Natalia Millán y Marta Poveda, hermanadas por el clásico

DSCF7345Chucha es una más de la compañía”. Natalia Millán y Marta Poveda comparten una pasión innata por los animales. Marta tiene una fiel compañera en las giras. Su perra se llama Chucha y se ha ganado el cariño de todo el equipo de Donde hay agravios no hay celos, a la que saludan con cariño en el Hospital de San Juan en Almagro. Ella es toda una profesional y cuando comienza la función, permanece tranquila en el camerino. Eso sí, la idea de convertirla en primera actriz no está entre los planes de Marta ni mucho menos de su amiga y compañera Natalia Millán: “Yo creo que los animales sólo deberían actuar si pudieran firmar el contrato” comenta divertida la protagonista de Cabaret.

En Donde hay agravios no hay celos las mujeres llevan la voz cantante”. Este texto que había caído en el olvido absoluto es, sin duda, bastante moderno para la época. En la función, las mujeres, partiendo del sometimiento, se dejan llevar llevar por el erotismo y la sensualidad. Para Millán la clave de este texto está en que: “Rojas Zorrilla supo describir los caracteres femeninos sin caer en clichés absurdos”.

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Quitando solemnidad a los clásicos. La CNTC vive un momento dorado bajo la dirección de Helena Pimenta. Para Poveda, ya veterana en la Compañía, la clave está en que la directora ha hecho entendibles los textos. Esa labor no hubiese sido posible sin Vicente Fuentes, maestro de la palabra que ha asesorado a la Compañía en el uso del verso. Así, Pimenta ha conseguido “Conectar con nuevos públicos, a los que el clásico de entrada les producía cierto recelo”. Y qué mejor herramienta que la risa para conseguirlo. Fe de ello da esta comedia desternillante que ha hecho las delicias del público almagreño.

Cuando vine por primera vez nos cambiábamos en barracones de obra”. A comienzos de los 90, Natalia Millán formó parte de la CNTC, entonces dirigida por su fundador, Adolfo Marsillach. La primera vez que pisó Almagro, el Hospital de San Juan aún estaba en construcción. Fue con un texto casi olvidado, La Gran SultanaMarta Poveda se enamoró de Almagro cuando vino con la versión de El Burlador de Sevilla de Dan Jemmett, en la que, casualmente también encontró el amor más allá de la ficción de la escena: “Compartimos tantas cosas Martuqui y yo, de hecho por aquella época yo también encontré el amor” comenta una Natalia Millán cómplice que agarra con cariño las manos de Poveda, en las que descubrimos un curioso anillo con una máscara teatral, señal inequívoca de que estamos ante una rendida amante de las tablas.

La vida (no) es un Cabaret para Natalia Millán. Si la protagonista de Chicago tuviese que quedarse con un musical lo tendría claro: “All That Jazz me hizo dedicarme a esta profesión. Es cuanto menos curioso que fijase mi mirada en un musical que ‘desmitifica’ el mundo del espectáculo, pero al salir del cine supe que yo quería hacer un espectáculo así”.

El teatro según Natalia Millán y Marta Poveda

N.M: Es el espacio natural para contar historias en vivo y en directo. El espectador está muy activo, entramos en esa convención infantil del juego de cuando éramos niños y jugábamos a indios y vaqueros. Con tu imaginación rellenas esa convención. El intercambio con el público es maravilloso.

M.P: Tiene algo ritual. Es un lugar mágico donde confluyen energías, lágrimas y risas, lo que lo hace atemporal, perdurable e inmortal. Lo maravilloso del teatro es que todo es un juego, una mentira.

N.M: Pero más real que la vida misma.

M.P: Y a veces se está incluso mejor en el teatro que en la vida real.

Compartimos el sueño de montar una compañía para seguir investigando”. Durante la entrevista, las actrices se descubren puntos en común que desconocían. De hecho, se admiran mutuamente por la capacidad de juego y de riesgo que ponen en cada trabajo: “Hemos conectado desde el primer momento de los ensayos. Ahora solo nos queda montar una compañía para seguir experimentando en el terreno físico y ¿Por qué no? Una asociación en defensa de los animales” comentan con una gran sonrisa estas dos actrices hermanadas por el clásico. Chucha presta atención a la entrevista y acude nada más acabar la conversación. Eso sí, no aguanta para la foto, no quiere quizás quitarles el protagonismo. Parece que ella también ha aprendido muy bien su papel.

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