Las reseñas de Alberto Morate: “Las Piscinas de la Barceloneta”

Hoy os traemos la visión de Alberto Morate de Las Piscinas de la Barceloneta (Jueves, 20h en la Sala Mirador solo hasta el 14 de octubre). Nacen así Las Reseñas de Alberto Morate que iremos compartiendo DESDE MI BUTACA a lo largo de esta temporada.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

LAS PISCINAS DE LA BARCELONETA por Alberto Morate

Susurran los recuerdos, la nostalgia, los claroscuros de un tiempo bien concreto, el año 1977, recién fallecido el dictador, pero aún coleando sus amarres atados y bien atados. Se empezaba a respirar aire de libertad, aunque tenían que seguir juntándose los personajes fuera de lo socialmente establecido, en garitos pasados de moda, en locales cochambrosos o en piscinas demodé. Y aún así, seguían lloviendo palos, insultos, increpaciones, detenciones.

Foto: Sandra Collantes

Angustia pasada, ¡madre mía, qué tiempos!, nos dice Sebas recordando aquellos murmullos que aún resuenan en su psique interna. No ha conseguido volar, aunque ha aprendido el camino a base de sinsabores, pero también de satisfacciones, de observar y de poner en práctica, de ser invisible para pasar a ser protagonista.

Nos impregna de aquella sal de la rareza de una piscina de agua de mar, teniendo el mar tan cerca. Nos llegan sus sonidos, sus asperezas, sus ilusiones, el luto blanco de querer sobresalir de entre tanta canalla, de entre tanto tipo al margen, del oscurantismo al que, en principio, parecía estar abocado.

Secun de la Rosa escribe este texto de levedad asomada a la ventana del pasado. Y se dirige a sí mismo, porque él es el que mejor se conoce. Y sabe darle el tono adecuado, la voz precisa, la paz de una guerra pasada. Se siente agradecido, a pesar de todo, o precisamente, por todo aquello. No reniega de ello. Es un tiempo que ya ha pasado a ser infinito. Por aquel entonces era vivir el momento, el carpe diem, sin saber qué significaba entonces. Ahora se encuentra frente a sí mismo. En una exposición de todas aquellas razones.

Foto: Sandra Collantes

Es un monólogo sin acritud ni acusaciones. Simplemente, nos muestra un ser sensible y dispuesto a darnos a conocer unas circunstancias personales que eran comunes a muchos más de los que creíamos. No eran pocos los que se sentían diferentes y querían hacer valer su creatividad, su arte, su riesgo por saltar al vacío, su desasosiego de marginales. De ahí tantas muertes posteriores, de ahí tanto santo varón en sentido inverso, de ahí tanto artista desarmado y tanto rebelde con causa.

Las piscinas de la Barceloneta. La crónica de un superviviente, la añoranza con serenidad, la calma de lo vivido.

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