Las reseñas de Alberto Morate: LOS DESPIERTOS. El sol siempre sale.

No tenéis derecho a bostezar. Hay que mantenerse despiertos. Mirando al mundo desde la oscuridad de los que duermen. Aunque Lorca dijera en Poeta en Nueva York que no “duerme nadie por el cielo, nadie, nadie”, aquí duermen todos, las criaturas de la luna salen a la noche a recoger los desperdicios de los otros.

En las calles sucias, grises, oscuras, van tres hombres, parias de la ciudad. Guardan sus ilusiones, sus esperanzas gastadas, aunque no tengan necesidad de conocer la hora. El sol les dirá cuándo se tienen que retirar y dejar paso a la vorágine sociedad. Ellos no rezan, saludan al viento, no se harán grandes preguntas porque saben que no sabrán contestar.

Es buena gente que escapa de su realidad. Cometieron errores, es cierto, quizás no sepan amar, pero sienten y padecen, sus sueños no serán ni deseos, se conforman con lo que encontrarán que otros no quieren. ¡Y qué más da!

No les harán falta teléfonos, posiblemente ni pertenencias, libros, solo la ropa necesaria, y un cansancio acumulado, la repetición de fórmulas y frases, los mismos movimientos mecánicos con el escobón, la mierda no requiere nada más.

Alguna vez una ventana encendida, estarán jugando con la noche, ellos, en cambio, tienen que trabajar. Cuando ellos transitan las calles con sus herramientas, el mundo no gira, ellos acumulan todas las tristezas, todos los sufrimientos, lo que otros tiran, lo que está de más.

No vayas a morirte, avisa primero, qué dirá tu madre, ten calma, haya paz. No son excesivos, no son esperpénticos estos personajes, no contagian tampoco, ni son contraproducentes, ni aburguesados, solo vagan en una tarea sin final.

José Troncoso en la dirección y el texto, nos planeta muchas de estas situaciones. Hay un poco de Chaplin y su Charlot vagabundo, hay mucho de Beckett, quizás, hay algo de Mihura también, el humor amargo no puede faltar.

Tres eran tres, Israel Frías, Luis Rallo y Alberto Berzal. Eternos y pequeños, aunque representen los tres estamentos, Finito, Mediano, Grande, cuando falte uno de ellos, se olvidarán.

Pero el sol siempre sale. Da igual lo que haya pasado en la noche, quién ha cedido su corazón, quién se ha enfrentado a sus fantasmas, quién se redime y vuelve a empezar. Cada noche el mismo ritual.

Los despiertos, la basura no tiene corazón, por más que estos tres personajes se empeñen en encontrarlo, aunque vayan a su propio final.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

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