“Los Caciques” según Ángel Fernández Montesinos

Entre la colección de sainetes, farsas y comedias creadas por Don Carlos Arniches, (Alicante, 11 de octubre de 1866- Madrid 16 abril de 1943) siempre me interesaron, entre toda su producción, dos títulos que alcanzaron centenares de representaciones en su época y que contienen una profunda crítica social: La señorita de Trevélez y Los Caciques, esta última, estrenada en el Teatro de la comedia de Madrid en 1920.

¿Porqué vuelven ahora a los escenarios Los Caciques? La respuesta es bien sencilla, por su rabiosa actualidad. En la misma raíz de la obra, en su temática reside su actualización. Es una comedia de enredo pero con una soterrada crítica social y política, donde se demuestra, una vez más, que el humor es un poderoso instrumento para combatir los defectos de una sociedad. Cuando escribe Carlos Arniches la comedia, en su reparto figuraban 23 personajes. En aquellos años los dueños de los teatros, que a la vez eran empresarios de compañía, solicitaban a los autores obras destinadas para las compañías numerosas llamadas: Compañía Titular. Eran otros tiempos…. Yo, años más tarde tuve el privilegio de dirigir en el 2001, una versión tradicional de esta comedia, subrayada con los trajes y escenografía de Antonio Mingote.

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Pero los tiempos cambian. ¿Cómo hacer que Los Caciques puedan volver a la escena, con su humor, sus personajes y su sátira feroz? Escribiendo una nueva versión respetando el espíritu del autor, conservando los mejores diálogos, sus principales personajes y eliminando otros pero no sus parlamentos. Siguiendo, en fin, su trama, siendo totalmente fieles a la obra de Arniches para demostrar, una vez más, que el humor es un instrumento tan válido como otros para elaborar una profunda crítica social desde el escenario.

Imaginen una ciudad de España, una cualquiera, en la que un Ayuntamiento administra el dinero de los contribuyentes de una manera digamos “ligera” y evidentemente “corrupta” y sigamos imaginando que un buen día, anuncian la llegada de un Inspector enviado por el Gobierno para revisar las cuentas… Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia…

Los caciques divierten dejando una reflexión, como dice el protagonista al final de la obra: “Los españoles no seremos felices, hasta que no acabemos de una vez para siempre con Los Caciques.”

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