Juanjo Cucalón: «Tengo la suerte de poder vivir de algo que me apasiona»

 Nos confiesa que una huelga de educación fue la ‘causante’ de que comenzase en un oficio del que se enamoró cuando veía junto a su madre y su abuela el mítico Estudio 1. «Yo quiero hacer eso» les decía entonces sobre un oficio que admite que le hace muy feliz. Se siente un privilegiado en una profesión cuya precariedad quedó aún más patente con un reciente estudio que indicaba que el 73% de los actores españoles no puede vivir de su profesión. Se le nota comprometido con un montaje como Paradero desconocido, del que destaca que se lleve a primer término la palabra y la reflexión, en esta época de instantaneidad y verborrea casi enfermiza. Con el que fuera Julián Muñoz en una ficción televisiva reciente charló DESDE MI BUTACA. 

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¿Qué le atrapó de entrada de un proyecto como Paradero desconocido a Juanjo Cucalón?

Si te llama Andrea sabes que es sinónimo de calidad artística y eso de entrada ya me atraía. Además, leí la adaptación de la novela y me encantó. El uso de la palabra, tan en desuso en nuestros días, pasa aquí a primer término en esta serie de cartas teatralizadas. Por si fuera poco, el reparto me encantaba y trabajar por primera vez con Laila me parecía un reto.

¿Qué distingue a este Paradero desconocido de otras adaptaciones ya vistas en el pasado?

Siempre que se monta es un gran éxito. De hecho, en Francia lleva un montón de tiempo en cartel y ha recibido muchos premios. Además, se cambian los actores mensualmente, así como cosa distintiva. Hasta ahora se ha hecho una simple lectura de las cartas con dos atriles. Laila ha cogido esas cartas y las ha dado forma de función teatral.

Y en esa forma teatral, toma la palabra el personaje femenino por primera vez…

Sí, esa quizás sea la gran seña de identidad de esta apuesta escénica. En la novela, la hermana de Max, sólo se menciona. Aquí sirve para dar cohesión.

¿Cómo fueron los ensayos con Laila Ripoll?

Tenía muy claro cómo quería hacer las cosas, pero nos ha dejado proponer muchos aspectos de nuestros personajes. He de decir que han sido unos ensayos de lo más agradables. Ensayábamos y en los descansos tomábamos mucho café y churros. Creo que eso vino muy bien para desconectar del dramón que vivíamos en escena.

Paradero desconocido toca un tema duro, ¿Cómo se siente Juanjo Cucalón cuando se baja el telón “Tras la emoción compartida”?

Eso depende del día la verdad. Lo que sí es cierto es que algunos días nos quedamos con esas emociones para disfrutar de la reacción del público que algunas veces es simplemente mágica.

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Una de sus experiencias más recientes sobre las tablas fue La cena de los generales, que protagonizó con Sancho Gracia y que dirigió el también desaparecido Miguel Narros…

Fue un aprendizaje continuo. Era todo un alarde de compañerismo. Esa función ha sido uno de los grandes regalos que me ha hecho esta profesión. Era tan divertido hacer ese texto tan maravilloso de Alonso de Santos. Sancho tenía un halo muy especial, una energía desbordante. Llegamos a tal complicidad que incluso de espaldas sabíamos lo que nos pasaba el uno al otro. Miguel Narros sabía muy bien por dónde quería llevar a tu personaje. Sabía sacar de cada actor lo mejor de si mismo. Ahora lo pienso y aquellos ensayos fueron unas clases de interpretación impagables…

Una Master Class continua

Sí, esa sería la expresión acertada.

Aquí y ahora, ¿Por qué el teatro es un buen lugar para contar historias para Juanjo Cucalón?

Vivimos en una sociedad en que, con la irrupción de las redes sociales, nos hemos acostumbrado a expresarnos de una forma muy visceral y sin pensarlo detenidamente. En cambio, en el teatro se reflexiona sobre los que no está ocurriendo. Es un medio que está vivo, cada noche es diferente, mágica, especial… En definitiva, el poder de la palabra es lo que hace especial al teatro.

En televisión le hemos visto en la serie Mis adorables vecinos durante más de cuatro años e incluso se metió en la piel de Julián Muñoz, ¿Qué balance hace de esas dos experiencias televisivas?

Con Julián Muñoz Quisimos huir de la parodia, pero es que el personaje se prestaba tanto a ello… Eso sí, tuve la suerte de tener un actor enfrente al que conozco tanto como es Fernando Albizu, esos ensayos fueron divertidísimos… Tenía el referente real a través de decenas de vídeos, pero no quisimos tampoco hacer un calco que no aportase nada. Simplemente, yo hice un personaje que, por circunstancias de la vida, existía en la vida real, pero dejando claro que se trataba de una serie de ficción.

Cucalón caracterizado como 'El Cachuli'
Cucalón caracterizado como ‘El Cachuli’

En cuanto a Mis adorables vecinos lo que te puedo decir es que me dio una popularidad enorme, lo que era muy gratificante al ver reconocido tu trabajo con el cariño del público. Tener continuidad en un personaje te daba la posibilidad de crecer muchísimo como actor. En el rodaje me sentía como en casa. Conseguí memorizar los guiones de una forma fotográfica. Me explico: Leía el guión y no sólo retenía mis diálogos, sino que también me imaginaba la colocación de las cámaras, la iluminación… Desde luego, creo que me sirvió para valorar aún más el trabajo en equipo.

Muchos actores me comentan que ven esta profesión como una evolución natural del juego infantil, ¿Fue así también en el caso de Juanjo Cucalón o vino la pasión por este oficio más tarde?

Yo sí jugaba a ser otro de pequeño, pero no viene mi vocación de ahí la verdad. Yo veía con mi abuela y mi madre los Estudios 1 y La novela, que emitían por las tardes a diario. Viendo esos espacios televisivos, me dí cuenta de que yo quería hacer lo que estaba viendo en pantalla.

Y de esos Estudios 1 hasta que empezó profesionalmente en la interpretación, ¿Cómo transcurrió su vida?

Yo me dedico a esto gracias a una Huelga de Enseñanza. Yo estaba estudiando Electrónica Industrial y dejé la carrera a sólo tres meses de acabar. Precisamente, hicimos teatro para que la gente acudiera a la huelga y a partir de ahí dirigí mis pasos hacia la interpretación.

A pesar de lo dura que es esta profesión, ¿Está satisfecho de haber elegido este camino?

Absolutamente, soy feliz en esta profesión. Tengo la suerte de poder ganarme la vida con algo que me apasiona. Además, al tener una trayectoria detrás, tienes cierta potestad para elegir los trabajos que realmente te motivan como intérprete.

Y si miramos hacia el futuro, ¿Qué proyectos tiene y con que proyectos sueña Juanjo Cucalón?

Quizás ahora me gustaría pasarme al registro dramático en el cine o en la televisión con un buen personaje, donde siempre se me ha visto en un registro cómico, que por otra parte me encanta.

Se va Sancho, un hombre con piedad…

Corría el año 2005 cuando conocí a Sancho. Recibía el premio del Festival de cine de Santander, hoy lamentablemente desaparecido. Recuerdo aquel encuentro con cariño y es que fue una de mis primeras entrevistas. Por esa época los medios farfulleros esos del corazón se habían inventado alguna polémica sobre ese ahora ya mito de nuestro cine y nuestro teatro. Lo bueno de Sancho es que consiguió ser mito en vida, ser un personaje inmortal en la memoria de los espectadores ya fuera como «hombre sin piedad televisivo» o como «Curro Jiménez». Sancho ha hecho mucho más que eso y por eso recibía el reconocimiento del festival de mi ciudad. Se mostró muy cercano, encantador y pienso que si en esos primeros pasos en el periodismo no hubiese contado con el apoyo de los entrevistados nada hubiese sido lo mismo. Cuatro años después volvimos a coincidir en un par de ocasiones en ese santuario teatral que es- y esperemos que siga siendo con los nuevos gestores tras la despedida del gran Mario Gas- el Teatro Español.Sancho hizo cine y televisión, pero también teatro. De hecho, los últimos años los pasó sobre las tablas. Descubrí entonces sus vivencias nada menos que con Margarita Xirgú en una interesantísima charla que dio en el templo escénico de la Plaza de Santa Ana. Andaba en esa ocasión de gira con La Cena de los Generales y le prometí que viajaría de nuevo a Madrid a verla unos meses después. Así lo hice y por supuesto Sancho lo dio todo sobre el escenario. Mi último y fugaz encuentro fue después de esa representación para felicitarle por lo que consideré entonces un gran trabajo. Mi último encuentro indirecto con Sancho fue a través de su hijo Rodolfo, un actor que sin duda ha heredado su calidad interpretativa y humana. Le dí fuerzas para su padre que parecía que por aquel entonces estaba algo mejor. Después de Galiardo, perder tan poco tiempo después a otro grande es algo realmente doloroso, pero espero que allá arriba en donde quiera que se encuentren los buenos cómicos, se reúnan para recuperar el arte de la conversación, rememorando viejos tiempos en que disfrutaron e hicieron disfrutar a su público. Hasta siempre Sancho, tú siempre serás un hombre CON piedad…