Las reseñas de Alberto Morate: CATERINA. Santa con todos los méritos.

Hace tiempo, en mis ancestrales tiempos, leíamos hagiografías. Recuerdo especialmente la de Fray Escoba (que, en realidad, era una película, pero yo la recuerdo en un libro de Bruguera, quizás, la vida de san Martín de Porres), la de santa Teresa, la de san Pablo y diversos mártires que nos colocaban en una situación de desamparo y desasosiego, pues en ningún momento yo quería formar parte ni de milagros ni de martirios, ni de sacrificios ni de rezos.

Hoy veo una historia de una santa. Caterina de Siena, patrona de Italia y de Europa. Doctora de la iglesia, con la que topamos aún todavía, redundando. Mística de la Edad Media, como bien recalcan en este montaje de la compañía Paroxa. Sin embargo, damos, dan, un salto al futuro nuestro, en el que estamos, y después de vilipendios, juicios, 23 hijos de su madre, la peste negra, y una paloma en la cabeza, estos desalmados, en el término cariñoso del adjetivo, nos llevan a la inmediatez de sus hechos. A lo que dejó, legó, y tuvo que luchar contra el infierno, que no es otro que el de la sociedad en la que vivió y nosotros seguimos viviendo.

Si nos paramos a pensar, cosa harto difícil en estos días, nos damos cuenta que no ha cambiado tanto la sociedad de antaño con la que ahora consumimos. Modas, auges irritables, índices de audiencia, la palabra equívoca y el ensalzamiento de los santos que ahora son paganos.

Esta compañía, dirigidos por Amaia Azkue, sobre un texto de Cristina Masoni, en una puesta en escena sin desperdicio de movimiento corporal, de asunción de roles, de texto sardónico y directo, de pecado, por transgredir una forma formal de entender una biografía estética que reniega de un argumento concreto, nos van pasando por el tamiz del reportaje, del cabaret, del show business, una vida relegada a la crítica y a la lucha por el sufrimiento del propio cuerpo, a los estigmas de ser santa sin todavía serlo, a la realidad de entonces que era confusa como ahora, y al que cada uno arrima el ascua a su sardina sin haber encendido el fuego.

El elenco: Cristina Masoni, Javier de Luis, Cësar Von Rom, Camila Femenie, representantes, como decían antes, de lo ideológicamente incorrecto. Claramente preocupados por mostrar que ya en aquel entonces, había mujeres, santas o no, que no se conformaban con lo impuesto.

Aun así, prudentes, no nos sacan de quicio, sino que nos hacen reír, y sufrir, y pasar un momento estupendo. ¿Sacrilegio? Faltaban casi cien años para que naciera Torquemada y pusiera los puntos sobre las íes en sus tremendos criterios. Además, como Caterina de Siena era italiana, de poco le habrían valido sus dicterios.

Hoy Caterina Benincasa es personaje teatral y santa con todos los méritos.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

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