Las reseñas de Alberto Morate: NO SOY TU GITANA. Ni pienso serlo.

Es verdad que nos creamos estereotipos. Que es difícil definir cómo es la idiosincrasia de una poética social cuando hablamos de grupos de personas que nos son ajenos aunque convivan con nosotros habitualmente. Hablo de migrantes, por ejemplo, de gitanos, de artistas, de ingenieros o amas de casa que lo son, pero a la fuerza. Es decir, nos inculcan una idea, nos creemos una forma de existencia que dista mucho de la realidad, pero lo malo es que lo hacemos lugar común y cotidiano sin conocer la objetividad de los auténticos protagonistas.

Ignoro cómo se hace para que no se generalice y caigamos en los mismos clichés, pero un buen sistema, creo, es este, hacer teatro. Contarlo a través de la escena, no para explicarlo, sino para que abramos los ojos.

En No soy tu gitana, con dramaturgia de Nüll García y Silvia Agüero y personificada en la propia Silvia Agüero, hacen ese más sencillo todavía. Contarlo desde el punto de vista de quien lo vive y lo ha sufrido a diario. Nos hace ver que, apreciado desde fuera, son todo prejuicios y desconfianzas.

La gitana, sin menospreciar el calificativo, nos va contando sus sentimientos y el de hace 600 años atrás, el de la literatura y sus intereses estéticos, nos va descubriendo el origen, nos abre los ojos, nos muestra la realidad, pero una realidad, hasta ahora, vista desde los payos que somos todos. Se remonta a la lejanía, que no está tan alejada en la apreciación de lo que representan y nos hace meditar sobre ello.

¿Que tienen sus características propias? Por supuesto. Eso los diferencia y eso los debería hacer más valiosos. Que no son tratados con justicia, que aquí no se trata de discriminación racial, sino más bien clasista, de lástima, de desprecio, de superioridad.

Lo dirige y la llevan con el desparpajo necesario Pamela Palenciano y Nüll García. Y ella, la gitana, se hace grande entre nosotros. ¿Actriz? Pues claro, hay que saber afrontar con fervor ponerse delante de un público y cantarle las verdades al barquero.

Ahí está, todo medido y ensayado, pero con la frescura necesaria para hacernos reír un poco, para hacernos pensar un mucho, para hacernos avergonzarnos bastante, para hacernos autocrítica y reflexión, para entender las sombras de lo establecido, para agradecer que no todo sea sesudo e intelectual, para echar maldiciones a lo que nos incomoda y a los resentimientos escondidos en la vanidad de creernos superiores en todo.

No soy tu gitana, ni pienso serlo, claro que no, cada uno es de uno mismo, y si no te gusta, jódete un poco.

Alberto Morate tiene el teatro como modus vivendi. Durante más de 40 años ha sido profesor de dramatización, ha dirigido grupos de teatro, ha escrito obras y ha interpretado ocasionalmente como actor. Desde el año 2014 también reseña funciones y espectáculos. Realiza sus crónicas con un estilo peculiarmente poético, haciendo hincapié en el tema, y comentando las representaciones desde un punto de vista emocional, social y humano.

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