filmes ‘palomiteros’. Primero, una confesión: No había visto ninguna película de Star Trek. Confesiones aparte, solo por la arrolladora escena de arranque de la película ya merece la pena ‘tragarse’ las más de dos horas de película que, dicho sea de paso, no se hacen muy largas. Y no se hacen pesadas simplemente por tener un guión trepidante que no deja respiro al espectador. Sí, a un blockbuster de ese tipo se le pide ESPECTACULARIDAD y de eso sabe, y mucho, el señor director, J. J Abrams.  Y además los actores están fantásticos y ponen el doble de emoción  en una mirada que Will Smith en toda la película anteriormente citada. La clave de su éxito es que no nos deja de sorprender, que cuando creemos que esta historia acaba, aparece otro elemento que echa abajo la partida perfecta, que no termina de llegar el happy end y no nos importa. Sí, es muy entretenida, ¿Qué más se le puede pedir?

Esta misma mañana he visto un pesadísimo thriller sueco con ínfulas de pretendido cine de autor que nos regala una historia que por truculenta no deja de hacerse aburrida en sus dos horas de metraje. Se llama El hipnotista. Hay momentos en que coge ritmo, pero en la mayor parte del filme tienes la sensación de que estamos ante una película tediosa, que de lo rebuscada que es en ocasiones se pierde en su propia narración. A Carlos Boyero, hoy presente en la sala, parece que le gustó en su día pero me apunto una frase de su crítica de 2012: “Decae a veces por lagunas o cosas mal explicadas en el guión”, ¿Qué hay más importante que un buen guión? Vale, que crea atmósferas desasosegantes hasta la náusea, pero ¿Solo con eso se puede contar una buena historia?

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